¡Hola de nuevo!
Os traigo el tercer capítulo, tal cómo comenté en el anterior, ya que casi estaba terminado.
¡Espero que os guste!
Hacía un buen rato que todos se habían dormido tumbados sobre el césped de ese claro que habían encontrado al poco de entrar en el bosque. Los rayos de sol que se colaban entre el follaje empezaban a adquirir visibles tonalidades anaranjadas, indicando que el ocaso estaba cerca
Mikasa estaba despierta vigilando mientras tanto, disfrutando del agradable silencio del bosque, pensando que pronto tendría que despertar a los demás, al ver que el Sol empezaba a ponerse.
Decidió levantarse para estirar las piernas, y caminó hasta el carro en el que Armin seguía inconsciente. Cuando se acercó comprobó que su respiración era correcta. Entonces apoyó la espalda en el carro y alzó la vista al cielo.
Se peguntó que pasaría a partir de entonces. ¿Cuánto tiempo llevaría a la Legión recuperarse de las pérdidas sufridas? ¿Cuándo volvería a atacar el enemigo? ¿Y cómo lo haría? ¿Volverían a abrir una brecha en Shiganshina usando a Reiner? ¿Tendrían otro Titán Colosal para hacerlo? ¿O acaso atacarían en otro distrito?
La última pregunta desvió sus pensamientos en otra dirección. A algo que no se había preguntado nunca ¿Qué pasó con los demás distritos de María cuando abrieron la brecha en el muro? ¿Los desalojaron todos? ¿Seguiría viviendo gente en ellos, aislada del resto del país? ¿O es posible incluso que los titanes no cubrieran esas zonas del territorio de María? Seguramente la mayoría de los titanes se concentraron en el territorio cercano a Shiganshina, y cerca de los demás distritos no habrían llegado tantos.
Sus pensamientos fueron interrumpidos súbitamente por un sonido parecido a un quejido que le venía de detrás. Al darse cuenta de lo que era, abrió los ojos como platos y se dio la vuelta rápidamente. Se asomó al carro y pudo ver como su amigo se movía de un lado a otro pasándose las manos por el torso, como si estuviera dolorido o estuviera sufriendo una pesadilla… O reviviendo un recuerdo. Su respiración era temblorosa, tenía los ojos cerrados con fuerza y los labios entreabiertos, dejando escapar de vez en cuando algún gemido de dolor.
-¡Armin! –Exclamó en voz baja mientras lo intentaba mantener quieto agarrándolo del brazo derecho. -¡Armin, despierta! ¡Armin! –Insistió esperando que despertara -¡Armin, tranquilo, estoy aquí! -Dijo entonces tratando de tranquilizarlo.
De repente, Armin dejó de moverse y abrió los ojos al mismo tiempo. Se encontraba visiblemente desorientado, y miraba a todos lados tratando de entender mínimamente dónde estaba y qué había pasado. En cuanto se dio cuenta de que Mikasa estaba a su lado, posó sus ojos en los de ella, y durante unos segundos solo se escuchó su respiración entrecortada.
-¿M-Mi…kasa? –Dijo con voz temblorosa y confusa.
Mikasa no sabía que decir. Tenía la boca ligeramente abierta, moviéndola como queriendo decir algo, pero sin conseguirlo. De nuevo las emociones que la inundaron al ver a su amigo prácticamente revivir volvían a ella. Se tapó la boca con una mano y cerró los ojos mientras intentaba calmarse. Tras unos segundos los abrió, acercó la mano a la mejilla del chico y le dedicó una cálida sonrisa.
-Armin… ¿Cómo te encuentras? –Dijo mientras le acariciaba la mejilla con el pulgar.
Armin no respondió, a pesar de que seguía mirándola a los ojos. Parecía estar aturdido.
-¿Armin? –Lo volvió a llamar preocupada.
-¿Eh…? ¿Mikasa? –Pestañeó dos veces. -¿Qué…? ¿Dónde…? –Dijo mirando a su entorno de nuevo, pero ya un poco más centrado.
Mikasa rodeó rápidamente el carro y se subió, colocándose de rodillas junto a su Armin. Entonces se inclinó sobre él, puso las manos en sus mejillas y le obligó a mirarla.
