Cuarto robo:Presencia.
Cecil.
La primera misión en mi vida y ni siquiera soy el protagonista de la historia. Típico. Bueno, tampoco quería ser recordado como "Cecil, el que recuperó las frutillas", de modo que decidí que no todo estaba tan mal.
Pero claro, todo sí estaba tremendamente mal.
Si alguien se le ocurre una situación más incómoda que ir en una 4x4, en los asientos traseros, junto a la chica que te gusta y tu mejor amigo, mientras en la parte delantera está tu otro mejor amigo y su chofer zombie francés, Jules-Albert, y que nadie se hable porque absolutamente todos—salvo quizás el zombie—tienen dramas románticos, pues que me lo diga, porque no lo creo posible. Sólo... no.
Y por si fuera poco, la radio de la camioneta estaba pasando una horrible y muy melosa canción romántica.
—Dioses, Nícolas, apaga la radio—pedí. Nico lo hizo, Will frunció el ceño.
—¿Te llamas Nícolas?
—En realidad no.
Di Angelo había insistido en que dejara de llamarlo así "mi nombre es Nico", decía, pero era genial ver cuánto le molestaba. Todo estuvo de nuevo en silencio, lo que me estaba volviendo loco, así que carraspée en busca de atención.
—Así que... tu conductor es Jules-Albert.
—Sí.
—Jules-Albert de Dion.
—Ajá.
Y ya. Nico no era muy agradable cuando Will andaba cerca. Lou Ellen me salvó de esa.
—Escuché que Piper y Jason volverían por la Navidad.
Nico se relajó, considerablemente, de forma literal pude ver cómo se alejaba la tensión de todos los músculos de su espalda.
—Sí... sí, el Campamento Júpiter es un buen lugar para pasar Navidad, según Hazel, pero los chicos del Argo II han decidido pasarla en nuestro campamento este año.
Me gustaba como sonaba "nuestro" en la boca de Nico. Él al fin se consideraba parte de algo...¿qué? es mi amigo.
—¿Crees que la pretora venga?—pregunté.
—¿Reyna? Sí, dijo que sí. Aunque espero que no traiga a sus perros—murmuró. A él le ponían nervioso. Supongo que miente más que la mayoría, o al menos, así era.
—Volverás a ver a Percy—canturreó Lou. Will se tensó a mi lado. Buena jugada.
—¿Y qué?
—No sé. Es lindo.
—Quizás Annabeth se moleste.
—Nah, nos llevamos bien.
Claro que lo hacían, ambas eran feministas. Creo. Solace seguía sin relajarse. Y seguía sin hablar. Se llevó la mano a la cintura, como de costumbre, pero allí ya no había espada alguna con la cual jugar. Bajó la mirada.
—¿Por qué tenemos que estar nosotros en una misión así?—preguntó.
No supe si lo decía desde un punto de vista estratégico, o como si le pidiese una explicación a los dioses por su crueldad. Nadie respondió. Estaba amaneciendo, hacía frío y la nieve se amontonaba a los lados del camino. Los dedos de Will tambolireaban nerviosos en su regazo, mientras él miraba aburrido hacia el exterior y toqueteaba su cinturón con la otra mano, donde solía llevar la espada de Nico. Lou jugaba con su collar, enrredándolo entre sus dedos una y otra vez, mirando hacia adelante. Cuando se concentraba era tan lin... Ejem. A Nico no podía verlo correctamente, porque él estaba en el asiento del copiloto, pero no llevaba a Estiggy—¡así dijo que se llamaba!—en el cinturón como antes lo hacía. La sostenía con sus manos entre sus piernas, como si quisiera clavarla en el piso del auto. Y el chofer... bueno, tener a Jules-Albert de Dion allí era muy perturbador, así que decidí no mirarlo.
¿Will estaba tarareando? Oh, dioses, esperaba que no se pusiera a cantar.
Me gustaría quejarme por lo aburrido de la situación, pero siendo un mestizo, incluso yo agradezco la paz mientras dura, y tenía el presentimiento de que no sería por mucho tiempo.
—¿Y desde cuándo envían frutillas a Los Ángeles, de cualquier forma?—siguió Will—. Está muy lejos, y yo no sabía que Argus fuese quien...
—Salgan del auto—dijo Nico.
—¿Qué...?
—¡Will!
—¡Yo no dije nada!—se defendió el rubio—. Di Angelo, ¿cuál es tu...?
—¡Salgan del auto!
