Tercer robo: Espada.

Cecil culpaba a las muletas de casi haberse roto el cuello. Yo culpaba a su torpeza.

Ya había pasado una semana desde la conclusión de los tres días recetados por el hijo de Apolo, a pesar de todo lo ocurrido opté por quedarme en la enfermería un tiempo, considerando los eventos recientes y mi estado, me pareció lógico permanecer allí para curarme. Cecil no volvió a tocar el tema y Will simplemente no regresó. Kayla nos atendió en su lugar, y no mencionó a su hermano en ningún momento, lo cual quizás provenía del hecho de que Cecil y ella habían hablado mientras yo me duchaba.

El tercer día fuimos visitados por Lou Ellen. El hijo de Hermes y ella charlaron, bromearon y rieron, y fue bastante obvio, hasta para mí, que ese par se gustaba mutuamente. Pude utilizarlo como material de bromas para fastidiar a Cecil. Él no respondió con insinuaciones sobre Will. Casi hubiese preferido que lo hiciera.

Y sé que parece una locura, pero una vez que me dieron el alta, no me mantuve para nada alejado de la enfermería ni de Solace, independientemente de lo que él hiciera cuando nos cruzábamos por ahí. Cecil estaba en rehabilitación, y no fue hasta entonces que se me ocurrió preguntarle por qué nadie le había dado Néctar y Ambrosía en todo ese tiempo.

—Acabamos de superar una guerra—contestó él, arqueando una de sus cejas—, obviamente lo reservarían para los heridos que más lo necesitan.

Cada tarde, acompañaba al hijo de Hermes para que hiciera sus ejercicios diarios. Cecil odiaba con todo su semidivino ser las muletas. Solía quejarse porque él quería una silla de ruedas, que no requería tanto esfuerzo ni implicaba tropezar cada cinco minutos. Yo sólo le decía que era un perezoso.

Esos días, solía encontrarme con Will Solace a menudo, mientras él corría de un lado a otro con suministros y yo paseaba por allí. Sé que parece que mi intención era cruzarme con él. Pues es cierto, lo era. Pero Will huía como si yo fuese uno de esos monstruos raros que por alguna razón insisten en matarnos, y ni siquiera se dignaba a ignorarme en toda regla, pues solía balbucear algún tipo de excusa para salir de allí. Ahora, claramente, yo no lo buscaba para arreglar las cosas, charlar o quejarme, simplemente quería lo que era mío.

Will aún se paseaba de un lado a otro con mi espada en su cintura.

Y esa era la principal razón por la que Jason me estaba dando una linda paliza en el entrenamiento.

La espada que había tomado del cobertizo no servía. Al menos, no para mí. Yo quería mi estúpida arma y Will no recordaba dármela. El romano notó que algo andaba mal cuando finalmente lancé la espada lejos y lo ataqué con mi cinturón de cadena. Era sorprendentemente útil para bloquear ataques, pero Jason reparó en que no tenía mi arma habitual.

—¿Dónde está Estiggy?

Yo fruncí el ceño, relajando los brazos. Quizás bloquear espadazos con una simple cadena no era bueno para mis articulaciones.

—¿Estiggy?

—Ya sabes, hermano, tu espada. Es que... Hierro Estigio...

—¿Llamaste a mi espada Estiggy?

—Bueno... con ayuda de Percy.

Dioses, no. Definitivamente no quería ahondar más en el tema. Siempre supuse que hablaban de estupideces, como comida azul y tormentas eléctricas, pero no fue hasta entonces que se me cruzó por la cabeza la posibilidad de que hablaran de mí—o de mi espada—. Decidí pasarlo por alto.

—Estiggy está en algo así como unas vacaciones involuntarias—expliqué.

—¿Qué?

—Voy a recuperarla, y te haré puré, Grace.

Aproveché la rehabilitación de Cecil para ir a la enfermería, como siempre. En el camino, él me habló de una broma que hicieron junto a Lou Ellen y sus hermanos. Yo tenía varios cortes y raspones por todas partes gracias a Jason, pero no esperaba que nadie me atendiese, sólo quería acompañar a Cecil, y muy a mi pesar, estaba deseando hablar con Will. Dejé a mi amigo con algunos chicos de Apolo a los cuales ya me había familiarizado, y que incluso solían saludarme, y partí para buscar al ladrón de Estiggy.