-Armin, tranquilo. Mírame. –Dijo intentando que se centrara en ella.
Armin volvió a clavar sus ojos en los de ella. Mikasa tragó saliva.
-Armin, ¿Cómo te encuentras? –Volvió a repetir la primera pregunta, esta vez lentamente y con nitidez para que la entendiera.
-No… No sé… -El pobre chico realmente no sabía si se encontraba bien o mal.
Mikasa entendió que tendría que ser algo más específica en su pregunta.
-Mikasa: ¿Te duele algo? ¿Tienes alguna molestia?
Armin se enfocó en su cuerpo para comprobar si había algo que le doliera. Negó con la cabeza.
-Armin: No… Pero… Me noto bastante cansado… Como sin fuerzas. –Dijo mientras su agitada respiración se iba calmando y recuperaba la lucidez.
Mikasa, al ver que su amigo ya casi se había calmado y no estaba desorientado, apartó las manos de sus mejillas y volvió a colocarse de rodillas a su lado, dejando de estar inclinada sobre él.
-Es normal… Hoy ha sido un día muy duro. –Dijo con cautela, esperando a ver si el comentario hacía recordar algo al chico.
Sin embargo, Armin frunció ligeramente el ceño y entrecerró los ojos, intentando recordar los últimos eventos. Pasaron varios segundos y no dijo nada.
-Parece que no recuerda nada de la batalla. –Pensó ella. –Armin, ¿qué es lo último que recuerdas?
-Ehh… Hmmm… Estábamos… Estábamos a punto de llegar a Shiganshina…
Armin trató de recordar si había sucedido algo más después de eso, pero la última imagen que le venía a la mente era la del muro María a la distancia, viéndose el hueco creado por Reiner años atrás, así como miembros de la Legión alrededor suyo mientras se dirigían todos hacia su antiguo hogar.
Se intentó incorporar, pero no tenía fuerzas para hacerlo. Mikasa, al darse cuenta de ello, le pasó un brazo por detrás y le ayudó.
-Gracias… -Agradeció Armin con una sonrisa cansada.
Ojeó un poco su entorno y vio al pequeño grupo que dormía sobre el césped. Se sorprendió, ya que se suponía que habían viajado todos los miembros de la Legión en esa expedición, unos trescientos soldados.
-Están heridos y tienen las ropas manchadas de sangre ¿Ha habido enfrentamiento con el enemigo? –Pensó, confuso. Volvió a mirar a Mikasa. –Mikasa, ¿qué ha pasado? ¿Por qué somos tan pocos? ¿Ya ha terminado la misión?
En ese momento Mikasa se dio cuenta de qué no habían formulado ninguna explicación alternativa para Armin sobre los acontecimientos. Se puso a pensar rápidamente en algo que contarle que no le hiciera sospechar de lo ocurrido en realidad. Finalmente optó por otra salida.
-Armin… Déjame que despierte primero a los demás. Entre todos te podremos poner al corriente de lo que ha pasado mejor que si te lo cuento yo. Hay cosas que todavía no sé cómo han sucedido. –Dijo con la esperanza de que, entre todos, pudieran improvisar una versión de los hechos lo suficientemente verosímil. Armin asintió. –Además, ya está anocheciendo. Pronto tendremos que marcharnos. –Añadió la jóven mirando al cielo.
Se dirigió hacia Eren para despertarlo.
-Eren… Eren, despierta… -Dijo Mikasa en voz baja mientras lo agitaba ligeramente.
Eren despertó con un gruñido, indicando que le habría gustado seguir durmiendo.
-Ngh… -Se frotó los ojos. -¿Mikasa…? ¿Pasa algo? ¿Ya es de noche? –Preguntó mientras se desperezaba.
Eren se incorporó y Mikasa vio que se le había pegado una hoja de césped en la cara, lo cual le arrancó una pequeña sonrisa burlona. Se la quitó cogiéndola entre el índice y el pulgar.
-Armin ha despertado. Recuerda que-. –No pudo terminar, ya que Eren se levantó a toda prisa, emocionado.
-¡Armin! –Gritó mientras corría hacia él.
El grito de Eren alertó a los demás, que despertaron lentamente. Eren, mientras tanto, se subió de un salto al carro y se abalanzó sobre su amigo, envolviéndolo en un fuerte abrazo.
