Hellow!

Annimo 2009: jajajajaja pobre Mamoru (?) si puedo... tengo el poder MUAHAHAHAHAHAHAHA (?) nah, es broma, como vienen navidades, voy a ir actualizando un poco más pronto, pero tampoco tanto puesto que trabajo todos los días TT:TT jajajajaja se nota cuando tienes tiempo libre, eh? XDDD

Humana: tu atención absoluta o.o eso creo que sería malo para ti MUAHAHAHAHAHAHA (?) nah, es broma XD sí lo sé, en realidad amo un montón a Kazuki XD es hermoso y lo mejor va a ser en su cumple (?) Kazuki celoso (?) lo divertido de estos chicos es que por su situación han crecido más rápido de lo normal, así que espero que pueda conseguirlo sin hacerlos terriblemente mayores (que tuve que modificar algo que parecía que fueran niños de 15 y no de 5 años XDDDD (sí, lo digo en serio XD)). buff... pues voy a tener que visitarte al hospital! XD en esta temporada hay tres sospechosas (sí, todas mujeres XD) pero ya las irás conociendo a todas poco a poco (?) jajajajaja si eso te ha enojado de Kikyo espera a saber lo que hizo cuando Kazuki aun no había llegado a la casa (?) jajajajajajajajajajajajaja solo de pensarlo me rio sola XDDDDD (algún día de estos voy a morir de las maldiciones que andáis poniéndome por lo que escribo (?))

11 de Mayo


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

Vuelta

Hace un día

— Mamá, hay una chica en la puerta —dijo Thea mirandola de arriba abajo—. Y se parece terriblemente a Asami-chan.

— Soy Asami —susurró ella sin voz mientras desviaba la mirada. ¿Por qué Thea tenía que estar allí? ¿No tenía que ir al instituto o algo por el estilo? La miró de nuevo y vio como la niña la miraba de reojo.

— Thea sal de ahí —dijo Jodie sacando la cabeza por la cocina y mirándola—. Asami-chan.

Ella levantó la mano.

— Lo siento, no sabía a dónde ir —susurró ella levantando una mano.

— ¿Eres Asami-chan? —Thea abrió los ojos desmesuradamente. Jamás habría jurado que la vería de ese modo. Asami jamás se descuidaría de esa manera.

— Entra no te quedes ahí parada —respondió Jodie—. Como alguien te reconozca estarías en peligro. Cierra la puerta Thea —dijo en cuando Asami entró—. El FBI tenemos orden de entregarte en 'El Laboratorio' si apareces, ¿qué ha pasado?

— Eso me gustaría saber a mí —respondió Asami—. ¿Cómo puede ser la cicatrización rápida una enfermedad para la que encerrar a alguien en ese lugar?

— Te querían para su propio beneficio, ¿verdad? —Jodie rodó los ojos—. Tienes que salir del país, Asami, no puedes volver aquí. Tenemos que movernos rápido antes de que cierren los aeropuertos o algo por el estilo.

.

— ¿Kizuna o Kazuki por alguna casualidad estaban hablando con esa mujer? —preguntó Mamoru. Las dos profesoras se miraron y luego miraron al chico que se rio—. Entonces no os preocupéis por ella, no les hará daño. ¿Podríais decirme por dónde se fue?

Las dos se miraron y señalaron hacia una dirección. Mamoru se fue por allí, con las manos en los bolsillos, después de darles las gracias y hacer una pequeña reverencia. Fue andando con tranquilidad por esa dirección hasta que llegó al puente en donde se había echado encima de Asami, cuando la chica había vuelto de Estados Unidos. Con una sonrisa nostálgica, anduvo por el medio de la gente hasta pararse apoyado en la barandilla al lado de la mujer con sombrero, que seguía llevando la misma ropa que el día anterior.

— Cuánto tiempo —susurró sin ni siquiera mirarla.

Ella se asustó y lo miró sin levantar la vista hacia sus ojos.

