Capítulo VIII. Entre llanto y fantasía muggle.
Las calles eran ruidosas y llamativas. Los muggles que caminaban cerca de ellos, reían y hablaban de regalos, espiritualidad y magia… navideña, por supuesto. Él vestía una túnica negra, la que le había parecido que podía aparentar mejor ser muggle. Ella tenía más éxito a la hora de camuflarse. De cualquier manera, nadie que viera el rostro de Severus Snape se atrevería a criticar su vestimenta.
La decisión se había tomado a la ligera. Severus ni siquiera recordaba en qué momento había aceptado pasar la Nochebuena entre muggles. Recordaba que Charity hablaba sin parar y lo acosaba con sus acostumbradas preguntas y entre una y otra, habían llegado a ese tonto desenlace. Pensó que sería casi admirable la forma en la que Charity había manipulado sus palabras, de no ser porque las copas de whisky de fuego que había tomado antes, eran las culpables de su carencia de buen juicio.
Y Charity se veía tan feliz.
Reía la mayoría del tiempo e ignoraba olímpicamente los comentarios sarcásticos y hasta envenenados de Severus, y sus miradas, también ignoraba sus miradas falsamente gélidas y el ceño eternamente fruncido. Estaba a salvo.
—Severus, —habló Charity al salir del único restaurante muggle que no estaba lleno—, perdóname Severus. Sé que odias todo esto. Volvamos a Hogwarts.
— ¿Y perdernos de la compañía de estos amigables muggles? —Se obligó a mentir, al ver la cara seria de Charity que al parecer no podía ignorar una grosería más de su parte—. ¿Está loca?
Ella sonrió radiantemente. Claro que podría seguir soportando las ironías de Severus.
—Tienes razón. —dijo al tiempo que le pasaba un brazo por el hombro de él.
—Esto es incómodo Burbage. —Se quejó Severus.
Charity lo soltó y siguieron caminando como si nada. Dieron la vuelta hacia una calle menos concurrida. Severus estaba aceptando las excentricidades de Charity de una manera estoica y admirable.
Hasta el momento.
El lugar al que se dirigían estaba franqueado por una cantidad indecente de motocicletas muggles.
— ¿Esto es una broma Burbage? —Preguntó Severus deteniéndose por completo a un par de metros del bar—. Porque éste es un buen momento para decirlo.
— ¡Oh no! Créeme, te gustarán estos rebeldes muggles.
Y fue casi verdad. Esos muggles vestían casi exclusivamente de negro y su actitud era un poco menos navideñaque la de los de afuera. Se sentaron en la barra. Charity pidió un par de bebidas de nombres ridículos, antes de quitarse el abrigo. Y el efecto fue inmediato.
Antes de que llegaran las bebidas. Un muggle de aspecto rudo se acercó con un par de cervezas en la mano. Se paró enfrente de Charity, dándole la espalda a Severus y le ofreció una de las cervezas que traía.
Severus tomó su varita automáticamente y justo antes de que pudiera utilizarla, el muggle se alejó con sus dos cervezas en la mano.
—Entonces, ¿a eso viene a estos lugares Burbage?
—No, de hecho me gusta venir a escuchar música. —Contestó ignorando el sentido que le había dado Severus a la pregunta.
—Ah sí. —Dijo fríamente desviando la mirada hacia un pequeño escenario donde algunos muggles afinaban sus instrumentos.
—Aunque hace mucho que no venía.
Severus evitaba mirarla y pasaba la vista por el lugar. Frunció el ceño cuando una mujer de unos veinte años le sonrió provocativamente.
—Es linda. —Comentó Charity—. ¿O no es tu tipo?
—De hecho sí. —Dijo retándola—. ¿Cómo es el ritual de apareamiento de los muggles? ¿Solo tengo que ir y ofrecerle una bebida, como el gorila de hace rato?
Charity lo miró con resentimiento por primera vez en la noche y consideró seriamente la posibilidad de emplear su varita mágica. Pero desistió y al ver a la chica acercarse, dijo:
—No siempre, a veces son ellas las que ofrecen su compañía…
No estuvo segura de haber sido escuchada, porque justo en ese momento la chica muggle llegó a donde estaba Severus y le habló al oído.
"La música ni siquiera está tan alta" pensó Charity que comenzaba a enojarse. ¡Por Merlín! Era una niña para Severus. O eso pensaba antes de ver cómo tocaba inocentemente la pierna de él. Hablaron un par de segundos más y la chica se alejó, no sin antes lanzarle a Charity una mirada despectiva.
