Capítulo XIII. Un buen partido.
— ¡Qué bueno que llegaste, Charity! Necesitamos tu opinión.
Séptima Vector y Aurora Sinistra la observaban expectantes. Lo cual era raro, porque Charity no era la profesora más popular del colegio.
—Claro, ¿acerca de qué?
—De Snape. —Dijo Séptima viéndola fijamente.
Charity se quedó de piedra. ¿Habrían sido tan obvias sus acciones? O tal vez alguna de sus compañeras la habría buscado durante la noche y se habría dado cuenta de su ausencia, pero, ¿por qué Snape?
— ¿Qué hay con él? —Repuso Charity aparentando calma.
—Estábamos comentando, —explicó Séptima—, que últimamente está más amargado. El otro día, lo vi restándole puntos a un Slytherin. Y solo hay que ver su cara, nunca ha sido un hombre apuesto, pero ahora se ve peor, más demacrado, con terribles ojeras y el cabello más descuidado que nunca.
Al principio, Charity sintió unas ganas tremendas de maldecir a su compañera. Pero después de reflexionar, cayó en la cuenta de que Severus sí se veía más irritable que de costumbre. Tal vez era que desde el inicio del curso había estado muy cerca de él, que no había notado el cambio gradual que se había generado.
—Sí. —Confirmó al fin—. Creo que tienes razón.
—Y pues, —agregó Aurora—, tú saliste con él, ¿recuerdas?
— ¿De qué hablas?, ¿de aquella vez que lo acompañé a Hogsmeade?
—Sí de esa vez. ¿Te contó algo?, ¿o notaste algo extraño en él?
Charity lanzó un suspiro disimulado.
—No, apenas habló durante el camino. —Lo que de hecho era verdad.
Séptima encogió los hombros en señal de resignación y Aurora hizo otro tanto moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Bueno, después indagaremos más. Tal vez solo esté preocupado por los atentados contra estudiantes.
—No lo creo… ya saben, Bell y Weasley son Gryffindors… —comentó Séptima con indiferencia.
—Es cierto… además, ¿no les parece extraño que siga vivo ahora que regresó ya-sabes-quien?
Charity deseaba no escucharlas, porque esas eran preguntas que se hacía a veces.
—Pero bueno, dejemos ese tema, es demasiado escabroso para esta hora de la mañana. Mejor vayamos a ver el partido. —Propuso Aurora e inmediatamente tomaron sus cosas y salieron de la sala de profesores, con dirección al campo de Quidditch.
El partido ya había comenzado y conforme avanzaban reconocieron la voz soñadora de Luna Lovegood narrando el partido.
—Adorable niña, ¿no? —Comentó Aurora, luego de escuchar a la profesora McGonagall corrigiendo a la chica.
Séptima y Charity estuvieron de acuerdo con la profesora de Astronomía. Y Charity se permitió una sonrisa, al recordar una fría noche de invierno, cuando tuvo que escapar de un engañoso muérdago y de los Nargles que lo habitaban.
— ¿No está enterada? —Le había cuestionado Severus esa noche—. Lo muérdagos están infestados de Nargles.
— ¿Y por eso escapamos?... por un momento creí que temías que te besara. —Contestó sin pensar.
—Es una estupidez.
— ¿Qué?
—Todo esto de la Navidad.
Charity se sintió aliviada… no era una estupidez el que ella pudiera besarlo…
—Ok, maldito mago amargado… ¿pero de dónde sacaste eso de los Nargles?… parece algo salido de El quisquilloso.
—Y lo es… lo dijo la hija lunática de Lovegood.
—Entonces, —inquirió Charity—, ¿era una broma?
—Supongo…
—Eso sí que es raro. ¿Qué vendrá después?
Cuando llegaron al campo de Quidditch, Luna disertaba acerca de algo llamado "la peste del perdedor". Y segundos después, el famoso niño que vivió, era golpeado por el guardián de su equipo con un bate.
El partido continuó con clara ventaja para Hufflepuff, pero el interés de las docentes, se desvió hacia el profesor de Pociones que caminaba con rapidez hacia el herido Harry Potter y lo levitaba hacia el castillo. Charity hizo a un lado las preguntas que la rondaban maliciosamente y sonrió, al mismo tiempo que sus ojos se humedecían, mientras lo perdía de vista.
Se disculpó con sus compañeras y fingiendo dolor de cabeza se retiró de las gradas. Nunca había sido gran adepta del Quidditch. Prefería el futbol. Y era seguidora del Machester United.
A través de la puerta de la enfermería se podía escuchar algo como ese juego tan peligroso y nunca aprenderán, de voz de Madame Pomfrey. Charity se recargó en la pared para esperar a Severus. Frente a ella se encontraba un retrato de un caballero y una dama que discutían intentando hablar en voz baja. Hubo un duelo de miradas, luego del cual, la dama salió del retrato enojada.
—Vamos, ve por ella. —Le aconsejó, Charity.
El caballero la miró indignado, pero un par de segundos después, salió, llamando en voz alta a su dama.
Charity sonrió.
Minutos después, salió Severus. No le sorprendió verla, pero tampoco se mostró entusiasmado.
Ella lo tomó del cuello y lo besó con efusividad. Él le correspondió el beso por un momento, antes de apartarla.
— ¿Qué te pasa?, ¿no te dice nada la palabra discreción?
—Lo sé, Severus, pero es que de verdad necesitaba hacerlo…
— ¿Por qué? —Severus observó los ojos húmedos de Charity, señal inequívoca de llanto previo y reformuló la pregunta—: ¿Por qué lloras?
—Ya no… lloré hace un rato, sabes que lloro por todo.
Comenzaron a caminar hacia su despacho.
—Claro. —Dijo secamente, a la vez que aceleraba el paso.
Cuando ya casi llegaban a la puerta, Charity se aventuró a preguntar:
— ¿Te pasa algo malo, Severus?
—Además de perder la cordura y salir contigo, no, no me pasa nada malo.
—Es que te ves mal. Cansado y hasta un poco enfermo. Casi no comes y sospecho que tampoco duermes.
—Déjalo, Charity. En serio no pasa nada.
Ella lo dejó estar, pero más tarde, por la noche, mientras hacían el amor, se propuso cuidarlo. Vigilar que comiera bien y no dormir hasta estar segura de que él ya estuviera dormido.
Eran las dos de la madrugada cuando el cuerpo de Charity se dio por vencido y sucumbió al sueño.
Severus permanecía despierto.
Me pregunto por qué será el Manchester…
Y sí, lo sé. Los capítulos son muy cortos. No se me dan los capítulos largos, a menos que por alguna razón deban ser cortos.
