Era hora de enfrentar al desconocido, asalta alacenas.

Mierda...¿Que se supone que deba hacer ahora? hm. Me está mirando, como si realmente fuese a comerme. Esos ojos...son muy cautivantes. Siento como si estuviera examinando mi alma. Un momento ¿Si quiera tengo alma?

—¡Amo! —interrumpía Naruto— ¡¿Que ha pasado?! ¡Oí disturbios en la cocina y-...! —calló de golpe. La presencia del licántropo era reveladora.

Bendito seas, enano infeliz. Me has salvado —suspiró Deidara—. ¡¿Y tú qué crees, eh?! ¡El maldito se ha comido todo en la casa!

Si bien, el encuentro de los 3 individuos era peculiarmente nuevo, de alguna manera, Obito comenzaba a relajar su semblante. Tras ver al Uzumaki entrar de esa forma, un aire de incertidumbre rodeó su rostro, girándolo sutilmente perturbado. Misma reacción, que el ojiazul menor optaba por tomar. Fue como si ambos se conociera de antaño. El silencio se sostuvo incomodo para el vampiro mayor, quien poco y nada entendía.

—¡Oe Naruto! ¡No te quedes ahí parado y has algo! —aulló, apuntándole con el paraguas— ¡Tu, bestia! ¡¿Por qué demonios tienes el anillo de mi marido, ah?!

—¿Naruto? —examinó el Uchiha. Sus ojos, volvían a ser los mismos de antes.

—¡¿Ah?! ¡Responde, con un demonio! —chilló Deidara, aun mas cabreado por sentirse ignorado.

—¿Nos conocemos...? —cuestionó el rubio menor.

—¿Eres...tu? —parpadeó el lobo, limpiando la comisura de sus labios. Aun tenia residuos de comida—. No puedo creerlo. Si eres tú —expresó más tranquilo—. Tu eres el Alfa de Sasuke. ¿No es así?

Las mejillas del Uzumaki se pintaron de un rojo furioso increíble. La revelación del Uchiha, era mucho más que comprometedora. Ponía en duda, la relación entre él y su amo vampiro. Ambos, cruzaron miradas de complicidad. Absorto, Deidara dejó caer el objeto al suelo, preguntándose así mismo, si realmente era de confianza el enano.
La mañana cayó lenta. Obito, se disculpaba por su mal comportamiento, haciendo énfasis en su falta de alimento durante semanas. Y por otro lado, Naruto, defendiendo su postura tras explicar la relación que tenia con el licántropo. Todo esto, para que el barón quedase cada vez mas metido en el asunto[?]. Se reunieron en la sala principal.

—Mucho gusto. Mi nombre es Obito Uchiha. Y como bien lo dice mi apellido, soy miembro del clan Uchiha.

—Había oído hablar de tu clan, pero nunca conocí a nadie de ahí, hm —afirmó Deidara, cruzado de brazos—. Lo que no entiendo aun...es como demonios se conocen ustedes dos.

—E-es una larga historia —expresó, el rubio menor con temor.

—A Naruto lo conocí durante la iniciación de Sasuke, mi sobrino. Pasaba de ser un cachorro, a un lobezno —aclaró Obito con total normalidad. El rostro del Uzumaki comenzaba a desfigurarse, conforme avanzaba la manifestación. Incomodo, más bien—. Tenían apenas 15 años, pero aun lo recuerdo. Sasuke nunca presentó al muchacho como su pareja oficial. Pero digamos que...tengo mis métodos para descubrirlo.

—Jeh...ustedes son demasiado perspicaces a la hora de oler cosas —musitó el vampiro menor, sutilmente nervioso—. Pero no es lo que piensas. Sasuke y yo solo somos amigos.

—No olí nada —aclaró el Uchiha, totalmente serio—. Los vi. Y es por eso, que puedo afirmar que eres el Alfa de Sasuke.

—Bu-bueno... —rió Naruto, sumamente incomodo—. ¿Alguien quiere una taza de café?

—No. Yo no quiero ni una mierda —dilucidó Deidara—. No me interesa quien coño seas. Yo quiero saber, por qué demonios tienes el anillo de mi difunto marido, Sasori.

—Ya veo —murmuró el Uchiha. Sus manos, extrajeron el trozo de cuero de su cuello, extendiendo el anillo para observarlo de mejor forma—. No te conocía, pero cuando te vi, supe que eras el —agregó, gesticulando una sonrisa ladina—. Tú debes ser Deidara. ¿No es así? Tu olor es similar al del maestro Sasori.

¿Maestro Sasori? —redundó Deidara en su mente, compungido—. Disculpa, no estoy entendiendo para nada. ¿Qué relación tienes con Sasori?

—Veo que no había mucha comunicación entre ambos —acotó Obito, sobando su nuca—. Les contaré, el cómo nos conocimos. Y el por qué, tengo su argolla.

La historia en sí, era larga y tediosa. Parte de ella, ni si quiera involucraba al vampiro fallecido. Pero Deidara no era de aquellos que deseara dejar cabos sueltos. Hasta el más mínimo detalle, fue puesto a su conocimiento. Resultaba ser, que Obito era, por línea sucesoria; un príncipe. Durante un combate a muerte, para decidir quién sería el nuevo líder del clan, había resultado gravemente herido. Madara, el ex cabecilla, ya anciano y con pocas fuerzas para continuar, era destronado. Sin embargo, en un asalto de cólera, encandilado por la ofensa de su propio hijo; acabó con la pareja del Uchiha y su camada. Obito, huyó. En malas condiciones, fue encontrado por el propio Sasori, a quien de antaño conocía en un pequeño incidente; involucrando un rio sobre un causal peligroso. En un acto de agradecimiento, le ocultó de los demás miembros de la manada, los cuales le buscaron incesante por los siguientes dos años. Las heridas del licántropo estaban curadas a simple vista, mas no, la de su corazón. Obito, no volvería a su clan.

La historia parecía salida de un cuento de hadas. Tanto Deidara como Naruto, cruzaban miradas atónitas por cada escena descrita. Les costaba trabajo creer, que Uchiha Madara hubiese sido tan despiadado. Y por otro lado, el curioso lazo que mantenían el ojinegro y el bermejo. Sasori no era partidario de mezclar razas. Una prueba más, de lo poco que le conocían. El Uzumaki, echó al baile la noticia del incidente, concordando con el propio Uchiha, que aquella noche, tres vampiros de clase baja, allanaban el lugar en busca de unos planos que ahora el mismo poseía. Otro eslabón resuelto para el barón. Casi como una premonición, sus mas intensos temores salían a flote. El pelirrojo, había sido emboscado. La teoría del suicidio, regresaba a él. Escuchar más de lo que viniera a continuación, era sacrilegio para sus oídos. El daño, fue imborrable en su semblante. Hubiese preferido morir con él, en vez de tener que soportar escuchar semejante verdad. Deidara, se retiró del salón en completo hermetismo, haciendo amago de un cansancio no existente. En realidad, deseaba estar solo por uno tiempo. Calmar su angustia, o sencillamente, acabar con el mundo entero. Verlo arder, de la misma forma que su esposo había ardido. La impotencia, comió sus anhelos aquel día.

El ojinegro, no conocía nada del nuevo barón. Los únicos encuentros cercanos que mantuvo alguna vez, con algún vampiro, fue con el marionetista o con el propio Naruto. La misión que le había encargado Sasori, era de alto riesgo. Y comenzaba a ver, que no seria para nada fácil. El rubio mayor, parecía una herida abierta, y Obito, sal con alcohol. Deidara se había encerrado en su cuarto hacia días. La palabra Sasori, ya era un tabú en la gran mansión. Nombrarlo, era la expulsión definitiva de la morada.

Si bien, los licántropos tenían sus propias formas de soportar perdidas emocionales, no comprendía del todo el comportamiento del rubio. La poca paciencia que mantenía, le incitaba a perder los estribos. Deidara, rechazaba probar bocado alguno. Con suerte salía de su cuarto para tomar un baño. Obito, no iba a tolerar un día mas, aquella actitud de pocos amigos. Tenía algo muy importante que contarle. Y no deseaba hacer más larga su agonía. A pesar, y contra todo pronóstico hecho por el acolito Uzumaki, el Uchiha se adentró a la habitación del dueño de casa; encontrándole sobre un sofá con vista al gran balcón. La noche, era fría por esos días de otoño. Pero eso no quitaba las ansias de seguir adelante con el ultimo testamento de su maestro. Naruto, entró en un colapso anémico, cuando Obito entró deliberadamente a la pieza. Incluso cuando Deidara fruncía el ceño de manera amenazante, solo se limitó a disculparse. Le perdonaría esa vez, solo porque el Uchiha se mostraba insistente. Ambos, quedaron solos en la habitación principal.

Los grandes velones, apenas deslumbraban el contorneado lujo que yacía en el cuarto. El ojinegro era un noble, a su manera. Pero no era como si estuviese acostumbrado a tantos lujos. Los licántropos, eran demasiado distintos a los vampiros. El ojiazul, cogió una copa llena desde la mesa de centro y se perdió entre la tela que danzaba por el gran ventanal; camino al balcón. Obito, le siguió con la mirada, percatándose de su indiferencia. Una primera impresión estilo Uchiha: Es un mocoso mimado.

—Escucha, yo no tengo la culpa de la muerte del maestro Sasori —aclaró el can, dándose un paseo hacia la mesa—. Me he sentido mucho mas impotente que tu, ya que yo estuve ahí, cuando el incidente ocurrió —sus puños, se apretaron como dos grandes piedras. Incluso el propio Uchiha, se odiaba a sí mismo—. Esa sensación...de no poder hacer nada, tras verlo morir...es jodidamente asquerosa —las palabras del ojinegro, parecían querer rehusarse a llegar a los oídos del vampiro— Deidara...

—Soy el Barón Deidara, para ti —aclaró, tras beber un sorbo de su copa.

—Bien. Barón —corrigió, sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros. La conversación se había tornado muy incómoda para ambos. Obito sabía que era un forastero, en un mundo ajeno y demasiado desigual. Pero una promesa era una promesa, y debía cumplirla. Se quitó el collar del cuello y caminó hasta el balcón, reencontrándose una vez más con la imagen del rubio. Por primera vez, pudo verle a los ojos de forma directa. Deidara, no modificaba el mohín del rostro—. No hace falta que me mire de esa forma. Sé que no soy de su agrado. Pero quiero que sepa, que he venido aquí, por la promesa que me hizo jurar el maestro —agregó, entregándole el anillo sobre la palma abierta—. Sus últimas palabras fueron: Protege a mi marido. Es lo que he venido a hacer. A partir de ahora, seré su guardián.

La argolla en su diestra, denotó solo por unos segundos mucha melancolía en el rubio. Quizás, en otro tiempo, espacio, o en otro mundo, se hubiese doblegado la voluntad del vampiro. Pero no. Su orgullo, era mucho más grande que todo lo demás. Sin contar, que aun seguía molesto con el difundo barón. Si. Aunque estuviese muerto[?].

