Capítulo X. Tonta muggle.
Tropezó.
Había tropezado desde sus primeros pasos.
Pero ésta vez había tropezado de la peor manera en la que podía haberlo hecho. ¿Qué le daba derecho a decidir quién vivía y quién moría? ¿Qué le hacía creer que podía ser amado?
Él ya no podía amar.
Le había hecho el amor en una muestra de total egoísmo. O eso creía.
Ella lloraría. Y no tendría con quién hacerlo. Estaba sola. Era un perro abandonado por un amo que no volvería porque estaba muerto.
Lo odiaría.
Ella dormía a su lado. Se lo había pedido con una mezcla ridícula de timidez y miedo.
—Severus… —suspiró—, si no te molesta, ¿podría quedarme hoy contigo?
Él la estaba viendo, pero desvió la mirada en cuanto ella formuló la pregunta con esa tonta máscara de inseguridad y temor. Su cara, antes relajada, se vistió del acostumbrado gesto mordaz que le daba el ceño fruncido. Suspiró con desprecio.
—Como quieras. —Dijo, al mismo tiempo que le daba la espalda a Charity que lo miraba expectante.
Charity miró la espalda de Severus por un momento.
—Mejor me voy. —Dijo al fin.
—Ya te dije, quédate si quieres. —Repuso Severus.
—No te preocupes. Entiendo.
Comenzó a incorporarse en la cama mientras buscaba con la vista su ropa interior.
—Quédate. —Ordenó Severus volviéndose hacia Charity y obligándola a volver a acostarse.
Dicho esto, le dio la espalda nuevamente.
Charity sonrío sin poder evitarlo. Ese hombre era realmente terco e insoportable.
— ¿Puedo abrazarte? —Preguntó al cabo de un rato.
—No.
—Oh…
Se recostó hecha un ovillo en dirección a Severus, apenas atreviéndose a rozar la tela de la camiseta de él. Durmió después de un rato.
Y con las primeras luces del alba incapaces de entrar a las mazmorras, ella aún dormía.
Severus ya estaba listo para ir a tomar el desayuno, pero con frustración se dio cuenta que no era capaz de despertarla.
Los relojes del castillo ya pasaban de las ocho, cuando Charity comenzó a despertar. Se removió un poco, intentando primero, tocar la espalda de Severus. Segundos después fue abriendo perezosamente los ojos, para encontrarse en un ambiente extraño, casi hostil. Y en pocos segundos más, reconoció el lugar y sonrió estúpidamente. Se limpió un poco de saliva de la comisura de su boca y se sentó rápidamente al escuchar un carraspeo.
Severus la miraba desde la puerta cerrada. Ya estaba completamente vestido y parecía más que nunca un enorme murciélago malvado. Su mirada era dura, reprobadora, y sin que Charity lo comprendiera, sus censores de peligro se encendieron.
— ¿Ya es muy tarde? —Logró preguntar después de tragar saliva.
—Sí. Vístete si quieres alcanzar el desayuno.
En el borde de la cama estaba un cambio de ropa, una capa, un par de zapatos y el cepillo de dientes de Charity.
Se quitó el camisón, quedando completamente desnuda y comenzó a vestirse con la ropa que le había traído Severus. Él la observaba casi sin parpadear.
— ¿Fuiste tú por la ropa? —Preguntó mientras sacaba la cabeza de la blusa que se estaba poniendo y se imaginaba a Severus tratando de encontrar prendas aceptables en su guardarropa—. Linda elección de colores. —Todo era negro.
—Sí, fui yo. Y debo decir que tu gusto para vestir es… ¿cómo decirlo?... decadente. Agradece que encontrara algo decente. Todos tus zapatos estaban rotos, ¿no sabes para qué se inventó el hechizo reparo?
Charity abrió mucho los ojos, al tiempo que tomaba sus tenis y los examinaba.
— ¿Qué les hiciste? —Preguntó desesperada. Severus sonrió maléficamente—. ¡Oh! ¡Me asustaste! No los reparo porque así me gustan. —Aclaró sonando infantil.
—Tonta muggle. —Dijo Severus, al momento que se sentaba en una silla muy cercana a la cama y continuaba observándola.
Cuando Charity terminó de vestirse y fue al baño a lavarse los dientes, Severus se quedó un momento a solas con sus demonios internos.