—Espero que no le moleste, pero era una muggle muy insistente y tuve que decirle que usted era mi esposa. —Declaró Severus visiblemente más animado.
Charity lo miró indignada.
— ¿¡Y cómo crees que quedo yo con eso! —Estalló Charity.
—Fue su idea venir aquí. Pero si gusta, puedo ir y decirle la verdad. Su departamento es muy cómodo, o eso me aseguró.
Charity resopló indignada.
Apenas terminaron sus bebidas, Charity insistió en salir de allí.
No sonreía.
— ¿A dónde vamos ahora, Charity? —Preguntó Snape afuera del bar.
El corazón de Charity, o alguna parte de su interior saltó. Era la primera vez que la llamaba por su nombre. La desarmó.
—Te hice una pregunta. —Insistió Severus—. ¿Adónde vamos ahora?
—Hay un parque cerca de aquí donde van a montar una obra de teatro. —Dijo en cuanto se hubo recobrado de la impresión.
Caminaron sin hablar y sin mirarse, hasta que Severus rompió el silencio.
— ¿De qué trata la obra de teatro? —Preguntó, sacando de golpe a Charity de sus pensamientos, que se habían dispersado, volando hacia mundos imaginarios donde Severus le sonreía y la tomaba de la mano.
— ¿Cuál obra? —Repuso Charity confundida.
—La que vamos a ver. —Contestó Severus exasperado.
— ¡Ah sí! Esa obra… pues trata de un hombre amargado y avaro que odia a la gente, entonces, durante la víspera de Navidad recibe la visita de un colega suyo desde el infierno, que le advierte que esa noche lo visitarán tres espíritus: el de las navidades pasadas, el de la navidad presente y el de las futuras… —explicó Charity—, es un clásico de Navidad de los muggles.
—Los muggles son demasiado fantasiosos. —Aseguró Severus.
Charity se adelantó para quedar frente a él, sonrió y entrecerró los ojos.
—De hecho, mi proyecto para el año que viene es montar esa obra en Hogwarts, a la manera muggle y estaba pensando en pedirle a Dumbledore que te coaccionara para que hicieras el papel del muggle cascarrabias. —Lo provocó Charity.
Severus no sonrió. Sus ojos se ensombrecieron y Charity lo notó.
—No es tan malo… —aseguró, aunque en el fondo sabía que no era esa la razón de su actitud.
Deseaba tanto que él le contara, pero sabía que no lo haría. Quería que él la considerara digna de su confianza. Creía que nada la haría más feliz.
Había poca gente en el parque, pues era todavía muy temprano para la obra. Charity y Severus se sentaron a esperar en la última fila.
Fue una espera agradable. Charity sabía que a su lado estaba Severus y aunque no pudiera tocarlo, sabía que él la protegería. Tal vez lo haría ceñudo y sin sonreír, pero lo haría. Se preguntó cómo reaccionaría él, si ella le hablara y lo tocara como había hecho la chica del bar. Se sonrojó y en ese mismo instante, Severus volteó a verla, ella sonrió.
—Siempre sonríes. —Habló Severus—. Es tu respuesta a casi todo. Bueno, eso y llorar.
La hirió.
Severus guardó silencio un momento. Después continuó:
—Te muestras demasiado vulnerable. Vives entre fantasías. En el mundo, las personas como tú son las primeras víctimas. Quiero defenderte, que estés bien y por eso quiero pedirte que te alejes de mí. Me gusta estar contigo, no sé por qué… —suspiró— en serio no lo sé…
Los ojos de Charity se habían llenado de lágrimas, que al principio se negaba a derramar, pero que después corrieron desobedientes por su cara.
—Olvídalo, Severus. —Dijo simplemente.
Se limpió las lágrimas, tomó a Severus por el cuello, obligándolo a verla y sin que él se lo esperara, lo besó. Fue apenas un roce. Charity esperó que él la apartara, pero eso no pasó. Severus permaneció en el mismo lugar y en la misma posición. Charity se aventuró a pegar más sus labios a los de Severus y entonces pasó lo inesperado, él le devolvió el beso, separó los labios para atrapar con ellos, el labio inferior de Charity. Ella se separó apenas unos milímetros para dejar escapar un suspiro. Sintió miedo de que él olvidara lo que estaban haciendo y volvió a besarlo. Él profundizó el beso, cortándole la respiración a Charity, que volvió a separarse, lo miró a los ojos y reafirmó:
—Olvídalo, Severus.
