Hellow!

Humana: jajajajajaja no sé si fanfiction se ha vuelto loco o no, pero miré el correo y me dice que me enviaste un review y al mirar en fanfiction el review desapareció (?) tarda demasiado en ponerse XDDD no suena, es interesante (?) nah, es broma, porque en realidad no son solo los abuelos (?) Kikyo es maja (?) no me mates, Kikyo es genial, es uno de los pocos personajes que aún me lleva de cabeza XDDDD bueno, te dejo que leas XDDD

14 de Mayo (7 días para la publicación de Aiko).


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

Los regalos de sus abuelos

— Chicos apresuraros que llegaremos tarde —dijo Mamoru recogiendo los juguetes que ellos habían dejado al suelo.

— ¡Sí! —los dos pequeños salieron de su habitación con una pequeña mochila en su espalda—. Papá, ¿dónde están los colores de Kizuna?

— ¿Cómo que los colores de Kizuna? —Mamoru frunció el ceño mirando a la pequeña—. No los sacaste de la mochila ayer, ¿no están allí?

— Kizuna no los ha visto —dijo la niña tristemente.

— Oh, vamos, Kizuna —Mamoru suspiró—. Luego los buscamos, ¿vale?

— Pero es que…

— Kazuki, ¿dónde están los colores de Kizuna? —dijo Asami detrás del niño que había estado sonriendo mirando a la niña—. ¿Los has escondido?

— ¡¿Eh?! —Kizuna lo miró con los ojos llorosos—. Kazuki es malo con Kizuna…

— Devuélvele los colores a Kizuna, Kazuki —Asami sonrió.

El niño se giró y volvió hacia la habitación. Luego volvió con una cajita de cartón llena de colores de cera y se los dio a la niña.

— ¿Por qué Kazuki ha hecho esto? —preguntó la niña.

— Cuando entiendas a los hombres, entenderás el motivo de que hagan eso —dijo Asami sonriendo.

— Disculpa, yo jamá…

— No te atrevas a decir que no lo hiciste, porque lo recuerdo perfectamente, entre tú y Akira —Asami interrumpió a Mamoru mientras lo fulminaba con la mirada—. Kazuki no hagas llorar a Kizuna.

— Sí —el niño frunció los morros con enfado y salió por la puerta.

— Nos vamos —Mamoru besó a Asami mientras la rodeaba por la cintura—. ¿Tienes planeado algo?

— No, de momento —ella sonrió—. Si salgo te digo algo con el teléfono.

— Está bien —Mamoru volvió a besarla y cogió la mano de Kizuna que se había puesto los colores en la mochila—. Dile adiós a mamá —la niña movió la mano con una sonrisa y Asami se arrodilló para darle un beso en la mejilla. La niña enrojeció levemente mientras sonreía con una mirada soñadora, llena de ilusión y satisfacción a la vez. Mamoru tiró de ella hacia la puerta—. Kazuki espera aquí.

— ¿Papá por qué siguen aquí? —Kazuki estaba al lado de la verja observando a los periodistas que estaban al otro lado.

— Porque son insistentes en su trabajo —se rio Mamoru tosiendo un poco. Aún se sentía resfriado, pero al menos no tenía fiebre y eso era algo que le permitía volver a la normalidad—. Ven aquí, Kazuki.

El niño volvió con ellos y se cogió a la mano de Mamoru, después de que él cerrara la puerta de la casa. Se acercó a la verja, abrió la puerta soltándose unos segundos de Kizuna y la volvió a coger haciéndola pasar por la verja. Kazuki cogió el hierro de la verja y tiró para cerrarla, después de que los tres pasaran.

— No grabéis a los niños, por favor —dijo Mamoru mientras se abría paso entre ellos.

— ¿Por qué no fuisteis ayer al hotel como siempre? —preguntó Kikyo con una sonrisa llena de malicia.

— Porque enfermé —dijo Mamoru—. Y no quería que se pasaran la tarde sin estar a mi lado. Por cierto, Kikyo —Mamoru sonrió, sabiendo que ella había sido quién había hecho correr la voz acerca de que Asami había vuelto—. No quiero que te acerques más a mí o a los niños, por favor.

— ¿Qué pasa? —Kikyo arqueó una ceja y sonrió con satisfacción. Había llegado al punto que quería—. ¿Es que tu prometida está celosa de mí?

— ¿Sabes? Una mujer que hace que unos niños de cuatro años pierdan la ilusión o la fe hacia su madre, no es una mujer fiable a la que dejar que tus hijos se acerquen. Y como consecuencia, ya que quiero estar con ellos: no te acerques a mí —Mamoru sonrió.

— ¿De qué hablas?

— De que les dijiste a Kazuki y a Kizuna que su madre les había abandonado porque eran unos niños malos —Mamoru sonrió—. Lo siento, chica, pero no creo que debas de acercarte más a mi familia. Que el secuestro de su madre en un laboratorio de experimentación del que Kizuna se salvó por completo, pero Kazuki tuvo que aguantar durante dos largos años, sea un abandono. Lo siento, pero no termina de cuadrarme que puedas ser tan cruel con tus palabras Kikyo —Mamoru sonrió ampliamente—. Si me permitís el paso, tengo que llevarlos al colegio, que van a llegar tarde.

Los periodistas se apartaron confundidos por la respuesta que había dado Mamoru al respecto. Kikyo frunció su nariz mientras enrojecía de rabia y vergüenza de que él le dijera eso delante de sus compañeros de periodismo. Pero cuando Mamoru estuvo a punto de pasar por el lugar, un hombre vestido con traje se puso al medio de su camino.

— Marcos —Kazuki lo reconoció al instante y se puso detrás de Mamoru temblando de miedo.

— ¿Kazuki conoce a este hombre? —Kizuna lo miró preocupada.

— Es uno de los hombres malos que pegó a Kazuki —susurró él mientras Mamoru ponía sus brazos detrás de él para esconder a Kizuna.

¿Dónde está ella? —preguntó Marcos en inglés, haciendo que Kizuna no lo entendiera, Kazuki lo entendiera muy poco y los periodistas le comprendieran perfectamente.

¿La habéis perdido? —Mamoru sonrió hablando también en inglés—. Qué pena.

Sé que está contigo, ¿dónde? —Marcos lo miró con odio.

No sé de qué me hablas —dijo Mamoru.

— Papá habla raro —susurró Kizuna—. Igual que Kazuki cuando llegó.

El hombre lo empujó hacia la pared y Mamoru apartó sus manos para no chafar a los niños. Marcos sacó una pistola y la puso en la frente del hombre.

¡¿Dónde?! —gritó con enojo.

