Hellow! Feliz año nuevo! Como lo de desear cosas está de moda siempre en estas épocas, voy a dejar claro que el que viene para mí seguro será mucho mejor que el anterior... ya nada puede ir peor XD pero bueno, les deseo mucha felicidad a todos!
Lo siento. Después de revisar este capítulo por faltas de ortografía esas son las únicas palabras que salen de mi mente: lo siento. XDDDD os pido no me maten XD
d.s. laxus: te doy algo mejor (?) XDDDDDDDDD (perdón, el mail no me indicó ningún review hasta dos horas más tarde de mi publicación ¬¬ )
Humana: lo de esperar con ansias lo decías en serio? XDDDDDD vas a querer retirar tus palabras XDDDD en realidad de Kazuki lo que más he disfrutado escribiendo, son "los regalos de los abuelos" (ya verás en breve XD).
13 de Mayo.
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Cumpleaños
Mamoru y Asami llevaron a los niños al colegio. Asami seguía yendo con su pelo recogido debajo del sombrero y unos pantalones largos y un jersey de manga larga, para cubrir toda su piel. Aunque ya hiciera calor, Asami había decidido no correr riesgos de ser reconocida de ninguna de las maneras. Su cabeza iba repasando una y otra vez la conversación breve que habían tenido la noche anterior con Mamoru.
Flashback
Cuando Asami y Mamoru se metieron en la cama esa noche, el chico se giró de lado y sonrió hacia Asami.
— Para mañana… pedí un día entero de fiesta —susurró Mamoru con una sonrisa traviesa—. Dejamos a los niños al colegio y luego hasta la hora de irlos a buscar tendremos todo el día para nosotros dos solos.
— ¿Estás seguro de esto?
— Claro —Mamoru sonrió hacia ella, con esa sonrisa que pocas veces le había visto hacer a otras personas.
Fin del Flashback
Miró de reojo a Mamoru, que estaba viendo como Kizuna le señalaba un pájaro de encima de uno de los árboles de la calle. Sonrió un poco ruborizada. Esas escenas familiares se le hacían demasiado extrañas, pero era feliz de tenerlas en su vida con la persona que amaba.
Después de dejar a los niños en el colegio y ver que las profesoras sabían de Asami, pero no hacían ningún comentario al respecto, los dos rehicieron el camino hacia la casa.
Cuando llegaron, Mamoru cerró la puerta con llave y se aseguró de que nadie podía verlos desde el exterior de la casa. Miró a Asami que estaba recogiendo las cosas del almuerzo y la ayudó con una sonrisa. Después de terminar de dejarlo todo en el fregadero, se acercó a Asami y la besó mientras le quitaba el sombrero, dejando que su pelo cayera por su espalda. Ella lo rodeó por el cuello con delicadeza y él la rodeó por la cintura, atrayéndola hacia él; mientras el beso apasionado de los dos se mezclaba en recuerdos extraños, que los dos ansiaban no haber perdido jamás en el tiempo que había pasado. Aún estando inseguros en la vida que acababan de recuperar, sus labios no se separaban de la piel del otro, como si intentaran recuperar esos cuatro años en segundos. Él le puso una mano por debajo de su jersey, mientras Asami enredaba sus dedos entre su pelo y dejaba que los labios del chico le besaran el cuello con desesperación. Se sentía tan bien…
Mamoru ya no pensaba en sus acciones, solo estaba dejándose llevar por el momento, acariciando todo su cuerpo con desespero. La calidez de ella le estaba haciendo de nuevo una sensación de embriaguez en su barriga. Una sensación que había perdido cuando se la habían llevado a ella y que había pensado que jamás hubiera vuelto a sentir. Una sensación indescriptible y nostálgica que le hacía besarla con más desesperación aún.
Asami lo besó en la mejilla. Sentía que él estaba completamente desesperado y si seguían así terminarían haciéndose daño los dos. Entonces, en cuestión de segundos, decidió andar hacia atrás para alejarlos a los dos de la cocina. Mamoru ni siquiera se negó a eso y la siguió, aún recorriendo su piel con los dedos y besando todo lo que ella tuviera al alcance de sus labios. Asami le quitó el jersey, dejando al descubierto la cicatriz en su pecho, de nuevo, mientras él la empujaba con suavidad hacia el sofá, sentándola. Por unos pocos segundos se miraron. Suficientes para sonreír y darle a entender al otro que no hacía falta esperar más.
Mamoru se arrodilló en el sofá, sentado en su regazo y desatando los botones de la camisa que ella llevaba, mientras volvía a besar sus labios apasionadamente. Notó a la chica encogerse, en cuanto él puso sus manos en su barriga. Se apartó y la miró.
— Lo siento… —susurró ella en un hilo de voz—. Me sigue doliendo, así que mejor no me toques mucho la barriga.
— Oye, yo… —Mamoru se calló mientras los dos miraban hacia la puerta. ¿Quién se atrevía a llamar a la puerta ahora? Mamoru entrecerró los ojos en cuanto llamaron con más insistencia.
— No creo que sean los del Laboratorio, porque esos ni siquiera llaman a la puerta —susurró ella sonriendo y señalando con la mano hacia la puerta para que fuera a ver quién estaba allí.
— ¿Por qué siempre tienen que molestar en el peor momento? —Mamoru rodó los ojos y saltó del sofá para irse a abrir. Asami se sentó al suelo al otro lado, para que no pudieran verla desde la entrada del lugar, mientras Mamoru abría la puerta—. ¿Qué? —dijo de malas maneras sin acordarse de que no llevaba nada en la parte de arriba de su cuerpo. Kikyo se ruborizó al instante al verlo—. ¿Qué narices quieres ahora? —preguntó de nuevo de mal humor al ver que ella se había quedado completamente callada.
— Ahhhhh… —ella dudó al hablar mientras seguía mirando su cuerpo.
— Tengo los ojos arriba —dijo él con una ceja arqueada mientras se cruzaba de brazos para privarle de seguir viéndolo. Ella levantó la vista—. ¿Qué quieres?
— Me dijeron que estarías aquí —susurró ella casi sin voz.
— Sí, me han dado el día libre, así que si quieres un caso vete a buscar a otro policía —dijo él retrocediendo para cerrar la puerta.
— Espera, tengo que preguntarte algo de los documentos que nos diste el otro día —se quejó ella. Al ver que el chico empujaba la puerta puso su mano para privarle de hacerlo—. Por favor.
— Mañana si quieres te respondo —dijo él—. Tengo el día libre, te he dicho.
— Pero… —ella no apartó la mano—. Por favor, solo será un minuto.
— He dicho que no —Mamoru hizo fuerza y finalmente cerró la puerta, pero justo antes de hacerlo, escuchó el susurro débil de la chica.
— Te olvidaste ya de lo nuestro, ¿cierto?
Mamoru cerró la puerta con llave de nuevo y chasqueó la lengua. ¿De qué estaba hablando esa periodista? Ellos jamás habían tenido nada. Se fue hacia el comedor y vio a Asami tumbada al suelo con una sonrisa en sus labios dirigida a él. Mamoru se sentó a su lado y se quedó quieto mirándola. Ella se incorporó y se quedó a su lado.
