Yu-Gi-Oh! es propiedad de Kazuki Takahashi
-.-
¿No se suponía que debía estar en un laberinto que desafiaba las leyes de la gravedad y realidad con el único fin de encontrar una salida? Según Yugi, esa era la razón de haber abierto la puerta, lo que no encontraba lógica era el hecho de seguir dentro de esa extraña visión, donde Atem cargaba con su cadáver —cosa que no le terminaba gustando, provocándole escalofríos de solo pensar en esa realidad—. La pierna del moreno estaba más que herida, infectándose cada vez más con sus constantes caídas y la negación de dejar atrás un cuerpo que estaba entrando en un estado de descomposición.
Conocía lo testarudo que podía ser su mejor amigo —aunque ya no lo era si se ponía a pensar que las cosas dentro de su corazón y las palabras dichas por un reflejo de él al otro lado de la pared eran verdad—, sabía lo profundo que era su convicción al punto de negar cualquier otra cosa con un único fin: hacer su voluntad final. Agregaba el hecho de jamás haberlo visto tan destruido como en ese momento.
Por más que intentaba sostenerlo, le era imposible, solo lograba atravesarlo y ponerse enfrente causaba un rechazo inmediato. Lo intentó una vez con el único propósito de detenerlo, siendo atravesado por él en su carrera con llegar a un punto. Una próxima ciudad o algún otro lado, no estaba del todo seguro Yugi.
—¿Por qué existen dos yos? —preguntó su misma voz, sobresaltándolo. Frente a él yacía el mismo chico que había muerto en brazos de Atem. Yugi dio un salto hacia atrás, asustado por lo repentino de la aparición, además de lo inusual que le era escucharse a sí mismo o en su verdadero caso, escucharse de esa manera, hablándose hacia alguien que portaba su misma cara, sin las diferencias que existían entre él y Atem—. Me pregunto si es porque no se llevaron a cabo los ritos fúnebres.
—¡No, no, no, no! —se apresuró a negar. Era extraño, ¿cómo debía llamarse a sí mismo? Parpadeó un poco confundido en ese momento, mirando nuevamente a Atem, el que cargaba al cuerpo del Yugi con quien estaba hablando en esos momentos. Por un extraño momento se le había hecho fácil decir que era moreno cuando, en verdad, tenía la misma piel blanca. ¿Qué estaba pasando por su cabeza?
Entonces recordó el sueño, ese extraño sueño donde vio al Atem totalmente egipcio y fue cuando su cabeza volvió a generarle una mala jugada al pensar en su mejor amigo como alguien netamente japonés. Revolvió su cabello, demasiado frustrado en varios aspectos.
Con esas acciones sin una verdadera justificación, espantó al otro él, ese muchacho que se le acercó en busca de respuestas y de una curiosidad grande, en especial por el desvío tenido en relación a su muerte.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó de pronto, notando la inmensa tristeza que se generaba en sus ojos. El Yugi de esa visión miró hacia el horizonte que tenía, todo el mundo en teoría, lo desolado que estaba, lo ennegrecido del cielo. Las heridas de Atem no eran algo para pasar por alto, tampoco las que le generaron la muerte.
-.-
Atem levantó la mirada, sorprendido de ver un montón de estrellas en el techo. Se le hizo extraño a la par en que pensó en Yugi. En los viajes de vacaciones donde ambos terminaban entrenando mientras el mundo continuaba en su ignorancia de la realidad, donde su mejor amigo le terminaba de explicar un poco más sobre las estrellas binarias narradas por su madre, además de la realidad de la frase venimos del polvo de las estrellas.