No nos conocemos muy bien —dijo Mamoru poniéndose serio mientras Kizuna empezaba a sollozar—. Pero amenazándome delante de mis hijos no conseguirás precisamente que mi boca hable. ¿Has perdido a Asami? Mejor para nosotros, pero yo no tengo la culpa de que se os haya ido vuestra mejor maza de experimentación con humanos. Si los del FBI y la Interpol se enteran de lo que estáis haciendo, estoy convencido de que dejarían de cubriros las espaldas en todos los asesinatos que estáis cometiendo. Si me disculpas, tengo prisa.

Tú te quedas aquí hasta que no me digas dónde está —dijo el hombre con el ceño fruncido—. Si no, me llevaré al crío de nuevo.

No te vas a llevar a nadie —dijo Mamoru a la vez que Asami justo detrás de Marcos.

El hombre se giró a mirarla y sonrió. Asami llevaba unos pantalones tejanos largos, un jersey de manga larga y cuello alto de color paja, una armilla tejana y un sombrero de pesca, también tejano. Ella le dio un puñetazo haciéndolo caer al suelo.

— ¿Qué narices…? —Mamoru miró confundido a la chica.

— Ya me siento mucho mejor —Asami se encogió de hombros y sonrió hacia el hombre, que se levantó de golpe del suelo, dispuesto a cogerla—. Yo de ti no lo haría, Marcos —dijo en inglés, sonriendo con malicia hacia él. El hombre se detuvo con la nariz fruncida llena de enfado.

¿Y por qué no? Nos robaste —dijo Marcos señalándola con un dedo.

No, yo no os robé —Asami sonrió mientras le mostraba un lápiz electrónico al hombre—. Tan solo cogí algo que sabía me mantendría con vida, a mí y a los míos —añadió ella mientras con un movimiento de su mano, el lápiz se multiplicaba por 5—. ¿Cuántos de ellos quieres? ¿Cuántos voy a tener? ¿Van a contener todos los documentos que os van a arruinar la empresa? ¿Qué dices?

¡Dámelos! —gritó el hombre intentando cogerlos, pero Asami los escondió detrás de su espalda.

Vamos a jugar un rato, Marcos. Hace tiempo que no me persigues. Pero esta vez, en mi territorio.

— ¿Asami? —Mamoru la miró confundido.

— No te preocupes —Asami sonrió hacia él hablando en japonés—. He tenido tiempo de poner en práctica las tonterías de los Kuroba, así que, podemos vernos en un rato, Mamoru.

— Por favor, no estás para ir jugando por la calle —se quejó él a modo de respuesta—. Vamos chicos.

— Pero mamá… —Kizuna miró a la mujer mientras Mamoru tiraba de los dos niños.

Asami levantó la mano a modo de despido con una sonrisa.

Dame eso —Marcos se abalanzó encima de ella, pero Asami ya no estaba.

El hombre y los periodistas miraron a su alrededor intentando ver por dónde se había ido, pero no la habían visto ir hacia ninguna dirección. Kizuna dejó que su padre tirara de ella, pero ella seguía mirando hacia atrás, esperando ver a su madre en algún sitio, mientras Kazuki a su lado, seguía temblando y mantenía su mirada fija al suelo. Mamoru se los llevó de allí con rapidez, antes de que los periodistas los abordaran. De repente, Kikyo cayó encima de Marcos y el hombre la cogió, pero luego la empujó hacia otro lado y empezó a correr detrás de algo invisible para él.

Asami tenía que decirlo. Había superado al mismísimo Kaito Kid, que tenía que usar la noche para ese truco. Había valido la pena usar los instrumentos del Laboratorio. Marcos iba corriendo en direcciones erróneas, pero así al menos lo había alejado de Kazuki. Asami se descubrió el pequeño trapo que la cubría y suspiró largamente, haciendo que los periodistas se quedaran petrificados mirándola. La ropa que llevaba, tenía pequeñas cámaras que hacía que lo que se veía detrás se viera en la parte de delante y al revés, haciendo así un cuerpo desaparecido para la vista humana.

— Pero qué idiota, y eso que no lo perfeccioné para nada —la chica sonrió hacia la prensa y luego echó a correr hacia otro lado, haciendo que los periodistas la siguieran muy de cerca.

Asami se metió dentro de un centro comercial y se escondió entre la gente. Giró su sombrero al revés, dejándolo negro, mientras seguía andando y escondía su pelo dentro de él. Luego se giró la armilla que era de color rojo por dentro y se bajó el jersey por la parte de abajo, haciéndolo un vestido que le llegaba por encima de sus rodillas. Subió por las escaleras mecánicas y se apoyó en la barandilla para ver hacia abajo. Se quedó observando cómo los periodistas se abrían paso entre la gente que iba a comprar allí, buscándola. Sonrió mientras los miraba. Los periodistas se juntaron con otros que estaban haciendo fotos al grupo de los Bullet Junior. El mundo realmente era pequeño. Llamaron la atención de los demás, haciendo que todos se pusieran a buscar a la chica. El grupo se quedaron mirando a Tetsuya que negó con la cabeza mientras levantaba las manos. El chico de pelo plateado miró hacia ella y luego bajó la mirada rodando los ojos. El grupo ahora estaba interrogando frenéticamente a Shouta, oportunidad que Tetsuya aprovechó para salir de allí.

— A parte de fastidiar tu trabajo, ahora fastidias el mío —suspiró Tetsuya en cuanto estuvo a su lado.

— No he fastidiado mi trabajo, te recuerdo que fue Jun quién lo hizo —se quejó ella.

— Pero siempre queda bien decirlo —el cantante se apoyó de espaldas a la barandilla—. ¿Estás disfrutando, eh?

— Como nunca —Asami se rio—. Pero son increíblemente tontos.

— Nunca digas eso de los periodistas, porque pueden ser extremamente pesados si se lo proponen —Tetsuya sonrió—. En concreto esa bruja que anda detrás de Hattori.

— Sí, tengo una ligera idea de a quién te refieres —dijo Asami.

— ¿Oh, ya te encontraste con ella entonces? —Tetsuya sonrió.

— Mamoru es demasiada buena persona para decirle cuándo es suficiente con sus malditas mentiras, creo —respondió Asami.

— Es un sol de mujer —dijo Tetsuya hablando con ironía.

— Brillante y deslumbrante como ella sola —añadió Asami.

— Miyano —Kikyo se acercó a él con rapidez—. ¿Por qué te fuiste de tu sesión?

— No sabes lo pesados que pueden ser los de mi grupo cuando hacen algún descubrimiento —dijo él con una sonrisa fría mirándola.

— ¿Sabes dónde está ella?

— Ni idea —Tetsuya sonrió—. Además, ¿por qué te importa tanto? Tú eres de sucesos, no deberías de estar detrás de un famoso.

— Sí, cuando es una ladrona —sonrió Kikyo.

— En serio… —Tetsuya rodó los ojos y se apartó de la barandilla para volver abajo—. Deja en paz a Sam, Kikyo, no te va a gustar con lo que te encuentres de ella.

— ¿No me va a gustar? —Kikyo sonrió interesada siguiéndolo.