—Pff...que estupidez —chistó Deidara, para nada convencido. El anillo, fue devuelto a las manos de Obito—. No necesito ningún perro guardián. Ya tengo al inútil de Naruto, para ello. Además, puedo cuidarme solo —rechazó—. No, gracias.

—Es-espere... —le jaló del brazo, reteniendo su huida—. Si no desea que le proteja, al menos déjeme entregarle el anillo. No me lo devuelva.

—¿Jah? ¿Y para que mierda quiero yo, un anillo suyo? —refutó Deidara, con dejo de sufrimiento en sus palabras—. Esa argolla era de Danna. Y Danna, está muerto. De nada me sirve ya, hm.

—Ya sé que está muerto. Pero es un recuerdo de él —murmuró Obito, apretando con más fuerza su muñeca.

—M-me estás haciendo daño. Ya suéltame —expresó el rubio, cerrando uno de sus ojos.

—Por favor —insistió el Uchiha—. Tómelo. El maestro hubiese querido que usted lo tuviese.

—¡Tch...! —el ojiazul, soltó su brazo con violencia. Su paciencia había llegado al límite— ¡¿Y tú qué demonios sabes lo que él hubiese querido, ah?! ¡Hablas como si realmente lo conocieras!

—¡Por supuesto que lo conocí! ¡El fue mi maestro durante años! —se defendió.

—¡¿Crees que por qué te enseñó a hacer unas sucias marionetas, ya le conoces?! —refutó Deidara, encolerizado. Sus ojos, se humedecieron con sutileza— ¡Estás loco si crees eso! ¡Nadie conoció jamás a Sasori! ¡Ni si quiera yo! ¡Eres un imbécil, como todos los demás! —le empujó con intimidación, dándose una vuelta a la habitación— ¡Todos hablan de lo que Sasori era, Sasori fue, lo que Sasori quería! ¡¿Y quién puta, mierda, sabía lo que yo quería?! ¡A nadie le ha importado una verga mi vida! Vienes a mi casa como si nada, dándome su ultimo, jodido testamento ¡El cual me vale mierda! ¡Largo de mi casa! ¡Y no vuelvas a mostrarme ese pedazo de metal en mi vid-...!

—Ya basta... —le retuvo—. Parece una niña malcriada.

Solo había bastado un fuerte agarrón de brazos, para que Deidara dejase de chillar. Su menudo cuerpo, temblaba de la impotencia de no poder hacer nada contra esos negros orbes que le robaban el aliento. Tan cerca...una vez más. El forcejeo se hizo insoluto, sin mayores resultados. Cualquiera que fuese su próximo movimiento, se veía imposibilitado por la copa que llevaba en su mano. Así que...

—Sujétame esto, hm —pidió.

—¿Mhn? —le sujetó[?].

Una cachetada. Bien. Esa cachetada se la ganó[?].

—No soy ninguna niña malcriada, Uchiha —agregó, volviéndose al balcón.

Pero lejos de molestarle o dejarle hervir la sangre, una risa sarcástica se escapó de los labios del lobo. Su mano, sobó aquel trozo de piel caliente que plasmaba su bofetada, casi con morbo. Comenzaba a sentir fascinación por la pasión expresada por el vampiro.
Al menos no dio vuelta la copa; lo que le facilitó tomar un trago de ella. Nada como un buen vino.

—¡Pffff...! —escupe[?]— ¡¿Que es esta mierda?!

—Es sangre, idiota —aclaró Deidara, con una sonrisa de burla oculta en su semblante.

—¡Avise al menos, joder! —tosió.

—Se que quizás me voy a arrepentir de decir esto...pero...¿En verdad deseas ser mi guardián?

—Le debo mi vida al maestro Sasori —aclaró, muy serio. Pero con cara de mierda[?]—. No encontraría mejor forma de pagarle, que cuidando de su amado.

—Bien. Entonces empezarás ahora mismo como tal —esclareció Deidara, saliendo por la puerta principal—. Y no la cagues, Uchiha. Ese tipo no amaba a nadie.

Y bueno. Luego de que Obito se lavara la boca con cloro[?] y maldijera a los 7 infiernos, la conversación había dado ciertos frutos en el barón. Deidara, se había resignado a la idea de tener un nuevo perro guardián. No solo el vampiro se vería beneficiado con esta nueva alianza. El Uchiha también lo haría, tras salir a la luz pública. Estaba vivo, tal y como los del clan anhelaban. Pero estaba bastante lejos de volver como líder de este.

—Naruto —ordenaba Deidara—. Busca ropa decente para el perro.

—Mi nombre es Obito —refunfuñó, tras el. El rubio mayor se encogía de hombros con cara de: ¿Y a mi qué?

—¿Eh? —gotita— ¿E-el señor hombre lobo se quedará a pasar la noche? —Naruto no entendía un pijo[?]

—No. A partir de hoy, trabajará para nosotros.

—Ya escuchaste amiguito —sonrió el ojinegro, dándose un aplauso— ¿Y bien? ¿Cuál será mi habitación? Yo soy muy calentito y usted muy frio. No me molesta compartir la suya, amo —rió con picardía.

—Cierto, que los de tu especie duermen de noche —mencionó el barón, sin tomarle mayores importancias al asunto—. Que duerma en el establo de los caballos. Seguro puedes calentar a las yeguas mejor que a mí, hm.

muesca

—Te lo mereces —se burló el Uzumaki.

—Trabajaras apenas amanezca y te irás a dormir a las 10 de la noche en punto, que es cuando yo me levanto —explicó el amo del hogar, mientras daban una caminata por la casa—. Lo harás hasta que al menos me pagues la mitad de lo que te comiste en una mañana. Te encargaras de los animales, de cortar la leña, de las reparaciones de la casa, de cortar el pasto, harás de cochero y las compras que hacia Naruto

—¡Khe! ¡No, amo! ¡Yo adoro hacer las compras! —chilló Naruto, haciendo un puchero.

—Dios...bueno. Ya está. Acompañaras a Naruto a hacer las compras. ¿Alguna duda?

—...Eh...si...¿Alguna otra cosita, amo? —berreó el ojinegro.

—Sí. Casi lo olvido. Qué bueno que me lo has recordado. La tubería del baño esta algo mala. El agua caliente no calienta del todo. Repárala, que tomaré un baño —dilucidó, retirándose por las escaleras—. Y date un baño tu también. Hueles a muerte.

—¿Mhn? Me bañé la semana pasada —se olfateó la axila[?].

—Que puto asco —Naruto hizo cara de fuchi.

Reparar la tubería de la tina, era el primer desafió que tenía que afrontar el Uchiha. No era muy buen plomero, pero le hizo empeño al menos. Con las pocas herramientas que tenia a la mano, se las arregló para que quedase bien. Deidara ya estaba impaciente por tomar una ducha. Era hora de salir.

[...]

La puerta del baño, se abrió con sutil suavidad. El vapor del ambiente, invitaba a incursionar un poco más en su interior. Agregándole a ello, la poca visibilidad que traía a cuestas, solo el sonido de sus pies desnudos, incitaba a llegar al objetivo. Deidara, yacía recostado sobre la tina. El jabón había hecho lo suyo, llenando de espuma el agua. Suspiró, disfrutando de la calidez del ambiente.

—¿Le ha gustado como quedó la cañería, amo? ¿El agua está lo suficientemente caliente, amo? —examinó el Uchiha, quitándose la polera de encima.

—Quizás tú puedas ayudarme a calentarla más, hm.

—Solo estoy aquí para servirle, amo —musitó, dejando caer sus pantalones—. Lo que usted ordene, amo.

—Pues ven y sírveme...

El volumen del agua aumento unos centímetros, producto del nuevo integrante. Obito, no tardó en acomodarse entre las piernas del rubio, repartiendo besos, desde su pecho hasta su cuello de manera elegante. Sus manos, no escatimaron en regalar caricias dóciles por sus muslos y parte de su trasero. Abriendo y cerrando sus gluteos, para estimular con sus dedos aquella menuda entrada. Y mientras los besos se hacían cada vez más intensos por su piel, el roce de ambos genitales despertaba la pasión de la escena. Tómame. Obito...sé un buen chico. Abriéndose paso, dentro de su ser, los muslos de Deidara rodearon su cintura con sumisión. Nuevamente estaban de cara a cara, con las frentes unidas por los jadeos. El agua, se agitaba y escurría por los bordes de la tina, puesto que no era intención del rubio, ser amable o mucho menos calmado. Las ganas de comerle el cuello, le atragantaban los gemidos. Así...mas...fuerte. Las embestidas, acompañaban el sonido húmedo del acto. Si tan solo hubiese podido llegar al climax que deseaba, sus labios...

Ahh...¡Obito!...

—¿Me llamó? —anuncio afuera de la puerta el Uchiha[?].

—¡Gh...Ghaaw! —se estremeció por completo, ahogándose en la tina[?]. Le costó su resto, poder volver en sí. Incluso, con los ojos rojos por el jabón que había entrado en sus orbes. ¡Puta bidah! ¡Otra vez lo mismo! — ¡Ehr...! ¡Tch...Idiota...casi me muero por tu culpa, hm!

—¿Está caliente, amo?

—¡¿Que dices?! —chilló, sumamente rojo— ¿Y este como verga se enteró?

—El agua, amo. ¿Quedó bien la tubería?

Nah...la tubería...¡La puta tubería que te voy a meter en el-...! — ¡El agua está bien, largo de aquí, animal!

Un: Que genio, salió de los labios del Lobo. A los pocos segundos, era interceptado por la mirada circunspecta del Uzumaki, quien tampoco entendía nada. Aunque para él era pan de cada día, notarlo así, de ese humor.

—¿Siempre es así de mañoso?

—Solo cuando no ha bebido suficiente sangre —suspiró el ojiazul.

—¿Y de donde consigues la sangre?

Naruto hacia a un lado, el cuello de su camisa para mostrar las marcas. Claro...Deidara solo podía alimentarse de la sangre de otro vampiro, hecho, para eso. Servir. Un vampiro de clase baja, como el Uzumaki. Algo realmente injusto, pero que ya era habitual en su mundo nocturno. Tras retirarse Obito de la escena, el vampiro menor, anunciaba la llegada de toallas limpias y secas para su amo. Era el, quien se encargaba siempre de sacarlo de la tina, secarlo y llevarlo a la habitación para vestirlo. Como nunca, Deidara se rehusaba a la idea, con un dejo de mucho nerviosismo y vergüenza en sus palabras. Insistir en casos como esos, era inútil. Incluso cuando el rubio mayor, sonaba como un gato luego de llorar[?], lo mejor era dejarle a solas, tal y como pedía. Pero a solas, aun dentro de la tina, el barón libraba sus propias batallas internas. Estaba al tanto de lo que había pasado. Y ahora, con mas consecuencias que antes. Se había masturbado...pensando en el forastero.

¿Explicación lógica para eso? Claro que no había. Ni si quiera con Sasori, había sentido la necesidad bestial, de tocarse. ¿Qué era lo que estaba cambiando en él? ¿Acaso era el propio Deidara, quien traicionaba la memoria de su difunto marido? ¿O era el penetrante olor del licántropo, lo que le tenía vuelto loco? Un ser...tibio. De piel caliente. Con sangre casi imposible de beber.