— Me has asustado —susurró la chica volviendo la vista de nuevo hacia el río.

— Y tú no has dicho nada —respondió él.

— Lo siento mucho, Mamoru —ella se giró a mirarlo—. Yo no puedo descubri…

Mamoru la besó con fuerza interrumpiendo sus palabras. La gente que pasaba por allí se quedó mirándolos, mientras ella correspondía a ese beso con desesperación.

— Cállate —susurró él mientras se apartaba y la abrazaba—. Por un momento no hables —ella se agarró con fuerza a su jersey—. Te he echado mucho de menos, Asami —en un momento de la frase, la voz del chico se quebró como un vaso de cristal cayendo al suelo.

— Perdóname, Mamoru —susurró ella escondiendo su cara en su cuello. El olor del chico le estaba dando fuerzas—. Sé que te he hecho daño de nuevo y lo siento mucho.

— No solo a mí, esta vez —se quejó él apartándose de ella.

Ella sonrió tristemente.

— Tampoco están tan infelices —dijo.

— Cierra el pico, ha sido por tu culpa y ya —dijo él señalándola.

— Está bien, asumiré eso —Asami se encogió de hombros y miró hacia la gente que les seguían mirando—. Esto…

— Se acabó el espectáculo —dijo Mamoru moviendo sus manos—. Largo de aquí —miró a Asami unos segundos y luego sonrió—. Ven —la cogió de la mano y tiró de ella por el resto del puente. En cuanto estuvieron en un lugar en donde no había gente alrededor, él se paró y se giró para mirarla—. ¿Qué tal estás?

— Ya lo ves —ella miró hacia sus pies mientras elevaba sus brazos para que la viera bien—. Ahora entiendo cómo se sienten los ratones de laboratorio —Mamoru se rio ante el comentario y volvió a abrazarla—. Mamoru no puedo volver con vosotros —susurró—. No puedo dejar que Marcos se lleve a Kazuki a ese lugar.

— ¿Por eso los estuviste vigilando ayer? —preguntó Mamoru sin ni siquiera apartarse un milímetro—. ¿Por eso has asustado a las profesoras del colegio?

— Lo siento —dijo ella con un hilo de voz.

— No voy a aceptar un no por respuesta y lo sabes —susurró él—. Tienes que volver a casa.

— Mamoru no —ella lo empujó para apartarlo, pero él se aferraba con mucha fuerza en ese abrazo—. Por favor, no lo hagas más difícil de lo que ya es.

— No te lo hago difícil, Asami —Mamoru cerró los ojos unos segundos—. Solo te estoy diciendo lo que tienes que hacer.

— Si Marcos me encuentra… —Mamoru se apartó de ella, pero no la dejó terminar las palabras, besándola—. No vas a convencerme así. Esta vez no. Porque si se llevan a Kazuki, yo no… —Mamoru la volvió a besar y esta vez sonriendo—. ¿Quieres dejar de hacer eso?

— No —el chico volvió a besarla y esta vez le quitó el sombrero con una mano, dejando que el pelo que parecía corto de la chica, cayera largo hacia el medio de su espalda.

Asami notaba que su cuerpo temblaba entero por el contacto de los labios de él. En cuanto se separaron, puso una mano en sus labios mientras cerraba los ojos. Había ansiado mucho ese momento y estaba convencida de que él también lo había hecho. Volvió a abrir los ojos y lo miró en la cara. Mamoru parecía haber crecido treinta años en lugar de cuatro. Tenía ojeras, había perdido el brillo de los ojos que le caracterizaba y su pelo, no solo estaba desordenado, sino completamente descuidado.

— Mamoru no puedo. Lo siento.

— Asami no me dejes solo de nuevo, te lo suplico —susurró él—. No puedo aguantar más. Estoy llegando a mi límite.

— Puedes hacerlo, estoy segura de eso —respondió ella bajando la mirada—. Tienes que aguantar por ellos dos. Te lo suplico.

