Hellow! Feliz Navidad! Como mañana no sé a la hora a la que voy a levantarme, mejor publico ahora xD deseo que les guste!
Humana: jajaja tranquila, no te pondré en mi lista negra ni nada (?) XDDD emocionadisima es poco (?) jajajajajajaja según kogoro cocina mejor que Eri... ya veremos XD gracias por tu review! *O*
RanKudoi: bueno, no puedo no separarlos... me emociona separarlos... (?) es broma XD gracias por tu review! *O*
11 de Mayo (faltan 10 días para la publicación).
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Es bueno estar de vuelta
Por la noche…
Kizuna se frotó los ojos lentamente, después de darse un baño y ponerse el pijama.
— ¿Quieres ir a dormir? —preguntó Mamoru. La niña negó con la cabeza—. Estás muerta de sueño, Kizuna.
— Porque si Kizuna va a dormir, mamá no estará aquí de nuevo mañana, ¿verdad?
— Claro que estaré aquí —susurró Asami con ternura mientras la abrazaba—. Me quedaré a vuestro lado.
— ¿Seguro? —Kizuna y Kazuki hablaron a la vez esperanzados.
— Seguro —dijo Mamoru sonriendo—. Papá se asegurará de que así sea —los dos pequeños afirmaron satisfechos con la cabeza—. Venga a la cama los dos. Que mañana tenéis que ir al colegio de nuevo.
— ¡¿Eh?!
— He dicho —dijo Mamoru cruzándose de brazos ante la mirada de pena de los dos.
— Sí… —los dos bajaron la mirada y se fueron hacia la habitación.
Asami lo miró sonriendo divertida.
— ¿Qué? —preguntó él.
— Nada, solo… me gusta tu faceta de padre malo —se rió Asami.
— Anda vamos —se rió él levantándose del sofá. Los dos se fueron hacia la habitación de los pequeños, que ya estaban destapando las sábanas de la cama—. Muy bien chicos —Mamoru sonrió mientras se sentaba en la cama de Kazuki. El niño se metió a dentro y Mamoru le cubrió con las sábanas—. Buenas noches… —susurró después de besar la frente al pequeño.
Asami se puso al lado de la niña y la ayudó a subirse.
— ¿Estás bien, Kizuna? —preguntó mientras la cubría con las sábanas. La pequeña afirmó con la cabeza y sonrió satisfecha—. Buenas noches —le dio un pequeño beso en la mejilla y la niña aprovechó para cogerla por el cuello en un abrazo—. No me voy a ir, Kizuna.
— Kizuna quiere mucho a mamá —susurró ella sin soltarse.
— Mamá también te quiere mucho —susurró Asami volviendo a besarla. Ella se soltó y escondió los brazos debajo de las sábanas. Asami se apartó y le puso las mantas hasta debajo del cuello. Luego le acarició la frente—. Buenas noches, Kizuna.
— Buenas noches —susurró ella cerrando los ojos.
Asami se acercó con Mamoru y se sentó a su lado mirando hacia Kazuki.
— ¿Estás bien, Kazuki? —preguntó Asami. El niño afirmó mientras cerraba los ojos—. Buenas noches —añadió mientras le daba un pequeño beso en la mejilla. El niño se puso una mano en la mejilla mirándola. Ella sonrió haciendo que el niño se ruborizara lentamente y escondiera su cara entre las sábanas.
— Bu… noches —susurró de manera inentendible.
Mamoru se rió mientras se acercaba a Kizuna y le daba un beso en la frente.
— Buenas noches, papá —susurró Kizuna después de bostezar.
Mamoru sonrió.
— Dulces sueños.
Los dos se fueron hacia la puerta mientras los pequeños cerraban los ojos por el cansancio. Asami los miró unos segundos cogida al umbral de la puerta ante la atenta mirada de Mamoru. El chico la cogió de la mano y sonrió hacia ella. Asami sonrió y dejó que Mamoru la llevara hacia la habitación. Una vez a dentro el chico la abrazó.
— Me he perdido mucho de ellos —susurró Asami con los ojos cerrados.
— Los dos te quieren mucho, porque yo no dejé de hablarles de ti —susurró él—. Pero no te preocupes por eso, ahora. Porque aunque te hayas perdido, ellos no dejarán que te pierdas más de su vida.
Asami afirmó con la cabeza mientras apretaba un poco su agarre para acercarse más a él.
— Ha sido un día muy extraño.
— Sí —se rió él.
