Hellow!
dslaxus: jajajajajajajajajaja me hiciste reír! Siiiiii Kizuna pasará hambre! por eso le pidió ayuda a su madre (?) ARIGATOU! *O* espero poder ir actualizando cada viernes (mejor aún cada día XDDD), pero por el momento no puedo ir más rápido debido a mi trabajo u.u
RanKudoi: gracias por tu review! aquí lo tienes! :)
Usagi Toxtle: yey! Mamo ya es daddy! **fiesta a lo grande (?)** vale, en serio me preocupa lo que has pensado para el otro, quiero saberlo, en serio XD tengo que decirte que la primera parte de esta temporada ha sido cambiada infinidades de veces XD como que el niño venía solo a Tokyo y cosas así (se me fue la pinza, sí y que? XD) asami-chan jamás será libre **JUM** porque lo digo yo (?) aquí lo tienes jajajajajaja pronto pronto descubrirás lo que sucede con ella :)
Annimo2009: waaaa y yo no puedo creer que haya obtenido tantos hermosos reviews esta vez *O* nah, es que estuviste mucho tiempo sin leer (?) porque tardar he tardado a llegar aquí XD (?) y mirando... de hecho ya hace más de tres años del primer PLA O.O que largoooo! XDDDD gracias por tu review! *O* deseo que esta temporada te guste tanto como las anteriores ;)
01 de Marzo ya han pasado 374 días desde que Asami se fue ;)
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Prólogo (II): su nombre es Yuna
Chizuko salió de su casa, dispuesta a no escuchar más a Nao y a Minoru riéndose de la amabilidad, cordialidad y servidumbre de Himitsu. A él no le importaba, pero a ella le molestaba lo duros que podían ser a veces con la gente que se acercaba a ella. Claro que como siempre, seguían las órdenes de Jaaku. Se quedó mirando delante de ella, en dónde había una mujer tambaleándose y llevando una manta entre sus brazos. La mujer se quedó quieta delante de ella y la observó con los ojos llenos de lágrimas.
— Co-cógela… —tartamudeó con una voz suave y llena de miedo. ¿Coger? ¿El qué? Chizuko notó la mano de la mujer tirando de su brazo y poniendo la manta pesada entre sus brazos. Chizuko miró sus brazos. Había una niña pequeña que dormía plácidamente—. No dejes que la encuentre. Él le hará daño… le hará mucho daño.
— ¿Daño? —Chizuko miró a la mujer de arriba abajo. Estaba herida. Su barriga sangraba y estaba demasiado pálida—. ¿Está usted bien?
— Chizu… —Himitsu la llamó de dentro del jardín de la casa. Ella se giró a mirarlo asustada—. ¿Ocurre algo? —se acercó a ella con más rapidez, seguido por Nao y Minoru. Chizuko volvió a mirar a la mujer que le sonrió cálidamente. Un disparo. Chizuko se arrodilló al instante protegiendo la manta con su cuerpo, mientras la mujer caía al suelo—. ¡Chizuko!
— ¡Disparan a Chizuko! —la voz de Nao llamando por ayuda, hizo que ella mirara hacia el final de la calle.
Un hombre con cicatrices en su cara y vestido como lo que ella podía reconocer como mercenario tenía la pistola levantada hacia ella. Himitsu le cubrió la vista arrodillándose delante de ella y abrazándola.
— Chizuko, tenemos que salir de aquí —susurró el chico intentando ayudarla, pero algo le hizo mirar entre los dos. Un pequeño quejido que sonaba como un gato maullando y algo que se removía—. ¿Qué narices? —un bebé le estaba mirando con sus ojos fijos hacia él—. Chizuko…
— Esa mujer… —dijo ella asustada—. Ha matado… a esa mujer.
— Chizuko, tenemos que salir de aquí —susurró Kizuna la mujer de Nao, levantándola con esfuerzo. Himitsu la cogió por el otro lado y entre los dos ayudaron a la chica ir hacia el jardín de la mansión. No se detuvieron hasta que estuvieron en las escaleras. Chizuko se sentó allí, al igual que Himitsu.
— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó Minoru siguiéndoles—. ¿Chizuko, conocías a ese tipo?
— No, claro que no —dijo ella—. Tenemos que llamar a la policía.
— ¿Y esa mujer? —Minoru la cogió por los hombros y la zarandeó levemente—. ¿Quién es esa mujer?
— No lo sé —Chizuko lo encaró con los ojos llorosos. Minoru se apartó de ella—. Llevaba este bebé y me ha dicho que no dejara que la encontrara, que él le haría daño.
— Y tanto daño si anda disparando delante de una casa de la Yakuza —Kizuna suspiró largamente y miró a su esposo Nao, que les observaba desde la puerta del jardín—. ¡Traed a la mujer aquí a dentro, intentaremos curarla y tenemos que llamar a la policía! ¡Ren! —Kizuna se acercó a medio jardín, mirando al hombre que estaba al lado de Nao—. ¡Te encargo el tema policial a ti! ¡Nao avisa a Jaaku-san! ¡Minoru la ambulancia y la atención de la mujer! —añadió girándose hacia el hombre que seguía al lado de Chizuko—. ¡Moveros!
— ¡Sí! —los tres gritaron a la vez con voz fuerte y empezaron a moverse.
— Vaya, creía que las mujeres jamás se implicaban en los trabajos de esta casa —susurró Himitsu sonriendo hacia la chica. Ella ni siquiera le prestaba atención. Estaba observando con mucho cuidado el bebé entre sus brazos que se removía inquieto—. Es precioso el bebé —Himitsu puso un dedo en la pequeña mano del bebé. Y la niña pequeña le cogió el dedo con toda su fuerza. Chizuko se sobresaltó y miró hacia él. Himitsu estaba sonriendo cálidamente, haciendo ruborizar a la chica—. ¿Dónde están tus papás, eh?
— ¿Crees que los encontraremos? —preguntó Chizuko.
— Estoy completamente convencido de que esa mujer era su madre —Minoru se acercó a ellos y se sentó a su lado—. También sé del cierto que quién ha disparado es un mercenario, muy conocido por la zona de Kansai.
— ¿Y la mujer? —preguntó Chizuko.
— No he podido hacer nada por ella —susurró Minoru—. El segundo disparo le dio en el corazón.
— ¿Segundo? —Himitsu arqueó una ceja hacia él.
— Tenía otro disparo en su barriga —informó Minoru—. Y mucho me temo que tuvo el bebé en su casa, sin ayuda médica. En cuanto llegue la ambulancia tendremos que darles el bebé para que examinen su estado de salud.
— Está bien. ¿Y cómo van a encontrar a su padre? —preguntó Chizuko preocupada.
— ¿Sabes? Creo que sé quién es su padre —suspiró Minoru con voz llena de rabia—. Ese maldito faldero es el único que tiene tanto dinero como para comprar a ese mercenario de Kansai y enviarlo en Tokio para matar a alguien.
Las sirenas de la policía y la ambulancia llegaron en seguida. Chizuko prefirió no hacer la otra pregunta, ya que el hecho de que Minoru hablara de alguien con tanto odio, solo podía ser algún otro clan de la Yakuza o malos recuerdos de él. Heiji y Shinichi fueron los que llegaron con el aviso de la policía. Nao les contó todo lo que había sucedido mientras los de la ambulancia examinaban el estado de la mujer y del bebé.
— ¿Y entonces podéis identificar el hombre que ha disparado a la mujer? —preguntó Shinichi suspirando largamente.
— Espera, tengo una foto de él, siendo un poco más joven —Minoru buscó entre sus bolsillos y sacó su teléfono móvil. Buscó en las fotos bajo la atenta mirada de Chizuko.
— Ah, es ese… —la chica miró la foto en la que él se había parado.
— Se llama Furusawa Masaru es de Kyoto, estudió en Handai graduándose en el tercero de su promoción. Estudió artes marciales, en la academia Ninja oculta del Clan Shiroma —Minoru miró de reojo a Chizuko mientras les mostraba la fotografía a los policías.
— Un segundo —la chica parpadeó confundida—. ¿Este tipo estudió contigo y con mi madre en Handai y en la academia?
— Exacto —Minoru se encogió de hombros—. Era uno de los amigos de nuestro grupo. Pero se alistó en el grupo de los mercenarios y tuvimos que alejarnos de él. Ya sabes, la Yakuza no aguanta que los mercenarios anden con ellos.
— Sí, me lo habéis dicho miles de veces —Chizuko suspiró—. ¿Entonces? ¿Qué pretende este tipo?
— Furusawa Masaru, ¿eh? —Heiji puso sus manos en su cintura.
— ¿Lo conoces? —Shinichi lo miró.
— Claro que sí —Heiji lo miró—. Este tipo entregaba a la gente de búsqueda y captura siempre muertos. La policía ya no sabía cómo detenerlo, joven y lleno de vitalidad… mi padre me lo describió como alguien parecido a ti —Heiji sonrió hacia él.
— Oh, como lo dijiste… ¿saltimbanqui? —Shinichi se rió.
— Algo así —Heiji miró hacia Chizuko—. ¿Algo más que podáis decirnos?