-¡Malditio idiota! –Exclamó mientras sus emociones amenazaban con desbordarle de nuevo.
Armin, confuso y sorprendido por tan efusiva reacción, le devolvió el abrazo débilmente.
-¿Cómo te encuentras? ¿Te sientes bien? ¿Te duele algo? –Preguntó Eren, sin darle tiempo a responder a ninguna de ellas. Armin rió.
-Tranquilo, Eren. Estoy bien. Solamente me encuentro un poco cansado. No sé por qué, pero es como si me faltaran fuerzas… Supongo que se me pasará en un rato.
Mientras los demás se acercaban a Armin a ver cómo estaba, Mikasa se fue hasta donde se habían sentado antes, cogió un poco de comida de la que habían dejado ahí, así como su vaso de agua, y volvió junto al rubio.
-Debes tener hambre y sed, Armin. ¿Quieres un poco? –Preguntó mostrándole la comida y el agua que le había llevado.
-La verdad es que sí. Gracias, Mikasa. –Respondió sonriéndole mientras cogía lo que la chica le ofrecía.
Se bebió del tirón el agua que le había dado, y se llevó a la boca un trozo de queso, cuando reparó en que todos estaban junto al carro observándole. Armin se sintió un poco nervioso al recibir las miradas de todos sus compañeros mientras comía. Además, el exceso de atención le pareció bastante curioso.
-Mikasa y Eren parecían muy contentos al verme despierto… Como si hubieran estado muy preocupados por mí… Como si mi vida hubiera corrido peligro… Lo cual podría ser la explicación de que no recuerde lo que ha pasado en Shiganshina. Sin embargo no estoy herido... Bah, seguro que estoy pensando más de la cuenta… Ni siquiera sé todavía qué ha sucedido… -Pensó mientras seguía comiendo, tan absorto que no se dio cuenta de que Eren le estaba llamando.
-¡Armin! –Exclamó mientras pasaba una mano por delante de sus ojos intentando hacer que reaccionara.
-Ah… Perdona, Eren… Estaba pensando. ¿Decías algo? –Dijo mirando a su amigo.
Eren rió, poniéndole una mano encima de la cabeza y removiéndole el pelo.
-¡Piensas demasiado! –Dijo en tono burlón, mientras Armin trataba de zafarse sin éxito con una expresión entre molesta y divertida.
Eren dejó de removerle el pelo y recuperó la seriedad.
-Mikasa nos estaba diciendo que no recuerdas nada de lo que ha pasado en Shiganshina… -Dejó la frase en el aire, esperando a que su amigo dijera algo.
-Ahh, si… Justamente iba a preguntaros sobre eso… ¿Podríais explicarme lo que pasó? –Pidió Armin sin mirar a nadie en particular.
Enseguida habló Hanji, dando la sensación de que ya tenía pensada la explicación que le daría.
-Yo te contaré lo ocurrido. –Tomó aire. – ¿Recuerdas la razón de esta expedición, Armin? –Éste asintió. –Bien… Cuando llegamos a Shiganshina, nos dirigimos, por la cima del muro, a la puerta exterior del distrito para sellarla. Eren la selló sin problemas y volvimos a la puerta interior. Mientras nosotros estábamos en la puerta exterior, tengo entendido que el comandante Erwin te asignó un grupo para que intentarais localizar al enemigo. Entonces, justo cuando volvimos a la puerta interior, diste con el escondite de Reiner, y ahí empezó la batalla.
Comprobó por un instante la expresión del chico para ver si el relato producía alguna reacción en él, pero lo único que veía era la mirada intensa de alguien que le estaba prestando toda su atención.
-Mi escuadrón, además de todos los que estamos aquí, excepto Levi y Flocke, que estaban al otro lado del muro con el resto de la expedición, luchábamos contra Reiner. Mientras tanto, al otro lado el Titán Bestia apareció de repente, junto con decenas de titanes normales, bloqueando la ruta de escape y encerrando a la Legión entre él y el muro. –Paró para tomar aire y continuó. –Cuando habíamos derrotado a Reiner, este lanzó un grito, que resultó ser una señal tras la cual el Titán Bestia lanzó un barril por encima del muro que contenía a Bertoldt.
