NOTAS:
Tetsuna: Una nueva historia que esperamos les guste.
TITULO: Secretaria
AUTORA: Tetsuna Hibari (T-H)
RESUMEN: Sawamura Eimi (Eijun) una joven universitaria empieza a trabajar como secretaria del mejor abogado mercantil de Japón, un ídolo en su carrera de leyes y que admira, descubrirá porque Kuramochi Youichi el "cheetah gruñón" -apodo que se ganó por su poca paciencia- ha tenido tantas secretarias.
CLASIFICACIÓN: Todos los públicos.
CATEGORÍA: DIAMOND NO ACE
PAREJAS: KuraSawa / ChrisMiyu / KouRyo / MeiHaru
GENERO: GenderBender, Romance, AU.
Capitulo 3 - Nuestro tiempo. Parte I
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-¡Usted no puede despedirme, YO RENUNCIO! -exclamo enojada.
Sin darle tiempo al varón enfrente de ella dio media vuelta en dirección a la salida, y un gran azote perteneciente a la puerta inundo la oficina cuando la chica salió. Más que frustrado y enojado, Kuramochi lanzo al suelo los papeles que tenía en mano, y cuando se disponía a lanzar cuanto objeto estuviera en su escritorio la puerta fue nuevamente abierto.
- ¿Sabe qué? -Eimi asomo la cabeza por la pequeña apertura al abrir la puerta.- Mejor usted despídame, así puedo cobrar mi cheque.
No había soportado por más de dos meses el pésimo carácter del mayor y el exceso de trabajo por nada, además de que la escuela no se pagaba sola.
-¡Largo, estas despedida! -exclamo Kuramochi con una venita en la frente.
No podía creer lo sucedido, ¿quién o que se creía esa chica? Cuando la chica le mostro la lengua ya no razonaba por culpa del enojo, por lo que termino lanzando un pisapapeles de su escritorio hacia la puerta. Eimi cerró rápidamente, estremeciéndose levemente al oír el choque del objeto lanzado contra la puerta. La universitaria tomo sus cosas de su escritorio y al momento de darse vuelta para alejarse del lugar, una grata visita se hizo visible a sus ojos, sonrió y sin pensarlo mucho se lanzó a aquella jovencita que le había alegrado su terrible mañana.
-¡Haruchii! -grito más que emocionada.
Ambas chicas cayeron al suelo de manera inevitable; la castaña arriba de una hermosa pelirosa que ocultaba sus ojos detrás de su flequillo, piel clara, con un cuerpo delgado y de estatura pequeña como su madre.
-¡Eimi-chan! -exclamo con una sonrisa y muy sorprendía.
Fue literalmente tacleada en el momento en que puso un pie en el piso debajo de la oficina de su madre, había querido ir a saludar primero a su prometido y luego ir a ver su progenitora, pero nunca creyó toparse con su prima en ese momento.
-¡Te he extrañado mucho Haruchii! -gritaba la oji ámbar abrazando a la contraria fuertemente, no permitiéndole ponerse de pie.
-Jeje... Yo también Eimi-chan.
-No has cambiado nada, Eimi. -aseguro una voz gruesa, uniéndose a la conversación.
Ambas chicas levantaran su mirar a un costado, encontrándose con un hombre muy guapo; rubio de ojos jade con un rostro por lo regular inexpresivo pero solamente para las pequeñas mostro una leve sonrisa.
-¡Tío Koushuu! -exclamo feliz la castaña levantándose del suelo y abrazado al hombre que la recibió gustoso.
Había extrañado tanto a su prima y tío, aunque este último casi siempre la regañara por su modo de hacer las cosas; ella era del tipo de personas que no pensaba en lo que haría o diría, simplemente lo hacía.
Al separarse del abrazo, Koushuu acaricio la cabeza de su sobrina haciéndola que le regalara una sonrisa. Le agradaba saber que sus dos sobrinos habían heredado más de su madre que de su hermano; Satoru no era precisamente un hombre muy expresivo al igual que él, una característica de la familia, por lo que disfrutaba de la gran gama de expresiones que mostraban sus sobrinos.
-Es bueno verte bien, pensaba ir a su casa más tarde y ver también a Cris. -dijo con gran alivio al verla saludable.- ¿Pero qué es lo que haces aquí?
-¡Haru! ¡Haru!
Tío y sobrina detuvieron su conversación al escuchar los gritos a sus espaldas, al voltear se encontraron con un Mei que exhibía su gran sonrisa de felicidad de ver a su prometida. El rubio menor se lanzó al cuerpo de la joven que apenas se reincorporaba del suelo, abrazándose muy fuertemente a su cintura y restregando su rostro, incapaz de creer lo que veía. Se había aprovechado que ese día Kazumi no había ido a trabajar, para ir a hablar un rato con Eimi, pero termino por encontrarse con su amada.
-Mei, te he extrañado. -dijo Haru.
Por estar embriagado por la felicidad del momento, el abogado no reparo ni en la forma tan segura con la que hablo su prometida ni en el hecho de que lo llamara por su primer nombre, simplemente la levantó rápidamente, cargándola entre sus brazos y darle vueltas para luego besarla.
El rubio mayor no soportaba ver a su hija siendo abrazada por Mei pero trato de resistir su impulso de separarlos debido a que su pequeña lo amaba y habían pasado un año sin verse, además de que la sonrisa que adornaba el rostro de su hija le parecía hermosa. ¡Maldito Mei por ser el único que la hacía sonreír de ese modo! Como una doncella pura enamorada. Con esfuerzo soporto verla siendo alzada por otras manos que no fueran las suyas, que lindos eran los tiempos en que su princesa disfrutaba siendo alzada por él mientras jugaban en el jardín, pero lo que no soporto y termino con su paciencia, fue el hecho de verla siendo besada. ¡La pureza de su pequeña, estúpido! Con gran rapidez se acercó y separo a la pareja. Protegiendo a su pequeña entre uno de sus brazos y su pecho, manteniendo al cobarde lejos por medio de su otro brazo.
Eimi no contuvo la risa que le causo ver el comportamiento de su celoso tío, haciéndola recordar algunas escenas del pasado en que el mayor había actuado de la misma manera. Ni ella, ni su prima se habían salvado en el pasado de protagonizar la escena del "sobreprotector y celoso tío o hermano mayor" que en cuanto veía a un varón acercarse a sus pequeñas le gruñían.
-Aléjate. -fue la seca y simple advertencia del padre.
-Oh, suegro. ¿Cómo ha estado? -pregunto Mei solamente mirando a su pelirosa que le sonreía desde el agarre de su padre.
En esos momentos para el rubio, todo a su alrededor había desaparecido; era como si se encontraran encerrados solamente ellos dos. Aquella sonrisa dulce y gentil acaparaba toda su atención, y alocaba su corazón. ¡Oh, Haru! ¡Era su Haru!
-¿A quién crees que llamas suegro? -gruño el rubio mayor.
Haru no podía creer que a pesar de su edad, sus padres aun fueran sobreprotectores. Durante años, ni Eimi -aunque tampoco era que a la castaña le interesara-, ni ella, pudieron formalizar una relación aunque fuera amistosa con algún hombre que no fuera familiar. Solo hasta que se fue a estudiar al extranjero, alejándose de la vista protectora de sus padres por un año, fue que pudo tratar con algunos varones simplemente como amigos, entre ellos estaba Mei; quien la enamoro con su gran confianza en sí mismo, sus tratos mimosos y su lado romántico, haciéndola sentir como si fuera la única mujer para el rubio. Mantuvo su relación con gran esfuerzo en secreto de su familia, a excepción de su prima querida, que la felicito y la apoyo.
