Capítulo XXI. Como una criatura salvaje.

A chorros se escapa la magia de mi alma cansada...


Los débiles sollozos en la oscuridad inundaban la oficina del director de Hogwarts.

Meros quejidos de dolor de un animal salvaje obligado a vivir en cautiverio. Herido hasta lo indecible. Casi hasta la muerte.

Obligado también a seguir viviendo para ganar una guerra, para él perdida desde el principio.

—Severus… hijo…

Se escuchó una voz amplificada por el silencio sepulcral de la estancia.

El director se movió un poco, como intentando ignorar la voz que lo llamaba. Mantenía la cabeza gacha y la mirada fija en las formas caprichosas que se dibujaban en la madera de su escritorio y que se deformaban cada vez que otra lágrima caía sobre su superficie. Las cortinas de su cabello ocultaban su cara. Desde lejos no se podía distinguir nada más que un bulto negro que palpitaba de vez en cuando, cuando el dolor se volvía insoportable.

—Severus… —se volvió a escuchar la voz—, por favor habla.

—Calla. —Aquella voz que solía causar terror lo traicionó, sonando cansada y apagada. Se aclaró la garganta y lo volvió a intentar—: Cállate.

Alzó un poco la vista, descubriendo un par de ojos como abismos que se dirigieron inmediatamente hacia donde había surgido la voz.

—Solo dime qué pasó. Me preocupas.

— ¿Preocuparte, tú? —Dijo al mismo tiempo que esbozaba un lúgubre intento de sonrisa, despejaba su cara de los restos de las últimas lágrimas y se erguía completamente.

— ¿Qué te hizo? —Cuestionó el anciano desde el retrato. En vida nunca temió pronunciar el nombre que en ese momento evitó.

—La mató. —Se puso de pie y caminó alrededor observando el resto de los retratos de los antiguos directores—. ¡Largo! —Gritó, dirigiéndose a los que aún se encontraban en los lienzos, observándolo atentamente o fingiendo dormir. Al cabo de un momento, después de sendos comentarios de reproche, todos abandonaron sus retratos, excepto Albus Dumbledore.

—Solo una vez te he visto así y eso fue hace muchos años. ¿A quién mató?

—A Charity.

Se había recargado en el escritorio, sosteniéndose con las manos en las esquinas. Pero después de decir ese nombre había vuelto a temblar y se le hizo imposible continuar en esa posición.

—Si era tu amiga, después de todo. —Afirmó Dumbledore, traspasándolo con la mirada, como solía hacer en vida y esperando por más información.

—Era mucho más que eso…

Severus daba vueltas por el despacho con una mezcla de furia y dolor en el rostro.

No pudo evitar que en su cara se formara nuevamente la mueca del profundo sufrimiento que parecía que lo acompañaría por siempre.

—La amaba, —continuó—, y nunca se lo dije. No la pude proteger. —Miraba al vacío con apatía, pero de repente pareció despertar y con el puño cerrado golpeó el escritorio con fuerza, lastimándose los nudillos hasta hacerlos sangrar.

—Voldemort ha matado a demasiadas personas.

—Pero a ella la asesinó frente a mis ojos y yo no hice nada… pude haber gritado, pude intentar rescatarla… tal vez… tal vez él le hubiera perdonado la vida si se lo hubiera pedido… —Severus carecía de todo el autocontrol que había mostrado siempre. Ya no era el hombre impasible con el temple de acero, capaz de engañar al mago tenebroso más grande del mundo. Era un ser indefenso…

— ¿Como le perdonó la vida a Lily Evans?

El corazón de Severus golpeó con fuerza en su pecho y su respiración volvió a acelerarse. Se dejó caer de rodillas en el suelo helado, cubrió su rostro con las manos y lloró amargamente antes de lanzar un gemido desgarrador. Un grito desesperado más parecido al de un animal moribundo que al de un ser humano.

—La traicioné por Lily. Por una muerta. Y ahora las dos lo están. Preferí cumplir mi deber con ella, que salvar a Charity.

—Te exiges demasiado. Si lo hubieras enfrentado habrías muerto también.

—Pero ella hubiera sabido que sí la amaba…

—Eventualmente la verás y estoy seguro que ella ya sabe eso.

— ¿En serio crees esa basura?

Se quedaron en silencio y minutos después, habiendo recuperado la calma, sacó de su bolsillo la única fotografía mágica de Charity que había en el castillo. Ella se encontraba en una esquina apartada, pero la obligó a mostrarse, luego de echar fuera al resto de los ocupantes de la fotografía. No había prestado atención a los compañeros de Charity, pero al ver una melena pelirroja abandonar la imagen, se preguntó si sería posible que se tratara de ella. Aunque por lo pronto eso no importaba porque la mujer que necesitaba ver era aquella rubia de horrible cabello, carácter sensible, extravagancias muggles e ideales estúpidos.

A esa tonta muggle.


Ahora sí es el final. Si quieren un final alternativo, este es el momento de decirlo. Me siento como una villana por haber escrito esto, así que necesito liberar mi consciencia y si les parece que así está bien, también díganlo, es lo justo. De cualquier manera era una tragedia y se supone que las tragedias sean tristes... bellas y tristes, sé que me quedó triste, solo espero que también haya sido bella, aunque sea un poco.

La frase de arriba es parte de una canción de Alejandro Sanz llamada "Se le apagó la luz", como el capítulo anterior, lo cual no es casualidad. Escúchenla, está hermosa.

Gracias por leer y que sean felices... yo voy a extrañar esta historia.

Ah y gracias por dejar reviews, me han hecho muy feliz. Y gracias a Astrid Black por la idea.