Al mencionar a Bertoldt volvió a parar unos segundos para ver si el chico recordaba algo, pero no fue así.
-Cuando Bertoldt se transformó, aniquiló a todo mi escuadrón en la explosión. Y a mí también me hubiera matado de no ser por Moblit... A partir de aquí lo que sé es por lo que me ha contado el resto, pero al parecer Bertoldt os tenía acorralados entre él y el muro, igual que ocurría al otro lado con Erwin, Levi y el resto de soldados. Allí, el Titán Bestia los estaba acribillando a base de lanzar rocas, por lo que Erwin decidió liderar una carga suicida con todos los soldados con el fin de distraer al titán y que Levi pudiera acercarse por detrás para acabar con él.
-Por si fuera poco, Reiner, que pensábamos que había muerto, se levantó en su forma de titán, así que la situación se tornó bastante negra. Por suerte, ideaste un plan para acabar con Bertoldt entre tú y Eren, mientras Mikasa y los demás se enfrentaban a Reiner de nuevo. Mientras tu distraías a Bertoldt de alguna manera, Eren subió por detrás y lo sacó del titán. Aunque, por lo visto, antes de que Eren lo sacara, Bertoldt agarró los cables de tu equipo de maniobras y te hizo girar muy rápidamente, con lo que perdiste el conocimiento. Por suerte Levi, que acababa de volver del otro lado, te pudo coger antes de que cayeras. Por eso no resultaste herido. –Paró unos segundos antes de acabar.
-Al final, el Titán Bestia y Reiner lograron escapar, pero al menos acabamos con Bertoldt.
Hanji suspiró tras la larga explicación y se hizo el silencio. Armin estaba con la boca abierta, procesando toda la información. Al cabo de unos cuantos segundos, habló.
-Entonces… ¿Qué pasó con el comandante y el resto de soldados? –Preguntó temeroso por la respuesta.
-Solo sobrevivió Flocke. –Contestó señalando con la cabeza al susodicho. –Ahora yo soy la nueva comandante de la Legión. –Dijo con voz solemne.
Armin jadeó por las implicaciones de esas palabras. El comandante había muerto. La persona responsable de que la humanidad hubiera cambiado las tornas en la guerra contra los titanes ya no estaba con ellos. Agachó la mirada y se llevó una mano a la cabeza, en un gesto de incredulidad, cubriéndose parte de los ojos con ella.
-Y… ¿Por qué matasteis a Bertoldt…? Podríamos haberlo interrogado. –Su expresión se fue tornando en una de frustración. Resistió la tentación de alzar la voz. -O haberle dado su poder a alguien… ¿No tenemos un suero para eso? –Preguntó retóricamente mirando expresamente a Levi, recordando que era él quien lo tenía. –Quizás podríamos haber salvado a alguien con él… Puede que incluso al mismo comandante. –Terminó y soltó un largo suspiró.
Levi intervino rápidamente, viendo que la conversación iba por un cauce que no le gustaba.
-Le dimos el suero a Erwin. –Dijo, captando la atención de todos. –Flocke encontró a Erwin moribundo entre la masacre que había causado el Titán Bestia y lo cargó hasta el interior de Shiganshina para intentar salvarlo con el suero. Se lo inyectamos, pero al parecer ya era demasiado tarde. No surtió ningún efecto. Por eso matamos a Bertoldt.
Permanecieron en silencio unos segundos. Armin seguía sin entender por qué no dejaron a Bertoldt vivo.
-Aun así… Podríamos haberle interrogado...
-Reiner escapó porque lo dejamos vivo con el fin de interrogarlo. No estábamos dispuestos a que ocurriera lo mismo con Bertoldt. –Dijo Levi en un tono que daba a entender que no daría más explicaciones.
Armin tomó una buena bocanada de aire y la soltó.
-¿Y que hay sobre el sótano de Eren? Recuerdo que parte de la misión era ver los secretos que guardaba… -Preguntó el rubio con la pequeña esperanza de que hubieran encontrado algo que les pudiera ser de ayuda en la lucha contra los titanes.
Sin embargo, Levi negó con la cabeza. Fue Hanji quien habló.