Cuando cumplió dos años de relación con el rubio, volvió para visitar por algunos días a su familia, aprovechando para informarles de su noviazgo y anunciarles que se comprometía. Había aceptado la propuesta de matrimonio que Mei le hizo en su segundo aniversario. Los padres y Chris, odiaron al rubio desde el mismo momento en que vieron a la pequeña pelirosa acercarse en el aeropuerto con su compañía, y pusieron el grito en el cielo cuando les confeso el motivo de la visita.
Los mayores aceptaron el compromiso al ver la ilusión de la pequeña, ocultando muy bien su esperanza de que aquella relación terminara y no precisamente en el altar. Haru regreso a Inglaterra después de dos semanas ya que debía continuar con sus estudios, por otra parte, Mei se había graduado un año atrás como abogado, por lo que Ryoko se aprovechó de eso para ofrecerle trabajo en su bufet -y así separarlo de su hija-, Mei acepto para intentar ganarse a sus suegros. Ambos padres, acordaron que Koushuu acompañara esta vez a su hija para que no ocurriera lo mismo y le dieron como excusa que planeaban abrir otra oficina en el extranjero.
-Papá…-llamo con una sonrisa al ver el ceño fruncido de su padre-…no pasa nada.
-Si suegrito, no pasa nada. -apoyo Mei.- Sabe muy bien que cuidare de su hija y le daremos muchos nietos muy…
-Oh, nietos. ¿Y quién dijo que te dejaría tocarla? -la voz de cantarina de la jefa del buffet se hizo presente.
-Ella. -contesto Mei de forma automática.
Aun permanecía embobado en su novia, un año sin verla había hecho que en ese momento perdiera toda capacidad de sentir miedo y quedara hechizado. Y fue de ese modo hasta se supo tocando el suelo y con un dolor en el costado. Había cavado su propia tumba por distraído.
-¡Mamá! -grito Haru. Sawamura sintió pena por el rubio pero aun así no pudo evitar reír.- ¡No golpees a mi novio!
-Vamos Haru, déjame abrazarte. -Ryoko abrazo fuertemente a su hija, ignorando su reclamo anterior.
Envolvió entre sus brazos a su pequeña cuando la libero su esposo, en verdad la había extrañado y sin que la menor lo notara, con su pie o más bien con el tacón de su zapato, golpeo una vez más al rubio que seguía en el suelo.
-¡Auch! -se quejó fuertemente Mei, el golpe dio directo en una de sus costillas.
-¡Dejen hacer ruido! -exclamo furioso Kuramochi saliendo de su oficina.
Estaba enojado por culpa de su discusión con su ex-secretaria, así que se desquitaría con quien fuera y los suertudos habían sido quienes estaban armando un gran escándalo afuera de su oficina. Enmudeció de miedo al darse cuenta que esos suertudos eran su jefa y su familia, así como el idiota de Mei y su antigua secretaria, aquella niñata que le grito. A pesar de las ganas que tenia de gritarle que se marchara, se contuvo al tener a su jefa de frente.
-Bien, en todo caso me robo a Haru, ¿puedo? -pregunto la castaña ignorando al peliverde y terminando con el silencio que se formó por su intervención.
La familia parpadeo unas veces, saliendo del aturdimiento para mirar a la castaña que pedía llevarse a la pelirosa menor. Eimi ya tenía agarrada a su prima del brazo, mostrándoles a sus tíos su mejor carita de cachorro para que le concedieran el permiso.
-Eimi, aun estas en jornada de trabajo.
Padre e hija miraron a la castaña, quien incremento el "poder convencitivo" de su expresión; ojos a punto de llorar, mejillas sonrojadas y un tierno puchero en sus labios tentadores. ¡Ahh! Que un dios los ampara, porque ellos estaban a punto de sucumbir, incluida la demoniaca jefa de todos. Kuramochi se estremeció de pies a cabeza, era la primera vez que veía en la castaña una expresión tan adorable.
-…Al… al menos termina… termina con tu hora de trabajo de… de hoy…
Ryoko intentaba contener los deseos de darle el "si". *No puedo tener favoritismo…* se decía a sí misma.
-Oh, si ese es el problema, ya está solucionado. -Dijo con una sonrisa jalando a la pelirosa menor que no se resistía.
-¿A qué te refieres? -Ryoko arqueo una ceja.
-Me despidieron, así que me retiro. -le comunico a su tía saliendo del lugar.- ¡Fue bueno verlo de nuevo tío Koushuu!
-Nos vemos al rato mamá, papá. -se despidió Haru antes de que las puertas del elevador se cerraran.- Adiós Mei.
Los restantes solo pudieron ver a las jóvenes irse. Confundidos por lo que había pasado en todo ese rato. Una vez el elevador marco que descendían, el primero en salir del shock fue Koushuu.
-¿No trabajaba para ti? -le pregunto a su esposa.
-Lo hacía, pero se lo pase a un arrogante e inútil trabajador…-respondió con una sonrisa diabólica a la par que volteaba hacia su abogado estrella, quien justamente empezaba a dar media vuelta y encerrarse en su oficina- ¡Kuramochi Youichi!
Mei hubiera jurado que su jefa en ese mismo momento parecía la chica de la tan famosa película del "el exorcista" principalmente cuando giro la cabeza para detener al abogado adicto al trabajo. El peliverde se sobresaltó y erizo casi como gato asustado al oír el grito de su jefa. ¡Maldita chica! No le había bastado con arruinarle su regreso de aquel agotador viaje, sino que se había encargado que su jefa se enterara en menos de una hora que ahora tenía que pagar una nueva indemnización y tenía que contratar a alguien más para el trabajo. ¡Maldita sea!
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Mientras tanto, las jóvenes al salir del bufet tomaron un taxi para ir a casa de los Sawamura. Se mantenían abrazadas en el interior del auto; un año sin verse y manteniéndose en contacto a través de llamadas muy difícilmente, no era suficiente para ella que eran muy unidas. Por ello volverse a ver era algo que necesitaban, tenían tanto que contarse. Aun así, a Haru le parecía un poco extraño el comportamiento de la castaña; su alegre y escandalosa prima se mantenía simplemente a su lado, callada.
La actitud de Eimi se debía a que realmente no podía creer lo que había pasado en cuanto su jefe regreso de su viaje. Había esperado ese día con gran entusiasmo, nunca pensó que todo se volvería tan horrible por el imbécil de su jefe. Lo único bueno y que le alegraba aquel difícil día, fue el reencuentro con su confesora pelirosa.
-Vamos Eimi-chan, me vas a sacar el aire. -dijo la Kominato sonriendo- ¿Eimi-chan? ¿Eimi? ¿Te sucede algo en el trabajo? -tanteo terreno.
-Mi jefe es un idiota. -susurro en el oído de la pelirosa.
-¿Qué sucedió? ¿Te hizo algo? -le dio unas palmaditas en la espalda.
Haru estaba convencida de que no era nada grave, seguramente el "idiota" solo le había hecho ver a su prima algún error o le menciono algo que la desanimo.
-¿Me hizo algo? -repitió con tono sarcástico.- Me hizo lo peor que se le puede hacer a una mujer. Ese idiota me hizo algo que nunca debió pasar, no ahora.
-Pero… ¿Qué? -pregunto la pelirosa ahora si preocupada.