Se le hacía curioso cómo un chico inclinado más hacia los juegos de mesa y videojuegos conocía tanto sobre lo que se encontraba del otro lado del planeta, en el universo realmente. No obstante, no se quejaba. Admitir sus sentimientos hacia él —fuera o no una ilusión, lo había hecho— le quitó un peso de encima a sus observaciones previas. Parpadeó un solo momento, sintiéndose extrañado ante las distintas sensaciones. ¿Cuándo había aceptado realmente sus sentimientos? Recordaba que al salir del hospital tuvo ese pensamiento, el de mantener oculto cualquier indicio a querer una relación lado a lado de su mejor amigo, no obstante, poco después parecía haberlo olvidad. Como si nunca lo hubiera aceptado.
Rascó un poco su nuca, intentado comprenderse más. El día donde fueron raptados —las sensaciones de su cuerpo indicaban un crecimiento mayor al de unas pocas horas, en especial al ver a Yugi de nuevo—, ese día el ser molestados con volverse una pareja le avergonzaba por el hecho de no estar interesado en su mejor amigo, al menos esa había sido su creencia.
Un movimiento captó su atención, logrando sacarlo de sus pensamientos relacionados a Yugi y ver hacia la izquierda, lugar donde estaba un muchacho de apariencia similar a la de Jonouichi, caminando hacia él de manera furiosa. Movió un poco la cabeza, tratando de apartar la ilusión, cosa que no funcionó. Además, se percató de una sola cosa, Jonouichi siguió de largo con una cara totalmente seria.
Giró a la derecha, donde la pared-espejo estaba, viendo cómo desaparecía para dejarle el paso al rubio que tomó entre sus manos a… Atem y le daba un puñetazo en la cara con todas sus fuerzas. Jadeó por la sorpresa, más al verificar el estado de esa ilusión con su rostro. La pierna la tenía herida, sus ropas estaban empapadas de sangre reseca, ya adquiriendo tonos morados. Sin embargo, ante todo, era lo desfigurado en tristeza del rostro lo que más llamaba su atención.
—¡Solo tenías que protegerlo! —exclamó el rubio con toda una rabia ahogada en dolor. El moreno intentó levantarse, fallando en el proceso por lo exhausto que estaba—. ¡Por eso Anzu y yo te entregamos esa confianza! ¡Porque tú eras quien iba a salvarlo!
La castaña entró en ese momento, lanzándose sobre Jonouichi con el único fin de detenerlo en herirlo más. Gritó muchísimas cosas referentes a lo erróneo de su comportamiento. En ese lapso de tiempo, Atem pudo volver a ponerse de pie con dificultad, buscando la forma de ser él mismo el apoyo que necesitaba. En ese tiempo, Jonouichi le reveló la verdad a Anzu. Yugi estaba muerto.
Ella volteó a ver el estado nuevamente en que estaba el cuerpo del moreno. La cantidad de sangre en su cuerpo no era congruente con la cantidad de heridas encontradas. Su pierna apenas pudo recibir la atención requerida en él, siendo que estaba más que herido.
Atem se movió con el único fin de interceptar por él, sin comprender del todo la situación. ¿Qué significaba el hecho de señalar a Yugi como muerto? No tenía nada de lógica en ese punto. Su mejor amigo seguía vivo, lo más importante era exactamente eso.
—¡Alguien como tú solo vela por sus propios intereses! —exclamó Jonouichi lleno de rabia. Atem lo miró cuando se percató de su inexistencia en la escena. Tragó con fuerza, incapaz de creer mucho en las cosas que estaban sucediéndole—. ¡Eres como ellos!
El moreno sacó de su pantalón una carta cubierta en sangre. Sangre seca. La mostró a los dos muchachos quienes ahora lo señalaban como a su enemigo debido a la muerte del otro muchacho, al que él llamaba Compañero. En quien veía un futuro. Uno grande, capaz de estableces diversos cambios mutuos. El inexistente Atem se percató de la carta, el Silent Magician estaba allí en una pose completamente distinta a la que él conocía por las cartas de Yugi, con quien jugaba cada cierto tiempo, cuando fingían ser adolescentes comunes sin nada que ver con el mundo de la magia de los Juegos Oscuros heredados por los Artículos del Milenio.