—Solo espero que sea un proceso nada mas...y se me quite...h-hm...

Hubiese sido lo mejor para ambos. Pero no. Deidara estaba muy lejos de apartarse del sentimiento que agobiaba su pecho.

Los días pasaron misérrimos, desde la llegada del lobo. Y a pesar de que el rubio hacia lo inhumanamente posible por alejarse de el, el trato era más que claro para ambos. Sería su guardaespaldas, hasta el día de su muerte. La noticia de que un licántropo, habitaba la morada del barón, se expandió como una pandemia por la comunidad vampíricas. No solo Pain, estaba al tanto. Ya había tomado conocimiento de que Obito Uchiha, era el actual poseedor de unos planos millonarios. También, el mismisimo clan Uchiha, quienes aun reconsideraban la idea de traer de vuelta a su nuevo líder. Madara, había fallecido pocos días atrás; producto de las heridas. La oportunidad de un reencuentro familiar, estaba próximo a suscitarse. Una buena idea, era de las tantas congregaciones anuales a la luz de la gran luna llena. Un banquete, en casa del cabecilla de Akatsuki. Todos, estaban invitados. Todos, debían asistir. El pelinegro, no se sentía para nada conforme con la invitación. Sus instintos más fieles, tiraban a declinar la oferta. Mas no podía hacer mucho. Deidara era su amo ahora, rechazar u obedecer, ya no era una opción viable a tomar. Mucho menos, hacerle entender la gravedad del asunto.

—Insisto. No creo que sea una buena idea —acotó Obito. Terminaba de ensillar a los corceles que tirarían del carruaje de Deidara. La tensión, era más que suficiente para los tres. Naruto, también estaba de acuerdo con la sugerencia; más que nada por el incomodo sentimiento de volver a ver al Uchiha. Su gran amor, de antaño—. Escúcheme cuando le digo, que es muy peligroso.

—Yo no le temo a nada. Además, ya hemos hablado suficiente de este tema, Uchiha —aclaró Deidara, subiendo al carromato—. Si tu no deseas asistir, no estás obligado a ir. Puedes quedarte en casa, hm.

—¿Que acaso no lo entiende? Los propios asesinos de su esposo estarán ahí. Es como una invitación a la boca del enemigo —protestó el ojinegro, frunciendo el ceño con molestia—. La terquedad, le llevará a la muerte demasiado joven.

—Por esa misma razón, es que deseo asistir. Deseo ver a los ojos, a los verdaderos culpables de arruinar mi vida.

¿Arruinar su vida? —pensó el Uzumaki, tomando asiento a su lado—. Pero amo-...

—¿Nos vamos ya? —interrumpió el rubio mayor.

A regañadientes, Obito asintió. Y sin más preámbulos, echo carrera en dirección a la velada. El, llevaría las riendas de los animales. Era bien sabido que Deidara era muy llevado a sus ideas y pocas veces se dejaba intimidar por alguien o algo. Por esa misma razón, seria que el propio can, mantendría sus ojos y orejas bien abiertas a cualquiera que quisiera acercarse con intenciones sospechosas. El vampiro, aun no conocía ni trataba con gente así. Gente a la cual, el pelinegro estaba acostumbrado. El Uzumaki por su parte, continuaba pensando en las palabras de su amo. Venir a echarle la culpa a otros de su infelicidad, cuando realmente no era feliz con Sasori...era para él, una incoherencia difícil de ignorar. Durante el trayecto, la mirada fina del barón, mantuvo sobrio su semblante en el radiante resplandor lunar. Era una noche cálida de primavera, y por esos días, los astros brillaban con aun mas fulgor, despejando caminos. La velada, seria en el patio trasero de la casona.

Al llegar a la gran mansión, Obito fue el primero en separarse de los menores, dando como excusa el estacionamiento de los caballos. No regresaría a la fiesta aun. Su ventaja, seria merodear la seguridad de su amo, desde las sombras. Miradas escarlata, se posaron en el arribo de Deidara y Naruto. Casi, como si hubiesen estado esperándoles. La condesa y su esposa estaban ahí. A primera vista, no había nada excepcional en el ambiente. Deidara, conocía a la mayoría de los asistentes. La música era seductora, estimulando el apetito de los vampiros; de beber de sus copas ensangrentadas y probar uno que otro bocado de frutos secos y semillas aojadas. No habían pasado ni diez minutos, que la presencia del licántropo en la cena, se hacía sentir en los hombros del ojiazul mayor. De alguna forma, se había acostumbrado demasiado a su figura. No verle entre los presentes, le creaba un perfil hostil, de forma inconsciente.

—¿En donde se metió ese idiota? —protestó Deidara.

—No lo sé, amo —respondió Naruto, encogiéndose de hombros—. Dijo que iría a amarrar a los caballos.

—Tch... —farfulló el barón, acercando la copa a sus labios—. Se está demorando mucho. Lo necesito aquí, no con los animales.

—¿Quiere que lo vaya a busc-...?

Pero mucho antes de acabar la frase, automáticamente apagó su voz. Ese sutil aroma que traía el céfiro noctívago, era imposible de no reconocer.

—Barón —se presentaba Itachi, besando el dorso de su mano con docilidad—. Es un honor para mí, el conocerle. Por fin, podemos entablar una conversación usted y yo —Deidara se retraía inconscientemente producto del saludo. No porque le tuviese miedo o algo así, puesto que antes ya le había visto conversar con su difundo esposo. Esa mirada tan familiar. Fue como si Obito se hubiera desdoblado al verle de esa manera tan fascinante—. Mi nombre es Itachi. Un amigo de infancia de su marido.

Y claro que no venia solo...

—El es mi hermano menor, Sasuke —introdujo el mayor, notando el amago que hacia su familiar por no saludar del todo. Su carácter, estaba a flor de piel.

Sasuke...

Ese nombre, era aun más familiar para Deidara. Y a juzgar por el semblante anémico y atónito de su acolito, no cabía duda alguna que era el mismo Sasuke del cual Naruto, había hablado alguna vez. No demoró mucho en despabilar su cara de idiota, juntando el entrecejo con discrepancia.

—Sasuke —saludó el Uzumaki.

—Naruto —respondió el azabache.

Y luego se quejan de la tensión sexual entre Deidara y Obito[?]. Estos amateurs...

—¿Ustedes son miembros del clan Uchiha, no? —examinó el barón.

—Así es. Es usted muy perspicaz —sonrió afable el mayor—. Aunque nosotros ya conocíamos desde antes al joven Uzumaki.

—Y yo a ustedes, claro —aclaró Naruto, sutilmente nervioso.

—Naturalmente —agregó Itachi.

Ya veo el parecido. Ese muchacho Sasuke...tiene un aire... —tosió Deidara, haciéndose el desentendido— ¿Y a que se debe su visita?

—Fuimos invitados por el anfitrión, así como ustedes —explicó Itachi. Claramente, mucho más despreocupado que todos los demás— ¿Se están divirtiendo?

—Ah, sí. Bastante, hm — ni en pedo, mejor me hubiese quedado en casa.

—¿Y han venido ustedes dos, solos? —preguntó Itachi, a modo de inocencia.

—¿Mhn? —Deidara arqueaba una de sus cejas con duda.

La conversación hubiese sido mucho más fluida, de no ser por la incómoda mirada que clavaba con insistencia, Itachi. A juzgar por su apariencia de pocos amigos, algo comenzaba a irritarle. Pero su buena decencia y falta de indecoro, no le permitía expresarlo del todo. Buscaba algo, con la mirada. Algo...que Deidara, había notado. Quizás por la falta de confianza o por el simple hecho, de que no eran los únicos que observaban los movimientos del otro. Estaban siendo vistos, por miles de miradas indiscretas a lo largo de la velada. Acabó por suspirar, tras un prolongado tiempo de silencio y procedió a despedirse. Pero Sasuke, no era como su hermano mayor. A él poco y nada le importaba pasar por alto las formalidades e ir al grano.

—Se que Obito ha venido con ustedes. ¿En dónde está? —arremetió el ojinegro.

—¿Obito? —parpadeó Naruto.

La pregunta discrepante del Uchiha, provocó un revoltijo en el vientre de Deidara. Claramente no lo había preguntado de forma sana o de buenos amigos. No. Le buscaban para algo...que no podía ser bueno. El rubio, ya comenzaba a cabrearse con el asunto. De cierta forma, Obito conocía todo de su vida, pero él, no sabía nada de la vida de Obito. Y no. Joder, no. No volvería a pasar por lo mismo que con su difunto esposo.

—Obito-...

—No sé de quién hablas. No conozco a ningún Obito —interrumpió Deidara, a un Naruto medio desconcertado.

—Jm, ustedes los vampiros...son tan vulgares para mentir —bufó Sasuke.

—¡Sasuke! ¡Cuida tus palabras! ¡Estas frente a un barón! —protestó Naruto.

—Y tu cuida las tuyas, Naruto. Le estás hablando a un príncipe —aclaró el azabache, sin tomarse mayores molestias. El Uzumaki, soltó un graznido de impotencia. Sus miradas, se habían cruzado sin contemplaciones. Tensión—. No me interesa si lo escondes, así como lo hizo por tantos años, el marionetista. Lo único que queremos, es que regrese al clan. Le necesitamos.

—Es gracioso que vengas a decir, que necesitas a alguien —comentó de manera burlesca e irónica, el rubio menor, haciendo énfasis de su falta de interés por el—. La última vez que estuvimos juntos, me dijiste todo lo contrario.

—No mezcles las cosas, vampiro —suspiró con bronca, el Uchiha—. A ti, no te necesito.

—¡¿Que dices?!

—Ya basta —interceptó Itachi, dando una ligera reverencia—. Disculpe el atrevimiento de mi hermano, barón. No ha escogido las mejores palabras para expresarlo, pero es verdad lo que dice. Su difunto esposo, Sasori, ocultó a Obito por muchos años en su propia fábrica. Y estamos cansados de este problema. Necesitamos que Obito vuelva al clan. Es muy importante para nosotros.

¿El idiota, importante? Que chiste —carraspeó— ¿En verdad esperan que crea todo esto? No me jodan. Ya les dije que no sé quien es —finalizó, dándoles la espalda—. Si me disculpan, seguiré en la fiesta. Tengo mucha sed.

—Deidara —llamó Itachi, deliberadamente al vampiro. No mas conceptos de caballerismo—. Sé que Obito está viviendo en tu casa. Por favor, debes ayudarnos a convencerle de que vuelva. El es el único y verdadero líder, del clan. El es el alfa. Solo a ti te escuchará.

¿Obito es un líder? —parpadeó, casi de no creerla. Bien, ya había llamado su atención. Deidara se detuvo de golpe, regresando la vista al Uchiha, solo para cerciorarse de que sus palabras fueran fidedignas— ¿Y por qué razón, el tendría que escucharme a mí? Eso no tiene sentido.

—Claro que si lo tiene —determinó Itachi, sumamente confiado de su declaración. Ahí estaba, justo delante de él. Esa mirada... — Tu y yo, sabemos por qué. Por favor, no cometas el mismo error que Sasori. Ayúdanos.