Ante el mutismo de Eimi, Haru comenzó a preocuparse más al pensar que en verdad fue algo grave. Más tarde llamaría a su madre para que le hiciera pagar por lo que le hizo a su prima. Nadie se metía con su familia, mucho menos con su casi hermana.
-Nee~ Haruchii. ¿Cómo fue te enamoraste de Mei? -pregunto al fin después de un rato.
-¿Ehhh?
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-¡Regrese! -grito Eimi entrando junto con Haru a su casa.
-¿Qué se supone que haces aquí? -pregunto Kazumi asomándose desde la sala.
La razón por la que se encontraba en casa era porque había pedido específicamente ese día libre para pasarlo de lo mejor con su esposo, aprovechando que Eimi estaría muy ocupada con la llegada de Kuramochi de su viaje. Se había sorprendido por el grito de su hermanita mientras preparaba algunas cosas en la sala.
-Perdón la intromisión. –dijo Haru haciendo una leve reverencia al ver a la mayor.
-Haru-chan, regresaste. -dijo sorprendida aún más. Una sorpresa tras otra.
-Sí, llegue hace unos minutos. Fui al buffet para ver a mamá, pero fui traída aquí por Eimi-chan. -explico la pelirosa con una sonrisa nerviosa.
-¡Hey Kazumi! ¿Hay helado? –pregunto la oji-ámbar.
Tanto Kazumi como Haru miraron a un lado, donde se suponía debía haber estado Eimi. ¿En qué momento se trasladó a la cocina? La pelirosa se quitó sus zapatos y siguió a la mayor a donde estaba su prima, encontrándola husmeando en varios muebles y el refrigerador.
-¿Quedo algo de la cena de anoche? -pregunto Eimi revisando varios cacerolas.
-¿Eh? –Kazumi estaba confundida.
Las jóvenes habían aparecido tan repentinamente, luego su hermanita sin que se diera cuenta ya se encontraba asaltando su cocina; sacando un bote de helado, algunas sobras de la cena, un par de rebanadas de pastel.
Observo como la castaña menor tomo una cuchara de un cajón y la hundió en el helado para tomar una porción y luego saborearla.
-Como pensé, el helado de chocolate es el mejor. -dijo Eimi con una sonrisa empezando a buscar en las alacenas de arriba.
-¿Qué buscas? -pregunto Kazumi preocupada.
Su hermanita estaba actuando raro, más raro de lo normal, comparado a la semana en la que Kuramochi no había estado por su viaje o las veces en que cometía alguna travesura que deseaba ocultar de Chris.
-Galletas, bombones… no se… lo que sea para comer. -contesto la chica siguiendo en su búsqueda de comida.
-Están en el mueble de a lado, segunda puerta. –indico la mayor cruzándose de brazos, con su mirada fija en la extraña chica que no tardo en rebuscar en los lugares indicados.
-Kazumi-san, ¿qué tipo de relación tiene el jefe de Eimi con ella? -pregunto repentinamente Haru, atrayendo la atención de la mujer casada.
Por la plática que habían tenido en el taxi, la recién llegada suponía en que el comportamiento extraño de su prima radicaba y giraba alrededor del abogado. Quería recolectar toda la información disponible antes de enfrentarse al demonio que trabajaba para su madre.
-¿Eh? ¿A qué te refieres? –pregunto confundida la señora Sawamura.
-Bueno...-dudo si era prudente contarle a Kazumi, después de todo tenía un largo historial de burlas hacia su prima.- Vera, en realidad es que Eimi-chan me dijo que su jefe era un idiota, porque le hizo lo peor que podía hacerle.
Las dos miraron a la contraria, la cual ya había sacado dos cajas de galletas, una bolsa de bombones y dos bolsas de frituras, así como también un recipiente con cereal y unos panqueques. *¿Piensa comer más?* se preguntaron ambas al verla hurgar en otros muebles.
-Bueno, no sé qué pudo haberle hecho el idiota de Mochi pero no creo que haya sido algo tan malo...
-¿Segura? -señalo a la hámster Sawamura.
Kazumi guardo silencio al ver a su hermanita llenarse los cachetes con las rebanadas de pastel. Queriendo convencerse de que en realidad lo que estuviera pasando no era tan malo y su hermanita estaba exagerando ¿verdad?
-Para empezar, Eimi, ¿qué haces aquí? -tenía que tener respuestas.
-Me despidieron, no tengo razón para estar en el buffet y la tía Ryoko ya no me necesitara, tiene a Haru ahora. -explico tranquilamente.- Así que disfrutare de mi primer día libremente. No tengo trabajo, no tengo escuela, no tengo nada que hacer. Por ello hare lo que se me da la gana.
-Tenías una pijamada con Haruno-chan. –le recordó.
-La cancelo ayer, tenía un asunto urgente que atender el día de hoy. -respondió metiéndose una galleta en la boca.
-¿Y cuándo pensabas decírmelo? Hoy era mi día con Chris.
-Por eso no te lo dije, quería arruinarte el día. Ahora me iré a mi habitación. -aclaro sin vergüenza.
Al decir su última palabra se retiró de la cocina con todo su botín en mano, mostrándole a su cuñada una gran sonrisa. Ese round era de ella. Tanto Kazumi como Haru miraron como Eimi se alejaba cantando alegremente alguna canción.
-No se preocupe, Kazumi-san. -atrajo la atención Haru- Iré hablar con ella y luego me la llevare a mi casa, para que así, usted y Chris-Nii puedan tener su noche.
-¡Oh! Gracias Haru, te debo una y llámame Kazumi-Neesan. No necesitas ser tan formal. -le guiño un ojo.
Debido a que cuando ella comenzó su convivencia con los hermanos Sawamura y su familia la pelirosa estaba por marcharse al extranjero, en realidad no había convivido mucho con ella. Pero sabía por palabras de su esposo, de su hermanita y por lo demás integrantes de esa hermosa familia, que la pequeña Haru era un dulce envuelto en miel.
-Claro, entonces voy con Eimi-chan.
Haru siguió el camino de migajas que había dejado a su paso su prima hacia el segundo piso y al entrar a su habitación, la encontró hecha bolita entre sus cobijas pretendiendo ver la televisión mientras se aborasaba con la comida hurtada. Se acercó con cuidado a la cama y se sentó a un lado del bulto, tomando el control de la televisión sin que lo notara y apago el aparato.
-¡Oye! Mi programa… -exclamo con un puchero.
-Necesitamos hablar. –dijo seria.
Como si hubiese sido una orden del comandante, Eimi se sentó sobre su cama, quedando de frente a su prima mientras se comía una galleta más. "Nada mejor para la depresión que la comida..." o eso era lo que recordaba que su madre decía.
-Bien. ¿Qué quieres saber?
-Todo. -contesto con una sonrisa quitándole la bolsa de bombones.
No importaba si su prima tenía un metabolismo de las mil maravillas que le permitía comer lo que quisiera en la cantidad que quisiera y nunca engordaba, mientras ella estuviera ahí, no la dejaría comer más de la cuenta.
-Pues… lo que pasa...-Eimi miraba atentamente la bolsa de bombones que le fue arrebatada, quería una más.- ¿Cómo empezar…?
Haru apretó la bolsa a su cuerpo, luego la puso a su derecha a su izquierda, arriba y abajo, y ni con tanto movimiento, Eimi la perdió de vista. Era como un perro que observaba la pelota que le seria lanzada. ¡Carnada!
