Decimocuarto robo: ¿Destino?

Lou Ellen

Fue probablemente a mitad del camino, cada minuto más cerca del campamento, los siete, la fogata, mi familia y amigos, que noté lo extraña que había sido mi reacción ante la revelación de la no confirmada pero más que obvia relación entre Will, mi buen amigo, y Nico, el chico que me gustaba.

Fue cuando llevábamos un tercio de camino, mientras luchábamos con monstruos cuyos nombres sólo un hijo de Atenea recordaría, que noté hasta que punto esto confundía a Cecil, el chico que me había declarado su amor y se proclamaba conforme con mi amistad.

Nico se acercó a mí cuando me encontraba vigilando sobre la parte trasera de la camioneta, sentada sobre un montón de frutillas y con el aún muy herido Cecil profundamente dormido a mi lado. El azabache se sentó junto a mí, jugando con su cinturón de cadena y examinando a Estiggy. Hice una mueca.

—¿Qué pasa?—cuestioné.

—Eh... ¿qué?

—Te pasa algo, ¿qué tienes? ¿es por Will, volvió a hacer algo malo?

—No—respondió rápidamente, para luego suspirar y rascarse la nuca con pena—, es sólo... respecto a lo de nuestros poderes y eso... ¿crees que siga ocurriendo?

Tomé una fresa y la coloqué sobre la cabeza de Cecil, que se removió dormido, con una expresión molesta—como si presintiera la fruta cerca—, pero no logró tirarla. Conocía lo suficiente a Nico como para saber que preguntar eso le había costado trabajo, y que de seguro había pasado horas decidiendo cómo hacerlo.

—Bueno—dije—, por lo que sabemos no volverá a pasar si no se besan, así que... oh.

Nico se sonrojó y masculló algo entre dientes, algún insulto en latín, supuse. Demasiado tiempo con los romanos. Intentó murmurar algún tipo de excusa torpemente, pero le interrumpí sonriendo.

—Entiendo, Chico Muerte, nadie va a condenarte por querer besar al chico que te gusta.

Di Angelo se pasó una mano por el rostro, de seguro sin poder creerse que de verdad estaba manteniendo esa conversación. Yo sonreí, él estaba muy sonrojado.

—No es que yo quiera... no es que crea...

Un pequeño malestar me invadió, una incómoda sensación en el estómago. Baje la mirada y me centré en una pequeña y brillante frutilla.

—Sabes, también me gusta...—me mordí la lengua y me obligué a continuar—me gustaba un chico.

Eso pareció llamar su atención. Posó sus ojos chocolate sobre mí.

—¿Antes?—preguntó, mirando a Cecil de reojo, y luego nuevamente a mí. Dejé salir una risilla divertida.

—No era él, di Angelo—repliqué—. El punto es que este chico encontró a... alguien mejor. Bueno, ya no... probablemente ya no siento nada por él, ¿sabes cómo lo noté?

—¿Lo miraste y pensaste que era un idiota?

—También. Pero principalmente fue porque las mariposas que sentía en el estómago, la alegría... las ganas de besarlo, umh, simplemente se fueron.

—¿Qué? ¿Cómo puede ser así?—Nico frunció el ceño confuso.

—Se podría decir que mis prioridades cambiaron, y me di cuenta de que no me necesitaba. Ni yo a él, después de todo—agregué mirando a Cecil, que estaba haciendo muecas y sonidos extraños—. No sé qué va a salir de tu relación con Will, pero...

—No es una relación—protestó.

—...Pienso que mientras tus ojos sigan brillando así, y sientas ese deseo de besarlo, emh, mientras los dos se sientan como se sienten, el resultado no puede ser tan malo. Después de todo, esta misión debía servir para algo.

—Es cierto.

Nico desenvainó su espada y se levantó de repente, sus ojos cafés brillando de furia. En el borde de la camioneta, sentado tranquilamente y comiendo fresas como si nada, había una especie de ángel, con largo cabello negro, piel bronceada y ojos escarlata. Las frutillas cerca del hijo de Hades comenzaron a descomponerse, y yo sacudí a Cecil sin entender la situación, pero previendo que tendríamos que huir de allí.

—Cupido—escupió Nico.

—Soy Eros, pero puedes llamarme como gustes. El amor...

—Sí, el amor es el mismo para todos, lo sabemos—interrumpió de forma impertinente mi amigo, empuñando su espada con tanta fuerza que le temblaba el brazo. O quizás estaba asustado—¿Qué quiere esta vez? ¿Céfiro aún me está siguiendo?