—Gnh... —Deidara chasqueó la lengua. Irritado y a su vez, muy avergonzado de su propia expresión facial, desvió la mirada con un tinte rojizo en sus pómulos. Mierda...¿Tan obvio soy, que ya se han dado cuenta? Que desagradable situación—. Veré que puedo hacer. No prometo nada —explicó, frunciendo el ceño.

—Con solo saber eso, estoy conforme —asintió Itachi, redundando en una reverencia más notoria que antes, antes de retirarse—. Sasuke —llamó.

—Hasta pronto, chupasangres —se despidió el ojinegro, con sutil desprecio.

—¡Sasuke! —citó Naruto, permitiendo que este se detuviese ante el llamado— ¿Entonces era mentira, lo que me dijiste aquella noche? ¿Qué significa esto? ¿Solo fui un juguete, para ti?

Itachi se había adelantado lo suficiente como para captar la conversación. Por su parte, Sasuke ni se molestó en voltear, tan solo respondiendo por sobre el hombro.

—Yo jamás juego con mi presa.

Bien...esa fue una respuesta bastante mata pasiones. Pero Naruto ya estaba acostumbrado a ese trato rival. Solo el, había entendido el mensaje. Aunque sonara bastante salvaje[?]. Una sonrisa endeble se dibujó en su semblante. Deidara...no entendía un carajo. Y tras pasar un rato mas, charlando con otros asistentes, lentamente, Naruto se perdía mas y mas en el ambiente. Mucha gente, con un solo objetivo a lo lejos. Justo, al otro lado de la mesa. Idiotizado por el cruce de miradas que, indiscretamente le regalaba el Uchiha entre la muchedumbre, un fuego salvaje ardía por sus venas. Sasuke sabía cómo funcionaba el juego. Llevaban años jugándolo, a espaldas de todo el mundo. Esta vez, no sería la excepción. Bastó un abrir y cerrar de ojos, para que el azabache se perdiera entre un par de arbustos, en la penumbra de del festejo. El rubio, tras el. Deidara, se halló solo en medio de la nada en cosa de segundos. Así no se pinches puede[?]

—¿Y ahora qué demonios...? Estoy rodeado de idiotas —gruñó.

—No hace falta que me insultes así, Deidara.

Una voz inédita, se alzó en su oído. Nada más y nada menos, que Pain. El propio anfitrión de la reunión, siendo seguido por dos de sus más fieles guarda espaldas. ¿Y el mío? Vaya a saber el diablo, en donde vergas se metió. No era momento de estupideces. Al fin estaba de frente. Cara a cara, con el asesino de su marido. Era tiempo de aclarar algunas cosas.

—No es mi problema que te sientas identificado, hm.

—Ahora entiendo por qué, Sasori se casó contigo —sonrió de manera maliciosa. Dos de sus dedos, frotaron un par de mechones de cabello con suavidad—. Tienes un carácter fuerte. Me gusta eso en un vampiro. Tu aroma es penetrante —aclaró, muy cerca de su cuello. Pero automáticamente, Deidara retraía sus pasos.

—Sasori no me eligió, para casarse conmigo. Fueron nuestros padres —aclaró, quitando su mano de un golpe antagonista—. Él ni si quiera me conocía. Si no sabes de lo que hablas, no hables.

—No hace falta que te desquites conmigo —murmuró el líder—. Todos lamentamos la muerte del marionetista.

—Todos, menos tu. Sé que estuviste detrás del incendio. Tres de tus hombres estuvieron ahí, esa noche —refutó el rubio, con ofuscación.

—Es verdad. Tres de mis más valiosos hombres sucumbieron aquella noche —expresó con una nostalgia irónica—. Pero...¿Acaso eso me convierte en un asesino? Yo ni si quiera estaba ahí. Estas insinuando algo demasiado grave, muchacho.

—No lo insinúo. Lo declaro.

—Pues deberías tener cuidado con tus palabras —amenazó, apretando su cuello con intimidación—. O terminaras uniéndote a él.

—¿No quieres unirte tu, a tus amigos? —interrumpió Obito.

De un sopetón, la mano de Pain se elevó lo suficientemente lejos del cuello del rubio, lo cual alertó a sus más fieles seguidores. Y a diferencia de ellos, tanto los orbes del Uchiha como sus colmillos, eran aun mas intimidantes. Sobre todo cuando tomaban ese color carmesí, furioso. Si lograba transformarse en su verdadera forma, mas de alguno no saldría vivo esa noche. Algo que Pain, realmente no deseaba, puesto que arruinaría la valiosa vajilla inglesa que había adquirido días atrás.

—Vamos a calmarnos caballeros —pidió el dueño de casa.

—¿Y qué pasa si no quiero? —farfulló el Uchiha, sumamente cabreado. Su voz, había tomado un ronco tosco. Parándose delante del rubio en posición defensiva, agregó— ¿Vas a matarme, como mataste al maestro Sasori?

—Uchiha, los de tu clan ya se han ido —mencionó uno de los vampiros que acompañaban a Pain— ¿Por qué no haces lo mismo?

—Por favor —rió el presidente de Akatsuki— ¿Tu también piensas lo mismo?

—Todos conocían tus intenciones de absorber la compañía del maestro —enunció Obito, aun mas molesto que antes— No quieras venir a dártelas de santo ahora.

—¿Que tiene de malo, querer fusionar una empresa con otra? Vamos, no soy un monstruo. Solo soy un muy bien empresario —se mofó.

—¡El jamás hubiese aceptado fusionarse contigo! ¡El amaba su fábrica de marionetas, le hacía feliz hacer lo que hacía! —aulló con impotencia— ¡Es por eso que lo mataste! ¡Enviaste a tus hombres a acabar con él! ¡Ya di la verdad!

Sasori se suicidó —finalizó sin más—. Esa es la verdad. Tu y yo la sabemos. Y tu noviecito, también. Se suicidó, porque pronto entraría en quiebra. Yo iba tomar todos los bienes de su familia. El rechazó mi oferta de trabajo, cuando solo intentaba ayudarle. Compraría sus últimos planos. A mi beneficio, claro. ¿Pero que mas podía hacer? Es a lo que me dedico. Compro empresas en quiebra y las revendo a precios ridículos. Cada quien a lo suyo —agregó, dejando un aire helado a sus comensales—. Su orgullo fue más grande que su vida. Sasori se enamoró de su propia leyenda. De sus propios logros personales. El, acabó con su vida. Nadie más —acotó, tras una risa irónica— Ni si quiera le importo dejar viudo a su esposo. Simplemente patético.

Obito, estaba de piedra. Pero a pesar de escuchar toda la verdad, la realidad de como habían pasado las cosas, seguía empecinado en defender a su maestro. El único, que le había tendido una mano cuando más lo necesitó. No iba a renunciar a sus convicciones.

—No me importa lo que digas. El maestro Sasori era bueno. Él lo hizo para defender su nombre, su familia, su-...

Obito...cállate.

No supo a ciencia cierta, que fue lo que con exactitud le robó el aliento. Si la declaración del anfitrión, o la voz de ultra tumba que Deidara soltó de golpe. Atónitos, permanecieron los integrantes de la conversación, tras escuchar la orden grotesca del rubio. Permanecía cabizbajo, ocultando sus ojos entre su flequillo. Más aun, no hacía falta en lo mas mínimo, ver su cara. Con esa demanda, lo había dejado claro. El rubio, empuñó sus manos con impotencia.

—Ya he escuchado suficiente —determinó el ojiazul—. Llévame a casa.

—¿Amo-...?

—¡QUE ME LLEVES A CASA, PERRO DE MIERDA! —rugió, sin llegar a levantar la mirada—. Ya...no...quiero...seguir...aquí...

Hasta los asistentes de Pain se asustaron[?]. Sin más premuras, Obito asintió.

—Barón —detuvo Pain, unos segundos antes de que se fuera—. Todos sabemos que Sasori le dejó en la quiebra. He sabido, que subsiste de los bienes que su titulo le da. Pero eso no será por mucho tiempo. Tarde o temprano, el dinero se acabara, y ya no podrá llevar esa vida de lujos a la que le criaron —agregó de forma firme—. Si se casa conmigo, tendrá todo eso y mucho mas. Creo que su estirpe, merece algo mejor que todo esto. Es usted, realmente muy divino. Me encantaría y...sería un honor, poder unir nuestros genes. Un vampiro pura sangre, solo debe mezclarse con otro pura sangre.

Pero no estaba del todo seguro, si las palabras del empresario, llegaban o no a los oídos sordos del rubio. Deidara parecía de estatua. No se molestaba a verle ni mucho menos mover un dedo. ¿Realmente era capaz de pedirle que se casaran? Que joda. Y para sorpresa del propio vampiro, a esas alturas de la conversación ya no estaba computando nada. Solo quería ir a casa. Obito volvía, con el carruaje listo.

—Como dijo una vez, mi difundo marido —musitó, casi inaudible—. Voy a pensar en tu propuesta.

¿Qué? Ok. Ni el se creería lo que llegó a decir. Realmente estaba cabreado. Solo quería largarse a la mierda y ya.

—No encontré a Naruto. ¿Habrá vuelto a casa? —examinó Obito, dando riendas sueltas a los animales.

Un ligero supongo, fue la respuesta acallada que recibió por parte del vampiro. Algo no estaba bien. Algo...había muerto en Deidara. Más de lo que ya estaba. Y es que enterarse de la verdad, era mucho más doloroso que saberla, de por sí. Lo sabía. Sabía que en el fondo, Sasori se había suicidado, junto con su fábrica. Todos sus más grandes miedos y temores, eran reales. Una lagrima infame, rodó por su mejilla esa noche. No había nada que defender. Le importaba bien poco, si su bolsillo estaba quebrado. Era su corazón, lo que quebrado, seguía. Sasori, era lo que era. Fue lo que fue. Estaba muerto. Esta vez, seria la ultima vez...que lloraría por él.

Aun faltaban un par de horas para que el sol, diera sus primeros rayos matutinos. Obito acomodó el coche en la entrada y alzó su mano para que Deidara la tomase y descendiera. Como de costumbre. Pero este, no la aceptó. Indiferentemente, entró a la casa, esquivando todas las preguntas que el Uchiha le hacía. Sobre la velada, la conversación con Pain. Todo apuntaba, a un odio intrínseco hacia su persona. Poco y nada entendía de su naturaleza tan..."bipolar". Pero no se iba a detener a discutir con él. Claramente, sabía que lo de Sasori, le había dejado mal. Y mientras Deidara se emborrachaba en la sala, el pelinegro hacia caso omiso a su comportamiento y se despedía como de costumbre.

No. Deidara quiere pelear...

—¿A dónde crees que vas? —examinó Deidara.

—Iré a dormir. Yo duermo de noche ¿Lo recuerda? —suspiró Obito.

—¿No estuviste en toda la noche y me vienes a decir que te irás a dormir ahora? Vaya guardaespaldas de mierda que tengo.

—Se equivoca. Estuve toda la noche pendiente de usted. Otra cosa, es que no me haya visto —explicó el Uchiha, defendiendo su postura—. De lo contrario, no hubiera aparecido para sacarlo de las manos de Pain.

—Yo podía defenderme solo.