-Desde el inicio y sin rodeos. -exigió con una sonrisa de triunfo cuando Eimi la miro directamente porque escondió los bombones detrás de ella.
-De acuerdo. -acepto la castaña con una lagrima sin derramar. Sus bombones. Lo peor es que tenían cubierta de chocolate.- Todo empezó con la cena familiar que tuvimos hace tres meses, estábamos hablando normalmente hasta que Kazumi hablo sobre una idea para que el "Cheetah gruñón" dejara de molestar.
-¿"Cheetah gruñón"? –pregunto confundida Haru.
-Yo también pregunte en su momento eso; resulto ser el sobrenombre de mi jefe y tengo que aceptar que le queda. -explico.- Siempre llega a la oficina corriendo para buscar los papeles del caso que vera después, da algunas explicaciones del trabajo pendiente y se va como rayo. Y si el trabajo que das es mediocre se enoja como demonio, aunque dudo que le gane a la tía Ryoko.
-¿Quién demonios es tu jefe? -cuestiono.
-Resulto ser Kuramochi Youichi.
-¿En serio? ¿Kuramochi Youichi? -exclamo, como futura abogada de Japón también había escuchado ese nombre.- ¡Wooo! Mamá me ha hablado mucho de él, como abogado es eficiente pero trabajólico.
-No es trabajólico… -Haru se le quedo viendo al oír como lo defendió tan rápidamente- De acuerdo lo es, pero hace bien su trabajo o mejor dicho, lo hace excelente. Puede trabajar con 8 casos a la vez. Eso es sorprendente. Yo no creo poder hacerlo sin parecer espantapájaros cada día.
-Eimi-chan realmente no sé si esta plática es para alabarlo o quejarte de él.
-Ni yo lo se Haruchii. -murmuro con desgano, dejándose caer de espalda sobre su cama.- Mejor continuo –suspiro mientras su prima asentía- Cuando la tía me dio el permiso me puse muy feliz, no espere para correr a mi habitación y llamar a una amiga para presumirle que trabajaría como secretaria de Kuramochi Youichi. No podía creer que tendría tal honor.
-Sin duda alguna es tu ídolo Eimi-chan.
-Lo era. -hizo un puchero metiendo una cucharada con helado a su boca.
Haru aún no le había quitado ese no había sido aún confiscado, por lo que lo abrazo tan fuerte para asegurarse de que así fuera. La pelirosa frunció el ceño bajo su copete, su prima había robado mucha comida de la cocina, dudaba poder quitarle toda.
-...Al día siguiente Kazumi me llevo al bufet, por fin pude pisar aquel edificio como secretaria oficial, y no como la amante secreta de la tía.
-¿En serio Eimi-chan? ¿Cómo la amante de mi madre? -pregunto burlonamente la pelirosa.
-Eso es lo que parecía. Nadie en el lugar a excepción de la seguridad sabia de mí. Era como la amante secreta de la tía. -Exclamo la chica en su defensa- Oh por dios. Si la tía Ryoko tuviera amante nadie se daría cuenta nunca. -se escandalizo.
-Continúa…-le dijo golpeando su cabeza para que se concentrara.
-Jajá, era una broma. La tía Ryoko ama al tío Koushuu, jamás lo engañaría. -aseguro la castaña.- Me gustaría tener un amor que dure para siempre.
Una leve sonrisa apareció en sus labios al recordar los tiempos en que trabajaba para su tía, y mientras ella arreglaba los papeles la escuchaba hablar por horas con su esposo. Ellos al igual que sus padres, eran los responsables de que creyera en el amor de cuentos de hadas, el cual es lindo y eterno. Continuo contándole todo a su adorable prima, cada detalle, sin que nada se le escapara. Y cada vez que hablaba de su jefe, no podía evitar recodar los momentos felices y sonreír con un sonrojo.
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~Flash Back~
Eimi dejo de ver a Kuramochi, quien a su vez mantenía sus ojos fijos sobre ella. Un circulo de miradas curiosas entre ellos, intentando que el contrario no lo notara, aunque eso fue imposible; porque a veces sus miradas chocaban y cuando eso sucedía, la chica se sonrojaba levemente, mirando hacia el lado contrario fingiendo seguir con su trabajo mientras su corazón dejaba de acelerar.
Pasaron las horas en aquella oficina y como ya era costumbre, Eimi le preguntaba sobre algunos casos al abogado mientras los repasaban para asegurarse de no cometer fallos. La curiosidad de la chica por los casos de su jefe era mucha, y siendo consciente que a su jefe no le importaba contestarle, preguntaba aún más.
-Prepárame un café, Eini. -pidió Kuramochi leyendo algunos documentos.
-Casi… -susurro la menor. El abogado volteo a verla, pero la chica solo le sonreía.- C... claro. –se sonrojo por poco era descubierta.
Aun así, nadie la podía culpar, después de varias semanas e intentos de parte del abogado, ese era el nombre que más se ha acercado al suyo. "Eini". Y es que Kuramochi la llama como quisiera. La primera vez le llamo "Eijun"; ni siquiera era un nombre femenino sino de hombre, en ese momento pensó que su jefe necesitaba lentes. La segunda vez la llamo "Ángela"; ¡por dios! ella no era extranjera y tampoco era rubia con un gran cuerpazo… o al menos eso pensó cuando escucho ser llamada así, lo que si aceptaba, es que en esa ocasión por lo menos le atino al género. Y la tercera vez fue llamada "Izumi", esta vez por lo menos había sido un nombre nacional, pero cuando fue llamada así, casi le salta a su jefe encima, ese nombre sonaba tan parecido al de su cuñada que era como un insulto para ella.
Agito su cabeza de un lado a otro para alejar sus pensamientos. Sin más que hacer que obedecer lo pedido por su jefe, salió de la oficina y fue a la sala de descanso, en donde empezó a preparar el café. Mientras preparaba la bebida no pudo evitar tararear alguna melodía, trabajar allí "oficialmente" le era muy divertido. Una vez listo el café, regreso a la oficina, llevándose una sorpresa.
-Kuramochi-sama -abrió la puerta con una sonrisa que se borró ante la vista- ¿Qué haces aquí Miyuki Kazumi? -pregunto rápidamente a la ofensiva mirando a su cuñada con el ceño fruncido.
-¿No eres "Sawamura"? -pregunto Kuramochi a la mayor.
Kazumi fue la única secretaria que tuvo el valor de obligarlo a colocarse en dogeza si se equivocaba al decir su nombre, fue tan grande la vergüenza que sufrió en las dos ocasiones en que se arrodillo, que prefirió dedicar media hora en memorizarse el nombre de la chica.
-"Miyuki" es mi apellido de soltera. Eimi siempre me llama así. -explico la mujer encogiéndose de hombros.
Ya estaba tan acostumbrada a que su hermana política la llamara así enfrente de otras personas, que simplemente explicaba levemente el porqué. Sawamura frunció el ceño cuando su cuñada se llevó la atención de su jefe, ¿cómo es que incluso se sabía el apellido de la tanuki, y de ella no podía ni aprenderse su sencillo nombre?
-Le he traído su café, Kuramochi-sama. -exclamo un poco más fuerte de lo común, pasando de largo a la otra chica y acaparar la vista del abogado.- También le he traído una galletas para que pueda tomárselo. -sonrió al colocar las cosas en la mesa.
-Gracias… Ei, podrías pasarme una servilleta. -dijo tomando el café, el cual estaba tan bueno como siempre.
