Segundo robo: Felicidad.
A veces tenía ganas de buscar a Apolo y golpearlo, pero me lo dificultaba el hecho de que hubiese sido tan amable conmigo cuando era niño.
La luz del Sol me dio en el rostro muy temprano. Era sorprendente lo bien que había dormido esa noche, sin pesadillas ni viajes oníricos. Abrí lentamente los ojos, pero el resplandor me hacía daño por lo que los volví a cerrar. Estaba apunto de darme la vuelta cuando oí susurros. Mi instinto me obligó a esperar, aunque no estaba en peligro, al menos esta vez.
Reconocí la voz de Cecil, y una pequeña parte de mí, quizás la que seguía media dormida, se preguntó si ese chico había superado la necesidad biológica de dormir. Yo me había rendido ante Hipnos a eso de las tres de la mañana, mientras el hijo de Hermes me relataba una impresionante historia que incluía lava, una lanza con una cuerda, una broma y un pequeño grupo de chicos de Ares.
La cortina beige se mecía de adelante hacia atrás en un vaivén interminable. Si quería mantenerme despierto, debía lograr que mi adormecida mente se centrara en detalles como ése. Adelante, atrás.
No logré reconocer inmediatamente la otra voz, pues los susurros alteraban su alegre timbre característico, pero luego me di cuenta de a quién pertenecía: Will Solace. También oí mi nombre.
—...Nico—dijo Cecil—. Yo sé que te gusta, hermano.
—Dioses, no inventes. Pasas demasiado tiempo con los hijos de Afrodita.
Adelante, atrás.
Me sonrojé. ¿De qué hablaban, literalmente, a mis espaldas? debí enojarme, interrumpir, o salir de allí. Evitar escuchar. Lo que hice fue seguir fingiendo.
—¡A él le gustas!
—Por supuesto que no. Cecil, lo conoces hace... ¡unas horas!—protestó en susurros el rubio.
—Sí, y ya me di cuenta de lo que siente por ti. Ahora, si alguno de los dos supera la etapa de negación, podríamos...
—No hay nada que superar—Will sonaba molesto. Yo miraba la cortina. Adelante, atrás—. Escúchame bien, Cecil. Nico di Angelo no siente nada por mí—dijo, casi deletreando las palabras—. Y yo jamás sentiré nada por él.
Adelante, atrás.
—¿Porque es un chico?—cuestionó el hijo de Hermes.
—¡No! Porque es... es Nico.
—¿Y qué tiene de malo, eh? te advierto que es mi amigo, y ahora no puedo pararme pero mis hermanos te darán una patada si se los pido.
—¡Yo soy tu amigo!
—Sí. Y di Angelo no ha dicho nada ofensivo sobre ti, y por eso nadie lo ha pateado.
—Yo no he dicho nada malo sobre él—se defendió Will.
A esa altura yo ya estaba completamente despierto. Si aún seguía con la mirada a la cortina, era para tener algo que mirar. Para mantenerme ocupado en algo.
—¿Y entonces por qué dices que jamás podrás sentir algo por él? ¡Nico es tu amigo!
Habían olvidado susurrar.
—¡Claro que es mi amigo, idiota! Yo no tengo nada contra él. Pero es que...—se detuvo, casi pude verlo dudar—es Nico.
Seguía repitiendo eso, como si fuese un escudo. Un disco rayado.
—¡Deja de decir eso como si fuese algo malo!
—¡Es algo malo!
¿Qué?
—¡¿Qué?!
—¡Es algo totalmente malo, es Nico di Angelo, es hijo de Hades!
Quizás siguieron hablando un rato más después de eso. No sé. Dejé de escuchar. Sé que es algo difícil de entender, y que tampoco debería afectarme tanto, pero fue duro. Desde que me habían reconocido, pocas eran las personas a las que no les importaba mi padre divino. Era algo así como un tema un poco delicado.
