Capítulo IX. Cuando valen la pena las lágrimas.
¿Quién diría que un beso calmaría a Charity Burbage? El resto de la noche permaneció muy callada. Aunque Severus notó que ella se había acercado un poco más a él. Casi lo tocaba.
Se aparecieron en Hogsmeade al terminar la obra, pero tuvieron que caminar porque ya no había carruajes disponibles y ninguno de los dos era seguidor de viajar en escoba. Hicieron el trayecto en silencio. Él iba un par de pasos por delante de ella.
Severus trataba de concentrarse en ir hacia delante. Intentaba dejar atrás lo que había hecho esa noche. Se había dejado llevar. No tenía idea de cómo le iba a decir a Charity que no debió besarla. Aunque técnicamente ella lo había besado a él.
Después de todo era un hombre y Charity era bonita. No tanto como Lily, nadie era tan bonita como Lily.
— ¿Me acompañas a mi habitación? —Susurró Charity casi con timidez, mientras ingresaban a los terrenos de Hogwarts.
— ¿Para qué? —Cuestionó fríamente Severus.
—Para nada, olvídalo. —Contestó resentida, le había costado mucho trabajo pronunciar la pregunta.
Ya en el vestíbulo se despidieron apenas con una mirada.
Severus dudó un momento. Sería tan fácil cambiar de dirección e ir con ella y hacerle el amor. Era sencillo y complicado al mismo tiempo. Charity era tan sensible que, sin importar cuánto se esforzara por cuidar sus palabras o simplemente guardar silencio, la lastimaría y terminaría llorando. Aunque tenía que reconocer que también era muy fácil hacerla reír. Y todo se iluminaba cuando Charity sonreía.
¿Valía la pena verla llorar?
No. Y por eso siguió su camino.
Siguió su camino, conteniéndose a cada paso para no correr en dirección contraria.
En cuanto hubo entrado en su dormitorio se sintió a salvo. Se desvistió tratando de ignorar la imagen de Charity sonriendo y a la Charity llorosa y vulnerable, pero más que nada intentando con todas sus fuerzas olvidar la imagen de la Charity sensual que había descubierto recientemente.
Apenas se había terminado de vestir para dormir, cuando un par de golpes en la puerta de su despacho lo distrajeron. Se apresuró a abrir, para dejar entrar a Charity.
—No te voy a quitar mucho tiempo Severus… es solo que no podría dormir sin hablar contigo, necesito que me respondas algo. —Dijo casi atropelladamente.
—Claro, dime. —Respondió estoicamente.
— ¿En verdad soy tan insignificante?
—Tienes que ser más clara, Charity.
—Cuando te conté lo de Sirius, —Severus desvió la mirada ceñudo—, me preguntaste que cómo era posible que se fijara en alguien como yo y quiero que me lo expliques… quiero saber porqué no podía gustarle a Sirius.
—Para empezar ¿podrías dejar de decir ese nombre? —Hizo una pausa, luego continuó—: No eres insignificante, —dijo, restándole importancia—, él solía salir con muchas chicas, supongo que buscaba relaciones desechables y tú no eres desechable, Charity. —Explicó Severus.
El corazón de Charity saltó.
Entonces eso era.
Ella no era insignificante ni desechable.
Era el mejor cumplido que Severus le hubiera podido hacer. Y sin pensarlo demasiado se acercó a él y lo abrazó. Severus la tomó por la cintura y vio por primera vez que ella vestía únicamente un ligero camisón para dormir, debajo del albornoz. Se separaron lentamente, pero Severus la retuvo cerca, para luego besarla febrilmente y cerrar más el abrazo, de tal manera que parecía que jamás podrían separarse.
Y no lo hicieron hasta que agotaron toda su energía en la cama de las mazmorras. Hicieron el amor de manera brusca y torpe, se necesitaban. Él no sabría decir muy bien por qué, pero era verdad. La necesitaba y esa noche se dio la libertad de hacerla suya, sin pensar en el mañana. Ni en su realidad.
Para ella quizá fue más fácil entenderlo.
Mientras se regulaban sus respiraciones después de la primera batalla, se escuchó la risa de Charity.
— ¿Qué es tan gracioso? —Preguntó Severus.
—No sé, solo tengo ganas de reír… estoy feliz… —contestó mirando hacia arriba.
Él la miraba de perfil. Era realmente bella, su cabello rubio oscuro envuelto en una detestable redecilla, dejaba su cara desierta de todo disfraz, permitiéndole ver a Severus las imperceptibles pecas que se distribuían desde sus ojos hasta su cuello y allí, podía ver también la herida que él mismo le había hecho con un beso desesperado. Se sintió orgulloso de su pequeña muestra de sadismo, porque era la prueba de la completa rendición de ella ante él.
Aunque él también se había rendido ante ella.
Charity se quedó a dormir esa noche por primera vez en las mazmorras viendo la espalda del hombre y sin tocarlo, repitiendo la hazaña hasta la última noche que Severus la ocupó siendo profesor de Hogwarts.