—No lo parecía.

—¿Cuando ibas a decírmelo? —preguntó, juntando el entrecejo con dolencia— ¿Ah? ¿Crees que me creo el cuento, de que cuidabas a la distancia? Eres un maldito cobarde. Estabas escondiéndote de tu clan. Itachi me contó todo —acotó, notando como el semblante del Uchiha se deformaba en torno a uno más molesto— ¿Líder de un clan, no? Escondido como una rata.

—Eso no es asunto suyo. No tengo por qué, hablar de ello. Si me permite, me retiro —reverenció, en seco.

—¡No! ¡No te lo permito, Uchiha! —demandó Deidara, jalando de su brazo con violencia—. Todos parecieran saber, hasta lo que cago. ¡Todos conocen mi maldita vida, miserable, menos yo!

—Esta ebrio. No sabe lo que dice.

—¡No estoy ebrio, carajo! ¡Estoy cansado de vivir rodeado de gente que ni se, quien coño son! —bramó el rubio, apretando aun mas fuerte su brazo.

—Usted sabe quién soy yo —jaló de aquella mano que le estrujaba el brazo. El jalón, había dejado su cuerpo sumamente pegado al suyo. El pelinegro, frunció el ceño con sutileza, notando lo frio que estaba su cuerpo. Incluso ahí, donde debía haber un corazón, un latido, no había nada. Más aun...esa mirada... — Soy Obito Uchiha. Soy su guardaespaldas.

—No —declaró Deidara, dejándose llevar por el aroma embelesador de su contrario—. Solo eres un extraño, con un cuerpo jodidamente caliente y sumamente atractivo, que dice seguir a mi lado porque se lo juró a mi esposo, no porque realmente quieras. Ni si quiera me conoces —agregó.

Obito sonrió ladino, rodeando su cuerpo en un abrazo mas protector que otra cosa. Deidara ya tenía las mejillas rojitas y los ojos un tanto desorientados.

—¿En verdad le parezco atractivo, amo? —musitó en su oído, haciendo amago de seductora voz—. Creo que ahora...comienzo a conocerlo un poco más.

—No me conoces, ni mierdas, hm —protestó, tambaleándose entre sus brazos—. No quieras hacerte el fuerte conmigo. Estos músculos son falsos —acotó, lo suficientemente ebrio como para tocarlos[?]—. Tú cuerpo es falso. Ah...¿Qué tienes aquí? —incursionando por su pantalón, apretó su bulto con fuerza desmedida— ¿Lo ves? Nah...no puede ser real[?]

—Ghn... —Obito cerró uno de sus ojos, inmediatamente ante el apretón— Ese es mi pene, amo. Ahn...es bastante real —jadeó suave y de manera nerviosa, retrayendo su cuerpo sobre sí mismo. El rubio, comenzaba a recargar su fisionomía de una forma muy provocativa

—¡Ca-lla-te!...y ahora te voy a besar...h-hm... —comentó.

Realmente...sus labios estaban muy lejos de alcanzar los del ojinegro. Fue como achuntar un dardo a ciegas en la oscuridad. Y para evitar que cayese, el licántropo le tomó en brazos y le llevó por las escaleras, hasta su cuarto. Ya casi amanecía. Si bien, todo había sido una simple jugarreta de niños de la cual, quizás el vampiro no se acordaría al otro día, para el Uchiha estaba bastante fresco en su cuerpo. Sobre todo en su pantalón; en el cual quedarían secuelas de esos agarrones. Fue en ese preciso momento, en el que Obito, notó, la presencia del rubio. Como nunca antes y por primera vez en mucho tiempo, comenzaba a tomarle atención. A verle de manera masculina. Como hombre. Incluso luego de dejarlo tapadito sobre su cama, la sensación de añorar ese beso que nunca atinó, empezaba de a poco a germinar como una semilla recién regada. Deidara...le parecía muy atractivo. Ese encuentro al alba, le dejaría mas duro el corazón, que otra cosa[?]. A partir de ese momento, el sentimiento seria mutuo.

¿Cómo no darme cuenta antes...de lo que tenia al lado? Estaba ciego...

Naruto llegó al otro día. Como si nada, pasó derechito a acostarse sin hacer ruido[?]. Ese también andaba en malos pasos. Ah. Los días ya no transcurrirían de igual forma. Las miradas furtivas que antes, pasaban desapercibidas por Deidara, ahora eran reprimidas; al ser sorprendidas por Obito. En más de una ocasión, le había visto observándole de maneras muy poco "profesionales". Cuando el Uchiha cortaba la leña, alimentaba a los caballos, reparaba cosas en la casa, etc. Ya se había vuelto una costumbre para el rubio. Una costumbre, de la cual tendría una última oportunidad.

Esa noche, el calor primaveral, no daba tregua a la habitación principal de la morada. Deidara no había acabado de cenar hacia poco y culpando al soponcio nocturno, su sed...quemaba su garganta. Una sed, que no había sido posible saciar. Una sed, que le conduciría directamente, al balcón. Desde ese ángulo, la vista pulcra de la caballeriza —lugar en donde Obito dormía cada noche— llamaba la atención del lozano vampiro. La luz de la choza, se apagó. Y una vez más, se lamentaba el hecho de no poder hacer nada al respecto. Un lamento frágil, se escabulló entre sus selectos labios. Su pecho ardía. Dudaba poder soportarlos por un minuto más. Fue entonces, cuando la silueta corpulenta del licántropo se asomó por el cobertizo. Caminaba a torso desnudo, en dirección al rio, y cargaba consigo una toalla al rededor de su cuello. ¿Obito iría a darse un baño, al estero? Eso jamás lo había visto venir.

Hasta el día de hoy, no podría determinar las razones que le impulsaron a vestirse a duras penas y correr al baldaquín de su corcel. Probablemente, impulsado por el deseo de sed que el lobo le atribuía. O quizás, la quietud que envolvía el manto nocturno. Por esas horas, solo el canto de las ranas y los grillos, daban pie a sus actos. Cabalgó, guiado por la estela aromática de la esencia del can. Lo suficientemente alejado de todo, le halló en el lecho del rio. La forma en la que, sus manos, delineaban el contorno azulado de sus músculos, exaltó las células de Deidara. Producto de la luz de luna, el brillo de cada gota, rodando por su bien perfecta fisionomía, causaba estragos en su mente. No estaba pensando del todo. Claro que no. Obito había notado su presencia. Una mirada clandestina, se cruzó entre ambos. La expresión del rubio, no era habitual. Ahí, sentado sobre su caballo, con la mirada fija en el. Sus ojos, como nunca, rojizos como la sangre, acechaban la carne del licántropo, como una presa. El pelinegro, captó el mensaje. No iba a escapar. No era como si quisiera hacerlo tampoco.

De un tranco, Deidara descendió del animal. A pasos raudos, se aproximó a la orilla del rio, sin importarle un bledo, si mojaba su ropa o no. Obito, acudió a su exasperado encuentro, uniendo su cuerpo al suyo en un abrazo agobiante. La camisa blanca del vampiro, completamente empapada, fue removida en cuestión de segundos. El Uchiha, le aprisionó contra unas rocas. Y estampando su penetrante mirada en la suya, le clavó un beso en los labios. El beso, que hacía tiempo, anhelaba dar. No. Esta vez, no era un sueño. Era real. Obito ardía, a diferencia de la insensible piel de Deidara. Sin embargo, por dentro, era el ojiazul, quien se quemaba en el mismísimo infierno. Su erección, dolía. Fundido en un beso ahogado, el barón, arrancó los pantalones de su contrario. Seguido de ello, acto reflejo incitó al ojinegro. Puede que ninguno de los dos haya entendido, que era realmente lo que estaba pasando en esos momentos. Pero era demasiado tarde para detenerse a pensarlo. El licántropo, flagelaba el interior del vampiro, una y otra vez, sin interrupción alguna. No hubo gemido, que el rubio pudiese acallar. Se arrancaban de su garganta sin contemplaciones. Aferrado a la espalda de su chico, solo pudo clavar sus dedos en la piel, y es que sin previas lubricaciones, el dolor era insoportable. Una diferencia bastante grande, de al menos un par de centímetros de grosor, entre su difunto esposo y el Uchiha. No importaba ya. Ya nada...importaba.

El acto, se había consumado. Cada embestida, era más agresiva que la anterior, amenazando con dejarle desfallecer entre sus brazos, si era necesario. Esa sed voraz, agredía su pecho con furia. Justo ahí, hinchada de sangre, la vena yugular de su cuello. Fue casi como de acto reflejo, que Deidara, hincó sus colmillos en el cuello del licántropo. Obito, bramó por unos instantes, mas no hizo comentario alguno al respecto. No iba a detenerle. Era un vampiro. ¿Que podía esperar? El veneno de sus caninos, hacía lo suyo. Relajar a su presa, de tal manera, que el mordisco fuese casi orgásmico. Poco a poco, los parpados del lobezno entraron en recesión. Y llegaba a un punto, en el que no podía diferenciar a ciencia cierta, si estaba a punto de eyacular, o desmayarse. Deidara, estaba succionado demasiado fuerte; anonadado por su fragancia y el fino sabor del licántropo, le mataría. Succionaría hasta dejarle seco.

Hubiese sido exitoso su inconsciente plan, de no ser, porque saldría de su trance en un golpe fortuito, contra su oído. Casi como un lamento, susurró.

—Creo...que te amo...

Obito, se había confesado de la peor manera, sacando del eje al vampiro. De forma violenta, Deidara retiró sus colmillos del cuello ajeno, sintiendo casi al instante, como su contrario, era azotado por un espasmo sublime. La corriente del rio, lavó el espeso rastro del acto sexual. El barón, estaba en shock. Y mientras su amante, descansaba sobre su hombro, tembloroso y débil, sus rojizos orbes aun no podían dimensionar el resultado del episodio.

¿Qué es lo que hecho...?

Obito, resbaló por su cuerpo. Desfallecido, la corriente del rio le arrastró con suavidad, siendo atajado un poco mas allá por Naruto. El tinte carmesí de sus ojos, volvían a la normalidad.

—¡Amo! ¡¿Que es lo que acaba de hacer?! —chilló el Uzumaki. Tuvo que remolcar al Uchiha hasta la orilla, para evitar que se ahogara. Deidara, aun seguía atónito— ¡Amo Deidara! ¡Reaccione! —bramó, cubriendo el cuerpo mojado del ojinegro, con su chaqueta.

Bastaron un par de segundos más, para que el vampiro mayor despabilara. Se encontró así mismo, desnudo y sumamente mojado. Sintiendo la vergüenza sobre sus hombros, salió del agua y caminó hasta su caballo, cubriéndose tan solo con una gran manta al rededor de todo su cuerpo. Su acolito parecía de piedra. Y no era como si Deidara se detuviese a preguntar, como les encontró. Menos mal, que había aparecido en el momento preciso. Sin decir ni una sola palabra, se montó a la bestia, permitiendo que su sirviente sentara a un magullado Obito, a su espalda. Regresarían a la mansión. El licántropo, había perdido la conciencia. Durante el trayecto a casa, los pómulos del rubio, no se despegaron del color ruborizado que tenían. El cuerpo de su chico, seguía calentito en su revés. Una sensación única, agitó su pecho con pasión. No solo por el hecho de sentirle tan cerca, si no, porque aun le sentía dentro.