Los semidioses, de ambos campamentos, me veían como si fuese un asesino. Como si yo, personalmente, me encargara de secuestrar gente y llevársela a mi padre sin discriminación alguna. Nunca sería sólo Nico. Siempre sería "El hijo de Hades". Como si haber nacido fuese un crimen.
Yo no era mi padre, y él tampoco era un mal tipo, en retrospectiva. Pero nadie jamás lo entendía. Nadie intentaba hacerlo. Poco importaba que yo estuviese de su parte porque, desde su punto de vista, en cualquier momento podría saltar sobre ellos y arrastrarlos al Inframundo sin mayores contemplaciones. No soportaba que la gente me tuviese miedo, era ridículo. Era yo el asustado.
Constantemente me preguntaba si alguien, quien sea, intentaría matarme sin previo aviso por el simple hecho de ser quien era. Siempre alerta, esperando un ataque, ocultándome entre sombras y huesos. Quizás nadie notaba lo asustado que estaba porque se ocupaban demasiado en temerme. E irónicamente, es muy probable que eso me haya mantenido con vida.
A veces tenía miedo de mí mismo. En algunas ocasiones no podía controlarme, mataba hierba, descendía la temperatura, y hacía aparecer esqueletos sin proponérmelo. ¿Y si empeoraba? Si mis poderes herían a alguien cercano o a mí mismo, ¿qué haría entonces?
Percy, e incluso Jason se veían nerviosos en mi presencia al comienzo. Finalmente, más tarde que temprano, comenzaron a acostumbrarse y entender que no iba a intentar matarlos de un momento a otro, intentaron ser mis amigos. No, se convirtieron en mis amigos.
Y luego estaba Will Solace.
Él jamás se había asustado de mí, como si no le importara. Hacía bromas, me daba apodos y desafiaba constantemente, me trataba como a uno más. A Will le daba igual si yo era hijo de Hades o del verdulero de la esquina.
Bueno, eso había creído, en ese momento fue claro que no era cierto. Incluso él pensaba que mi existencia era un error.
Pero no había problema. Es decir, ¿por qué lo habría? sólo era uno más. Otra persona que no me quería, ¿cómo podría eso afectarme? ya había cientos, uno más no haría la gran diferencia. No había problema, no había ningún maldito problema.
—¿Nico?
Me senté de repente al escuchar a Cecil hablarme. Will y él me miraban impresionados, y yo debía tener una expresión similar. Estaba a punto de preguntar cómo sabían que estaba despierto cuando me miré. Una increíble cantidad de sombras flotaban a mi alrededor, moviéndose de un lugar a otro, como si esperaran órdenes. Supuse que las había llamado inconscientemente para defenderme. Pero, ¿de qué?
—Nico—Will se acercó con las manos en alto, para intentar calmarme. Se veía abatido—. Eso es muy peligroso, sabes que no...
—¿Peligroso?—lo fulminé con la mirada.
No creo que fuese mi intención, pero las sombras comenzaron a girar a gran velocidad, como si estuviesen furiosas. Formaron una especie de remolino a mi alrededor, que me estaba dejando poco a poco sin energía ni aire, pero sólo permanecí con mi mirada fija en Will. De alguna forma que no me explico, las sombras producían una especie de brisa que movía mi cabello.
—¡Will, sal de aquí!—le gritó Cecil. No parecía estar asustado ni molesto, sólo preocupado.
—¡Pero Nico está...!
—¡Vas a empeorarlo, te juro que yo lo arreglaré, sólo vete!
Will me miró horrorizado. Se lo veía tan culpable que quise disculparme. Suavicé mi mirada y apreté los labios. Las sombras no se calmaban, y yo empezaba a necesitar aire, pero ellas parecían alejarlo.
—Will...—susurré.
—Lo siento, perdóname Nico.
