NOTAS:
Tetsuna: Una nueva historia que esperamos les guste.
TITULO: Secretaria
AUTORA: Tetsuna Hibari (T-H)
RESUMEN: Sawamura Eimi (Eijun) una joven universitaria empieza a trabajar como secretaria del mejor abogado mercantil de Japón, un ídolo en su carrera de leyes y que admira, descubrirá porque Kuramochi Youichi el "cheetah gruñón" -apodo que se ganó por su poca paciencia- ha tenido tantas secretarias.
CLASIFICACIÓN: Todos los públicos.
CATEGORÍA: DIAMOND NO ACE
PAREJAS: KuraSawa / ChrisMiyu / KouRyo / MeiHaru
GENERO: GenderBender, Romance, AU.
Capitulo 2 - Su vida.
.
Eimi Sawamura [21 años] - Secretaria de Kuramochi / Universitaria
Youichi Kuramochi [25 años] - Jefe de Eimi / Abogado Mercantil
Kazumi Sawamura [22 años] - Cuñada de Eimi / Secretaria de Narumiya
Chris Yuu Sawamura [26 años] - Hermano mayor de Eimi / Esposo de Kazumi / Doctor de Pediatría
Ryoko Kominato [40 años aparenta menos] - Tía de los hermanos Sawamura / Jefa de la firma Seidou / Abogada
Mei Narumiya [25 años] - Cuñado de Eimi / Yerno de Ryoko / Jefe de Kazumi / Abogado Familiar
::::::::::::::::::
En un bar cercano a la firma de abogados de Seidou, se encontraban dos de los mejores abogados pasando un rato; Kuramochi Youichi y Yuki Tetsuya, un abogado especializado en divorcios y/o custodias legales de los menores. Y una vieja coincidencia que ambos desconocían, es que él había sido el encargado del caso de los hermanos Sawamura, en donde le ayudo a Chris a conseguir la custodia de su hermanita menor después de la muerte de ambos padres.
-Pensaba que Mei vendría también. -Comento Kuramochi después de pedir su bebida al bartman.
-Obtuvo mucho trabajo de último momento. -respondió ocultando la sonrisa de burla que quería formarse en sus labios.
-Sabe Yuki-san, sé que es el jefe de Mei, pero debería dejar de delegarle tantos casos. El pobre es un muerto viviente últimamente.
-No lo hago por maldad. Ni por tener tiempo libre.
-¿Entonces?
-Son órdenes de Ryoko.
*Lo siento, Mei. No puedo hacer nada…* Kuramochi no dijo más. Conocía lo suficiente al mayor para saber que en verdad no era por su decisión poner la vida del rubio al límite, y a sabiendas de la historia personal de su colega y su jefa, sabía que aquel trato seguiría hasta la llegada de cierta chica.
-Es raro que aceptes una copa Kuramochi -dijo con algo cercano a la incredulidad y para cambiar el tema inicial.
-He tenido mucho trabajo últimamente, necesitaba un trago. -dijo tomando su caballito de tequila.
-He escuchado sobre tu nueva secretaria. Dicen que es muy buena y muy hermosa -comento mientras el contrario se remangaba su camisa y se desataba la corbata. -…y es la que más ha durado bajo tu cuidado. Ya llevas dos semanas ¿cierto? -pregunto el contrario sacándolo de sus pensamientos.
Ante el comentario de su compañero de trabajo, Kuramochi cerró los ojos haciendo un gran esfuerzo al intentar visualizar a su secretaria. *¿Hermosa? ¿Lo es?... Lo único que recuerdo es que es más bajita que yo… Es rubia, creo… No esa es la de hace un mes ¿cierto? ¿O la de hace un mes era pelinegra?* siendo sincero consigo mismo, incluso él se sorprendió de que no recodara el rostro o algo mínimo de su secretaria.
-…Eso ¿creo?… -respondió dudoso.
Ahora que el tema salió a relucir, no recordaba haber tenido que gritar los últimos días y mucho menos recordaba tener encima todo el día a Kazumi regañándole sobre despedir a sus secretarias, lo que significaba que en verdad la chica era eficiente. Incluso pensaba que alguien más podría darle a la chica algún premio o medalla, llevaba dos semanas.
-Eso es sorprendente, a todas las despides en el tercer día. La que menos duro fue de una hora. Ese día rompiste record.
-Si no trabajan no las necesito Tetsu-san. -contesto antes de tomar otro trago.
-Pues esta chica... -sabía que el moreno estaba intentado recodar el nombre de su secretaria y se lo diría el mismo de no ser por una sencilla razón, la cual era que ¡No lo recordaba! - …Eimi ¿cierto? -solo asintió, siguiendo la corriente. Si ese no era su nombre, pues ni modo.- Me estas siguiendo la corriente, ¿verdad?
Tosió un poco al ahogarse con el licor, había sido descubierto sin mucho esfuerzo. Se recompuso rápidamente, intentando aparentar que nada paso.
-¿Qué quieres que te diga?
-Es en serio un problema que no sepas los nombre de las personas con las que trabajas, en especial a la persona que tienes a tu lado la mayor parte del día, que es...-regaño el pelinegro de manera severa-…tu secretaria.
-¿Para que recodar un nombre de una persona que puede ser fácilmente despedida? -pregunto secamente Kuramochi.
-Sí. De una persona que es fácilmente despedida porque no le das la oportunidad de acostumbrarse a su nueva forma de trabajar. No tienes paciencia, además de que tú mismo te atiborras en más trabajos. Tienes la manía de pedir orden cuando ni tu vida lo tiene. No solo deben complacerte al ser tan quisquilloso, también deben tratar de sobrellevar el trabajo extra que les agregas con tanto caso...-cada defecto atravesaba al abogado menor como si fueran flechas.-Crees que nadie tiene vida personal tal como tu…
-Mensaje recibido, Tetsu-san…-dijo con pesar.
-Lo que debes entender es que tu secretaria debe de acostumbrarse a su nuevo estilo de trabajo y no se van a acostumbrar en tan solo un día…-le revolvió la cabellera con una mano.- Deberías tomar un descanso y vivir un poco…
Kuramochi suspiro mientras recibía aquel gesto como si fuera un niño pequeño, siendo regañado nuevamente como era costumbre por aquel hombre a su lado, que le mostro tiempo atrás lo que significaba ser abogado.