— Ellos tampoco pueden aguantar eso —respondió Mamoru. La cogió de la mano y tiró de ella por las calles. Asami tenía la mano fría y el contacto con la piel del chico la hacía querer abrazarlo para notar su calor. En cuanto volvieron al cine, Mamoru subió las escaleras de dos en dos. Se acercó a la habitación en dónde sabía que estaban los demás y apretó con fuerza la mano de la chica—. Ya estamos aquí.

Heiji y Shinichi se giraron a mirarlos.

— ¿Pero qué? —el moreno señaló a la chica con los ojos desorbitados.

— Asami.

— Os dije que su pasaporte lo tenía la policía —se rio Mamoru encogiéndose de hombros.

Shinichi se acercó y abrazó a Asami con fuerza. En ningún momento, Mamoru la soltó de la mano. Sentía que si la soltaba tal vez se desvaneciera, como si tuviera que despertar de un bonito sueño, que se iba a convertir en pesadilla al despertar.

— ¿Estás bien? —susurró Shinichi casi sin voz cuando se apartó de ella. Asami afirmó con la cabeza.

— Vale, entonces queda todo claro —dijo Miwako con una sonrisa mientras le ponía una mano al hombro a Mamoru—. Heiji-kun, por favor, cierra la boca que te van a entrar moscas.

— ¿Cuá-cuá-cuándo? ¿Có-có-cómo? ¿Qué? —miró a la mujer policía completamente confundido mientras señalaba a Asami—. ¿Qué has dicho?

— Que no te quedes boquiabierto, que vas a babear en el escenario del crimen —dijo ella sonriendo—. Y entonces puede que tengamos problemas por tu culpa.

Heiji frunció el ceño ante el comentario mientras cerraba la boca.

— ¿Qué ha pasado? ¿Cuándo has vuelto? ¿Qué te han hecho? —susurró Shinichi sin apartar sus manos de los hombros de Asami.

— Papá, estoy bien —respondió ella—. No ha pasado nada, en serio.

— ¿Qué no ha pasado nada? —Shinichi la miró de arriba abajo—. Por el amor de… mírate, estás…

— Horrible, lo sé —respondió Asami—. Y aún así a él no le faltaron ganas de besarme, así que no te pongas histérico, ¿quieres?

Heiji se rio a carcajadas mientras veía a Mamoru enrojecer levemente.

— Ese es mi hijo —el hombre se cruzó de brazos y afirmó con la cabeza—. Un galán, como siempre.

— Puedes soltarme ya Mamoru.

— Oye, Asami, que este se ha pasado cuatro años sin dejar de hablar de ti, así que no te atrevas a quitártelo del medio, ¿me oíste? —dijo Heiji quejándose.

Asami miró a Mamoru.

— Sí, todos se han aliado contigo —Asami sonrió tristemente—. ¿Cómo conseguiste comprarlos?

— Con un poco de paciencia y unos cuantos: largo de aquí de una vez —respondió Mamoru.

Ella se rio.

— Bueno, al menos eso no ha cambiado, por lo que veo —dijo Asami.

— Entonces —Miwako miró a su alrededor—. Aunque me duela decirlo y todo esto…

— Vamos inspectora —Heiji habló a modo de queja.

— ¿Por qué no te llevas a Asami a casa de una vez? —dijo Miwako guiñando un ojo a Mamoru y haciendo callar al moreno—. En breve empezarán a llegar los periodistas y es mejor que no andéis cerca, si queréis salir ilesos del interrogatorio.

Mamoru sonrió mientras miraba a Asami.

— ¿De qué habla? —Asami miró a la mujer confundida.

— Bueno, ahora mismo ya no eres sospechosa de asesinato, así que podemos irnos —respondió Mamoru—. Vámonos.

Mamoru tiró de ella de nuevo hacia fuera del cine.