— Pero me alegro de estar de vuelta —añadió ella levantando la cabeza y besándolo en el cuello.
— Mejor vamos a dormir —susurró él sonriendo y apartándose.
Asami afirmó con la cabeza mientras observaba a su alrededor. Nada había cambiado de allí. Mamoru se quitó el jersey y observó a Asami. La chica se había tumbado en la cama y se quedó mirando el techo con una sonrisa.
— ¿Qué ocurre? —preguntó Mamoru. Ella negó con la cabeza y él se tumbó a su lado en la misma posición—. Ven —dio un par de golpecitos en su pecho para que Asami pusiera su cabeza encima de él. Ella lo hizo sonriendo y él le acarició el pelo lentamente—. Estás nerviosa, ¿cierto? —preguntó el chico. Ella no respondió, dándole una respuesta afirmativa—. Quería de nuevo estar así contigo —ella le acarició la cicatriz en su pecho con un dedo lentamente.
— Quiero estar siempre así —susurró Asami—. Me gustaría no haber pasado estos cuatro años.
— Solo olvídalos —respondió él.
— No puedo —Asami se incorporó.
— Vamos, cámbiate la ropa y ven a dormir conmigo —sonrió Mamoru levantándose de la cama de nuevo. Se desató los pantalones y miró a la chica—. ¿Qué ocurre?
— Seguro te preguntaste el motivo por el que no vine directa aquí, cuando ya llevo un día entero en la ciudad —susurró Asami—. La primera razón, era que no quería ser rechazada por los niños, al presentarme así de golpe. La segunda, era porque así si Marcos me hubiera seguido la pista, seguro hubiera querido encontrar a Kazuki, ya que ahora no me tienen a mí como experimento.
— ¿Y la otra? —Mamoru se sentó en el otro lado de la cama mirándola. Ella mantenía su mirada fija en sus manos. Finalmente, suspiró y se quitó el jersey—. ¿Te duele? —preguntó él al ver un enorme moratón en la barriga de la chica. Ella afirmó con la cabeza—. No querías que yo viera esto, ¿verdad? —ella volvió a afirmar. Mamoru sonrió, se arrodilló encima de la cama y la empujó para tumbarla, cogiendo sus muñecas y acorralándola con una pierna a cada lado de ella—. No vas a cambiar jamás, ¿cierto?
Ella no respondió. Tan solo lo miró a los ojos con cansancio. Él sonrió mientras la besaba en los labios con ternura. Luego la besó en la mejilla, luego en el cuello. Asami se estremeció y él sonrió, mientras iba bajando sus labios para besar cada rincón de su cuerpo. Se detuvo en su barriga mientras la seguía manteniendo agarrada de las muñecas.
— Mamoru, detente —susurró ella con la voz muy débil.
— Sabes que curaré todas tus heridas, Asami —susurró él mirándola desde allí—. Pero, antes que eso… —el chico se levantó dando una vuelta sobre sí mismo y luego tiró de ella para levantarla. Se la llevó de la habitación y entró en el baño, encendió el grifo de la bañera.
— ¿Qué haces? —susurró ella.
— Quítate esto —sonrió él mientras se quitaba los pantalones—. Vamos, será divertido aún sin velas.
Asami rodó los ojos.
— Eres como un niño pequeño insatisfecho —susurró ella.
— He tenido que aguantarme durante cuatro años —se quejó él encogiéndose de hombros—. Así que ahora tienes que satisfacerme.
Ella se encogió de hombros. Los dos terminaron de quitarse la ropa y Mamoru entró en la bañera sentándose y tirando de la mano de Asami para que entrara sin resbalarse. La chica se sentó de espaldas a él y Mamoru la abrazó por la espalda.
— Necesitaba esto —susurró el chico a su oído.
— Mamoru.
— ¿Sí?
— Cuando nacieron, los apartaron de mi lado, en seguida y no pude ver a Kazuki hasta al cabo de un mes.
— Sí, lo leí en la carta que Dana me dio —respondió Mamoru.