— No, porque es alguien terriblemente perfecta —Tetsuya sonrió girándose hacia ella—. No encontrarás nada malo en su currículo que tú puedas usar en su contra.

— Eres malvado —se quejó la periodista—. Jamás me atrevería a usar información en contra de alguien.

— No, que va, por eso aún estamos esperando explicaciones del motivo por el que te metiste contra Kyogoku Chieko —se quejó él mientras bajaban las escaleras—. Tienes suerte de que ella lo escondiera de Hattori, porque estoy convencido de que te hubiera echado de su vida antes de que Asami volviera.

— ¿Y cómo sabes que me ha echado?

— Porque estaba claro que llamarías a todos estos periodistas para perseguir a Asami, si ninguno de nuestros amigos y ni siquiera sus familiares hemos informado al respecto para no hacerles daño —Tetsuya suspiró—. Ahora si me disculpas, debo de seguir con la sesión fotográfica. Por cierto, Asami hace un rato que se ha largado —Tetsuya señaló hacia arriba en donde habían estado momentos antes—. ¡Qué pena!

— ¿Qué? —la chica miró hacia arriba y luego salió corriendo de allí mientras la seguía buscando.

— ¿Va todo bien? —Shouta se acercó hacia Tetsuya.

— Sí, me pregunto el motivo por el que Asami habrá dejado que la prensa la viera —susurró Tetsuya.

— Conociéndola para proteger a alguien —suspiró él—. Seguramente a Mamoru-kun o a los niños.

— Deberían de prohibirle hacer eso —Tetsuya se rio.

— Sí, sería lo mejor —Shouta se rio con él.

.

Cuando llegó al hotel de los Kyogoku, Chieko prohibió a Asami que salirera de allí. Así pues, al llegar la tarde, Asami ya llevaba un rato observando a la gente sin ánimos de hacer nada. Sentada en el sillón más alejado, en una esquina en que nadie la podía ver, tomando un sorbete de limón que Chieko había insistido en hacerle y que era más ácido que los que normalmente ella había tomado alguna vez; vio a Mamoru llegando con los niños y a Chieko señalándoles dónde ella estaba. Kizuna y Kazuki corrieron hacia ella y la abrazaron.

— Hola chicos —Asami sonrió—. ¿Qué tal os ha ido?

— Bien —Kizuna sonrió tímidamente.

— Tsubasa ha vuelto a reírse de Kazuki —se quejó el niño haciendo pucheros.

— Tranquilo, en unos días podrás decirle a Tsubasa que mamá está contigo —Asami le acarició la cabeza al pequeño—. Además, no hay ningún problema en eso. Él tiene suerte de tener a una mamá que le hace comer las mandarinas, ¿cierto? —miró hacia Kizuna que sacó la lengua.

— Blegh, mandarinas —dijo la niña.

— Lo sabía —se rio Asami—. Y a Kazuki seguro que no le gusta esto —Asami señaló hacia el sorbete.

— ¿Qué es? —preguntó Kizuna.

— Limón —Asami sonrió—. Es muuuuy ácido.

— ¿Ácido? —los niños miraron hacia Mamoru que solo llegar con ellos besó a Asami en la frente—. ¿Qué es eso?

— ¿No habéis probado el ácido? —preguntó Asami.

— Sí que lo han probado —Mamoru se rio—. Kazuki no lo aguanta y Kizuna pone caras extrañas cada vez que lo come. Cosa que nos hacía reír y que terminó diciendo que no comería más porque nos reíamos de ella.

—Ah, entiendo —Asami sonrió mientras veía que el niño se ponía la pajita en la boca para sorber el líquido—. Cuidado no te lo acabes todo Kazuki.

— Blegh… —el niño se puso las manos en la boca, mientras sacaba la lengua y se la frotaba con fuerza—. No me gusta.

Kizuna hizo lo mismo que Kazuki, pero siguió bebiendo sin hacer pucheros.

— Vaya, ahora no hace caras extrañas.

— Pica —Kizuna se apartó de la bebida—. Pica el cuello.

— Sí, claro que pica —se rio Asami—. Lo ha hecho Chii-chan.

— Déjame adivinar. No te moverás de aquí, hasta que lo termines, ¿verdad? —Mamoru se rio mientras se sentaba al apoyabrazos del pequeño sillón.

— Exactamente eso —Asami se rio.

— Bueno, por el otro lado, me gusta más tenerte controlada —Mamoru sonrió acercándose a ella para besarla.

Asami se apartó de él con una ceja arqueada. Levantó el vaso y se lo puso delante para que bebiera. Él la miró sonriendo travieso y sorbió de la pajita ante la mirada confusa de Asami.

— Pero si a ti esto no te gusta —dijo Asami.

— No importa —Mamoru la besó en los labios—. Ha sido el beso más ácido que me han dado jamás.

— Se podría malinterpretar tus palabras —dijo Asami riendo—. Mantenerme controlada mientras das tu beso más ácido.

— Sabes a lo que me refiero —se rio Mamoru.

— No, no lo entiendo —dijo ella—. Hablando de entender —lo miró sonriendo—. ¿Cómo estás?

— ¿Entender y me preguntas cómo estoy?

— Del resfriado —aclaró Asami—. Jamás entendí el motivo por el que la fiebre te hace tan vulnerable.

— Para que puedas aprovecharte de mí —Mamoru se encogió de hombros.

— Chicos, en serio —interrumpió Akira—. Tenéis a los niños delante.

— Ah, ¿en serio? —los dos lo miraron sonriendo traviesos. Akira rodó los ojos y se soltó de la mano de Aiko mientras ella se sentaba en otro sillón.

— Me parece increíble que no salgan con nada pervertido estos dos microbios —Akira sonrió.

— No somos microbios —se quejaron los dos niños con cara enfadada.

— Sois enanos —Akira se rio sacándoles la lengua. Los dos niños empezaron a perseguirle, quejándose.

— ¡No es cierto!

— ¡Sí lo es! ¡Sois muuuuuuy pequeñitos!

— ¿Siempre están así? —preguntó Asami mientras los seguía con la mirada.

— Sí, no sé si parece más críos los niños o Akira —dijo Aiko. Asami y Mamoru la miraron extrañados de que dijera eso—. Akira realmente quiere a los niños —Asami se rio—. ¿Qué? —Aiko la miró sorprendida.

— Nada, que no creía capaz de escuchar jamás estas palabras referentes a Kyogoku —dijo ella.

— ¿Y? ¿Cómo estáis?

— Bien —Mamoru miró hacia Asami—. ¿Has tenido algún problema, Aiko?

— No, de momento —Aiko tocó la mesita de madera que había entre ellos—. Esperemos que así siga.

— Cierto —Asami sonrió.

— ¿Y para cuándo la boda entonces? —Aiko sonrió traviesa.

Los dos enrojecieron al instante.

— ¡¿Pe-pe-pero po-po-por qué motivo preguntas eso ahora?! —tartamudeó Mamoru escandalizado mientras Aiko sacaba la lengua divertida.