-Claro. -la menor se sonrojo siendo vista por la mayor.- No hay de que
-Oye, Mochi…-Kazumi se hizo notar, los contrarios parecían haberse olvidado de ella.- ¿Como que "Ei"? No le pongas un sobrenombre. -se quejó.
Sawamura Eimi nunca en su vida había permitido que alguien le diera un sobrenombre, ni siquiera su adorado hermano y mucho menos su abusiva cuñada. La menor siempre exigía ser llamada por su nombre con gran fervor. En el pasado, cuando Kazumi intento ponerle un apodo como "Mi-chan" o "Ei-chan" fue ignorada por una semana por la menor. Fue frustrante, ya que hasta ignoraba sus burlas y aquello no era un buen pronóstico, la chica parecía tempano de hielo al no reaccionar a sus provocaciones.
-Yo no…
Kuramochi hubiera querido decir que en realidad no le había dado un apodo a su secretaria, pero se detuvo porque la verdadera razón sería considerada una grosería demasiado cruel de su parte; simplemente no podía decir que nuevamente se le olvido del nombre de la menor y lo único que recordaba era la primera silaba.
Sawamura quería saber que respondería pero era mejor no molestar a su trabajador jefe, por lo que intervino rápidamente. En realidad el tema era irrelevante. Si era el peli-verde, no le veía algún problema a como la llamara.
-Está bien, no hay de qué preocuparse. -respondió con una sonrisa.
-En ese caso Ei-ch…
-Tú me llamas Eimi. -demando rápidamente la castaña con una sonrisa que helo a Kazumi y la dejo sin habla.- No tiene que preocuparse por cómo me llama Kuramochi-sama. -aseguro al voltear a ver a su jefe que asintió.
-Eso no es justo. -murmuro en queja la tanuki, la menor le enseño la lengua.- Se te cayo la baba.
- ¡¿Qué?! -Eimi se cubrió la boca con un gran sonrojo.
Al ver la expresión de horro de la pequeña, Kazumi comenzó a reír abrazando su estómago. Siempre era divertido ver las expresiones llenas de vida de Eimi, las cuales siempre eran honestas y reflejaban el sentir de su dueña. El despacho era inundado de la risa sin restricción de la chica de lentes.
-No es verdad, no te ha salido nada. -aclaro Kuramochi.
Pensó que su trabajadora se relajaría al saber que no era verdad, pero lo desconcertó la reacción de la chica, la cual se sonrojo aún más. ¡Qué vergüenza! Kazumi la había dejado en vergüenza frente a su ídolo.
-¡Miyuki Kazumi! -grito enojada.
De ese modo, aquel día, Kuramochi comprendió que lo mejor para que tuviera un poco de paz a la hora de trabajar, era mejor no tener a ambas chicas juntas por mucho tiempo o de lo contrario comenzarían una batalla en su oficina.
~Fin del Flash Back~
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-Kazumi-Neesama siempre ha gustado de molestar…-agregó Haru con una sonrisa, comiendo una de las galletas que decomiso.
La dulce voz de su prima, saco a Eimi del recuerdo. Le había contado a su prima lo difícil que fue que su jefe aprendiera su nombre, ya que en realidad por alguna razón, no deseaba que la llamara por su apellido, al menos no desde que se enteró de que el abogado estaba consciente del apellido que portaba Kazumi como su familiar.
-Lo sé, pero no debe de hacerlo frente a mi jefe, es vergonzoso. -exclamo sonrojada y agarrando una fritura de la bolsa.
-Supongo que tienes razón. -acepto la pelirosa, tomando una fritura también y luego escondiéndolas de la castaña.
-Tengo la razón, Haruchii.
-Vamos Eimi-chan, cálmate. Pero me sorprende que dejaras que te llamara como él gustara. -reprocho de modo infantil, incluso ella debía decirle "Eimi".
-Bueno…-se sonrojo y desvió la mirada, de repente la colcha de perritos de su cama parecía guardar un gran misterio.- jejeje… ¡Ah! Los días pasaron tranquilos después de aquello… Mei y Kazumi iban a visitarme muy seguido. -intento desviar el tema- Según ellos estaban preocupados de que me sobre esforzará por los casos de Kuramochi-sama, pero comparado a cuando era la amante secreta de la tía Ryoko, Kuramochi-sama se quedaba corto de trabajo, tengo que admitir.
-Creo que nunca olvidare que eres la amante de mi mamá. Eres mi madrastra oculta. -jugueteo haciendo reír a la oji ámbar.
-Obedéceme Haruchii, soy tu madre oculta. -proclamo.
Ambas jóvenes rieron por la pose "de madre" de la castaña, que se levantó en su lugar y señalo a su supuesta hija con el ceño fruncido.
-¿Y que más pasaron juntos? -retomo la plática la recién llegada después de un rato.
Estaba bien jugar y todo, pero ella deseaba saber por qué su prima estaba deprimida si se había librado de un jefe que no parecía ser la mejor persona. Kuramochi Youichi no era una persona que deseara junto a su prima, no por el momento en que tenía el concepto de él como un tirano abusivo y explotador.
-Un día me llevo a la universidad en su auto. -murmuro.
-¿En serio?
-Sí.
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~Flash Back~
-Kuramochi-sama ya es hora. Pronto tendrá su cita con las empresas Toujou. -le recordó Eimi al mayor, que estaba sumido en los documentos que leía.
-Gracias. -contesto quitándose los lentes con los que había estado leyendo para luego recargarse en su silla- Entonces me retiro.
-También es hora de que tú te vayas a la universidad. -Le recordó Kazumi adentrándose a la oficina.
-No tienes trabajo nunca ¿o qué? / Te he dicho que toques. -exclamaron al unísono abogado y secretaria.
La mayor hubiera querido decir ya que reclamaron al mismo tiempo "Woow, están en sincronía" pero se abstuvo de hacerlo porque no habían dicho lo mismo. Al menos le quedaba el consuelo de que se estaban llevando bien.
-Se lo dejo a Mei, en este mismo momento esta encadenado a su silla como siempre. -respondió ignorando las quejas- Bueno, señorita, si no se apura usted llegara tarde a la universidad.
-¡Ya lo sé!
Kuramochi miro a la joven que le ayudaba, encontrándola sonrojada. Eimi quería estrangular a su cuñada por ponerla en vergüenza con su jefe, ¡no era una niña a la que necesitaban recordarle lo que debía hacer! Exhalo profundamente para calmarse, no quería hacer un show con su ídolo observándola.
-He terminado lo que me pidió Kuramochi-sama. -dijo Eimi dándole la espalda a la contraria.
La menor empezó a levantar algunos folder que estaban en la mesita de la oficina para ponerlos en su lugar correspondiente no quería dejar desordenada la oficina, le arrebato a la mayor los papeles que traía en mano y se los entrego en orden a su jefe.
-Bueno, yo me retiro. -anuncio la chica tomando su mochila del sofá.
-Estudias en la Universidad Inashiro ¿cierto? -Siempre olvidaba que su asistente trabajaba solamente medio tiempo porque era universitaria.
Eimi se detuvo cerca de la puerta, la pregunta le había tomado por sorpresa. Observo como su jefe metía los documentos en un folder vacío y luego los guardaba en su maletín, para después acercarse a ella.
-Sí, está muy cerca de aquí. -contesto con una gran sonrisa.
-Si recuerdo bien, estudias leyes. ¿En qué te especializaras? -pregunto una vez estuvo a su lado.