— Bueno… —Minoru hizo que todos lo miraran—. Últimamente corren rumores acerca de Masaru-kun. Aparte de sus trabajos en Kansai, ese hombre al parecer está trabajando aquí en Tokio por Niishitake-san.
— ¿Niishitake-san? —Shinichi y Heiji se miraron entre ellos, luego volvieron a mirarlo—. ¿No te referirás a: ese Niishitake-san?
— Sí, a ese me refiero —Minoru afirmó con la cabeza.
Shinichi y Heiji volvieron a mirarse entre ellos. Eso no podía ser cierto.
.
Heiji miró a su compañero para asegurarse de lo que tenían que hacer. Ninguno de los dos estaba muy convencido y por ese mismo motivo, ninguno de los dos se movió durante unos segundos. Estaban delante del edificio de Niishitake Ryouga, uno de los más grandes empresarios multinacionales de todo Japón. Shinichi lo miró también. Ninguno de los dos quería entrar en esa empresa, pero ese era su trabajo. Afirmaron con la cabeza y subieron las escaleras hacia la puerta. Una vez dentro miraron a su alrededor. Gente vestida con traje yendo y viniendo, todos muy ajetreados, teléfonos sonando, ordenadores por todos lados; la era de la tecnología en todo un edificio de paredes gris claro y mesas blancas. Los dos se acercaron a la recepción. La mujer llevaba un aparato conectado al teléfono en su oído y no dejaba de responder llamadas ni de escribir en su ordenador.
— Disculpe… —Shinichi habló levantando una mano para que la mujer les mirara. Pero ella siguió atendiendo las llamadas. Heiji le mostró la placa a la mujer y ella levantó un dedo para indicarles que se esperaran unos segundos—. Disculpe… —Shinichi frunció el ceño.
— Señora tenemos que…
— Ah-ah… —la mujer levantó más aún el dedo y lo movió para que se esperaran.
Heiji resopló mirando hacia un lado. Había dos mujeres con traje mirándolas y medio riéndose de ellos.
— Señora, necesitamos hablar con…
— ¿Pueden esperar, por favor? —la mujer cubrió un segundo el micrófono con una mano para poder hablar con ellos y en seguida siguió atendiendo a las llamadas.
Heiji arqueó una ceja. Tenían que terminar con el caso antes de mediodía y esa mujer les estaba atrasando. Dio la vuelta al mostrador y se puso detrás de ella. Le quitó el auricular del oído y se apartó de ella.
— ¡Oiga! ¡No puede hacer eso!
— Una persona ha muerto, por supuesto puedo hacerlo —dijo Heiji poniéndose el micrófono delante de la boca—. ¿Va a escucharnos de una vez o tenemos que detenerla por obstrucción a la justicia, señora?
La mujer abrió los ojos como platos mientras detrás de ella Shinichi se reía.
— Devuélveme eso —se quejó.
— Tenemos que hablar con Niishitake Ryouga, ahora —dijo Heiji.
— Sin una cita previa no pueden hablar con él —se quejó la mujer—. Hoy tiene muchas reuniones. Vuelvan mañana —el auricular emitió otro pitido y Heiji sonrió poniéndoselo al oído—. Oiga, no pue…
— ¿Diga? —Heiji sonrió con fuerza.
— ¿Dónde está mi recepcionista si se puede saber? —preguntó un hombre al otro lado del teléfono.
— Ahora mismo está a punto de ser detenida por obstrucción a la justicia a no ser que usted, Niishitake-san, desee hablar con nosotros, por supuesto —Heiji sonrió.
— ¡Pero bueno! —la mujer levantó sus brazos a modo de queja.
— Tengo muy buenos abogados —informó el hombre.
— Y yo a un muerto y a una niña sin padres. Solo serán 10 minutos, señor —Heiji sonrió—. Si lo prefiero lo hago ahora por teléfono, claro teniendo en cuenta de que estamos entorpeciendo el ajetreado teléfono de su recepcionista.
— Está bien, está bien —el hombre suspiró—. Vuelva en media hora.
— Kudo, dice que volvamos en media hora —sonrió Heiji.
— Oh, lo siento, para ese entonces ya deberíamos de estar camino de Osaka, habiendo detenido al asesino y al hombre que le ha dicho que matara a esa mujer, así que tenemos demasiado ocupado el día —Shinichi sonrió travieso y alzó la voz—. ¡¿Qué tal si empezamos deteniendo la entrada y la salida de la gente de este edificio?! ¡¿Tal vez alguna de estas personas que están visitando este hermoso edificio por negocios, pueda decirnos el motivo por el que Niishitake Ryouga-san está siendo investigado por homicidio?! —se giró para mirar a la gente mientras apartaba un poco su jersey para mostrar la placa de la policía que llevaba colgando de su cinturón.
— ¡Está bien! ¡Está bien! —gritó el hombre al otro lado del auricular de Heiji—. Atrasaré unos segundos la reunión, pero deberán de esperar a que llegue mi abogado.
— Oh, vaya, Niishitake-san está pidiendo un abogado —Heiji sonrió hacia Shinichi mientras le devolvía el auricular a la mujer—. Tal vez tenga algo por esconder —Shinichi se apoyó en el mostrador mientras Heiji rodeaba la mesa de nuevo y se ponía igual que él a mirar a la gente que les observaba asustados.
— Oh, qué divertido está siendo este caso —Shinichi se rió—. La Yakuza, mercenarios y ahora uno de los empresarios internacionales más grandes de Japón.
— ¿Quién nos iba a decir que tendríamos un día tan lleno, eh?
— Bueno, por el momento esperemos que el mercenario haya sido detenido antes de abandonar Tokio —Shinichi suspiró—. Sino tendremos que pedirle a tu padre que lo detenga.
— Oh, no por favor, no quiero que me quite este caso —Heiji lo miró sonriendo—. ¿Crees posible lo que dijo Minoru-san?
— Un hombre con mucho dinero jamás puede ser alguien de buen ver —suspiró Shinichi—. Lo creo posible, pero tenemos que preguntarle antes.
.
Niishitake Ryouga salió del ascensor y se paró delante de ellos. Era un hombre grueso, con mucha barriga. Llevaba un peluquín cubriendo su calvicie de la cabeza y sus ojos negros estaban hundidos en su gruesa y grasienta cara. El hombre iba con un traje azul marino y llevaba una corbata de rallas amarillas, grises y rojas, como el emblema de la empresa.
— Vaya, Niishitake-san se ha dignado a aparecer ante nosotros —Heiji lo miró de arriba abajo. El hombre parecía haberse puesto los pantalones hacía poco, ya que estaba mostrando sus calcetines a todo el mundo—. Yo creía que sería alguien un poco más de buen ver —el moreno miró a su compañero que estaba evitando mirarlo para no reírse.
— Niishitake-san, soy Kudo Shinichi de la policía de Tokio y él es mi compañero Hattori Heiji. Estamos investigando un asesinato que por una casualidad extraña nos ha llevado a usted —dijo él.
— Vayamos a un sitio más privado, ¿quieren? —el hombre les indicó con una mano hacia el ascensor—. Rina-chan, cuando llegue mi abogada, hazla subir en la sala de reuniones, por favor. Dile a mi secretaria que retrase la reunión por una media hora.
— Como quiera, Niishitake-san —dijo ella con una sonrisa cómplice.
Shinichi, Heiji y Ryouga entraron en el ascensor. El hombre pulsó el botón de la última planta y dejó que el aparato los llevara. Ellos se mantuvieron en silencio estricto. El hombre había solicitado a su abogado presente, así que no podían decir nada más hasta que hubiera un testigo entre ellos. Salieron del ascensor y se dirigieron a una sala de cristal con dos largos sofás en el lugar y una mesa pequeña, larga igual que los sofás, en medio de ellos. El hombre entró primero y les mantuvo la puerta abierta a los dos policías para que entraran. Las vistas a la ciudad eran muy buenas. Niishitake les ofreció una taza de té y ambos aceptaron amablemente. Seguramente con la presencia de un abogado tendrían que hablar mucho más de lo que tenían planeado, así que era mejor tener el cuello hidratado. Se sentaron en el sofá, delante de Niishitake y se mantuvieron callados mientras el hombre llenaba cuatro tazas delante de ellos.
— Siento la espera —dijo Rina entrando con una mujer detrás. En cuanto ella estuvo al lado del hombre, la recepcionista se alejó de allí y los policías alzaron la vista.
— Oh, no —Shinichi rodó los ojos.
— Este caso está siendo en realidad demasiado perfecto —Heiji se frotó las manos emocionados.
— Niishitake-san tiene usted un conflicto de intereses ahora mismo —Ran arqueó una ceja mientras se acercaba a los dos policías—. Abandona el caso.
— Ni lo sueñes —Shinichi encaró a su mujer levantándose del sofá—. Este es el mejor caso que tengo en días.
— ¿Qué ocurre? —preguntó el hombre confundido.
— Es mi esposa —Shinichi señaló a la mujer.
— Soy su abogada desde hace más de siete meses —suspiró Ran—. Después de que el bufete dijera que había conflicto de intereses con la anterior abogada.