Me hubiese gustado que dijera que no había querido decir aquello, que yo lo estaba malinterpretando o que fue un impulso del momento, pero sólo se fue. Comencé a jadear en busca de aire. Las sombras alejaban varias cosas importantes, como el oxígeno y a Will. Principalmente el oxígeno, creo. Mi mirada comenzó nublarse. Necesitaba respirar, necesitaba ayuda. Intenté llamar de nuevo al hijo de Apolo, pero el aire ya no alcanzaba para eso.
—Nico—me llamó Cecil. Había olvidado que estaba ahí. Lo miré con algo de esfuerzo, sin dejar de jadear—, necesitas calmarte, amigo.
De haber podido hablar, le habría dicho que no era precisamente mi decisión. Se revolvió el cabello de forma histérica mientras se mordía el labio inferior. Estaba preocupado. Las sombras disminuyeron un poco la velocidad.
—Estoy... bien—logré decir. Era una asquerosa mentira. Ambos lo sabíamos. De todas formas él sonrió.
—¡Vaya! le das un nuevo significado a "quedarse sin aliento en presencia de la persona especial".
No era momento para hacer chistes. Quizás el Nico de antes lo hubiese mandado tres metros bajo tierra por bromear en una situación así. Pero no reaccioné como esperaba.
Reí. Reí bastante. Las sombras se fueron. Cecil suspiró y se unió a mi diversión.
—¡Eres un idiota!—acusé, aún riendo.
—¿Nico? ¡Nico!—Jason entró corriendo.
Se veía preocupado. Demasiados rostros preocupados por mi culpa en una sola mañana, y aún no eran las diez. Me revisó como si supiese lo que estaba haciendo. Me tocó el rostro y miró mis brazos, yo sonreía. Suspiró aliviado. Piper, Percy y Annabeth entraron detrás de él.
—Estoy bien.
—Jamás estás bien. No del todo—dijo Cecil.
—Bueno, gracias por el apoyo.
—¡Te ves muy pálido!—exclamó Percy.
Probablemente no me veía tan mal como me sentía. No lo creía posible. Tenía la sensación de que en cualquier momento quedaría inconsciente. Cecil tomó la palabra.
—Demasiadas sombras—informó—, creo que necesitamos la medicina de Hedge, se le ve un poco...
Yo sabía a qué se refería, notaba que nuevamente estaba un poco incorpóreo. Iba a desaparecer por una rabieta, genial. Sobrevivo a dos guerras y muero por depresión. Qué horriblemente típico.
Aún así, mis amigos estaban allí bastante preocupados. Sonreí. Debía intentar hacer un esfuerzo por no morirme. Y si iba a morir que al menos no fuese frente a ellos.
—El chico de Apolo nos avisó—informó Piper—. Dijo que Nico estaba mal y necesitaba ayuda.
—Will Solace—agregó Annabeth—¿lo conoces? es el jefe de su cabaña.
—Es un amigo—dije. Cecil me miró.
—¿Por qué no está él aquí?—Jason frunció el ceño—. Creí que era médico.
—En realidad sólo es un curandero—explicó el hijo de Hermes, como si importara—. No es lo mismo.
—Debe haber ido por sopa. Ya vendrá, no se preocupen.
Aunque dije eso, no estaba tan seguro.
Continuará.
(Sí, éste es mi pobre intento de drama, no soy buena en esto)
Olvidé aclarar en el capítulo anterior que no todos estarán desde el POV Nico, probablemente el siguiente sí, pero luego los habrá desde el punto de vista de Will, Cecil y quizás Lou Ellen. No habrá un orden específico, lo cambiaré según lo crea conveniente, como... como en Carry On (si no han leído Carry On, váyanse) (es chiste, no se vayan, pero lean Carry On) (o no, lo que quieran).
Entonces, ¿detestan a Will? ¿Me detestan a mí? ¡Dejen Reviews!... por favor. Antes no pude responderlos, siempre lo hago, pero esta vez sí lo haré.
Nos leemos por ahí, y que los dioses los acompañen.