Al bajar del caballo, los vestigios del evento, aun permanecían en la montura de este. Se había devuelto por su tracto renal. Fue el propio Deidara, quien bajó al Uchiha del equino y lo llevó a la casa.

—Limpia eso —ordenó.

No se bañó. Ni si quiera se preocupó de perfumarse. No deseaba, por nada del mundo, que su esencia desapareciera de su cuerpo. Y por primera vez en mucho tiempo, aquel lado de su cama sería ocupado nuevamente. Fue en ese lugar, donde Obito era depositado, vendado y cobijado. Quizás, no como una respuesta a un acto de amor en sí, sino mas bien, a un servicio muy bien prestado por parte del ojinegro. Obito no era su novio. No era esposo. No era su amigo. Ni si quiera era ya, un desconocido. Entonces...¿Que era Obito, para él? Ni si quiera cabía en el tramo de ser un amante, debido a que solo habían intimado una vez.

—¿Quién demonios eres...? —masculló entre dientes, sobre la oscuridad de la habitación. Su dedo índice, se paseó por sus labios con elegancia, llegando a lamer sobre la piel de este. Los abrió, etéreamente, hasta que la luz de la habitación enfocara sus pequeños colmillos. Los rastros de sangre del Uchiha aun permanecían latentes en su paladar. Es exquisitamente dulce...¿Me he vuelto loco?

—El es su hombre —aclaró Naruto. Entraba a la habitación, luego de cometida su encomienda—. Así como Sasuke lo es para mí.

—¿Que significa esto? Yo de verdad... —acallaba el vampiro mayor. La melancolía emanaba con furor por sus azulados orbes. Titilando con somnoliento deseo, incluso aun, luego del acto—. ¿Mi...hombre...?

—¡Amo! —exclamaba el sirviente.

Agudo, era el sentido de olfato del Uzumaki, tras corroborar una presencia familiar en las afueras de la morada. Era el empresario y dos de sus secuaces, los que echaba una visita repentina al muchacho. Quizás, alertados por la reciente luna nueva que resplandecía con majestuosidad en lo alto del sombrío cielo. Era hora de la respuesta a su encumbrada propuesta de matrimonio. El barón, no escatimó en prendas de vestir; simplemente asomándose con un camisón blanco, largo y muy elegante. Naruto le seguía más atrás. Apenas sus pies tocaron la fresca hierba nocturna, Pain tomó la palabra.

—Barón —saludó el presidente de Akatsuki, inclinando su cuerpo en una reverencia—. Se ha cumplido el plazo. ¿Ha pensado en mi propuesta?

Deidara estaba rígido, con la mirada disipada en el panorama. No era como si estuviese contemplando algo más que la mirada de su contrario, sino mas bien, observaba su interior con introspección. No estaba ahí, realmente. Con la vista gris y los labios retraídos, parecía mas muerto que vivo. Complemente desinteresado con el tema, negó con la cabeza. No. No había pensado en ella. Y simplemente, no aceptaría.

Hubiese sido una charla mucho mas melodiosa, de no ser por la fragancia que desprendía su camisón, al contacto de un tibio céfiro fúnebre. Los acólitos de Pain, entraron en posición hostil. Sus ojos, se tiñeron de rojo. Deidara, se había delatado. Ese aroma, era imposible de ignorar. Naruto, hizo lo mismo; interceptando sus amenazantes semblantes, delante de su amo.

—¡Traidor! —aulló uno de ellos.

—¡Atrás, vampiro! —chilló el Uzumaki— ¡Estás hablando con un barón!

—¡Amo Pain! ¡Este sujeto...! —farfulló otro— ¡Se ha cruzado con un licántropo!

—Lo veo y no lo creo —se mofó el pelinaranjo negando con la cabeza—. Lo bajo que has caído, Deidara. ¿No te da vergüenza, traicionar de esa forma a tu raza? —agregó, frunciendo el ceño con repulsión. Pero a Deidara no parecía importarle en lo más mínimo, las intimidaciones del vampiro mayor.

—¡Insolente! ¡Responde cuando te hablan! —bramó uno de los sujetos. Deidara, no respondió. Ya había colmado la paciencia del rival.

—Y yo que te quería para mí —Pain bufó con ironía, tomándose la frente con egolatría—. Mátenlo.

—¡Atrás, amo! —defendió Naruto.

Los sirvientes del presidente, se abalanzaron con velocidad hacia los rubios. Sus intenciones eran claras, así como las ordenes del mayor. Deidara, moriría. Sin embargo, sus planes se verían frustrados por un factor mucho más importante que solo la adversidad. Obito. De un tranco, un enorme y robusto lobo negro, lanzó lejos a los invasores. El suelo retumbó por unos segundos, elevando las hojas de la superficie. Dando un rugido bestial, señalaría su territorio protector. Si iban a matarle, tendrían que pasar primero por encima de su cadáver. No solo los adversarios estaba aturdidos, también lo estaban ambos ojiazules. Era la primera vez que el Uchiha se mostraba en su forma natural. Gruñó, dejando que su hocico demostrara la ferocidad de su poder. No era como si los vampiros se intimidaran tan fácilmente con una presencia así, no obstante, una pelea innecesaria por el dominio de un muchachito, era consideraba más que una ridiculez por parte de Pain. Obito lo estaba dejando bien en claro, con esa mirada salvaje.

Deidara es mío. Largo.

El líder de la empresa chasqueó la lengua. Y en un gesto deliberado, acomodó su sombrero sobre su nuca. Los tres anémicos hombres, se retiraron en silencio. La batalla, ya estaba perdida para ellos. Una vez a solas, el can cayó de rodillas al suelo. Nadie supo con exactitud, de donde había sacado las fuerzas necesarias para transformarse, estando dispuesto a luchar a muerte. Deidara fue el primero en tomarle, evitando su caída por completo. Obito, azotó su cola con regocijo, doblegando sus peludas orejas. Paulatinamente, su transformación se fue disipando. Naruto estaba pasmado.

—¿Amo...el esta...?

—Vivo. Solo se ha desmayado —aclaró Deidara, masajeando sus negros cabellos con ternura— Lo que has hecho por mi esta noche... —parpadeó—. Naruto, ayúdame a llevarlo de vuelta a la cama.

Un día pasó. Y después su noche. Otro día pasó, y nuevamente su noche. Obito permaneció dormido durante tres días y tres noches. Fue como si nunca hubiese dormido realmente. Deidara se mantuvo a su lado, todo el tiempo que pudo, hasta que finalmente abrió los ojos. Su apetito era mucho más voraz que antes. No así sus energías. Y si bien, había vuelto en sí, ya nada sería como antes. Algo había cambiado en su mirada. La forma en la que Deidara, se veía reflejado así mismo en ella, era completamente distinta. No había ni un atisbo de complicidad en aquellos negros orbes, sino, de sumisión total. Sumergido, por el amor que ahora agitaba su pecho, Obito se entregaría a su amo de todas las formas existentes posibles. Como lo que era. Su perro guardián. Desconociendo las mil y una formas en las que, el rubio le sentía. Prontamente, un sentimiento similar al amor, resurgía en el vampiro. Agobiado por las preguntas que asaltaban sus dudas.

Se supone que los vampiros no tenemos alma. Entonces...¿Qué es esto que ahoga mis noches? Si no tengo corazón. ¿Por qué siento que algo late en mi pecho? Quema...por dentro...

Los encuentros nocturnos, se hicieron cada vez más frecuentes. Era normal que el barón, visitara el corral de los caballos. Y no precisamente para alimentar a los corceles. No era como si le importara la incomodad del pajal. De forma paralela, la presencia del Uchiha se volvió casi una necesidad en el lecho del rubio. Por lo mismo, Naruto ya no era una opción a la hora de alimentarse. La sed de Deidara, era saciada con sublime deleite, por Obito. La sangre caliente de un licántropo, era cien veces más efectiva que la de un neófito común. Por lo que sus efectos eran visibles incluso a la distancia. Sobre todo, por el incremento feroz de su libido. No había espacio ni tiempo, a la hora de tomar al Uchiha. No importaba si se encontraban en una fiesta o en un lugar público. Siempre había un rincón oscuro, una escalera escondida, una habitación apartada, o un árbol ancestral en donde probar su piel. Mucho menos si iban de viaje. Obito era bajado del carruaje, e invitado a la parte posterior. El hambre, no apremiaba. Y lo que tampoco apremiaba, era la noticia de saber, que el barón, estaba consumiendo sangre canina.

El rumor se esparció raudo, volviéndose tema en boca de todos. Para algunos vampiros, el acto era simplemente una desobediencia. Como para otros, más liberales y jóvenes, era más bien un escaparate de lo nuevo, fusionado a lo antiguo. Una revolución. El cambio, que la sociedad vampírica necesitaba. La diferencia entre que era más escandaloso; si Deidara alimentándose de Obito, o Deidara enamorado de Obito. O viceversa. Deidara, siendo prisionero de Obito, quien solo le utilizaba para sus fines animales. Los chismes, estaban a flor de piel.

Bien. Ya hablamos de lo que opinaban los chupasangres. ¿Pero qué hay de la comunidad de licántropos? Bueno...las opiniones también estaban divididas.

[...]

—¡Inaudito! —vociferó un miembro del clan Uchiha—. ¡Obito se aparea con el enemigo! No aceptaré a un líder como ese —la ira, supuraba en sus ojos.

—Ten más respeto. Estas hablando del Alfa —defendió otro, mucho más joven.

—¡Ese no es mi Alfa! —defendió.

—Si Madara estuviese vivo... —chistó una mujer.

—Pero no lo está —aclaró Shisui, de entre los miembros de la reunión—. Inaudito, es tu comportamiento hacia tu líder. Obito es el verdadero Alfa del clan. Por derecho. El ganó la pelea con valentía. Nadie le dio el título porque si.

—¿Si? Pues no veo su valentía por estos lados —bufó el hombre.

La discusión se armó entre los miembros del clan. Uno que otro, apoyando la noción sentimental del Uchiha. Otros, simplemente aborreciendo su estatuto en la tribu. Shisui hacia lo que podía para acallar a los comensales.

—Esto se está saliendo de control —murmuró Sasuke, jugueteando con una cola de conejo entre sus dedos. Itachi permanecía cabizbajo, observando de reojo la escena— ¿Sigues confiando en el sujeto ese, llamado Deidara?

—¿Tu confías en Naruto?

—Ghn... —gruñó el azabache, desviando la mirada con indiferencia—. Eso no es asunto tuyo.

Uchiha Itachi soltó un suspiro. Una rama vieja se quebrajó de entre los arbustos. Un aroma conocido, se incrustó en las fosas nasales de los hermanos; alertándoles de un nuevo visitante. Era nada más y nada menos, que Uzumaki Naruto.

—¿Naruto? —examinó Sasuke, pasmado con su presencia— ¿Qué demonios haces aquí? —le jaló de los hombros— No deberías estar aquí ¿Que no ves que es peligroso? Si alguien te ve...