-Estaba totalmente destruido. Solo pudimos recoger partes de libros, aunque estaban tan destrozados que dudo que podamos sacar algo de ellos… -Dijo con una sonrisa torcida.
Desde la perspectiva de Armin, el resultado de la misión no había sido muy bueno. Es cierto que habían conseguido sellar el muro, y que ya no tendrían que temer al Titán Colosal, pero con Reiner vivo el enemigo seguía poseyendo, con toda seguridad, la capacidad de volver a romper el muro, al menos por las puertas. La Legión de Reconocimiento había sido aniquilada casi por completo, sobreviviendo solo nueve personas. El comandante Erwin había muerto también. No habían podido tomar ningún prisionero del que obtener valiosa información sobre el enemigo. Y para colmo, el sótano de Eren, que prometía albergar secretos sobre el mundo, así como posiblemente algo que pudiera ser de ayuda directa contra los titanes, estaba destruido.
Por supuesto, Armin desconocía que el poder del Titán Colosal le pertenecía ahora a él, y, por extensión, a la humanidad.
-Y… ¿Ahora qué…? –Preguntó algo desesperanzado.
-Ahora volveremos a Trost. Pasará un tiempo hasta que la Legión se recupere de esto, pero lo haremos. Con suerte, es posible que el comandante Pixis acuerde transferir unos cuantos miembros de las Tropas Estacionarias a la Legión. Además, la noticia de que hemos conseguido sellar con éxito el muro María quizás haga que más reclutas se animen a unirse a nosotros. –Contestó Hanji en voz alta, intentando que sus palabras levantaran un poco el ánimo.
Algunos asintieron satisfechos ante las palabras esperanzadoras de la comandante.
-Bueno… Debemos irnos ya si queremos aprovechar bien la noche. Haremos turnos de tres horas para alternarnos las dos monturas disponibles. De momento empezarán Mikasa y Connie ¡En marcha! –Ordenó Hanji.
Mientras guardaban la comida sobrante y desataban los caballos, Armin sintió que hacía bastante fresco, y fue entonces cuando reparó en que apenas llevaba ropa. Solo los pantalones y las botas, que estaban en muy mal estado.
-Ehh… ¿Qué ha pasado con mi ropa? –Preguntó algo avergonzado.
-Mierda. –Fue lo primero que pensaron todos en ese momento. Nadie se había percatado de ese cabo suelto.
Levi se aclaró la garganta.
-Cuando te salvé mientras caías y vi que estabas inconsciente, te quité la parte de arriba del uniforme para que pudieras respirar bien. Habías estado unos segundos en la nube de vapor del Titán Colosal, así que pensé que haber inhalado ese vapor podría haberte dificultado la respiración. –Explicó estoicamente, como siempre, aunque internamente estaba rezando para que su explicación colara.
-Ohh… Ya veo… Gracias, capitán. -Dijo, dando la explicación por buena, e imaginando que el mal estado del resto de su ropa era un efecto secundario de la batalla.
Los demás aplaudieron mentalmente a Levi por su rápida intervención. Incluso él mismo lo hizo.
El trayecto que habían hecho de noche transcurrió sin incidentes, como era de esperar.
Cuando ya había amanecido, divisaron a lo lejos, al este del camino principal, una colina con una edificación en la cima que resultaba algo difícil de apreciar, dada la distancia.
-¡Mirad! ¡Allí está el fuerte! Debemos darnos prisa, ya ha amanecido y tardaremos al menos una hora en llegar hasta allí. –Dijo Hanji, con ansias de llegar al fuerte y descansar.
Dado que ya era de día, realizaron los últimos kilómetros a paso rápido, para evitar cualquier encuentro con los titanes. A pesar de ello, cuando se encontraban a unos cuatro kilómetros de distancia de la colina, un grupo de ocho titanes de diversos tamaños les divisó, y empezaron a correr hacia ellos.
-Joder, justo ahora que ya estamos llegando... –Dijo con fastidio y el nerviosismo inevitable de un encuentro con esos monstruos.
-¡Rápido! ¡Eren, Mikasa, subid al carro con Armin! ¡Los demás subid a las monturas! –Ordenó Hanji mientras alargaba la mano a Levi para que montara con ella.
