Capítulo XVIII. Faltas imperdonables.

La comunidad mágica debe aprender a aceptar a aquellos que de nacimiento, son muggles, pero que en su interior guardan magia, magia genuina y por consiguiente, respetar y hasta reconocer el ingenio muggle, que es otra forma de magia. Las fronteras entre los magos de sangre pura y los que no pueden "presumir" de ello, deben ser derribadas y eso solo se logrará con educación, con el conocimiento de que todos somos, al fin y al cabo, humanos.

Otra situación deseable es la desaparición de aquellas líneas antiquísimas de sangres puras. El incesto conocido por todos (e ignorado también) entre esas familias no hacen sino contribuir a la locura y al fanatismo. Los muggles no carecen de inteligencia y ésta no es subnormal. Me atrevo a asegurar que para crear lo que ellos han creado, es necesaria una inteligencia superior a la de muchos de esos magos que siguen en manada esas creencias y se casan con sus familiares para no mancillar la pureza de su sangre procreando con "sangres sucias", "traidores de la sangre" o "muggles", poseen. Hay a quienes no les importa debilitar su genoma en pos de su orgullo, pero el resto de nosotros, que sé que somos más, no sucumbamos a sus deseos. No permitamos que unos cuantos nos utilicen como marionetas para sus propios fines megalómanos.

¿Por qué seguir construyendo nuestra sociedad mágica sobre creencias inmutables, si podemos enriquecernos con nuevas ideas?

Charity dejó de escribir agotada, como si hubiera corrido un maratón. Gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas, mientras se prometía a si misma que serían las últimas. Se había recluido en la antigua casa de la familia, que de no ser por la magia, se habría derrumbado muchos años atrás. Tal vez, desde que era niña y había pasado sus últimas vacaciones de verano con sus padres. Tal vez habría sido mejor que esa casa hubiera caído sobre sus cabezas, aniquilándolos antes de que sus padres se hubieran rendido ante la muerte. Y así, ella no estaría allí en ese momento. Tendría la paz que solo tienen aquellos que son liberados de sus emociones.

La casa deshabitada, se había llenado de maleza y diversas plagas se habían instalado entre sus paredes aniquilándose unas a otras. Arañas, sapos, ratas, insectos, serpientes.

Ella ya no temía a las serpientes. Había convivido con ellas toda su vida. En especial ese último año. Hasta había fingido ser una. Pero no era más que una mujer y, según cierta leyenda muggle, las mujeres y las serpientes estaban destinadas a enfrentarse. Era el castigo por sucumbir a la tentación.

Charity tomó nuevamente la pluma, tachó algunas palabras y las cambió por otras que quedaban mejor. Cuando estuviera satisfecha, lanzaría un hechizo de limpieza y enviaría el pergamino a "El Profeta". Entonces lo publicarían y cuando Severus lo leyera, le quedaría claro que ella no apoyaría su causa.

La noche de la muerte de Dumbledore, se había encontrado con una nota de Severus, donde la citaba en el bar muggle al que habían ido en Nochebuena. Le había pedido que fuera sola y no se lo contara a nadie. Que ni se le ocurriera informarle al Ministerio. Ella no asistiría.

Sin embargo, antes de terminar la carta, Charity se levantó de golpe y salió corriendo. Se apareció en un callejón cercano al lugar de la cita. Y caminó con rapidez. Llevaba cinco minutos de retraso y Severus era extremadamente puntual. Entró al lugar y lo buscó con la mirada. No estaba.

Se sentó en la barra, pidió una cerveza y esperó.

Severus no llegó.


No me gustó mucho cómo me quedó este capítulo, pero prometo que si la inspiración regresa a mí, lo arreglaré o simplemente lo reemplazaré. Por lo pronto, esto es lo que hay. Perdón.

De cualquier manera gracias por leer.