— ¿Se ha ido o seguirá interrumpiendo? —preguntó la chica.
— No creo que se quede aquí —respondió Mamoru sonriendo—. Porque puedo denunciarla por acoso. Estuve a punto de hacerlo hace dos años.
— Vaya, los fans de Mamoru-kun son terribles —dijo con una cara completamente dramática. Él se rio—. Oh, vas a decirme que no son nada, ¿eh?
— Eso mismo.
— Déjame que no te crea —Asami se acercó para besarlo, pero Mamoru se apartó asustado—. ¿Qué? ¿Qué ocurre?
— Lo siento —Mamoru se levantó y volvió a ponerse el jersey encima.
El recuerdo que había conseguido olvidar le cayó como una gota de agua fría, que por la humedad del aire se había convertido en un cubo entero y enorme, más parecido a una piscina. ¿En qué narices estaría pensando él en esos momentos? Se había dicho a sí mismo muchas veces que por ese mismo motivo debería de haberse olvidado de Asami. Pero la presencia de los niños y la incesante pregunta de los dos diciendo '¿dónde está mamá?', le había hecho olvidar ese recuerdo y le había devuelto las ganas de encontrar a la chica y ser feliz con ella. Asami se levantó detrás de él y miró la espalda de él.
— ¿Se puede saber qué te ocurre? —preguntó ella preocupada.
— Lo siento, te he hecho daño —susurró Mamoru bajando la mirada y corriendo hacia el pasillo, para luego salir de la casa y cerrar la puerta con la llave.
Asami se quedó parada sin entender sus palabras. ¿Qué era lo que le había pasado por la mente en ese momento? Suspiró con cansancio y volvió a atarse los botones de la camisa, luego se ató el pelo en una cola, con una cinta que llevaba en su muñeca y se dejó caer al sofá. No entendía lo que había sucedido y estaba claro, por como se había ido, que no le contaría nada. Ni siquiera había reconocido la voz de la mujer que había llamado al timbre, así que tampoco podía ir a preguntar.
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Mamoru salió corriendo de allí. Solo podía ir a un lugar en esos momentos para que le ayudaran. Kikyo estaba detrás de la verja esperando a que saliera. En cuanto lo vio correr, ella lo siguió con una sonrisa. Había conseguido lo que quería, pero no entendía el motivo por el que se dirigía tan apresurado hacia algún lugar. Los dos terminaron llegando al hotel de los Kyogoku y Mamoru entró sin ni siquiera detener sus rápidos pasos. Vio a Chieko y Akira hablando con un cliente del hotel, así que decidió esperarse a que terminaran para intervenir. No se había dado cuenta de que Kikyo lo había seguido.
— Oye —Kikyo se acercó a él—. ¿Por qué ibas corriendo?
— Te lo dije una vez y no quiero volver a repetir lo mismo —susurró Mamoru—. Aléjate de mi vida.
— ¿Qué mosca te ha picado? —Kikyo rodó los ojos y cruzó sus brazos—. No tienes porque despreciarme. Tenemos que hablar desde hace ya más de dos años, así que algún día vas a…
— ¡HE DICHO QUE ME DEJES EN PAZ DE UNA MALDITA VEZ! —gritó Mamoru completamente desesperado y llamando la atención de todos los presentes—. ¡YA CONSEGUISTE LO QUE QUERÍAS AHORA LARGATE DE MI VIDA!
— Hey, hey, hey, ¿qué ocurre aquí? —Akira se acercó a ellos ignorando por completo la presencia de Kikyo—. ¿Estás bien?
— Claro que no está bien —se quejó Kikyo.
Akira ni siquiera la miró.
— Creo que necesitas una clase de relajación, Hattori —dijo Akira riéndose.
— Necesito hablar con vosotros, por favor —susurró él con la voz desesperada y mirándolo con miedo.
— Vale —Akira frunció el ceño—. Pero no creo que eso te relaje demasiado.
— No le tomes más el pelo, Oniichan —se quejó Chieko acercándose—. ¿Aún estás aquí? —preguntó mirando con indiferencia a Kikyo—. Te pedimos que te alejaras de Mamoru-kun hace ya más de un año, ¿por qué sigues rondándole?
— ¿Y a vosotros qué os importa? —preguntó ella mirando con odio a Chieko.
— Nos importa porque es nuestro amigo —respondió ella.
— No vale la pena ni siquiera responder, Chieko —Akira cogió el brazo de Mamoru—. No hace falta gastar saliva en balde por ella —tiró de Mamoru hacia el ascensor y Chieko y Kikyo los siguieron.
— Ah, Mamoru-kun —Sonoko bajó por las escaleras con una sonrisa—. Que buenas noticias me llegaron, ¿eh?
— Ahora no, mamá —dijo Akira empujando a Mamoru dentro del aparato y esperando a que Chieko entrara. Kikyo iba a seguirlos pero él puso una mano delante—. Ascensor lleno, coja el siguiente, gracias —forzó su mejor sonrisa y abrió y cerró la mano repetidas veces para despedirla.
— ¿Qué ha pasado? —Sonoko miró a Makoto que estaba bajando detrás de ella.
Kikyo frunció su nariz con enfado. Kyogoku Akira tenía la manía de meterse entre ellos dos. Esto tenía que acabar. Dio la vuelta sobre sus pasos con una sonrisa llena de malicia y salió de allí dispuesta a terminar su carrera como periodista con la mejor noticia de todas.
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En cuanto las puertas del ascensor se abrieron en el último piso, Akira salió directo hacia la sala que tenían habilitada para las conferencias y que sabía que estaría vacía ese día. Abrió la puerta y empujó a Mamoru a dentro, luego entró él. El lugar, como siempre, estaba limpio y ordenado. Había una mesa ovalada al centro, rodeada de sillas de escritorio con ruedas y completamente acomodadas para largos días de reuniones de empresas. Al lado de la puerta había una mesa con una cafetera desconectada que, en un día de reuniones, estaba dispuesta con platos y comida para la comodidad de la gente que tenía que estar a dentro.
— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó Akira.
— No puedo estar con Asami —susurró él en un hilo de voz y con su cabeza agachada, mientras Chieko cerraba la puerta.
— ¿Qué qué? —Chieko arqueó una ceja y se cruzó de brazos—. ¿Después de todo el tiempo que has estado diciéndonos cuanto la echabas de menos ahora nos vas a decir que no puedes estar con ella?
— ¿Estás enfermo? —Akira parpadeó confuso.
— Le he… hecho daño —dijo con un tono de voz aún más bajo y un pequeño temblor, que a los dos hermanos les costó de entender.
Los dos hermanos se miraron entre ellos preocupados y en seguida empujaron al chico hacia una silla y le obligaron a sentarse en ella. Habían terminado las bromas.
