Los personajes no me pertenecen.

Definitivamente este no era el mejor de mis días. Y el de él tampoco, porque, además de ser elegido como tributo en su último año de elegibilidad, también sé que está tan feliz como yo de ir ahí conmigo.

Nicholas y yo fuimos novios hasta hace unos meses atrás, no terminamos bien, pero no desearías estar ahí ni con tu peor enemigo.

Nuestra escolta pide voluntarios para él. Nadie se ofrece. Debo admitir que tenía esperanzas de que alguien se ofreciera para él, pero al ser uno de los mejores luchadores del centro de entrenamiento y además es bastante mayor como para que alguien lo hiciera.

El alcalde comienza a leer el Tratado de la Traición mientras yo busco con la mirada a papá, cuando lo encuentro lo veo intentando contener las lágrimas. No lo logra.

El alcalde termina de leer y nos indica a Nicholas y a mi que nos demos la mano.

Volteamos a la multitud y comienza el himno de Panem, cuando este termina nos indican que entremos al Edificio de Justicia. Allí nos darán unos minutos para despedirnos de nuestras familias y amigos.

Los agentes de la paz me dejan en una gran habitación, al menos tres veces más grande que mi casa en la caleta. Me siento en un gran sillón rojo con un sólo pensamiento en mi mente: Voy a morir. He visto como son los profesionales de ediciones anteriores, también he visto a chicos entrenando en la academia y yo no puedo hacer ni una octava parte de lo que hacen ellos. Pero me aferro a la idea que hizo que me presentara como voluntaria: salvar a mi familia de la pobreza.

En ese momento entra papá y mamá con mi pequeña hermanita entre sus brazos; ambos tienen los ojos rojos por el llanto.

-Annie- murmura mi padre mientras me abraza.

-¿Por qué lo hiciste?- pregunta mamá

-Todos sabemos por qué lo hizo- papá y yo siempre hemos tenido una gran conexión y una excelente relación.

-Creo que realmente ya no importa...-

No sé cuanto tiempo estuvimos mirándonos, sin saber qué decir, hasta que un agente de la paz vino a buscarlo.

-Prométeme que volverás- me piden. No les puedo mentir, no a ellos, no sabiendo que hay un porcentaje de probabilidad de morir.

-Intentaré ganar- al menos esa no era una mentira.

Después de que se fuera llegaron un grupo de amigos, sólo me dieron unas cuantas palabras de aliento y unas palmaditas en la espalda. En su rostro podía ver que sabían que no volvería.

Finalmente dos agentes de la paz me escoltaron hasta estación de tren, que estaba llena de periodistas. Nicholas y yo subimos a al tren junto con Margarett, quien nos llevo inmediatamente a nuestros respectivos cuartos en el tren, este sería mio por un día hasta que lleguemos al capitolio.

Margarett me mostró un ropero repleto de ropa que sería mía. Podría cambiarme cada media hora durante mi estadía y creo que ni de esa forma podría ponerme toda esa

ropa.

Decidí cambiar mi vestido verde de la cosecha por un pantalón negro, una blusa verde y unas botas que me parecieron bastante cómodas. Me dirigí al baño y quedé sorprendida con la ducha que poseía unos 100 botones. Lavé mi rostro eliminando algunas lágrimas secas que se me escaparon durante la despedida de mi familia. Ordené mi cabello con la misma cinta verde que traía de casa.

Caminé hasta el vagón comedor donde me esperaban Margarett, Mags y Finnick, quienes serían, según me habían informado con anterioridad, nuestros mentores. Nicholas aún no llegaba, así que tomé asiento a un lado de Mags, frente a Margarett.

-Bueno, chica, como tu compañero aún no llega, no podemos empezar a comer- dijo Margarett, como enseñándome buenos modales, simplemente la miré y asentí.

-No vas a decirle siempre chica o niña como a la tributo del año pasado, ¿cierto?- habló Mags -¿Cuál es tu nombre, linda?- me preguntó

-Annie- contesté, en ese momento entró Nicholas.