—Tienes razón, Jonouichi, no pude salvar a mi Compañero —susurró mientras revelaba la naturaleza de la carta— pero yo no lo entregué o dejé morir, ambos peleamos lado a lado tratando de defendernos, pero…
-.-
Jonouichi Katsuya no comprendía mucho las cuestiones de ver distintas áreas de la vida de todos ellos como si en verdad hubieran pasado o fueran a suceder en algún momento. Las probabilidades de que los monstruos fueran reales era tan real como que él iniciara una relación con Anzu, algo muy poco probable. Quería a su amiga como tal, una amiga, no tenía sentimiento alguno hacia ella. Por otro lado, estaba algo confundido por cómo reaccionaría de estar en una situación como la presentada en la tercera pantalla, donde Atem regresara con el cadáver en un estado avanzado de descomposición de Yugi, siendo que la causa de muerte pudo haber sido evitada de un modo u otro.
Se conocía lo suficiente como para saber que se opondría mucho a esa creencia, Atem era alguien capaz de entregar su propia vida antes de permitir un daño en Yugi, lo había descubierto el mismo día en que aparecieron en ese lugar, siendo que su amigo estaba siendo ahorcado y Atem corría más que desesperado y asustado del posible resultado de él. No obstante, si existía una verdad es que Yugi se oponía a esa protección, alegando ser lo suficientemente fuerte y eso causaba peleas entre ambos donde ninguno quería dar su brazo a torcer.
Uno deseando protegerlo de peligros fuerte —como el robo de un collar hecho de oro puro con una cuerda muy fuerte— mientras que el protegido quería protegerse a sí mismo y a otros. Jonoucihi conocía lo suficiente a Yugi como para afirmar lo lejos que llegaría, como empujar a Atem fuera de peligro si este llegaba a estarlo sin importarle para nada el estado donde él terminara.
Demasiados problemas en su cabeza corrían. Era capaz de reaccionar así si entregara toda su confianza en alguien en quien no confiaba —caso de Seto Kaiba— y este en vez de demostrarle lo asertivo que era ser merecedor de ello, hace lo contrario y dice que fue un idiota al dársela. El problema radicaba en que confiaba en Atem de un modo casi ciego en relación a Yugi. Donde Yugi estaba, Atem estaba, donde Atem estaba, Yugi allí iba. Sin importar lo lejos que se encuentren el uno del otro, además de eso, entre ellos mismos creaban una forma de salvarse mutuamente.
Revolvió su cabello, más cuando vio la explicación de cómo sucedieron los hechos de la muerte del chico de origen japonés, lo difícil que era en sí mismo soportar la sola idea de estar sin su más preciado compañero —después de un guiño de ojo afirmado por Anzu como un coqueteo, era algo más que eso—. Necesitaba más información, poder comprender del todo un mundo golpeado por los mismos monstruos en quienes confiaban su diversión de manera ocasional.
Repentinamente la pantalla cambió. No se apagó como lo hizo antes, de manera lenta y perceptible, sin causar miedo. Esta vez mostró un fondo negro con un montón de puntos centrados a lo lejos, reunidos casi para formar un conjunto. Luego, el rostro del Silent Swordsman apareció allí. A su lado apareció el Silent Magician, Black Magician y Black Magician Girl. Honda y Anzu soltaron exclamaciones de sorpresa. Todos ellos dieron un paso hacia atrás al verlos aparecer.
-.-
Una cosa era segura, no quería moverse de ese punto. Después de haber pasado demasiado tiempo de pie y sentado en un lugar extremadamente duro sin la capacidad de ver la luz solar o de sentir aire fresco de verdad, quedarse en ese lugar era lo más ideal. Lo más cómodo para ella. Anzu Mazaki se sentía cómoda sintiendo suelo a su espalda, la tierra contra sus dedos de la mano y el calor del sol cerca sin que le lastimara la piel.
