Epílogo

Al final, Nico no pudo ver a Will hasta la noche.

Había ido tras él apenas unos minutos después de su retirada, pero al asomarse a la cabaña 7, lo vio rodeado de sus hermanos. Solace parecía triste cuando pensaba que nadie podía verlo, pero en cuanto Kayla o Austin volteaban es su dirección, su sonrisa resplandecía como de costumbre y sus ojos brillaban. Quizás lo reconfortaba tener a sus hermanos allí, o tal vez era muy bueno fingiendo alegría. Nico se obligó a no pensar en qué tan acostumbrado estaría a eso. De esa forma, ya fuese para no arruinar su felicidad o para no tener que enfrentarse a su tristeza, di Angelo decidió irse por el momento. Por eso, cuando Will volteó hacia la puerta de su cabaña, con el leve presentimiento de que alguien lo estaba mirando, notó casi con decepción que, al fin y al cabo, no había nadie allí.

En la noche, Lou Ellen, Cecil, Nico y Will tuvieron que sentarse en la mesa principal, aunque ninguno estaba realmente de ánimos para celebrar—el hijo de Hermes no tenía problemas con devorar el banquete en su honor, de todas formas—, y el ambiente era totalmente incómodo. Sentado junto a ellos, incluso Quirón parecía notar la sensación de hostilidad en el aire, por mucho que se esforzaran en disimularlo. Solace sonreía como siempre, Nico jugaba distraídamente con su comida a su lado—el rubio no se había quejado cuando se sentó allí, aunque sólo fuese por no armar un escándalo—, Lou hacía comentarios ocasionales, y Cecil estaba muy ocupado comiendo como para prestar más atención de la necesaria.

Todos estaban muy animados, excepto los celebrados. Para el postre, les llevaron frutillas con crema, y Cecil le cedió el suyo a Nico. No logró levantarle la moral, en todo caso, sin importar cuánto el hijo de Hades amara las cosas dulces. A su lado, Will comía distraídamente a una distancia prudente, sin cruzar miradas y evitando con demasiado cuidarlo no rozar sus manos cuando tomaban una nueva cucharada. Di Angelo suspiró y apartó el platito que Cecil le dio, asqueado. De alguna forma, el saber que una de sus cosas favoritas no lo ayudaba a sentirse mejor, le daba una peor perspectiva de la situación.

Había estado toda la tarde pensando en qué debería decirle a Solace. "Cambié de opinión, también estoy enamorado de ti" no parecía una buena opción si quería evitar daño físico—no de su parte. Will no lo golpearía. Si no lo hacían sus hermanos, lo harían Lou, Cecil o, como último recurso, se golpearía a sí mismo por ser tan idiota—, y tampoco le atraía particularmente la idea de arreglar (o empeorar) la situación delante de todo el campamento. Pero tener a Will a su lado, ignorándolo, era lo que peor le sentaba.

El rubio lo miró un instante cuando alejó el postre de sí, y le frunció el ceño, para luego seguir comiendo con su mirada fija en algún punto distante. Nico suspiró una vez más, y comenzó a juguetear con su anillo de plata, mirando las fresas y la crema.

Ya ni siquiera estaba seguro de por qué disculparse.

¿Por dudar? ¿por ser insensible? ¿por ser idiota? lo peor del asunto era que sabía que Will no estaba molesto. Estaba incómodo, avergonzado, dolido, y sí, herido. Pero no culpaba a di Angelo por nada de eso. Sería más fácil si lo hiciera. Nico estaba habituado a ser culpado de muchas cosas, y sabía cómo manejar eso. Lo que no sabía era cómo explicarse, hacía años que no debía justificar su comportamiento ante nadie, y, en ese momento, decir que simplemente se había sentido inseguro era difícil para él.

—¿No vas a comer?

Esa voz vino de la nada, y Nico tardó un segundo en notar que no se lo había imaginado. Will le estaba hablando. Aunque sólo habían pasado unas horas, no notó cuánto extrañaba esa melodiosa voz hasta que volvió a oírla. Miró al rubio, al fin dejando la calavera de su anillo en paz.

—¿Qué?

—Escucha—el hijo de Apolo dejó su cuchara y volteó a verlo. En ese momento nadie les prestaba atención porque Cecil estaba narrando una vez más el rescate de frutillas—, no puedo entenderte pero sé que, haya sido cual haya sido la razón por la que de repente me evitas como a las flechas de peste, no tienes malas intenciones. Por eso, creo que estoy en lo correcto cuando digo que aún puedo considerarte mi amigo.

Will calló esperando una confirmación y Nico, estupefacto, sólo asintió.