—Para nada. He venido a aclarar la situación—argumentó el dios con aire de inocencia. Cecil estaba muy adormilado y herido para escapar, y yo estaba paralizada. Nico apretó los dientes.

—No necesito su ayuda. Yo...

—¿Nico?—Will eligió ese momento para aparecer, llevando consigo una bolsa de McDonald y su estúpida sonrisilla habitual—Argus dice que... eh...

Él simpemente permaneció mirando fijo al dios del amor, que le sonrió fríamente y le saludó con un gesto de la cabeza. Solace lo imitó, sumiso.

—Mira a quién tenemos aquí. El sol oscuro.

—Yo...

—¿Qué se siente tener dones que se contradicen entre sí en tu interior? apuesto que debe doler.

—En realidad...

—Claro que Nico podría contestar también. ¿No es genial tener algo que los une, niño de Hades?

—¿Qué se siente no haber tenido nunca un corte de cabello decente?—preguntó medio inconsciente el hijo de Hermes a mi lado, mirando fijamente el largo cabello del dios, como si no tuviese sentido—Sólo digo.

—Ah, el hijo de Hermes. No has sido muy favorecido por el amor últimamente ¿cierto? Te gustaría saber si tu destino realmente está atado al de esa persona, ¿no?—propuso el ángel, con sus ojos escarlata fijos en mí y una sonrisa helada.

—No, por el Olimpo—Cecil bostezó de forma perezosa, tratando de sentarse y haciendo muecas de dolor—. Me da igual, no necesito ningún destino atado al mío.

—¿Disculpa?

—Yo mismo me aseguraré de entretejer el destino del resto al mío, con cuidado, para que al terminar—se talló un ojo—sea más fuerte que cualquier nudo que los dioses o quién sea puedan hacer...¿Quién es usted, por cierto?

Nico suspiró una especie de risa y le sonrió a Cecil con algo así como cariño y "este chico está loco".

—Él es... sí que eres cursi, amigo. Él es Eros.

—Eros—repitió Will examinando al dios de arriba a abajo—¿A qué ha venido?

El dios suspiró, como si fuese una víctima de las circunstancias. Una pobre e inocente deidad del amor que apareció repentinamente en un camión, con sus mortíferas armas en su espalda y comentarios sarcásticos, a la que los malvados semidioses no dejaban cumplir con su trabajo y largarse.

—¡Eso estoy intentando decirles!—protestó— ¡La razón por la que ustedes cuatro, mestizos, fueron elegidos para esta misión!

—Pues hable—amenazó Nico. Las sombras pululaban a su alrededor y la fruta aún se pudría al tacto, pero entre la oscuridad había también destellos de luz. Eros asintió sonriendo, y lo señaló distraidamente. Di Angelo se estremeció, definitivamente estaba asustado.

—Es por eso.

Sólo cuando, pasados unos diez segundos, notamos que no iba a especificar a qué diablos se refería, Cecil levantó la mano como un alumno curioso. El dios posó sus ojos en él y asintió levemente, concediendo el permiso de preguntar.

—¿Se refiere a que quería molestar a Nico?

Él rió. Su risa era melodiosa; no como la de un hijo de Apolo, no como si fuese música, pero resultaba relajante, invitaba a bajar las armas y reír con él. Sin embargo, era sólo eso, el resto de su presencia ponía todos mis sentidos en alerta, sacudí la cabeza para despejar mi mente, Will parpadeó y frunció el ceño, Nico presionó más el agarre de la espada, y Cecil hizo una mueca mirando las frutillas. Eros nos miró sonriendo, pero no había ningún rastro de diversión en sus orbes color sangre.

—Aunque no lo crean, los dioses tenemos problemas aparte de irritar a los hijos de nuestros compañeros.

El camión aún avanzaba, me pregunté si Argus realmente no había escuchado la imponente voz del dios del amor o si simplemente había decidido ignorarla. Quizás había algún hechizo para que él no lo notara. En una situación normal, detectar un hechizo de ese estilo hubiese resultado sencillo para mí, pero yo seguía nerviosa y cada molécula de mi ser gritaba "¡PELIGRO!" aunque resultaba indescriptiblemente reconfortante el tener a mis amigos allí. Entonces lo comprendí.

Eros no era un dios que se mostrara ante cualquiera. Muchos mestizos habían afirmado haber oído su voz o al menos sentir se presencia, pero eran realmente pocos los que veían su rostro, o llegaban a divisar algo de él en general. Nico y Jason Grace eran de esos selectos semidioses. ¿Por qué nos permitía verlo? ¿éramos acaso especiales? ¿no representábamos ningún peligro para él? ¿no viviríamos para contarlo? Instintivamente llevé mi mano a la daga de Cecil y la empuñé con fuerza, mirando fijamente a la deidad frente a mí. Nadie pareció reparar en mi moviento, excepto el hijo de Hermes que me miró con curiosidad.