Había aire, un aire fresco que le recordaba muchísimo lo anhelante que estaba de ello. Un solo momento de consciencia le hizo abrir los ojos y saltar en el lugar. Se encontraba con su uniforme escolar, el saco rosa con el moño y falda azul, además de las medias negras hasta poco más arriba de la rodilla y sus zapatos. Estaba alerta, ¿dónde estaba realmente? Asustada —después de todo, había permanecido con la misma ropa durante largo tiempo— se puso de pie, tambaleándose un poco. Buscó con la mirada cualquier punto que le explicara la razón de estar soñando así o de tener una fuerte ilusión. Las cosas no eran como debían de serlo, tampoco estaba en lo lógico de las cosas. Lo último que yacía en su cabeza a modo de recuerdo eran los monstruos emblema de sus amigos aparecer en una tercera pantalla, misma que había significado poder descubrir algo más, la existencia de distintas escenas ocurriendo al mismo tiempo en que ellos seguían atrapados allí.
Yugi apareció al saltar de un árbol cercano, aliviando por completo a Anzu, la cual se acercó al muchacho con un único fin, preguntarle qué había sucedido con él. Sin embargo, obligó a su cuerpo a detenerse cuando se percató de algo extraño. El tamaño de su mejor amigo era un poco diferente al que recordaba, además de verse más maduro de lo que en verdad era. Las facciones de su rostro, la forma de los ojos más que nada, al estar afilándose como los de Atem.
De su bolsillo sacó su deck, mirándolo con un profundo cariño. Uno sin precedentes, como si simbolizara una unión más grande de lo anterior imaginado. Una conexión a alguien a quien él quería sin límites. El único que entraba de ese modo era Atem, casi de inmediato se horrorizó un poco de solo pensar el dolor que padecería su mejor amigo.
—Ninguno de ellos atina a saberlo todavía —susurró, pasando cada carta hacia el fondo del deck mientras las veía una a una.
—Listo, ¿compañero? —susurró una voz salida de la nada. La voz de Atem, identificó la castaña gracias a su costumbre. Miró a su mejor amigo, quien asintió a la voz con un rostro lleno de pesadez. En un parpadeo, Yugi desapareció frente a una congelada Anzu, incapaz de comprender del todo lo que estaba sucediendo en ese punto.
-.-
Yugi despertó en el centro del laberinto. Talló un poco su cabeza, la cual le dolía demasiado por los distintos pensamientos que yacían en él. ¿Qué había sido esa extraña visión de él con Atem? Tenía demasiadas dudas y ninguna podría ser respondida. Silent Magician apareció casi preocupada por Yugi, quien estaba más pensando en los distintos acontecimientos dentro de esa extraña visión en su cabeza. Un mundo extraño, asolado por lo que parecía una guerra y la capacidad de usar los monstruos de un modo distinto, en vez de ser hologramas creados por Kaiba Corporation, cada uno de ellos los manifestaba según su fuerza y tiempo como duelista.
—Magician of Astromancy está impaciente —susurró el monstruo a su lado. La mujer que era representación de su alma se sentía demasiado frustrada al punto de ver hacia atrás, donde una puerta se manifestaba. Cuando todo estuviera en su lugar… las cosas comenzarían de nuevo—. El señor Atem está a salvo.
El nombre del moreno capturó su atención, logrando que saliera de sus pensamientos de un mundo devastado por una guerra de manera similar a la que ocurrió en su sueño, en lo que ya le parecían meses. Un lejano día que bien podría haber pasado relativamente poco tiempo atrás. Miró al mago de largos cabellos plateados quien ahora era más grande. ¿Cuál sería su fuerza de ataque?
—¿Sabes cómo puedo encontrarlo? —preguntó el joven Moto, alzando la voz en tonos desesperados. Ansioso más que nada, necesitaba saber el paradero del mestizo y declarársele—. ¿Dónde está?