Sawamura estaba completamente feliz de que su jefe le estuviera haciendo preguntas. Era la primera vez que hablaban sin mencionar nada del trabajo y sobre todo porque se interesaba en algo sobre ella. La chica estaba segura que moriría si su jefe seguía preguntando. Mientras tanto ambos se olvidaron de la tanuki que miraba todo con una gran sonrisa desde el sofá, luego iría con el chisme a Ryoko.
-Bueno…-Eimi evito el contacto visual por vergüenza.
-¿No te has decidido? -Kuramochi abrió la puerta, dándole paso a la chica.
-Me gustaría especializarme en mercantil como usted. -confeso en un murmullo apenas audible para el abogado.
Aquella respuesta tomo por sorpresa a Kuramochi, el cual por alguna razón también se sintió un poco avergonzado y dejo de mirar a su secretaria mientras caminaban al elevador, siendo seguidos por Kazumi, que prefería no interferir, el desarrollo de aquella situación le parecía de lo más fascinante.
-Ya veo, con razón eres muy curiosa en mis casos. -agrego después de apretar el botón del elevador para que subiera por ellos.
-Sí… Lo siento, es que… pensé que…-balbuceaba, su curiosidad tal vez molesto a su jefe.
-No debes disculparte, eres realmente buena con tu trabajo. Tus deducciones y aportes me han ayudado bastante. -le aclaro.
Lo que Kuramochi no sabía, es que aquellas palabras habían dejado una gran marca en la chica, la cual estaba segura que podría morir en paz ahora que su ídolo le dedico indirectamente un elogio. Eimi se sentía la mujer más feliz del mundo. ¡Por dios! Tenía que llegar a la escuela a presumirlo con sus amigos.
La infraganti Kazumi admitía que al oír como Kuramochi había alabado a su hermanita, se sorprendió. Conseguir un elogio del "cheetah gruñón" era un gran logro y aunque confiaba en las habilidades de la menor, nunca pensó ser testigo de un momento de honestidad del abogado. Sonrió aún más, el plan que tramo al lado de Ryoko estaba saliendo mejor de lo esperado; desde el principio pensaron que la ingenua y dulce Eimi, lograría calmar a la fiera Kuramochi pero ninguna espero que lo hiciera a tal grado y de continuar así, quizás entre ellos dos podría nacer…
En fin, ella sería la madrina sin duda alguna y haría que el abogado le agradeciera. Su sonrisa se convirtió en puchero al recodar a su celoso y sobreprotector esposo, el único obstáculo que se le ocurría que podría interponerse a lo que imaginaba. Bueno, ya se encargaría luego de él. Todo a su tiempo.
Cuando el ascensor llego al piso, abogado y secretaria ingresaron sin permitir que alguien más los acompañara. Bajaron juntos en el ascensor, inmersos en una plática sobre el campo laboral del abogado. Una vez en el estacionamiento subterráneo Eimi se despidió de su jefe con una reverencia, siendo detenida por Kuramochi.
-¿Tienes carro?
-Oh, no. -la castaña negó.- Solamente bajo hasta aquí porque en la salida del estacionamiento hay una parada de autobús, que me llevan cerca de la universidad.
-Mmm… La Universidad Inashiro está al norte así que…-murmuraba a la par que hacia cálculos.- ¿Quieres que te lleve? Puedo dejarte en la entrada. -ofreció señalando su auto, un jaguar negro, hermoso pero llamativo.
Eimi lo miro sorprendida, nunca en su vida había esperado tal oportunidad de pasar tiempo con su ídolo fuera del bufet. No era la primera vez que un chico le ofrecía llevarla a su destino aunque siempre los rechazaba, pero en esta ocasión era diferente, era la primera que en verdad quería aceptar una invitación de parte de un chico que no fuera su querido hermano mayor, aun así, no podía acceder. Era su jefe, no quería causarle problemas si los trabajadores del bufet se enteraban y malinterpretaban el hecho de que se fueran en el auto del mayor.
-No… no es necesario que se moleste. -tartamudeo, entristecida de tener que rechazar la oferta.- Llegara tarde a su cita…
-La universidad está de paso y voy con tiempo de sobra, así que puedo dejarte sin problemas.
-Eh… pues…-Sawamura observaba a su alrededor, buscando algo que le diera la oportunidad de negarse.
-Si no quieres, solo dímelo claramente. -le dijo Kuramochi con el ceño levemente fruncido.- No tienes que tartamudear. -No entendía porque la chica se negaba, su ofrecimiento era práctico.
-¡No! -exclamo agitando sus brazos, realmente quería aceptar pero ¿sería correcto?
-Tampoco tienes que gritarlo.
-No… no es eso… es solo que… que no quería causar… causarle problemas…-tartamudeo lo último con un gran sonrojo, empezando a jugar con sus manos por los nervios que sentía.- A… Acepto su in… invitación.
-Ya veo. Entonces vamos. -dijo acercándose a su auto, quitando la alarma.
-Gracias. -agradeció Eimi con su mirada en el suelo.
-No te preocupes, sube. -abría la puerta del copiloto para la chica.
Estaba nerviosa, no podía creer que había aceptado. Por alguna razón que desconocida, Eimi sentía su corazón latir rápidamente y los nervios la invadían de pies a cabeza al pensar que estaría en un espacio muy reducido al lado de su jefe, pero suponía que se debía a que jamás había entrado al auto de otro hombre que no fuera el de su hermano, su tío y padre. Dios, amaba ese día sin duda alguna. Entro con cuidado al auto, no quería que por un movimiento en falso hiciera algo imperdonable a un carro tan lujoso.
Kuramochi contuvo la risa que le provoco ver el comportamiento de su secretaria, parecía un robot o incluso algo más tieso que eso. Desde que conoció a la chica, le pareció algo curioso el hecho de que fuera tan expresiva; ya fuera su rostro, su manera de hablar sin pensar o sus acciones lo que delatara el sentir de la chica. Sintió deseos de molestarla un poco pero eso era algo que no haría.
-¿Porque tan nerviosa? -pregunto al subir en la parte de piloto.
-No… yo no… no lo estoy…-trato de negar.
-Ponte el cinturón.
El abogado puso el carro en marcha una vez la chica acato su orden. Ambos iban en silencio. Eimi se sentía en un sueño, en donde un hada madrina estaba cumpliendo su deseo. Aunque el haber conocido al mismo Kuramochi Youichi, ya era un deseo realizado. Al pasar los minutos el ambiente tenso inicial paso a ser tranquilo cuando el abogado subió un poco más la velocidad del auto.
Kuramochi observo de reojo como la pequeña Eimi había dejado de estar nerviosa y parecía disfrutar del viaje a gran velocidad, pues aquella sonrisa que tanto la caracterizaba había regresado iluminando su rostro. Lo cual le indico que al igual que él, la chica gustaba de la velocidad. Después de un rato llegaron a su destino, el piloto detuvo el auto justo enfrente de la entrada de la universidad.
-Llegamos. -anuncio.
La castaña suspiro decepcionada, su hermoso momento con su jefe había terminado sin que pudiera intercambiar alguna palabra de nuevo con él, pero es que no sabía que decirle que no tuviera relación con el trabajo. Sawamura sonrió levemente al recordar que en alguna ocasión escucho un dicho que decía "que todo lo bueno tiene que terminar…" y ahora entendía perfectamente porque la persona que lo decía parecía resignada. Se quitó el cinturón justo en el momento en que Kuramochi salía del auto rodeándolo para abrirle la puerta, y extenderle una mano para ayudarla a salir.
