Séptimo robo: Beso
Will
Desperté con una bufanda alrededor de la cara.
No negaré que al menos mi rostro estaba cálido, pero estaba bastante seguro de que las bufandas no se usaban de esa forma, además de que experimenté un instante de pánico al no poder ver nada ni respirar con normalidad. Y la prenda olía como a tierra. Tosí, apartándola de un tirón.
No me costaba demasiado adaptarme a la luz, aún después de haber dormido quien sabe cuánto tiempo, y lo primero que vi fue a Nico. Dormido. Luego a Cecil, que descansaba junto a él, tenía los ojos hinchados y el rostro rojo, como siempre que lloraba—Cecil es realmente un chico alegre, y no es fácil hacerlo llorar, pero tampoco es del tipo que se contiene si se siente mal—, además de que se abrazaba al brazo de Nico como si fuese un osito de peluche. Tenía el cabello revuelto, como de costumbre, pero una pequeña parte estaba algo aplastada, como si la hubiese alisado demasiadas veces. Fruncí el ceño.
—Cecil... Cecil, despierta... idiota, reacciona, suelta a Nico, por todos los dioses.
Hizo una mueca y se desprendió del brazo de di Angelo, bostezando. Me miró desorientado.
—Amigo, dejarme dormir no es ningún crimen, sa...—de repente amplió los ojos, despertando finalmente, y me abrazó—¡William! ¡Dioses, gracias a quien sea, estás bien!
—No me digas William—aunque me dolía absolutamente todo el cuerpo y por alguna razón estaba lleno de moretones, me las arreglé para devolverle el abrazo.
—¡Debe ser sólo cuestión de tiempo para que Nícolas...!—se calló, borrando su sonrisa, y miró al chico, aún en el piso y sin moverse para nada—Oye, ¿está... estará bien?
Miré a Nico también. Apenas podía decir si realmente estaba respirando o no, estaba exageradamente pálido y no tenía ningún tipo de expresión. Justo como un muerto. Pero seguía vivo, yo... aún podía sentir vida en él, como el calor que emite una vela, pequeño, pero notorio si te acercas lo suficiente. Le toqué la frente. Estaba helado.
—Claro que estará bien—dije—, él... aún no me ha matado, así que tiene que despertar.
—¿Qué? ¿matar?
Lo miré, arqueando una ceja.
—La profecía. Amigo, no me digas que no la recuerdas.
Justo cuando pareció que Cecil logró entender lo que decía, Lou Ellen se acercó a nosotros por detrás de algunos árboles. Al verme, su expresión abatida cambió por una de felicidad y corrió hacia mí con los brazos extendidos.
—¡Will!
Cecil se unió al abrazo sin dudarlo, riendo de nuevo. Ahí estaban mis dos mejores amigos en el mundo, y yo seguía vivo por alguna razón inexplicable. Todo parecía estúpidamente perfecto, aunque estábamos en medio de una misión, no teníamos transporte, todas nuestras cosas se habían perdido y yo me sentía físicamente al borde de la muerte. Nada de eso me importaba, me daba igual. Pero junto a mí, en el piso, seguía tirado e inconsciente un pequeño hijo de Hades. Suspiré.
—Siento haberlos preocupado chicos.
Les conté lo que pasó, y ellos me dijeron que la noche anterior ambos, Nico y yo, habíamos aparecido rodando por la colina, ya sin consciencia.
—Pero en serio—dijo Lou, jugueteando con unas moras que había estado recogiendo y que nadie tocaba porque tenían pinta de ser venenosas—, por muy Minos que sea, ¿desde cuando los fantasmas pueden hacer desaparecer a la gente?
—No lo sé—admití—. No recuerdo mucho, realmente me desmayé luego de saltar del auto, pero... se sintió... después de eso me sentí un poco como si fuese un Viaje Sombra.
—Los fantasmas no pueden hacer esas cosas—intervino Cecil, sentado junto a Nico y tocando su frente cada tanto para comprobar que seguía vivo—. Nícolas nos dijo que pueden hacerlo las criaturas del Inframundo. Como esos perros raros, él, y el propio Hades. Probablemente algunos más. Minos es humano, bueno... era.
—Es posible que recibiera ayuda—propuso Lou.
—¿De quién, de Nico?—preguntó Cecil a modo de broma. Yo no intenté negarlo, y Lou tampoco. El hijo de Hermes nos miró—... No bromeen, obviamente no fue Nico.