— Bueno, ya he llegado —Yui sonrió ampliamente dándole unas llaves a Mamoru. Kizuna y Kazuki estaban cogiendo las manos de Akira y tiraban uno de cada lado, mareándolo un poco.

— ¿Qué andáis tramando vosotros dos? —preguntó Asami mirándolos.

— Vamos —Mamoru la cogió de la mano y tiró de ella para levantarla—. Voy a llevarte a un sitio que te va a encantar. Kazuki, Kizuna, vámonos.

— ¡¿Eh?! —los niños se quedaron quietos y miraron a Mamoru —. ¡¿Tan pronto?!

— Sin quejas —Mamoru usó un tono amenazante y ellos afirmaron con la cabeza soltando a Akira. Corrieron hacia él y cogieron su jersey con timidez—. Vamos.

Se fueron hacia fuera y Mamoru subió a los niños a la parte de detrás de un coche. Asami se subió con ellos y observó como ellos se ataban en las sillitas detrás. Mamoru se subió al asiento del conductor y salieron por el camino.

— Me gustaría saber a dónde me llevas al menos —susurró Asami.

— Ya lo verás —dijo él con una sonrisa. Asami se fijó en los carteles de las carreteras y vio como el chico se iba hacia los límites de Tokio, se metía por una carretera de tierra y, con poco menos de 20 minutos, detenía el coche delante de una casa grande de una sola planta—. Vamos chicos.

Los niños se quitaron la atadura del sillín de niños y saltaron del coche como cohetes. Asami les siguió sin quitar un ojo a la mansión.

— Esto es…

— Una de las casas de tu hermana —Mamoru sonrió—. Me dijo que si con eso conseguía yo que no te fueras de nuevo, nos quedáramos con ella, para así poder mantenernos un poco alejados de la gente que nos puede localizar. Hicimos ese trato, aunque lo veo un poco difícil, porque de seguro ahora ya todo el mundo está intentando localizarte.

— Entonces…

— ¿Quieres vivir con nosotros aislados del mundo malo? —Mamoru sonrió mientras los niños la cogían de las manos y tiraban de ella hacia la casa.

— Yui-obaachan nos mostró todo por dentro —dijo Kazuki con una sonrisa—. Vamos, vamos.

Asami se quedó sin palabras. Yui y Mamoru habían previsto que si ellos no la encontraban ella misma hubiera escapado de allí y entonces la estarían persiguiendo para devolverla allí. Realmente estaban haciendo lo posible para que nada malo les sucediera a los niños y nada más pudiera ocurrirle a ella.

— ¿Por qué? —preguntó Asami mientras Mamoru abría la puerta de la casa. El chico la miró preocupado—. Quiero decir, ¿cómo es esto? Me refiero a que…

— Ni se te ocurra decir que aún así te van a encontrar, Asami —Mamoru dejó la llave en la puerta antes de terminar de abrirla y la abrazó con fuerza—. Vamos a intentarlo con todo nuestro esfuerzo. Nadie a nuestro alrededor dirá nada al respecto y no pueden seguirnos, porque aquí hay unos cuantos caminos y todos llevan a un terreno deshabitado de Yui, así que puedes saberlo en seguida. Ten un poco de esperanzas en esto, ¿vale?

— Está bien —Asami se agarró a su jersey intentando esconder un pequeño temblor, pero no lo consiguió.

— Asami confía en nosotros, ¿vale? —Mamoru sonrió mientras la besaba en la mejilla—. Tus padres también estuvieron de acuerdo con esto. Mañana les diré a todos dónde estamos. Hoy ya lo saben nuestras familias que son de momento los más importantes, ¿vale?

Asami afirmó con la cabeza lentamente y Mamoru abrió la puerta. Los niños cogieron a Asami de las manos y tiraron de ella hacia el interior de la casa. El comedor era como la casa en dónde habían estado entonces. Las paredes eran con el toque antiguo de piedra gris oscuro, con una chimenea y las ventanas de color madera. Los muebles todos modernos de un color blanco ocupaban algunas paredes de la casa en forma de armarios del suelo. Al medio del lugar había una mesa alargada de color negro, con doce sillas alrededor. Al lado de la mesa había un pequeño escalón, para dar una pequeña separación a la sala de estar, en la que había un sofá de cinco plazas, con un 'chaise long', de color gris claro y con una mesa pequeña y un televisor delante. Al otro lado de la sala había dos puertas, una llevaba a un baño con bañera incluido, la otra a un pasillo con cuatro habitaciones distintas. Al lado de las puertas, había la cocina, a lo largo de toda la pared y solo separada del comedor por una barra americana.

— Vaya —Asami habló con asombro—. Es muy grande.

— Si no te gusta la decoración díselo a Yui-oneechan —se rio Mamoru—. Aunque las habitaciones de los niños las eligieron ellos hace un año o así, pero…

— Lo teníais realmente planeado —Asami sonrió mirándolo.

— Me voy con mis padres para devolverles el coche y vuelvo —Mamoru la rodeó por el cuello—. También teníamos arreglada esa parte. Mi padre vendría a buscarme por la mañana y me devolvería aquí por la noche. Aunque el coche está de camino también.

— Mamoru lo estás haciendo realmente perfecto —Asami lo abrazó apoyando su cabeza en su hombro.

— Tiene que serlo —dijo él acariciando su cabeza lentamente—. Porque es para nosotros cuatro. Para que no haya ningún problema y los niños puedan crecer sin temor.

— Gracias —Asami habló casi en un susurro.

— Quédate con ellos, ¿vale? —Mamoru sonrió—. Estaré de vuelta en una hora más o menos.

Asami afirmó con la cabeza mientras se apartaba de él. Vio como se iba, dejando las llaves a dentro de la casa. Luego miró a los niños. Kizuna tenía un peluche en la mano que acababa de sacarlo de dentro de su mochila y Kazuki estaba observando con atención el interior de la chimenea apagada.

— ¿Kazuki qué haces? —Asami se acercó allí y lo apartó del lugar—. No te pongas aquí, ¿me oíste?

— ¿Qué es?

— Un lugar al que te puedes hacer daño —dijo Asami—. Esto es para calentar la casa en invierno.

— ¿Cómo?

— Pregúntale a tu padre cuando vuelva —Asami sonrió forzadamente sin ganas de responder a eso—. Ve a jugar con Kizuna, anda…

.

Al cabo de poco rato, Kizuna se plantó a su lado pidiendo para ir a ver el pequeño jardín que había a un lado de la casa. Asami sonrió hacia ella.