-Gracias Kuramochi-sama. -dijo sonriendo y con un leve rubor.
-Bien, cuídate y pon atención a clases si es que quieres ser un abogado mercantil como yo. -le dijo con una sonrisa.- No es fácil.
-Claro, me esforzare para llegar hacer alguien como usted Kuramochi-sama. -aseguro.- Le aseguro que seré tan agresiva como usted al defender mis casos.
Kuramochi sorprendentemente sonrió, aquella determinación reflejada en los ojos de la chica le había gustado. Aunque también le causo un poco de risa lo último, cuando trato de imaginar a la pequeña Eimi como una fiera defendiendo sus casos, no pudo evitar verla como un pequeño perrito ladrando mientras temblaba. Algo muy tierno. Pero es que le fue inevitable imaginarla así, debido a que su secretaria poseía una inocencia muy tonta, lo sabía porque cada vez que Kazumi iba a molestar a su oficina -a veces en compañía de Mei- le daba indirectas a la menor sobre conseguir novio, pero esta no entendía nada y solo ladeaba la cabecita en confusión. Aunque siempre se preguntaba porque la tanuki lo volteaba a ver también a él.
-¿Kuramochi-sama?
-¿Ehhh? -la voz de la chica lo saco de sus pensamientos.- ¿Decidas algo? -ella negó.- Bueno, en ese caso me voy.
-Sí, que le vaya bien en su cita. -Eimi le sonrió.
-Claro.
De manera inconsciente, el abogado poso su mano de manera cariñosa en la cabeza de la castaña, quien se convirtió en un lindo tomatito ante su inesperada acción. Kuramochi subió al auto sin más que hacer allí, retirándose y dejando a una avergonzada chica. Eimi cubrió su rostro con las manos, se sentía tan avergonzada, como si su novio le hubiera hecho algo indebido.
~Fin del Flash Back~
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-Oh, así que te dio ánimos.
-¿Ehhh? Ah… Sí... Así fue…-rio de manera nerviosa e intentando no ruborizarse.
Eimi se había sumido en su recuerdo después de contarle a la peli-rosa las palabras que le dijo Kuramochi sobre lo bien que hacia su trabajo.
-No parece ser tan mala persona.
-No lo es…-aseguro con un puchero.- Solo es idiota.
-Tú también eres idiota, Eimi-chan. -las palabras de su prima fueron una gran daga enterrada en la espalda.- Eres el tipo de idiota inocente.
-¿Idiota inocente? -Pregunto confundida, ignorando ahora el hecho de que era insultada.- ¿Hay diferentes tipos de idiotas?
-Sí. Y tú eres del tipo idiota inocente. Tu jefe del tipo idiota estúpido y mi prometido del tipo idiota molesto.
-No sé si alegrarme por descubrir que hay diferentes tipos u ofenderme porque soy un tipo de idiota.
-Todos somos un tipo de idiota, Eimi. Nadie se salva. –aseguro.
La castaña sonrió para luego continuar con su plática de los días como secretaria oficial en Seidou; cada momento divertido que paso en aquel lugar, cada caso en el que trabajo con su jefe, etc. Recordaba todo con detalle. Cada momento con él era valioso. Incluso le conto que la semana que no estuvo con él por su viaje, fue un desastre para ella y todos en el bufet lo notaron. Estaba segura que todos lo notaron.
-Eimi-chan, ¿te has enamorado de tu jefe?
Conocía a su prima desde pequeña, y era la primera vez que la observaba hablar con gran admiración, respeto y cariño sobre el gruñón abogado, por lo que llego a la única conclusión que se le ocurrió del porque la chica con complejo de hermano mayor, Eimi Sawamura, hablaría tan bien de un hombre que no fuera Chris.
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~Flash Back~
Con gran tristeza y con un sentimiento de vacío instalado en su corazón, Eimi dejo su mochila en el sofá de la oficina de su jefe. Se había hecho una costumbre el llegar temprano, justamente cinco minutos antes de las 6 a.m. -hora de llegada habitual de Kuramochi- para tener el tiempo suficiente para preparar una taza de café y los papeles del día antes para su jefe. Hizo un puchero al observar la oficina, sin su jefe ahí, todo el lugar parecía sin vida.
Empezó a revisar las cartas y documentos que dejaron la tarde anterior e iban dirigidos a su jefe; los importantes los dejaría cerca del teléfono para informar a su jefe en cuanto llamara y los que podían ser tratados a la llegada del abogado, los acomodaría debidamente en los folder correspondientes guardándolos en un cajón del escritorio.
Se sentó en el sillón del lugar después de prepararse una taza de café para ella. Pasada media hora de leer y releer el mismo documento grito exasperada, no podía concentrarse del todo en los papeles, se sentía sola en aquella cueva. Siempre había estado Kuramochi a su lado, nunca sola como ahora; era probable que fuera el silencio lo que la incomodara.
Llevaba cinco días de ese modo, sintiéndose completamente sola; incluso se alegraba cuando aparecía Kazumi repentinamente para molestarla. ¡Eso era horrible! ¡Que le alegrara ver a su cuñada significaba el fin del mundo! Al menos Mei también la visitaba o algún otro amable trabajador de la oficina la ayudaba a distraerse levemente de su sentimiento de soledad. Todo indicaba que se había acostumbrado a la fuerte presencia que tenía su jefe.
-¡Osh! ¡Osh! Animo Eimi, debes acabar esto.
Se golpeó simultáneamente ambas mejillas, debía concentrarse, su jefe no tardaría en llamar por primera vez ese día y ella debía entregar los primeros aportes del día. Kuramochi a pesar de estar de viaje, llamaba al menos cinco veces durante su media jornada laboral para informarse de lo que sucedía con los casos pendientes y sobre lo que llegara a surgir repentinamente.
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Después de cuatro horas suspiro, había terminado en menos de dos horas todo lo referente a ese día y ahora no sabía qué hacer. Llevaba dos horas dándole vueltas a cualquier antiguo caso de su jefe solo como "estudio" pero la verdad era que no podía concentrarse del todo. El medio día que debía trabajar comenzaba a parecerle largo y cansado. Miraba con desespero el avance de las manecillas del reloj en la pared, esperando el momento en que pudiera marcharse y llegar a la universidad para encontrarse con su amiga Haruno, con la cual se desahogaría diciéndole que extrañaba a su jefe gruñón.
¡Oh, por dios! Alto ahí. No podía creer que no hubiera pensado en ello antes. *Si el gato no está, los ratones deberían hacer fiesta...* Si su jefe no estaba, podía hacer una pequeña travesura… Sonrió mientras sacaba su celular de su bolsillo, empezando a marcar el número de su pelirroja amiga, era probable que la despertara de su amado sueño pero estaba segura que se lo agradecería. ¡Ambas admiraban a Kuramochi Youichi! Su amiga desde que sabía que trabajaría para él, le pidió la oportunidad de conocerlo pero no había podido dar ninguna información por respeto a su jefe, sin embargo, tal vez no pudiera presentarlos pero si podía ofrecerle conocer el lugar en que el abogado hacia su magia.
En cuanto contestaron empezó a explicarle su travesura, sintiéndose feliz cuando fue aceptada su propuesta. Estaba emocionada -ya que aunque tal vez no fuera gran cosa, se sentía "mala"-, jamás había faltado a las reglas, siempre intentado con todo su ser portarse bien, pues no quería darle problemas a su hermano mayor y a sus tíos, principalmente porque su tía daba miedo. Pero en esta ocasión faltaría a una sola regla y tenía un motivo importante; se sentía abandonada.
