Hellow!
Usagi Toxtle: what? o.o bah, los tornillos yo nunca los he tenido así que no importa XDDDD y lo de separarlos ya no más... asami se va a quedar... pero en realidad desearéis que se vaya ella en lugar de lo que va a suceder XDDDDDD y aixxxx... (quiere decirlo pero no puede XD) bueno, no digo nada, solo... disfruta del capítulo y, como siempre, gracias por el review ;)
11 de Mayo
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
La nueva familia
Kizuna y Kazuki se cogieron a las manos de Asami y la niña sin soltarse de Mamoru. Los cuatro fueron andando por la calle haciéndole preguntas a Asami. Entraron en el centro comercial y se llevaron los documentos de allí. Luego se fueron hacia el periódico. Mamoru pasó por delante de recepción tan solo diciendo 'hola' y ante la curiosa mirada de la recepcionista, que reconoció a Asami en cuanto las puertas del ascensor ya se estaban cerrando. El aparato les llevó hasta la quinta planta, con las paredes amarillas y las mesas bien ordenadas. Mamoru se movió con familiaridad por entre el río de gente y mesas trabajando hasta que llegó a una mesa vacía. Mamoru se apoyó en ella y miró al otro lado por encima.
— No, aquí tampoco encontrarás a Kyogoku —se rió Mamoru.
Luego se oyó un golpe y la chica quejándose.
— Mamoru-kun —la chica se levantó con una mano en la cabeza—. Se me había caído el… —la chica miró detrás de él, en dónde Asami la miraba sonriendo—. Asami-chan.
— Buenos días —sonrió ella.
— ¿Qué tal has estado? —Aiko sonrió acercándose a Asami y abrazándola—. Has cambiado mucho y no te has alimentado muy bien que digamos —añadió cuando se separaron.
— Bueno, no te aconsejo que pruebes a comer la comida que te dan envenenada —Asami se rió—. Sabe fatal.
— ¿Solo sabe, eh? —Aiko arqueó una ceja—. ¿Por qué siempre le quitas importancia a todo?
— Porque no tiene importancia las drogas que me metían en la comida —respondió Asami—. Lo pasado ya ha pasado, no tiene importancia.
— Ahhhhh… —Aiko suspiró largamente—. En serio, luego me pregunto el motivo por el que Akira no se preocupa de esos detalles. Ha vivido rodeado de eso.
— Sí —Mamoru sonrió—. Y digamos que su vida ha sido más entretenida gracias a eso.
— Oh, por Dios, Mamoru-kun —Aiko lo fulminó con la mirada—. Que das malas vibraciones diciendo eso. ¿Habéis venido solo a saludar?
— En realidad hemos venido a pedirte un favor —se rio Mamoru.
— Pero… —Asami miró alrededor. Todos los estaban mirando y empezaban a murmurar. Mamoru cogió el sombrero de la cabeza de Kizuna y se lo dio a Asami.
— Mejor vamos a tomar algo, ¿vale? —Mamoru sonrió y señaló hacia el ascensor. Aiko afirmó con la cabeza mientras Mamoru se agachaba al lado de Kizuna—. ¿Ves eso? No solo nosotros echábamos de menos a mamá —sonrió.
Kizuna miró a la gente que solo estaban mirando a Asami y afirmó con la cabeza.
— ¿Celoso? —preguntó Asami yendo hacia el ascensor.
— Sí, claro —Mamoru habló con ironía—. Celoso de que tú seas más famosa que yo, por supuesto.
— No precisamente de eso, creo yo —Asami sonrió tiernamente mientras se iba dirección al ascensor aún cogiendo las manos de los niños. Mamoru y Aiko la siguieron sonriendo.
— Todo sigue igual que antes, ¿cierto? —Aiko miró hacia Mamoru con una sonrisa tímida.
— No todo —Mamoru le guiñó un ojo mientras las puertas del ascensor se abrían y todos entraban a dentro. Aiko pulsó el botón y el aparato subió hasta el restaurante que estaba dos plantas por encima.
— Toma —Asami le dio el pequeño lápiz electrónico en forma de llave, escondiéndolo de la cámara de seguridad del ascensor—. Ahora verás lo que es esto. Solo cógelo por si acaso.
— Está bien —Aiko lo cogió y se puso las manos en los bolsillos para guardar el aparato—. Me preocupa un poco que tengáis tanto enigma ahora.
— Ah, no te preocupes —Mamoru sonrió—. Solo queremos darte una buena exclusiva que seguro te va a gustar. Pero mejor no te apartes de Akira hasta el día de la publicación —dijo él—. Solo por si acaso.
Aiko rodó los ojos.
— ¿Por qué me esperaba eso de vosotros dos? —puso sus manos en la cintura a modo de puchero mientras se iba directa a la barra—. ¿Qué queréis tomar?
— Zumo —dijeron los dos niños al ver que ella los miraba.
— Nada —susurró Asami en cuanto la miró a ella, llevándose una mirada fulminante por parte de Aiko y Mamoru—. ¿Qué?
— Come algo —dijo Mamoru.
— Ah, me he acostumbrado a comer menos de un puño de comida, va a costarme comer de más —respondió ella con una ceja arqueada. Él se puso una mano en la frente y se la frotó con fuerza—. ¿Qué?
— Pide comida ya —dijo él.
Asami desvió la mirada.
— ¿Por qué cada vez que nos volvemos a ver te pareces más a mi padre? —preguntó ella.
Mamoru se cruzó de brazos moviendo una ceja a modo de enfado.
— Asami… —ella sonrió hacia él al escuchar su nombre de sus labios.
— Está bien, está bien —dijo finalmente—. No tengo hambre, en serio.
— Vas a tener que volver a la normalidad cuanto antes, ¿lo sabes? —preguntó él.
— Lo sé, lo sé —Asami suspiró largamente—. No quiero nada, en serio.
— ¿Y tú Mamoru-kun? —preguntó Aiko mirándolo a él.
— Solo agua —respondió él.
— Yo tomaré un refresco —dijo Aiko mirando a la mujer de detrás de la barra que les estaba observando—. Aquí tiene —le mostró una tarjeta del periódico y la mujer afirmó con la cabeza, haciendo que se guardara la tarjeta de nuevo—. Vamos a sentarnos y hablemos del tema —Aiko les señaló las mesas más alejadas de las puertas y las ventanas, mientras le ponía una mano a la espalda a Asami a modo de invitación. Todos se fueron hacia allá. Asami se sentó en la silla de la esquina, para mantener controladas las puertas y ventanas—. Decidme.
Asami sacó los papeles que aún llevaba en la bolsa y los extendió encima de la mesa. Kizuna y Kazuki observaron en silencio todo, apoyados con las dos manos en la mesa para poder ver bien lo que hacían.
— Esto es el Laboratorio en dónde me han mantenido encerrada durante estos cuatro años —susurró Asami—. Asesinatos indiscriminados por orden del presidente del Laboratorio, experimentos en humanos, tortura y violaciones, blanqueo de dinero y suministración de drogas. Aunque este último te dirían que es normal por el hecho de que sea un Laboratorio para curar a la gente, las drogas que subministran son éxtasis y varias de esas para probar su eficacia y poderlas vender a los jóvenes de Estados Unidos a través de sus camellos. El presidente de Estados Unidos conoce el Laboratorio, pero no estoy convencida de que sepa exactamente que hacen algo más que salvar a la gente.