— ¿Qué ha pasado? —Akira se sentó a la silla de su lado mientras Chieko arrastraba otra para sentarse cerca de su hermano y poder alcanzar al hijo de Heiji si era necesario, cerrando así un pequeño triángulo—. Oye, sabes que con lo que respecta a vida amorosa soy precisamente un negado, así que al menos intenta comunicarte con algo más de claridad y tal vez… mirándonos a la cara al menos —él apoyó sus codos en las rodillas y se cubrió la cara con las dos manos—. O desespérate más, es otra solución —añadió llevándose un codazo de su hermana—. ¿Se puede saber lo que has hecho? ¿O tampoco vas a decirlo? —añadió frotándose el sitio dolorido.
— Mamoru-kun —Chieko le puso una mano encima de la espalda—. ¿Dónde está Asa-chan ahora?
— En casa —susurró él. Luego, suspiró largamente y se apoyó en la silla dejando sus brazos sueltos en el asiento—. Estaba yendo todo muy bien hasta que Kikyo ha venido.
— ¿Kikyo sabe de Asami? —preguntó Akira.
Mamoru afirmó con la cabeza.
— Kazuki y Kikyo fueron los primeros en darse cuenta de que era Asami —susurró el chico—. Kazuki la reconoció. Kikyo se enteró por lo que le respondió Asami cuando esa mujer estuvo intentando hacer llorar a Kizuna.
— Entonces, ¿qué ha pasado? —dijo Akira viendo que su amigo empezaba a tranquilizarse y al menos hablaba con la voz más entendible.
Mamoru bajó la mirada a sus pies.
Recordaba que Kikyo había aparecido cuando Mamoru tuvo que contar a la prensa acerca de Kizuna. Les pidió que no hicieran fotos ni acosaran a la niña, pero que él les contaría todo al respecto. La prensa no creyó nada, porque Asami no había estado embarazada antes de que se la llevaran y no habían pasado ni siquiera siete meses desde que se la habían llevado. Pero Kikyo había sido distinta, tal vez por reírse o tal vez por solo acercarse a él, Kikyo le había pedido una entrevista a solas para que le contara todo lo que había sucedido. Mamoru aceptó sin rechistar y sabiendo que era una periodista de sucesos, le pareció extraño el comportamiento de la chica. Akira, Chieko, Takeshi y Tetsuya, en seguida se negaron a dejarlos a solas, así que Mamoru fue acompañado por Hiro y Takeshi al lugar. Kikyo se mostraba como una fan amable del chico y solo estaba pendiente de la entrevista. Pero llegó a interesarse mucho más cuando Mamoru le había dicho que por la situación, la policía lo dejaba trabajar de asesor por el momento. Desde ese día, Mamoru era el encargado de pasar los casos a la prensa cuando lo pedían y siempre era Kikyo la que estaba en primera fila esperando hacer un gran trabajo gracias a él. Ninguno de sus amigos estaba de acuerdo con que esa chica se acercara tanto a él, pero a Mamoru le ayudaba mucho, cuando se pasaba el rato con Kizuna. Hasta que un día, poco antes de que Kazuki llegara…
Flashback
— ¿Y sigues sin encontrar ninguna pista acerca de Asami-chan? —preguntó Kikyo estando sentada en la mesa, a su lado, justo después de que Kizuna se fuera a dormir.
— Sí, ya solo me queda buscar el nombre de esa mujer, pero… hay mucha Dana por Estados Unidos, ¿no crees? —Mamoru sonrió hacia ella falsamente. Kikyo se rio tontamente de nuevo y se removió un poco, quedando más cerca de él, aunque Mamoru hizo como que no lo notaba—. Bueno, ¿y cuándo vas a dejar de acosarme como periodista?
— Acosarte —Kikyo frunció los morros desviando la mirada—. Esa es una palabra muy mala.
— Sí, claro —Mamoru sonrió mientras un trueno se escuchaba a fuera—. Oh, vaya, debe de estar lloviendo de nuevo —Mamoru comentó mirando al techo, luego volvió a mirarla a ella. Habría jurado que la chica estaba más cerca de él aún—. Deberías de buscarte un novio, en serio. Pasas más tiempo conmigo que con tus amigos estos de los que me hablas.
— Bueno, ellos jamás han tenido tiempo para mí —se quejó ella encogiéndose de hombros—. Y por mi trabajo tampoco puedo quedar mucho con ellos, porque los horarios a veces no coinciden. Creo que ya te lo había dicho, ¿no?
— Sí, pero mis amigos no te aguantan —respondió Mamoru.
— Tus amigos no me importan —respondió ella sonriendo tristemente.
— El problema es que me estoy alejando demasiado de ellos —Mamoru se encogió de hombros—. Me lo van a echar en cara luego, y cuando vuelva Asami pasaré más tiempo con ellos. Así que, sea lo que sea que haya pasado, ¿no sería mejor que te reconciliaras con los tuyos?
— No me importan los míos —Kikyo sonrió con falsedad acercando su cara a la de él con lentitud.
— ¿Entonces? —Mamoru la miró con el ceño fruncido mientras ella se acercaba peligrosamente a su espacio vital.
— Me importas solo tú —respondió ella en un hilo de voz.
Mamoru se quedó petrificado. ¿Acababa de confesarse una chica que parecía ser más su fan que su amiga? Antes de que se diera cuenta, los labios de ella lo estaban besando. Otro trueno se escuchó a fuera y él se apartó de repente, mientras las luces se apagaban.
— ¿Se puede saber qué haces? —Mamoru se frotó los labios con fuerza mientras sentía su corazón paralizado.
— ¿Onee-san…? —los dos miraron hacia la puerta que llevaba a la habitación de Kizuna. La niña les estaba mirando de pie, cogida con una mano al brazo de un osito de peluche.
— Kizuna —Mamoru se levantó de golpe y se acercó a ella asustado—. ¿Qué haces fuera de la cama?
— Miedo —dijo la pequeña señalando hacia fuera.
— ¿Te dan miedo los truenos? —susurró Mamoru con tristeza mientras la cogía en brazos—. No pasa nada —sonrió hacia ella mientras ponía su frente tocando la de la niña—. No pasará nada mientras estés con papá, ¿vale? —la pequeña afirmó con la cabeza y cerró los ojos con cansancio—. Vámonos a dormir, Kizuna —ella se abrazó a él con un brazo mientras ponía el osito entre los dos, abrazándolo también—. Vete de aquí, por favor —dijo Mamoru sin ni siquiera mirar a Kikyo mientras se iba a su habitación con Kizuna en brazos. Tumbó a la pequeña en su cama y se sentó a su lado con las piernas estiradas encima de la cama.
— ¿Papá? —Kizuna miró al hombre en la oscuridad, con tristeza—. ¿Dónde está mamá?
— No lo sé, mi amor —susurró él acariciando la cabeza de la pequeña que se había puesto el osito de peluche al lado de su cara.
— Mamá ¿tiene miedo de los ruidos? —preguntó Kizuna.