— Bueno, no tiene por qué haber un conflicto en el caso, tampoco —Heiji sonrió—. Tú haz tu trabajo y nosotros el nuestro, Ran-chan.
— Pienso grabar toda la conversación —dijo Ran fulminándolo con la mirada.
— Adelante —Heiji le indicó que se sentara al lado de Ryouga—. Después de que lo hayamos amenazado para que nos recibiera, no puede haber mejor orgullo que verte trabajar ahora.
— ¿Puedo pegarlo? —preguntó Ran dando la vuelta al sofá de nuevo y sentándose en dónde había la última taza de té—. Niishitake-san, usted decide. Puede que haya algún conflicto puesto que él sabe cuando miento —Ran suspiró.
— No. Eres la mejor abogada que tengo en años, Ran-chan —sonrió el hombre amablemente. Shinichi arqueó una ceja mientras se ponía un poco rígido. ¿Qué eran esas familiaridades? El hombre golpeó suavemente el lugar en dónde Ran debía de sentarse y tardó en apartar la mano, haciendo enojar aún más a Shinichi. Ran se sentó suspirando.
— Kudo-san eres demasiado fácil de leer —dijo Ran apartando la vista de él mientras se reía disimuladamente.
Heiji le golpeó levemente la rodilla a su compañero con la suya. Ran sacó de su maletín una carpeta con papeles, un bolígrafo y una grabadora, mientras Shinichi miraba al moreno.
— Contrólate —Heiji sonrió.
— Es en serio, pienso contarle toda esta traición a Kazuha —sonrió Shinichi fríamente.
— Vale, vale, no metas a mi mujer en esto —se quejó él levantando las manos—. Llevémonos bien chicos —el matrimonio señaló cada uno al otro mientras miraban enfadados al moreno—. No maten al mensajero, no maten al mensajero.
— Está bien —Ran suspiró largamente mientras activaba la grabadora—. Posible conflicto de intereses con un interrogatorio policial a Niishitake Ryouga. El empresario internacional ha aceptado igualmente la situación. Grabaremos la conversación con la aceptación de la policía para demostrar que no ha habido ningún acuerdo indebido por ninguna parte por el conflicto. La representante de Niishitake Ryouga soy yo, Kudo Ran. Por parte de la policía está el marido de una amiga mía, Hattori Heiji y mi propio esposo, Kudo Shinichi.
— Sí —Heiji y Shinichi chocaron sus manos mientras sonreían. Ran los fulminó con la mirada.
— La próxima vez me traigo una cámara de vídeo —suspiró ella—. Parecéis críos.
— Bueno, cuando quieras, Ran —Shinichi sonrió amablemente hacia ella.
— Podéis empezar con el interrogatorio —Ran lo fulminó con la mirada.
— ¿Reconoce usted a este hombre? —Heiji le mostró una fotografía más actualizada que habían conseguido y tenía en su teléfono móvil—. Se llama Furusawa Masaru.
— ¿Furusawa Masaru? —el hombre cogió el teléfono del moreno y lo acercó a sus ojos—. No, no lo reconozco.
— Es un mercenario que trabaja a las órdenes de grandes empresarios, normalmente —Heiji observó la reacción del hombre atentamente.
— No, no lo reconozco —el hombre le devolvió el teléfono con una mirada llena de mentiras. Shinichi y Heiji lo miraron con una ceja arqueada mientras Ran se mordía el labio para intentar no reírse de sus expresiones tan iguales.
El hombre se movió levemente acercándose un poco más a Ran y haciendo enojar a Shinichi aún más. Heiji volvió a golpear su rodilla.
— Qué raro, nos han dicho que trabaja para usted como si fuera una especie de detective privado, o algo así —Shinichi habló claramente enfadado con él.
— Pues no, yo no lo he contratado, al menos —respondió él fijando la mirada al policía con una sonrisa llena de maldad.
— ¿Y esta mujer? —preguntó Heiji poniendo su brazo delante de Shinichi para interrumpir la lucha de miradas que mantenían ellos dos.
— No, tampoco —respondió el hombre rápidamente mirando tan solo unos segundos la fotografía.
— Se llama Miyama Yayoi, era dependienta en una tienda de dulces —dijo Heiji para intentar que el hombre recapacitara sobre su respuesta. Ran le cogió la mano para ver la fotografía, haciendo que los dos policías la miraran confundidos.
— Oh, venga ya —Ran rodó los ojos—. Antes de coger el negocio familiar de dulces trabajaba en nuestro bufete.
— ¿Y no se conocían con Niishitake-san? —Heiji sonrió mirando al hombre.
— He dicho que no —respondió él. Ran suspiró largamente. ¿Por qué le tocaba ese tipo tan mentiroso con los casos más extraños? Tenía que callarse que ese hombre había sido el antiguo cliente de Miyama y que la habían despedido del bufete por culpa de tener una relación con él precisamente—. ¿Alguna otra pregunta? Tengo reuniones que atender.
Shinichi puso sus codos encima de sus piernas y juntó sus manos para apoyar su barbilla en ellas. Se quedó mirando a Ran que estaba justo delante de él, con una sonrisa tranquila. Sabía que Ran le estaba escondiendo la verdad.
— Ran-chan, ¿sabes si salía con alguien hace nueve meses? —preguntó Heiji mirándola preocupado.
— No, hace nueve meses, seguro que no —Ran suspiró—. Hace ya más de un año y medio que murió su prometido en un accidente de coche, desde entonces se metió de lleno en su trabajo, olvidándose por completo de lo que la rodeaba. Pocas veces salía a tomar algo con los compañeros y mucho menos la veían salir de su casa. Todos decían que parecía haber perdido peso incluso, por culpa de eso.
— Entonces tal vez no sepáis responder a la siguiente pregunta —Heiji suspiró y miró hacia Niishitake—. ¿Reconoce este bebé? —le mostró una fotografía del bebé que también tenía en su teléfono.
— No, lo siento pero, todos los bebés son iguales —respondió él—. Llevo ya más de dos o tres meses sin ver ninguno, porque mi hermana tuvo uno hace, ¿cuánto hace?
— Tres meses y cinco días —respondió Ran mirando en su libreta anotaciones anteriores—. Y hace ya tres meses que no sabe usted nada de su hermana y su bebé.
— Eso —el hombre señaló a Ran con las dos manos y sonrió con malicia.
— ¿Puedo preguntar el motivo de la investigación? —Ran miró hacia Shinichi y parpadeó confusa—. ¿Qué? —esas miradas que el chico hacía con tanta travesura, siempre tendían a dejarla completamente indefensa.
— Nada, estoy observando a mi mujer en plena defensa de un asesino de madres solteras que ni siquiera se quiere ensuciar a sí mismo las manos —Shinichi sonrió cálidamente—. Ni siquiera puedo saber lo que piensas. Es bonito verte así de vez en cuando —Heiji lo golpeó en la cabeza—. Pero bueno…
— Gracias, si no lo haces tú, lo hubiera hecho yo —respondió Ran viendo divertida como Shinichi se ponía una mano en la cabeza—. ¿Así que han matado a Miyama Yayoi después de dar a luz?
— Contrólate por favor —Heiji rodó los ojos.
— Tienes que entender que me dan ganas de… —Heiji le cubrió la boca antes de que pudiera decir nada más absurdo todavía—. Edztá bien, edztá bien.
— Calla tu boca, en serio —suspiró Heiji—. Ran-chan, Miyama Yayoi dio a luz ayer y ni siquiera fue a un hospital. Estuvo rodando con el bebé toda la noche por la ciudad sin pararse en ningún hospital. Esta mañana ha llegado en la casa de una de las amigas de Asami-chan que…
— Por favor —Ran levantó los brazos desesperada—. Es en serio que Asami se parece demasiado a ti, ya.
— Si me dejas terminar, por favor —Heiji se rió ante la mirada fulminante de Shinichi—. No mates a tu mujer, que estás siendo grabado, Kudo.
— Está diciendo que Asami solo se parece a mí porque siempre ando rodeado de casos —se quejó él mirando a Heiji.
— Algún día superarás este pequeño trauma que tienes con la maldición que te persigue —el moreno le golpeó suavemente la cabeza como si estuviera tranquilizando a un niño pequeño. Shinichi se apartó e intentó morder la mano del moreno que la apartó rápidamente. Ran se rió.
— ¿Estáis siempre así? —preguntó ella.
— No, hoy la cosa está más calmada —sonrió Heiji—. Normalmente es más infantil que hoy.
— Un día de estos te ahogo en el lago de mi casa —susurró él.
— ¿Tiene un lago en su casa? —Ran y Heiji lo dijeron a la vez.
— Tengo dinero, puedo hacerlo si quiero —Shinichi cruzó sus brazos y sus piernas, apoyándose en el respaldo.
— Bueno, a lo que íbamos —Heiji negó con la cabeza intentando ignorar el comentario de él—. El día en que te hagas un lago en la casa, tus hijos te sacan de ella.
— ¿Por qué estás tan seguro? —preguntó Shinichi mirándolo.
— Disculpe, Niishitake-san, en seguida terminamos esta absurda conversación —Ran sonrió hacia el hombre y luego volvió la mirada hacia el moreno que le estaba indicando varios puntos a Shinichi en los que haría que lo que acababa de decir sucediera.