— ¿Todo esto está en lo que me diste antes? —preguntó Aiko mientras la camarera se acercaba con una bandeja en una mano, con todos los pedidos. Lo dejó encima de la mesa y se alejó a grandes zancadas.
— Sí. Marcos —dijo Asami asegurándose de que la camarera ya no podía oírlos y señaló una fotografía—. Es el encargado de llevar a la gente y recuperarla en caso de que escaparan. Ahora mismo me está persiguiendo a mí, pero ya se ha enterado del robo de documentos, así que su prioridad es recuperarlos para que el mundo no sepa de esto. Si en algún momento él te roba esto, déjale creer que se lo ha llevado, pero hazle creer que realmente es importante para ti. Pero no evites el robo, solo quédate alejada de esto, ¿vale? Esta era Dana —Asami señaló otra fotografía mientras proseguía con la explicación—. La mataron por traer a Kazuki aquí. Ya sabes, ningún ser vivo puede salir de allí si es con vida y no es de la plantilla. No aceptan las traiciones. Esto es todo lo que he podido juntar en estos cuatro años. Había oído de ellos ya hace tiempo, pero me negaron la investigación desde la Interpol. Ellos también saben de esto, al igual que el FBI. Pero cuando le mostré todos estos documentos a Jodie-sensei, ella no creía posible que eso fuera verdad. Los han mantenido engañados a todos para que cualquier persona que pueda escapar de allí sea devuelta a allí. Jodie-sensei me ayudó a cambiar mi imagen, me dio dinero y pasaportes falsos para poder salir del país, pero tampoco tenía un lugar al que recurrir y por eso al final decidí venir aquí. Pensaba ir al Programa, pero cuando llegué allí, estaban hablando de interrogar a mi familia y amigos por saber si me había puesto en contacto con ellos, así que decidí largarme de allí corriendo.
— Realmente esto es algo grande —susurró Aiko cogiendo un par de papeles y viéndolos—. No parece que esto vaya a terminar por ningún lado.
— Lo que quiero más que nada es que no descubran a Kazuki, no quiero que se lo vuelvan a llevar allí —susurró Asami mirándolo—. Decidieron dejarlo correr porque aún tenían mi sangre por experimentar, pero ahora que me he escapado, esto es lo que realmente me preocupa más.
— De acuerdo —Aiko cogió dos papeles más y los miró detenidamente—. Todo esto es realmente algo muy grave, Asami-chan. ¿Có-cómo los conseguiste?
— Solo entraba en zonas sin cámaras que generalmente es dónde estos documentos estaban —Asami se encogió de hombros—. Por lo único que puedo salir mal parada en esto es por hacer que matasen a Dana, por llevar a Kazuki hasta aquí, o por robar estos documentos. Así que puedes decir claramente que los robé, si con esto crees que va a ayudar más.
— No creo que haga falta —respondió Aiko—. Solo con estos documentos, crearemos ya la duda en la Interpol y el FBI para que investiguen y cierren ese lugar. Pero tendré que decirlo si vienen a interrogarme los del Programa, eso sí.
— No importa siempre que puedas hacerlo y no te pongas en peligro por mi culpa, Aiko-chan —respondió Asami—. No quiero más muertes a mí alrededor.
— No te preocupes por eso —se rio Aiko—. En cuanto os hayáis ido haré que Akira venga a ayudarme y haré que se enfade contigo por no irle a visitar primero a él.
— Ah, vale —Asami se rio—. Mejor que me mate un conocido, gracias.
— No hay de qué —Aiko le guiñó un ojo medio riendo.
— ¿Necesitas algo más? —preguntó Asami.
— Creo que no —Aiko la miró con el ceño fruncido—. ¿Y qué vas a hacer ahora?
Asami se encogió de hombros y sonrió.
— Ir a casa y no apartarme de ellos tres en todo el día —sonrió.
— Eso es lo mejor de todo, ¿eh? —dijo Aiko ruborizada.
Asami afirmó con la cabeza y miró a los niños que la miraban satisfechos.
— No creía poder escapar de allí realmente —susurró Asami—. Pero Marcos el último día me había amenazado con hacerles daño a todos, así que… —se encogió de hombros—. Supongo que me dio fuerzas para hacerlo. Lo más duro, creo que fue escuchar a la gente pidiéndome ayuda y yo no poder hacer nada por ellos. Por eso quiero que esto salga a la luz. Si puedo ayudarles aunque sea un poco, estaré satisfecha con eso.
— Haré mi mejor esfuerzo para que esto salga a la luz, Asami —sonrió Aiko—. No dejaré que nadie guarde esto. Le enviaré una copia a Chieko para que la cuelgue el mismo día en tu página de fans para que así sepan lo que ha pasado. Esto no se quedará guardado bajo ningún concepto.
Asami afirmó con la cabeza.
— Y dicho esto… —Mamoru se levantó de la silla y sonrió hacia los niños—. Decidle gracias a Aiko-oneechan.
— Gracias —dijeron los dos mirándola.
— No hay de qué —Aiko sonrió—. ¿Os ha gustado el zumo? —los dos afirmaron con la cabeza sonriendo—. Volved pronto a verme, ¿vale? —el teléfono móvil de Aiko sonó con un par de pitidos y ella lo miró—. Tenéis que iros —dijo ella—. Todo el edificio ya sabe que Asami está aquí.
— Sí, vamos —Asami se levantó de la silla y se acercó a Aiko con una sonrisa. Luego se inclinó ante ella—. Gracias.
— No hagas eso —Aiko sonrió—. Somos amigas, ¿no es cierto? —añadió mientras ella la miraba desde abajo. Asami finalmente se levantó mientras Aiko recogía los papeles levantándose—. Además, esto me va a dar una buena exclusiva, así que: gracias, Asami-chan. Me alegra que estés de vuelta.
Ella afirmó con la cabeza mientras los niños se cogían a sus manos.
— Vamos Asami —susurró Mamoru tirando de ella—. Nos vemos.
— Ten por seguro que será pronto —se rio Aiko—. No creo que Akira se mantenga al margen de todo esto.
Se fueron hacia el ascensor y Mamoru pulsó el botón de la planta baja, dejando a Aiko en ese piso. Mamoru cogió a Kazuki en brazos y el niño escondió su cabeza en su hombro. Asami le devolvió el sombrero a Kizuna y también la cogió en brazos.
— No levantéis la cabeza, ¿vale? —dijo Asami en un susurro muy débil. Ellos se mantuvieron escondidos y cogidos en el cuello de sus padres—. Mamoru, ¿crees que va a funcionar?
— Sí, lo hará —respondió él—. Eres una persona famosa, Asami y no tienes ninguna enfermedad, que era la excusa que daban todos. No hay nada que pueda retenerte o devolverte a ese lugar. Así que quédate conmigo y ayúdame a protegerlos, por favor.