— No. Mamá es muy valiente y no teme a los truenos —respondió él. Se quedó en silencio viendo como la niña cerraba los ojos. Al cabo de poco escuchó la puerta cerrándose. Kikyo se había ido—. Papá va a cerrar la puerta para que los truenos no entren, ¿vale?
— Oneesan —Kizuna susurró medio dormida mientras él se levantaba—. Kizuna no quiere que Oneesan sea su mamá —dijo mientras sus ojos lloraban cerrados—. Kizuna se siente sola con Oneesan.
— No lo será, Kizuna —le acarició levemente la cabeza y se apresuró a cerrar la puerta. Luego volvió al comedor y las luces volvieron a encenderse. Sonrió mientras apagaba la luz y se tumbó al lado de la pequeña—. Kizuna, mañana no vayamos a trabajar ni al colegio, ¿vale? —la niña lo miró unos segundos, antes de que sus ojos volvieran a cerrarse—. Pasemos juntos el día, papá y Kizuna.
— S… —Kizuna ya estaba prácticamente dormida y no pudo terminar de responder.
Mamoru la besó en la frente con una sonrisa triste y observó como dormía. Otro trueno sonó al exterior y Mamoru la abrazó mientras la veía temblar.
— Tranquila, Kizuna, no pasa nada. Papá está contigo —susurró en voz muy baja.
Se tocó los labios, prácticamente secos. Tenía que olvidarse de eso, si hacía que Kizuna lo olvidara, seguro él podría olvidarlo también. No podía olvidarse de ir con todos y disculparse por no estar tan disponible para ellos. Debía de volver con sus amigos para que Kizuna estuviera bien.
Fin del Flashback
— Entonces, Kikyo te besó —Chieko arqueó una ceja y luego lo golpeó en la cabeza—. ¡Tú eres idiota de remate! ¡No solo dejaste que Drake te besara, sino que luego dejaste que lo hiciera Kikyo!
— ¡Pero no lo pegues en la cabeza, mujer! —dijo Akira mientras veía a Mamoru ponerse una mano en la cabeza por el dolor repentino—. ¡Que así solo harás que la única neurona que le queda funcionando le rebote por la cabeza, y lo volverás más idiota aún!
— ¡¿MÁS?! —gritó ella desesperada levantándose de la silla con las manos en la cabeza. Luego miró a Akira—. ¡ESO ES IMPOSIBLE!
— Chieko, tranquilízate —Akira se levantó, la giró de espaldas a Mamoru y la empujó—. Hattori ha estado solo estos cuatro años, ha aguantado mucho por Asami, así que no puedes culparle por un beso que él no quería.
— ¡Podría haberse apartado de ella! —se quejó Chieko—. ¡Golpearla! ¡ALGO!
— Eso solo lo hacéis las chicas —se quejó su hermano rodando los ojos—. Nosotros somos más respetuosos con las mujeres.
— Tampoco hizo nada cuando Drake le besó, y era un hombre —dijo Chieko con la voz más baja, pero llena de odio y la nariz fruncida. Akira se apartó de ella con lentitud. Estaba claramente enojada.
— ¿Qué te molesta más? —preguntó Akira confundido—. ¿El beso de Kikyo? ¿O el de Drake?
— ¡LOS DOS! —Chieko gritó y apartó a su hermano, luego señaló a Mamoru acercándose a él y sin dejar de gritar—. ¡¿Si tanto quieres a Asami, por qué dejas que te bese gente que no es ella?! ¡No puedo entenderlo!
Mamoru ni siquiera los miró. Sentía que sus nervios temblaban dentro de su cuerpo, llenos de ansiedad, angustia y pánico. Ansiedad por intentar solucionar el hecho de que ahora Kikyo lo amenazaba con eso. Angustia por intentar esconderlo de Asami, pero también querer decírselo. Pero ante todo un terrible miedo… pánico de que Asami lo abandonara si se enteraba de eso, fuera por él o por otra persona.
— Vamos a pensar en positivo —Akira suspiró—. ¿Qué posibilidades hay de que Asami te mate?
— Si no lo hace ella lo hago yo —dijo Chieko fulminándolo con la mirada.
— Vale, Oneesan —Akira sonrió llevándose una mirada asesina—. Digo… Imouto. Tan solo, tranquilízate, ¿vale? Así no le ayudas a tranquilizarse.
— Vas a decírselo ahora —dijo Chieko cogiendo a Mamoru por el cuello del jersey y levantándolo de la silla—. Vas ahora mismo a contarlo a Asami.
— Pero solo voy a hacerle daño —se quejó él con tristeza.
— Haberlo pensado antes de dejar que esa bruja ocupara el territorio de Asami —dijo Chieko—. Además, como Kikyo se lo cuente a Asami, seguro le hará más daño que escucharlo de tus labios, ¿no crees?
— ¿Por qué solo me arrepiento de mi vida? —susurró él. Chieko lo soltó sorprendida haciendo que él se dejara caer de nuevo sobre la silla. El chico se cubrió la cabeza con las manos, apoyando sus codos de nuevo en sus rodillas—. No pude proteger a Asami cuando ese tipo la envenenó en Tropical Land. No pude protegerla cuando estuvo en Estados Unidos. No pude protegerla de Jun hasta que este ya le había hecho pasar todos los miedos posibles… —Chieko miró a su hermano con tristeza y él le hizo señas para que se apartara. Akira se arrodilló delante de él, poniendo sus manos en el apoyabrazos de la silla de Mamoru—. Fui la causa de que perdiera la memoria. Tampoco pude ayudarla cuando ese tipo le inyectó esa cosa, ni cuando esos tipos se la llevaron. Y ahora que ha vuelto y que por algún motivo siento que se ha acostumbrado a nosotros por intentar ser feliz, no puedo hacerla feliz. Solo le hago daño.
— Hattori, acabas de entrar en un estado patético de desesperación, así que mejor vamos —Akira le apartó las manos y lo levantó de allí tirando de él—. Si los niños o ella se enteran de lo que estás diciendo, les harás aún más daño del que has hecho. Ahora aún puedes remediarlo, pero si sigues esperando, tal vez no haya vuelta atrás.
— Por favor, ¿qué es lo que puedo hacer ahora? —susurró él mirándolos con demasiada tristeza en sus ojos, haciendo que Akira mirara hacia Chieko asustado.
Hattori Mamoru estaba a punto de llorar.
— Vamos —Akira tiró de él de nuevo hacia el ascensor—. Tenemos que al menos dejar de preocuparnos por cosas como esas.
— Cosas como esas —Chieko rodó los ojos mientras ponía sus manos en sus caderas.
— No empieces, estoy intentando animar al pobre, y así no ayudas —se quejó su hermano—. Asami no se va a preocupar por eso, más bien se preocupará por tu estado de salud mental. Dudo que le importe un beso que ni siquiera aceptaste —añadió—. Además, Asami sabe que Mamoru no es como los Kuroba, que andan siempre ligando con la primera que pasa.