—Lo siento. No pude evitarlo. Necesitaba hablar con ustedes —explicó el ojiazul, tomando aire antes de hablar—. Veníamos de una ceremonia. Nos hemos detenido a unos pocos kilómetros de aquí, cerca de un claro. Mi amo está con Obito, en el carruaje. Creí que sería bueno que-...

—Llévanos —demandó el hermano mayor.

[...]

Obito permanecía recostado a lo largo del asiento trasero del carruaje. Encima de él, yacía un Deidara muy agotado. Despojados de sus prendas de vestir, tomaban aliento para descansar un momento. El vampiro, lamia con insistencia las marcas de su cuello, dejando que parte de su sangre, resbalara por la comisura de sus labios. Los dedos del ojinegro, delineaban su pálida tez, en una caricia humilde. Tan solo utilizando la yema de sus dedos. Deidara ya no mantenía la dermis tan fría. La sangre del Licántropo, le daba mucho más calor corporal que la de un vampiro o un humano. Sin embargo, incluso en el silencio de aquel rincón, alejado de todos, la inconsistencia del acto perturbaba al Uchiha. Deidara se vitalizaba cada vez más, con su energía. No así el can, quien no era un vampiro. No sería joven eternamente. Ni mucho menos poderoso. Un tema que el vampiro odiaba tocar.

—¿No eres muy hablador, o si? —murmuró el rubio, dejando una caricia sutil sobre su pecho. Hacia un buen rato que permanecían en la misma posición, sin emitir sonido alguno. La varonil respiración del Uchiha, era sonido suficiente para ambos. No así, sus dudas; claramente reflejadas en su reservado semblante—. Nunca me has contado sobre tu clan. La vida que llevabas en el pasado.

—No hay mucho que decir. Normalmente dormimos luego de esto —expresó Obito, removiéndose de forma más cómoda. Depositó un beso en su frente—. Preferiría hablar de ti —agregó—. Mi vida, antes de conocerte...no tenía mucho sentido —Deidara desviaba la mirada con incertidumbre. Sus labios, titubearon unos segundos— ¿Mh? ¿Qué pasa?

—Hay algo que no te he contado —musitó—. Itachi...

—Sé lo que hablaste con Itachi. Te pidió que me convencieras de volver —interrumpió el ojinegro, frunciendo el entrecejo—. Te lo dije esa noche. Estuve cuidando tu espalda ¿Lo olvidas?

—Obito —llamó con sensatez. No estaba seguro si su amante estaría dispuesto a expresarlo. Inclinó la mitad de su cuerpo—. Escucha, más allá de ser un barón por un titulo otorgado, jamás he sido líder de ninguna cosa. No sé, que es lo que debes de estar sintiendo con respecto a ello. Aun así, Itachi tiene razón en algo. No puedes estar huyendo de tu clan, de por vida. Ellos te necesitan.

—¿Por qué no? —suspiró con hastió. La conversación se tornaba fastidiada para el Uchiha. Rascó su nuca— Yo ya no me siento parte de ellos. Además, mi padre solía decir, que uno pertenece al lugar, en donde se encuentre su corazón. Y mi corazón, en estos momentos, está aquí, contigo —acotó, tomando su rostro con tibieza—. Solo deseo permanecer a tu lado, el tiempo que me sea posible.

—Eres un Uchiha. Y un licántropo —susurró, sintiendo el fulgor de sus palabras sobre sus rosadas mejillas. Palabras románticas, salidas de un cuento de hadas. Mas, alejadas de la realidad. Acaricio la mano que tocaba su pómulo derecho—. Ellos son tu familia.

—Tú, eres mi familia ahora —determinó sin más. Ambas frentes, acabaron unidas en respuesta a un gesto sentimental— ¿Que acaso no te quedó claro esa noche? Yo estaría dispuesto a dar la vida por ti.

Pero más allá de provocar una reacción atónita en Deidara, las palabras del can parecían cuchillas cercenando su pecho. Dolía. Ya que si bien, estaba enamorado como él, era la primera vez que experimentaba cosas como esas. No supo que responder. Para el vampiro, sacrificar la vida por alguien, era simplemente un acto de sedición extrema. ¿Por que querría alguien, morir por mi? No lo entiendo...
No iba a detenerse a preguntar. La entrega incondicional de su chico, le había robado el aliento. Obito no solo le había traído paz a sus días, si no que también, cultivaba en su ser, profundas formas y aspiraciones de como amar a alguien. El era su guía, su maestro. Por lo cual, comprendería con el paso del tiempo, que el sentimiento era mucho más trascendental que la vida misma. Si ambos estamos juntos...nada podrá detenernos.

Deidara, sintió el peso de la naturaleza sobre sus hombros. Concibió, un impulso superior, e inexplicablemente vigoroso, intenso, transitar sus venas de forma salvaje. Como si pudiese derrotar al mundo entero. Como si no hubiese mañana. La fuerza que todos buscan y que pocos encuentran, para aplacar a cualquier enemigo que se cruzase en su camino. Lo haría, con Obito a su lado.

La conversación, no pudo haber culminado de ninguna otra forma, que no fuese con un beso. Esta vez, la posición era distinta. El ojinegro, se acomodó de tal forma, que su cuerpo quedase sentado, con el barón encima de sus piernas. Nuevamente, sus manos recorrían con maestría su tersa espalda. Al cabo de unos minutos, la intensidad del beso les había empujado al abismo de la lujuria. El calor corporal, aumentaba los latidos por segundos. Si tan solo Obito, no hubiese alertado la presencia hostil de un extraño, quizás, nadie le hubiese detenido a cometer el crimen de hacerle el amor. Se levantó, asomándose por el carruaje, tal y como los maestros le habían traído al mundo. El pudor para los lobos, no era su mayor debilidad. Como un código de su raza, mostrarse así ante el resto, solo denotaba autoridad y supremacía. Tanto para hombres como para mujeres, la regla era igual. No era como si a los hermanos les causara algo.

Naruto permanecía con los forasteros. Mas no emitía sonido alguno, limitándose solo a voltear el rostro con vergüenza. No era un traidor. Al igual que su chico, solo deseaba ayudar. Pero claro, Obito no estaba consciente de sus intenciones.

—Tiempo sin vernos, Obito —habló Itachi—. Pudiste habernos dado una visita.

—Estoy algo atareado en estos momentos —señaló hacia el coche—. Y no me gusta que me interrumpan, cuando estoy ocupado —aclaró, frunciendo el ceño con irritación.

—Estamos al tanto de tu relación con Deidara. Pero quiero que sepas, que no hemos venido con las intenciones de pelear. Solo queremos que regreses al clan.

—Será mejor que vuelvan por donde vinieron, Uchihas. No pretendo volver. No esta noche al menos —se encogió de hombros.

—Ya me tienes harto de tu arrogancia —declaró Sasuke, quitándose la capa de los hombros—. Claramente no entiendes con palabras, Uchiha. A ver si te hago entrar en razón de una buena vez —agregó encolerizado, iniciando su transformación canina.

—¡Sasuke! —llamó Naruto.

—No —interrumpió Itachi, tomando el hombro de su hermano menor para apaciguarlo. A este, no le quedó de otra que impedir el proceso—. Ya lo he dicho antes. No hemos venido a pelear —suspiró. El azabache, chasqueó la lengua. La batalla no se libraría hoy—. Obito...se lo que debes de estar sintiendo. Ha sido difícil para ti. Luego de la partida de Rin, el suceso con Madara. Incluso con la muerte de Sasori. Se lo que piensas al respecto.

—¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que estoy pensando, supuestamente? —se mofó.

—Puedes confiar en nosotros. Deidara estará a salvo.

—...gnh —rezongó el Alfa. Fue como si le hubieran dado con un cactus en el culo—. No tienes idea de lo que hablas.

—Créeme que lo sé. Temes por la vida de tu omega —expresó el Uchiha menor—. Pero debes entender, que las cosas son muy distintas ahora, a como lo eran en el pasado. Madara no está. Y nadie se atrevería a lastimar a tu chico, luego de lo que sucedió. Todos vimos, como pagó el precio de sus actos. Sin embargo, debes comprender que el caos sin ti se desata a diario. Si vuelves al clan, como el líder que eres, todo volverá a la normalidad. Eres tú, el único que puede darle orden a la tribu.

—Tch. Es absurdo que sigan creyendo que puedo ser líder, solo porque le di su merecido a ese infeliz —dijo Obito.

—Pero lo eres. Conoces las reglas. Así es como funciona —determinó el azabache.

—¿Si? Pues bueno. Me cago en las reglas. Yo no las inventé —Obito soltó una mofa irreverente.

La expresión de Itachi estaba por lejos, a ser molesta. Era más bien, melancólica y muy abatida. Como si realmente no reconociera a su compañero. Suspiró, encogiéndose de hombros sobre su propia sombra. Deidara, bajó del carruaje. Aprovechando la instancia para colgar una manta sobre los hombros del pelinegro. A diferencia de los lobos, el rubio no estaba acostumbrado a verle así. Ni mucho menos aceptaba, que su fisionomía fuese exhibida en público. La posesión sobre su ser, era máxima. Realmente agradecía que se pusiese algo de ropa, joder[?]. Casi como un acto reflejo, el semblante de Obito mutó. La paz, rondaba sus negros orbes, como si el vampiro fuese un cable a tierra. El rubio, se cruzó de brazos.

—Naruto. Ven aquí —ordenó el barón. Después de todo, seguía siendo su acolito. Luego de que este obedeciera, le dio un zape[?]—. Por idiota, hm.

—¡Ouch! ¡¿Y ahora que hice?! —chilló el Uzumaki, sobándose la nuca.

—Tú sabes muy bien, lo que hiciste —esclareció Deidara— encima me interrumpiste en la mejor parte, animal —suspiró, ya más tranquilo—. Itachi, como te habrás dado cuenta, yo ya hice mi parte. Y al igual que tú, tampoco logré convencerle de que volviera al clan. Desconozco, a diferencia tuya, el por qué, de su decisión. Sin embargo, no soy quien para obligarle a ello. Y creo, que tu menos.

—No deseamos obligarlo. Solo convencerle de la realidad —dijo Sasuke.

—Es algo que no entiendes —explicó Obito, tomando la mano de su chico, al entrelazar sus dedos con los suyos—. Yo ya no estoy solo.

—No hace falta que vuelvas solo. Puedes venir con él, si gustas —determinó el hermano mayor— Nadie le hará daño. Lo sabes. Tienes mi palabra.

—¿Un vampiro entre licántropos? No creo que sea buena idea —balbuceó Deidara, rascando su nuca con nerviosismo.

La idea para Deidara era simplemente descabellada. No se veía así mismo entre tanto salvaje[?]. Sin embargo, Obito comenzaba a perderle la reticencia al tema. Después de todo, sería el líder del clan. Las reglas, las impondría el. Una mirada fugaz, se conectó con la de su chico. Todos, observaban al vampiro con expectación.

—Esperen...¿De verdad? —una gota de sudor, cayó por su sien—. N-no jodan, hm. Yo aun quiero vivir.