— Gracias —susurró Asami con una sonrisa—. Además, no quiero perderme el ver a mis hijos cumpliendo los cuatro años —susurró Asami con una sonrisa. Kizuna la miró sonriendo tímidamente y volvió a esconder su cabeza, apagando un pequeño grito entre las ropas de la mujer—. Estás muy contenta, Kizuna.
— Mamá ha vuelto —susurró ella en un hilo de voz porque mantenía su boca apretada contra el hombro de ella.
— Kazuki también —dijo el niño levantando la mano.
— Sí, Kazuki también —sonrió Asami. Los dos niños miraron a Mamoru.
— Papá también está muy contento —dijo él. Los dos volvieron a esconder la cabeza mientras las puertas se abrían—. Allá vamos —no habían ni salido del ascensor que las cámaras con flashes y las luces de las videocámaras ya les estaban dejando medio ciegos—. Vamos con los niños, por favor, no graben —pidió Mamoru pasando por entre ellos.
Asami le siguió de cerca asegurándose de que el sombrero cubría por completo a Kizuna. Bajó la mirada y abrazó con fuerza a la pequeña mientras las preguntas de los periodistas del periódico se hacían sonar con fuerza. Mamoru se paró y ella se quedó a escasos centímetros de él.
— Esperen a que haya sido publicada la información en su periódico —dijo Mamoru—. Luego responderemos a sus preguntas. Por favor, no graben ahora. Los niños no tienen la culpa de esto.
— ¿Cuándo ha vuelto Kudo Asami? —preguntó un periodista.
Asami se mantuvo callada y con la mirada bajada. No quería decir nada, pero Mamoru no podía avanzar más, así que finalmente sonrió hacia él.
— No voy a responder a nada, señores —dijo en un hilo de voz—. Después de que lean el artículo, entonces podrán hacerme las preguntas adecuadas al respecto. Hasta entonces, solo quiero volver a casa con mis hijos y mi prometido. Dejen paso, por favor.
— ¿Los niños realmente son tuyos? —preguntó una mujer al otro lado.
— ¿Qué significa esa pregunta? —dijo Asami fulminándola con la mirada.
— Les intenté contar eso, pero ninguno de ellos me creyeron —se rio Mamoru—. No estabas embarazada antes de irte de aquí.
— Ah, les has contado una parte solo —susurró Asami rodando los ojos.
— Bueno, déjame decirte que solo conozco esa parte —respondió Mamoru con el ceño fruncido.
Asami se rio de nuevo.
— Señores, tienen ustedes la exclusiva —respondió finalmente mirando hacia un fotógrafo—. Si siguen aún así insistiendo con las preguntas y con las cámaras, tal vez deba de dar también la información al resto de periódicos para que ustedes no sean los únicos. Cuando no estemos delante de los niños les responderemos a sus preguntas —dijo sonriendo hacia ellos con malicia—. Ahora si nos disculpan, tenemos que salir de aquí.
A regañadientes, algunos de los periodistas se apartaron y dejaron paso a los dos. Mamoru parpadeó sorprendido sin moverse y ella se encogió de hombros, haciendo que Mamoru rodara los ojos y finalmente avanzara hacia la salida. Asami lo siguió de cerca.
— Das miedo a veces —susurró Mamoru en cuanto hubieron salido de allí.
— ¿Solo a veces? —Asami se rio—. Qué pena.
— Es suficiente con 'a veces' —respondió Mamoru mirándola mientras bajaba a Kazuki al suelo.
— Lo que tú digas —respondió Asami agachándose al suelo y soltando a Kizuna—. Guarda bien el sombrero, ¿eh? —la niña afirmó con la cabeza mientras lo cogía con las dos manos.
— ¿Vamos a casa? —preguntó Kazuki.
— Sí, nos vamos a casa —respondió Mamoru con una sonrisa—. Con mamá.
Los dos niños dieron un salto a la vez sonriendo.
— Vale, vale, no hace falta tanta emoción —respondió Asami. Luego alargó la mano hacia los dos—. ¿Vamos? —Mamoru sonrió mientras veía a los pequeños cogérselas.
Escucharon el sonido de la cámara a su lado y los cuatro se giraron a mirar.
— Estáis monísimos todos —sonrió Chieko. A su lado Akira estaba bostezando.
— Ah, Chii-chan —Asami se levantó rápidamente.
— ¡Chii-obaachan! —gritaron los dos niños a la vez emocionados.
— Seguid llamándome 'obaachan' y será lo último que haréis enanos —respondió ella enojada—. Y en cuánto a ti —Chieko se acercó a Asami y le puso un dedo a la frente—. ¿Cuántas veces más tendremos que quedarnos a consolar a ese idiota por tu culpa? —preguntó señalando hacia Mamoru.
— Disculpa a mi no tienes que consolarme —se quejó él con el ceño fruncido mirando hacia Akira que sonreía divertido por la reacción de su hermana—. Me puedo consolar solito.
— ¿Tengo que responderte ahora? —preguntó Asami sonriendo.
— Sí —respondió ella—. Dame una cifra exacta de las veces y si puede ser que no sean de más de un número.
— Ah… —Asami se encogió de hombros—. Es una lástima, entonces no te puedo dar un… —se calló cuando Chieko le puso la mano por encima de su pecho y la empujó.
— Más te vale que no sea ni una sola más, porque a la siguiente te juro por quién quiera que esté allí arriba que vas a recibir una buena paliza de mi parte —dijo la chica en tono amenazante mientras señalaba al cielo.
— Vale, me gustó más cuando regresé de Estados Unidos —respondió Asami mirando a Mamoru—. Aunque así al menos tengo las costillas salvadas. ¿Puedo saber qué culpa tengo yo de que me secuestren?
— ¡Para empezar si no hubieras esposado a ese tipo, no se te hubieran llevado! —respondió Chieko señalando de nuevo a Mamoru.
— Vale, no hace falta gritar tanto, Chieko —se quejó Mamoru—. Y aún sigo teniendo un nombre, por cierto.
— Lo de esposado, sobra —respondió Asami entrecerrando los ojos—. Y disculpa, si no lo hubiera hecho lo hubieran matado y a mi se me habrían llevado igual.
— ¿Estás muy convencida de eso no es cierto? —dijo Chieko.
— Me enfrenté a Marcos cuando estaba en Estados Unidos —suspiró Asami—. Se llevaron a mi cliente delante de mis narices. Y sí, casi termino al hospital. Así que no estoy convencida de que le hubieran dejado vivo, porque él no se hubiera detenido al sentir dolor porque no le daba igual lo que hicieran conmigo.
— Chieko no te enfades más con ella —suspiró Akira—. Luego te arrepentirás de haberle gritado.
— No te preocupes, Kyogoku —Asami sonrió hacia él—. Sé que está enojada conmigo y no voy a enfadarme, diga lo que diga, porque sé que está preocupada por mí y por ese motivo está gritando —Chieko estaba respirando con cansancio mientras la miraba por el esfuerzo que había hecho de correr hacia allí y luego gritarle—. Solo puedo decirte que siento haberme alejado de todos de nuevo. Te pido perdón por eso, Chii-chan.