— Y para finalizar, un estanque que puede ser llenado de gasóleo y puede provocar un incendio, ¿en serio crees que Asami-chan te permitiría tener tan cerca su peor enemigo?
— Los bomberos buenos serían el problema de tu hijo, más bien, ¿no? —se rió Shinichi.
— No metas a Mamoru en eso —se quejó Heiji.
— Oh, sí, voy a meter a tu hijo en la conversación, ¿está tan convencido de que puede cuidar de Kizuna-chan él solo?
— ¿Por qué todo el mundo duda de eso? —Heiji miró hacia Ran.
— Porque el primer día por poco no mata a la niña, para empezar —dijo Ran parpadeando los ojos confundida porque el moreno olvidara eso.
— Por favor, era el cumpleaños de Asami-chan, claro que estaba un poco ido —Heiji se cruzó de brazos en una postura defensiva—. Además, que la niña se golpeara la cabeza en el fregadero, fue culpa de tu marido.
— ¿Mi culpa? Cuando cogí a la niña ella ya se había golpeado, morenazo —dijo Shinichi encarándolo.
— Disculpa, no sé qué creer de tus palabras en realidad —Heiji suspiró—. ¿Estás intentando ligar conmigo o algo?
— Por supuesto, ahora me pongo a ligar contigo.
— ¿Pueden por favor dejar de hacer comentarios absurdos y terminar ya? Tengo una reunión que estoy aplazando por ustedes —Niishitake decidió interrumpir.
— No, esta conversación me interesa más —Shinichi sonrió hacia él—. ¿Ahora intento ligar contigo?
— Acabas de decirme morenazo —dijo él encogiéndose de hombros mientras Ran le decía al empresario que se calmara—. Eso solo lo hacen los asesinos culpables que intentan tener una condena menor o las mujeres que intentan ligar conmigo por la calle, así que…
— Yo no he dicho tal cosa —dijo Shinichi con la nariz fruncida.
— Sí lo has hecho —respondió Ran. Heiji señaló a la mujer con una sonrisa traviesa.
— ¿De qué lado estás tú? —preguntó su marido.
— Del tuyo —respondió Ran—. Ahora terminemos con esto, por favor. Me han sacado del medio de un juicio para atender esto, y tengo que volver en menos de veinte minutos.
Shinichi la miró directamente a los ojos. Ran sabía lo que estaban haciendo y parecía enojada por completo.
— Hemos terminado —susurró Heiji en un hilo de voz apartándose del lado de Shinichi.
— ¿Le tienes tanto miedo a mi mujer, en serio? —preguntó él mirándolo de reojo.
— Esta mujer es peligrosa —se quejó él—. Así que es mejor no preguntar nada que la haga enojar.
— Niishitake-san, ¿ha ordenado usted la muerte de Miyama Yayoi después de que ella diera a luz a la hija que compartían juntos? —preguntó Shinichi fulminándolo con la mirada de nuevo.
— ¡¿Disculpa?! —Ran se escandalizó.
— No —el hombre respondió con una sonrisa llena de mentira.
— ¡Shinichi te estás pasando de la ralla! —se quejó Ran levantándose con los puños cerrados.
— Ran, puedes desahogarte lo que quieras en casa, pero ahora estoy haciendo mi trabajo —Shinichi sonrió mostrándole la placa—. Así que no puedes golpearme.
— Sí, solo te faltaría ahora detener a tu mujer por pegar a un policía —se rio Heiji.
— ¡Largo de aquí los dos! —gritó ella señalando a la puerta.
— Creo que se ha terminado el interrogatorio… —Shinichi sonrió hacia Heiji—. ¿Tienes toda la información que querías?
— Sí, creo que esta sala está llena de pruebas en su contra —el moreno se levantó e hizo una pequeña reverencia—. Muchas gracias por su tiempo. Estaremos en contacto. Pero por si acaso, mejor no salga del país, puesto que la Interpol está a nuestro favor en estos casos y por lo tanto seguramente le detendrían si sale usted de aquí.
— Hasta luego Ran —Shinichi se levantó y lo siguió mientras se reía. Los dos entraron en el ascensor y estallaron a carcajadas—. Ha sido divertido.
— Tenemos que volver a repetir eso con Ran-chan —Heiji chocó la mano de su compañero—. ¿Has visto la cara de Ran cuando el hombre ha negado conocer a Miyama Yayoi?
— Sí, está claro que miente —Shinichi rodó los ojos—. Entonces, a la mujer la hicieron fuera del bufete porque era un peligro. Había tenido una relación con un cliente hacía nueve meses y la echaron cuando ella les dijo que estaba embarazada de él. Oportunidad para coger el negocio de su familia e intentar calmar las cosas un poco en su casa, ¿tal vez? —miró al moreno que mantenía la misma postura pensativa de siempre.
— Seguramente algo así —Heiji se encogió de hombros—. Pero para un hombre como Niishitake Ryouga, que tiene una empresa en la que la familia es algo tan prioritario, que está casado con una actriz y que tienen tanto dinero entre los dos; el hecho de tener una aventura, lo dejaría completamente fuera de combate. Así que una relación con su abogada que al parecer a veces usa de secretaria, estaría fuera de lugar de él, ¿no?
— ¿Te parece si intentamos localizar a la hermana de Niishitake-san? Tal vez ella pueda decirnos algo.
— Por supuesto, Kudo —Heiji lo empujó levemente mientras las puertas se abrían—. Pero la próxima vez que me llames morenazo para provocar a alguien te golpeo yo.
— Oh, vamos, yo me sentiría halagado por eso —se rió Shinichi.
— En serio que no me contengo —se quejó Heiji.
— Sí, sí —Shinichi se rió mientras salían de allí. Media mañana y ya tenían prácticamente todo concluido y eso gracias a los Shiroma.
.
— Disculpe, Niishitake-san —Ran suspiró largamente y se sentó de nuevo en el sofá después de asegurarse de que esos dos se habían encerrado en el ascensor—. A veces hacen eso para sacar las cosas a la gente. Si los enfadan hacen que la gente responda sin pensar muchas veces —apagó el aparato grabador—. No lo hacen con mala intención, solo quieren que la gente les diga la verdad.
— Se han pasado de la ralla —se quejó el hombre—. Pienso escribirles una demanda —añadió—. ¿Sabes lo que han hecho en el vestíbulo? Han provocado un espectáculo que seguramente hará que muchos clientes se vayan a la competencia.
— El problema en esto es que se va a tener que gastar mucho dinero, inútilmente, puesto que Shinichi es intocable —Ran se encogió de hombros. Si no calmaba al hombre se encontraría con que el bufete la echaría a ella a la calle. Y no era que necesitara trabajar, tampoco, porque Shinichi seguía recibiendo dinero del FBI y por lo tanto, de eso les sobraba. Pero le encantaba su trabajo. Más en especial estos pequeños días en que podía encontrarse con Shinichi.
— ¿Intocable? —el hombre la miró de arriba abajo—. ¿En qué parte?
— Porque Shinichi viene del Programa de la Policía Especial de Kyoto, así que la Policía de Japón jamás dejaría que le hicieras daño al mejor agente —suspiró Ran.
— ¿Qué es eso del Programa?
— Es una Policía especial que se formó para luchar contra un grupo de criminales que eran muy difíciles de detener. El FBI, la Interpol, la CIA y la policía japonesa se juntaron para formar este Programa que actualmente sigue funcionando. Shinichi fue el mejor agente del FBI que actuó en ese caso y tanto la Policía de Japón, como el FBI y la CIA, no conozco la opinión de la gente de la Interpol, pero seguramente sería algo parecido, todos lo quieren deteniendo a la gente.
— ¿Y el otro? —preguntó el hombre.
— No creo que Shinichi le deje tocar a su mejor amigo. Es capaz de hacer que toda esa gente se ponga en su contra e incluso obligar a los abogados a dar todas las cosas de su vida a la policía —Ran suspiró e hizo una reverencia aún sentada en el sofá—. De verdad le ruego que disculpe todo esto, Niishitake-san. Si lo cree conveniente, me apartaré del caso y dejaré que mis compañeros intenten hacer algo, pero le advierto de antemano que nadie podrá detener a Shinichi con esta facilidad. Si no, deberé de comunicar a los socios fundadores acerca de esto y ellos mismos me apartarán del caso.
— No. Yo te quiero a ti —respondió el hombre—. Has demostrado ser muy eficiente en tu trabajo y necesito que me protejas de gente como ellos.
— Gente como ellos —Ran suspiró—. Lo dice como si ellos fueran los criminales, señor.
— Todos somos malos por algún motivo —el hombre sonrió—. Puedo hundir a tu marido y pienso hacerlo.
— Con dinero no va a poder hacerlo —Ran sonrió—. Así que yo de usted lo dejaría correr. Bueno, de todas maneras, quiero preguntarle con sinceridad algo. Ya sabe que me prohíben hablar de cualquier cosa parecida fuera de esta sala en dónde estamos usted y yo. Pasara lo que pasara yo siempre me he mantenido callada con cualquier robo que pudiera perjudicarle, y cualquier…
— Dilo de una vez —dijo el hombre.
