Décimo robo:Insomnio.
Nico.
Quizás sólo por pasar el tiempo, le comenté la situación a Argus.
Comí frutillas y hablé como si a alguien le interesara escucharme. El jefe de seguridad era silencioso, por lo que, aún si estaba pensando "niño, sólo cállate", no lo dijo, y yo pude desahogarme. Le hablé de todo, su mutismo garantizaba confidencialidad y es simple liberarte cuando sabes que alguien te está escuchando(aunque yo no estaba seguro). Él ni siquiera asentía o me miraba con más de un par de ojos a la vez, nada me indicaba que prestaba atención, pero yo seguí hablando.
Will estaba tendido a mi lado, en la única zona de césped que no se encontraba oculta por la nieve, cubierto por algunas mantas y abrigos, farfullando un monólogo sorprendentemente coherente sobre las propiedades curativas de algunas plantas. Tuve la tentación de apartarle el cabello dorado de la frente, pero no quería tocarlo. Estaba conscientemente evitando el contacto físico, por si acaso eso le volvía a quitar su resplandor dorado, fuese lo que fuese. Aún así, me dije, esto no puede seguir por siempre. Si no comenzaba pronto a pensar en una solución, quizás Solace jamás despertaría. Mi única idea más o menos posible fue descartada por Cecil.
Tres o cuatro ojos de Argus me miraron cuando le expliqué mis intenciones de besar al curandero para despertarlo, mismos que entrecerró con desaprobación. Punto para Cecil, entonces.
Lou y el hijo de Hermes regresaron con un pequeño montón de leña cada uno, riendo y bromeando como de costumbre. Sonreí. Me había parecido que los notaba algo distantes, pero no le di la debida atención gracias a la situación con Will. Al final no había de qué preocuparse, entonces.
Luego de la cena—y de que Cecil hiciera mala cara cuando informé que comeríamos frutillas de postre—, todos se alistaron para dormir. Argus parecía dispuesto a quedarse en vigía, pero le insistí en que yo vigilaría un rato y luego lo despertaría cuando quisiera descansar. Además de que no hablaba, se lo veía exhausto, por lo que accedió sin rechistar.
Yo no planeaba despertarlo para el cambio de turno. Llevaba unas dos o tres noches sin dormir, desde que había vuelto de las sombras y mis ojos se habían inundado de ámbar. Me estremecía en la oscuridad, procuraba mantener los ojos abiertos para no volver a ver sólo negro, aunque escocían y luchaban por descansar. Esa oscuridad no era comparable con la que había conocido entre las sombras, pero no dejaba de provocarme escalofríos.
Además de lamentarme de mi patética existencia y luchar por no entrar en pánico, aprovechaba mi insomnio voluntario para vigilar a Will. De vez en cuando se movía, hacía algún gesto, o hablaba de algún tema aleatorio. Era bien entrada la noche, ya todos dormían profundamente, cuando Will rió y se giró hacia mí entre sueños. Lo miré con curiosidad, desperezando mis músculos, entumecidos por permanecer demasiado tiempo sentado en la misma posición.
—No le pongas tanta azúcar—regañó con una sonrisa estúpida. Suspiré.
Quizás fue el cansancio, mi poca fuerza de voluntad, o una simple idiotez, pero estiré mi mano hasta alcanzar su rostro y acaricié su mejilla. Reaccionó, buscando el contacto, y me aparté asustado. Él no reaccionaba, simplemente, no debería. Cecil le había hecho cosquillas y Lou lo pellizcaba buscando una respuesta, pero nada. Y ahí estaba él, respondiendo ante algo que yo no debería haber hecho, por Hades. Luego de calmarme, volví a intentarlo. La mano me temblaba, pero logré volver a alcanzarlo.
Will sonrió y refregó su cara contra mi palma, como haría un gato muy manso. Rió. Más relajado, llevé mi otra mano hasta su otra mejilla y él amplió su sonrisa. Me quedé embobado mirándolo, lo admito. Estaba apunto de intentar aquello que Cecil y Argus desaprobaban cortantemente, cuando él llevó sus manos hasta las mías, y luego abrió los ojos lentamente.
Se lo veía somnoliento y lo único que hizo fue bostezar y sonreírme como idiota. Aparté una de mis manos para no perder el equilibrio—porque estaba sentado de forma poco estable y tuve que utilizarla para sostenerme del piso—, y él apretó el agarre de la otra. Se lo veía como si acabara de despertar de una siesta de hora y media y no de un coma misterioso de más de dos días. Frunció el ceño levemente, pero todo su rostro se veía perezoso, como si no acertara a despertar por completo.
—¿Tienes lentes de contacto?—preguntó. Yo parpadeé, reaccionando finalmente.
Supuse que lo mejor era avisar al resto. Me alejé de él sin pensar demasiado al respecto, buscando con la mirada a Cecil, que si mal no recordaba debía estar junto a mí, pero Will estiró su brazo hacia mí y la tomé la mano por impulso. Tenía una mueca de dolor que desapareció en cuanto lo toqué, a la vez que soltaba un suspiro de alivio.
—¿Qué pasa?—susurré.