— ¿Niños? —Chieko empezó a llorar—. ¿Por qué no dijiste nada de eso, eh? ¿Por qué ocultaste estas cosas tan importantes de nosotros? Cuando Mamoru me lo contó ni siquiera pude creerlo.
— Porque no quería que… —Asami miró a su alrededor, la gente que estaba en la calle les estaba mirando sorprendidos y algunos de ellos habían empezado a reconocerla. Era cuestión de tiempo que empezaran a sacar fotos o a correr la voz—. Hablemos de esto en otro sitio, ¿vale? —Chieko se abrazó a ella con fuerza—. ¿Chi-i-chan?
— No quiero volver a perder a mi mejor amiga —susurró ella—. Te lo suplico, no te alejes de nosotros de nuevo.
— Claro —Asami sonrió tristemente sin poderse soltar de los niños—. Kizuna, Kazuki, soltadme unos segundos —susurró.
— No —respondieron los dos a la vez, haciendo que Chieko se soltara de Asami y encarase a Kazuki.
— Estoy llorando, ¿no me veis? —dijo la mujer—. Necesito que vuestra madre me abrace.
— No —respondió Kizuna mientras Kazuki le sacaba la lengua y haciendo que Mamoru y Akira se rieran.
— ¿Por qué no? —Chieko suspiró mientras agachaba la cabeza—. Seguís siendo inaguantables. ¿Por qué siempre la tomáis conmigo?
— Porque sí —respondió Kizuna sonriendo.
— Niña que te la juegas —Chieko encaró a la pequeña haciendo que se escondiera detrás de Asami.
— Chii-chan mala —dijo la pequeña ocultando su cara entre las piernas de Asami—. Kizuna no está.
Asami se rio.
— Vamos a casa, mejor —dijo mirando hacia Mamoru.
— Sí, antes de que esto se vuelva un espectáculo de nuevo —Mamoru cogió la mano de Kizuna y tiró de ella—. Nos vamos, venga.
— No —dijo ella—. Chii-obaachan es mala.
— Voy a darle, en serio —dijo Chieko cruzándose de brazos completamente enojada.
— ¿Cómo puedes dejar que jueguen contigo unos niños de tres años, Chieko? —preguntó Akira riendo.
— ¡Cuatro! —gritaron los dos.
— No, hasta dentro de dos días no —dijo Akira riendo.
— ¡Cuatro! —volvieron a gritar mirándolo, tirando de las manos de Asami.
— Vale, pero vais a tirar a mamá —se quejó ella—. ¿Podéis soltarme mientras os peleáis con ellos o simplemente lo dejáis para otro día? —los dos se agarraron a sus manos y se pararon—. Para otro día, recibido. Nos vemos.
Kizuna y Kazuki tiraron de ella hacia la dirección de la casa. Mamoru sonrió mientras le ponía una mano al hombro de Akira.
— No te apartes de Aiko, hasta que salga todo a la luz —susurró—. Va a necesitar tu ayuda.
— Está bien —respondió Akira yéndose hacia el periódico—. Vamos Chieko, luego iremos a verlos.
— Sí —Chieko lo siguió mientras se frotaba los ojos y miraba por unos segundos a Mamoru, Asami y los dos pequeños. Sonrió ampliamente—. Se han acostumbrado rápido esos dos a su presencia.
— Eso, o es que Asami ya estaba aquí desde hace días y la han estado escondiendo —se rió Akira.
— No seas malo, eso seguro que no es —respondió Chieko—. Me alegro de que esté bien.
— Sí, aunque seguramente tardará a recuperarse de esto, Chieko —respondió Akira abriendo la puerta del periódico y mirando hacia dónde estaban yéndose los demás—. Tardará mucho, al igual que Mamoru.
— Bueno, los niños estarán bien —sonrió Chieko quedándose quieta mirándolos también—. Si ellos no se hunden, podrán ayudar con más rapidez a hacer que Mamoru y Asami estén mejor.
— Si es que no empeoran las cosas —suspiró Akira.
— No seas bruto —Chieko lo golpeó y entró al edificio.
— ¿Por qué me pegas a mi? —se quejó Akira—. Soy el único que está siendo realista de todos —respondió él siguiéndola hacia dentro.
— ¡Eres un bruto! ¡Un demonio! —gritó ella.
.
En cuanto llegaron a casa, Mamoru abrió la puerta con las llaves de la casa y empujó la puerta dejando que los niños y Asami entraran primero. Los niños tiraron de ella hacia adentro y antes de que pudieran entrar del todo, Mamoru habló con un tono de repetición:
— Los zapatos, niños.
Asami lo miró sonriendo viendo que los dos se habían parado sin acordarse de eso. Los dos se quitaron los zapatos en la entrada y luego entraron tirando de Asami. Ella también se quitó los zapatos y dejó que ellos la llevaran hacia el comedor. Mamoru cerró la puerta con la llave y luego dejó las llaves encima del mueble de la entrada. Se quitó los zapatos y los siguió hacia dentro. El comedor estaba lleno de juguetes tirados al suelo.
— Bienvenida al desorden de la casa —dijo Mamoru sonriendo al ver que los niños le enseñaban el lugar con orgullo—. Nos hemos dormido de nuevo y por poco no llegan tarde al colegio, así que solo han ido desordenado todo.
Asami sonrió mirándolo.
— Mira, si estás hecho todo un padre.
— Déjame en paz —se quejó él desviando la mirada.
— ¿Podéis soltarme ya chicos? —preguntó Asami agachándose un momento a su altura. Ellos lo hicieron y Asami se levantó—. Me gusta —Mamoru la miró con el ceño fruncido y ella lo abrazó—. Me gusta verte así. Mucho.
Él la abrazó también.
— Bienvenida de vuelta —susurró Mamoru en un hilo de voz. Ella se apartó y lo besó en la mejilla—. Bueno, chicos ¿por qué no le enseñáis vuestra habitación?
— ¡Sí! —gritaron los dos pequeños cogiendo de nuevo las manos de su madre y llevándosela de allí.
Asami los dejó que la guiaran. Esa situación le parecía realmente extraña. Era algo que no había imaginado hasta entonces. Encerrada en el Laboratorio, ella creía que Kizuna había muerto y sabía del cierto que Dana también lo había hecho, así que no sabía si Kazuki se había salvado. Estando encerrada cada dos por tres en una sala, con un brazalete electrónico que cerraba las salidas cuando ella se acercaba, era algo que le hacía perder las esperanzas de vivir aquello en algún momento. Pero había conseguido salir. Estando en casa de Jodie-sensei, mientras ella y Thea la ayudaban a cambiar su apariencia, ella estaba convencida de que no saldría del aeropuerto de Estados Unidos. Pero aún así lo había conseguido. Una vez había llegado a Japón, le habían robado la bolsa de dinero, con sus pasaportes y los documentos, había dormido en la calle y evitaba estar en los lugares transitados para que nadie la reconociera. Pero cuando vio que Kizuna seguía viva, por unos minutos siguió pensando que tal vez su suerte podría ir a mejor. Sí, su suerte había cambiado drásticamente. No cambiaría nada de aquello, por lo feliz que ahora era en esa casa. Aunque se hubiera perdido cuatro años de esos pequeños, ahora no se perdería ni uno solo de más. Haría lo que fuera para seguir con Mamoru, Kizuna y Kazuki. Lo que fuera.