— Mamoru, espera —Asami se quejó mientras él no se detenía—. Pero deberíamos de…

— No importa, no importa —Mamoru se rio mirándola unos segundos y luego saliendo de allí. Anduvieron a paso rápido por la calle, cogidos de la mano y el chico siempre por delante de ella. Asami intentaba que le soltara, pero su agarre era muy firme, dándole a entender que el chico tenía una idea metida en su cabeza. Mamoru se paró delante del colegio de Kizuna y Kazuki y llamó al pequeño timbre que había al lado de la verja. Rápidamente, la directora del pequeño lugar salió con prisas del edificio y se acercó a ellos—. Buenos días.

— Hattori-san, buenos días —la mujer hizo una pequeña reverencia y en cuanto se levantó miró a Asami con curiosidad.

Mamoru inclinó su cabeza y sonrió.

— ¿Podría llevarme a Kizuna y a Kazuki por hoy, por favor?

— Ah, claro —la mujer sonrió y se adentró al edificio con pasos rápidos.

— ¿Por qué haces esto? —preguntó Asami mirándolo.

— Porque por un día no pasa nada —Mamoru sonrió hacia ella—. Oye, no va a pasarnos nada, ¿vale? Solo confía en mí.

— Pero Kizuna y Kazuki…

— Kazuki ya te ha descubierto —susurró Mamoru—. No es justo que Kizuna no. Además, no quiero que ella sufra más.

Los dos vieron salir a la mujer con los dos pequeños dando saltitos y sus mochilas en la espalda. La directora intentaba tranquilizarlos, pero ellos seguían saltando. Kizuna en cuanto le vio echó a correr hacia ellos.

— ¡Papá! —pero a medio camino su sonrisa cambió. Se quedó parada mirando el agarre de Mamoru y Asami completamente asustada.

— ¿Lo ves? —Asami bajó la mirada—. La hemos asustado —susurró débilmente.

— No dejes de mirarla, Asami —Mamoru sonrió sin dejar de mirar a Kizuna y saludándola con su mano libre, ella no la miró.

— Kizuna-chan, ¿qué ocurre? —preguntó la directora mientras llegaban a su lado con Kazuki.

— ¿Mamá? —Kizuna habló con miedo en su voz mirando a Asami y haciendo que la directora los mirara sorprendida. Asami levantó la mirada y sonrió con tristeza.

— Sí, es mamá —susurró Kazuki con una sonrisa—. Y ayer ella ya conocía a Kizuna.

— ¿Eh? —Kizuna miró a su hermano sorprendida—. Pero Kizuna ayer no la reconoció. Entonces, Kizuna es una mala niña —respondió ella bajando la mirada—. Kizuna es una mala niña —repitió en medio de un sollozo.

Asami notó que Mamoru le apretaba la mano y ella levantó la vista para verla. La niña estaba a punto de llorar.

— Kizuna, cariño —Asami se soltó de Mamoru y cogió los barrotes de la verja, agachándose al suelo con una sonrisa—. Eso no es cierto. Porque Kizuna ha estado esperando a que mamá viniera con mucha paciencia. Kizuna es muy buena niña.

— Eso es Kizuna —sonrió la directora acariciando su cabeza levemente—. Pero para ser una muy buena niña tienes que darle un fuerte abrazo a tu mamá, ¿vale?

— ¿Abrazo? —Kizuna miró a la directora sin entender bien a lo que se refería.

— Mira bien a tu mamá, Kizuna —susurró la mujer mirando hacia ellos y haciendo que Kizuna también los mirara. Mamoru le puso una mano en el hombro a Asami.

— Mamá está triste —susurró la niña mirando de nuevo a la directora. La mujer afirmó con la cabeza y la niña sonrió ampliamente.

— Tu mamá está triste porque Kizuna está triste —susurró ella—. Así que debes de sonreír y darle un fuerte abrazo, ¿vale? —la niña afirmó con la cabeza y sonrió, mientras Kazuki se acercaba lentamente a la verja y ponía sus pequeñas manos encima de las manos de Asami.