— ¿Hay un jardín? —preguntó mientras se apoyaba en sus rodillas para acercarse a la pequeña. La niña afirmó con la cabeza con una sonrisa—. Está bien, vamos a verlo —la niña dio un pequeño salto y salió corriendo de la casa, mientras Asami buscaba a Kazuki con la mirada y se lo encontraba de nuevo en la chimenea—. Pero bueno, Kazuki, no hagas eso. Mamá te ha dicho que no te metieras aquí, que es peligroso —cogió al pequeño y tiró de él para ponerlo al suelo—. Mira como te has puesto… —el pequeño estaba lleno de cenizas y carbón en la ropa, las manos y la cara—. Y ahora… ¿qué hago yo contigo?

.

Kizuna se quedó quieta al medio del pequeño escalón que había delante de la casa. Había una mujer que ella podía reconocer, parada delante de la casa, apoyada a una furgoneta azul cielo y con la mirada perdida.

— ¿Oneesan? —la niña se acercó a ella con lentitud intentando verle los ojos.

— Hola, Kizuna —la mujer se arrodilló delante de ella y abrió sus brazos para abrazarla, pero Kizuna se quedó quieta sin acercarse mucho a ella.

— Papá no está aquí —dijo la niña.

— ¿Dónde está? —preguntó ella.

— Ha ido con Heiji-ojiichan —respondió la pequeña.

— Toma, esto es para ti —la mujer puso su mano dentro del coche por la ventanilla abierta y sacó un peluche como el que tenía Kizuna en su mano en esos momentos—. Aunque sea un poco más tarde esta vez.

— Uaaaaaaaa… Oneesan se acuerda del cumpleaños de Kizuna —la niña sonrió feliz mientras cogía el peluche con su mano libre—. Gracias, Oneesan.

— Y esto es para Kazuki —la mujer le dio un pequeño coche de carreras a la niña—. ¿Se lo darás de mi parte?

Kizuna afirmó con la cabeza sonriendo.

— Veo que Kizuna sigue guardando los demás peluches con ella, ¿eh? —Kikyo sonrió viendo el otro pequeño muñeco.

— Sí, porque Kizuna lo puede llevar dentro de la mochila sin que papá la regañe por ello —dijo la niña sonriendo.

— ¡Kizuna! —Asami la llamó desde la puerta y la niña se giró para verla.

— Ah, mamá —Kizuna corrió hacia ella y la abrazó. Asami la cogió en brazos—. ¿Qué ocurre, mamá?

La mujer sonrió mientras Asami la miraba con desconfianza y odio.

— ¿Cómo nos has encontrado? —preguntó Asami.

— Mamoru-kun me lo dijo —respondió ella.

— Mentirosa —Asami arrugó su nariz con enfado. Esa mujer les estaba persiguiendo—. ¿A qué has venido?

— A ver a Mamoru-kun —respondió la mujer.

— No está aquí —dijo Asami—. Se fue hace ya diez minutos.

— Y os ha dejado aquí —la mujer se rio—. Por fin entendió que solo sois una carga para él.

— ¿De qué habla Oneesan, mamá? —Kizuna la miró con tristeza.

— ¡Mamoru no es así! —gritó Asami—. ¡Ni siquiera le conoces! ¡Vete de aquí y deja de decir esas mentiras delante de los niños! —añadió Asami volteándose y entrando dentro de la casa con Kizuna en brazos. Cerró la puerta con llave—. Kizuna, no le hagas caso, ¿vale? —Asami dejó a la niña al suelo—. Oneesan tiene envidia de Kazuki, de Kizuna y de mamá.

— ¿Envidia?

— Sí —Asami sonrió tristemente—. Porque Oneesan quiere estar con papá pero no puede y nosotros sí que podemos. Vamos, ve a jugar con Kazuki.

— ¿Dónde está Kazuki? —Kizuna dio una vuelta con la mirada en el lugar y no lo veía por ningún sitio.

— En la habitación de Kazuki —Asami sonrió forzadamente hacia la niña y le acarició la cabeza a la pequeña.

— ¿Qué ocurre a mamá? —Kizuna la miró preocupada.

— Nada, no te preocupes —respondió Asami—. Luego, cuando papá vuelva, iremos a ver el jardín que Kizuna dijo, ¿vale?

La niña afirmó con la cabeza y sonrió mientras corría hacia el pasillo.

Asami miró a su alrededor. Se acercó a la ventana que daba al patio delantero y observó con atención. Esa mujer, de pelo negro y ojos marrones, siempre vestida con algo rojo y la furgoneta habían desaparecido. Suspiró largamente. No sabía si sentirse aliviada o temer ese hecho, pero ahora empezaba a tener miedo de la reacción de esa periodista. Miró alrededor, dándose cuenta de que había olvidado su teléfono en la otra casa. Mientras no hubiera puertas o ventanas abiertas, no habría problema. Por si acaso se fue con los niños y los observó desde el umbral de la puerta. La habitación estaba pintada con colores claros de verdes y marrones, como si de un bosque se tratara, el suelo era de parquet, como el resto de la casa y la cama era un gran barco de madera, con sábanas de delfines y dos mástiles a la cabeza de la cama, con una bandera pirata en uno de ellos. Kizuna y Kazuki estaban sentados al suelo. La niña tenía los dos peluches y Kazuki un pequeño coche. Asami, extrañada, frunció el ceño. En todos esos días que había estado con Kazuki, jamás le había visto coger un coche, pero si pequeños barcos y los peluches de Kizuna. El niño puso el coche en su oído y sonrió.

— 'Pip' —dijo el pequeño alargando el coche hacia Kizuna.

— ¿'Pip'? —Kizuna cogió el pequeño objeto y puso su oído en él—. Es verdad, hace 'pip'.

— ¿Cómo que hace 'pip'? —Asami se acercó a ellos y se sentó en el suelo.

— Hace 'pip' —dijo Kizuna alargando el objeto hacia Asami. Entonces la niña se puso el peluche que acababa de darle esa mujer a su oído—. El peluche de Kizuna también hace 'pip'.

— ¿Quién os dio estos juguetes? —Asami miró hacia Kazuki. El coche hacía un leve pitido cada tres segundos y Asami reconocía ese ruido como el de un pequeño localizador.

— Oneesan —dijo Kizuna.

— ¿Oneesan acaba de dártelos? —preguntó Asami con el ceño fruncido y haciendo que Kizuna afirmara con la cabeza.

— Oneesan ya le dio peluches a Kizuna antes —Kizuna le dio el otro peluche que la niña había tenido en la mochila—. Pero no hacían 'pip'.

— Déjame ver —Asami lo cogió y apretó el objeto con la mano. Había un pequeño aparato dentro del peluche. Miró el muñeco con atención, pero no tenía ningún sitio de apertura para ver el interior ni parecía un muñeco de batería—. ¿Tenéis otros juguetes aquí? —preguntó Asami preocupada.

— No, papá tiene que ir a buscarlos —dijo Kazuki mientras el timbre de la puerta sonaba dos veces.

Asami miró hacia la puerta y se levantó con miedo.

— Quedaros aquí, ¿vale? —Asami forzó una sonrisa y salió de allí.