— ¿Cree posible de que ese bebé realmente sea suyo? —preguntó Ran.
— Es mío —respondió el hombre—. Yayoi-chan fue despedida porque yo lo pedí, ¿recuerdas?
— Sí, lo recuerdo —dijo Ran.
— Me hizo chantaje para cobrar más dinero de mi empresa por sus servicios. Me dijo que se lo diría a mi esposa, pero yo les dije al bufete que hicieran una orden de alejamiento de Yayoi-chan y mi mujer. El bufete al escuchar mi petición, aceptó rápidamente en despedir a Yayoi-chan. Sé que amas tu trabajo y por ese motivo, harás un trabajo para mí —la mirada del hombre asustó a Ran.
— Niishitake-san. Amo mi trabajo, pero por encima de todo amo a mi familia y a nuestros amigos. Si quiere intentar hundir a mi marido, adelante, yo no lo detendré, pero al igual como la vida profesional se queda en estas cuatro paredes, mi vida privada se queda en las de mi casa. Trabajar juntos en casos jamás nos ha llevado problemas ni a Shinichi ni a mí, es más, algunas veces he ganado casos en contra de Shinichi. Pero eso no significa que me alegre de defender a asesinos o a gente con dinero que pague a otra gente para matar a alguien. Y menos a la madre de un bebé recién nacido —Ran se levantó recogiendo sus cosas y se alejó de allí con rapidez. Jamás le había gustado estar a solas con ese hombre. Se insinuaba con cualquier mujer que tuviera delante y muchas veces se había tomado demasiadas familiaridades incluso con ella. Quitó la cinta de la grabación de dentro de la grabadora y la puso en su bolsillo, para poder proteger esa cinta de cualquier intento de robo que pudiera sufrir. En cuanto salió del edificio, le llamó a él—. Shinichi, sabes que no puedo decir nada acerca de los casos y eso, pero te pido que hagas lo posible para detener a este hombre de una vez.
— ¿Qué ocurre? —preguntó él al otro lado.
— Ha dicho que intentará hacerte la vida imposible, y ya sé que eso a ti no te importa —Ran suspiró al escuchar la risa de Heiji al otro lado—. Shinichi por la mirada que me ha hecho, creo que más bien irá a por mí.
— No hay problema, Ran, estamos buscando probabilidades para intentar conseguir pruebas —Shinichi suspiró—. Cuando tengamos probabilidad, Miwako-san se encargará de conseguir la orden judicial y nadie podrá salvarlo esta vez. Nos vemos pronto. Asegúrate de ir por sitios con gente, ¿vale?
— No te preocupes —Ran sonrió—. Tengo juicios durante todo el día, así que…
— Perfecto, te vengo a buscar entonces —Shinichi sonrió.
— Está bien, gracias.
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Por la noche
— Niishitake-san, he terminado el trabajo —dijo el hombre poniéndose las manos en los bolsillos. Hacía demasiado frío a esas horas como para dejarlas completamente descubiertas. Siendo uno de Marzo, tampoco era algo extraño.
— No. Lo has complicado —el hombre salió de detrás de un árbol con una pistola apuntando al hombre—. Te dije que mataras a la mujer y a la niña, no que mataras a la mujer delante de testigos y dejaras la niña libre.
— Niishitake-san, he hecho el trabajo.
— La niña sigue viva —dijo el hombre.
— Entonces págame más si quiere que mate a un bebé —dijo el hombre.
— No, olvídalo, los míos lo harán —Ryouga le lanzó una bolsa—. Desaparece de mi vista. Como digas a alguien que hemos hablado, dispararé sin avisarte.
— ¿No quiere que mate a ese bebé?
— No, ya has hecho suficiente llevando a la policía en mis puertas —respondió él—. Vete.
— Ha sido un placer trabajar por usted —dijo el hombre volviendo atrás unos pasos sin mucha confianza y hablando con los dientes apretados.
El parque volvió a su silencio habitual de Marzo. El hombre se guardó la pistola y volvió el camino hacia su empresa. Había esperado demasiado. Tendría que haber matado a esa mujer el mismo día en que vino a su empresa a decirle aquello.
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Shinichi se tumbó en la cama. El día había sido demasiado largo como para no irse pronto a dormir.
— ¿No habéis encontrado nada? —preguntó Ran.
— Nada de nada —Shinichi suspiró—. Ese tipo está limpio. No hay conexión con él y Furusawa Masaru y también ha cuidado mucho el hecho de que no constara en ningún sitio el hecho de que Miyama Yayoi fuera su abogada. ¿No puedes darme ninguna pista, Ran? Tampoco hemos encontrado nada acerca de su familia y demás.
— No puedo decirte nada pero, ¿puedo preguntarte algo? —Ran se giró para mirarlo bien. Shinichi hizo lo mismo mientras apoyaba su brazo en la almohada para verla mejor—. Ese bebé, ¿qué va a pasar con él? Los padres de Miyama-san murieron antes de que lo hiciera su prometido, que era quién se cuidó de la tienda junto con otra dependienta.
— En el hospital han dicho que nació ayer, 29 de Febrero —suspiró Shinichi—. No tiene familia, así que pasará a manos del servicio social. De todos modos, Chizuko-chan parecía bastante preocupada por las palabras de Miyama-san, así que tal vez sea ella quién termine adjudicando la niña al cargo de alguien. Los Shiroma son una familia muy extraña en realidad.
— Sí, pero Chizuko-chan siempre estaba muy llena de energía y no parecía preocuparse por trivialidades como el cuidado de un niño —Ran lo miró.
— Asami me dijo una vez que esa chica se encargaba de varios niños, así que tampoco sé lo que pensar de ella —respondió Shinichi—. Veremos lo que sucede mañana. De momento no hemos encontrado ninguna pista de Furusawa Masaru, así que vamos a vigilar el bebé en el hospital, por si acaso.
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A la mañana siguiente
— ¡YUKI! —Chizuko abrió la puerta de golpe asustando a la chica, que se tiró el contenido de su taza de chocolate por encima.
— ¡¿A TI JAMÁS TE ENSEÑARON A LLAMAR A LA PUERTA, VERDAD?! —gritó su hermana con enfado.
— Necesito tu ayuda —Chizuko se arrodilló al suelo deslizándose levemente hasta pararse justo delante de ella y se agachó para suplicar a su hermana.
— ¿Qué haces? —Tetsuya bajó las escaleras lentamente y bostezando. Solo llevaba unos pantalones puestos.
— Voy a quitarle la llave de nuestra casa, en serio —Yuki lo fulminó con la mirada.
— Es tu hermana, déjala tranquila —se rió el cantante—. Pero me gustaría saber qué hace arrodillándose de esta manera ante ti. Desde que te fuiste de su casa que esta se ha vuelto mucho más rara aún.
— ¿Qué ocurre? —preguntó Yuki.
— Necesito la ayuda del FBI, por favor —Chizuko no se levantó mientras hablaba con los ojos cerrados al suelo.
— Por el amor de Dios, Chizu, levanta de aquí —Himitsu entró medio bostezando—. Siento la interrupción, pero es que no se estaba quieta ya. Empezaba a hacerse pesada y me estaba poniendo histérico a mí y a los demás de la casa Shiroma.
— No, pasa nada —Tetsuya sonrió al mirar a su hermano—. ¿Pero para qué necesitáis de los Bullet Junior?
— Ayer mataron a alguien delante de la casa Shiroma y Chizuko terminó medio trastornada, porque era madre soltera de un bebé recién nacido —explicó el chico su pelo era una mezcla de azules y de su pelo natural, de color castaño claro—. La policía no puede hacer nada, puesto que contrató a un… ¿cómo dijo Minoru-san que se llamaba ese tipo?
— Mercenario —Chizuko se levantó para mirar a su hermana—. Me disparó un mercenario porque estaba aguantando a la niña de esa mujer. Mató a su madre.
— No, por favor, no me mires con esos ojos, Chizu —Yuki apartó la mirada—. ¿Por qué siempre pone esa mirada de corderito degollado?
— Porque cuando pone esa mirada todo el mundo le hace caso —se rió Tetsuya acercándose a ellas—. Así que quieres que detengamos a ese tipo.
— El mercenario ya habrá desaparecido —Chizuko negó con la cabeza—. Quiero que detengáis al padre del bebé, por favor.
— ¿Tiene padre? —Yuki miró a su hermana con el ceño fruncido—. Chizuko estoy perdida.
— Minoru-oniichan dijo que ese mercenario, que estudió con mamá y con él, trabaja para un empresario multinacional que está también con empresas al extranjero y ese hombre le ordenó matar a la mujer —dijo Chizuko—. Creo que intentará matar al bebé de nuevo. He investigado a ese hombre desde los archivos de papá, ya sabes que el mercado negro siempre tiene más visiones de eso, y si realmente ese bebé es de ese hombre, tiene un gran problema, puesto que el buen funcionamiento de su empresa se basa en la imagen de su familia. Está casado con una actriz extranjera que ha terminado su carrera al casarse con él, pero la mujer es muy celosa. Bueno, es complicado.