— Me dijeron que Kizuna había muerto —Asami suspiró y cogió con fuerza los brazos que le rodeaban—. Me di cuenta en seguida de que Kazuki era hijo tuyo, pero me apartaron de él en seguida y no me dejaron verlo más. Pero Dana luchó para que me dejaran verlo —Mamoru la besó en el cuello y se quedó con la barbilla apoyada en su hombro, escuchando en silencio—. Al cabo de un tiempo, me dejaban verlo solo dos horas a la semana; luego dos horas cada día de la semana y el fin de semana un día entero; luego todo el día. Fue entonces cuando me di cuenta de que nos drogaban. Dana tuvo que contarme todo, porque el biberón de Kazuki era de color verde. Aguanté con Dana, intentando reducirle las drogas a Kazuki, comiendo yo las mínimas posibles —Asami se encogió y se abrazó a sus rodillas mientras Mamoru la acariciaba por la espalda—. Estuve haciendo lo que pude, pero el día antes de que Kazuki se fuera, Dana y yo vimos a Frank pegándolo. Dana fue a denunciarlo, mientras yo decidí encararme a él, para que no le hiciera más daño. El hombre estaba borracho y no escuchaba nada de lo que le decía. Yo estaba muy débil por las drogas y él tenía la fuerza descontrolada, así que… —ella se calló.
— Asami, tranquila.
Mamoru volvió a abrazarla y esta vez con más fuerza, mientras la besaba en la mejilla una y otra y otra vez.
— Ese maldito intentó violarme delante de Kazuki —susurró ella en un hilo de voz—. Dana cuando lo vio, le dejó inconsciente, pero Kazuki ya había visto todo. Le había hecho demasiado daño. Así que mientras Dana curaba mis heridas le pedí que se llevara a Kazuki de allí. Ella me dijo que podíamos salir yo y él, pero, hubieran matado a Dana y ella no podría haberse despedido de su familia. Nos dimos instrucciones mutuamente y se llevó al amanecer a Kazuki. Frank jamás perdonó aquello, pero la siguiente persona que sustituía a Dana, llegó en seguida, así que no pudo hacerme nada más. En cuanto le dije, esa persona avisó a seguridad y detuvieron a Frank. Desde entonces solo iba de un lado al otro reuniendo la información del Laboratorio para poder tener pruebas de lo que estaban haciendo allá adentro y poder volver junto a Kazuki.
— Y las conseguiste —Mamoru sonrió.
— ¿A qué alto precio? —preguntó ella—. Dana murió y ni siquiera su familia se enteró de eso. Yo lo supe porque Marcos tenía muchas ganas de verme sufrir. 'He ejecutado a Dana delante de ese crío tuyo', me dijo.
— No lo vio —informó Mamoru—. Kazuki en ese momento estaba abrazado a mí y yo me aseguré de que no pudiera verlo.
— Gracias —Asami suspiró aliviada.
Él no respondió. Ella volvió a bajar las piernas y se quedó apoyada en él.
— Estás cansada —susurró él.
— Sí —respondió ella en un hilo de voz—. Tienen más energía de la que yo puedo aguantar ahora.
— ¿Quieres ir a dormir? —preguntó Mamoru con una sonrisa.
— Quiero quedarme así para siempre —respondió ella.
— Eso no va a ser posible —se rió él.
— ¿Por qué no? —Asami se cruzó de brazos mirándolo por debajo—. ¿No se puede?
— No, en algún momento tendremos que llevar a los niños al colegio, ¿no es cierto? —preguntó él riéndose—. O preparar la comida para ellos, o incluso levantarnos cuando tengan alguna pesadilla.
— Está bien —Asami frunció sus labios a modo de puchero y él se rió con más fuerza.
— Te quiero —Mamoru la besó en la mejilla.
— Y yo a ti —Asami sonrió—. Solo un poco más así —dijo.
— Está bien.
— ¿Tú estuviste bien? —preguntó girándose de lado entre sus brazos para poderle ver bien.
— Sí —respondió él—. Excepto cuando murió Dana —Asami frunció el ceño y le contó lo que había pasado—. Tal vez sabía que había perdido la única pista que me llevaría hacia ti y por eso me desmayé. Cuando me desperté de nuevo, Kizuna estaba durmiendo a mi lado y Kazuki estaba peleándose con tu padre porque no quería que le tocara —Asami se rió—. No tiene gracia.
— Kazuki vivió pensando que si le tocaban sin guantes la gente moriría a su alrededor —dijo ella—. Por eso no quiere que la gente le toque, porque no quiere que tengan que ir al Laboratorio por su culpa.
— ¿Ese era el motivo? —preguntó Mamoru.
— ¿No lo sabías? —Asami lo miró con el ceño fruncido.
— Solo decía 'no me toques' y ya, no daba explicación alguna. El chico es muy reservado —Mamoru suspiró—. Ni siquiera las profesoras del colegio podían tocarlo si se hacía daño o algo por el estilo. Era problemático. De hecho sigue siéndolo.