Pedí indicaciones. Kayla me comentó que su hermano estaba en la parte trasera, ordenando el almacén, y se ofreció a tratar mis heridas, pero me rehusé.

En el almacén, que era un cuarto de madera separado del resto de las instalaciones en el que únicamente se encontraban cajas y estantes repletos a más no poder de medicamentos, vendas, y demás basura médica y potencialmente peligrosa según mis conocimientos, estaba Will. No reparó en mi presencia y yo simplemente me acerqué.

Tengo que admitir que verlo era doloroso, al comienzo por lo que había pasado, y luego por cómo le había afectado a él. Ya no sonreía sinceramente, curvaba sus labios, pero sus ojos delataban su cansancio. No cantaba, no silbaba ni tarareaba, no hacía bromas, simplemente ya no era Will Solace. Saber que yo tenía que ver con eso, aunque no era mi responsabilidad, me dolía. Me enfermaba tenerle compasión cuando él de verdad me había lastimado. ¿No era yo la víctima? porque me sentía como si tuviese que disculparme, y no sabía por qué.

Will sostenía una libreta verde y en ella iba anotando lo que tenía y lo que le faltaba. Su mirada era monótona, aburrida, y sus movimientos eran automáticos. Me sentía culpable por hacerlo sentir culpable. Y me enojaba conmigo mismo por ello. Sabía que quizás no habría dolido tanto si no fuese por mis inapropiados sentimientos hacia él. Y definitivamente eso no era su culpa, pero ¿acaso era mía?. Como fuere, no quería ser su amigo, y él me había dejado claro que tampoco lo quería, de modo que sólo había una salida: olvidarlo.

Lo llamé, y él volteó, asustado al no haber reparado anteriormente en mi presencia.

—¡Nico!—chilló, como si yo no supiera—¿Qué... qué haces aquí?, estás lastimado

Iba a decir que no, que quería mi espada y que podía irse al cuerno, pero tomó mi brazo y comenzó a examinar mis rasguños. La libreta cayó, la espada estaba en su cintura, sus ojos me analizaban con interés profesional. Yo quería salir corriendo.

—Estoy bien.

—Esa es la mentira más frecuente del mundo—resopló.

Se dio la vuelta sin soltar mi brazo y tomó un desinfectante de una caja de cartón, además de unas vendas y trapos limpios. Comenzó a trabajar, ya no se le veía nervioso. No era el mejor curandero del campamento por nada, él actuaba bien bajo presión. Me pregunté si yo lo estaba presionando.

Todo era tan silencioso, y el líquido ardía en mi brazo. Quería que me mirara, él no quería hacerlo. Suspiré. Dolía.

—Siempre eres tan sigiloso—murmuró sin dejar su labor—, de verdad me asustaste.

—Bueno, soy un hijo de Hades. Es lo que hacemos—solté con desdén.

No supe si el comentario le sentó tan mal como a mí mismo, pero hizo una mueca como si le hubiese golpeado. Comenzó a vendar mi brazo.

—Mira Nico, yo...

—Ahórratelo—interrumpí—. No me interesa, sólo quiero a Estiggy.

Él me miró por primera vez, su rostro era de incredulidad.

—¿Qué...? ¿Quién es Estiggy?

Me sonrojé, juré golpear a Jason.

—¡No quién, qué! Es la espada.

Su rostro se relajó, aunque aún arqueaba una de sus cejas. Casi pude divisar su alivio al saber que no acababa de decirle que sólo quería a otra persona. Decidí pasarlo por algo, ¿qué más daba? No te hagas ilusiones, me dije, aunque la voz sonaba como la de Minos, sólo eres el hijo de Hades.