Los dos niños se miraron y salieron detrás de ella preocupados. Vieron a Asami detenerse al medio del comedor, justo detrás del sofá y que se quedaba mirando la puerta. El timbre volvió a sonar dos veces.

— ¿Qué ocurre, mamá? —preguntó Kizuna asustando a Asami que se giró de golpe después de soltar un pequeño chillido.

— Pero bueno, ¿no os dije que os quedarais en la habitación?

— Pero mamá está asustada —dijo Kazuki mientras el timbre sonaba de nuevo.

— ¿Es papá? —preguntó Kizuna andando hacia la puerta.

— Espera… —Asami la detuvo poniendo una mano delante de ella—. Papá aún tardará un rato más.

— ¿Quién es? —dijo Kazuki en voz floja—. ¿Por qué mamá tiene miedo?

— Esto… —Asami se encogió de hombros—. Mamá no sabe quién es. Vamos, iros a la habitación, ¿vale?

— Pero… —los dos niños se miraron.

— Venga, venga —Asami los empujó a los dos y observó cómo se iban con lentitud hacia el pasillo, girándose de vez en cuando para mirarla a ella—. Id —Asami puso sus manos en su cintura y los niños apresuraron un poco más el paso. Cuando se aseguró de que los dos niños estaban en el pasillo, se giró hacia la puerta y se acercó lentamente hacia allá. Cogió una pequeña lámpara que había justo al mueble de encima de la mesa y la levantó mientras giraba la llave, con cuidado de no hacer ruido. Luego cogió el pomo y lo giró para abrir con rapidez la puerta.

— Pero qué…

— Si no me quieres aquí me largo —se quejó Kogoro con una ceja arqueada.

— Ojiisan —Asami parpadeó un par de veces confusa y siguió la mirada del hombre que estaba clavada en la lámpara—. Ah, perdona —Asami sonrió mientras escondía la lámpara detrás de ella un poco ruborizada—. No te preocupes por eso, pasad.

— ¿Asami estás bien? —preguntaron Yusaku, Shinichi y Kogoro a la vez.

— Sí, no es nada —Asami dejó el objeto en su sitio mientras entraban todos. Ran, Yukiko y Eri entraron las últimas mirándose con caras preocupadas. Eri cerró la puerta.

— Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh… —Kizuna soltó un chillido asustando a Asami y a los demás—. ¡Yukiko-obaachan! —corrió hacia la mujer para abrazarla.

Asami suspiró largamente y miró hacia el pasillo. ¡Cómo no! Los niños se habían escondido a la pared y habían espiado por allí en cuanto ella se había dado la vuelta. Esos niños eran idénticos a Asami y Mamoru cuando eran pequeños. Cuando estuvo al lado de Yukiko dio un pequeño salto para abrazarla.

— Deberías de quitarte esa manía, Kizuna —se quejó Yukiko después de cogerla y hablando con trabajo—. Un día de estos terminamos las dos al suelo.

— ¿Y qué tal estás? —preguntó Yusaku al lado de Asami

— Bien —Asami sonrió forzadamente.

— ¿Sabes que los niños pueden ver a través de tu actuación, cierto? —Shinichi suspiró largamente al verla.

— Supongo… —Kazuki se acercó a Asami y le puso el coche en su mano, asustándola de nuevo. Asami lo miró.

— 'Pip'.

— Sí, 'pip' —Asami se agachó a su lado—. ¿Le dejas el coche a mamá?

El niño afirmó con la cabeza y se fue con Eri que lo estaba llamando.

— ¿Y bien? —Yusaku sonrió mientras veía a Eri y a Kogoro darle un paquete grande a Kazuki.

— ¿Qué? —Asami lo miró viendo que Yusaku, Shinichi y Kogoro estaban viéndola muy preocupados, mientras Yukiko, Ran y Eri estaban entreteniendo a los niños.

— Has cerrado la puerta con la llave y has abierto con una lámpara en la mano —se rio Yusaku—. Por mucha manía que nos tengas, esto supera las espectativas de ser tú.

— Era lo que tenía más a mano —se quejó ella ruborizada mientras veía a Yukiko darle un paquete a Kizuna.

— Pero eso te lo pueden detener en seguida, ¿no sería mejor una pistola? —preguntó Kogoro.

— Ya te vale, Kogoro-ojiisan —se quejó Asami—. ¿Cómo quieres que tenga una pistola cuando hay dos niños, que convierten un palo en una auténtica arma, rondando por aquí?

— Entonces la próxima vez les dices que te den el palo —se rio Shinichi—. Yo la tenía y jamás te diste cuenta.

— Jugábamos con ella con Mamoru cuando nos quitabais los ojos de encima, papá —respondió Asami arqueando una ceja y cruzándose de brazos.

— ¡¿Qué?! —Ran los miró escandalizada.

— Bueno, en su defensa tengo que decir que se dio cuenta —se rio Asami—. Si no, no hubiera puesto esa trampa para ratones en ella ni la hubiera dejado siempre descargada.

— Eso no es una defensa Asami —se quejó Shinichi—. Y no nos desviemos del tema de nuevo. ¿Qué ocurre?

— Otro 'pip' mamá —dijo Kazuki llamando la atención de Asami.

— ¿Qué? —Asami miró al niño que señalaba el peluche que Kizuna tenía en la mano. Yukiko observaba confundida como Kizuna mantenía el objeto en su oído.

— No hace 'pip' —dijo la niña mirando a su hermano. Movió el peluche un poco y luego volvió a ponerlo en su oído.

— Claro que no hace 'pip' —dijo Yukiko mirando hacia Asami—. ¿Debería?

Asami negó con la cabeza.

— ¿Qué es eso del 'pip'? —preguntó Eri viendo como Kazuki empujaba un camión de bomberos, la mitad de grande que él, hacia el escalón y se tropezaba con él.

— Lo mismo por el que cerré la puerta y abrí con una lámpara en la mano —respondió Asami.

— ¿'Pip'? —Yusaku y Shinichi se miraron entre ellos.

— Mamoru se fue hace una media hora más o menos —susurró Asami—. Hace ni siquiera diez minutos, ha venido esa periodista y Kizuna salió a fuera para ver el jardín. Cuando la ha visto se ha quedado a saludarla —Asami les contó lo que había pasado—. Pero es que no solo es el coche el que hace 'pip' —Asami se acercó a Kizuna y la niña le dio los peluches a la mano—. También los peluches de Kizuna. Uno hace ruido y el otro tiene algo dentro, aún siendo para niños y no llevando ni una cremallera para abrirlo. Es idéntico al peluche que acabáis de darle, Yukiko-chan —Yusaku se acercó a Asami y cogió el objeto con sus manos para comprobarlo.

Lo puso a su oído y luego miró a Shinichi afirmando con la cabeza.

— Claramente hace 'pip' —confirmó Yusaku alargándola hacia Eri que también paró su oído al ruido.