— Eso no es cierto —se quejó Chieko, llevándose una mirada interrogativa por su hermano—. Bueno, tal vez un poco…
Mamoru dejó que lo llevaran hacia su casa. Después de estar en la entrada del hotel y que Chieko hablara con rapidez con sus padres para que les excusaran de las tareas del hotel, los tres salieron dirección a la casa. En cuanto llegaron, el lugar estaba rodeado de periodistas, entre ellos Kikyo.
— ¿Qué está pasando? —Akira miró a Chieko. Ella era la que normalmente estaba al día de lo que buscaban los periodistas alrededor del chico. Su hermana le negó con la cabeza—. ¿Crees que Kikyo se enojó porque no la dejamos venir con nosotros?
Chieko se encogió de hombros.
— Ahora mismo me creo cualquier cosa de esa mujer —Chieko suspiró largamente—. Espero que Asa-chan esté bien…
— Asami —Mamoru se apresuró a llegar hacia allí y se abrió paso entre los periodistas que en seguida empezaron a preguntarle.
— Nos han dicho que Kudo Asami ha vuelto, ¿es eso cierto? —preguntó uno de ellos.
Akira y Chieko siguieron al chico. Ninguno de los tres respondió a todas las preguntas que les estaban haciendo acerca de Asami. Mamoru abrió la verja y se abalanzó encima de la puerta con la llave en la mano. La abrió de golpe y entró corriendo hacia allí. Akira y Chieko lo siguieron y cerraron la puerta detrás de ellos.
Asami, en cuanto escuchó la puerta abrirse, se levantó del sofá y se escondió en la pared del comedor. La voz preocupada de Mamoru llamándola en cuanto la puerta se había cerrado, le hizo suspirar.
— ¿Qué ocurre? —Asami lo miró preocupada.
— ¿Estás bien? —preguntó Akira viendo que Mamoru suspiraba aliviado y en seguida volvía a bajar la mirada. Golpeó al chico en la espalda con fuerza—. Te lo devolvemos, no nos sirve si está apagado. Lo queremos sonriendo y como siempre, ¿me oyes? De-un-a-pie-za —Asami lo miró sin entender—. Entonces, mejor vámonos, ¿vale? —miró hacia Chieko que afirmó con la cabeza y empezó a salir.
Asami miró a Mamoru. El chico estaba palideciendo y no parecía poder hablar.
— Espera, Akira —dijo Asami llamando por completo su atención—. ¿Qué ha sucedido?
— Tú, solo escúchalo, ¿va…? —Akira se calló. Mamoru se tambaleó y finalmente cayó al suelo. Akira y Asami lo cogieron cada uno por un brazo, antes de que su cabeza golpeara el suelo—. Hey, Hattori, ¿qué ocurre?
Asami le tomó el pulso. Lo tenía demasiado acelerado. Caliente. Mamoru estaba ardiendo. Le puso la mano en la frente corroborando su sospecha.
— Tiene fiebre —susurró la chica viendo que él intentaba abrir los ojos, pero le costaba—. Mamoru, ¿qué te ocurre? Por favor, tienes que decirme lo que ocurre.
Asami suspiró largamente el chico se había desmayado por completo. Akira lo cargó en su espalda y lo llevó a la cama.
— Bueno, ¿quién irá a buscar a los niños entonces? —Chieko suspiró largamente.
— ¿Qué ocurre? —Asami la miró con el ceño fruncido.
— A fuera está todo lleno de periodistas preguntando dónde está Kudo Asami —dijo Chieko—. Así que no puedes salir. Pero si Mamoru-kun está así no creo que tenga fuerzas.
— Mamoru ayer le dijo a Kazuha-obaachan que no fuera, así que mejor le envío un mensaje y le pido que lo haga —susurró Asami.
— Será lo mejor —Akira salió de la habitación—. Voy a llamar a un médico para que venga a verlo. Podríamos ahora mismo freír un huevo en su cabeza y sin nada de fuego.
Chieko lo golpeó en el pecho con el reverso de su mano. Asami miró a dentro de la habitación, completamente preocupada.
— Avísalo y lárgate con Aiko-chan —dijo Chieko—. Pedazo de insensible.
— Y me dice insensible a mí cuando fuiste tú la que estuviste torturando a Hattori hace diez minutos —se quejó Akira rodando los ojos.
— ¿Puedo saber lo que le pasa, por favor? ¿Vais a contármelo? —preguntó Asami mirándolos.
— No puedes enterarte por otros —susurró Akira—. Es mejor que esperes a que él te hable.
Asami bajó la mirada y entró en la habitación. Nadie iría a decirle nada a ella. ¿Por qué habían terminado así? Por alguna razón parecía ser solo una persona conocida para ellos y no la amiga que se suponía que tenía que ser. Se sentó al lado de Mamoru con las piernas estiradas encima de la cama y le acarició la frente con suavidad. La cabeza de él cayó hacia el otro lado. ¿Seguía inconsciente?
.
Por la tarde, Asami seguía al lado de Mamoru, estaba completamente estirada, apoyada en un brazo en la cama y con su mano libre acariciando al chico en el pecho. Chieko se había quedado con ellos, pero estaba en el comedor. Mamoru no había despertado, y el médico había dicho que no era nada preocupante. Llamaron a la puerta y Chieko se fue a abrir. Asami suspiró unos segundos y en seguida pudo escuchar a los niños corriendo por el pasillo para ir hacia allí. Sonrió mientras hacía señas para que se mantuvieran callados y en cuanto los niños aparecieron por la puerta se quedaron quietos y en silencio al verla. Asami les hizo señas para que se acercaran y ellos lo hicieron. Kizuna besó en la mejilla a Mamoru y este abrió los ojos y la miró débilmente, pero en seguida volvió a cerrarlos. Pocas veces había tenido fiebre, pero cuando la tenía siempre lo dejaba completamente fuera de combate. Kazuki le cogió de la mano con fuerza, mientras Kizuna rodeaba la cama para ponerse al lado de Asami.
— ¿Cómo ha ido? —susurró la madre viendo a la pequeña que le daba un fuerte abrazo.
— Muy bien —dijo la pequeña—. Kizuna ha hecho un dibujo para mamá.
— Luego lo veo, ¿vale? —Asami sonrió acariciándole la mejilla y la niña afirmó con la cabeza—. Perdonadnos chicos. Hoy es vuestro cumpleaños y no podemos celebrarlo bien.
— No importa —dijo Kazuki—. Papá tiene que mejorar y luego lo celebramos.
— De acuerdo —Asami sonrió y los dos salieron de la habitación para quedarse al comedor. Kazuha entró y la miró con una sonrisa triste—. El médico ha dicho que el medicamento no tardará en hacerle efecto, pero… —Asami miró hacia Mamoru—. Mientras tanto es mejor que no le molestemos, en nada.
— ¿Quieres que nos quedemos? —preguntó Kazuha.
Asami negó con la cabeza.
— Voy ahora con los niños, no te preocupes, gracias —Asami se levantó, pero Mamoru la cogió del brazo para que no se moviera. Ella lo miró mientras Kazuha salía de la habitación—. Tienes que descansar —Asami lo besó en la frente—. Luego hablamos de eso que te preocupa tanto, ¿vale?