—Y como tu amigo (y tu doctor), tengo derecho a preocuparme, ¿cierto?

—...¿Sí?

—Así que entenderás que me moleste que no hayas comido nada, que evites incluso el postre y que, aparentemente, sea por mi culpa.

Y con toda la naturalidad del mundo, Will volvía a ser el de siempre, preocupándose por detalles absurdos y mirándolo como si tuviese que contenerse para no regañarlo. Nico estaba tan aliviado que comenzó a reír y, sólo para complacerlo, tomó otro poco de su postre. Solace le sonrió también, antes de volver a mirar hacia adelante y continuar comiendo como si nada. Di Angelo no pudo evitar imitarlo, aunque aún sonriendo.

—Soy un idiota, ¿sabes?—soltó de repente el ojimoreno.

—Siempre lo he sabido.

—Cállate, Solace—Nico le dio un pequeño golpe con su codo y siguió comiendo—. No es tu culpa en realidad. Es decir, sí, estaba preocupado por ti, pero...

—Tranquilo Chico Muerte—Will se encogió de hombros sonriendo—, no soy el primer chico del mundo al que rechazan.

Nico llevó una nueva cucharada de postre hasta su boca.

—Ahí está el problema. No quería... rechazarte. Honestamente, creo que es obvio que también estoy, ejem, enamorado de ti.

Justo cuando Cecil exageraba su valentía durante el ataque de los Grifos, Will quedó paralizado. La cuchara a medio camino entre el plato y su boca. Dejó el utensilio donde estaba y volteó a mirarlo otra vez.

—¿Entonces por qué...?

—Por Eros—interrumpió Nico—, quizás hayas oído que tuve una mala experiencia con él. En fin, no me gustó la idea de que todo lo que... siento, sea responsabilidad suya. Que todo eso sea sólo para su conveniencia y no tenga nada que ver con mi propia voluntad.

—Supongo que... tienes razón—concedió Will, algo desanimado, volviendo a tomar su cuchara.

Nico lo observó comer unos segundos y luego negó con la cabeza.

—No, idiota, estoy equivocado—Solace arqueó una ceja—. Porque... si fuésemos mortales... adolescentes normales, y no supiéramos de los dioses, llamaríamos a todo esto "una coincidencia", o...

—Destino—propuso el rubio. El italiano sonrió.

—Sí. Así que, ¿qué importa quién lo haya decidido? ... me alegra que tú seas mi "destino"

El rubio tomó su mano por sobre la mesa y le dedicó una de esas sonrisas que no dejaba duda de que era auténtica.

—Entonces, yo estoy feliz de que tú seas mi "coincidencia".

Podrían haberse quedado así, sólo mirándose por horas, de no haber sido interrumpidos por una pregunta del público dirigida al hijo de Hermes.

—Cecil... ¿No dijiste que Will y di Angelo ya no necesitaban ir de la mano?

Todos los presentes voltearon entonces hacia ellos, que estaban, efectivamente, tomados de la mano. Nico se sonrojó increíblemente rápido, pero sin intentar soltarse, y Will sonrió de modo radiante.

—No lo necesitamos.

Y así, la primera misión de Cecil Markowitz acabó con él hospitalizado, las frutillas recuperadas, y una nueva pareja oficial en Colina Mestiza. Después de todo, se dijo el hijo de Hermes, tantos robos valieron la pena.

Fin.

¡Hey! antes de ponernos más cursis, tomémonos un momento para apreciar que esta cosa tiene 100 reviews ya. ¡¿Cómo demonios es posible?! ¡Ni me habría atrevido a desearlo! gracias, gracias, gracias. Sigo sin creerlo. Wow.

Bien, éste es el final de Robos, pero como dice Sherlock, the game is never over(?). Volverán a saber de mí. Estoy de vacaciones de invierno y pienso acabar unas tres historias a medio escribir que tengo por aquí en alguna parte de mi computadora(muy mal Aixa, muy mal).

Bueno, espero no haberlos decepcionado. Si supieran la cantidad de veces que, estando triste, simplemente me puse a leer sus reviews para subirme el ánimo, me cobrarían inteses(?). Este es mi proyecto del año (eso espero... tomó cerca de seis meses, en realidad), y es la primera vez que tengo tantos reviews. Estoy como flotando en una nube de felicidad y Solangelo. No sé. Gracias.

Y bueno... no sé que más decir. Empecé escribiendo esto como un regalo para Karen y Laura, pero creo que ustedes me han hecho más feliz de lo que yo a ellas xD muchas gracias por leer esto, y por hacerme saber que quizás no soy tan inútil como creí(?).

Nos leemos por ahí, y que los dioses los acompañen.