— ¿No toca a nadie? —Asami lo miró.
— A nadie —sonrió Mamoru—. Por eso también supe que eras tú.
— Dana y yo éramos las únicas que le tocábamos sin guantes y por eso se acostumbró a eso, supongo —Asami suspiró—. Tengo que hablar con él antes de que crezca pensando en el daño de los demás.
— Ya sería hora, porque tu hermano está más que enojado con él —se rió Mamoru—. Y qué decir de mi hermana. Aún como ha dejado que yo lo tocara.
— Seguramente Dana le dijo que estaba bien —Asami sonrió—. Kizuna, ¿tiene alguna manía?
— Venir a despertarme saltando —dijo Mamoru—. Tendrás la oportunidad de comprobarlo en seguida.
— Despertarte, ¿eh? —Asami se rió—. Es muy animada.
— Contraria a Kazuki —respondió Mamoru.
— Sí, porque si gritaba le castigaban —suspiró Asami.
La chica hundió la cabeza en el agua y luego volvió a sacarla.
— Bueno, eso es tóxico —dijo Mamoru al ver que el pelo de Asami volvía a la normalidad.
— No, solo es gomina con colorante —respondió Asami—. Ahora voy a volver a la normalidad.
— Ah, es eso —Mamoru rodó los ojos con una sonrisa—. ¿Y qué vamos a hacer mientras Aiko no publique todo?
— Yo esconderme —respondió Asami—. Vosotros lo que queráis.
— Claro —Mamoru la besó en la mejilla—. Aunque no creo que los niños estén de acuerdo con eso.
Al cabo de poco rato, los dos volvieron a su habitación y se tumbaron en la cama. Mamoru se puso de lado y la rodeó con un brazo. No quería perder el contacto de su piel, así que puso la mano en su barriga, por debajo del jersey del pijama de la chica. Ella apoyó su cabeza en su pecho y le cogió el brazo con el que la rodeaba. Se sentía tranquila y en esos momentos, tal vez, 'demasiado' feliz.
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Por la mañana Kizuna se levantó con el primer rayo de sol. Asustada por si todo lo del día anterior solo había sido un sueño, saltó de la cama y corrió hacia la habitación de su padre. Al ver a su padre abrazado a Asami suspiró tranquila. Volvió a su habitación y se vistió con una falda roja y un jersey de color blanco. Luego destapó a Kazuki para que se levantara. El niño, por el frío repentino se volvió a cubrir con las sábanas hasta la cabeza tumbándose bocabajo. Kizuna sonrió poniendo sus manos en sus caderas. Podría ser muy mala si se lo proponía. Así que pensando en el bien del niño, tiró de las sábanas en la parte de los pies hasta quitarlas de la cama y luego tiró de él con fuerza, tirándolo al suelo. El niño se levantó corriendo mientras la fulminaba con la mirada y ella puso su dedo en sus labios para que mantuviera el silencio.
— Mamá está durmiendo —dijo sonriendo.
El niño parpadeó confundido hasta que recordó todo lo que había pasado el día anterior. Solo entonces sonrió igual que la niña, entendiendo lo que pretendía hacer. Se vistió corriendo mientras Kizuna salía de la habitación. En cuanto estuvo entró en la cocina, en donde la pequeña se estaba subiendo a una silla para coger las cosas del estante.
— Corre, corre, antes de que papá despierte —dijo el niño cogiendo lo que la pequeña le daba.
— Ya va —se quejó ella—. No pongas prisas.
— Kazuki no pone prisas, pero apresúrate —se quejó él.
La niña sacó los platos con sumo cuidado, dándose cuenta demasiado tarde de que no podía aguantar el peso.
— Coge, coge, coge, coge… —repitió apresurada.
Kazuki aguantó los platos con ella cuando la pequeña se arrodilló por el peso que llevaba. Entre los dos los dejaron al lado de la silla en donde Kizuna estaba subida y suspiraron con alivio. El niño sacó la cabeza por la puerta de la cocina y se giró sonriendo mientras levantaba su dedo pulgar hacia ella. Los padres seguían durmiendo. Kazuki cogió la mitad del peso y lo dejó al suelo, luego cogió los otros y también lo dejó al suelo mientras Kizuna se subía al mármol para poder alcanzar los vasos que estaban en la estantería de más arriba. Mientras tanto, el niño abrió la nevera para alcanzar lo demás, pero no llegaba así que finalmente la cerró y esperó a que la niña terminara.