Will cortó la gasa con sus dientes—un método muy poco ortodoxo, pero finalmente efectivo cuando se improvisaba, como en este caso— y acabó su trabajo, mientras se incorporaba ligeramente tambaleante, y fue hasta entonces que noté que había estado arrodillado, en el piso que no era mucho más que una lisa plancha de cemento, y que por experiencia aseguro no es un lugar que tus rodillas amarían para descansar. Me quedé mirando sus ojos, y fruncí el ceño.

—¿Y bien?

—¿Qué?

—¡Mi espada!

Will miró a Estiggy y toqueteó la empuñadura, luego me dirigió una miradita de reojo.

—No voy a dártela—concluyó.

Iba a protestar, pero salió corriendo, mientras yo me preguntaba a qué dios había molestado tanto como para merecer que el chico que me gustaba secuestrara mi espada.

Cuando le conté a Cecil y Lou lo ocurrido, mientras descansábamos en los frutillares sentados en el suelo, él simplemente se limitó a asentir muy serio.

—Will está siguiendo mis pasos, me enorgullece.

Le di un puñetazo en el hombro. Lou Ellen hizo lo mismo, ya que él estaba en medio de los dos.

—Me sorprende lo idiotas que son los hombres—protestó ella, jugando con un llavero en forma de cerdito, el cual ni siquiera contaba con una llave, pero que insistía en llevar a todas partes.

—En realidad, somos tan listos que las mujeres no lo comprenden y piensan que es idiotez.

—¿Estás insinuando algo, Cecil?

Aunque su voz era dulce, era sabido que si hacías enojar a Lou Ellen—en especial con comentarios machistas, que simplemente la sacaban de sus casillas—, te arrepentirías largo rato.

Pólux, el hijo de Dioniso, caminaba entre las plantas, por lo que las frutillas crecían y se movían buscando la luz del Sol. Me distraje mirándolas mientras Cecil suplicaba por su vida. Tomé una y me la llevé a la boca, pensativo.

—Buscando la luz del Sol—susurré, degustando la dulce fruta.

Me pregunté si eso era lo que estaba haciendo, buscando en Will algo que me ayudara a sobrevivir, y ser más fuerte. Si acaso era algo que necesitaba para no convertirme en un charquito de oscuridad, o si simplemente me sentía atraído por su luz, como una estúpida mosca que vuela hacia su perdición sin mayor motivo, y sin arrepentirse.

Decidí dejar las analogías, me estaban deprimiendo.

Y de todas formas la frutilla estaba buena.

—Entonces—interrumpí antes de que Lou cometiera un asesinato y yo tuviese que encargarme del rito funerario de Cecil. Honestamente, ese día no estaba de humor para quemar cadáveres—, ¿por qué creen que Solace no quiera darme mi espada?

Lou tomó una frutilla también.

—Como una excusa—propuso—, algo para hablarte luego.

—Realmente, no parecía muy feliz de tenerme allí.

—Tú no pareces muy enamorado, y sin embargo...

—Cállate.

Ellos eran los únicos que lo sabían. En determinado momento, consideré explicar la situación a los chicos del Argo II, pero decidí que eso no era muy bueno para la salud física de Will. Ni para la mía, mentalmente hablando.

—Quizás le gusta tu espada—propuso Cecil.

—Basta—dijo Lou, frunciendo el ceño—. En serio, cállate. Por Dios.

Ella solía maldecir como mortal, aunque llevaba en el campamento muchos más años que yo. Sólo hablaba como el resto de nosotros cuando verdaderamente estaba muy enojada. Yo nunca la había visto así, pero circulaban rumores. O eso dijo Cecil.

—Como sea—interrumpí—, al Hades con Will, necesito mi espada. Tendré que meterme en su cabaña y tomarla mientras duerme si no se nos ocurre nada.

—Pervertido.

—¡Cecil, cállate!

No recuperé mi espada hasta el invierno. Lo que fue básicamente unas semanas después.

(Luego de los muy variados comentarios de Cecil, definitivamente no iba a meterme en la cabaña 7).

Yo estaba cepillando mis dientes cuando Lou Ellen fue a buscarme. Habría una reunión en la Casa Grande y yo debía ir, obviamente, porque era el único en mi cabaña. Su tono de voz sonó tan urgente que olvidé enjuagar mi boca. Corrimos.