— Asa… mi…
— Deja de forzarte. Solo recupérate pronto que los niños quieren celebrar su cumpleaños, ¿vale? —Asami se apartó de él viendo que el brazo del chico caía sin fuerzas.
— Los… niños… —Mamoru intentó levantarse pero Asami le puso una mano en el pecho y le obligó a tumbarse de nuevo.
— Luego, ellos están esperando al comedor, ¿vale? —Asami sonrió—. Recupérate.
Salió de allí y cerró la puerta sin ni siquiera mirarlo.
— ¿No vamos a ir al hotel de Chieko-obaasan? —preguntó la niña ladeando su cabeza.
— Y dale con lo de llamarme 'Obaasan' —Chieko se cruzó de brazos enojada.
— Vamos, vamos, Chii-chan —Asami se puso delante de ella sonriendo—. Son solo niños.
— Aún así —Chieko fulminó con la mirada a la niña que se puso detrás de Kazuki inconscientemente.
— No vais a ir —Kazuha se agachó al suelo poniendo sus brazos cruzados encima de sus rodillas y sonriendo tiernamente hacia los pequeños—. Porque papá se encuentra mal y mamá no puede salir de aquí —dijo—. Y Kizuna y Kazuki quieren estar con mamá y papá, ¿no es cierto? —los niños afirmaron con la cabeza—. Si todo está bien, podréis venir mañana, ¿vale?
— Lo siento chicos —susurró Asami—. Sé que queríais ir.
— Está bien —Kizuna sonrió—. Papá tiene que ponerse bueno.
— En serio me pregunto cuántos años tienen estos dos —dijo Chieko—. Parecen tener diez o más, al menos.
— Bueno, la situación de cada niño siempre les hace crecer en unas cosas mejor que en otras —sonrió Kazuha levantándose—. Llevaros bien, ¿vale? Mañana vendré a buscaros para llevaros al colegio.
Los niños afirmaron con la cabeza sonriendo.
— Vámonos —Chieko salió de allí—. Que tardaremos al menos diez minutos en salir de aquí.
— Sí, cierto, se hacen pesados —Kazuha se rio siguiéndola—. Adiós.
— Bueno… —Asami se arrodilló al suelo sonriendo—. ¿Qué queréis hacer?
— ¿Y papá? —dijo Kazuki con tristeza.
— En cuanto esté mejor él saldrá de la habitación —la puerta de la habitación se abrió y Mamoru se quedó apoyado en el umbral de la puerta—. Pero bueno…
— Sabes que no puedo quedarme quieto —susurró él sonriendo.
— Hattori Mamoru, eres lo más idiota que he visto jamás —suspiró Asami cruzándose de brazos—. ¿Puedo saber el motivo por el que te preocupas tanto de mí? Si andas arrastrándote, casi…
— No puedo dejar que… alguien más te diga… —dijo él. Asami se acercó y lo abrazó.
— Si alguien me dice no le haré caso —respondió Asami—. Ahora vuelve a… —el chico estaba perdiendo el equilibrio de nuevo y su peso hizo tambalear a Asami—. Oye, que yo no puedo contigo ahora. He perdido mucha fuerza. Mamoru aguanta… —Mamoru finalmente cedió y los dos cayeron al suelo. Kizuna y Kazuki se apartaron a tiempo y se quedaron mirándolos a los dos—. Mamoru oye… quita de encima, por favor… Mamo… —intentaba levantarlo, pero ella no tenía fuerza suficiente en los brazos. Se calló cuando él se levantó con los brazos a cada lado de ella—. ¿Estás bien?
— Eso pregunto yo… he caído encima de ti… —susurró él casi sin voz.
— Vamos, tienes que descansar —Asami se incorporó y lo abrazó para ayudarlo a levantarse. La cama estaba demasiado lejos así que lo llevó al sofá y lo dejó sentado. Cuando iba a separarse, él siguió abrazándola—. Eres demasiado impulsivo. Tienes que dejar de hacer eso. Sabes que cuando estás enfermo no puedes moverte y tú sigues. ¿Por qué te fuerzas de este modo? ¿Quieres terminar peor?
— Escúchame —susurró él—. Por favor.
— No, no te escucharé hasta que descanses y te pongas mejor —Asami rodó los ojos y él la soltó, dejando que ella se apartara—. Siempre haces lo mismo.
— Lo siento —dijo él. Dejó que Asami lo acomodara al sofá y que luego le cogiera la mano.
— Descansa, ¿vale? —Asami le puso la mano libre en la cabeza comprobando que la fiebre le había aumentado—. Voy a buscar hielo para intentar hacerte bajar la temperatura, hasta que el medicamento te haga efecto.
— Kizuna quiere ayudar —dijo la pequeña levantando la mano.
— Kazuki también —la imitó su hermano.
— De acuerdo —Asami sonrió hacia ellos—. Kazuki ve a buscar la manta de encima de la cama de papá y mamá y cubre a papá con ella, ¿vale? —el niño afirmó con la cabeza y se metió en la habitación con solo tres pasos grandes—. Kizuna ven conmigo a buscar el hielo.
— ¡Sí! —la niña siguió a Asami hacia la cocina, bajo la atenta mirada de Mamoru.
Kazuki volvió al cabo de poco arrastrando la manta por el suelo, con esfuerzo. Puso una punta encima del pecho de Mamoru y luego se fue al otro lado para poner la otra punta en sus pies. Pero la manta resbaló al suelo y Mamoru no tuvo tiempo de cogerla. Kazuki frunció los morros con enfado y volvió a subir la punta de los pies, para luego ir a subir la otra punta. Pero mientras la estaba subiendo, la manta resbaló de nuevo. El niño se quedó mirando la manta con enfado. Mamoru cogió la punta que el niño tenía en la mano y sonrió hacia él. El pequeño se fue de nuevo hacia los pies y subió la punta.
— Sube toda la manta, no solo la punta —susurró Mamoru.
El pequeño lo miró y afirmó con la cabeza. Haciendo caso de lo que Mamoru le decía, cogió la manta por el medio y la subió encima de los pies de Mamoru. Pero entonces se le doblaba el objeto y no podía cubrir bien a Mamoru. El padre tiró a la vez de la manta y así evitaba que le cayera de nuevo al pequeño. Vio que el niño se estaba peleando para sacar la manta de debajo intentando cubrirlo todo y sonrió.
— Vaya, otro que le cogió manía a las mantas —se rio Asami volviendo con Kizuna llevando una bolsa de plástico con hielo y un trapo—. Kazuki esto te viene de familia.
El niño miró a la mujer con cansancio. Reconocer eso no le solucionaba el problema de cubrir a su padre con la manta. Asami se arrodilló detrás de él y cogió sus manos moviéndoselas.
— Coge de aquí —el niño lo hizo y dejó que Asami le moviera las manos para cubrir con la manta a Mamoru—. ¿Lo ves? —el niño afirmó con la cabeza—. La próxima vez lo haces así, ¿vale?