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— ¡Buenos días! ¡A levantarse! —gritó Kizuna al cabo de un rato entrando en la habitación de Asami y Mamoru y subiéndose en la cama de un pequeño salto.
Mamoru rodó los ojos mientras Asami se reía.
— Te lo dije —susurró él.
— No seas malo —se quejó Asami mientras se incorporaba.
— Faltan dos horas para levantarse, chicos —se quejó Mamoru—. Quiero saber en serio qué os dan de comer para que tengáis estos ánimos.
— Hoy comida de Kizuna y Kazuki —se rió la pequeña.
— ¿Qué? —Mamoru se incorporó de golpe asustado. ¿Qué habían hecho estos dos en la cocina?
— Kizuna y Kazuki han hecho la comida —repitió la niña.
Mamoru se levantó de golpe y salió apresurado hacia el comedor. Suspiró al ver que el lugar seguía entero, aunque con la mesa parada para comer los cuatro. Luego se fue hacia la cocina.
— Al menos habéis mantenido la casa intacta —suspiró al ver el desorden en el lugar y volviendo hacia la habitación.
— No seas malo con ellos —se rió Asami—. Lo han hecho con buena intención.
— No digo que no, pero la última vez que lo hicieron por poco no se matan —se quejó Mamoru rodando los ojos—. Bueno, ya que estamos, ¿quieres comer?
Asami afirmó con la cabeza mientras acariciaba la cabeza de la pequeña que sonreía satisfecha.
— Gracias —Asami la besó en la mejilla y luego miró hacia Kazuki—. ¿Qué ocurre? —preguntó cuando vio al niño que solo miraba en su barriga.
— Mamá tiene dolor allí —susurró señalándola. Asami se miró y rápidamente se bajó el jersey que se le había subido al moverse.
— Sí —Mamoru sonrió—. Pero se le curará en seguida, ya verás.
El niño afirmó con la cabeza y luego miró hacia su padre.
— Vamos a comer —Asami salió de la cama y cogió la mano de Kizuna para ayudarla.
— Sí —los dos niños hablaron satisfechos.
Mientras estaban comiendo, los dos niños iban riéndose sin sentido alguno. Mamoru miró hacia Asami con una sonrisa, ella frunció el ceño.
— Están felices —sonrió él.
— Porque mamá está aquí —respondieron los dos a la vez.
— Me alegra —Asami sonrió hacia ellos.
— Ahora podremos decirle a Tsubasa que deje de molestarnos —susurró Kazuki mirando a la niña.
— ¿Tsubasa? —Mamoru los miró confundido.
— Tsubasa siempre dice que no quiere jugar con Kizuna y Kazuki porque no tienen mamá —susurró la niña—. A Kizuna no le importa no jugar con Tsubasa, porque tiene más amigos, pero Tsubasa siempre termina alejando a los amigos de Kizuna.
— A Kazuki le pasa lo mismo —se quejó él.
Asami y Mamoru se miraron preocupados.
— Chicos —Asami habló en un susurro muy débil—. Tenéis que esperar un poco más, ¿vale?
— ¿De qué?
— Nadie puede saber que mamá ha vuelto hasta que Aiko-oneechan haya hecho su trabajo, ¿vale? —Asami sonrió tristemente.
— ¿Por qué? —Kazuki miró a Asami con tristeza.
— Porque sino los hombres malos se llevarán a mamá de nuestro lado de nuevo —susurró Mamoru—. Por eso tenéis que esperar un poco más, ¿vale? —Mamoru los miró preocupado—. Solo será una semana más y así mamá no se tendrá que ir.
— ¿Cuánto es una semana más? —preguntó Kizuna.
— Tenéis que iros a dormir siete veces —respondió Mamoru.
Los dos niños afirmaron con la cabeza con tristeza.
— Chicos —Asami sonrió—. Lo siento.
Los dos negaron con la cabeza agachada y terminaron de comer en completo silencio. Asami miró hacia Mamoru preocupada.
— Está bien, no te preocupes —Mamoru sonrió tristemente—. Lo arreglaremos.
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Cuando los niños tenían que irse al colegio, dieron un abrazo los dos a Asami y se fueron con Mamoru. Asami suspiró con tristeza y se encerró en la casa. Estaría sola en esas cuatro paredes durante más de medio día, así que decidió pasearse por la casa e investigar todo, con la excusa en su mente de estar limpiando. Pero para sorpresa de ella, al cabo de una hora, Kogoro y Eri se presentaron en el lugar y se pasaron con ella casi todo el día. Asami, les contó lo que había pasado aquella mañana con los niños, esperando a que le dieran un consejo y no tardó en llegar por parte de Eri.
