Duodécimo robo: Magia.
Will.
Pedir indicaciones fue una gran idea, pero no era muy simple llevarla a cabo, dado que el chico a mi lado fulminaba con la mirada a cada pobre alma que tenía la desgracia de transitar cerca de nosotros.
Nico y yo estábamos en un pueblito buscando repuestos para un camión cuya falla ni siquiera conocíamos y sin dinero. Cecil, Lou y Argus se habían quedado junto a las frutillas debido a la condición del hijo de Hermes y nosotros, considerando que literalmente no podíamos separarnos, tuvimos que caminar no sé cuántas horas hasta encontrar el lugar.
Lo peor del asunto era que ninguno de los dos estaba realmente de ánimos para hablar. Yo hacía algún comentario ocasionalmente, y él asentía o emitía monosílabos, pero ninguno parecía dispuesto a ampliar el diálogo. Él era tan silencioso que me olvidaría de su presencia si no apretara con más fuerza mi mano cada vez que alguien pasaba cerca. Cuando era así, yo lo miraba de reojo, sin embargo, su expresión era neutral. Supuse que era un reflejo involuntario:estaba asustado.
Yo también lo estaría si hubiese nacido en la década de 1930 y estuviese caminando de la mano con un chico en una calle sorprendentemente concurrida. Pero bastaba ver la expresión de las personas y ya: sonríe a los que sonríen, evita a los que fruncen el ceño, ignora a los que te ignoran. Me hubiese acercado a alguno para preguntar por la dirección de un taller mecánico si no me sintiera tan mal por Nico.
De todas formas, no me veía capaz de fingir alegría como de costumbre. Hasta yo me daba cuenta de que mis sonrisas eran mediocres. No culpaba a di Angelo, claro que no, pero aparentemente y según Lou Ellen, él se había apropiado de mi don como hijo de Apolo cuando le apliqué RCP, y yo me sentía un tanto ansioso. Me preguntaba si acaso yo era ahora un mortal, si podría vivir como una persona normal, sin atraer monstruos, sin luchar, estudiar, trabajar, con una familia... no sabía por qué no me agradaba la idea. Nico parecía distraido, probablemente pensando algo similar.
—Sabes—dijo en determinado momento, susurrando—, yo también me siento mejor cuando nos tomamos las manos.
Sonreí, esta vez de verdad.
—Y luego yo soy el cursi.
—Estoy hablando literalmente, Solace—me regañó—. Creo... ¿crees que si yo tengo tu poder, tú tengas algo del mío?
Me detuve y lo miré sorprendido, ¿magia del Inframundo? ¿yo con magia del Inframundo? negué con la cabeza. Imposible.
—¿Por qué creerías...?
—¿Recuerdas la vez que...?—apretó los labios y me obligó a seguir caminando—Bueno, cuando tú... cuando liberé algunas sombras en la enfermería.
Asentí, no había forma de que olvidara aquello. Cuando desprecié a Nico por ser hijo de Hades como un estúpido cobarde, por una maldita profecía que al final no me había matado. ¿Por qué había una profecía para ello, de todas formas? Los dioses no tienen lógica, lanzan profecías y te meten en misiones sobre fruta sin dar siquiera un por qué.
—Bueno, no le había prestado atención antes, pero ¿no te sentiste diferente?—cuestionó.
—Me sentí un poco como un cretino, sí.
Suspiró como si estuviese perdiendo la paciencia. Probablemente así era.
—Cuando hay mucho sol, suelen decir que no debes usar ropa oscura, ¿cierto?
Asentí.
—Creo que atrae los rayos solares o algo.
—¿Será posible que funcione en sentido inverso?
Analicé la pregunta. ¿A qué se refería, por qué de repente salía con eso? Intenté pensar correctamente. Él básicamente me estaba preguntando si... ¿los colores oscuros eran atraídos por la luz? ¿qué demonios?. No tenía una respuesta en realidad, pero todo me parecía fuera de contexto. Una anciana arqueó las cejas al vernos pasar y siguió su camino murmurando algo. Suspiré.
—Bueno, quizás—decidí—. ¿A qué viene eso?
—Pienso que literalmente tomaste parte de mis sombras. Por eso mis poderes no funcionan como deberían, y también, bueno...
Desvió la mirada. Era demasiada información y una parte de mí no quería acabar procesarla.
—Por eso sobreviví en el Inframundo... ¿es algo bueno, entonces?
Nico tomó aire y negó con la cabeza, presionando un poco más mi mano. Seguía con sus ojos puestos en el camino, sin dirigirlos a mí en ningún momento.
—Es probable que eso sea cierto, pero, ¿y si por eso mismo Minos te secuestró? si te confundió conmigo...
Parpadeé conmocionado. Realmente nada era simple, todo parecía estar conectado de alguna forma. Aunque estábamos consiguiendo respuestas, me sentía más confundido que nunca. Además, no eran más que suposiciones, ¿cierto? una parte de mí sabía que no se trataba sólo de simples teorías. Nico estaba resolviendo misterios como un pequeño Sherlock Holmes, y las respuestas eran cada vez más aterradoras.