Su vida no había sido fácil. Su padre los abandono a su madre, a su abuelo y a él, desde muy pequeño. No le importaba mucho en realidad el que los dejara, después de todo no fue el mejor ejemplo a seguir… pero lo que si importaba era que los dejara endeudados por culpa a su adicción al juego, mientras él cómodamente se largaba con una mujer más joven y adineraba, dejando todo el problema a su madre a la par que su abuelo enfermaba de cáncer.
Debido a la enfermedad su abuelo no pudo continuar con el trabajo y su madre se sacrificó durante meses por sobrellavar la situación pero llego un punto en que le fue imposible hacerlo ella sola, razón por la que él tuvo que aprender a equilibrar los estudios por las mañanas y un trabajo nocturno en diferentes construcciones.
Lamentablemente la enfermedad de su abuelo había empeorado, debido a la falta económica, les fue imposible pagar para que obtuvieran el tratamiento adecuado. Era un pesar que Youichi llevaba grabado en su ser. Ahora, después de años, su abuelo no estaba y su madre había enfermado debido al estrés y el desgaste de aquellos años.
Con sobreesfuerzo humano termino la universidad y había entrado a trabajar en ese bufet por recomendación de su profesora Takashima Rei, quien le presento a Ryoko. Descubrió en carne propia lo malvada que llegaba a ser, del mejor alumno de su generación paso a ser el chico de los recados de la oficina. Al principio pensó que era odiado pero Yuki Tetsuya se encargó de contarle en secreto, que la jefa pelirosa hacia eso solamente con las personas en las que veía potencial.
La abogada quería que ganaran experiencia desde lo más abajo con la intención de que aprendieran a sobrevivir en aquel mundo lleno de jugadas con as bajo las mangas, que conociera las debilidades de sus futuros compañeros y que se ganara la confianza de algunos, que obtuviera por cuenta propia experiencia y que adquiriera las conexiones necesarias para mantenerse en el buffet.
Y lo logro, supero las infernales pruebas de su jefa y ahora era el tercer mejor abogado de la firma. Trabajaba arduamente para pagarle la mejor atención médica, no deseando que pasara lo mismo que con su abuelo. Muy pocos sabían su motivo, así como su pasado. No le gustaba que hablaran de él.
*Que molesto…* la influencia de la bebida alcohólica hacia estragos en su ser, trayendo a su mente asuntos que no tenían que ver con el momento, y recordándole la mala suerte que tuvo en el pasado.
-…Además, me han dicho que es muy trabajadora la nueva chica...-agrego Yuki retomando la plática sobre la nueva trabajadora.
-Puede ser…-contesto tomando un sorbo de su tequila no muy convencido, después de todo, su secretaria lo dejaba varado por las tardes.
Cuando se daba cuenta, su secretaria se había desaparecido y no volvía a verla hasta el otro día, pensó despedirla hace tiempo, pero la realidad era que no le afectaba del todo su ausencia. Por las tardes casi siempre estaba ausente, visitando a diferentes clientes o en el edificio de la corte y en caso contrario de que se quedara en la oficina, la chica dejaba el papeleo que necesitaba listo.
-Es universitaria…
Kuramochi observo a Tetsu, ni siquiera él sabía eso así que estaba sorprendido de que el contrario sí. No recordaba que Kazumi o alguien más le dijera que su secretaria fuese universitaria pero ahora todo tenía sentido, por eso mismo solo trabajaba medio tiempo… y a veces escuchaba su risa cuando holgazaneaba con los demás empleados. Era una niña que estaba en plena juventud y que gozaba de divertirse. Pero a pesar de eso, le reconocía a la chica que hacia bien su trabajo.
-…Y aun así tiene tiempo para aguantarte, deberían de darle un premio por su fuerza de voluntad…
-No es para tanto.
-Lo es…-aseguro- Y más si se trata de ti "cheetah gruñón".
.
.
Al día siguiente:
Como era costumbre de su parte, llego a las siete de la mañana. Subiendo con rapidez a su oficina ya que ese día tenía más trabajo de lo normal. Se encontraba trabajando en un caso un tanto difícil y absorbía toda su atención, así como su tiempo. Incluso estaba programando un viaje debido a los diferentes lugares afectados por culpa de un mal contrato entre alianzas entre los hoteles de renombre.
Entro a su oficina y su secretaria ya estaba allí, dándole la espalda. Sorprendido porque alguien llegara antes que él, se quedó observándola notando por fin que la mujer era castaña. Recordó lo que Yuki le había dicho sobre que pusiera atención a su alrededor, y tenía que aceptar que debía al menos conocer algo sobre lo que lo rodeaba. Lo que se supone debía de ser algo cercano como lo era aquella chica, que ni su nombre recordaba.
-Buenos días. -saludo encaminándose a su asiento.
Noto como la joven dio un leve salto debido a que la había asustado. La menor lo miro con una sonrisa un tanto nerviosa y con un pan entre las manos, la habían atrapado desayunando. Kuramochi extrañamente sintió ganas de reír, ver la expresión de la chica a espera de un regaño le atrajo a la mente la imagen de un adolescente que llegaba tarde a la escuela por lo que llevaba el desayuno en la boca.
-Buenos días Kuramochi-sama.
El abogado al fin miro el rostro de su ayudante detenidamente, aceptaba que era una joven hermosa de cabello castaño, ojos ámbar muy cautivadores, unas caderas tentadoras y para terminar el conjunto, una sonrisa de inocencia pura.
-¿Qué tengo para hoy? -pregunto sentándose en la silla de su escritorio, concentrándose mejor en los papeles que estaban ahí.
-El día de hoy…-Sawamura dejo a lado su nerviosismo, intentando mantener un porte profesional y vaya que lo lograba cuando comenzaba a hablar de asuntos legales-…debe repasar con el señor Masatoshi y con su colega Mei los argumentos para el juicio...
Kuramochi escuchaba sus deberes pero al apartar la vista de los papeles para aclarar una cita de su agenda, quedo inconscientemente absorto en cierta área de la anatomía de la chica y que no había notado por culpa de que la chica siempre mantenía los brazos cubriendo esa parte al sostener carpetas. *Debe ser menor a Ryoko-san y Kazumi... ¿Tal vez "D"?*
Poco a poco dejo de poner atención a lo que decía su secretaria, intentando adivinar la copa de sostén que tendría su secretaria. Era hombre. Tenía sus momentos. Incluso sabía la medida de su jefa que era "F" y su desquiciante amiga Kazumi, la cual presumía cada vez que podía su copa "E". Dejo volar un poco su imaginación…
-¿…mochi-sama? ¿Kuramochi-sama?