— ¿Sabes? Tal vez deberías entonces de satisfacerlos de otros modos, ¿no? —la mujer sonrió.
— Estaba investigando su habitación para intentar encontrar un modo —suspiró ella—. Mañana harán los cuatro años y yo ni siquiera sé sus gustos o…
— Estoy convencida de que los dos estarán satisfechos pasando más tiempo contigo —se rió Eri.
— ¿Cómo? —preguntó ella rodando los ojos—. Debo esconderme para que esos tipos no me encuentren.
— Tú sabes esconderte de otros modos, ¿no es cierto? —preguntó Kogoro—. Además, dudo que sepas quedarte quieta durante una semana encerrada en estas cuatro paredes, ¿verdad?
— Tengo el jardín no es problema las paredes —se quejó Asami—. Pero si salgo a la calle y me reconocen…
— ¿Para qué tienes a Yukiko como ayudante, eh? —Eri se rió.
— ¿Ayudante? Ni siquiera tengo un teléfono para contactar con Mamoru como voy a ir a que Yukiko-san me ayude —Asami la miró con el ceño fruncido.
— Primero, ahora nos tienes a nosotros —se rió Eri—. Y segundo… —la mujer se levantó del sofá y se acercó al armario de cajones que había al otro lado de la sala, al lado del televisor—. Mamoru tiene tus cosas bien guardadas —abrió el primer cajón y sacó el teléfono de Asami—. Cuando vimos que Kizuna no podía quedarse con nosotros más de una noche y que necesitaba de Mamoru más que de los demás, decidimos utilizar tu teléfono para la seguridad de Kizuna. Este teléfono siempre ha estado en este cajón y Mamoru siempre se asegura de tenerlo cargado. Kizuna sabe cuál es el número que tiene que pulsar para llamar a Mamoru, y le quitaron el bloqueo de la pantalla para no ponérselo más complicado. Cuando llegó Kazuki, las cosas cambiaron radicalmente —Eri volvió al sofá y le dio el teléfono a Asami—. Kazuki no quería que nadie más aparte de Mamoru le tocara, y sigue siendo así, por eso ninguno de nosotros podía cuidar de él. Mamoru tuvo que quedarse siempre con ellos. Aunque intentáramos, el niño seguía esquivando los roces y cualquier otra cosa que implicara ser sentimental. Solo hablaba en inglés, y muy poco japonés, así que Kizuna tampoco podía entenderlo. Poco a poco les hicimos entenderse y le hicimos confiar en los demás, pero el niño aunque se sintiera seguro, no quería que lo tocara nadie más que no fuera Mamoru —Eri suspiró largamente—. Sigue siendo así. Un día, Kazuki dejó que Yukiko le tocara, pero tampoco entendimos el motivo, ya que se apartó de ella en seguida y dijo una palabra que ninguno de nosotros entendimos.
— 'Glock' —dijo Asami sonriendo.
— ¿'Glock'? —Kogoro la miró confuso—. Sí, creo que dijo algo así.
— No sabía decir 'gloves' que son los guantes. Solo decía 'glock'.
— ¿Guantes? —Eri la miró confusa y escuchó lo que Asami le había contado a Mamoru acerca de los guantes—. ¿Por eso no quería que le tocáramos? ¿Por qué no llevábamos guantes?
— Así es —Asami se rió—. No sabía que no distinguiría el Laboratorio de fuera —respondió Asami—. Si lo hubiera sabido le hubiera advertido a Mamoru. Seguramente Yukiko-san llevara los guantes ese día y en cuanto se los quitó, se apartó de ella. Creció creyendo que la cicatrización rápida era una enfermedad mala y contagiosa, nada más. Tengo que hablar con él para que no siga por ese camino —suspiró Asami abriendo su teléfono.
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Kazuha salió apresurada del instituto como cada día y se paró delante de la puerta del colegio infantil. Como siempre, justo cuando llegaba la directora abría la verja par dejarlos entrar a todos. Ella se adentró al patio con su mejor sonrisa, esperando que al menos los niños sonrieran por primera vez al irlos a buscar. Cuando estaba a medio camino, alguien le golpeó débilmente en la espalda y se paró a su lado. Kazuha la miró sorprendida. Asami levantó la mano tímidamente y sonriendo.