¿Me haría daño tener sombras dentro de mí? no es que me sintiera mal. ¿Hades lo habría notado? ¿Las cosas me irían peor ahora que no contaba con mi don natural pero sí con el de un descendiente del dios de los muertos? ¿Tendría que cambiarme a la cabaña 13? ¿Sentiría la muerte? No hay duda de que en el momento en que Cecil...
—Tú...sentiste que Cecil murió ¿cierto?
Di Angelo me miró frunciendo el ceño.
—Sí.
—¿Se siente como... un pequeño zumbido en los oídos? Como algo un poco cálido en el estómago.
Él me miró sorprendido y asintió.
—Exactamente.
—Eso siento yo cuando alguien está a punto de morir—expliqué—. Es lo que me dice que debo salvarlo. Así se siente la vida.
—Así se siente la muerte—contradijo—¿qué significa que la muerte y la vida se sientan tan similares?
Lo miré, y me miró. Ambos hicimos una mueca.
—No vamos a ponernos a filosofar—pedí.
—Hecho—accedió.
Después de eso, finalmente llegamos a un pequeño taller. Nadie parecía ser un semidiós o un monstruo, por lo que decidimos llevarnos algunas cosas y no involucrar a los mortales. Me opuse totalmente a robar, pero Nico insistió.
—No tenemos opción—dijo guardando cosas en la mochila de Lou Ellen con su mano libre—. Si te hace sentir mejor, volveremos cuando acabe la misión y les dejaremos dinero o algo.
Iba a protestar, pero me di cuenta de que eso significaba que no tenía planes de morir pronto. Además había hablado en plural, me gusta el plural cuando involucraba a Nico. Finalmente nos escabullimos lo más disumuladamente posible—si entiendes por disimulado correr como si te persiguiera una manada de grifos y no un hombre con una llave inglesa no demasiado letal—y llegamos a un callejón. Nico se apoyó en la pared jadeando, apretando mi mano con mucha más fuerza de la necesaria. Me senté en el piso para recuperar el aire, y después de mirarme un rato como si estuviese considerando patearme, me imitó.
Escuchaba a las personas ir y venir cerca pero sin percatarse de nosotros. Un gato gris nos miró con aburrimiento y luego comenzó a lamer sus patas delanteras. Solté la mano de Nico.
Sólo quería intentar. Quizás el efecto había pasado, me dije. Puede que lo de tomarse de las manos eternamente suene bien—y no es que me queje si se trata de di Angelo—, pero no era nada práctico, en especial en una batalla o cuando debes correr por tu vida luego de robar herramientas a un mecánico muy poco comprensivo. Una oleada de malestar me invadió, y sentí que iba a desmayarme en ese preciso momento. Nico hizo una mueca de dolor y, para mi sorpresa, se dejó caer contra mi hombro con los ojos cerrados. El contacto se llevó el dolor que se extendía por todo mi cuerpo, y me pareció que él también se relajaba.
—No hagas eso—regañó—. Hasta que encontremos una solución, tendrás que soportarlo.
Entrecerré los ojos con algo de melancolía y apoyé mi mejilla en su cabello. Era suave.
—Ya te dije que no me molesta—respondí.
Él suspiró. Levanté la mirada al cielo, de colores rojizos y anaranjados, indicando el final del tiempo de mi padre. Me pregunté dónde estaría él, si tal vez me estaba ayudando desde algún lugar o si se encontraba demasiado ocupado componiendo haikus... O siendo castigado por Zeus. Hice una mueca.
—Will—me llamó Nico. Me aparté para verlo y él me tomó del cuello del abrigo—. Después de todo hay que solucionar esto.
No tuve tiempo de entender lo que decía antes de que me besara, y por un instante él pareció brillar otra vez.
Continuará.
Puff, siento muchísimo la tardanza. ¿Saben? las clases empiezan el lunes y entre los preparativos y el hecho de que me obsesioné "un poquito" con el fandom de Hetalia, escribir me estaba resultando imposible. Pero no teman(?), tengo tantas intenciones de llegar al final de esto como siempre, aún tengo mucho Solangelo por compartir.
Como ven, los misterios se están resolviendo, pero no todos y las cosas aún no cuadran completamente para mi hermanito Solace(porque ya tres personas dicen que soy hija de Apolo y yo no voy a discutir eso xD).
¡Por favor díganme sus opiniones! esta pequeña historia tiene tantos Reviews que no me lo creo, y pedir más me hace sentir muy codiciosa, pero espero que me cumplan este pequeño capricho. Ustedes me hacen muy feliz :3 prometo no tardar tanto en traer el siguiente robo.
Nos leemos por ahí, y que los dioses los acompañen. Los más cuerdos, al menos.