Sin darse cuenta, sus ojos empezaron a llorar. Kizuna y Kazuki se miraron entre ellos y luego miraron a su madre.
— ¿Mamá? —preguntaron los dos a la vez.
— Lo siento —susurró ella agachándose a su lado.
— ¿Mamá está triste? —preguntó Kazuki con tristeza.
— No —Asami miró la habitación. Estaba llena de pósters de Asami. Sus obras de teatro, su película. De seguro cosas que Yukiko y Yusaku les habían dado. Se sentía tan extraña en ese lugar. Jamás había podido imaginar a alguien de su familia siendo su mejor fan, pero ellos… ella se cubrió los ojos con las manos, intentando reprimir sus lágrimas, pero no conseguía hacerlo. Sollozó mientras cubría su boca y su nariz y miraba a los pequeños—. Mamá está muy feliz.
— ¿Entonces por qué llora? —susurró Kizuna con la voz apagada, mientras Mamoru llegaba con ellos.
— Lo siento —dijo Asami. Mamoru se arrodilló y la abrazó por la espalda, haciendo que ella terminara sentada al suelo—. Mamoru…
— Porque mamá hasta ahora ha estado muy sola y triste —susurró él sonriendo hacia los niños—. Así que deberíais de ayudarla para que sonría, ¿vale? —Asami se giró entre sus brazos y lo abrazó con fuerza—. Tranquila —los dos pequeños se abrazaron a ella, mientras Asami lloraba en silencio abrazada a Mamoru—. Tranquila. Estás haciendo llorar a Kizuna y a Kazuki —se rio él—. Y terminarás haciéndome llorar a mí.
— Perdona —ella se apartó de él y se giró para abrazar a los niños—. Lo siento chicos, mamá se siente terriblemente mal por no haber podido estar con vosotros, ¿podréis perdonar a mamá? —ellos dos afirmaron con la cabeza—. Gracias.
— ¿Por qué no jugáis un poco con mamá, eh? —Mamoru le acarició el pelo a Asami haciendo que ella lo mirara—. Papá en seguida estará con vosotros, ¿vale?
Los dos niños afirmaron sonriendo y cogieron las manos de Asami tirando de ella.
— Vamos, mamá, por aquí —dijeron los dos. Ella se levantó sonriendo con tristeza y dejó que los dos la llevaran hasta el comedor—. Siéntate aquí.
Mamoru se fue hacia la cocina mientras les escuchaba a los dos hablar con Asami. La risa tímida de ella contagiaba a los dos pequeños a seguir jugando con ella. De algún modo, escuchar su voz le tranquilizaba mucho.
Asami se frotó los ojos intentando secar sus lágrimas, pero no podía dejar de llorar. Sus ojos no querían parar, hasta que empezó a entretenerse y empezó a sonreír. Los dos empezaron a jugar con unas pequeñas canicas, una de ellas rodó por debajo del sofá. Asami se tumbó al suelo y la cogió para devolverla a Kizuna. Antes de levantarse, miró delante de ella. Mamoru les estaba mirando con una sonrisa des del umbral de la puerta.
— ¿Qué?
— Nada —respondió él—. ¿Queréis comer? —los dos niños se levantaron de golpe mirándolo y dando un gran 'sí' simultáneo. Empezaron a correr hacia la cocina peleándose por el que iba primero a ayudar. Mamoru se apartó de allí y los miró—. Con cuidado que se puede romper eso.
— Sí —los dos salieron con cosas en sus manos para ponerlas en la mesa.
Asami los observó con atención y sonriendo. Los niños hicieron un par de viajes para ponerlo todo y entonces Mamoru llevó una olla con la comida dentro. Los dos pequeños se sentaron impacientes.
— Las manos, chicos —dijo él entrecerrando los ojos. Los dos movieron su cabeza con cansancio, se levantaron y se fueron hacia el baño para lavarse las manos. Asami sonrió mientras los veía—. Son solo un par de traviesos.
— Sí, como tú y yo a su edad —respondió ella.
Mamoru se sentó a su lado y puso un codo encima del sofá, aguantando su cabeza y mirando hacia ella. Asami se apoyó en el sofá y sonrió.
— ¿Estás bien? —susurró él mientras le apartaba un mechón de la cara a ella. Asami lo miró mientras él se acercaba lentamente a ella.
— Cansada —respondió ella mientras él volvía a apoyar su cabeza, con el brazo en el sofá—. Tienen mucha energía.
Mamoru afirmó con la cabeza mientras seguía acercando su cara a la de ella.
— Y son nuestros —añadió con un hilo de voz cuando estaba rozando sus labios. Ella se quedó quieta mientras cerraba los ojos. Él tan solo acercó un poco más sus labios para besarla.
— Mamoru —Asami se apartó unos segundos y lo miró sonriendo—. Preparaste tú la comida, ¿te das cuenta de eso?
— Oye —Mamoru se movió orgulloso de su trabajo—. Me costó cuatro semanas aprender a cocinar con mi madre, así que aunque no esté perfecto, sé que al menos no será veneno.
Asami se rio tímidamente y apoyó su cabeza en el sofá. Se quedaron mirando a los ojos el uno al otro, sin decirse una sola palabra. A lo lejos los niños se reían jugando con el agua.
— Te quiero —dijeron los dos a la vez interrumpiendo el silencio de golpe.
Los dos sonrieron. Mamoru se acercó para besarla fugazmente.
— Voy a ver que no hayan inundado el baño ya —se rió mientras se levantaba. Asami le cogió la mano—. ¿Qué?
— Déjalos —se rio ella.
— Te digo en serio que van a inundar el baño —dijo él. Ella sonrió sin decir nada—. Cierto, por un día —volvió a sentarse a su lado y la rodeó con un brazo para atraerla hacia él.
— Me he perdido mucho de ellos —susurró Asami—. Duele.
— Lo sé —respondió Mamoru—. Pero ahora verás algo realmente bonito.
Ella no dijo nada, se acomodó en el pecho del chico escuchando los latidos de él. Iban rápidos.
— Estás nervioso —susurró ella.
— Claro que sí —Mamoru le removió el pelo para despeinarla un poco—. Hacía mucho que no estábamos así…
Asami sonrió. El chico también había extrañado el contacto de ella. Por algún motivo se sentía feliz de escucharlo decir eso. Los niños regresaron corriendo y se sentaron en el suelo, con sus manos encima de sus rodillas y haciendo una mirada como si en ningún momento se hubieran alejado de allí. Asami y Mamoru los miraron sonriendo.
— Venga —Asami iba a incorporarse, pero Mamoru se lo prohibió cogiéndola aún con el brazo.