—Charity. —Severus lo pronunció como si le doliera—. Escúchame.
—Claro dime. —Contestó ella sonriendo, pero un poco inquieta por el tono que había empleado Severus.
Él se desabotonó la manga izquierda con lentitud, como si no quisiera que llegara nunca a revelarse lo que estaba a punto de mostrar. La sonrisa se desvaneció gradualmente del rostro de Charity, al tiempo que Severus se iba descubriendo el antebrazo y dejando ver el horrible tatuaje que llevaba grabado.
—Éste soy yo. —Dijo con lo que pretendía ser indiferencia.
—Pero… Dumbledore… —titubeó—, él confía en ti…
Dio un par de pasos hacia atrás. Su respiración se aceleró con violencia. Estaba hiperventilando.
Severus se puso de pie e intentó acercarse, pero ella retrocedió hasta tocar la pared sin poder controlar su respiración. Se había puesto terriblemente pálida, por lo que Severus la abrazó pese a su resistencia.
— ¡NO! —gritó—. ¡No me toques!
Alternaba su agitación con el llanto. Luchaba contra Severus que la retenía en un abrazo forzado, terminando poco a poco con las fuerzas que le quedaban.
—Charity, hermosa y tonta Charity —le susurró Severus al oído—, no te haré daño.
Su voz sonaba tan derrotada y lastimera que desarmó a Charity. Ella se fue calmando y dejó de forcejear, su respiración recuperó su ritmo normal y se aferró con fuerza a Severus. Estuvieron así mucho rato.
— ¿Tuviste algo que ver con la muerte de Emmeline? —susurró Charity, derramando una lágrima silenciosa.
—No. —Logró pronunciar Severus, que también dejaba escapar una lágrima traicionera que Charity no pudo ver.
— ¿Has matado?
—Sí.
La abrazó más fuerte, si cabe, para evitar que se separara de él al oír lo que le acababa de decir.
—Entonces eran ciertos los rumores de que eras mortífago.
No era una pregunta, sin embargo, Severus susurró un débil Sí.
— ¿Y dónde está tu lealtad ahora? —Preguntó antes de echarse a llorar otra vez.
—Eso no te lo puedo decir.
Permanecieron abrazados, sin verse de frente. Cada uno con su lucha interna reflejándose en sus ojos. Mientras que en la oscura mirada de Severus se podía leer la angustia, el dolor, la culpa, en los ojos azules de ella, se traslucía el miedo y el desamparo, equiparable al de un muggle perdido en un bosque desconocido o al de un cachorro separado para siempre de su madre y hermanos. Irresponsablemente se había encariñado de ese ser huraño y sarcástico y ya lo veía como una constante en su vida… ¡Merlín! ¿En cuánto tiempo había pasado eso?, ¿días?, ¿semanas?, no tenía sentido que sintiera tanto apego. Y sin embargo lo sentía. Durante todos y cada uno de los días en que habían estado distanciados, había flaqueado y se había acercado sin querer, a las mazmorras, para luego alejarse cobardemente.
—Severus... no puedes ser malo… confío en ti. —Sollozaba mientras lo decía—. Confío en ti… de verdad.
Severus se separó de Charity y la tomó del cuello. La veía como si estudiara su cara.
—No entiendes. Si te mostré quién soy fue para que entendieras que no debes estar cerca de mí. —Dijo en un susurro de frustración contenida.
—Y tú no quieres entender que yo quiero estar contigo… te necesito, me has acompañado, me has soportado… en serio necesito creerte.
Charity tomó las manos de Severus y se liberó de su agarre. Volvió a abrazarse a él y al separarse lo besó en la mejilla.
La cara de Severus había vuelto a ser una máscara de impasibilidad. Indescifrable por completo. Charity se sintió derrotada, él ya no volvería a decirle hermosa o tonta. No volvería a abrirse con ella como lo había hecho. Pero se equivocaba.
Severus la veía con sus profundos ojos negros, intentando reunir el suficiente valor para echarla de su habitación. Intentando evitar el deseo egoísta de retenerla allí y volver a besarla y verla desnuda y tocarla y hacerle daño. Pero al final no pudo hacerlo y la besó en los labios.
Fue un beso tierno, como si no quisiera lastimarla. Demasiado dulce para él. Le dolió disfrutar de ese momento como si fuera digno de él.
