Capítulo XIV. Pesadillas y sueños, verdes y azules.

Los días pasaban y luego las semanas y Severus todavía no tenía muy claro qué iba a hacer con Charity. Ella se había vuelto tan habitual en su vida, que había dejado de considerar la opción de abandonarla.

Su misión pendiente, encomendada por sus dos amos se había convertido en un suplicio imposible de soportar. Se le iba el sueño cada noche al pensar que tal vez el día siguiente sería el indicado para asesinar a su mentor. Se atormentaba buscando una solución que no pusiera en peligro a Charity. No podía hablar con ella de sus verdaderas intenciones, pero sabía que ella sufriría cuando se enterara de su traición.

Ella dormía a sus espaldas. Ya no usaba nada para recogerse el cabello porque él se lo había pedido unos días atrás de una manera poco clara. Seguramente casi nadie la habría considerado una petición directa.

—Nunca usas el cabello suelto.

—Sí que lo hago. La mayoría del tiempo lo llevo así. —Repuso Charity.

—Para dormir no.

Charity entrecerró los ojos y al mismo tiempo intentó detectar algún titubeo en Severus, pero fue imposible.

—Ok, no lo ataré para dormir. —Aseguró, recalcando la última palabra.

Severus la miró ceñudo.

—Llévalo como quieras.

Severus concluyó con tono gélido, pero Charity no se amedrentó y se soltó el pelo, haciendo un ademán digno de comercial muggle de champú. Severus sonrió irónico, pero claramente complacido, aunque la ambigua sonrisa se borró de pronto de su rostro al recordar un feliz fragmento de su pasado, cuando una niña cambió su peinado por su culpa.

No digo que te veas mal, pero cuando lo llevas así, casi te pareces a tu horrible hermana. —Dijo un Severus mucho más joven.

¡Mi hermana no es horrible, Sev! —Lo contradijo una chica pelirroja.

Está bien, —se retractó—, pero te verías mejor si no ocultaras tus ojos.

La cara del joven Severus se tornó roja, dándole un aspecto extraño a su pálida piel. La chica sonrió y le pasó un brazo por el hombro, conduciéndolo a la sombra del árbol frente al lago en la que pasarían una tarde maravillosa.

Estuvo a punto de retractarse, de pedirle que se volviera a sujetar el cabello para intentar ahuyentar a sus demonios internos, pero no lo hizo porque sabía que ellos no se irían. Nunca se iban. En cambio, le hizo el amor, disfrutando por primera vez las cosquillas que le producían los mechones rubios de Charity, que le caían sucesivamente en el pecho, el cuello y la cara.

Por eso yacía a su lado con el pelo revuelto cayendo inerte sobre la almohada.

Sin conocer muy bien sus motivaciones, se volvió hacia ella y la besó sigilosamente en los labios. Ella susurró un débil Severus incapaz de abrir los ojos.

—Charity. —Pronunció él, antes de besarla nuevamente.

Ella sonrió y se esforzó para abrir los ojos.

Lo besó apasionadamente, para luego sentarse a horcajadas sobre él y volver a besarlo. El cabello le cubrió por completo la cara y Severus la tomó de las mejillas intentando despejarle el rostro.

Intentando ver sus ojos claros de un azul profundo, y tan diferentes a los verdes que siempre llenaban sus sueños. Y sus pesadillas.

—Severus. —Susurró Charity sentándose en las caderas de él—. Eres hermoso.

La miró escrutadoramente. Siempre decía cosas que no esperaba. ¿Por qué no podría solo callarse y hacer lo que tuviera que hacer? Tal vez pretendía enloquecerlo.

—Claro que sí. —Comenzó a quitarle la blusa, pero ella evadió sus manos.

—Hablo en serio. ¿Cómo no te vi antes? Tus ojos son negros y profundos y tu nariz es enorme. Amo tu nariz. Tus cejas son muy sensuales. Todo eso fue lo que me gustó de ti antes de verte desnudo, después, me gustaron otras cosas…

Severus la miraba con tedio. La tomó por la cintura y la recostó en la cama, situándose encima de ella.

—Hablas demasiado Charity.

La besó mientras que con las manos, exploraba por debajo de su blusa.

—Espera, aún no termino… —Severus se dejó caer sobre ella fastidiado. Podía aspirar el perfume del pelo de Charity, pero a cambio tendría que escucharla—, me gusta tu espalda, tus brazos fuertes, tu magníficas manos, me encantan tus pies (aunque los he visto pocas veces) y hay otras cosas que también me gustan mucho de ti… ¿quieres saber cuáles? —concluyó con un susurro.

—Mejor muéstrame cuáles y deja de decir tonterías, tonta muggle.

Severus volvió a besarla, pero ésta vez con desesperación. Sintió su cálido aliento, su respiración agitada por la excitación. Saboreó su lengua y su saliva. Sintió las manos de Charity rodar ansiosas por su espalda, bajando peligrosamente cada vez más. Arañándolo a su paso y haciéndolo temblar de deseo.