—¿Nosotros somos el problema?—pregunté, Eros me dedicó una sonrisa helada.

—Ustedes son la solución—corrigió—. Sus destinos están fuertemente atados unos a los otros. El hijo de Apolo y el de Hades son vitales para el futuro del Olimpo.

Will y Nico se miraron, y el italiano le dirigió al dios una mirada de desagrado que parecía contener el rencor de todas las almas de los Campos de Castigo.

No lo entendí en ese momento, pero lo que di Angelo estaba probablemente pensando justificaba absolutamente su actitud. Los dioses no lo dejaban en paz, jugaban con su vida como si fuese el personaje de un video juego olímpico, decidían a dónde iba, en qué misiones participaba, con quién se enlazaba su destino... y Eros parecía estar insinuando que incluso sus sentimientos por Will no eran más que una artimaña para beneficiar a los dioses. Dado que su amor por Solace era una de las cosas más importantes para él, era como decirle que su existencia, si acaso no la de todo semidiós, no era más que una conveniente herramienta. Probablemente así lo veían muchos dioses, probablemente así se sentía Nico.

—No hay nada más poderoso que una paradoja—continuó explicando Eros, aparentemente ignorante de la mirada de odio puro de la que era blanco—. Los poderes que utilizan a la vez luz y oscuridad bueno... digamos que tienen el gran potencial de salvarnos el trasero próximamente.

Las frutillas echadas a perder aumentaban cada minuto, mientras la respiración del hijo de Hades se volvía más pesada. Will miraba al chico y al dios alternativamente, sin saber qué hacer. Acababan de informarle que era un arma viviente, y él seguía más preocupado por Nico que por sí mismo.

—¿Ese fue el punto de todo esto?—exigió saber el italiano—, qué, ¿me... flechaste para que pudiera convertirme en un escudo?

El dios seguía sonriendo. Dirigió su mirada a Cecil.

—En cuanto al hijo de Hermes—anunció, obviando la pregunta de Nico—, y la descendiente de Hécate, su presencia era tan indispensable como la de los otros dos, pero eso escapa de mi control.

—¿O sea que... hay más dioses implicados?—preguntó Cecil.

Eros no respondió, sonrió una vez más y se disolvió en el viento. El paisaje a nuestro alrededor onduló, y ante nosotros, a sólo unos pocos metros, divisé el pino de Thalia, y las fronteras del campamento. Argus se asomó, pero no se veía confuso ni sorprendido, por lo que supuse él no había visto nada salvo el camino que se supone estaba recorriendo, sin notar que nos saltamos varios kilómetros. Cecil se incorporó con algo de esfuerzo y miró el panorama, arqueando una ceja.

—¿Un regalo de despedida de Eros?—supuso.

Will bajó del camión casi de un salto y miró en varias direcciones, tal vez para asegurarse de que realmente estábamos allí, tal vez buscando el paradero de un dramático dios del amor. Al determinar que efectivamente nos encontrábamos allí—casi pude escuchar cómo pensaba "ya qué"—, se acercó nuevamente al camión y juntos ayudamos a Cecil a bajar. Entre las frutillas, algunas sanas y otras en descomposición, un semidiós aún miraba sus pies frunciendo el ceño y temblando de impotencia. Solace se acercó y extendió la mano hacia él para ayudarlo.

—¿Nico?

El hijo de Hades lo ignoró y bajó sin mirarlo.

Continuará...

¡Bajen las armas, les juro que todo tiene una explicación! D: bueno, no, no la tiene xD estoy escribiendo esto cuando debería estar estudiando para Introducción a la Física, he incluso me leí The trials of Apollo (akjsdhvsdlkJ), pero la mayor razón para actualizar después de casi dos meses es... falta de inspiración. Es que, incluso ahora, no estoy segura de si estoy en mi etapa Solangelo, mi etapa Stony(vamos, que después de Civil War...), o aún en mi etapa GerIta D: y eso nunca me había pasado, ¡siempre tengo claro en qué etapa estoy! pero eso no les interesa, ¿cierto? xD bueno, no diré nada del capítulo. Dudé mucho sobre si hacerlo así, pero es la versión que más me gusta. Dejaré que ustedes me abucheén :3 los quiero... lo juro.

Nos leemos por ahí, y que los dioses los acompañen.