Toda intención de despertar a los demás se alejó de mi mente en un instante, más preocupado por lo que el rubio tuviese que decir. Él tenía los ojos cerrados de nuevo, pero estaba consciente. Respiraba de forma agitada, causando que el vapor blanco, similar a los fantasmas, escapara de sus labios y ascendiera hasta diluirse en el aire y la oscuridad.
—Duele.
—Lo siento—intenté soltarlo de nuevo, pero él negó con la cabeza apretando los labios. Volví a sentarme.
—Duele cuando te alejas—aclaró.
—Eh, ¿eso es una metáfora, un sentimentalismo, o hablas de forma literal?
—Literal, físicamente—sonrió sin abrir los ojos—. No soy tan cursi.
—Yo no apostaría por ello.
—Cállate, ven—aún con sus párpados ocultando sus ojos color cielo, golpeó el piso a su lado para indicarme que me recostara allí.
Yo dudé. No era momento para una escena clásica en la que dos idiotas se recuestan en el césped a ver las estrellas. Will acababa de despertar y yo tenía que avisar al resto, porque podía necesitar algo o volver a desmayarse. Mis ojos vagaron por el lugar buscando algo que lanzarle a Cecil para despertarlo—él no se enojaría cuando viese a Solace. No tanto. Probablemente—, pero el hijo de Apolo tenía otros planes y jaló un poco de mi mano hacia él. Me incliné por un momento y luego hice esfuerzos considerables por volver a incorporarme. Me pregunté cómo podía tener tanta fuerza en su estado. Volvió a tirar de mí. Suspiré y me recosté a su lado, sin soltarle la mano.
—Esto es estúpido—me quejé—, necesitas atención médica.
—Soy médico. Digo que te necesito ahí.
—Y luego dices que no eres cursi.
Rió. Cuando abrió los ojos no pude evitar mirarlos con atención: completamente normales, como siempre. Sin destello ámbar, sin nada extraño, sólo azul cielo que en ese momento reflejaba las estrellas. Él probablemente pensaba diferente de los míos, porque enarcó una ceja. Se veía... bien, no como si estuviese enfermo, o como si lo hubiera estado, sino como si todo fuese normal. Claro que el hecho de que estuviésemos en el piso, en invierno, en algún lugar entre Long Island y LA, con el jefe de seguridad del campamento, dos amigos y una tonelada de frutillas, indicaba lo contrario.
—En serio—insistió en susurros—¿estás usando lentes de contacto?
—No—froté mi mano libre contra mi rostro, un gesto tan inútil como inevitable—, están así desde que desperté.
—¿Qué? ¿por qué?
—¿Yo qué sé? tú eres el que hizo esa cosa rara con el brillo.
Me miró de reojo y luego devolvió su mirada al cielo.
La mano de Will estaba fría. Todo él estaba frío, y eso era extraño, porque solía ser cálido—no es que lo hubiese tocado demasiado antes de esto—, y yo mismo sentía que mi temperatura era ridículamente elevada en comparación con la regular, pero me sentía bien, es decir, estaba más que genial. En especial porque él había despertado. Carraspeé.
—Will... emh...
Él sonrió y volvió a mirarme.
—De nuevo me dices Will.
—No, cállate, escucha. Sé que no te caigo bien...
—No es...
—Pero de todas formas me salvaste de las sombras... y más veces de las que crees, así que creo que debería... agradecerte. Sí. Y lamento esta situación—levanté la mano que mantenía junto a la suya sin soltarlo, para que lo viera—, te prometo que lo solucionaré.
—Mira, sí me agradas—dijo.
—Está bien—asentí, aunque no le creía.
—Y nada de esto es tu culpa. Tampoco creo que sea tan malo. No es... práctico, pero no me molesta en absoluto—apretó mi mano—, además, si tuve que "salvarte" fue porque fuiste a ayudarme cuando me llevaron a... ya sabes.
—Sí.
—Así que gracias.
Volví a asentir. No estaba para nada convencido. Era obvio para mí que todo aquello era ridículo y que la culpa me correspondía. Por alguna razón no podíamos soltarnos las manos sin que él palideciera y empezara a lloriquear, y eso, claramente, estaba relacionado con el hecho de que mis ojos ahora eran policromáticos. Will suspiró y a continuación murmuró algo demasiado bajo pero casi comprensible.
—Te quiero.
Lo miré. No creía haber escuchado bien.
—¿Qué?
—Duerme.
Yo no quería obedecer. Tenía muchas cosas en qué pensar, en especial considerar si había dicho lo que supuse que había dicho o si yo estaba alucinando, pero el frío de su mano y el ambiente en general—el viento, las estrellas— parecían tener otros planes, y el cansancio y estrés acumulados en los últimos días hicieron de las suyas. Me dormí, escuchando a Solace respirar y tratando inconscientemente de hacerlo al unísono.
Continuará.
No se quejen del sentimentalismo, lo necesitarán para lo que viene(?).
Después del fiasco del fic sobre la primavera(no pregunten)he decidido no hablarles de lo mal que me salen las cosas. Seamos sinceras, estoy quedando como idiota. Así que dejaré eso como algo que se sobreentiende y me limitaré a pedir que me digan lo más honestamete posible qué les pareció. Oh, oficialmente he dejado de improvisar, al fin sé cómo termina esta cosa xD excepto por algunos detalles. No es genial, pero servirá, creo.
Nos leemos por ahí y que los dioses los acompañen ;)