— ¿Niishitake Ryouga? —Tetsuya rodó los ojos.
— Sí —dijeron los dos.
— ¿En serio? —Tetsuya los miró sorprendido. Había dicho un nombre al azar de un empresario multinacional. Ni siquiera recordaba que ese hombre estuviera casado—. Qué bueno soy.
— ¿Qué vas a hacer? —preguntó Yuki mirándolo.
— Bueno, tú no puedes hacer nada —sonrió Tetsuya besándole en la mejilla—. Te han dado la baja y no puedes moverte en una semana —Yuki rodó los ojos. Estarse quieta no era precisamente lo que más le gustaba y que se lo privara una barriga, aún menos—. Voy a hablar con el grupo a ver qué dicen —Tetsuya señaló hacia arriba en la habitación y se fue de allí con una sonrisa.
— Bueno, yo me voy —Chizuko se levantó de golpe.
— Para quieta un segundo —Himitsu la cogió por los hombros—. ¿A dónde vas a ir ahora?
— Al hospital, por supuesto —Chizuko frunció sus labios a modo de aburrimiento.
— Respira hondo —Himitsu sonrió.
— Esto es una tontería —Chizuko se encogió de hombros.
— No es una tontería —Himitsu la miró amenazante—. No es bueno que estés tan enérgica después de casi no haber dormido preocupada por la situación. Tranquilízate unos segundos, ¿quieres?
— No.
— Chizuko, siéntate —ordenó Yuki. Ella lo hizo—. Quieta aquí hasta nuevo aviso —Chizuko apoyó su frente en la mesa quejándose con la boca completamente cerrada. Yuki sonrió—. Puedes descansar tranquilo, Himitsu, no se va a mover hasta que yo le diga.
— Gracias —Himitsu se sentó en el sofá—. Estaba empezando a desesperarme con tanta energía.
— No lo entiendo —Yuki lo miró—. La tienes hipnotizada y puedes darle órdenes cuando quieras, y no lo haces.
— No puedo hacer eso —Himitsu sonrió—. Chizuko me dijo que no quería oírme de nuevo hablando así, por eso no lo hago.
Tetsuya bajó las escaleras corriendo mientras se estaba poniendo un jersey encima.
— ¿Qué ocurre? —preguntó Yuki.
— Han atacado un hospital en la sección de maternidad —respondió él—. Nos han llamado a todos.
Yuki se levantó apresurada y cogió un jersey de encima del sofá que tenía preparado. Chizuko se levantó detrás de ella y todos salieron hacia el hospital.
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— ¿Qué ha pasado? —Shinichi observó a Heiji que estaba intentando llamar desesperado a alguien que no le cogía el teléfono.
— Han atacado el hospital en donde estaba la hija de Miyama Yayoi —dijo él—. Nadie ha reconocido al agresor, pero iba armado y ha empezado a disparar a todos los niños. Por suerte de momento no se conoce ninguna víctima, pero…
— Está claro que iban a por ella —Shinichi suspiró—. ¿Y? ¿A quién llamas?
— Estoy intentando localizar a los servicios sociales para que se lleven a la niña en algún lugar desconocido y que no vuelvan a atacar al hospital de nuevo —Heiji suspiró—. Están ahora mismo tan desbordados allí que no pueden hacerlo ellos, pero…
— ¿Mejor vamos? —preguntó Shinichi. El moreno afirmó con la cabeza.
Cuando llegaron al hospital, todo estaba patas arriba. Cristales rotos, camas de bebés al suelo, pañales y demás accesorios repartidos por el suelo.
— ¿Y bien? ¿Qué haremos ahora? —preguntó Chizuko llegando detrás de Shinichi y Heiji.
— No tengo ni idea de cómo decirte esto, chica, pero… —Heiji se giró de mal humor hacia ella, con las manos en su cintura—. Eres un poco pesada.
— La niña no tiene la culpa de que ese tal Ryouga le tenga manía —se quejó Chizuko encarándolo con la misma postura.
— Eres impertinente e impaciente —respondió el moreno.
— Sí, pero tengo sentido de la justicia igual que vosotros y lo que han hecho aquí supera la injusticia —respondió ella.
— No ha habido víctimas, solo daños materiales, así que alégrate por eso al menos —respondió Shinichi girando a su compañero de espaldas a ella—. Y hoy que tenía el día libre.
— ¿Aún no hay rastro de Asami-chan? —Heiji lo miró de reojo.
— ¿Sabes? De momento me gusta pensar que si no encontramos su cadáver significa que al menos está viva, ¿no? —Shinichi sonrió—. Pero eso que me dijeron de 'deja de buscar o saldrás muerto…' —Shinichi se movió como imitando a un hombre que se preparaba para salir de su casa, repasando su corbata en un espejo—. No pienso creer que es una pérdida de tiempo, pero hasta que no podamos irnos a Estados Unidos, no encontraremos nada. Y tu hijo está demasiado ocupado con Kizuna-chan, así que tampoco podemos enviarlo a él.
— ¿Te lo he dicho? —Heiji se apartó dejando pasar a un médico que estaba corriendo con muchos papeles en sus manos—. Mi hijo empezará a trabajar en nuestro departamento en breve.
— No, no lo habías dicho —respondió Shinichi arqueando una ceja hacia su compañero.
— Miwako-san dice que es mejor mantenerlo ocupado —Heiji se encogió de hombros—. Ya sabes, por las amenazas que habéis recibido todos por investigar lo de Asami-chan.
— ¿Por eso no me dan días de fiesta? —Heiji afirmó con la cabeza sonriendo. Shinichi se apoyó en la pared—. Quiero descansar.
— Como si fueras a hacerlo —se rió el moreno—. Ah, Yoshino-san, por aquí.
La enfermera se acercó a ellos con una niña en brazos intentando tranquilizarla. La niña solo lloraba.
— Lo siento, llevamos una mañana realmente desastrosa —susurró la mujer. Chizuko se acercó al bebé sonriendo y la enfermera le dejó cogerlo. El bebé lentamente se fue tranquilizando—. ¿Todo bien, Chizuko-chan? —ella afirmó con la cabeza.
— Veo lo desastroso que ha sido —dijo Heiji—. ¿Podemos ayudar en algo?
— No, ahora tenemos que mirar lo que nos es servible y lo que no y reconstruir esta parte del hospital —suspiró la enfermera—. Tenemos a todos los niños con sus padres, excepto tres, la niña que nos trajo la policía y otros dos que sufrieron un accidente y sus padres están en la Unidad de Cuidados Intensivos. Tenemos suerte de que las enfermeras que estaban de guardia no sabían lo que les pedía esa gente.
— ¿Qué querían? —preguntó Shinichi.
— A la niña que nos trajisteis, por supuesto —respondió ella—. No sé el motivo y nadie de aquí puede reconocer a esta gente. Dispararon y cuando se fueron una de las enfermeras escuchó algo parecido a 'te han informado mal Ryouga-san'. Eso es lo único que podemos deciros.
— Descripción de ellos, ¿cuántos eran? —preguntó Heiji.
— Eran cuatro personas, de vuestra altura la mayoría y bastante gruesos todos y musculados, al menos un par —dijo la enfermera—. Yo estaba descansando en la salita de al lado y sentí todos los disparos, así que pude verlos cuando salí. Pero estaba demasiado oscuro como para poderos dar una descripción detallada de cada uno. Lo siento.
— No importa —Heiji suspiró—. Hemos llamado a Servicios Sociales, pero nadie responde de momento.
— Porque ya estoy aquí —respondió una mujer detrás de ellos. Todos se giraron a mirarla. Era una mujer alta, con zapatos de tacón, pelo largo y muy liso de color castaño oscuro y gafas de pasta cuadradas que le daban un aire de mujer que no quería ser contrariada.
— Ah, Sonomi-san —la enfermera sonrió.
— ¿Se puede saber qué ha pasado, Neesan? —preguntó ella acercándose a la enfermera.
— Bueno, lo que ves —la enfermera se encogió de hombros—. Al parecer están detrás de la vida de esta niña y por ese mismo motivo nos han atacado.
— ¿Un bebé? —Sonomi suspiró con cansancio—. ¿Por qué alguien querría matar a un bebé?
— Para que no se supiera acerca de que tuvo una aventura con otra persona —respondió Shinichi rodando los ojos—. Pero ese hombre es intocable. Además de que tiene a un bufete muy poderoso detrás de ellos.
— Y a una excelente abogada —Heiji sonrió—. Que por cierto por allá viene.
— Shinichi, ¿qué ha ocurrido? —Ran se acercó a ellos apresurada.
— Que tu querido cliente ha atacado un hospital entero —respondió Shinichi con una ceja arqueada.
— Lo siento —Ran bajó la mirada al suelo—. Vine en cuanto me enteré de que el bufete le había dado el nombre del hospital. Lo siento.
— No te preocupes, Ran —Shinichi sonrió—. Además, no ha habido víctimas. Pero ese bufete empieza a enojarme por su manera de reaccionar ante las cosas. Deberías de alejarte de ellos, en serio.