— ¿Qué haces aquí? —preguntó ella.
— Bueno…
— No puedes quedarte encerrada en la casa —se rió Kazuha—. Con esto tienes el espíritu de tu padre.
— Algo así —se rió ella siguiendo el camino hacia la puerta con Kazuha.
— Pero… —Kazuha miró a su alrededor. Todos los padres y madres que venían a buscar a los niños al colegio, las estaban mirando con cara de ir diciendo chismes.
— No te preocupes —se rió ella bajando un poco su sombrero—. Me ha ayudado la mejor en el tema. Ni su propio hijo la reconocía —Asami sacó la lengua con travesura, haciendo que Kazuha se encogiera de hombros mientras rodaba los ojos.
— ¿Entonces estás bien? —Kazuha sonrió mirándola.
— Sí —Asami sonrió—. ¿Y a vosotros qué tal os va?
— Bueno, hemos estado aguantando por Mamoru —sonrió ella—. Pero no hemos conseguido hacer felices a los pequeños con nuestra presencia, así que…
— Bueno, las cosas van a cambiar —sonrió Asami—. Para empezar Kazuki te va a dar la mano hoy.
— Lo dudo —Kazuha arqueó una ceja mientras se cruzaba de brazos.
— Lo hará —sonrió Asami—. Solo necesita cinco palabras para convencerse de eso.
— Está bien —Kazuha se encogió de hombros—. Vamos a ver de lo que eres capaz, mamá.
— No te burles de mi, Kazuha-obaachan —Asami suspiró y miró hacia Kazuha que estaba sonriendo traviesa—. Solo… estando solo un día con ellos me he dado cuenta de sus miedos y sus alegrías.
— Te hubiera gustado quedarte con Mamoru, entonces, ¿no es cierto? —Kazuha la miró como si le estuviera leyendo la mente.
— Me arrepiento, pero a la vez no —suspiró Asami—. Porque si no se me hubieran llevado, tal vez seguiría creyendo que Jun me los puso y los hubiera rechazado a los dos al nacer, Kazuha-obaachan. Estoy convencida de eso —se quedaron paradas a la puerta y ella la miró—. Cuando nadie lo sabía aún se me habían pasado por la cabeza un montón de maneras de… —se calló negando con la cabeza.
— Suerte que no se lo has dicho a él, porque te hubiera golpeado con fuerza —Kazuha suspiró.
— Por eso, tal vez haya sido una suerte que haya pasado esto —susurró Asami sonriendo.
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Un pequeño chillido les hizo mirar al interior del edificio. Kizuna salió corriendo y se abrazó a las piernas de Asami con fuerza. Asami se cogió a Kazuha para no caerse.
— Bueno, primera mejora —Kazuha se rió con fuerza—. ¿Y dónde está Kazuki?
— En estado de shock o algo por el estilo —Asami frunció el ceño al mirar a dentro y verlo parado en la tarima del interior del colegio.
— Kazuki, ven aquí —se rió Kazuha.
— Kizuna me vas a tirar —se quejó Asami haciendo que la niña, finalmente, la soltara. Ella se agachó y sonrió hacia la niña—. Mírate, si sabes sonreír —Asami le dio un golpecito en la nariz y la niña se rió tímidamente—. Dile hola a Kazuha-obaachan, vamos.
La niña afirmó con la cabeza y abrió los brazos para que Kazuha la abrazara. Ella lo hizo mientras Asami le hacía señas a Kazuki para que se acercara. El niño avanzó lentamente ante la mirada atenta de todos los presentes que no habían dejado de mirarlos desde que Kizuna había gritado. Luego le cogió la mano a Asami con fuerza.
— ¿Qué pasa? —preguntó ella mirándolo.
— Es raro… —susurró Kazuki—. Ma… —se calló al ver que Asami le hacía señas para que no dijera nada—. Tú dijo a Kazuki y a Kizuna que no podíamos decir, pero…
— Lo sé, lo sé —Asami sonrió—. Luego te lo cuento bien, ¿vale? —el niño afirmó con la cabeza y estrechó la mano de Asami con fuerza—. Kazuki, ya no está enfermo, ¿lo sabías?
— ¿Qué? —el niño la miró confundido.
— ¿Enfermo? —preguntó Kazuha.
— Kazuki desde que salió de allí que está curado —susurró Asami sonriendo.
— Pero Kazuki aún…
— Kazuki puedes tocar a la gente, no les harás daño —sonrió ella removiendo su pelo—. Así que dale un abrazo a Kazuha-obaachan, ¿vale?