-¿Ehhh? -parpadeo un par de veces, alterado por el repentino grito de su secretaria y salir de su fantasía.
-¿Le sucede algo?
Por unos instantes no supo que decirle a la pobre chica que lo miraba con sus inocentes ojos color ámbar. No se atrevía a decirle que se había quedado absorto por su bien proporcionada parte femenina. Aparte de Ryoko ninguna otra mujer le había llamado la atención, aunque su jefa perdió su encanto en cuanto le dio la primera orden, mostrando su modo demoniaco.
-Kura…
-Perdón, continúa. -pidió- No, perdona. ¿Podrías repetir los pendientes después del caso del jugador Sanada?
-Ah, sí. -respondió la chica un poco confusa, su ejemplar jefe parecía alterado.- ¿Kuramochi-sama se encuentra bien? -Concluyo al ver el tono rojizo en las mejillas del mayor- Si tiene fiebre…
-Estoy bien. -aseguro- Sigue…
-Sí… Bueno. El caso del jugador profesional Sanada Shunpei con su antiguo patrocinador…
La chica nuevamente le proporciono su agenda completamente impecable y en esta ocasión se concentró en los asuntos que en verdad le eran importantes. El modo en que su ayudante acomodaba su apretada y saturada agenda para que tuviera al menos un pequeño descanso entre caso y caso, en verdad le ayudaba. No recordaba la última vez que había tenido aquel privilegio, tomar un respiro antes de salir corriendo a ver al siguiente cliente.
Estaba satisfecho de que por fin le consiguieran una excelente secretaria, una que sabía lo que tenía que hacer sin que él se lo pida o explique realmente.
-Tráeme un café. -ordeno al termino del repaso de su agenda, mientras leía algunos contratos.
Escucho la aceptación de la chica para luego escuchar el sonido de la puerta al cerrarse. El café que últimamente le traían sabia realmente bien, desconocía en dónde lo compraba su secretaria pero estaba dispuesto a preguntarle después el nombre del local. No fuera que al final, terminara despidiéndola y tuviera que resignarse con una bebida como la que anteriormente le traían las secretarias a las que despidió.
No paso mucho para que la puerta fuera nuevamente abierta, inundando el lugar rápidamente con el aroma de la bebida. Su café le fue dejado en su escritorio junto a los contratos que andaba buscando. En verdad la chica era buena, él creía haberlos dejado en el montón de papeles de escritorio. Dio las gracias y solo escucho como la menor le decía que si necesitaba algo la llamara, que estaría en su escritorio trabajando con lo que le pidió. El simplemente asintió y escucho como la chica se había retirado.
Como era común para él, mientras leía contrato tras contrato, las horas pasaron sin que lo notara. Youichi dejó caer los documentos que estaba leyendo en su escritorio, se tocó la frente para luego suspirar. Su mente se encontraba llena puros términos fiscales, necesitaba un respiro. Un minuto de relajación. Se levantó de la silla y se dirigió a la puerta para llamar a su secretaria para darle algunas indicaciones.
Al abrir la puerta lo primero que noto fue que Mei se encontraba hablando amigablemente con la joven en su escritorio. La charla parecía muy buena ya que ambos reían, divirtiéndose y atrayendo la atención de las demás personas en el piso. Le dio igual el entretenimiento ajeno por lo que no le importo interrumpirlos. Él necesitaba que la chica trabajara, no que se distrajera a la menor oportunidad charlando con todos los de la oficina.
-¡Hey! -llamo, rápidamente la castaña volteo a verlo.- Los papeles que te pedí acomodar, los necesito.
-Claro.
Eimi tomo los folders que tenía debajo de sus codos al estar recargada sobre su escritorio y se acercó a su jefe quien se hizo a un lado para dejarla entrar a la oficina.
-Nos vemos Eimi-chan. -se despidió el oji azul.- salgamos a comer después.
-Sí.
Kuramochi se cruzó de brazos mientras miraba a Mei que le sonreía como si hubiera ganado algo, desconocía por qué, pero aquel gesto le molesto.
-Le diré a Kazumi que estas aquí. -le advirtió.
El rostro del rubio palideció ante la imagen de su secretaria torturándolo para que trabaje, al ver la sonrisa de su colega hizo un puchero.
-Acabo de escaparme…-se quejó el rubio.
-Vete. -le dijo.- Antes de que me arrepienta.
-¡Malo! -Exclamo enseñándole la lengua.
El abogado mercantil simplemente negó con la cabeza ante tal muestra de actitud infantil, dio media vuelta cerrando la puerta de su oficina y viendo a su secretaria que ya había acomodado sus documentos en el escritorio y solo esperaba para comenzar a repasarlo.
-Perdón la tardanza, pensé que sería bueno que primero terminara los documentos de la mañana antes de entregarle este otro caso. -explico la chica con una sonrisa.- Debía tomar un respiro al menos.
Oh, esa era la razón por la que esa chica de nombre desconocido era buena y no la despedía.
…
Los días pasaban y una nueva rutina inicio en ese buffet de abogados con el cambio de jefe de Eimi, quien disfrutaba su nuevo empleo como secretaria de Kuramochi y no como la amante secreta de su tía Ryoko, aunque de ese tampoco se quejaba, fue lindo mientras duro. Su tía la lleva a diferentes lugares en ocasiones para pasar un "día de chicas".
A su parecer, Kuramochi no notaba ningún cambio en la relación con su secretaria aunque tampoco es que le interesara tener algún acercamiento con la chica, mientras le fuera útil no importaba algo más.
Lo que si era obvio para las demás personas del piso era el hecho de que el abogado conversaba con ella más que con otras mujeres que le ayudaron en el pasado, tal vez no fuera mucho pero lo hacía.
Y es que lo hacía de manera inconsciente; la chica llenaba sus expectativas, su trabajo era impecable y no tenía ninguna queja. Quizás de lo único que podía quejarse de su ayudante era que cuando menos se lo esperaba, la chica ya estaba holgazaneando con alguien. Parecía ser amiga de todo el mundo. Sino la encontraba hablando con Kazumi, era con Mei o algún otro trabajador, incluso una vez la encontró hablando con Ryoko… no obstante, aquella vez lo dejo pasar puesto se trataba de la jefa de ambos.