— Mejor me alejo de Niishitake-san, ¿qué te parece? —Ran se rió—. Mi madre me ha dado una oferta nueva esta mañana, así que creo que me voy a ir a trabajar con ella de nuevo.
— Estaremos mucho más tranquilos si lo haces, Ran-chan —sonrió Heiji—. Al menos por aquí —señaló a Shinichi mientras lo rodeaba con un brazo.
— Déjame en paz —se quejó su compañero medio ruborizándose.
— ¿Entonces están todos bien? —Ran miró hacia la enfermera.
— Sí, no han podido hacer daño a la niña —la enfermera miró hacia Chizuko que estaba acariciando su mano con lentitud—. Parece que solo se tranquiliza con Chizuko-chan —se rio la enfermera.
— Tienes buena mano para los niños, veo —dijo Sonomi acercándose a ella.
— Bueno, estoy un poco acostumbrada a tratar con niños de distintas edades en el pabellón —susurró ella mirando solo al bebé. Tetsuya dio un pequeño codazo a Himitsu que estaba intentando evitar mirarla de todas las maneras posibles—. ¿Y? ¿Qué va a pasar con ella?
— Tenemos que llevarla a una casa de acogida y esperar a que alguien la adopte —susurró la mujer—. Tal vez tenga suerte y alguien lo haga rápido o tal vez se pase toda su vida allí.
— Chizuko, no vayas a decir lo que… —la chica sonrió hacia su hermana haciéndola callar—. ¿Por qué narices sonríes así? No debemos de meternos en los negocios de la familia. Además desde que murió mamá no han vuelto a hacer algo como…
— Tal vez lo hablemos con la familia Shiroma —susurró Sonomi mirando hacia la enfermera—. Al menos en la oficina me han dicho que es mejor que una casa de acogida si hay problemas.
— ¿Lo ves? —Chizuko señaló hacia la mujer.
— ¡Haced lo que os dé la gana! —gritó Yuki—. ¡Yo no voy a meterme más en los negocios de esta familia! ¡Empezáis a dar miedo!
— ¿Por qué se enfada ahora? —Himitsu la vio irse.
— Bueno, la familia Shiroma aparte de por ser una familia de la Yakuza, es conocida también por su amabilidad con los niños perseguidos, sea por la policía o por terribles asesinos —Tetsuya se encogió de hombros—. Hay tantos negocios detrás de esta familia que empiezo a marearme cada vez que nombro tres de seguidos.
— Ya, me lo supongo —Himitsu negó con la cabeza y Tetsuya siguió a Yuki—. ¿Entonces la familia Shiroma cuidaría del bebé?
— Desde que murió mi madre, mi padre se ha ido negando a aceptar nuevos miembros en la casa y todos se han ido alejando de allí —Chizuko se encogió de hombros—. Los únicos que quedan en la casa son los que están solteros, como Minoru-oniichan, Ren-san y un par más. Toda la gente que ha estado en la casa Shiroma es gente que ha sido perseguida desde bien niños. Ken-san, por ejemplo, fue uno de ellos. Enseñan las moralidades y dejan que la gente escoja su camino. No por el hecho de estar en una casa de la Yakuza, tienes que formar parte de ella cuando crezcas. Claro que la mayoría de gente acepta entrar en el negocio.
— Ah, es eso —Himitsu se encogió de hombros—. Bueno, visto lo visto la niña está claro que tiene serios problemas con ese empresario, ¿no? —el chico miró hacia Shinichi.
— Sí, ese creo que va a ser el problema —respondió el policía—. Pero dejar a un bebé con una familia de la Yakuza, no sé yo si es muy seguro.
— Yo jamás había oído de eso —añadió Heiji—. ¿Estás diciendo de verdad que tu familia ha estado haciendo esto desde antes de que vosotras nacierais? —miró hacia Chizuko.
— Mi fami… la familia Shiroma es una parte de la Yakuza poco convencional. Son como el mercenario que nos atacó la otra noche, pero mucho más entrenados y armados para luchar contra la gente que les ataca —Chizuko sonrió.
— Pero si lo cuida Chizuko-chan no creo que haya ningún tipo de problema, ¿no? —preguntó Ran.
— ¿Tú eres de la familia Shiroma? —preguntó Sonomi empujando sus gafas hacia el puente de su nariz, con el dedo índice.
— Sí, soy la hija de la heredera Natsuko —respondió ella mirándola.
— ¿Entonces podríais encargaros vosotros de ella?
— No creo que a tu padre le guste la idea —respondió Himitsu.
— Ya, pero puedo convencer a mi padre de manera muy sutil —Chizuko sonrió hacia él.
— Vas a darle una paliza hasta que acepte, muy bonito —Himitsu habló entre dientes, haciendo que ni Yoshino ni Sonomi entendieran lo que decía. Los demás se rieron levemente.
— Además no tiene porque cuidarla él —dijo Chizuko sonriendo—. Puedo hacerlo yo. Soy mayor de edad y soy responsable. Además, en parte me siento culpable por la muerte de Yayoi-san. Podría haberla ayudado mejor, pero estaba tan sorprendida que no me dio tiempo a defenderla.
— ¿Cómo tu hija? —Himitsu miró a Chizuko confundido medio ruborizándose con la idea.
— Sí. ¿Algún problema?
— No —Himitsu sonrió—. Me gusta la idea.
— Bien entonces —Chizuko sonrió—. Esta pequeña se vendrá con nosotros.
— Entonces arreglaremos los papeles. En la oficina me han dicho que podría hacer cualquier trato con vuestra familia, así que agilizaré todos los trámites —susurró Sonomi.
— Bueno, ¿y qué hacemos con el caso? —Heiji miró hacia Ran.
— No puedo deciros nada, aunque estoy convencida de que ya sabéis lo que ha sucedido —respondió ella—. Así que vais a tener que cerrar el caso como no resuelto. A no ser que detengáis al mercenario. ¿Cómo se llamaba?
— Furusawa Masaru —Shinichi suspiró—. No te pongas a representarlo a él, por favor —pidió.
— No lo haré —Ran se rio.
— Gracias —Shinichi sonrió—. Ese tipo se ha convertido en una sombra, así que —miró hacia Heiji—. Creo que caso cerrado por el momento.
— Furusawa Masaru está en lista de búsqueda y captura, así que seguramente encontrará el modo de salir del país para no ser culpado del asesinado de Miyama-san —añadió el moreno—. ¿Puedes ponerlo en la lista del Programa también?
— Por supuesto, le pediré a Irie que lo haga —respondió Shinichi—. Pero hasta que no encontremos a Furusawa y nos pueda confesar acerca de Niishitake, no podemos hacer nada más.
— Te acompaño al Programa entonces —dijo Heiji.
— Sí, vamos a ver si podemos encontrar a ese mercenario por allí —Shinichi le dio un golpecito en el hombro a Himitsu y sonrió hacia él—. Hasta luego, Ran.
— Seguramente llegue tarde —respondió ella.
— Recibido —Shinichi se alejó con Heiji pisándole los talones.
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— Jaaku-san, ¡jefe! —Nao se apresuró a entrar en el despacho del hombre sin ni siquiera golpear la puerta. El hombre levantó la vista del montón de hojas que tenía delante. Cuando Nao entraba de esa manera era porque el mundo se estaba acabando, o porque Yuki y Chizuko habían hecho alguna de las suyas. Ahora que Yuki se había independizado y vivía con ese cantante de mala voz, solo tenía una opción para preguntar.
— ¿Qué ha hecho Chizuko esta vez? —preguntó el hombre quitándose las gafas de lectura y suspirando con cansancio.
— Viene con un bebé y con una mujer de… de las oficinas de…
El hombre se levantó de golpe.
— Echadla de aquí, no quiero a más de esa gente en mis puertas, no quiero ningún bebé —dijo él.
— Ya, pero Chizuko lleva esa cara de no ser contrariada. Y Yuki-chan no está aquí, así que… —Nao se encogió de hombros—. ¿Qué hago?
— Voy a matar a mi hija, en serio que lo haré —Jaaku rodeó la mesa y empujó al hombre para salir de allí. Bajó las escaleras con enfado y se dirigió al comedor, en dónde podía escuchar a muchos de sus hombres suspirando—. ¿Chizuko qué ocurre aquí? —el hombre entró medio gritando viendo que todo el clan Shiroma estaba rodeando a la chica y sonriendo con cariño y amor, mientras Chizuko iba diciendo cosas al bebé.
— Hola papá —Chizuko sonrió hacia el hombre mientras Nao entraba y empezaba a golpear a todos los que empezaban a querer ese bebé entre ellos.
— ¿Qué es esto? —preguntó el hombre acercándose.
— Soy mayor de edad y he tomado una decisión —respondió Chizuko—. Nada de lo que debas preocuparte, ya que yo estaré a su cargo, no tu.
— Chizuko, en serio, la única que tiene mano para criar a un niño con nuestras bases era tu madre, no puedes ir…
— Papá —Chizuko lo interrumpió—. A Yuki la crees completamente capaz de hacer cualquier cosa, porque la ves como mamá. ¿Entonces por qué yo no puedo? Quiero hacerlo y lo haré.