-Buenas Tardes- saludo y se sentó a un lado de Finnick

Margarett llamó a los ayudantes del capitolio y pidió un poco de todo lo que tenían porque "los niñitos deben conocer todos los platos del Capitolio". Minutos después entraron los ayudantes cargando muchos platos diferentes. Lo primero que tomé fue una sopa de verduras bastante deliciosa, luego unos fideos en salsa verde con trozos de pollo frito, ensalada verde, fruta y, para el final, tarta de chocolate. Creo que hace años que no había comido tanto en mi vida.

Cuando todos terminamos Mags propone ir a ver el resumen de la cosecha, para saber a que nos enfrentaremos.

Como es costumbre el programa empieza en el Distrito 1 con los cuales deberíamos hacer alianza, es lo común, ya que somos de los profesionales, en ese distrito,í hay una muchacha que me dobla en peso y altura y un chico moreno que se ofrece de voluntario por uno de 13. En el 2 ambos tributos me parecen monstruosos, en el 3 parecen bastante inestables y el chico se pone a llorar. Los presentadores dicen que se debe a la emoción de estar en los Juegos. Por supuesto. Llegan al 4 y me sorprende lo tranquila que me veo, además, puedo apreciar el alivio en la cara de Agnes cuando me ofrecí voluntaria por ella. Por primera vez la analizo bien y me doy cuenta de que aquella muchacha con suerte tenía 14 años. Posteriormente llaman a Nicholas y siguen así hasta llegar al 12, tributos que parecen muy mediocres, la niña tiene unos doce años y no pasa el metro 30.

-Bueno, ahí tienen- dice Finnick -sus rivales en los Juegos-

-Creo que deberían ir a descansar- nos dice Mags luego de apagar la pantalla -mañana planearemos sus estrategias-

Sin esperar más me levanto y susurro un "Buenas Noches" mientras voy directamente a mi cuarto. Apenas entro me quito la ropa y me pongo un camisón que había en el armario, miro por la ventana preguntándome qué tan afectada estará mi familia en casa. Entro a la cama y lloro hasta quedarme dormida, al menos estar aquí con Nicholas no ha resultado tan incómodo como pensé que lo sería.

A la mañana siguiente despierto pensando en si me falto un deber para la escuela hasta que siento el leve movimiento del tren y recuerdo todo. No estoy en la seguridad de mi hogar, estoy a sólo días de ser soltada en una arena para matar o que me maten.

Entro al baño y tomo una ducha como puedo, adivinando qué botón presionar para poder ducharme. Luego de 15 minutos ya estoy limpia, seca y con el cabello desenredado, mientras en casa era un lujo contar con agua caliente.

Tomo una blusa naranja, el mismo pantalón de ayer y unos zapatos bajos, me dirijo al vagón comedor con el fin de comer a más no poder. Cuando entro en este veo a Finnick bebiendo algo en una taza mientras lee una hoja que sostiene en la mano.

-Buenos Días- le saludo.

-Buenas- me responde sin levantar la mirada de la hoja.

Decido tomar un poco de ese líquido oscuro que él bebe así que pido una taza y me sirvo, él ya ha terminado de leer y me mira con una ceja levantada, estoy llevando la taza a mis labios cuando habla.

-¿Quieres un azucarillo?- el modo en el que lo dice me desconcierta completamente y quedo paralizada, mirándolo ¿quién usa ese tono para ofrecer algo? -Créeme, mejora mucho su sabor-

-Tú eres el experto en esto- digo, saliendo de mi parálisis mientras acepto su oferta y tomo dos de los azucarillos que hay en su mano, los vierto en mi taza y bebo. Me gustó mucho esa cosa.

Estamos unos minutos a solas, simplemente observándonos mientras bebemos, según dijo él, café, hasta que llegan los demás y empezamos a hablar de los que haremos en el capitolio.

-Bueno, antes que cualquier cosa debemos saber si quieren entrenar solos o prefieren hacerlo en pareja- nos pregunta Mags

-Por mi no hay problema en entrenar juntos- digo, no alcanzo mi a terminar la oración cuando Nicholas me interrumpe

-Yo quiero entrenar solo- dice y lo miro sorprendida para luego recordar que solo uno sale con vida.