Pero a pesar de aquel defecto, la chica siempre le entregaba todo a tiempo y en perfecto estado, por lo que aquellos minutos de socio de la castaña pasaban a ser un cero a la izquierda. Bien podía dejarlo de lado, ya que le importaba poco lo que la oji-ámbar hiciera mientras trabajara… o eso le gustaría decir, porque la realidad era que quería que al menos su asistente supiera diferenciar hora de trabajo con la hora del descanso. Además, la chica solo trabajaba media jornada, la razón no la sabia…
…De acuerdo, no la recordaba a pesar de que su colega se la había dicho días atrás y no estaba dispuesto a hacer memoria del motivo, lo único que deseaba era que la castaña supiera comportarse como adulta, al menos mientras fungía como su secretaria. ¿Qué dirían sus clientes si la vieran hacer el tonto? Principalmente debía que mantenerse alerta cuando sus clientes lo visitaban en su oficina, como en ese momento que esperaba a su mejor cliente.
Una fuerte risa proveniente de afuera lo hizo suspirar. Su asistente nuevamente estaba holgazaneando, lo sabía porque siempre que escuchaba mucho ruido afuera de su oficina y se asomaba a ver, la oji-ámbar era el centro de atención y alboroto del lugar. Él como jefe, tenía que poner el orden, y aunque aceptaba que era fácil, ya que solo tenía que llamar al bufón para que todo se tranquilizara y volviera a trabajar, le gustaría ahorrarse hasta ese pequeño esfuerzo.
Se levantó del asiento y salió de su oficina encontrando a la castaña jugando póker con la secretaria de un socio y Mei. ¡¿Era en serio?! Suspiro, no debía enojarse, no aun. Antes de despedirla debía asegurarse que hiciera su trabajo. Se recargo en el marco de la puerta, cruzándose de brazos miro como las chicas y el rubio se divertían jugaban sin trabajar.
-¡Hey! -llamo a los pocos segundos- Si no traba…
-Oh, Kuramochi-sama. -llamo con emoción Eimi interrumpiéndolo- ¿Ya termino con su trabajo? ¿Necesita un café? ¿Quiere repasar su agenda? ¿O quiere las carpetas que me pidió acomodar? Si es así, ya las tengo listas.
-Trae las carpetas… -dijo al fin.
Si, una vez más no pudo despedirla, no cuando en verdad tenía aquellas carpetas listas para comenzar a trabajar en ellas. Además, si la despedía en ese momento en que estaba tan ocupado, se complicaría más su trabajo y empezaría a escuchar los gritos de Kazumi: "¿Por qué demonios despides a tus secretarias?" "Sal ahora tú en busca de alguien que te soporte." O posiblemente incluso de Ryoko-san sobre: "¿No crees que sería mejor despedirte a ti?" "Su liquidación saldrá de tu sueldo."
Grandes sermones que ya se sabía de memoria. Pero en verdad no era su culpa no poder encontrar una secretaria que supiera hacer su trabajo adecuadamente. El necesitaba a alguien que estuviera acostumbrada a trabajar jornadas largas, que tuviera los documentos adecuados en el momento exacto, que fuera obediente y eficaz a la hora de trabajar, alguien… alguien como la castaña. Si, como ella. Y en verdad esperaba que no se equivocara, porque de despedirla, le sería difícil encontrar a alguien igual de capaz.
-Kuramochi-sama, el acuerdo al que se ha llegado…-comenzó a decir Eimi en cuanto él tomo asiento en su lugar.
-Es algo que ambas partes acordaron por lo que no debería haber problemas a futuro. -indico el abogado, haciendo referencia a la parte que la chica señalaba.
-Entiendo. Entonces con el siguiente caso del señor Kataoka…
Después de terminar algunas especificaciones de los casos que trataría a la hora de la comida, Kuramochi solo pudo ver como su secretaria salía corriendo del lugar, despidiéndose de los demás alegando que se le hacía tarde.
…
Nuevo día y ya su secretaria estaba haciendo relajo afuera de su oficina. Suspiro al escuchar risas detrás de la puerta que lo aislaba de los demás. Las risas que identifico rápidamente fueron las del rubio idiota de Mei y de su secretaria Ei… ¿Cómo se llamaba la chica?... al menos ahora recordaba el tono de cabello…
…Así que dejando de lado que no recordara el nombre de su ayudante, lo más probable es que el rubio se escapara de la vigilancia de Kazumi y fuera a molestar como siempre -aunque últimamente era a diario- a su asistente. ¿Acaso le gustaba? Aquello era imposible. Hasta donde él recordaba, Mei estaba comprometido con la hija de Ryoko, razón por lo que la pelirosa maltrataba al rubio directa o indirectamente.
-Jajá…-las risas se hicieron más fuertes y una venita se posó en su frente.
¡Deseaba tranquilidad para trabajar a gusto! ¿Era mucho pedir? Dejo los papeles con fuerza sobre el escritorio y se dirigido a la salida. No le gustaba que Mei distrajera la castaña de su trabajo, que aquel rubio se llevara toda la atención de la oji ámbar y le impidiera hacer lo indicado era algo que no había pasado, pero no quería correr el riesgo.
-Miau~
Al momento de abrir estuvo a punto de gritarles que se callaran pero lo que vio no se lo esperaba. Su asistente llevaba puesta unas orejas y cola de gato, maullando mientras los demás trabajadores reían y algunos hombres estaban sonrojados por lo tentador que lucía la menor. Incluso en él apareció el sonrojo.
- ¡¿Qué creen que están haciendo?! -grito llamando la atención de todos.
Los alborotadores al ver al abogado enfurecido palidecieron y no tardaron en salir corriendo en todas direcciones. Al final, la única que se quedó al no tener otra alternativa, fue Eimi que intentaba mantener una sonrisa nerviosa que competía con el sonrojo por ser descubierta en tal momento. Estaba segura que su jefe no saldría durante al menos la siguiente hora, le había dejado el suficiente trabajo en su escritorio.