— Todo el mundo fuera de aquí —el hombre miró a Chizuko y señaló hacia la puerta. Ella se quedó sentada y todos empezaron a irse. Himitsu que estaba sentado al lado de Chizuko se levantó—. Tú no chico, quédate aquí sentado —Himitsu se sentó asustado. Sonomi se quedó en la mesa de la comida escribiendo en los papeles. Jaaku miró la espalda de la mujer y suspiró. Ella sonrió levemente sin ni siquiera mirarlo. El hombre finalmente negó con la cabeza y se sentó al otro lado de Chizuko—. Escucha, tu hermana siempre ha sido alguien atada a las creencias de tu madre, pero tú te has parecido siempre más a mí. Demasiado infantil para cuidarse a sí mismo, pero a la vez mucho más maduro para poder poner fin a cualquiera que intentara hacer daño a la familia. Centrar la cabeza en algo que pide más que tu libertad es algo que a mí realmente me costó mucho. Por eso cuando le pedí a tu madre que nos casáramos, ella terminó haciendo la boda solo una semana más tarde —Chizuko se rió sin ni siquiera mirarlo—. Tu madre y yo realmente no nos hemos parecido nunca. Pero la familia Shiroma decidió que yo sería el mejor marido posible para Natsuko y por ese motivo nos fueron empujando hacia eso. Chizuko, un bebé te ata a no poder ser más libre, dejar todo a medias y centrarte solo en las necesidades de esa pequeña persona. Estar a todas horas pendiente de ella y jamás poder decir, tengo un día de descanso para mí solo. ¿Aún así quieres hacerlo?
— Papá —Chizuko lo miró sonriendo—. Quiero esto. A veces pienso que esta casa es demasiado grande para vivir todos. Prefiero irme a vivir a una casa pequeñita fuera de aquí y pensar solo en mí misma, pero yo no soy así. No puedo pensar en mí misma ni por un solo segundo. Quiero ayudar a la gente que pasa por la calle sin que ellos me lo pidan, quiero dejar el paraguas a otra persona y echar a correr bajo la lluvia, habiendo evitado que alguien quizás cayera enfermo. Así que si puedo ayudar a alguien indefenso, creo que tal vez yo también me sienta mejor. Porque me estoy sintiendo demasiado culpable ya por la muerte de Yayoi-san. Quiero hacerlo, realmente.
— ¿Qué narices le has hecho a mi hija? —Jaaku miró a Himitsu con el ceño fruncido.
— Nada —se rio él.
— No digas tonterías, papá —Chizuko suspiró—. Voy a querer a esta pequeña tanto como a esta familia llena de extraños. Así que no te sientas celoso, ¿vale? —ella sonrió hacia su padre—. Además, tal vez necesite un poco de ayuda al principio, así que estoy convencida de que Jaaku-ojiichan podrá darme de su experiencia para cuidar a dos terremotos.
— Ahora en serio, ¿qué le has hecho a mi hija?
— Quererla tal y como es —el chico sonrió mirando a Chizuko. Ella enrojeció levemente. Jaaku se quedó mirando al chico. La sonrisa que él había hecho era una sonrisa que jamás había visto en otro chico que mirara a Chizuko.
— Bueno, ahora que todo está solucionado —Sonomi se levantó y se acercó a ellos—. Chizuko-san deberás de firmar estos papeles y apuntar el nombre que le vas a dar a la niña.
— ¿Darle un nombre?
— Solo tiene tres días, así que la niña se hará familiar con cualquier nombre que le pongas.
— ¡'Afrodita'! —entró Nao corriendo en un acto triunfal de ayuda.
— ¡No seas idiota! —Ren le siguió—. Para una niña tan tierna es mejor algo menos pasional, como amor. Y como tiene esos ojos más de extranjero, tal vez más de extranjero como 'Halona'.
— ¿Qué narices significa eso? —preguntó Nao.
— Significa afortunada y es un nombre proveniente de los nativos americanos —respondió él.
— Yo opto por algo más de aquí, más japonés, como 'Sakura' —interrumpió Minoru.
— Demasiado tradicional, ¿no crees? —dijeron los otros dos.
— ¿Qué tal 'Zoé'? —preguntó otro entrando—. Es un nombre griego que significa vida.
— ¿Y qué tal 'Kila'? Es de origen Hawaiano y… —dijo otro.
— ¡Basta! —Jaaku se levantó del sofá en modo autoritario. Todos los que habían estado escuchando desde un principio fuera de la puerta y que habían interrumpido se callaron—. Creo que estáis diciendo todos los nombres que os gustaría ponerles a vuestros hijos, así que ¿por qué no dejáis que este chico y Chizuko decidan el nombre de la suya, eh?
— ¿Papá? —Chizuko lo miró sorprendida. Luego miró a Himitsu que estaba ruborizado hasta la punta de su pelo y se había encogido para no mirar al hombre.
— Chico, sé que quieres a mi hija tanto como ese cantante de tres al cuarto quiere a Yuki —susurró Jaaku—. Seguramente te llevarás a mi pequeña lejos de mí, así que deberías de aprovechar esta oportunidad que el mundo te está dando ahora, porque no pienso darte una segunda —Jaaku se giró de espaldas a ellos—. Hubo una temporada en que yo tuve esa misma mirada y terminé casándome con esa mujer tan tierna y adorable. Es mejor que los dejemos solos, ¿no? —todos se retiraron con prisas para no interrumpir. Jaaku sonrió hacia ellos tiernamente—. No te avergüence querer a alguien. Eso es lo más hermoso que una persona puede hacer —se alejó de allí y cerró la puerta de la sala para que nadie más pudiera escuchar.
— Tu padre es idiota —Himitsu se cubrió la cara con las manos, haciendo reír a Chizuko y a Sonomi.
— Pero yo también estoy de acuerdo con él —Chizuko sonrió hacia el bebé que estaba durmiéndose—. Yo quiero seguir estando con Himitsu-kun por siempre y un bebé no quiero que me lo impida, por eso… por eso… Mitsu-kun también va a ser su papá algún día, ¿no? Y ella se convertirá en una Akai.
Himitsu la miró con una mirada perdida. Parecía que iba a llorar. Sonomi se alejó de ellos dejando los papeles y el bolígrafo encima del sitio vacío que había dejado Jaaku y salió del lugar.
— Quiero estar contigo siempre —susurró él. Chizuko lo acarició en la mejilla levemente. El chico estaba llorando. Pero sonreía tan cálidamente que le parecía hermoso.
— Te quiero, Himitsu —susurró Chizuko sonriendo.
Él la besó. No podía resistirse a esa sonrisa. No podía resistirse a ella. Tal vez eso cambiara un poco las cosas, pero él estaba feliz por el hecho de que ella considerara esa opción desde el primer momento.
— No puedo dejar de llorar —el chico se frotó los ojos con fuerza—. Lo siento —Chizuko se rio—. No te rías.
Ella siguió sonriendo hacia él de una manera burlona. Él se puso serio, pero seguía notándose ardiendo por el rubor.
— ¿Qué nombre te parece? —preguntó Chizuko—. Me gustaría honrar a mi hermana con ella también. Parece que se ha enojado un poco antes.
— No creo que se haya enojado, parecía mucho más feliz cuando se fue —Himitsu sonrió—. Seguramente pensó que así no te sentirías tan sola por el hecho de que ella se haya ido, ¿no?
— Sí, seguro que Yuki pensó eso —Chizuko sonrió.
— ¿Qué tal esto? —Himitsu se acercó a Chizuko para coger el bolígrafo de la mujer y luego cogió la mano de Chizuko para escribir el nombre—. Tal vez demasiado extraño.
— Me gusta —Chizuko sonrió hacia él.
— Perfecto —Himitsu sonrió tiernamente—. ¿Quieres que lo rellene yo?
— No, coge a la niña —Chizuko le puso cara de sufrimiento—. Se me está durmiendo el brazo ya —Himitsu se rio mientras cogía a la pequeña. La niña ni siquiera se despertó. Chizuko rellenó los papeles y cerró la carpeta—. ¿Vamos?
— Claro —se levantaron y se fueron hacia la puerta.
En cuanto la abrieron, vieron a todos sentados en distintos sitios, pero todos estaban esperando en la entrada, bien apretujados. Chizuko le dio la carpeta cerrada a la mujer y le devolvió el bolígrafo. Sonomi hizo una pequeña reverencia y se alejó a paso apresurado. Todos miraron expectantes a los tres pero Chizuko les sacó la lengua y entró de nuevo hacia el comedor. Himitsu se rio viendo como todos la seguían haciéndole preguntas, pero ella no respondió. Himitsu fue el último en volver a entrar en la sala, con la niña en brazos. Chizuko se acercó a ellos y cogió una mano de la pequeña para moverla suavemente.
— Hola, mi nombre es Shiroma Yuna, escrito como chica soñadora —dijo Chizuko con una sonrisa—. Un placer conocer a toda mi nueva familia.
Hasta aquí el capítulo.
¿Demasiado infantil? XD Lo siento, releyendo este final definitivamente vi que Chizuko la he hecho demasiado infantil u.u perdón por eso u.u
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Prólogo (III): Kazuki'.