— Chicos, ¿queréis mostrarle eso a mamá? —preguntó Mamoru sonriendo. Los dos se miraron entre ellos y luego afirmaron con la cabeza—. ¿Quién lo va a buscar?
— Yo… —los dos se levantaron corriendo yendo hacia su habitación.
— Vamos —Mamoru sonrió tirando de su brazo para que se sentara al lado de la mesa, luego se sentó él a su lado y empezó a servir la comida.
— Estás hecho todo un sirviente —se rio Asami mientras los dos niños volvían corriendo con un disco en sus manos.
Kazuki se acercó al DVD que había debajo del televisor y puso el CD dentro, mientras Kizuna encendía y preparaba el televisor. Los dos se sentaron de nuevo delante de su plato y cogieron los palillos mientras Mamoru terminaba de servir la comida.
— Vamos, Kazuki, enciéndelo —susurró Mamoru mientras el pequeño cogía el mando y pulsaba el botón de encendido.
— ¡Qué aproveche! —dijeron todos a la vez juntando sus manos delante de la mesa.
Asami se miró la pantalla, en dónde apareció una fotografía de los dos niños abrazados al medio de un parque con tres años. Asami miró a Mamoru entendiendo a la perfección lo que contenía el disco.
— ¡Hola! —las voces de los dos pequeños gritaron a través del aparato mientras los dos pequeños aparecían en un video.
Flashback
— ¡Hoy es el cumpleaños de mamá! —gritó Kazuki con todas sus fuerzas.
— Y le hemos preparado un regalo, muy especial —dijo Kizuna empujando a su hermano para salir al medio del vídeo.
— Sí, Kazuki y Kizuna se han esforzado mucho para hacer que todo esto pueda ser posible —añadió el niño—. Papá es nuestro principal cómplice en esto.
— Pero está ruborizado completamente y no quiere salir —se rio la niña cubriéndose la boca con la mano.
— ¡Eso no es cierto! —se quejó Mamoru moviendo la cámara hacia él—. Necesitaban a alguien que les persiguiera así que aquí me ha tocado a mí —volvió la cámara hacia los niños y sonrió mientras ellos dos se reían con las manos delante de su boca y una mirada de travesura.
— Como sabemos que mamá es una persona famosa, hemos querido ir por tooooooooda la ciudad, para conocerlos a todos —susurró Kizuna—. Y tenemos este pequeño mural —la niña tiró de un papel blanco del suelo, que era más grande que ella—. Para que toooodo el mundo pueda decirnos como era mamá.
— Alguien que no sea papá, porque la verdad, que siempre nos diga lo mismo no nos satisface en apusoluto —dijo Kazuki.
— Se dice absoluto —dijo Mamoru rodando los ojos.
— Apusoluto —dijo Kazuki.
— Absoluto —repitió Mamoru.
— Absuloto —dijo Kizuna sonriendo.
— Olvidad esa palabra y buscad una más fácil —dijo Mamoru riéndose.
— Bueno, eso —Kazuki se encogió de hombros—. Queremos que alguien más aparte de papá nos hable de mamá.
— Kizuna y Kazuki apuntaran todas las cosas aquí para no olvidarlas —dijo la pequeña señalando el papel—. Así que pongámonos en marcha —la niña se iba hacia un lado.
— Kizuna la salida es al otro lado —dijo Mamoru señalando con su mano hacia el lugar.
— Ah… —la niña miró hacia los dos lados—. Cierto —ella se rió haciendo que Kazuki rodara los ojos.
— No sabe nunca a dónde va —se quejó Kazuki siguiéndola y ayudándola a levantar el papel para que no tocara el suelo.
Los tres estuvieron andando por la calle buscando cosas, hasta que encontraron un cine antiguo, en donde tenían un poster de la película de Asami, los dos niños se quedaron parados mirando el poster. Un hombre ya grande, salió de dentro del cine y los miró a los dos sonriendo.
— ¿Os gusta? —preguntó.
— ¿Usted la conoció? —preguntaron los dos niños a la vez señalando el poster.
— Sí, la conocí el día de la primera proyección —dijo el hombre—. Aunque la pobre chica terminó asustada por un tipo muy malo.
Los dos niños miraron hacia la cámara.
— Dijisteis que queríais saber todo acerca de mamá —él tan solo se encogió de hombros—. Eso también vais a conocerlo, entonces.
— ¿Mamá? —el hombre miró hacia Mamoru—. ¿Estos dos pequeños son sus hijos?
— Así es —respondió él sonriendo.
— Hoy es el cumpleaños de mamá —susurró Kazuki.
— Kizuna y Kazuki decidieron salir a preguntar por mamá, porque papá solo dice cosas bonitas de ella. Pero Kazuki y Kizuna quieren saberlo todo —dijo la niña.
— Oh, ¿queréis que os cuente de ella? —el anciano sonrió—. Venid por aquí —entró hacia el cine y los dos niños le siguieron con Mamoru pisándoles los talones.
— Vuestra madre era un ángel —sonrió el hombre señalando hacia un cuadro—. Ésta es la foto del día de la proyección de la película.
— ¡Qué bonita! —dijeron los dos a la vez al ver la fotografía con la que estaban con el director, Yukiko y los otros dos actores.
— Vuestra madre tenía carácter —respondió el hombre—. Cuando estábamos al medio del cine, uno de sus amigos se rio de la escena más tierna de todas, que parece ser que ella no pudo hacer.
— ¿Más tierna? —preguntó Kizuna mirando hacia Kazuki.
— Vuestra madre tenía que hacer un beso a otro actor, pero tuvieron que utilizar otro actor para que fuera sus labios, porque ella no pudo en ningún momento besarla —se rio el anciano—. Según dijeron era porque vuestra madre quería tanto a vuestro padre que no podía ni siquiera besar a otra persona para una actuación.
Los dos niños se asombraron ilusionados mirando al anciano. Mamoru no dejó de grabarlos en ningún momento.
— Entonces, uno de sus amigos se rio de esa escena —sonrió el anciano—. Recuerdo que vuestra madre le pegó con fuerza en la cabeza, levantándose delante de todos.
— ¿Quién era? —preguntó Kizuna mirando hacia Mamoru.
— ¿Quién va a ser? —se rio él—. El único chico que siempre dice tonterías de Asami: Akira.
— ¿Akira-ojiichan? —los dos pequeños se miraron y sonrieron—. Mamá se enojaba con él siempre, ¿verdad? —preguntó Kizuna con una sonrisa traviesa.
— Apunta eso —dijo Kazuki.
— Sí —Kizuna se rio—. No debemos de creernos nada acerca de mamá si lo dice Akira-ojiichan.
Kizuna dejó el papel al suelo y sacó un rotulador de su bolsillo para escribir. Con letra temblorosa, pero escrito correctamente, escribió: mamá se enoja con Akira.
— ¿En serio vais a escribir eso? —preguntó Mamoru confuso.
— Hemos dicho todo —se rieron los dos.
— Haced lo que queráis —Mamoru desvió la mirada y luego suspiró con cansancio.
— Muchas gracias señor —los dos hicieron una reverencia hacia el anciano, cogieron el papel y salieron de allí.