—Jamás te obligaría a hacer algo que no desees —comentó Obito, acariciando su mentón con suavidad—. Se mi responsabilidad con el clan. Siempre la conocí —agregó, mirando a los Uchihas— Sin embargo, si tengo que separarme de él, me temo que deberé rechazar la oferta.

—Yo... —musitó el vampiro, sumamente sonrojado. Buscaba las palabras exactas para no cagar el momento—. Eh...bueno. Yo tampoco deseo separarme de él, h-hm... —añadió, concediéndole una mirada llena de amor, a su chico— "Yo pertenezco, a donde lo esté mi corazón" —citó.

—¡Pues ya está! ¡Amo! —berreó Naruto, sumamente feliz— ¡Debe ir con Obito!

—Espera...no es tan sencillo —dijo Obito, examinando a Itachi con obviedad— ¿O me equivoco?

—Técnicamente, lo es. Pero eso depende del muchacho —explicó el azabache menor, entregándole una sonrisa sincera al rubio.

—¿E-eh? ¿Depende de mí? ¿En qué sentido? —Deidara parpadeó anonadado.

Obito carraspeó, tornándose tenuemente sonrojado. Conocía a la perfección las condiciones que debía cumplir Deidara, para llevar a cabo el proceso. Si realmente deseaba venir con él, a su clan y ser aceptado como parte de uno —dejando de lado el hecho de que era un vampiro—, solo había una cosa por hacer al respecto. El Uchiha, era el Alfa de la manada. Como tal, necesitaba el respaldo que su rango le otorgaba. Tomando ambas manos del rubio, murmuró. Su mirada, permanecía fija en sus azulados orbes, que poco y nada comprendían del asunto.

—¿Te casarías conmigo?

De piedra, fue lo menos que pudo expresar ante su declaración. No era como si no lo deseara de verdad, es solo que...

¿Yo? ¿Casarme con Obito...? —pestañeó, sumamente rojo. La temperatura del cuerpo se le había subido al rostro, como una fiebre de verano—. E-eh...¿Cómo es posible eso? Yo ya estoy casado, hm...

—Las leyes vampíricas que rigen tu mundo, no son reconocidas como nuestras —aclaró Sasuke, con indiferencia—. Por tanto, tu matrimonio con el otro vampiro, esta anulado. Más aun, si este ha fallecido. No hay nada que te ate a él, a excepción de tu titulo.

—Titulo, que es recovado al momento de contraer nupcias con uno de nuestra especie —explicó Itachi—. A diferencia de ustedes, nosotros no nos casamos por conveniencia o acuerdos maritales. Este caso es distinto, ya que Obito es el Alfa. Necesita una pareja.

—Y-yo...—titubeó el vampiro, desviando la mirada—. No sé si-...—¿Renunciar a todo lo que tengo? Aunque no es mucho. De cierta forma, Itachi tiene razón. Ya no hay nada que me ate a Sasori. ¿Entonces, porque tengo tanto miedo? . Ah, pero ahí estaba de nuevo. Esa mirada penetrante, tan jodidamente atractiva por parte del Uchiha. Misma que le hacía perder los miedos y la cordura semejante de sus pensamientos. ¿Como podía si quiera, poner en tela de juicio, sus sentimientos? Lo amaba. Lo amaba como jamás amó. Obito era su mundo ahora. No había nada que perder. No había nada que temer. Una sonrisa nerviosa se dibujó en la comisura de sus labios. Y a pesar de que se tuvo que poner de puntitas[?] para alcanzar su boquita, la alcanzó—. Quise decir, que no se si pueda soportar, un día, sin estar a tu lado. Claro que acepto, hm. Nada me haría mas feli-...¡Woah! —Obito le había levantado de un tranco— ¡¿Q-que demonios haces?! —las miradas recaían en el vampiro— ¡Bájame, idiota!

—¡No quiero! ¡Jajaja! —aulló Obito, dándole de giros— ¡Vamos a celebrar en grande!

—¿Eso quiere decir, que has aceptado? —examinó Sasuke.

—Dalo por hecho, enano —le guiñó el ojo.

Bueno. No es fácil llegar y dejar toda una vida de vampirismo, títulos de nobleza y costumbres nocturnas de la noche a la mañana. El cambio seria mucho mas drástico. Pero era algo por lo cual, Deidara estaba dispuesto a luchar. Con el regreso de Obito al clan, el ambiente hostil de los integrantes se había esfumado. Su alfa estaba de vuelta, mas enérgico y vigoroso que nunca. A pesar de que no todos se mostraban conformes con la presencia del vampiro entre sus filas, la estampa del líder les apaciguaba los ánimos. Rechazar a Deidara, era como rechazar al propio Obito. Riesgo que nadie correría, conociendo la naturaleza salvaje del cabecilla. Fue así, como el rubio sería recibido por la comunidad. El ritual de iniciación se dio a cabo durante la luna llena de agosto. Esa noche, toda la casta asistió al banquete, que se daba alrededor de una gran fogata. El Alfa, vestía pieles y ropa acorde a su jerarquía, al igual que su nuevo compañero —bastante incomodo eso si, por sentirse un extraño—. Si bien, el pálido muchacho no consumía alimentos, su sed seria saciada con copas y copas de fresca sangre, recién extraída de los animales que cazaban los acólitos de rangos inferiores. Las costumbres de los Licántropos, eran algo arcaicas para el ojiazul. Mas no así, sus formas de expresar felicidad, al ritmo de la música tribal. Algunos bailaban en torno al fuego. Otros, bebían vino, de cuernos antiguos, comían carne de ciervo y reían. No era raro, verles pelear tampoco. Una verdadera boda, no era divertida si alguno de los integrantes se transformaba en su forma original y se mordisqueaban con agresividad. Incluso para los cachorros, pelear entre ellos era una manera de demostrar hegemonía. Les prepararía para ser lo que serian de grandes.

Obito, completamente entretenido por lo que veía, podía captar muy a la perfección, el olor nervioso de su ahora, marido; quien yacía sentado a su lado de perfil muy minimizado. De vez en cuando, y solo para relajarle, frotaba el bulto de su pantalón, no con las intenciones de excitarle, sino, como una forma de seducir su atención a lo que realmente importaba.

El.

Un gesto singularmente natural entre lobos. Nada de que traumarse. Algo así, como los perros cuando se olfatean los traseros. Deidara estaba satisfecho. Como muestra de su consideración, le dejó una lamida tipo canina en su mejilla[?]. Poco a poco, iría conociendo el lenguaje corporal de su raza. Las mil y unas formas que existían, en idioma licántropo, de cómo expresar respeto, amor y dedicación al resto. Los empujones burlescos, la marcación de territorio a través de la orina, los gruñidos, los jalones de oreja, el jugueteo brusco, incluso el olfateo matutino —de inspección— de algunos miembros, dando los buenos días, a su omega. Eran como una gran familia. Algo, que Deidara jamás llegó a tener. Y que por primera vez, experimentaba a gusto.

No solo el rubio había sido integrado de manera exitosa al clan. También lo hizo Naruto. A pesar de ahora, ser oficialmente el alfa de Sasuke, no dejaba de lado sus labores de servidumbre como vampiro, al lado de su amo. Sin importar, el rango que ahora ocupaba el Uzumaki en el escalafón del clan —al ser pareja de un príncipe—. No descuidaría ni un segundo a su líder. Seguiría fiel a él, hasta el día de su muerte. Ya no había mucho que Deidara extrañase de su vida anterior. Si pudiese comparar su mundo, al lado de Sasori, con el que llevaba ahora con Obito, las diferencias eran abismales. Porque si bien, el Uchiha le daba la comodidad que requería el vampiro —una gran mansión, servidumbre y muchos lujos—, el ojinegro le entregaba mucho más que eso. Amor...y mucha, mucha pasión. Lo suficiente como para vivir mil vidas mas.

Tras un periodo prolongado de tiempo, el invierno llegó. Cubriendo las montañas y bosques con un manto blanco y gélido, los primeros signos de fertilidad reaparecieron en el clan. Nuevos integrantes, dejando huellitas en la nieve. Algo que sencillamente, despertó la curiosidad del rubio, generando sentimientos adversos respecto a formar familia. Los vampiros, son infértiles. Incapaces de engendrar vida entre ellos. No así, los licántropos. Como gen único de la especie, Obito era capaz de procrear de seis a ocho cachorros, en una sola camada. Solo el Alfa del clan, estaba capacitado para fecundar tantos, de una sola tanda. Y en épocas de apareamiento, lo normal hubiera sido, que copulara con todas las féminas del clan. Claro que no lo hizo. O sería asesinado con una almohada mientras dormía, por su marido[?]. Digamos que esa regla quedó prohibida; pero saciada, por el aroma de las feromonas, que su naturaleza le dictaba. Hay ciertas cosas que simplemente no puedes contrariar.

Por otro lado, Deidara era varón como vampiro. Pero un omega, como licántropo. Las probabilidades de llevar a cabo esa hazaña, eran de una en un millón. Más aun, no imposible, gracias a su esposo. Con mucha paciencia y un poco de suerte, sus intentos dieron frutos. Guiados por los ciclos lunares de coito, Deidara logró su cometido. Y con la llegada de la primavera, de su vientre, nació una niña. Mitad vampiro, mitad lobezno. Si bien, solo era una; menuda, de cabellera rubia, orbes negros, con la capacidad de envejecer, y con cualidades tan o más salvajes que ambos progenitores poseían, seria amada y aceptada como tal. La familia, estaba completa.

¿Qué más puedo pedir?

Tenía 13 años cuando nuestro matrimonio fue acordado por nuestras familias.

—¡Papá! —llamó la pequeña, desde lo alto de un risco. La noche apremia, mostrando sus pequeños y feroces colmillos— ¡Mírame! ¡Casi puedo tocar la luna con mis manos!

Yo no estaba enamorado. Y por lo mismo, supuse que él tampoco.

—¡Esa es mi chica! —vociferó el Uchiha, alzando el puño— ¡Haces que papá se sienta orgulloso! —rió de forma infantil.

—¡Oe, Obito! —regañó Deidara— ¡¿Qué crees que haces?! ¡No la alientes a hacer una locura, hm! —le empujó a la verga[?].

—Relájate un poco. Ella debe comenzar a cuidarse por sí misma —le dio una nalgada— ¡Ups! Hehehe... —huye antes de que le saquen la chucha.

—¡No estés jodiendome! —se le lanza encima, dándole de mordidas suavecitas.

A esa corta edad ¿Quién podría si quiera pensar en un futuro concreto?. No, ciertamente no lo hice. Pero de haber sabido, que terminaría aquí, a su lado...no lo hubiese dudado ni por un segundo. No somos dueños de nuestro futuro. Pero si, de nuestro corazón. Forjamos nuestro destino, a través de lo que dicta tu corazón. Vivimos, subyugado al sentimiento de querer ser felices y anhelamos, encontrar ese pequeño pedazo de luz, al que llamamos paz. Nunca supe lo que buscaba, hasta que lo encontré. No, quiero decir, hasta que te encontré.

Mi nombre es Deidara. Y si. Definitivamente...vale la pena.

—¿Y tú, que estas esperando?