— Cada tres segundos el mismo pitido, parece un localizador —dijo Asami—. Además de que estoy convencida de que Mamoru no le habría dicho a esa mujer, ni a nadie en dónde estábamos.

— Entonces quizás por eso encontró a Kizuna, esa mujer —informó Shinichi mientras Kogoro se acercaba a Kazuki para poner en funcionamiento el camión de bomberos.

— No quiero abrirlo porque si es algo importante para Kizuna no quiero hacerle daño —susurró Asami mirando a su padre—. Además, me preocupa que no sea algo explosivo también.

El camión de Kazuki empezó a sonar asustando incluso al pequeño. Todos miraron hacia el camión y vieron al niño que se apartaba disimuladamente de él.

— ¿Qué haces? —se rio Asami acercándose al pequeño y arrodillándose a su lado.

— Bi-bo-bi-bo-bi-bo… —dijo el niño señalando el camión

— Es un coche de bomberos, sí —se rio Asami—. ¿No viste ninguno?

— Kazuki los vio en el colegio —dijo el niño mirando a su madre.

— ¿Entonces?

— Pero Kazuki jamás tuvo uno en sus manos —dijo el niño—. Los bomberos del colegio no hacen ruido.

El camión se apagó y el niño miró a Asami con tristeza, mientras Shinichi devolvía a Kizuna el peluche que le acababa de dar Yukiko.

— Enciéndelo, Kazuki —sonrió Asami mirándolo.

— ¿Encender?

— Pulsa el botón que ha pulsado antes Kogoro-ojiisan —dijo Asami con una sonrisa.

El niño miró a Kogoro para que le mostrara pero el hombre se mantuvo quieto sonriendo. Kazuki miró el camión y se acercó gateando por el suelo. Observó el juguete con atención y luego lo cogió entre sus manos. Y puso sus manos en las pilas recordando lo que Kogoro había hecho.

— No, Kazuki, aquí no —se rio Asami apartándole las manos de allí—. Aunque es bueno que recuerdes hasta esto —Asami le señaló el botón y el niño lo pulsó haciendo sonar de nuevo el camión.

— Kazuki juguemos —dijo Kizuna poniendo el peluche encima del camión—. Corre…

Los dos empujaron el camión por el lado del sofá, mientras el timbre de la casa volvía a sonar. Asami se quedó quieta mirando a la puerta.

— No creo que esa mujer sea tan tonta como para volver cuando hay un coche a fuera —sonrió Yusaku mientras abría la puerta—. ¿Lo ves? —Heiji entró seguido de Kazuha, de los abuelos Hattori y los abuelos Toyama, junto a Mamoru.

— ¡UAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH! ¡Heiji-ojiichan! —Kizuna corrió hacia el hombre y, al igual que con Yukiko, dio un pequeño salto para abrazarse a él.

— Hola bonita —Heiji sonrió hacia ella abrazándola con fuerza—. ¿Estás bien? —la niña afirmó con la cabeza.

— ¿Y a qué viene esta seriedad? —preguntó Shizuka—. Kazuki mira que te traemos…

— Bueno, por aquí han tenido un problema con los juguetes —dijo Shinichi mirando hacia Asami.

Mamoru la miró con el ceño fruncido y ella se encogió de hombros. Mamoru se acercó y la abrazó.

— ¿Qué ocurre? —susurró a su oído.

— Nada, me he preocupado demasiado, tal vez —susurró Asami—. Además, no me dijiste que habría tanta gente aquí.

— No hacía falta —Mamoru se encogió de hombros.

— ¿Dónde están Yoh y Ayako? —preguntó con el ceño fruncido.

— Según ellos estudiando —respondió Kazuha medio riendo—. Tienen los exámenes justo antes de empezar las vacaciones y no quieren perder ante las notas de sus hermanos.

— Si es con Yui seguro que no pierden —se rio Asami.

— ¿Según ellos? —Heiji la fulminó con la mirada—. Están estudiando —aseguró.

— Yo no lo diría con esta franqueza —dijeron Asami y Kazuha a la vez.

Al cabo de poco rato, llegaron Shouta y Yui, con Takuma y Kotarou. Los dos niños eran idénticos a Shouta, con los ojos verdes de Yui. Los dos niños se mostraron tímidos cuando Yui y Shouta les presentaron a Asami. La mujer solo pudo encogerse de hombros mientras los padres de los niños insistían en que se soltaran de sus pantalones para darle un abrazo a su tía. Mamoru se había quedado en la cocina, ordenando dos bolsas con las que había llegado y ayudado por Kazuha y Ran a preparar la comida.

— Veo que se lo están pasando bien —sonrió Mamoru cuando Asami se apoyó a la pared dentro de la cocina a su lado.

— Sí, se los ve muy felices a los dos —susurró Asami mientras veía que Kazuki huía de Heiji, con el teléfono móvil del moreno en sus manos.

— Hasta ahora su cumpleaños había sido una fiesta en el hotel de los Kyogoku —se rio Mamoru.

— Qué padre más aburrido —Asami rodó los ojos con una sonrisa mientras Kazuha y Ran se iban a parar la mesa con la ayuda de Yui.

— No es cierto, el padre andaba ocupado buscando a cierto desaparecido —dijo Mamoru acorralándola a la pared de la cocina mientras Heiji cogía el teléfono a Kazuki a su lado y el niño le daba un pisotón.

— Claro, siempre culpa mía —se rio ella.

— Yo no he dicho que haya sido culpa tuya —dijo Mamoru con un hilo de voz mientras acercaba su cara a la de ella—. Lo has dicho tú.

— Idiota —Asami susurró casi sin voz mientras lo miraba a los ojos.

— ¿Así que has tenido un problema con los juguetes, eh? —preguntó él sonriendo.

— Bueno, estoy convencida de que cuando te lo cuente tú también tendrás el mismo problema —respondió ella notando los labios del chico rozando los suyos.

— ¿Puedo besarte?

— Hattori Mamoru como no me beses ahora, no tendrás un problema con los juguetes sino conmigo —dijo ella en un susurro casi inaudible incluso para él.

Mamoru sonrió tiernamente y colocó sus manos una a cada lado de ella a la pared, para luego besarla. Los dos se fundieron en un largo beso, que hizo que todo el lugar para ellos fuera silencioso y agradable. No se habían dado cuenta de que realmente todos se habían quedado en silencio, observando como Kazuki se acercaba a ellos con el camión de bomberos entre sus manos. El niño alzó el camión todo lo que su peso le permitió… cuando todos vieron las intenciones del pequeño.

— No hagas eso Kazu… —Yukiko no estuvo a tiempo de detener al pequeño.

El niño activó el botón del camión mientras gritaba igual que la sirena asustando a Asami y Mamoru que se lo quedaron mirando completamente petrificados. Cuando veían que era el niño los dos miraron hacia el otro lado mientras suspiraban aliviados de que solo fuera el camión de bomberos.

