En el Centro de Entrenamiento hay una torre exclusiva para los tributos su el equipo de preparación así que nos dirigimos los cuatro a unos ascensores con paredes de cristal.

Nuestro piso será el número cuatro, por nuestro distrito así que se me hará fácil de recordar.

Margarett está encantada con nuestros trajes y supongo que es por la cantidad de piel que deja expuesta. Me encuentro ansiando que a los demás capitolinos también les haya gustado.

-¡Un par de personas se me acercó a preguntarme por ustedes!- nos contó con gran orgullo en su voz -por desgracia, sólo Mags y Finnick pueden cerrar tratos ¡Ahí habían patrocinadores seguros!-

Y ahí es cuando caigo en cuenta, seguramente eso era lo que estaba haciendo Finnick con esa señora.

-Bueno, niños, puedes hacer lo que quieran hasta la hora de cenar- nos dice nuestra escolta y se retira a su cuarto, yo hago lo mismo.

Una vez ahí tomo una ducha y pruebo unos cuantos jabones aromatizados, me encantó uno de vainilla, así que decido usarlo cada vez que pueda.

Piso la alfombrilla que seca mi cuerpo y desenreda mi cabello. Busco en el gran armario que hay en mi habitación algo que ponerme, finalmente me decido por un pantalón negro, zapatillas del mismo color y una camisa a cuadros roja. Debo admitir que me gustan mucho las comodidades del capitolio, como tener siempre comida en la mesa o poder regocijarme al escoger ropa. Si gano esta cosa podré darle muchos lujos a mi familia, Danielle podría crecer con todos estos lujos y ser la niña más preciosa de todo el distrito... En caso de perder, mi padre tendría una boca menos que alimentar y, si somos honestos, eso no les vendría nada de mal.

Una vez que termino de vestirme paso el resto del tiempo cepillando mi cabello a pesar de que ya está completamente desenrreadado, lo hago más que nada porque este acto me recuerda a casa.

Cuando era pequeña y no había cosecha de la cual preocuparse.

Recuerdo que mamá me peinaba todas las noches mientras yo le pedía que me contara historias de miedo, desde que tengo uso de razón me han encantado esa clase de historias. Mamá me contaba sobre niños que eran alejados de su familia. Para mi corta edad ese era el mayor terror que una persona podía enfrentar.

Unos golpes en la puerta me devuelven a la realidad. Me levanto y limpió unas lágrimas que se me escaparon y me voy al vagón comedor.

Cuando llego, ya están todos sentados, esperándome para comenzar, hay un puesto disponible frente de Finnick y lo tomo.

A penas me siento llega la comida y nos servimos de todo, no pretendo limitarme en nada. Finalmente mi hambre es saciada.

Estamos casi finalizando la cena cuando Mags habla.

-Mañana empiezan los entrenamientos- nos informa -por lo que debemos empezar desde ya a planear su estrategia, hoy estaré con Nicholas y tú, Annie, con Finnick-

-Bueno, Annie, creo que es mejor que empezar ahora mismo- dice una vez que terminamos de comer.

-Permiso- digo y dejo mi servilleta en la mesa. Sigo a Finnick por el pasillo. -¿A dónde iremos?- preguntó.

-A tu cuarto- cuando dijo esto sentí como me ponía roja y rogaba no haber dejado alguna prenda interior por ahí, siempre he sido un desastre en cuanto a orden. Cuando entramos nos ubicamos en unos sillones que están instalados en la habitación, cerca de un gran ventanal.

-¿Tienes planeado algo especial para la arena?- pregunta

-Bueno...,- su pregunta hace que me ponga aun más nerviosa -em..., teniendo en cuanta que no sé hacer nada especial...no- respondo.

-¿No aprendiste nada en el distrito?-

-Bueno, mi papá es tejedor de redes y me ha enseñado a hacer nudos-

-Ahí tienes mucha ventaja en comparación al resto, -y no pongo en juicio su comentario, sé que Nicholas no sabe hacer nudos, su padre es pescador y él sabe usar dignamente el tridente pero nunca he visto uno en la arena, a excepción del año de Finnick y ese fue un regalo de un patrocinador y, bueno, Nicholas es guapo, pero nadie se puede comparar con la belleza de Odair. - Podrías emplear uno de tus nudos para hacer una trampa -escucho que dice- recuerdo que aprendí una muy útil que hace que el enemigo quede colgado del pie y así podrás atacarlo con mucha más facilidad-

-No había pensado en eso...-

-Sé que tienes miedo de estar ahí- miro por primera vez en la noche sus ojos azules y tranquilizo. Él está sentada en una silla enfrente mio, mientras yo lo estoy en mi cama, alarga su brazo y lo sitúa en mi pierna izquierda -pero no dejes que el miedo te ciegue..., ¿sabes utilizar algún arma?-

-Podría..., podría atacar con algún cuchillo o alguna cosa que encuentre en la cornucopia, en el centro de entrenamiento aprendí a manejar armas, puedo luchar con

cuchillos, lanzas...-

-Bien, con eso basta, mañana, cuando empiece el entrenamiento podrás familiarizarte aún más con las armas, busca una o dos con las cuales puedas manejarte bien y concéntrate en eso, sin dejar las demás armas de lado, además, una vez en la arena deberás ingeniártelas para hacer trampas, no siempre tendrás cuerda a mano, podría ser con tiras de ropa, alguna planta...con inteligencia, una buena estrategia y buenos aliados, más lo que consigas de algún patrocinador podrás sobrevivir-

-No sé si alguien querrá patrocinarme-

-Tú debes estar tranquila, concéntrate en el desarrollar tus habilidades, aprender sobre las plantas comestibles, venenosas, sobre las trampas y eso, de que consigas patrocinadores me encargaré yo.-

-Gracias, Finnick- le digo por el tono que utilizó dí por zanjada la conversación y esperé que se parara para poder irse, pero no lo hace.

Está por lo menos dos minutos mirándome a los ojos, no puedo evitar pensar en lo extraño que es esta situación, siempre he visto al Finnick Odair de la televisión como una persona muy simpática y coqueta, que no puede dejar algo que camine sin seducir. Además como una persona inalcanzable. Una parte de mi debe admitir que esperaba que tomara esa actitud ahora que nos encontramos solos, en una habitación, pero no es nada de eso. La versión que tengo frente a mi es un tipo serio y calculador, dispuesto a muchas cosas para que al menos uno de sus tributos salga con vida. Ahora que he visto estas dos facetas de este hombre, comienzo a juzgar muchas cosas que antes daba por ciertas.

-Buenas Noches, Annie- susurra despacio, no lo suficiente como para que no le escuche.

-Buenas Noches, Finnick- respondo, pero estoy segura de que él no escuchó puesto que cuando lo dije ya había cerrado de un portazo.

Cambió mi ropa por un cómodo pijama de algodón y voy a la cama pensando en la conversación con Finnick, la tranquilidad que me trajo y ahora sé, que aún hay esperanza para mi.

Siempre he tenido la idea de que Annie le enseñó a Finnick a hacer nudos, y que él luego toma la costumbre de hacerlos como una forma para calmarse, ya que le recuerda a ella (por eso hice que Annie fuera hija de un tejedor de redes, trabajo que no es muy bien remunerado).