— Kazuki…

— Kazuki ha hecho lo que mamá le dijo antes de separarse —susurró el niño—. Kazuki ha sido paciente y ha hecho caso a papá.

— Lo sé, mi amor —Asami sonrió tristemente. Se había perdido tanto de ellos, así que era una bendición que no la rechazaran.

La directora se acercó cogiendo a Kizuna de la mano para abrir la verja. Metió las llaves en el agujero, ante la atenta mirada de los dos pequeños y abrió un poco. Kazuki se coló por la abertura, antes de que la mujer pudiera abrirla bien para que pasaran, y se abrazó a Asami con fuerza. Kizuna se quedó mirando a los dos, agarrada de la mano de la directora. Realmente tenía miedo de que aquello fuera solo un sueño y, que cuando despertara, nada de eso hubiera sido real. Pero si esto era un sueño, podría decirle a su padre como era ella en el sueño y seguro que entonces su padre la encontraría. Porque ella era tan distinta a las fotos que tenían en casa. Asami alargó la mano hacia la pequeña y ella, sin soltarse de la directora, alargó su mano libre para tocar la de Asami. Kizuna notaba que todo su cuerpo temblaba de nervios. Tocó la mano de su madre notando las manos de ella frías y la apartó de golpe.

— Mamá está fría —susurró en un hilo de voz.

— Lo siento —respondió Asami sonriendo—. Mamá últimamente tiene las manos heladas —la niña alargó de nuevo la mano y la tocó. Finalmente se la cogió y Asami se la estrechó con fuerza. Kizuna se soltó de la directora con mucha lentitud llena de dudas y observó con atención a Asami. Luego, después de que Asami le sonriera, ella se echó encima de los dos, haciendo que Kazuki se quejara por el dolor repentino en su espalda—. Tranquila —susurró Asami acariciando su cabeza y notando a la niña temblar. Asami cerró los ojos por unos segundos. Se sentía tan bien—. Todo está bien ya, Kizuna —susurró Asami.

— ¿Mamá vendrá a casa con nosotros, verdad? —preguntó la niña en un susurro mientras la directora con una sonrisa completamente ruborizada hizo una pequeña reverencia hacia Mamoru y cerró la verja para luego irse de allí—. ¿Verdad? —la pequeña se apartó de Asami un poco para mirarla, ya que ella no había dicho nada.

—Lo siento Kizuna —susurró ella—. Mamá aún está siendo perseguida por esos hombres malos —respondió ella—. Mamá no puede estar con vosotros porque no quiere que os hagan daño.

— ¿Por qué? —Kizuna la miró con los ojos llorosos mientras escuchaban a Kazuki llorar.

— Kazuki tranquilo —susurró Asami acariciándole la cabeza—. Tranquilo.

— Mamá no va a volver jamás, ¿verdad? —Kizuna bajó la mirada al suelo.

— Kizuna ya te dije que eso no es cierto —susurró Mamoru agachándose a su lado y acariciando su pequeña cabeza.

— Mamá te quiere mucho Kizuna —susurró Asami—. Os quiere a los tres muchísimo. Pero… —Mamoru miró a Asami con tristeza haciendo que ella se callara. Sus ojos verdes solo le decían dos palabras: '¿Lo ves?'. Asami miró a Kizuna que la miraba llorando en silencio y con sus puños completamente cerrados. Le dolía el pecho al verlos a todos así. ¿Por qué no podía ser? ¿Tal vez Mamoru tenía razón? ¿Tal vez podrían salvar la situación manteniéndose unidos? El temblor del cuerpo de Kazuki hizo que Asami intentara apartarse de él mientras seguía escuchándolo llorar. El niño se aferraba a ella con fuerza, Kizuna ni siquiera quería mirarla y Mamoru la miraba con ojos de suplica: 'ellos te necesitan y… yo también', decían. Asami se mordió el labio inferior. Qué mala persona podía llegar a ser si seguía pensando eso. ¿Podrían salir adelante? Tal vez si no esperaba la reacción de Marcos; tal vez si publicaba directamente todo; finalmente sonrió hacia Kizuna—. Está bien —dijo en un hilo de voz—. Mamá volverá a casa con vosotros —susurró ella—. Pero antes tendréis que acompañar a mamá a un sitio, ¿vale?