— Gracias —Mamoru dijo antes de seguirlos.
— Tienen la misma energía que su madre —se rió el anciano—. Y al parecer inteligencia.
— Sí, y ahora mismo no sé si es algo bueno —respondió Mamoru—. Porque el que termina siempre cansado detrás soy yo. Aunque es algo bonito poderlos tener al lado —se encogió de hombros y siguió a los dos niños. Los dos estaban parados al medio de la calle, siendo rodeados por Tetsuya y el grupo de los Bullet Junior—. Los que faltaban.
— ¿Qué estáis haciendo? —preguntó Tetsuya sonriendo.
— ¿No tienes nada por hacer? —preguntó Mamoru arqueando una ceja mientras apretaba el zoom de la cámara para mostrarlos a todos.
— No, hemos terminado —se rio Tetsuya.
— Queremos saber todo acerca de mamá —dijeron Kizuna y Kazuki a la vez—. Nosotros descubriremos todo lo que papá no quiere decirnos de ella.
— Oh, ¿estáis preparados para descubrir todo? —preguntó Tetsuya mirándolos. Luego miró hacia Mamoru—. ¿Es en serio?
— No he podido detenerlos, tienen tres años, así que tampoco es que haya alguien que pueda decirles nada raro —Mamoru se rió.
— Oh, ¿puedo ayudaros? —preguntó Kokoro agachándose a su lado.
— ¿Conocías a mamá? —preguntó Kazuki.
— Pude hablar con ella unas cuantas veces —sonrió ella.
— Entonces, ¿cómo era mamá? —preguntó Kazuki.
— Era alguien que jamás podía decir que no a nadie —sonrió ella—. Y cuando alguien le hacía daño, ella solo sonreía, aunque no lo hiciera de corazón.
— Sí, muchas veces le hicieron daño a vuestra mamá —dijo Hikaru con una sonrisa triste—. Pero aún así ella seguía sonriendo porque no quería que los demás se preocuparan por ella.
— ¿Qué clase de daño? —Kizuna susurró con tristeza.
— La mayoría de las veces era un daño que no se puede ver, Kizu —respondió Tetsuya—. Y solo mostraba como realmente se sentía delante de vuestro papá.
Los dos niños miraron hacia Mamoru.
— Bueno, vamos a ver chicos —Mamoru apagó la cámara y se agachó delante de ellos—. Si tenéis que poner esa cara tan triste solo vais a entristecer a quién lo vea. Dijisteis que queríais mostrarlo a todos, pero no va a alegrar a nadie si ponéis esta cara.
— Pero es que…
Fin del Flashback
El vídeo seguía y mostraba varias personas diciendo cosas de Asami: desconocidos, fans de Asami o incluso familia o amigos de la chica. Mamoru sonrió viendo a la chica completamente sorprendida, mientras Kizuna era perseguida por un perro, Kazuki caía al río y destruía el papel o los dos jugaban a baloncesto con auténticos profesionales.
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Al cabo de unas horas, los dos pequeños estaban persiguiendo a Mamoru, que tenía una de sus pelotas de plástico y se reía manteniéndola lejos de ellos. Asami los observaba sonriendo, sentada al suelo del jardín, hasta que de repente alguien se le echó encima. Notaba el agarre muy fuerte y le dolía la garganta. Mamoru y los dos pequeños se quedaron viendo a Yui abrazando a Asami.
— Duele… —se quejó ella viendo que Shouta llegaba con ellos acompañado de Takuma y Kotarou, que se agarraban en sus manos. También estaban Tetsuya, con Yuki y sus hijos Kyooi y Alumi; Chizuko, con un poco de barriga y Himitsu, cogido de la mano de la pequeña Yuna; Hiro, con su hija Tsuki en brazos; junto a Takeshi, con su hijo Tooichi en brazos y Sara a su lado—. No puedo… respirar… Yui-onee…
— Yui si matas ahora a tu hermana, no habrá valido la pena —se rio Shouta—. Suéltala, vamos —cogió a Yui por el hombro y tiró de ella.
— Lo siento —susurró ella apartándose de Asami, mientras ella tosía.
— No importa —Asami se rio—. Me alegra que sigas teniendo esta fuerza.
Entonces llegaron Aiko, Akira, Chieko y el resto de la familia Hattori.
— Para lo que le sirve —se rio Shouta.
— Hubiera podido machacar a esos dos tipos sin problemas —dijo Yui—. Si no fuera porque ataste al único que podía avisarnos de ello.
— Disculpad, ¿es que todo el mundo se enteró de eso? —preguntó Mamoru fulminando con la mirada a Tetsuya.
— Yo solo se lo dije a Kyogoku —se rio Tetsuya señalando a Akira.
— Y yo se lo conté a mi hermanita —se rio él rodeando a Chieko con un brazo.
— Y de ella se enteró todo el mundo —Asami suspiró—. Aún como no lo publicó en los blogs.
— Vamos, vamos, ¿a qué viene ese tono? —se quejó ella—. La próxima vez no dejes a tu prometido atado con esposas a la cama. Eso fue lo más pervertido que se te ocurrió, ¿verdad?
— No fue lo más pervertido —se quejó Asami—. Fue lo único que se me ocurrió para que Marcos y Frank no le mataran.
— ¿Por qué tendrían que haberme matado? —preguntó Mamoru mientras Kizuna se ponía delante de su madre con timidez y Kazuki a su lado, agarrándose a la pierna de su madre.
— Porque esa gente es inhumana, yo tuve la oportunidad de cruzarme con ellos una vez y te aseguro que lo pasé crudo para proteger a mi cliente. Y al final se fueron igualmente con él. Tardé un par de días en poder recuperar la voz del golpe que me dieron y ninguno de vosotros se enteró, por cierto —se rió ella señalando a los gemelos Kuroba y a Tetsuya.
— ¿Te hace gracia? —Tetsuya arqueó una ceja—. Samy, siento que tengas que seguir aguantándonos, pero… —sonrió con malicia—. No habernos dejado a este pringado que tienes de prometido —Asami rodó los ojos y se apoyó en la pared. Kizuna se sentó delante de ella y Kazuki se cogió al jersey de Mamoru.
— Oh, vamos, sabes que jamás me iría sin decirte adiós, Te-chan —Asami movió sus cejas con una sonrisa.
— Te perdiste mi boda —dijo él.
— Lo siento, no se me permitía salir a la calle. Me ocuparon demasiado con el trabajo. Pero no veas como disfruté con las fotografías. Sobre todo esa en la que caías en una piscina repleta de chocolate —Asami sonrió mirándolo.
— Oh, eso no me importó —se rio Tetsuya.
— Claro que no —Asami rodó los ojos—. Estoy convencida de que con lo que os gusta el chocolate, los dos disfrutasteis del beso que os disteis luego. ¿Estaba bueno al menos?
— Riquísimo —Tetsuya se rio mientras Yuki rodaba los ojos.
— Así que Odagiri-san no consiguió realmente su venganza —Asami lo miró de reojo.
