Capítulo VII. Sin abejorros y sin lirios.

Y llegó la fiesta de Navidad de Slughorn. Charity no había vuelto a buscar a Severus la noche después de la pelea, ni la siguiente, ni las que le siguieron a esa. Severus tampoco había vuelto a verla en el gran comedor. Apenas la veía por casualidad en alguno de los pasillos del castillo, pero ella siempre desviaba la mirada y cambiaba de rumbo.

Severus seguía de mal humor pero después de mucha insistencia por parte de Slughorn, accedió a asistir a la fiesta navideña organizada por el profesor.

Esperaba no encontrarse con la profesora de Estudios Muggles, aunque sabía que en el fondo, esa esperanza era el motivo de su presencia allí.

Pero Charity no había asistido.

— ¡Alegra esa cara y ven con nosotros Severus! —Lo llamó Horace Slughorn en el mismo momento en el que había decidido abandonar la reunión—. ¡Estaba hablando del extraordinario talento de Harry para las Pociones! Aunque parte del mérito es tuyo, fuiste su maestro por cinco años.

Horace le pasó un brazo por la espalda, obligándolo por el momento a ser parte de la conversación.

—Curioso. Creí que jamás lograría enseñarle nada a Potter. —Dijo con sarcasmo mirando con fastidio a Harry Potter.

—Es un talento innato. Ni tú lograste preparar un filtro de Muertos en Vida tan bien al primer intento.

— ¿En serio? —Repuso Severus, mirando ceñudo a Harry.

El muchacho le sostenía la mirada con impertinencia, pero no pudo evitar mostrar algo de nerviosismo. Se delató. ¿Cuándo aprendería a cerrar su mente?

De repente Severus tuvo una revelación. La cuestión de la recién adquirida habilidad de Potter para las Pociones se resolvería con una rápida visita a su antigua aula. De pronto estuvo seguro de que su viejo libro de Pociones avanzadas ya no se encontraba en el lugar donde, por descuido, lo había dejado.

Aunque, ¿quién sabe?, tal vez por medio de ese libro podría instruirlo de alguna manera. Claro, si era capaz de leer un libro de tantas páginas.

La conversación no podía ser más del tipo adoremos-a-Potter hasta que Luna Lovegood hizo su contribución hablando acerca de una conspiración del Ministerio. Severus no pudo evitar esbozar una sonrisa y pensar que Charity no se hubiera aburrido tanto después de todo.

Tal vez incentivado por el whisky que estaba tomando, decidió ir a buscarla. Era una idea estúpida, pero lo reconfortó. Hasta que Filch hizo su aparición arrastrando a Draco Malfoy que merodeaba por los pasillos de Hogwarts.

Severus lo sacó de la fiesta, lo reprendió y le ofreció su apoyo, pero todo fue inútil. El muchacho estaba desesperado y no aceptaría la ayuda de Severus. Un pequeño encargo de Narcisa Malfoy sellado con un insignificante juramento inquebrantable.

En serio necesitaba unas vacaciones. Su vida no podía ser más complicada. Se le exigía demasiado y se le retribuía… no, en realidad no se le retribuía en nada. Tal vez al final, cuando el señor Tenebroso finalmente fuera derrotado y Harry Potter siguiera con vida y el alma de Draco Malfoy siguiera intacta y los nacidos muggles estuvieran a salvo y todos los mortífagos estuvieran en Azkaban… tal vez entonces podría tomarse unas vacaciones y dedicar su vida a sí mismo. Se preguntaba si sabría cómo hacerlo.

Sin Dumbledore. Y sin Lily Evans.

Había vuelto a la fiesta y tomaba otra copa de whisky de fuego cuando un destello plateado a su lado, llamó su atención.

—Hola Profesor Snape. —Dijo Luna Lovegood con naturalidad.

—Buenas noches Señorita Lovegood. ¿Se divierte disertando sobre conspiraciones secretas?

—Sí profesor, aunque preferiría bailar. —Contestó con su habitual tono soñador.

—Entonces hágalo. —Dijo Severus pensando que sería una buena manera de deshacerse de la chica y al mismo tiempo fastidiar a Potter. Para su sorpresa, Luna comenzó a balancearse al ritmo de la música sin moverse de su lugar—. ¿Qué hace Lovegood? —Preguntó exasperado.

—Bailo. —Contestó al momento que se detenía

—Yo me refería a bailar con Potter. Vino con él ¿no?

—Creo que a Harry no le gusta mucho bailar. Además debe ser vergonzoso para él bailar conmigo. Algunas personas se han burlado de mi vestido. —Dijo con sinceridad.

— ¿Y le importa lo que piensen los demás? —Cuestionó indiferente, aunque le interesaba sobremanera la respuesta.

—No mucho. El vestido me protege de los Nargles. Las cosas brillantes los confunden. LosNargles son muy comunes en ésta época por los muérdagos. —Informó Luna.

Severus esbozó una minúscula sonrisa. Apuró el resto del whisky de la copa y salió de la fiesta sin despedirse de nadie.

Caminó directo al dormitorio de Charity.

"Sólo tocaré una vez, si no sale me largo" pensó antes de golpear la puerta. "Perfecto, lo intenté" y se encaminó al vestíbulo después de un par de segundos de haber llamado.

—Severus. —Se escuchó apenas un susurro.

Él volteó. Charity estaba vestida para la fiesta, llevaba una túnica negra ligera y holgada, que dejaba al descubierto sus hombros, zapatos altos y el cabello completamente recogido. Era una imagen sobria que acentuaba la delgadez y sencilla belleza de la profesora.

— ¿Por qué no fue a la fiesta? —Preguntó con lo que pretendía ser frialdad.

—Cambié de opinión.

Se miraron un momento, ella desvió la mirada, entre nerviosa y herida, por la manera escrutadora en que la veía Severus.

—No fui correspondida. —Dijo, concluyendo la conversación que había quedado pendiente días atrás—. Creo que era demasiado chica e inexperta para él. Además de poca cosa.

—Creo que mencioné que me era indiferente. —Aseguró Severus, aunque su rostro se relajó visiblemente.

—Sí, lo hiciste. Aún así, creo que ahora es necesario pedir disculpas. —Dijo cruzándose de brazos.

—Estoy de acuerdo. Adelante, la escucho. —Solicitó Severus.

Charity entornó los ojos.

— ¡Eres un cínico! —Exclamó.

—Una forma rara de pedir disculpas, pero ¿qué se podía esperar de la profesora de Estudios Muggles?

Charity sonrió y con esa simple acción, volvió el brillo a sus ojos, junto con las conocidas líneas de expresión y una dosis de alivio para Severus.

— ¿Vamos a caminar? —Propuso Severus.

Charity suspiró y asintió con la cabeza.

—Espera un momento, voy por mi capa.

Corrió de regreso a su habitación. Severus no reprimió el impulso de verla de espaldas. Era una visión inspiradora. Lástima que fuera invierno y tuviera que cubrirse con una capa.