— ¿De verdad? —preguntó el niño con tristeza. Asami afirmó con la cabeza y el niño miró hacia Kazuha con miedo.
— Como se ponga a llorar será por tu culpa —susurró Kazuha. Asami empujó a Kazuki por la espalda para que se acercara a la mujer. El niño la miró de nuevo y Asami afirmó con la cabeza entonces él alargó la mano hacia Kazuha, dudando. Ella se agachó delante de Kazuki y estiró la mano. El pequeño retrocedió unos segundos y luego miró a los ojos de Kazuha que la observaba divertida, alargó la mano hasta tocar la punta de sus dedos. Kazuha mantuvo su mano firme sin moverla y él lentamente fue poniendo toda su pequeña mano en la palma de la mujer—. Oh, eres un encanto de niño —Kazuha no pudo resistirse más y lo abrazó con fuerza haciendo que el pequeño se quejara de dolor.
— Vaya, eso sí es raro —dijo la directora llegando con ellos con una sonrisa—. Estás haciendo un buen trabajo con él, ¿eh?
— Bueno, conozco más de Kazuki que de Kizuna en realidad, así que tampoco era tan complicado —sonrió Asami tristemente mientras se levantaba del suelo, luego le hizo una pequeña reverencia a la mujer.
— Decidiste quedarte —dijo la mujer.
— Y espero que eso no traiga ningún problema —susurró Asami.
La directora se rió.
— Lo dudo —dijo la mujer—. Porque al menos vale la pena ver a estos dos satisfechos de una vez.
— Bueno, de momento es mejor que…
— Sí, me conozco eso —sonrió la directora encogiéndose de hombros y haciendo que Asami la mirara confundida debajo del sombrero.
— Miaka-sensei es fan de mamá y de papá —dijo Kizuna con una sonrisa mirando hacia Asami.
— Oh, vaya… —Asami miró a la mujer tímidamente—. Bueno, entonces, gracias —Asami volvió a hacer una reverencia y la directora esta vez se la devolvió—. Cuento con usted.
— No hay problema —la mujer sonrió—. Hasta mañana chicos.
— Hasta mañana Miaka-sensei —dijo Kizuna levantando la mano a modo de saludo y luego cogiendo a Asami con ella.
— Has… mañana —dijo Kazuki, completamente ruborizado mientras Kazuha le cogía la mano al pequeño.
En cuanto llegaron a casa, Kogoro y Eri los esperaban aún dentro de la casa, con Yukiko y Yusaku. Cuando vieron a Kazuki cogido de la mano de Kazuha no tardaron en ir a abrazar al pequeño. Kazuha y Asami se rieron de ver al niño ruborizado hasta la punta del pelo. Los bisabuelos del pequeño, se pusieron a jugar con él y Kizuna, mientras Kazuha y Asami se quedaban en la cocina, preparando la merienda. Mamoru no tardó en llegar y quedó petrificado al verlos a todos de ese modo. Kizuna se fue corriendo hacia él para abrazarlo y Kazuki se escondió detrás de él con miedo de que Yukiko volviera a pellizcar su mejilla o Eri volviera a abrazarlo.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó mirando hacia Asami.
— Solucionado lo de que el niño no quiere que le toquen, ahora no quiere que le toquen por otras causas —se rió Asami.
— Kazuki tiene miedo de los adultos —añadió Kazuha encogiéndose de hombros.
— Eso ya lo veo, mamá —dijo él con una ceja arqueada—. Sois terribles todos.
— Papá, ¿sabes qué? —Mamoru se agachó delante de Kizuna que sonreía feliz—. Mamá vino a buscar a Kizuna y a Kazuki con Kazuha-obaachan.
— Oh, ¿en serio? —Mamoru miró con una sonrisa hacia Asami. Ella solo desvió la mirada. Mamoru se levantó y rodeó a Asami con un brazo—. Así que finalmente decidiste que tampoco era tan malo, ¿eh? —susurró a su oído.
— Bueno, realmente no se me ocurrió otro modo de hacerlos sonreír de nuevo, después de lo de esta mañana —respondió ella sonriendo tímidamente.
— Te aseguro que eso ha sido lo que más feliz les ha hecho —Mamoru la besó en la mejilla y sonrió hacia ella. Asami bajó la mirada sonriendo un poco ruborizada. Se sentía muy bien de ese modo después de cuatro años.
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Cumpleaños'.