— Gracias —susurró el pequeño.
— Vamos, Kizuna —Asami le cogió el trapo y lo puso en la frente de Mamoru que había cerrado de nuevo los ojos—. Pon ahora el hielo encima —la niña lo hizo con sumo cuidado, mientras sonreía satisfecha.
— Gracias, chicos —susurró Mamoru sonriendo y abriendo los ojos débilmente.
Kizuna y Kazuki se miraron sonriendo.
— Bueno, ¿a qué queréis jugar chicos? —Asami sonrió hacia ellos.
— Al juego de memoria —dijeron los dos a la vez sin ni siquiera mirarse.
— Vamos, traedlo aquí —Asami les hizo señas para que lo hicieran y los dos pequeños salieron corriendo hacia su habitación—. ¿Estarás bien así? —Mamoru afirmó con la cabeza lentamente—. Entonces descansa, ¿vale? —Asami le besó en la mejilla mientras le cogía la mano de nuevo—. Ponte bien pronto, por favor.
— No te preocupes, estaré bien en unas horas —Mamoru sonrió mirándola—. No dejes que los niños te vean preocupada por esto.
Los niños volvieron con una caja llena de cartas para hacer parejas y las pusieron todas encima de la mesa. Asami se quedó de lado, con una mano cogiendo a Mamoru y con la otra encima de la mesa, ayudando a los niños. Tampoco hacía falta que les ayudara, los pequeños parecían tener demasiada buena memoria, incluso por un juego tan complicado a su edad.
— Esto es demasiado fácil para vosotros —suspiró Asami cuando vio que los niños terminaban la partida de las 40 cartas por tercera vez.
Los niños la miraron.
— Pero no tenemos otro de memoria —susurró Kizuna.
— Traedme dos hojas de papel —Asami sonrió hacia los niños—. Y un lápiz.
Kazuki corrió hacia su habitación y volvió con una libreta en la que él hacía dibujos y un lápiz en su mano. Asami se soltó de Mamoru y empezó a escribir el silabario de niños en el papel.
— ¿Sabéis escribir ya? —preguntó mirándolos.
Ellos negaron con la cabeza.
— Kizuna solo sabe las vocales —dijo.
— Kazuki no recuerda nunca —respondió el niño medio ruborizado.
— Está bien —Asami sonrió—. Entonces os complicaré el juego —partió las hojas y las puso de cara hacia abajo. Ellos observaron a la mujer con atención—. Tenéis que hacerlo juntos, ¿vale? —los dos afirmaron con la cabeza—. Kazuki empieza destapando un trocito de papel. Cuando veas lo que tienes, tienes que decir en voz alta lo que te ha tocado. Luego Kizuna tiene que destapar la otra, para ver si es la misma y tanto si toca como si no tienes que decirlo en voz alta también, ¿vale? —los dos afirmaron inseguros—. Mamá os ayudará si no lo sabéis. Pero así seguro aprenderéis más rápido, ¿no? —los dos afirmaron con una sonrisa—. Vamos.
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Estuvieron jugando durante un par de horas y ninguno de los dos pequeños se cansó de eso. Asami sonrió viéndolos, cogida de nuevo de la mano de Mamoru. Los pequeños, tenían el mismo interés por aprender, que el que habían demostrado Asami y Mamoru cuando eran niños. Eso era algo realmente bueno. También eran muy tozudos, algo malo, pero bueno cuando se trataba de no rendirse cuando algo no les salía bien. Hasta que Mamoru se incorporó con lentitud y los tres se lo quedaron mirando.
— ¿Estás bien? —Asami lo soltó y se sentó a su lado. Él afirmó con la cabeza, mientras ella lo besaba en la frente—. Te ha bajado la fiebre ya.
— Gracias —dijo él con una sonrisa débil.
— ¿Papá está bien? —Kizuna y Kazuki se acercaron a él preocupados.
Él afirmó con la cabeza y acarició sus cabezas.
— Mamá va a hacer la cena, ¿qué os parece? —Asami sonrió hacia ellos y los niños afirmaron con la cabeza—. ¿Os quedáis a cuidar de papá?
— ¡Sí! —gritaron los dos a la vez con fuerza.
— No lo hagáis enfadar, ¿vale? —dijo ella. Los niños sonrieron traviesos—. He dicho no.
— Sí —los dos dijeron a la vez con voz aburrida.
Cuando se fueron a comer, Mamoru se quedó sentado en el sofá. Y después de darles regalos que el hombre había guardado hacía unos días, los niños se fueron a dormir. Mamoru se levantó tambaleándose, pero pudo llegar a la cama sin ningún problema. Luego se sentó en ella y esperó a que Asami se situara a su lado. Ella se tumbó, con las manos bajo su cabeza y sus piernas cruzadas encima de la cama.
— ¿Y bien? —dijo ella antes de que él pudiera decir nada.
Él no la miró.
— Te quiero mucho —susurró él con un hilo de voz que a Asami le costó entender.
— Sí, eso lo dijiste antes de dejarme plantada diciendo que me habías hecho daño —respondió ella con una ceja arqueada mirando hacia el techo—. Así que ahora al menos cuéntame todo. Lo que sé y que me sigues repitiendo, que me encanta, y lo que no tengo ni idea.
Mamoru se mordió el labio inferior y apoyó su cabeza en la pared. Tenía que hacer algo que no se hubiera imaginado jamás haciendo. Suspiró un par de veces, armándose de valor para hablar. Luego le contó todo lo que le había contado a Akira y Chieko, resumiendo el hecho de que sabía que ninguno de ellos había aguantado jamás a Kikyo, excepto él.
— Así que la besaste —Asami suspiró.
— Ella me besó —susurró él—. Yo… lo sien…
— ¿Qué sentiste cuando te besó? —le interrumpió Asami antes de que dijera el chico palabras que tal vez serían innecesarias.
— ¿Cómo? —Mamoru la miró parpadeando confundido. Ella ni siquiera lo miraba. Mantenía una expresión fría y llena de ira hacia el techo de la habitación.
— No lo pienses, solo responde —dijo Asami—. Lo que sentiste en ese momento, sin mentiras.
— Enojado, por lo que ella había hecho; preocupado, por que Kizuna lo había visto todo —él la siguió mirando viendo que cambiaba su expresión a una de tristeza—. Con miedo —terminó. Ella lo miró confundida—. De perderte, por culpa de algo que yo no quería que sucediera jamás —Asami mantenía su expresión desconcertada, pero había cambiado un poco a la de alivio. Luego volvió a mirar al techo y Mamoru siguió mirándola solo a ella—. Lo siento —volvió a decir él desviando la mirada.
— ¿Qué sientes ahora? —Asami habló con tristeza y cerró los ojos. Él la miró preocupado.
— Mucho dolor —susurró él.
— Así lo siento yo —respondió Asami—. Pero, eres demasiada buena persona para darle un buen golpe a esa mujer.
— Lo sie…
— Bésame —Asami lo interrumpió de nuevo. No quería que se disculpara de nuevo por algo que a ella también le había pasado, aunque su situación fuera más preocupante que la de él.