El que salieran despavoridos sin dar la cara colmo la paciencia del abogado. La chica no parecía para nada arrepentida, la veía sonriente por lo que pensó que tal vez estaba feliz. Esta vez no lo dejaría pasar, esta vez la despedi…
-Kuramochi-sama…-llamo la chica armándose de valor- ¿Desea algo? Oh, cierto. Ya acomode los documentos del caso del señor Ochidai y el del señor Amahisa. También entregue el paquete que me pidió llevar a la recepción. Los documentos sobre el caso Kawakami se los he llevado a Ryoko-san y me dijo que los revisaría para luego hablar con usted. También Kazumi me ha pedido entregarle esto. -tomo de su escritorio una carpeta- Es sobre el caso en conjunto con Me…-se mordió la lengua para no cometer la falta de respeto.-…el señor Narumiya y el señor Yuki. No sabía si había acabado o no su trabajo por lo que no lo quise interrumpir, además me tome la libertar de leer los papeles, parece que sus socios han hecho la mayor parte, usted solo debe de firmar.
Un poco impresionado por la rapidez de la chica al cumplir sus tareas, se limitó a tomar los documentos, leyéndolos en el mismo lugar. Ahora la frase estas despedida, se había quedado atorada en sus cuerdas vocales, ¿cómo podía despedirla si había hecho todas las cosas que le encargo y otras más en tan poco tiempo?
Sintió la mirada de la chica por lo que al voltear a verla, se sonrojo levemente al notar que aún no se quitaba aquellas orejas que la hacían lucir tierna... *Espera, ¿yo dije tierna?…* negó efusivamente con la cabeza, seguro de que aquel pensamiento no fue el suyo.
-¿Necesita algo más Kuramochi-sama? -pregunto confusa por la actitud de su jefe, el cual no se movía de su lugar en la puerta.- ¿Quiere que le traiga un café? ¿Unas galletas para acompañar? No se preocupe, en un momentos se las traigo. -y sin esperar su respuesta la chica se fue saltando feliz de la vida.
Kuramochi estaba seguro de ver flores a su alrededor e incluso un sol de fondo. Los artículos de gato solo aumentaban el toque de inocencia en la joven. Nuevamente se sonrojo y se encerró rápidamente en su oficina por lo que acababa de hacer, por culpa de la cola de gato que se movía de un lado a otro, termino poniendo mayor atención en el trasero de la oji-ámbar.
Camino a su lugar detrás del escritorio intento tranquilizarse al pensar en cuanto odiaba el hecho de no poder despedirla por ser tan revoltosa, ya que cuando quería reclamarle algo a la menor no podía y lo dejaba con la boca callada al cumplir tan espléndidamente con sus tareas.
-¿Qué te sucede? ¿Pareces cansado? -pregunto una burlona voz.
-Kazumi. -Nombro a la mujer al verla entrar en su oficina- toca antes.
-Aja. Lo pensare para la próxima.
-¿Vienes en busca de Mei? -interrogo después de suspirar ante la actitud de la chica.
-No. Acaba de llegar a la oficina corriendo como alma que se la lleva el diablo, y he aprovechado para encerrarlo bajo llave, además de encadenarlo a su escritorio. -Contesto con una sonrisa y haciendo girar alrededor de su dedo un par de llaves.- Oh, en verdad esta oficina es igual a la de Mei.
-Claro que lo es, ¿por qué lo dudabas? -pregunto con cierto sentimiento dolido Kuramochi.
-Bueno…-miro alrededor.- Nunca había visto los estantes y mucho menos la sala que incluye la oficina…-dijo con burla la chica, clavando dagas invisibles en el mayor.- Siempre que este pedazo en donde están los sofás eran pilas de papeles, y cajas llenas de carpetas y folders… incluso creía que era tu tapizado.
-Gracias a la secretaria. -murmuro el abogado.
-¿Dónde está Eimi?
-Fue por café y galletas. Sin dejarme decirle que no quería las ultimas. -respondió el abogado.
-Típico de ella. -susurro la de lentes.- Ya veo… Y parece que ya te dio los documentos, no te preocupes, solo tienes que firmar.
-Lo sé. Me lo dijo ella, ya que los leyó.
-Oh, sí. Eimi al ser estudiante de leyes es muy curiosa con los tratos. No lo tomes a mal.
*¿Estudiante de derecho?* Ok, aquello lo había sorprendido. No sabía que la menor estudiara derecho. Recordó que en varias ocasiones escucho que era universitaria, puesto que Narumiya siempre estaba allí diciéndole a la chica "¿quieres que te ayude con tu tarea?" "Fui el número uno de mi clase, te seré útil, así que pregúntame lo que sea." Honestamente pensó que se refería al trabajo, pero pensándolo mejor, Mei ni siquiera hacia su propio trabajo por voluntad propia así que sería imposible que hiciera el de otra persona.
-Sí, he visto que lee los casos. Realmente no me molesta.
-Eso es bueno, porque en serio que ha leído todos. -dijo sonriente la mujer.
-¿Qué deseas? ¿Solo has venido a molestar a mi secretaria? -pregunto mirando de manera sospechosa a la mujer.
La joven ya había hecho el vago durante un rato, por lo que era hora de que se pusiera a trabajar realmente.
-Uy, amarguetis. Pues sí, vine a molestar a Eimi. -respondió enseñándole la lengua.
-Déjala en paz, necesito que trabaje y no que esté jugando.
-Eimi siempre acaba su trabajo antes, así que no te preocupes por ello. Además, estoy segura que ya termino lo que pediste ¿cierto? -dijo con cierto orgullo en su sonrisa.- De lo contrario, no te hubiera encontrado tan tranquilo o que Eimi se haya ido por tu café y galletas.
-Trabaja rápido, tengo que admitirlo.
-¿Verdad? Esta vez te he conseguido la mejor secretaria que pudiste haber deseado. Inteligente, hermosa, joven, trabajadora, te tiene en buena autoestima, y poco más…
-No sé a qué te refieres…-contesto el peliverde mirando a la mujer quien sonreía como si hubiera hecho una gran travesura.
-Pero yo sí, eso lo hace aún más divertido y entretenido…
-Solo espero que no sea una locura en la que me vayas involucrado. -le dijo negando con la cabeza. - ¿Qué deseas obtener de todos modos?
-Tan poco confías en mí…
-Dime…
-No quiero, me arruinas mi diversión. -el abogado bufo.- Vamos "cheetah gruñón", confía un poco más en mí. No he hecho nada.