Había valido la pena. Solo para verlos sonreír a los tres, había valido mucho la pena. Kazuki se apartó de ella intentando parar su llanto, mientras Kizuna la miraba sorprendida y Mamoru sonreía hacia ella. Realmente, había valido la pena.

— ¿A dónde? —preguntó Kizuna.

— Papá, os ha contado alguna vez el trabajo de mamá, ¿verdad? —preguntó Asami sonriendo. Los dos niños afirmaron con la cabeza.

— Vimos las películas de mamá —sonrió Kazuki.

— Vaya, entonces sí que sabéis bien —Asami se rio tímidamente—. A mamá la conoce mucha gente aquí. Mamá tiene unos papeles que tiene que mostrarlos a la gente para que esos hombres malos no hagan más daño a nadie. Cómo mamá es famosa está convencida de que en todos los periódicos dirán que quieren publicar esos documentos para mostrarlos a la gente.

— ¿Entonces vamos a ver a Aiko-oneesan? —Kazuki miró a Mamoru que sonrió.

— Sí —dijo él ante la mirada interrogativa de Asami—. Asahara Aiko es periodista de sucesos en el periódico de 'Asahi Shinbun'.

— Akira debe de estar orgulloso de leer ese periódico ahora, ¿no es cierto? —preguntó Asami.

— De repente solo hace que leer el periódico, no sé qué manía le ha cogido con ese —se rio Mamoru.

— ¿Queréis ir a ver a Aiko-oneesan? —preguntó Asami sonriendo.

Los dos niños afirmaron con la cabeza sonriendo.

— Vamos con mamá —Kizuna se rio.

— Sí, vamos —Mamoru la cogió de la mano y se levantó. Kazuki se apartó de Asami y dejó que ella se levantara—. ¿A dónde llevas los papeles si se puede saber? —Mamoru la miró de arriba abajo.

Asami sonrió.

— ¿Quieres saberlo? —preguntó ella sonriendo traviesa.

— En realidad no, creo que no quiero —el hombre negó con la cabeza mientras Asami se sacaba un cordón del cuello en el que había una pequeña llave—. ¿Qué es eso?

— La hermosa tecnología —se rio Asami—. Fui a una empresa para que me escaneara todos los documentos y me los pusieran aquí. Así si Marcos me encontraba y me los quitaba, podría irse satisfecho de tener los documentos, esperanzado de que yo ya no los tenía —añadió—. Los papeles están en una taquilla de un supermercado, dentro de una bolsa de plástico.

— Eres una espía internacional muy bonita —se rio Mamoru.

— Tengo que arreglarme como pueda —se rio Asami—. ¿Pero podrías por favor devolverme el sombrero?

— ¿Qué manía tienes con tu cabeza? —preguntó Mamoru.

— Oye, la gente me reconoce, ya lo sabes —respondió ella encogiéndose de hombros—. No quiero que me impidan llegar.

— Ah, es por eso —Mamoru sonrió hacia ella—. Ni lo sueñes —se quitó el sombrero de ella que se había guardado en el bolsillo interior de su chaqueta y lo puso encima de la cabeza de Kizuna—. Mira, mamá te regala el sombrero.

— Mamoru, solo sabes llevar la contraria, ¿verdad? —Asami rodó los ojos.

— Sí —respondió él mientras Kizuna se miraba sonriendo el sombrero—. Venga vamos.

Kizuna, sin soltarse de Mamoru, y Kazuki se cogieron a las manos de Asami.


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Próximo capítulo: 'La nueva familia'.