Levi agarró las riendas del carro que llevaba al trío de Shiganshina y Jean agarró las del carro de víveres, con el fin de poder guiarlos desde sus respectivas monturas.
-¡Sasha, Connie, vosotros iréis más rápido ¡Avanzaos y abrid las puertas del fuerte para cuando lleguemos! -Volvió a ordenar la comandante.
-¡Sí! –Exclamaron estos y galoparon en su caballo a toda velocidad, adelantándose al grupo.
Los demás, al ser retrasados por los carros, no podían alcanzar una velocidad con la que distanciarse de los cuatro titanes más grandes, aunque tampoco se les acercaban.
Cuando alcanzaron la colina, los caballos se encontraban exhaustos y durante la subida perdieron mucha distancia con los titanes que les seguían. El carro en el que estaban Eren, Mikasa y Armin estaba a la cola del grupo, con lo que casi tenían los titanes encima. Armin ya se había colocado el equipo de maniobras que había en el carro, por si acaso.
Levi miró hacia atrás y chasqueó la lengua.
-Hanji, toma. –Dijo Levi dándole las riendas del carro. -¡Jaeger, Ackerman! ¡Preparáos! ¡Kirstein, tú también! –Exclamó. Jean entrego las riendas del carro de víveres a Flocke.
Armin no pudo evitar fruncir el ceño y agachar la mirada al ver que el capitán no contaba con él para luchar.
-Eren, tendrás que transformarte y contenerlos. Mientras tanto nosotros acabaremos con ellos. –Dijo el capitán en voz alta.
Enseguida Eren disparó los ganchos del equipo de maniobras a uno de los titanes y se lanzó hacia él de frente. Cuando estaba lo suficientemente alejado de sus compañeros, se mordió la mano y se transformó a medio vuelo, abalanzándose sobre el titán con toda la fuerza y la inercia del suyo propio en cuanto la transformación se completó.
En ese instante, dos de los otros tres titanes desviaron su atención hacia Eren, lo cual aprovecharon Jean y Levi. El tercero pasó de largo y siguió con su persecución al resto del grupo, con lo que Mikasa fue a por él. Sin embargo, cuando iba a disparar los ganchos para lanzarse hacia la nuca del titán, vio como Armin, con las espadas desenvainadas y habiendo lanzado ya los ganchos, saltaba del carro y rodeaba en el aire al titán, dirigiéndose a su punto débil.
Mikasa apenas tuvo tiempo de preguntarse por qué su amigo decidió lanzarse a matar al titán por su cuenta, cuando observó horrorizada cómo el titán se llevó la mano a la nuca, protegiéndola del corte que iba a realizarle Armin. Éste jadeó sorprendido al ver lo que acababa de ocurrir.
-¿¡Que…!? ¿¡Un Aberrante!? –Pensó, mientras un súbito temor lo invadía.
Con su visión periférica pudo percibir como el titán alzaba la otra mano para colocarla en su trayectoria y atraparle. Intentó cambiar la trayectoria liberando todo el gas presurizado que pudo, pero la inercia que llevaba y el poco tiempo que tuvo para reaccionar hicieron que no pudiera esquivarla.
-¡Armin! –Gritó Mikasa.
El titán cerró su mano alrededor del chico. Armin trató de hacer toda la fuerza que pudo con los brazos para evitar que lo aplastara, pero el titán le oprimía sin piedad mientras se lo acercaba a la boca. Por suerte el dolor solo duró unos segundos, ya que Mikasa se había lanzado a toda prisa a acabar con el titán cuando vio que había atrapado a su amigo.
Armin cayó al suelo aún en la mano del titán, la cual amortiguó el golpe. Se levantó algo dolorido debido a la fuerza con la que el titán lo había agarrado y temblando ligeramente, y vio de reojo como Mikasa se acercaba a él.
-Gracias, Mika-. –No pudo terminar de agradecerle a su amiga por haberle salvado, ya que esta lo interrumpió.
-¿¡En que estabas pensando!? ¡Podrías haber muerto! –Exclamó Mikasa visiblemente enfadada y alterada.
Armin se sorprendió un poco por la reacción tan airada de la chica, y por un momento no supo que decir.
