Capítulo XVI. Infinidad de posibilidades.
Otra vez en la sala de los menesteres.
Había estado allí muy a menudo.
Y seguía sin descubrir los planes de Draco.
Draco Malfoy era un buen chico.
Corrompido, prejuicioso y estúpido. Pero buen chico.
Un día más escondido allí. Tal vez sería como los demás días. Él saldría frustrado y la muerte de Dumbledore se retrasaría un poco.
O tal vez no.
Severus veía sus errores repetirse en el heredero de los Malfoy. Por eso lo quería. Y por eso mataría a Dumbledore, al que comenzaba a parecerse. Protegiendo a muchos y sacrificando a otros.
Severus permanecía quieto en el oscuro recoveco que le proporcionaba una pareja de armaduras, esperando la salida de Draco. Para matar el tiempo, barajaba sus posibilidades, como venía haciendo desde el inicio del curso. Pero ahora tenía a Charity. Y para su sorpresa, se encontró con que no quería renunciar a ella. Sería un tirano si la arrastraba con él, pero la necesitaba para no volverse loco. Ella, con sus tonterías y su inútil emotividad, le daba diariamente una oportunidad de paz y de descarga. Solo tenía que convencerla de permanecer a su lado, ni siquiera tendría que contarle nada. Ella lo amaba y lo seguiría a donde quiera que fuera. Y así, estaría a salvo. Ningún lugar más seguro que la guarida del lobo, o en este caso, de la serpiente.
Sería sencillo si Charity se decidiera a seguir por primera (o más bien, segunda) vez en su vida, su instinto Slytherin.
El sonido de la amplia puerta de la sala de los menesteres abriéndose, cerrándose y posteriormente, desapareciendo, le despejó la mente de golpe. Draco salió con pasos seguros y rápidos, lo que no pasaba muy a menudo y desde las sombras, Severus pudo notar que en su cara se había disuelto la expresión de la tensión que lo oprimía desde que había tomado la marca tenebrosa.
Era una mala señal. Terrible, de hecho.
—Lo ha logrado. —Dijo unos minutos más tarde en la oficina del director—. Lo que sea que haya planeado, lo ha logrado.
—Eso apresura las cosas, Severus. —El anciano director se quedó callado un momento, mirando sus manos, una sana y otra pútrida, mientras que Severus no hacía nada por romper el silencio, ensimismado en sus propios pensamientos—. Mañana saldré de Hogwarts con Harry, —continuó de pronto—, la orden se quedará de guardia en el castillo y tú tendrás que hacer lo posible por averiguar qué hará Draco y cuándo. Podríamos evitarnos muchos inconvenientes si lo sabemos de antemano.
—Haré todo lo posible, Albus.
Inmediatamente se puso de pie y con su capa ondeando tras de sí, salió de la oficina rápidamente. Parecía que ya nada a su alrededor existía. Solo el espacio de suelo que pisaría en cuanto tocara el turno del siguiente pie y que en cuanto lo dejara atrás dejaría de existir como todo lo demás. Por fin se había rendido. Había aceptado su maldito destino. Ese que lo condenó a una vida de soledad y amargura. El que lo sentenció a matar a una de las pocas personas que lo habían estimado de verdad.
La pérdida total de su inocencia, el quebranto final de su alma, tendrían lugar en cuanto levantara su varita en contra del viejo. Y para eso ya había una fecha pactada.
Solo le quedaba Charity. Pero si no le contaba, ella lo odiaría como todos los demás. Y si lo hacía la pondría en peligro. No solo a ella, sino a todo por lo que había luchado.
Entró en su dormitorio sigilosamente y el mundo volvió a tomar forma en cuanto vio a Charity sentada en el suelo, leyendo un libro muggle. Ella no se percató inmediatamente, lo que le dio a Severus la posibilidad de sorprenderla.