—Maestro, tranquilícese —suplicó el mago, apartando su báculo para colocar sus manos sobre sus hombros—. Está bien, pronto podrá verlo y soltar esas emociones hacia él, pero debe esperar a que una puerta aparezca —señaló la pared en la que antes se apoyara para avanzar.
Jonouichi Katsuya se sintió demasiado perdido al encontrarse con su mejor amigo usando algo con lo cual cubrir su llamativo cabello y el rostro. Era un casco con máscara incluida, además de estar vestido por completo de negro. Sabía que era su mejor amigo gracias a un descuido donde vio su cabello picudo. Seguía a un muchacho de apariencia normal hasta un punto, nada que pudiera usar en su contra. Hasta un punto, le parecía paranoico al rubio esa actitud de pasar desapercibido delante de él, oculto siempre en las sombras a fin de hacer ese tipo de actos.
Por otro lado, podía ver a Atem oculto en un punto. No era el muchacho a quien él había conocido, tampoco el niño ya que se veía asustado. Temeroso incluso en su escondite. Se le notaba con grandes ganas de llorar del solo miedo que debía correr por un cuerpo tan pequeño como el de él —de por sí siendo adolescente era demasiado bajo de altura, imponente solo de personalidad—.
Hizo la conexión en su cabeza, logrando enfurecerse. ¿Podría estar el sujeto persiguiendo a Atem? ¿Con cuál fin? Ninguno bueno corría por la cabeza rubia, todos llenos de connotaciones negativas gracias a los ojos llorosos del niño moreno. En un movimiento él se acercó a la persona que iba tras Atem, siendo interrumpido por un movimiento brusco de Yugi, el cual lo derribó al caer sobre este sin matarlo. Quizá dejarlo inconsciente.
Parpadeó confundido por tan inusual movimiento en él, quien estaba más seguro al irse por cualquier punto que no le generara conflictos físicos. Luego Yugi se deshizo de la máscara mientras corría hasta encontrarse con el muy asustado niño. Su rostro furioso dio paso al mismo que él conocía, solo que sin la sonrisa a la cual se acostumbró desde siempre.
En un movimiento Yugi cargó al niño, llevándoselo de inmediato. Atem gritó por su madre. ¿Cuántos años tendría esa versión de su amigo? Solo siguiéndolo podría descifrarlo, cosa que hizo. Corrió a la par de su amigo, quien por más cortas que tuviera las piernas, era demasiado veloz para moverse, incluso cargando a un niño de unos treinta kilos que no paraba de lloriquear y moverse en busca de estar a salvo.
Poco a poco, Jonouichi se fue percatando del mundo. No era la Ciudad Domino a la cual se había acostumbrado, tan normal y evolucionando con las nuevas tecnologías. Pacífica, con sus fallas y virtudes. Nada parecido al punto donde estaba, una ciudad extremadamente contaminada con distintas fábricas, además de ser visible el hecho de que la seguridad no existía… en especial si giraba la cabeza ante los gritos de las personas de aquí y allá. ¿Qué mundo era ese?
No podía quedarse de esa manera, por lo que siguió corriendo hasta encontrarse con Yugi bajando por una esquina. El rubio era incapaz de dar su brazo a torcer por lo que necesitaba respuestas. ¿Qué había pasado? ¿Cómo es que Atem terminó siendo un niño llorón?
-.-
El tiempo para Jonouichi Katsuya se fue volando hasta encontrarse en lo que parecía su propia zona residencial. Un lugar que despreciaba tanto y que, por ello mismo, nunca invitaba a sus amigos a tal lugar, muy en especial por lo alcohólico que era su padre. Sin embargo, existía esa pequeña diferencia en el ambiente —algo distinto al que vio tiempo previo durante su persecución a su mejor amigo—, era igual mas no era la misma. Un ambiente distinto.