Allí estábamos nosotros dos, Quirón, Will, Connor, Clovis y pocos más, debido a las fechas. La mayoría de las cabañas estaba vacía. Era invierno, al fin y al cabo.

Will me miró, me sostuvo la mirada unos segundos y luego volvió a voltear hacia la mesa. Tomó una galleta. Él llevaba un suéter celeste, y mi espada estaba en su cintura. Mi espada siempre estaba en su cintura. Yo era tan vulnerable. La menta en mi boca ardía. La mantuve cerrada, repasé mis dientes con mi lengua. Debía estar tranquilo, si lo mataba, luego me regañarían. Probablemente.

Últimamente, lo único que pensaba cuando lo veía era que quería matarlo. Quizás sí me entregaría a Estiggy en su lecho de muerte.

Quirón carraspeó, el leopardo sobre mí bostezó, Clovis rió entre sueños.

—Chicos, lamento haber interrumpido sus actividades tan temprano—comenzó el centauro.

Jamás sabía qué pensar de él. Según Percy, lo primero que dijo al saber que escapé a los diez fue "Espero que lo haya devorado algún monstruo". Annabeth le dio un codazo esa vez, y me explicó que estaba fuera de contexto. Había muchas cosas que lo estaban. Quizás también las palabras de Will. Quizás. Connor sonrió.

—No interrumpiste a Clovis.

El chico de Hipnos se removió, pero no despertó.

—Como sea... Todos ustedes deben estar conscientes de que la economía del campamento depende de las frutillas que enviamos a todo el país.

Frutillas. Cecil las odia. ¿Por qué los semidioses sobrevivimos a base de frutillas? Por Dios. (Lou me contagiaba su forma de hablar, a veces).

—El caso es que un cargamento con camino a Los Ángeles no podrá llegar. Argus está varado en el camino y necesita ayuda.

—¿Esto es una misión?—Lou arqueó una de sus cejas a mi lado—¿Salvar frutillas?

—Y a Argus, sí. Él es fuerte, pero no podrá soportar muchos ataques seguidos. Y a los monstruos les gustan las frutillas.

Honestamente, ¿frutillas? Había algo raro.

—Debería ir yo—propuso Nyssa—, para reparar el camión.

Quirón se removió, cosa que podía hacer sin tirar nada, pues estaba en su silla de ruedas mágica.

—Por fortuna—lo dijo como si fuese una terrible desgracia—, los dioses nos han ayudado y han decidido a los integrantes de esta misión—miró a Connor—. Tu hermano Cecil debe ir.

Cecil ya estaba curado, se habían hartado de sus quejas y le dieron Ambrosía unos días después.

—¿Cecil?—el hijo de Hermes arqueó una ceja—, él es algo así como lo último que yo enviaría si hay algo que reparar, pero ¡hey!, será su primera misión—finalizó sonriendo, luego comenzó a comer y pareció distraerse.

—Will, tú también.

—¿Qu...? ¿yo?—el rubio miró alrededor como si hubiese otro Will detrás de él.

—Lou Ellen, tú irás, y—me miró. Me miró como si yo fuese una desgracia— también debe ir Nico.

—Pero seremos cuatro—se me ocurrió decir.

—Los dioses han hablado.

Los dioses siempre fastidian. Me mandan con mis dos amigos y mi unilateral amor adolescente a la misión más estúpida de la vida. Comenzaba a envidiar al leopardo. Cuando salíamos, Will me dio mi espada sin mediar palabra ni mirarme siquiera. Suspiré, ya solo, y sosteniendo a Estiggy después de mucho tiempo.

—Los dioses han hablado...

Continuará.

Puf, siento este capítulo de transición, pero era necesario... creo. Ya mejorará con el tiempo, espero. El siguiente será POV Cecil, probablemente, y ya veremos cómo les va a estos chicos... y por qué los dioses los quieren en una misión sobre frutillas. Dejen Reviews con teorías :D o con lo que quieran, dejen Reviews, por favor :')

(Aclaro que los chicos del Argo II no están porque es Invierno... dah)

Nos leemos por ahí, y que los dioses los acompañen.