— ¿Qué narices le pasa a este crío? —preguntó Mamoru frotando su frente con una mano.

— ¿Kazuki qué haces? —susurró Yukiko acercándose a él y alejándolo de allí.

— Bi-bo —dijo el niño como respuesta mientras levantaba el camión.

— Sí, bi-bo —dijo Yukiko sonriendo forzadamente—. Pero no debes asustar así a papá y mamá.

— Me lo cargo —susurró Mamoru fulminándolo con la mirada. El niño los miraba con cara preocupada. Asami cogió a Mamoru de los hombros y apretó un poco como si estuviera por hacerle un masaje.

— Tranquilízate, que acaba de cumplir los cuatro años —se rio Asami.

— ¿Pero tú has visto lo que ha hecho? —Mamoru la miró mientras levantaba las manos a la dirección donde estaba el niño.

— Sí, lo he visto y notado —Asami se rio mientras bajaba sus manos—. Creo que está celoso de que no le prestemos atención a sus juguetes.

— Oh, sí, claro, celoso —Mamoru arqueó una ceja.

— Disculpa, el niño ha salido idéntico a ti —añadió ella hablando con un hilo de voz para que solo él la escuchara.

— ¿A mí? —Mamoru entrecerró los ojos—. ¿En serio? —Asami sonrió mientras le acariciaba la mejilla—. Está bien, acepto el reto. Voy a machacar al crío.

Asami se rio a carcajadas.

— Un día de estos mataréis a Mamoru con tanto susto —dijo Kazuha acercándose a Asami—. ¿Te ayudo en algo?

— Espero que no —susurró Asami viendo como Mamoru se ponía detrás de Kazuki y empezaba a hacerle cosquillas mientras el niño le pedía que parase. Kazuha miró a la chica que sonreía con tristeza—. Es la primera vez que veo a Kazuki sonreír tanto. Me alegro de haber podido escapar de allí. Y espero que no siga siendo tan violento como fue conmigo —suspiró.

— ¿Violento? —preguntó Kazuha mirándola.

— Frank y Marcos se desahogaban conmigo cuando tenían un día malo —susurró Asami bajando la mirada— . Pero yo aguantaba todo porque no quería que Kazuki sufriera entonces los golpes. Kazuki empezaba a ver algo normal el golpear a alguien. Por mucho que le explicara él no lo entendía, hasta que un día, uno de los golpes le dio a él. Es curioso como un niño de dos años puede hacer daño a un adulto si se descontrola. Kazuki tiene mucha fuerza retenida y le pedí que no volviera a hacer lo que hizo ese día. Pero Frank entonces ya había estallado. Le siguió golpeando cada vez que a él le apetecía y mis fuerzas habían llegado a su límite, así que no pude defenderlo. Pero Kazuki me había prometido que no devolvería ningún golpe, así que ni siquiera él se defendió. En ese momento me pregunté la confianza que Kazuki tenía en mí para solo cumplir una promesa.

— ¿Ni un solo golpe? —preguntó Kazuha mirando al niño.

— Ni uno solo —susurró Asami—. Ni siquiera lloró por el dolor. Las que lloramos fuimos Dana y yo mientras lo curábamos.

— ¿Y eso lo cambió?

— De algún modo hice que se acostumbrara a sonreír aunque no tuviera ganas de eso —susurró Asami—. Yo me esforzaba por él y sin darme cuenta él me estaba imitando.

— Es muy buen chico, Asami —sonrió Kazuha—. Realmente hiciste muy buen trabajo con él, estando tu sola. Además de que al estar fuera de ese lugar, le ha ayudado a contenerse, también.

— Sí, pero me hubiera gustado que Kazuki hubiera crecido solo con Mamoru —susurró Asami—. Estoy convencida de que él hubiera podido protegerlo mejor de lo que yo lo hice allí.

— ¿Sabes que Kizuna cada día tenía pesadillas desde que un compañero de su clase le dijo que no quería jugar con ella porque no tenía madre? —preguntó Kazuha. Asami la miró sorprendida—. Kizuna… ella le preguntó a Mamoru por su madre y aunque él le contó que se la habían llevado pero que él la seguía buscando para que pudiera volver con Kizuna; ella soñaba que Mamoru la abandonaba al igual como su madre había hecho con ella. No sé qué era lo que hubiera sido mejor por los dos, pero Kizuna en vez de rechazarnos a todos, decidió que prefería no tener amigos, pero sí una familia —Kazuha se encogió de hombros y bajó la mirada—. Mamoru se esforzó con ella para darle la esperanza de que algún día pudieras volver con ella y ella cada año por su cumpleaños pedía el deseo de que volvieras con ellos. Es muy triste, ver como a una niña de tres años, le pides lo que quiere por su cumpleaños y te diga 'que mi madre vuelva'. Como si pudieras concederle todos los deseos por el hecho de ser un adulto. Pero bueno —Kazuha le puso una mano al hombro a Asami. La chica estaba triste ante esos comentarios—. Esta vez Kizuna tuvo que buscarse otro deseo cuando sopló las velas. Conociéndola será algo por el estilo a: 'poder decirle a mis amigos que tengo mamá' o tal vez algo como 'que mi mamá no se vaya jamás'.

— Ah, cierto —Asami frunció el ceño mientras miraba a Mamoru y Kazuki que estaban hablando muy rápido y Kizuna les observaba como si de un partido de tenis se tratara—. Seguramente sería algo así.


JAJAJAJAJAJAJAJAJA dioses, releer la escena en que Kazuki se pone las manos en la lengua y se la frota debido al limón me hizo pensar de nuevo en mi sobrina... tomó algo que nosotros consideramos muy poco picante y la pequeña llorando y rascándose la lengua porque le picaba demasiado XDDDD (soy una mala tía... me quedé grabándola XDDD)

Y sí, amo el trozo del coche de bomberos XD

Dos personajitos no muy detallados pero muy tímidos (?):

- ODAGIRI TAKUMA (小田切拓真), tiene 3 años. Nació el 30 de Noviembre. Su nombre significa 'Verdad, sinceridad o realidad'. Hijo de Yui y Shou-chan. No tiene alias, pero más adelante su hermano empezará a llamarlo Tako (de pulpo) y sus amigos Kuma (de oso). En realidad amo ese nombre XD.

- ODAGIRI KOTAROU (小田切虎太郎), tiene 2 años. Nació el 31 de Octubre. Su nombre significa 'valiente o soberbio'. Hijo de Yui y Shou-chan. No tiene alias, pero más adelante su hermano (en venganza) empezará a llamarlo Kota (sin significado específico, aunque hay algunos nombres que significan por ejemplo viejo arrozal (muy vengativo Takuma (¿)) y como consecuencia los demás empezarán a llamarlo Dakota (sí, sí como Dakota del Norte (que significa aliado o amigo (del Norte (¿))).

Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!

Próximo capítulo: 'Dos rivales de más'.