-Yo… N-No sabía que era un Aberrante… -Contestó al final mirando al suelo.
A Mikasa también le había sorprendido ese titán. Un titán descerebrado protegiendo deliberadamente su punto débil era algo que nunca habría esperado ver. Aun así, eso no hizo nada por disminuir su enfado, aunque sí rebajó su tono.
-Precisamente cuando luchas contra un titán debes estar preparado para cualquier cosa... Y de todos modos ya nos estábamos encargando nosotros. ¿Por qué te lanzaste a por él? -Preguntó con una mirada de reproche.
Armin siguió mirando al suelo sin decir nada.
Eren, Levi y Jean, que habían visto lo ocurrido, llegaron junto a ellos. Levi le dirigió a Armin una mirada que hizo que éste agachara la cabeza.
-Arlert, ¿acaso te pedí que lucharas? –Preguntó molesto.
Armin alzo la cabeza para volver a mirar a los ojos a Levi por unos instantes y la volvió a agachar.
-No, señor.
¡Arlert! ¡Mírame a los ojos cuando te hable! –Gitó, tras lo cual Armin dio un respingo y le devolvió la mirada rápidamente.
¡Y cuerpo recto! –Volvio a gritar. Armin obedeció de inmediato.
Ahora que se encontraba de cara y mirándole directamente a los ojos, Levi dejó caer un silencio de varios segundos mientras se palpaba el nerviosismo del chico que tenía enfrente.
-Si yo digo que quienes van a luchar son Jaeger, Ackerman y Kirstein, entonces lucharán Jaeger, Ackerman y Kirstein. Ni uno más y ni uno menos. A estas alturas ya deberías saberlo. Así que dime, ¿por qué lo has hecho? –Dijo con dureza, mirándolo fijamente.
Los otros tres observaban con atención la escena, sorprendidos por lo duro que estaba siendo. Mikasa sintió la tentación de defender a su amigo, incluso sabiendo que había actuado mal, pero Jean, dándose cuenta, le puso una mano en el hombro indicándole que era mejor dejarlo estar.
-Cierto… después del enfrentamiento de ayer es mejor que no me meta. Además, es verdad que no tendría que haber hecho eso. -Pensó la chica, tras lo cual echó la vista atrás por un momento. - Suerte que Eren está en su titán, sino seguro que ya habría abierto la boca… -Este último pensamiento hizo que casi se le escapara una pequeña risa.
Mientras tanto, Armin también pensaba. Pensaba en la pregunta del capitán.
-¿Por qué lo hice? ¿Qué necesidad tenía?
Sin embargo, en el fondo sabía la respuesta. Siempre era lo mismo. Aunque sabía que tenía un rol único e importante en la Legión, y aún después de haberlo hablado con Eren y Mikasa y de haberlo aceptado, siempre sentía que su debilidad física era una carga, y quería demostrarse a sí mismo y a los demás que podía hacer algo por su cuenta. Que tenía habilidad suficiente para ello y que podían contar con él para luchar, pero evidentemente no era así.
Armin abrió la boca para decir lo que pensaba, pero tras dos segundos la volvió a cerrar, y en su lugar resopló por la nariz. Al cabo de unos segundos más, contestó.
-Lo siento, señor. No volverá a ocurrir. –Se disculpó, en un tono más bien seco, aunque intimidado por Levi.
Aunque no había respondido a la pregunta de Levi, éste decidió no insistir.
-En fin, sigamos adelante. Ya casi estamos en el fuerte. Eren, ya que estás transformado, carga con nosotros. –Dijo el capitán.
Eren fue subiéndolos a sus hombros uno por uno. Cuando subía a Armin, le miró a los ojos varios segundos, como preguntando por qué había hecho eso. Su amigo desvió la mirada, y Eren decidió que le preguntaría más tarde, aunque ya sospechaba de la razón por la que Armin había actuado así.
Tras subirse a todos sus compañeros a los hombros, Eren echó una mirada atrás para cerciorarse de que no había más titanes siguiéndoles y emprendió lo que les quedaba de subida hasta llegar al fuerte.
Fin del capítulo 3.
Espero que os haya gustado. Y ya sabéis, cualquier opinión o crítica será bien recibida.
¡Saludos!