— Yo les hice un favor, Erena y Kokoro borrachas no animan una fiesta, te lo juro —Shouta intervino—. ¿Puedo preguntarte algo, Asami? —ella lo miró—. ¿Por qué me sigues llamando así? —Asami se encogió de hombros—. Eres buena con todos pero no conmigo.
— Ya te lo dije, Asami mantiene las distancias con la gente que está comprometida —se rio Yui—. Y como estamos saliendo desde que ella era bien pequeña…
— Los demás también lo están —respondió él entrecerrando los ojos.
— La costumbre —respondió Asami—. Además… —lo miró de arriba abajo—. Tienes demasiados años para no decirte viejo.
— Hey, ¿estás convencido de que es tú novia? —preguntó Hiro con el ceño fruncido mirándola de arriba abajo—. Hattori —dijo cuando vio que el chico no respondía.
El hijo de Heiji y Kazuha miró a Asami con una sonrisa traviesa. Se apoyó al suelo, por encima de Kizuna y Kazuki y la besó, fundiéndose en un largo beso. Tetsuya, Akira, Hiro, Takeshi y Shouta empezaron a gritar y silbar para molestar.
— Sí, seguro que es ella —respondió Mamoru en cuanto se separaron, haciendo reír a Asami. Tetsuya y Akira le empujaron para tirarlo al suelo.
— Tú sí eres un hombre —dijo Takeshi por encima de las risas de los más adultos. Mamoru se rio mientras seguía mirando a la chica, Asami se reía feliz. Entonces, llegaron Shinichi, Ran, Yoh, Kogoro y Eri, todos con prisas. Ran se abrió paso entre todos ellos y abrazó a Asami con fuerza, haciendo que Kizuna se apartara de golpe. Yoh se arrodilló al lado de la pequeña y se quedó mirando a Asami.
— Vale, mamá —se quejó Asami—. Yui ya intentó ahogarme, tú vas a romperme…
Ella se apartó y la miró cogiéndola con las dos manos por las mejillas.
— ¿Estás bien? ¿Cómo narices estás tan…? —Ran la miró de arriba abajo.
— Mamá, está claro que no está bien —suspiró Yoh—. ¿Es que no te dieron de comer? ¿No quieren engordar al ganado por allí?
— ¿Puedo pegar al enano antes de que me haga enfadar? —preguntó Asami señalándolo.
— No, no puedes —dijo Shinichi cruzándose de brazos.
Asami sonrió mirándolo.
— Flaca idiota —respondió él fulminándola con la mirada.
Asami le removió el pelo con fuerza, haciendo que él se apartara de allí quejándose para luego intentar peinar su pelo con las manos. Asami se rió.
— Vaya, si el niño empieza a preocuparse por su apariencia —Asami le sacó la lengua y él levantó la mano para golpearla, pero ante la sorpresa de todos la abrazó con fuerza.
— Vale, Yoh, os estoy diciendo que no tengo fuerzas para aguantar estos abrazos, por favor —se quejó—. Vais a romper mis huesos como sigáis así.
— Pues aún faltamos nosotros —dijo Kogoro con una sonrisa.
— Sí y Yukiko-obaachan, que por suerte no está en la ciudad, ¿cierto? —dijo mientras el niño se apartaba y se volvía con su padre para cogerlo del jersey.
— Sí que está —respondió Yukiko detrás de ella. Asami se quedó parada mientras Yoh se apartaba—. Y como vuelvas a llamarme 'obaachan', te tiro a las pirañas.
Asami hizo una risa muy forzada mientras se giraba a verla.
— Oye, que la queremos viva, si puede ser —se quejó Mamoru parpadeando rápidamente—. ¿Por qué se han puesto de acuerdo en matarte hoy?
— No sé si prefiero que lo haga otro que no me conozca, al menos lo harán mucho más rápido que ellos —respondió Asami mientras Eri se arrodillaba a su lado y también la abrazaba.
— No te dejaremos ni un trocito vivo de ella —respondió Yukiko mientras se subía las mangas del jersey fino y blanco que llevaba.
Eri se rió viéndola mientras se apartaba de Asami.
— Yuki-chan, por favor, no te pases —dijo.
— No me pasaré —respondió ella mientras Kogoro le removía el pelo.
— ¿Qué tal has estado? —preguntó el hombre.
— Bien —Asami sonrió—. Un poco ocupada planeando maquiavélicamente como vengarme de ellos, pero bien.
Todos se rieron mientras Yukiko la abrazaba suavemente.
— Bueno, al menos ahora que estás aquí, sabremos que comerás bueno —Yusaku le guiñó un ojo a Mamoru.
— Dije comida potable, no buena —respondió Mamoru con una ceja arqueada—. ¿Por qué todos dicen que es buena?
— La comida de papá está buena —dijo Kizuna sonriendo.
— Aunque me gusta más la de Dana —respondió Kazuki.
— Y la de Kazuha-obaachan —añadió Kizuna mientras Yukiko se apartaba de Asami.
— Y la de Ran-obaachan —dijo Kazuki de nuevo.
— Dejadlo correr —se quejó Mamoru rodando los ojos—. ¿Lo veis? No está buena.
— Mejor que la de Eri seguro —suspiró Kogoro rodando los ojos y llevándose una mirada fulminante por parte de la mujer.
Asami se rio con fuerza mientras cubría su boca con una mano.
— No habéis cambiado nada, ninguno de vosotros —sonrió—. Siento haberos preocupado a todos —añadió mirándolos—. De verdad.
— No, si no nos estábamos preocupando por ti, realmente —dijo Heiji—. Nos preocupábamos porque el idiota de mi hijo no terminara debajo de algún coche por andar tan perdido de niebla.
— ¿Niebla? —Mamoru lo miró sin entenderlo mientras Kazuha le daba un codazo a su marido.
— Tan insensible como siempre —suspiró ella.
— Insensible no, soy el único que lo reconoce —se rio él.
— Sé cuidar de mi mismo, papá —se quejó Mamoru.
— Sí, claro —dijeron Tetsuya, Akira, Chieko y Ayako a la vez.
— ¡¿A qué viene eso ahora?! —gritó él.
— A tal vez el día en que te olvidabas de cómo abrir una puerta y te golpeaste contra ella —Ayako se encogió de hombros.
— A tal vez el día en que por poco no te atropella un camión —dijo Akira rodando los ojos.
— A tal vez ese día en el que por poco no te caes de un tejado por ir pensando en lo que no debías —añadió Chieko sonriendo con frialdad mientras mantenía sus brazos cruzados.
— Vale, vale, lo entendí —se quejó él.
— Aún no te he dicho la mía —sonrió Tetsuya.
— No hace falta, lo entendí —respondió Mamoru desviando la mirada medio ruborizado.
— Yo sí quiero saberlo —se rio Asami.
— No hace falta —dijo Mamoru fulminando a Tetsuya con la mirada, a modo de advertencia.
— Oh, vamos —Tetsuya se rio—. Ella quiere saberlo.
— No —respondió Mamoru tajante.
Asami se rio. Era bueno estar de vuelta, una vez más.
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Es bueno estar de vuelta'.