-Con lo que acabas de decir es obvio que no es cierto.
-Tengo que admitir que las cosas están yendo de una manera que no esperaba. -murmuro Kazumi un poco más bajo.- Incluso podría decirse que fue lo mejor. Aunque de cumplirse me meteré en problemas…
El chico la miraba murmurar y lamentarse, en verdad desconfiaba de ella. Aquella mujer era de cuidado y él lo supo en cuanto la conoció. Era un mapache tramposo disfrazado de una linda chica, la cual terminaba involucrándolo solo en problemas.
-Mejor dime que planeaste.
-Mmm… realmente el no decirte mis planes no tiene ningún beneficio para mí...
-Entonces dímelo…
-Pero el decírtelo tampoco. Así que prefiero el misterio… le dará un toque más sorpresivo...
Ambos adultos se retaron con la mirada, intentando doblegar la voluntad contraria. Al final la ganadora fue la mujer, quien sonrió victoriosa cuando el abogado retiro su mirada y paso una mano por su cabello en forma de derrota.
-Entonces vete, tengo que trabajar.
-Uy, lo siento "cheetah gruñón", parece que Eimi no te ha bajado completamente esos humos.
-¿Qué tiene que ver ella aquí? -cuestiono ante la mención de la castaña.
-Oh, vamos…-burlo Kazumi.- Sabemos que Eimi hace bien su trabajo y te ha quitado mucho estrés…-Kuramochi le dedico un gesto que le decía que seguía sin entender.- Pensaba que tu mal humor era por exceso de trabajo, por lo que dedique horas extras en buscar hasta en los rincones más ocultos de Japón una excelente secretaria. Y al encontrarla tuve que convencerla y rogarle mucho… aun a pesar de todo eso, así me pagas. -decía de forma dramática.
Kazumi intentaba contener la sonrisa burlona en sus labios, ya que en realidad no hizo tal cosa. Esa chica, era su hermanita política y no tuvo que buscarla en ningún otro lugar que no fuera en su comedor, y mucho menos tuvo que convencerla, el solo hecho de haber dicho el nombre del afamado abogado, fue suficiente para que la chica aceptara e incluso rogara porque le dieran tal puesto.
-Pensé que si te quitábamos el exceso de trabajo al menos vería una sonrisa en tu rostro pero ni eso.-se mostró derrotada.- Tu naciste amarguetis. -le apunto con el dedo.
-Ya pareces Mei. -burlo el mayor.
-Tienes razón. Maldito Mei, me contagio su estupidez. –mostro un expresión de completo horror.
-Kuramochi-sama he traído su café. -entro la oji-ámbar feliz aun con las orejas- ¡Waa! ¡Un tanuki!
-Un neko. -dijo en respuesta la mayor, abrazándola después.- Pobre de ti Eimi.
-¡Waa! ¡Kazumi, harás que tire el café! ¡Waa! -exclamaba la chica intentando mantener el equilibrio.
Por mantener la bebida y bocadillos de su jefe, Eimi ni siquiera había reparado en que su cuñada a la cual cabe recalcar que odiaba, la estaba abrazando.
-Bueno es hora de que me vaya. -se despidió la mayor con una sonrisa al soltarla.- Bye~
Tanto jefe y subordinada se miraron sin entender que había pasado pero no le dieron importancia. Para ambos aquella tanuki estaba loca.
-Le he traído su café y una cuantas galletas.
-Gracias.
-Me retiro. -dijo feliz la chica pero fue detenida antes de girarse.
-Hey, quítate aquellas orejas y cola. -dijo Kuramochi tomando un sorbo de su café.
-Oh, esto… lo siento, se me habían olvidado quitármelo. -dijo la chica con una sonrisa.- Me retiro.
Fue saliendo mientras se quitaba aquellos accesorios y le daba la espalda al mayor, en verdad se había divertido -aunque perdió- al apostar con Mei el que soportaba trabajar al lado de Kazumi sin gritarle una semana. Y es que en verdad lo soporto, hizo su mayor esfuerzo y a punto estaba de ganar, un día mas y aquel pastel que tanto le gustaba hubiera sido de ella de no ser porque la tanuki de su cuñada se esforzó aquel día en hacerla rabiar al enterarse de la apuesta.
Kuramochi observo la espalda de la joven al notar una notita adhesiva en su espalda, la cual le habría sido pegada por cierta engañosa mujer al abrazarla.
"Adóptame, soy una gatita muy sola…"
Mientras se debatía si decirle o no sobre aquel papel, bajo la mirada, encontrando otra nota igual pero con un texto diferente.
"Soy buena ama de casa…"
*De ser cierto, sería muy útil. Mi departamento…* Se sonrojo y detuvo su pensamiento abruptamente, aquello sin duda había sido puesto por aquella tanuki y él había caído. Un momento de debilidad…
-Grrr… maldita Kazumi…
…
Era la tercera semana y su estrés en verdad había disminuido un poco al tener más trato con su secretaria, la cual estaba al fin, 100% seguro que su nombre empezaba con la "E". Regresaba a la oficina después de ver a uno de los clientes más importantes que le había cedido Ryoko el mes pasado alegando que era momento que tomara un mayor rango en los casos, aunque la verdad era que su jefa solo quería tener la mayor parte de tiempo libre.
Cuando la puerta del ascensor se abrió, se encontró con una escena peculiar. El día de hoy no solo era Mei, también se encontraba Kazumi distrayendo a su secretaria. Era una vista rara de ver, siendo que Kazumi siempre maltrataba a Mei porque no trabajaba, y ahora ambos holgazaneaban.
-Oh, Mochi. ¿Qué haces? -saludo Mei al notarlo al fin.
-Tomando un descanso en el ascensor. -ironizo al final.
-Es raro que te tomes uno. -el rubio ignoro el tono empleado.- Eres un drogadicto del trabajo después de todo.
-Se mi limites, se cuándo tomar un descaso para no caer. -le contesto.
-¿En serio? En cuanto acabas un contrato inicias otro rápidamente además de que siempre trabajas con 8 al mismo tiempo. -suspiro agobiado, de solo imaginarse ese tipo de vida se cansaba- Yo no podría.
