Capítulo XI. Tranquilas vacaciones antes de la tempestad.
El cepillo de dientes de Charity encontró un nuevo y permanente hogar en las mazmorras.
Severus encontraba en ella una combinación de tormento y redención. Después de todo ella seguía siendo hipersensible y él seguía comportándose como un bastardo con todo el mundo, incluida ella.
Era una relación ingenua, tal vez porque los dos necesitaban algo así, aunque Severus jamás lo admitiría.
— ¿Podemos pasear por los jardines como la otra vez?
—No.
—Vamos, todavía no vuelven ni los alumnos ni Dumbledore y en el castillo están apenas la mitad de los docentes y unos cuantos alumnos… —insistía Charity antes de darle un trago a su jugo de calabaza en el dormitorio de Severus.
—No. Y ahora que lo mencionas, será mejor que te despidas de éstos desayunos. En cuanto se reanude la actividad normal nuestras ausencias se volverían sospechosas.
—Lo sé… por eso te lo pido hoy, antes de que todos vuelvan. Me parece que Pomona llega mañana y Aurora en un par de días más.
—Claro, podríamos pasear por todo Hogwarts agarrados de las manos o tal vez, publicar en El Profeta que la profesora muggle, perdón, la profesora de Estudios Muggles ha perdido la razón y el sentido común. —Dijo irónico.
—Es obvio que no espero que me tomes de la mano, (no lo esperaría ni en un millón de años, en serio a veces me sorprende tu frialdad), pero podemos caminar como los colegas que somos. Lo que pasa es que eres un paranoico, crees que con solo eso van a saber que te estás cogiendo a la profesora muggle.
—Cogiendo, finísima forma de llamarlo.
—Hay muchas formas, pero no me pareció adecuado mencionar mi manera favorita…
Severus apuró lo que le quedaba del jugo de calabaza y se puso de pie.
—Termina eso. Mejor salimos temprano.
— ¿En serio? —Preguntó animada, soltó el tenedor que aún llevaba insertado un pedazo de fruta y se incorporó rápidamente—. ¡Ya terminé! Quiero mostrarte algo, lo encontré cuando era estudiante, pero debes prometer no decírselo a nadie… es hermoso y desgarrador al mismo tiempo.
Caminaron por los jardines de Hogwarts, pero Charity no mostró interés en el paisaje invernal que se dibujaba ante sus ojos y siguieron caminando hacia el campo de Quidditch.
—Creí que era un paseo por los jardines.
—Mmm… el verdadero objetivo era sacarte del castillo. —Admitió Charity—. Pero te prometo que vale la pena.
—Si valía la pena, pudiste decirlo desde un principio. —Se quejó Severus.
—No habría sido lo mismo.
Cuando llegaron a la parte de atrás del campo de Quidditch, Charity se detuvo.
—Es por aquí. —Dijo buscando algo en el cielo—. Sí, seguro es aquí, ven. Qué bien que aún no han venido… pero creo que si no llegan hoy, ya no vendrán éste año.
— ¿De qué hablas? —Preguntó Severus ceñudo.
—Ya lo verás, es una sorpresa.
Estaban en medio de un conjunto de árboles y un poco de maleza. En el centro se formaba un pequeño claro, en el que no entraba mucha luz. Charity le indicó a Severus que guardara silencio y no hiciera ningún movimiento.
Estuvieron allí cerca de media hora. Pero nada pasaba.
— ¿Cómo encontraste este lugar? ¿Paseabas con alguien por aquí? Porque no veo nada extraordinario. —Susurró Severus impaciente.
—Lo descubrí la primera Navidad que me quedé en Hogwarts, cuando murieron mis padres. Sólo caminé y me encontré con este lugar y con lo que te quería mostrar, aunque parece que no vendrán.
— ¿Quiénes?, si no vendrán no tiene caso tanto misterio.
—No te lo diré. Mejor te lo mostraré el año que viene, las vacaciones estaremos aquí, me acompañarás aunque sea a regañadientes y te gustará la sorpresa, aunque en realidad, no es nada del otro mundo.
—No me gustan las sorpresas.
—Eso imaginé, pero… —Severus le tapó la boca de repente y la obligó a volverse hacia el claro.
Tres minúsculos pájaros azules revoloteaban silenciosos dando vueltas, hasta posarse en una enorme piedra. El pájaro del centro se veía decaído, mientras los otros dos lo miraban atentos, casi solemnes y en completo silencio. Severus mantenía a Charity sujeta, abrazándola por la espalda.
El pájaro triste lanzó un extraño y prolongado silbido, que recordaba a centenares de cantos de diferentes aves, combinado con brisa suave, murmullos de árboles, corrientes de agua, hojas secas quebrándose y miles de cantos más, hasta que el pequeño pájaro enmudeció y cayó sin vida en medio de los otros dos, que inmediatamente alzaron el vuelo, alejándose con el mismo silencio con el que llegaron.
—Son jobberknolls, pasan su vida en silencio, cantan solo antes de morir, reproduciendo todo lo que han escuchado pero en orden inverso. —Explicó Charity al separarse de Severus. Sonrió—. Pero eso tú ya lo sabías, perdón por sonar como si te estuviera dando cátedra, es la costumbre.
— ¿Y eso se repite cada año? —Preguntó Severus, con auténtico interés.
—Sí, —contestó entusiasmada—, no sé porqué vienen aquí, pero lo hacen cada diciembre muy temprano, normalmente antes de Nochebuena, pero ésta vez se retrasaron. He venido diariamente para cerciorarme. Es triste cuando muere uno, pero cuando mueren dos o más, se crea una combinación muy extraña, es como un espejo de sonidos.
Se dio la vuelta para ver por última vez el pequeño cadáver en la piedra.
—Es verdaderamente triste, pero también es una magnifica muestra de que la vida se renueva. A veces vienen las crías, son hermosas, de un azul más claro.
Severus apenas vio las pequeñas criaturas mágicas, porque veía a Charity y, sin entenderlo muy bien, se había perdido en el olor y el color de su cabello, en sus ojos brillantes por las lágrimas, en sus labios dispuestos en todo momento a besarlo, en sus manos ocultas por esos ridículos guantes rojos y en el resto de su cuerpo, siempre accesible para él.
Se odiaba un poco cada vez que se permitía verla así, como algo suyo. Odiaba la envidia que sentía cada vez que veía el viento golpeándola y acariciándola sin pudor. Odiaba la debilidad de ella. Y odiaba que lo amara, porque estaba convencido de que lo hacía. Y sabía que él no podría corresponderle.
Sé que tardé mucho en actualizar, por eso subí dos capítulos juntos.
Este un capítulo emotivo y tranquilo, espero haber transmitido lo que quería y no haberlos aburrido.
