Capítulo XX. Se le apagó la luz.

¿Qué piensa la gente antes de morir?

¿Qué desea?

Charity solo deseaba ver a Severus. Un anhelo masoquista, luego de su indiferencia. Las caras de los mortífagos habían pasado a ser parte de la escenografía de una obra de teatro muggle, después de ver a Severus sentado a la derecha de su señor.

Porque así era ¿no?

Él siempre estuvo de su parte. Engañó a Dumbledore. Lo mató. Quizá hasta había matado a Emmeline. Y aún así, deseaba verlo. Quería contemplar esos fríos ojos negros una vez más antes de morir. Porque moriría, eso era seguro.

¿Tendría derecho a una última voluntad?

¿Cómo se lo pediría?

"¿Una última voluntad?" diría Voldemort, liberándola de la mordaza mágica.

"Quiero que Severus me vea a los ojos" respondería Charity, temblando y seguramente llorando.

¿Pero eso de qué serviría?, ¿de qué serviría ver ese rostro impasible e indiferente?, ¿quería engañarse creyendo que él la amaba antes de morir?, o por el contrario, ¿deseaba desengañarse definitivamente?, pero, ¿qué más necesitaba para aceptar la verdad?

"No." Se retractaría Charity antes de ver cumplido su deseo imaginario. "Quiero que sea Severus el que lance la maldición."

¿Sería eso suficiente para dejar de amarlo y empezar a odiarlo, aunque solo fuera durante el último instante de su vida?

—No satisfecha con corromper y contaminar las mentes de los hijos de los magos, la semana pasada la profesora Burbage escribió una apasionada defensa de los sangre sucia en El Profeta. Los magos, dijo, deben aceptar a ladrones de su conocimiento y de su magia, y sostiene que la progresiva desaparición de los sangre limpia es una circunstancia deseable. Si por ella fuera, nos emparejaríamos todos con muggles o, ¿por qué no?, con hombres lobo.

El discurso de Voldemort le recordó la razón de su estancia allí. Todo era tan absurdo que lo había olvidado.

Continuó girando, hasta cruzar nuevamente la mirada con Snape… con Severus. Por más dolor que hubiera en su corazón, él ya no podría ser solo Snape.

En medio de las lágrimas que brotaban incontrolables, llegando hasta su cabello y arruinándolo más de lo que ya estaba, se permitió ver a Severus. Él no la salvaría. No movería un dedo para ayudarla. Y la verdad es que ya no lo necesitaba.

¡Avada Kedavra!

Murió. Y su última visión fueron los ojos de Severus.


No estaba muy segura de publicarlo, pero aquí está, ojalá no me odien mucho. Y el siguiente capítulo es el final.