— Pero… —Mamoru la miró.
Sus ojos estaban a punto de llorar y sabía que tenía que decidir con rapidez. Sí se negaba a ello, era que estaba decidiendo por encima a Kikyo. Pero si lo hacía, él se sentiría aún peor, sabiendo que la había traicionado. Decidió dejar sus sentimientos de lado, se giró tumbándose casi del todo encima de la cama y presionó sus labios con los de ella. Un pinchazo recorrió su pecho, hasta que notó a Asami rodeándolo con los brazos por el cuello. Solo entonces se atrevió a dejar sus pensamientos de un lado e intentar besarla correctamente. La acarició en el pelo mientras intensificaba su beso. En cuanto se separaron Mamoru suspiró intentando calmar sus respiraciones.
— No quiero que te acerques más a ella, por favor —susurró Asami—. Al menos no dejes que Kizuna y Kazuki se acerquen a ella.
— No lo haré —Mamoru sonrió débilmente—. No quiero perderte a ti. Ella me importa bien poco, aunque puede arruinarnos a los dos.
— Sobreviviremos con lo que tengamos —Asami sonrió débilmente—. No quiero que vuelva a besarte, por favor.
— Estás actuando celosa de verdad… —Mamoru sonrió.
— ¿Y cómo quieres que actúe? —preguntó ella—. Desaparezco cuatro años y ya te besa otra…
— Lo siento.
— Deja de pedirme perdón —Asami rodó los ojos—. Tú no tenías la intención de hacerlo, ¿cierto? —él negó con la cabeza rápidamente—. Entonces no te disculpes de nuevo. Tendría que hacerlo esa mujer.
— Está bien, Asami —Mamoru la besó en la frente—. Gracias.
— Mamoru —Asami le tocó la frente con la mano—. Estás con fiebre aún, deberías de irte a dormir.
— No —Mamoru la besó en la mejilla y la abrazó—. Ya estoy recuperando las fuerzas, no te preocupes por eso —la besó en el cuello sonriendo.
— No hagas eso, tienes que descansar —se quejó Asami intentando apartarlo de ella, pero el chico la mantenía agarrada, de manera que no podía moverse, excepto por los pies—. Mamoru, por el amor de…
— Deja de quejarte —dijo él después de interrumpirla con otro beso en sus labios—. Solo te quejas por todo —volvió a besarla.
Asami se estremeció mientras sentía sus labios en contacto con su piel. Por alguna razón ella se sentía más débil ante él o, tal vez, él había cambiado y ella no lo había notado antes. Quizás parte de las dos. Intentó apartarlo de nuevo, pero él la cogió por las muñecas y se puso encima de ella mientras seguía besándola en los labios. Asami dejó de hacer fuerza. Sentía su cuerpo completamente débil ante el amor del chico.
Mamoru entrelazó sus dedos entre los de ella, mientras la besaba en el cuello. Notaba la chica estremecerse debajo de él y eso le hizo sonreír. O la chica podía mantener la mente despejada de lo que le acababa de contar o realmente había creído en sus palabras. La escuchó murmurar un leve 'te quiero' y él se detuvo a mirarla.
— Cierra la puerta, por favor —susurró ella. Mamoru se levantó rápidamente para hacerle caso y luego se tumbó a su lado. Realmente no hacía falta que los pequeños los vieran si por alguna desconocida razón decidían despertar. Asami se puso encima de él con una sonrisa—. ¿Y bien?
— Me dejo decirte que te amo más que cualquier cosa —sonrió él—. Que eres mi mundo —la besó en la frente—, mi tesoro —la besó en la mejilla—, mi vida… —volvió a besarla en el cuello—. Te quiero por encima de todo —añadió mientras dejaba sus labios en contacto con la piel de ella—. Porque eres amable, eres sincera, bonita… amo tu sonrisa y me vuelvo loco con tus llan… no llores, por favor —Mamoru se rio mientras veía que sus ojos se inundaban.
— Lo siento, no puedo evitarlo —Asami se cubrió la cara con las manos y él la abrazó haciendo que su oído quedara encima de su pecho—. Eres terriblemente cruel conmigo.
— ¿Eso te parece cruel, eh? —Mamoru sonrió—. De acuerdo, y ¿qué te parece si te digo que amo tu inteligencia y tu sentido del humor? ¿Tu manera de hacer que un día de cielo negro se vuelva completamente azul?
— Detente ya —se quejó ella—. Me harás llorar, idiota.
— Vale, me detengo —Mamoru la acarició en la cabeza con tranquilidad—. Pero que sepas que aún conservo esta larga lista de elogios hacia ti, que he ido mejorando con estos cuatro años sin ti.
— No quiero conocerla toda de golpe, gracias —susurró ella.
— Vaya, sí que has cambiado —se rio Mamoru—. Te recuerdo que una vez me la hiciste recitar toda.
— Pero quiero que te quedes con algo que me puedas ir diciendo un poco cada día —dijo ella apartando sus manos y mirándolo.
La chica puso sus manos, una a cada lado de la cabeza de él y se apartó un poco de él. Su largo pelo cayó por un lado, haciendo cosquillas a la mejilla del chico. Mamoru puso sus manos bajo el jersey de ella y fue subiéndolas lentamente por su espalda. Asami lo besó en los labios y él se detuvo.
— Oye, esto es algo parecido a cuando te fuiste —dijo cuando ella se apartó.
— No tengo las esposas cerca, lo siento —se rio ella.
— Te ataré a ti, esta vez —dijo él arqueando una ceja.
— No te preocupes —Asami sonrió—. Te dejaré que me ates todo lo que quieras.
— Eso ha sonado terriblemente pervertido o demasiado sincero por tu parte —dijo Mamoru frunciendo el ceño. Asami se rio—. Te estás burlando de mí. Perfecto —Mamoru la rodeó con sus brazos y la empujó hacia el lado de la cama, terminando de nuevo encima de ella—. Te recuerdo que yo sí que no te perdono el hecho de que me ataras a los hierros de la cama con las esposas, ¿me oyes?
— Yo sí te perdono por ser tan tonto y dejar que te atara —Asami sonrió. Mamoru la miró confundido y ella se rio con más fuerza.
— Te sigues burlando de mí, perfecto —Mamoru arqueó una ceja—. Está bien, entonces ahora sí que tendrás que aguantarme por toda la eternidad. Ese será tu castigo.
— Te has convertido en Suzaku —Asami sonrió—. No está mal.
— Te seguiré hasta el infierno o dónde sea —sonrió él besándola en los labios—. No vas a deshacerte de mí. Jamás.
— Está bien —Asami rodó los ojos—. Te aguantaré.
— Es lo mínimo que puedes hacer, está claro —se rio él, volviéndola a besar en el cuello.
Asami le quitó el jersey al chico mientras el chico empezaba a desabrocharle los botones. Ninguno de los dos se detenía en sus besos o caricias, una vez más.
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Próximo capítulo: 'Los regalos de sus abuelos'.