-No le tengas envidia Mei, pronto Ryoko-san te mostrara lo que en verdad puedes hacer. –le advirtió en burla Kazumi, riendo con su hermanita por la expresión de horror de su jefe.- Y realmente no sabía que pudieras cuidar de tu salud, Kuramochi. -le hecho encara, retomando la plática.
-Al contrario del tonto que tienes al lado, yo si se cuidarme. Ese tonto es capaz de lanzarse de un cuarto piso con tal de escapar de ti.
-¡Oye! Yo corro por mi vida. -le dijo indignado- Claro, como a ti no te persigue una loca maniática con un tubo de hierro cada vez que…
-No te perseguiría si hicieras... -le volvió a decir Kuramochi.
-¿A quién le dices loca maniática? -interrumpió una voz cantarina, uniéndose a la conversación.
-¡A TI…! -señalo Mei rápidamente sin fijarse bien que su secretaria Kazumi ya no estaba a su lado izquierdo y quien estaba ahora era su jefa y suegra- ¡…NOOOOOOO! -exclamo rápidamente intentando arreglar su error.
-Oh, así que a mí me dices loca maniática. -Ryoko sonrió sádicamente haciéndole una señal a Kazumi para que le entregara el tubo de hierro que siempre cargaba.
Mientras tanto el rubio se hizo pequeño sobre el escritorio en que estaba sentado. Kuramochi en ese momento sintió genuinamente compasión por su colega. Por su parte, las jóvenes Sawamura solo reían porque era típico del rubio meter la pata enfrente de su suegra.
-Idiota masoquista. -dijo Kazumi con una sonrisa, sacando el tubo de hierro que cargaba como si de una espada se tratase en su cintura.
Con el tiempo al lado de Mei, había aprendido a atraparlo al interponer aquel tubo en el camino de los pies ajenos cuando se disponía a correr, a huir de ella al encontrarlo en su refugio temporal.
-Lo siento suegra. -Mei sonreía nervioso, poniendo sus manos en frente como escudo para protegerse.
*De lo que sirve hacer eso…* Pensó Eimi, si una disculpa sirviera para frenar a su tía, su prima y ella misma se hubieran salvado de muchos regaños cuando pequeñas. Además de que incluso al disculparse, el rubio cometió otro grandísimo error.
-¿A quién crees que estas llamando "suegra"? -pregunto Ryoko mirando fijamente al rubio sin quitar su sonrisa, y golpeando con el hierro la palma de su mano.
-Entonces ¿suegrita…? -otro error, el nerviosismo aumentaba- ¿jefecita…? -La distancia era menor.- ¿Mamá…? -el peligro mayor- ¿Mamita…? -inminente.- ¡YA SE! Madre mía. -el destino había sido sellado.
¡Bang!
-Para la próxima, mantente callado si es que quieres alargar tu vida. -le recomendó amablemente la pelirosa después de dejarlo casi inconsciente.
-Sí, lo siento. -respondió como pudo, adolorido en el suelo.
Kazumi reía abiertamente al ver tan molido a su jefe. Eso era lo divertido de trabajar para ese rubio que solo le causaba problemas, que podía disfrutar de vez en cuando de como la tía de su esposo le daba una paliza por hablar de más. Aunque le reconocía algo a Mei, otro hombre en su lugar, hubiera terminado desde hace meses su relación con la hija de la abogada, y eso solo demostraba lo serio que era con el compromiso que tenía con aquella joven a la cual no veían desde hacia tiempo.
-Idiota…-dijeron Eimi y Youichi, quienes se voltearon a ver por la sincronía.
Eimi se sonrojo inmediatamente bajando la mirada al suelo. Mientras que el abogado desvió la mirada y coloco una de sus manos detrás de su cabeza. Las mujeres mayores sonrieron al notarlo, oh, como disfrutaban de sus fechorías.
-¿Y tú qué? Eres un sádico, siempre haciendo llaves a cualquiera. -le reclamo Mei al peliverde, ajeno al ambiente que se había creado.- ¡Auch! -Ryoko le había golpeado de nuevo.
-Si le hiciera llaves a cualquiera, Kazumi estaría en una camilla ahora mismo. -se defendió.
-¿Y yo porque? -pregunto la castaña mayor.
El momento se había arruinado por culpa de un rubio inservible, por lo que no le quedaba de otra continuar la conversación.
-Por hacer que me desquicie tan fácilmente. -Eimi asintió de acuerdo con lo dicho por su jefe.
-Jajá, soy buena en mi trabajo ¿cierto?
-Eres un tanuki después de todo. -hablo la menor molesta por verla tan orgullosa.
-Jajá, gracias.
-¡No era un cumplido! -exclamo, dejándose llevar por la costumbre.
-Ya ves como sacas de quicio…-agrego Kuramochi.
-No la saco de quicio. Así me muestra su amor. -contesto la megane tomando a su hermanita y abrazándola, poniendo su rostro en sus pechos.
-¡Waaa! ¡Pervertida! ¡Suéltame! -Eimi empujaba con todas sus fuerzas a la contraria pero no lograba separarse.
Kuramochi se sonrojo por tan sugestiva escena que representaban las secretarias. A notar la mirada de su jefa desvió su rostro, suspirando para tranquilizarse, y al hacerlo fue en ayuda de su asistente. La tomo de la mano y jalo, alejándola del mapache y acercándola a él. El rostro de Eimi se volvió un tomatito por completo cuando noto que su cabeza estaba recostada en el pecho del mayor y que este tenía una de sus manos en su cintura.
-No la molestes…
El asombroso fue genuino en todos los presentes por tales acciones del abogado, el cual nunca se involucraba en alguna disputa sin sentido, y mucho menos para defender a alguien más. Algo irónico siendo abogado, pero la verdad es que sin obtener algún beneficio, Youichi no se movía.
Mei estuvo a punto de abrir su boca para decir alguna tontería, y estando seguras de eso, Ryoko y Kazumi le dieron un codazo antes de que hablara. Las dos mujeres sonrieron entre ellas y un escalofrió recorrió la espalda de Youichi y Eimi que se alejaron inmediatamente.
-…E… Ella debe volver a su trabajo. -el abogado se retiró del lugar, siendo seguido por la menor.