Después de un rato, su celular sonó de nuevo y al contestar dio las indicaciones a su amiga. Minutos después la puerta de la oficina fue tocada, provocándole una sonrisa traviesa. Al abrir se encontró a su queridísima amiga, quien le sonreía cómplice. Le dio pase a la guarida del abogado. La visita con gran fascinación observo la oficina, aquel era el lugar donde el mejor abogado estudiaba y preparaba sus casos.
-¡Kyyaaa! -grito la chica corriendo a sentarse en la silla del abogado.- Eimi, en verdad tengo envidia de ti. No puedo creer que trabajes a diario con Kuramochi-sama.
-Jeje… todo se lo debo a mi tía.
-¡Oh, por dios! Kuramochi-sama se ve genial en esta fotografía.
Su gran idea al inicio le parecía muy buena, su amiga parecía feliz al registrar la oficina pero después de verla sentarse en el lugar de su jefe, un sentimiento extraño la invadió. Quería que se levantara, ese lugar era exclusivo del abogado, aun así no dijo nada, después de todo ella la invito. Eimi forzó un poco su sonrisa al observar como su amiga tomaba entre sus manos la fotografía de su jefe y su madre -la única fotografía en el lugar cabía que recalcar-, y era una que ella misma tomo semanas atrás e incluso compro el marco.
-¿Sucede algo? -pregunto la pelirroja a su amiga cuando le quito la fotografía de las manos.
Eimi se sonrojo y dio media vuelta, colocando la foto en otro mueble. Había actuado por instinto. No entendía porque repentinamente su idea no era tan buena, le molestaba ver como su amiga mostraba demasiado interés en las cosas de SU jefe, estaba al tanto que su actuar no fue el mejor por lo que se regañó mentalmente.
-No. Nada. Perdón. -regreso su atención a su invitada.- Es solo que me alegra que estés aquí. Me siento tan sola.
-¿De nuevo? -cuestiono divertida Haruno, durante esos días su amiga chillaba continuamente en la universidad sobre que se sentía sola en esa oficina.
-Sí. -se dejó caer dramáticamente en el sofá.- Es tan solitario estar aquí sin Kuramochi-sama.
-Eimi, no soy nadie para decirlo pero pareces una chica esperando por su novio. -Haruno se levantó de donde estaba y fue al lado de la castaña, la cual se sonrojo ante la broma.
La pelirroja abrió los ojos sorprendida por ver tal reacción en su amiga. Reflexiono en su mente lo sucedido, llegando a una conclusión un tanto explosiva. Podría equivocarse pero sus sospechas tenían como fundamento base las expresiones siempre honestas de Sawamura y su comportamiento desde que comenzó como secretaria del abogado, la probabilidad de error era mínima y soló recaía, en que su amiga no parecía interesada en el sexo opuesto.
-¿Qué?
-Bueno, ¿qué te gusta de Kuramochi-sama? -la investigación era solo por seguridad.
-Es trabajador, por eso lo admiro.
-Bueno, si… pero me refiero al otro tipo de gustar. -se explicó la pelirroja con además de mano, era vergonzoso.
-Mmm… no entiendo.
-En serio que contigo hay que ser directa…-suspiro y un sonrojo se instaló en sus mejillas- ¿Te gusta Kuramochi-sama?
-Sí.
-No me entiendes…-elevo las manos al aire, ¿qué más directa debía ser?
-Te entiendo…-aseguro la castaña con un puchero- Admiro mucho a Kuramochi-sama
-Me refiero al entorno amo…
La chica pelirroja fue interrumpida al abrirse la puerta, maldijo a los dioses, justo cuando había dejado su vergüenza de lado. Ambas mujeres voltearon a la puerta, encontrándose con un rubio sonriente, que miro confundido a la pelirroja. Mei no la reconocía como una de las trabajadoras del bufet, y él conocía a todas las mujeres del lugar ya que su suegra le advirtió que al mínimo rumor que se esparciera de él y alguna mujer, lo castraría. Se aprendió rostro y nombre de todas las mujeres solo para hacerse su amigo, y asegurarse que ninguna difundiera cosas malas de él.
-Hola… -saludo Haruno nerviosa igual que Eimi.
-¿Quién eres y que haces aquí? -pregunto Mei confundido.
-Mei, tengo un favor muy grande que pedirte. -la oji-ámbar se levantó y se acercó rápidamente al rubio.
Eimi sabía que por reglas de su tía, las personas ajenas a la firma tenían el paso prohibido, después de todo ellos trataban los tratos de grandes iconos en Japón, no podían arriesgarse a que algún visitante resultara ser un espía. Mei comprendió la situación de su queridísima amiga, sonriendo al ver que la chica en verdad se sentía tan sola que rompió una regla de su tía, el procuraba ir a verla para que no se sintiera abandonada pero Kazumi era un gran obstáculo que no podía pasar a cada hora.
-Claro, sabes que siempre puedes confiar en mí. -le aseguro mostrando un pulgar hacia arriba.
-Bueno, en ese caso. -Eimi sonrió agradecida.- Te presento a Haruno Yoshikawa. Haruno te presento a Narumiya Mei.
-Un gusto. -ambos se dieron la mano.
-Bien, pues ella es amiga mía y la he invitado a pasar el rato conmigo porque me siento sola.
-Oh, ya veo. Pero si te sientes tan sola, ve conmigo, así distraes a Kazumi para mí. -dijo el rubio.
-Sabes que debo quedarme aquí por si mi jefe llama. -le recordó la castaña.- Y tú solo me quieres en tu oficina para usarme de carnada con la tanuki.
-Exacto.
-Bueno…-interrumpió Haruno- creo que es mejor que me vaya.
-¿Eh? ¿Por qué? -se quejó Eimi.
-Ya te he distraído mucho de tu trabajo. Nos vemos en la universidad. -le sonrió y miro al abogado- Adiós, fue un gusto conocer al afamado abogado Narumiya Mei, especializado en asuntos familiares.
Dicho eso se retiró dejando a los dos solos; a la chica con un puchero por saberse sola de nuevo y al abogado con el ego en alto, repitiendo en su mente la palabra "afamado"
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~Fin del Flash Back~
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Haru observo como su prima parecía pensativa y aunque le causaba gracia ver las diferentes expresiones que mostraba por sus pensamientos, sentía curiosidad por saber que ocupaba su mente…
Por su parte Eimi recordaba la pequeña plática que había tenido con su amiga en esa oficina, aquel día fue cuando firmo su sentencia, en verdad había entendido la pregunta de Haruno. ~ ¿Te gusta Kuramochi-sama?~ cuando pensó en la respuesta se dio cuenta de sus propios sentimientos, pero no deseo profundizar en ellos ya que la alterarían, así que fingió ante su amiga pelirroja. Pero por dios, después de ese día todo se complicó e incluso se había peleado en cuanto llego su jefe.
-Entonces… -hablo Haru- ¿te has enamorado de tu jefe?
La castaña solo asintió sonrojada.
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Reviews:
Erika: Hola, esperamos que ya puedas leer el segundo cap y que sobre todo nos alegra que te guste la historia. Esperamos este nuevo cap te guste.
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NOTAS FINALES:
Ciao~ Ciao~
Marlene - Lamentamos la tardanza con el fic
Tetsuna - Esperamos les guste, nos esforzamos para que quedara bien y se disfrutara.
Angelice - Hasta la próxima actualización.
~Se cuidan~
~Nos vemos~