Yugi miró al niño, cambiando su rostro serio a una más de acuerdo a quien era él. Atem entre sus brazos lloriqueaba en busca de su mamá cuando el muchacho japonés le acarició la cabeza, revolviéndole el pelo. Un par de pasos y entró al departamento. Curioso, Jonouichi le siguió hasta percatarse de que… era como un fantasma. Se habría percatado de ello si tan solo hubiera prestado atención a lo que le había rodeado durante la carrera en persecución de su amigo, cosa que no hizo hasta entrar tras él, siendo la puerta cerrada a sus narices lo que le reveló su nuevo estado.
Notó que su amigo se deshacía del casco, dejando su cabello picudo volver a la normalidad. Además de ello, sus enormes ojos fueron regresados a los que él conocía, llenos de curiosidad e inocencia —aunque esta última era engañosa—. El niño llorón se calmó un poco, mirando a su alrededor las comodidades con las que se encontraba rodeado.
En todo ese largo rato, ninguno de los dos conversó de manera física, notando Jonouichi que era el mismo juego mental donde hablaban telepáticamente ya que el niño de piel morena reaccionaba a algunas cosas, mirando alrededor y causando la risa del mayor de los dos. Era extraño pensar de esa manera gracias a sus físicos, pero era verdad, Atem era casi dos meses más joven que Yugi.
El niño se movió de un lado a otro, dejando a un distraído japonés de paso quien se removió la chaqueta negra, revelando una más cómoda. Sin embargo, al rubio le llamó demasiado la atención la forma de sus brazos. Estos se encontraban terriblemente heridos. No como una herida abierta, más bien un montón de cicatrices a lo largo de los mismos.
—Atem —llamó Yugi, capturando la atención del niño, quien se volteó a verlo. Se sobresaltó demasiado cuando lo notó demasiado cerca y quiso correr, siendo atrapado de inmediato. Los dos rodaron en el suelo, jugando un poco—. Bienvenido.
-.-
La astromancia es la adivinación de por medio de los astros. Hasta ese momento, Yugi no reaccionó al nombre Magician of Astromancy hasta bien pasado el tiempo tumbado en el suelo tras conversar con el Silent Magician quien, para su sorpresa, seguía sin aparecer y solo le había dejado una nota en su mente. El Magician of Astromancy estaba impaciente y deseaba hacer algo, cosa que él pasaba mucho por alto gracias a sus deseos de reunirse ya con el mestizo. La adivinación por medio de las estrellas era algo demasiado complejo y hasta tonto en sus tiempos. Más por dejarse llevar por la intuición que por un sistema de reglas como tal.
La astromancia significaba algo absurdo para él, del mismo modo que significaban muchas otras cosas. Su amor por los juegos le dejaba en claro ser alguien demasiado… excéntrico con ellos, al punto de soportar hambre si con ello probaba diversos juegos que a él le llamaban mucho la atención, caso que descubrió una vez con ayuda de Atem —simbólicamente, él se hizo cargo de ese mal después—.
—Usando la astromancia, Maestro —narró el Silent Swordsman, levantando su mano al cielo para permitir que Yugi mirara las distintas realidades en las que fue visto antes. Una donde prometió en el hospital, otra donde fue en su propia habitación, donde él murió en brazos de su mejor amigo y muchísimas más en las distintas estrellas—, es que el mago pudo realizar estas distintas predicciones. No es quien los tiene encerrados aquí, pero no se opuso a ello ya que necesitaba probarlos del mismo modo en que Magician of Chronomancy lo hace en su control del tiempo.
-.-
En cierto modo lo siento un poco raro. Creo que porque me alejé mucho de lo que estaba viendo de Yu-Gi-Oh! pero de cierto modo, me gustó más de lo que creí que me iba a gustar, mi inspiración estaba al tope y salió casi todo de allí. Me tardé porque la última parte me costó un poco sacarla ya que me sentí demasiado deprimida y bueno, ya mejor le paro a esto.
Por otro lado, me gusta mucho el OST de Arc-V *-* es precioso a más no poder.
Nos leemos~