No entendí que lo decía en serio hasta que abrió la puerta y saltó, con el vehículo aún en movimiento. No me detuve a ver al pobre Nico rodando por el suelo, me desabroché el cinturón, tomé la muñeca de Lou antes de que lo siguiera y la atraje a mí. Entonces salté. Me gustaría haber podido pensar en el motivo para hacer tal cosa, pero lo único en lo que se enfocaba mi mente mientras rodábamos por la nieve, era en lo doloroso que resultaba, en lo frío que estaba todo, y en el hecho de que estuviese abrazando a Lou Ellen, aunque fuese en una circunstancia poco agradable.
Ella se incorporó rápidamente, arrodillada en la nieve y con el cabello revuelto. Me ayudó a sentarme—Lou apenas tenía unos razpones, yo había sufrido la mayoría de los golpes—, y giró su cabeza en varias direcciones rápidamente.
—¿Will?—llamó—¿Nico?
—Aquí.
Di Angelo se acercó corriendo a nosotros. Le sangraban las manos, y tenía heridas en el rostro, además, su ropa estaba rasgada y mojada por la nieve. Su cabello era un caos. Había colocado a Estiggy en su cinturón antes de saltar, y parecía haberse cortado con ella en el abdomen, pero no le daba importancia—o no lo había notado—. La hija de Hécate corrió hasta él y lo sostuvo por los hombros para asegurarse de que la situación no era tan grave. Yo aparté la mirada.
Sabía que a Lou Ellen le gustaba Nico di Angelo.
Quizás era el hecho de que, cada vez que me veía, lo primero que hacía era preguntar por él. O el que siempre me golpeara, mientras que a él le sonreía la mayor parte del tiempo. O la decepción que mostraba su rostro cuando yo le decía —aunque no fuese cierto— que Nico estaba ocupado. O la expresión que—oh, dioses, jamás olvidaré esa cara, me dolió hasta a mí— se instaló en su rostro cuando le contamos los sentimientos que di Angelo tenía hacia Will Solace.
En la enfermería, Nico había bromeado sobre lo obvios que éramos ambos. Quizás yo sí lo era, me gustaba Lou, no había problema, esa parte la había deducido bien. Pero ni siquiera se le había cruzado por la cabeza que el interés romántico de ella no era yo, era él. Era sólo él.
Momento, ¿dónde estaba Will?
—¿Will?—pregunté—¿Saltó del auto siquiera?
Nico tragó, mirando hacia la camioneta que seguía bajando por la colina. Me pregunté si el zombie seguía allí. El hijo de Hades tomó su espada y comenzó a caminar.
—Eso espero—murmuró—¡Solace!
Ya no era Will, al menos para Nico, era Solace. La 4x4 se estrelló contra un árbol (ja, cliché) después de derrapar, quizás por la ausencia de un chofer muerto para maniobrarla. Lou se quitó su mochila y tomó uno de los cachibaches mágicos que tanto utilizaba, siguiendo al azabache rápida y sigilosamente. Pensé en permanecer allí acostado, pero dudé que autocompadecerme fuese a servir, por lo que, suspirando, tomé mi daga y busqué a mi rubio amigo con los demás.
—¿Y por qué saltamos, de cualquier forma?—cuestionó Lou.
—N...No lo sé. Sentí algo.
—¿Crees que había algún fantasma en el auto?
—No. Digo, por lo general puedo ver a los fantasmas, y además no son peligrosos. Esto fue diferente. Era cómo...
Hizo una mueca. Claramente, sabía lo que había sido.
—¿Lo suficientemente diferente como para saltar de un vehículo en movimiento?—pregunté sonriendo, mientras usaba mi daga para apartar unas plantas extrañas de por allí.
¿Que si Will podía estar entre las plantas? pues era poco probable, pero yo estaba frustrado y tenía ganas de fingir que era útil.
—¿Dónde puede estar? ¡Sería imposible que no lo viésemos!
—Temo...—Nico bajó la mirada, dando golpecitos al suelo con su pie—. Creo que ya no está aquí. No puedo sentirlo.
—¿Se lo llevaron?—preguntó Lou horrorizada.
—¡¿Puedes sentir a la gente?!—ese fui yo. Fascinado.
Vamos, ahora van a decirme que eso no es genial.
—Puedo sentir a los hijos de Apolo, son muy... brillantes.
Lo dijo como si "brillantes" fuese algo similar a "apestosos". Y yo no iba a ser quien se lo discutiera.
—Y ¿qué hacemos? ¡No tenemos idea de dónde buscar, pero no podemos abandonarlo!—señaló Lou Ellen.
—Yo tengo una idea. Pero debemos esperar, y tendré que ir solo.