—Claro que no fue Nico—concordó ella finalmente—. No pudo serlo. Por más enojado que estuviese, él no iba a intentar matarlo... ¿verdad?
—La profecía—les recordé.
—¡Él no está tratando de matarte!
Cecil se levantó molesto, sin hablar realmente pero gesticulando como idiota y pateando los restos de la fogata, quizás refunfuñando algún insulto dirigido a mi persona. La hija de Hécate apartó la mirada, con expresión culpable. Probablemente por dudar del chico que ahora estaba casi muerto por ir a salvarme, me sentí así también.
—Sé que no lo haría—murmuró Lou—. Es que... no sabemos qué hizo Nico después de saltar del auto, así que pudo tomar a Will, llevárselo y volver. Y eso explicaría por qué ahora está tan mal. Si hizo el doble de viajes de los que pensamos, entonces...
—¡Por todos los...!—Cecil pasó sus manos por su propio rostro sin ningún tipo de delicadeza, completamente exasperado—¡¿Y qué ganaría con eso, visitar a su padre?! ¡Sé que ustedes dos no quieren aceptarlo, pero él—señaló al chico inconsciente— está realmente enamorado de Will! ¡mucho! ¡y yo realmente no puedo creer que ustedes estén considerando seriamente que pudo hacer algo para lastimarte!
Lou Ellen se levantó también, para encarar a Cecil.
—¡¿Y entonces qué propones?! Yo tampoco quiero que eso sea verdad, pero es lo único que...
—¿Y qué pasa con Minos?—preguntó él—¡Todo esto empezó porque Nico sintió su estúpida presencia!
—Eso es lo que él dijo, pero...
—No saltó de un auto en movimiento por un estúpido amor no correspondido, y si es el caso, ¿qué debería hacer yo?
Eso fue suficiente. Lou Ellen cerró la boca automáticamente, desviando la mirada. Me pregunté qué demonios había pasado en mi ausencia. Quizás Cecil finalmente se había declarado, aunque aparentemente no obtuvo los resultados que yo supuse. El hijo de Hermes sonrió con ironía.
—Increíble. Parece que eres un imán de idiotas paranoicos, Chico Muerte.
Nico obviamente no estaba en posición de responder. En parte porque estaba desmayado, y en parte porque él era el idiota más paranoico que alguien haya conocido jamás.
—Lo siento—dijo Lou—. Tienes razón, no hay forma de que Nico hiciera algo así.
Asentí.
—Nico no lo haría. Me siento estúpido por ser tan desagradecido con él.
—Sí—concordó Cecil—, últimamente estás siendo un cretino de primera. Pero no hay problema si lo entienden, así que si vamos a lo importante, aún estamos en medio de una misión, nuestro amiguito está un poco casi muerto, y no tenemos transporte.
—Nico no está "un poco casi muerto"... eso ni siquiera es gramaticalmente...
—Si es por el transporte—me interrumpió Lou Ellen—, yo creo que tengo un carro con pegasos entre mis cosas.
Cecil hizo una mueca, mirando la mochila de Lou—lo único que ella tomó al saltar— y comenzó a juguetear con su daga como siempre que estaba nervioso.
—No me emociona viajar sobre niebla.
—Y por eso no fue la primera opción—concordó ella—, pero descuiden. Es bastante estable.
—¿Bastante?
—Bastante.
El carro era raro. Ni siquiera quise estar presente cuando Lou lo sacó de donde quiera que lo hiciera, me quedé con Nico. Los pegasos eran Niebla. El carro era Niebla. Todo era Niebla. De repente sentí nauseas... sí, nop, yo tampoco quería subir a esa cosa. Era Niebla, pero en realidad no lo parecía. Era morado, negro y blanco, quizás con detalles verdes—no es que me dedicara mucho a observarlo, si lo hacía me iba a arrepentir—, los pegasos, blancos, y sólo eran dos. Pero no eran reales, es decir...
El siguiente tema a tratar fue a dónde debíamos ir. Sabíamos que estábamos una misión, pero Nico seguía en un estado delicado—quizás—, y ninguno de nosotros tenía ánimos para continuar. Aún así, yo era el mejor curandero del Campamento, por lo que volver allí sería, cuando menos, una inútil pérdida de tiempo. Y Argus seguía sólo, con sus estúpidas frutillas, que aparentemente, eran para los monstruos lo que la comida azul para Percy. Lo que algo nuevo para Lou. Lo que Nico para mí. Súper atrayente, potencialmente peligroso.