Después de aquel suceso y de algunos acercamientos en los siguientes días, un rumor empezó a recorrer todos los pisos del buffet "La fiera ha sido domado por una linda gatita…" Y a pesar de que sentía las miradas sobre él o incluso murmullos al verlo pasar, Kuramochi no le dio importancia, ya que para empezar ni siquiera sabía de qué iba el rumor a ciencia cierta, supuso que se trataba de alguna babosada hecha por Mei. Quizás había hecho una travesura o Kazumi e incluso Ryoko le partieron la cara de nuevo. Quien sabe y ni le importaba.
Se adentró a su oficina y su asistente tan puntual como siempre, ya se encontraba allí acomodando los documentos para ese día. Comenzaba a acostumbrarse a la rutina.
-Eimi…-llamo.
La chica volteo rápidamente, con una gran sonrisa en el rostro. Kuramochi la miro por un momento confundido por la gran felicidad que reflejaba la chica, pero lo dejo pasar, no tenía tiempo para pensar que era lo que le alegraba.
-Buenos días Kuramochi-sama. -saludo con una leve reverencia y si borrar su sonrisa.- Su agenda para el día de hoy es…
Comenzó a informar al peliverde en cuanto tomo asiento en su lugar, entregándole a la par los documentos correspondientes de cada caso.
-Cancela la cita de las 9 y todas las demás que vienen por una semana. Saldré de viaje. -dijo sin quitar su vista del teléfono celular.
-¿Eh? ¿Se ira de viaje?
-Así es, una de las empresas de Hokkaido para la que trabajo se ha metido en un problema y debo viajar para allá. Cancela todas las citas de la semana y las que no puedas, solo aplázalas a mi regreso.
-De acuerdo. -Eimi anoto algunas cosas en su agenda.- ¿Necesita que haga algo más?
-Termina todo lo que te dije ayer… no lo has terminado ¿cierto? -La chica asintió un poco apenada, iba por la mitad ya que había tenido que hacer un trabajo escolar antes- Termínalo, luego llamare para decirte que más hacer.
-De acuerdo.
Asintió sintiendo que su alegría se iba. Era la primera vez que no tenía todo el trabajo hecho y es que una de las condiciones de su tía y hermano para permitirle trabajar al lado de Kuramochi, fue el que no descuidara la escuela por aquel hombre adicto al trabajo.
-Me voy, solo vine por algunos documentos. Adiós.
En su prisa por ir a arreglar las cosas para su viaje, no se dio cuenta de que se había despedido con un beso en la mejilla de la castaña. La puerta fue cerrada y al quedarse sola, Eimi no pudo contener el enorme sonrojo que se instaló en sus mejillas, dándole una apariencia semejante a un tomate.
Kuramochi se adentró a su auto, poniéndose en marcha. Fue justo en el momento en que estaba por salir del estacionamiento que freno de golpe, asustando incluso al guardia de seguridad que vigilaba la entrada. Su rostro pasó de un color blanco a un rojo fuego y de una expresión neutral a una de terror…
En ese momento, el pensamiento de ambos fue el mismo… *¿Qué demonios había sido eso? …*
.
.
.
Una semana después:
Con el regreso de uno de los mejores abogados de buffet de Seidou, se cumplían dos meses desde que Sawamura Eimi había comenzado su trabajo como secretaria de Kuramochi Youichi y se había ganado el corazón de todos los empleados del buffet, además de que amaban el café que la menor preparaba. Para todos, aquel era su primer empleo en el lugar pero solo los familiares sabían que la menor llevaba años trabajando con Ryoko como su asistente, razón por la que era tan buena a la hora de saber manejar a un demonio como jefe.
Muchos de los hombres del despacho quisieron conquistarla pero notaron que Sawamura Eimi no parecía estar interesada en ese aspecto. Además, de que Sawamura Kazumi les había dado a conocer que su esposo y hermano mayor de la alegre jovencita, era muy sobreprotector con su hermana menor. Sumándole que no solo debían enfrentarse a él, también a los tíos de la joven en disputa: y aunque no sabían que tan malo sería enfrentar al tío, estaban seguros que el enfrentarse a su jefa Kominato Ryoko la cual era sobreprotectora con su sobrina en cuanto a ese ámbito según lo dicho por Kazumi, era un suicidio completo.
No querían morir, y aunque existía la mínima posibilidad de sobrevivir y tener una oportunidad de mantener una relación con Eimi, eso significaría estar bombardeados de trabajo como Narumiya Mei, quien era el juguete de su jefa. En conclusión, era mejor mantener un amor platónico por la hermosa y enérgica chica. Observarla siendo feliz y animosa en la lejanía… como una mariposa inalcanzable.
Por otro lado, las mujeres querían a la oji-ámbar como una hermanita al ser la menor de todas y la ayudaban con cosas de la universidad al enterarse que la menor estudiaba leyes y su sueño era ser la siguiente Ryoko. Sin duda alguna, se habían encariñado con ella y rogaban a los dioses en los cielos que el cheetah gruñón que tenía como jefe, no la despidiera.
Todos los empleados estaban de acuerdo que era solamente porque la menor era perfecta en su trabajo que aun mantenía el trabajo, ya que a pesar de que el humor del abogado había cambiado, eso no significaba que se llevara bien con su secretaria, a la cual cargaba de trabajo incluso no estando en la ciudad. A pesar de que Kuramochi había salido de viaje una semana atrás, llamaba varias veces al día para ordenarle a Eimi sus deberes.
Los demás jamás habían visto una conversación que no fuera de trabajo entre ellos dos. Pero lo irónico o lo extraño, era que ante todo, veían que Sawamura tenía en un pedestal a su jefe, maravillada por lo buen trabajador que era.
El día era como cualquier otro, lo único sobresaliente era que Kuramochi había regresado de su viaje a Hokkaido a medio día, encontrándolos jugando con su secretaria póker. Los riño por holgazanear y termino por encerrarse con la chica en su oficina para ponerse al día con sus pendientes en la ciudad. Si, un día normal y sin problemas… o al menos eso pensaron hasta que escucharon el grito que marcaría la racha de la desgracia en aquel despacho de abogados.
-¡Usted no puede despedirme, yo RENUNCIO!
.
NOTAS FINALES:
Tetsuna - Ciao~ Ciao~
Marlene - Lamentamos la tardanza con el fic
Angelice - Un capitulo recien salido del horno XD
Tetsuna - Esperamos les guste que nos esforzamos para que quedara bien.
Angelice - Hasta la próxima actualización.
~Se cuidan~
~Nos vemos~