Se acercó sigilosamente y sin hablar. En el momento en que estuvo tras ella, a escasos centímetros de su espalda, ella percibió la sombra que se formaba por la escasa luz de la estancia y el ligero cambio en la corriente del aire. Solo después de eso, le llegó el olor de la colonia de Severus, que ella misma le había regalado. Eso no evitó un sobresalto.
—Te he dicho que no hagas eso. —Dijo cuando comprobó que se trataba de él.
—Tonta, nadie más se atrevería a entrar en mi dormitorio.
— ¿Y qué si quisiera sorprenderte de algún modo? Arruinarías la sorpresa.
—No puedes hacer eso. Eres ridículamente predecible.
Charity lo miró con falsa molestia y él le dio la mano para ayudarla a incorporarse del suelo. Luego ella se puso de puntillas para besarlo en la mejilla y se sentó en la cama. Esperaba que Severus tomara un baño como siempre hacía antes de dormir, pero no lo hizo. En cambio se sentó a un lado de ella y después de un rato, le habló:
—Eres de sangre pura. Y eres Slytherin. No eres una belleza pero eres simpática y supongo que aún estarás en edad reproductiva. —Conforme hablaba, en la cara de Charity se iba formando una expresión de curiosidad y preocupación—. Nadie puede decir que no seas un buen partido.
— ¿Me vas a proponer matrimonio? Porque sería tremendamente raro. —Soltó con una risa nerviosa.
—No. —Contestó secamente—. Pero esas ventajas podrían salvarte la vida en algún momento. Nada asegura que Potter y Dumbledore vayan a acabar con el Sr. Tenebroso, lo sabes, ¿no?
Charity asintió con la cabeza distraídamente, aún desconcertada. No sabía a dónde quería llegar Severus.
—Pero tengo fe en ello.
—Olvida la fe. Eres más lista que eso. Eres una Slytherin.
—Creo que ya habíamos abordado ese tema. —Refutó Charity.
—No importa la razón por la que hayas estado allí, lo importante es que estuviste. Y lo hiciste para tu conveniencia.
—Era una niña, Severus. —Se excusó Charity—. Si pudiera regresar el tiempo elegiría cualquier otra casa.
Severus se puso de pie y resopló exasperado.
—Los valientes, los de buen corazón y los cerebritos, tienen una tasa de mortalidad más alta que las serpientes.
—Sí, claro. Como Emmeline que era parte de la orden. O Sirius Black. O James y Lily Potter. —La cara de Severus se ensombreció más al escuchar ese nombre y Charity lo notó, sintiéndose al mismo tiempo como el verdugo y como la víctima, pero continuó—: O como los Longbottom, que tuvieron un final peor que la muerte. O todos los demás que murieron. Pero ¿sabes qué?, ellos murieron luchando porque era lo correcto. ¿Cuántos Slytherin murieron por oponerse al Sr. Tenebroso?
— ¿Quieres morir? —Preguntó Severus derrotado. Charity no lo seguiría.
—No. Pero tampoco soy una cobarde y si tengo que luchar por lo que considero que está bien, lo haré.
—Hazlo, entonces. —Dijo simplemente.
Se dio un baño rápido y cuando regresó, Charity ya lo esperaba entre las sábanas. Se le veían los ojos vidriosos, pero forzó una sonrisa apagada que Severus no se molestó en corresponder. Se metió en la cama y como era su costumbre, le dio la espalda a Charity.
—Severus, —susurró Charity, abrazándolo por detrás y apoyando su cara en el cuello de él—, te amo. —Y le depositó un beso entre la oreja y la mejilla.
Luego volvió a acostarse y lloró un poco. Pero antes de sucumbir al sueño, se volvió para no ver a Severus.
Minutos o tal vez horas más tarde, Severus se abrazó a ella posesiva y desesperadamente. Era la primera vez que se permitía dormir así. Y por primera vez en mucho tiempo, lo hizo sin pesadillas.
Gracias por leer.