Decidimos quedarnos allí, de todas formas no había una sóla persona en kilómetros y la camioneta ya no nos llevaría muy lejos. Lou utilizó su magia para encender una fogata, y yo me estaba congelando, por lo que me acerqué a ella y me senté junto al fuego. Comimos unos sandwiches que la hija de Hécate llevó—ella piensa en todo, siempre—, mientras Nico caminaba de un lugar a otro murmurando cosas ininteligibles, como un anciano histérico que está molesto porque la programación de la radio es basura. Nico siempre tenía gestos de anciano, de cualquier forma, y no lo culpo, sabiendo que él era una especie de Capitán América muy sombrío.
Él no tocó su comida, por lo que Lou Ellen se molestó, y yo me deprimí, de nuevo.
—¡Nico di Angelo, no sé dónde está Will, pero no podrás salvar a tu novio si te matas de hambre!
Ella hacía ese tipo de bromas, que molestaban a Nico y le dolían a ella misma. Como si estuviese tratando de convencerse, de lograr que le entrara en la cabeza y se quedara allí. Supuse que yo debería intentar hacer lo mismo.
—Por Hermes, ustedes parecen una pareja discutiendo—apunté.
Auch. Dolió. Al diablo con superarlo, no volvería a decir nada por el estilo. Nico frunció el ceño.
—Comeré cuando vuelva, lo necesitaré. Guarden algo para Will.
—Pero, ¿dónde está? ¿Adónde vas?
Él miró el cielo, estaba finalmente anocheciendo, por lo que suspiró, y antes de desvanecerse en las sombras, se limitó a responder.
—A casa.
Y se fue. Debía recordar sugerirle que se uniera al grupo de teatro, porque el chico era dramático. Lou se quedó un largo rato inmóvil, mirando el lugar en el que momentos antes se encontraba el Chico Muerte. Finalmente, exasperada, pateó una piedra y gritó de frustración, para después acercarse murmurando maldiciones—maldiciendo como semidiosa, la cosa era seria—, y sentarse a mi lado furiosamente. Yo suspiré.
—No tiene caso molestarse—dije con precaución—, Nico está acostumbrado a trabajar solo. Si al final consigue traer a Will, no habrá problema.
Ella bufó, mirando el fuego. Dirigí mis ojos al mismo lugar, jugueteando con una rama y sintiéndome un estúpido, y un cretino, y un traidor. ¿No estaba preocupado por Will? pues al Tártaro con mis problemas románticos. Pero cuando pensaba eso, me sentía impotente por no poder hacer mucho más que esperar. Así debía sentirse Lou. O quizás estaba pensando en lo ansioso que se veía Nico por la desaparición de Will. Fruncí el ceño, ella no podía ser tan egoísta, ¿o sí?.
—Pero somos un equipo—murmuró.
—Te gusta Nico, ¿verdad?
Dioses, no sé de dónde salió eso. Era como esas veces en las que piensas en algo, te hacen una pregunta, y respondes lo que tenías en mente aunque claramente no hay relación alguna. Detuve mis manos—estaba jugando a quemar la punta de la ramita y luego apagarla en la nieve— y me mantuve estático, procesando mis propias palabras. Ella me miró, pero yo no voltée.
—¿Qu...?
—Es que—apreté los labios, ¿de qué serviría? de todos modos, ya sabía la respuesta. Aún así...—sé que te gusta Nico, pero yo...
Pero yo... ¿yo qué?. Dioses, ¿por qué no aparecía ningún monstruo con intenciones asesinas? dioses, dioses, dioses. Padre, envíame algo que me mate. Una Hydra, algunos grifos, lo que sea.
—Yo estoy...—susurré. No estoy seguro de si realmente podía escucharme. La miré, era claro que estaba reteniendo las lágrimas.
—Sí...—dijo—... me gusta Nico.
Me callé.
Continuará.
Ash, esto no quedó bien. Ejem, creo que es muy obvio adónde va Nico, el asunto es por qué ¿no? y me gusta crear suspenso barato. Oh, y por si no lo captaron, el robo es Presencia porque bueno... Will ya no está, robó su propia presencia, ¿entienden? *le tiran un tomate*. Escribí todo esto a último minuto, porque en caso de que no fuese obvio, estoy tratando de actualizar los miércoles y los sábados. Bueno, ya veremos si el siguiente lo hago con más tiempo (y mejor) porque ¡se viene el POV Will, damas y caballeros(suponiendo que haya caballeros)!
Nos leemos por ahí, y que los dioses los acompañen.