(Argus es un tipo fuerte).
Y de alguna forma, nos subimos al carro y comenzamos a volar. Volar no era el problema, siempre he sido bueno con las alturas, pero yo no había subido a uno desde que Annabeth rompió el nuestro en invierno y tuve que hacerme responsable (mis hermanos menores me prohibieron tocar los otros). Lou manejaba—por decirlo de alguna forma—, demasiado concentrada para prestar atención. Cecil procuraba no vomitar porque oh por Medusa, estamos volando en Niebla bastante estable, Nico seguía inconsciente, y yo simplemente estaba sentado junto a él. Yo siempre estaba junto a él, o al menos, debería estarlo.
Subí las piernas al asiento y las abracé, luego apoyé la cabeza en mis rodillas y cerré los ojos. Necesitaba pensar, y no iba a lograrlo viendo a Cecil intentando mantener sus sándwiches en su estómago.
Nico, Nico, Nico, Nico... no podía pensar en algo que no fuese Nico. ¿Estaría sufriendo? de cierta forma, sería mejor que le doliese a que no sintiese nada. ¿Se convertiría en sombra? No. No, dioses, no.
Cualquiera evitaría pensar en cosas negativas. Muchos creen que soy del tipo optimista, y quizás tienen razón. Tengo esta teoría de que, si piensas en una posibilidad, entonces ésto no ocurrirá, sólo porque al cosmos o lo que sea—a las Moiras— le gusta contradecir a la gente. Por eso, es este tipo de circunstancia, lo mejor sería pensar que sucederá lo peor. Es lo único que puedes hacer cuando te sientes impotente.
Quizás Nico despierte, y me odie. Quizás Nico despierte, y me mate. Quizás Nico despierte, y no quiera verme. Quizás Nico despierte, y no me deje explicarle. Quizás Nico despierte, y no me perdone. Quizás, quizás, quizás.
Quizás Nico no despierte.
Quizás se convierta en sombras. Quizás sólo muera.
Abrí los ojos y lo miré. Inmóvil, pálido, relajado. Helado, como si estuviese muerto... me acerqué y lo miré más de cerca. Le tomé el pulso: estaba allí. Coloqué mi mano en su rostro. Me alarmé.
—N...No está respirando.
—¿Mmh?—preguntó Cecil.
No iba a responderle, por todos los dioses, que yo era médico, tenía que hacer algo, y estaba solo en eso. (Solo con Nico. Tenía que ayudar a Nico).
RCP, entonces. Nada que no hubiese hecho antes. Nada que no pudiese hacer. Nada que no pasara en cada estúpida película cursi del mundo. ¿Podría esto ser más cliché?. Me incliné y uní mis labios con los de él.
Creo que después de eso me moví automáticamente; Nico sabía a menta y chocolate, y estaba frío, y no resfriaba, y Cecil me miraba, boquiabierto y pálido. No sé cuantas veces lo hice, ni cuánto tiempo pasó, pero el hijo de Hermes me tomó de los hombros y me apartó.
—Hey, Will... Basta... ¡Basta!
—¡¿Qué?!—le grité desesperado.
—¡Dime tú, estás brillando!
—¡¿Qué?!—repetí.
—¡¿Qué les pasa a ustedes dos?!—gritó Lou desde la parte de afuera.
Me miré. Dioses, sí estaba brillando. No sólo eso, sino que Nico parecía estar absorbiendo el brillo. Perdí el equilibro. Él parecía respirar de nuevo, parecía que una vez más tenía color. Pero yo empezaba a sentirme mal. No podía detener el resplandor, no podía evitar que Nico lo tomara. Tampoco estaba seguro de estar intentándolo.
De su luz provocará la muerte.
Nico abrió los ojos, y luego todo se puso negro.
Continuará.
Ehhhh... Sí, dije que no publicaría hoy, pero me inspiré, pasaron ciertas cosas y blah blah blah. Pero descuiden, probablemente acabe retrasándome tarde o temprano. Culpen a mi estúpido sentido de la responsabilidad.
Ahora, algo qué decir del capítulo, pues... si no había un beso pronto, sospecho que alguien comenzaría a amenazarme. Y eventualmente todo este cliché tendrá sentido. Creo. Estoy improvisando. Bueno, mañana es mi cumpleaños, así que sean buenas y regálenme un Review(?).
Nos leemos por ahí, y que los dioses los acompañen.
