Hellow!

Humana: nah, el golpe estaba de más, siendo que es ella la que siempre se larga (?) como siempre gracias por tu apoyo! *O*

17 de Mayo (4 días para la publicación de Aiko).


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

El caso

Asami escuchó la puerta abrirse. Estaban en la casa que Asami había comprado, mientras esperaban a que él volviera para irse a la casa de Yui.

— Papá ha vuelto —dijo con una sonrisa mirando hacia los niños. Los dos se levantaron del suelo corriendo para ir a verlo, pero se quedaron parados a medio camino. Asami los siguió lentamente y miró a Mamoru. Estaba mojado de pies a cabeza, debido a la lluvia, pero sus ojos estaban perdidos completamente en el suelo. Los niños corrieron hacia él y Asami se acercó a grandes zancadas—. ¿Qué ha pasado? —los niños se abrazaron a sus piernas y Asami lo aguantó, por debajo del brazo, para que no lo tiraran—. ¿Estás bien? —él se abrazó a ella—. Mamoru.

— Lo siento.

— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó ella de nuevo ante la voz muy débil de él.

— Déjame quedarme así, por favor.

— ¿Papá? —Kizuna se apartó de él y lo miró—. ¿Papá está bien?

Mamoru se apartó de Asami y se agachó para ver a la niña, mientras Kazuki seguía estando agarrado a su pierna.

— Papá ha tenido un día complicado —susurró él—. Se le pasará.

— ¿Seguro? —preguntó el pequeño soltándolo.

Mamoru afirmó con la cabeza mientras forzaba una sonrisa. Los dos niños se abrazaron a él con fuerza.

— Está bien, está bien —Mamoru miró a Asami que estaba mirándolo preocupada. Él le hizo una mirada llena de dolor mientras devolvía el abrazo a los niños—. Papá estará bien, vamos, id a jugar —Mamoru sonrió—. Papá tiene que hablar a solas con mamá, ¿vale? —los dos afirmaron con la cabeza y se alejaron a paso lento de allí. Girándose para verlo unos segundos y luego volviendo hacia detrás del sofá. En cuanto los niños estuvieron suficientemente lejos, Mamoru se dejó caer al suelo con un suspiro.

— ¿Qué ha ocurrido? —Asami cerró la puerta de entrada y se arrodilló a su lado.

— Han matado a un niño de seis años —susurró él casi sin voz. Asami sonrió tristemente y lo abrazó—. No por nada, solo por una maldita pelea.

— ¿Una pelea? —Asami se apartó y lo miró buscando sus ojos perdidos al suelo—. ¿De qué hablas?

— Secuestraron al niño y le obligaron a pegarse con otros niños hasta que no pudo aguantarlo —susurró él—. Sus padres llevaban buscándolo dos días. Las heridas que tenía eran de una pelea con otro niño y hemos encontrado un papel de una apuesta de una pelea clandestina. El nombre era de ese niño y de otro niño de cinco años que también estaba desaparecido —Asami miró hacia el sofá, asegurándose de que los niños no les estaban viendo o escuchando—. Temo por ellos —añadió mirando también hacia allí—. ¿Qué persona obligaría a pelearse a dos niños a la vez? ¿Quién sería tan cruel por apostar por ellos? ¿Quién narices iría a ver esa crue…? —Asami lo abrazó con fuerza, apagando sus palabras contra su hombro—. ¿Por qué? ¿Por qué tiene que haber gente así?

— Este es el trabajo de un detective, Mamoru —susurró ella—. Lo sabes bien. Hubo muchas veces que me pregunté lo mismo y entonces, intentando saber el motivo por el que hacían algo, terminaba poniéndome en su piel y sintiendo pena por ellos. Mejor que no intentes entender eso, por favor… porque terminarás loco.

— Asami.

— Dime.

— Tengo que investigar esto.

— Mamoru, deja que alguien más se encargue de este caso, por favor —Asami se apartó de él y lo miró, pero él desvió la mirada rápidamente hacia el suelo. Entonces, ella le cogió de la barbilla y le alzó la cabeza—. Mírame, Mamoru, por favor —él lo hizo—. Deja que otros se encarguen, no quiero que te destroce los sentimientos solo un maldito caso, por favor.

— ¿Y si no consiguen resolverlo, quiénes sean los que lo hagan? ¿Y si los próximos son Kazuki o Kizuna? —Mamoru se mordió el labio y la miró en silencio. Sentía demasiada opresión en su pecho. Asami lo miró con tristeza. Ella también conocía esa sensación. Ella también había pasado por ese dolor hacía tiempo. Si sucediera, si luego secuestraran a Kazuki o Kizuna, ella estaba convencida de que él no podría quitarse la culpabilidad de encima—. Quiero hacerlo, por favor.

— Mamoru no quiero que te fuerces, ¿vale? —Asami sonrió amablemente, intentando alegrarlo un poco—. En cuatro días, Aiko publicará todo aquello y vamos a necesitarte aquí. Resuélvelo y vuelve con nosotros lo más rápido que puedas, pero, no te fuerces —lo abrazó con fuerza—. Sé que darás todo de ti, pero, no quiero que te tortures por esto —él se cogió a su jersey y cerró los ojos, sintiendo la calidez de ella—. Si me necesitas para algo, puedes contar conmigo, ¿vale?

— Lo sé —susurró él empezando a temblar.

— Tienes que cambiarte de ropa —Asami se apartó un poco—. Vas a coger un resfriado peor —él no se movió de como estaba, se sentía bien a su lado. Ella tiró de sus brazos y lo ayudó a levantarse del suelo, llevándolo entre sus brazos hacia el baño—. Vamos, quítate esto, voy a buscarte ropa seca —él no la soltó—. Mamoru.

— Por favor, solo un poco más —susurró él casi sin voz abrazándose a ella con más fuerza.

— Mamoru, si te enfermas no irás a investigar nada, ¿lo sabes, verdad? —Asami suspiró largamente mientras rodaba los ojos.

Al mirar hacia el sofá vio a los dos niños espiándolos. Ella hizo señas para que se acercaran, sin que Mamoru se diera cuenta y los dos pequeños se acercaron rápidamente para abrazar de nuevo a su padre.

— Kazuki, Kizuna —él los miró sonriendo—. Perdonadme. Papá no se encuentra bien hoy.

— No importa —dijeron los dos pequeños a la vez sonriendo aliviados—. Pero recupérate pronto, ¿vale? —terminó Kazuki.

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Mamoru, en cuanto se cambió de ropa, estuvo jugando con los niños el resto del día, hasta que después de cenar decidió decir lo que no les había dicho.

— Chicos —susurró con voz seria para que los dos dejaran de ver el televisor y los miraran—. Papá tiene que ir a investigar algo, ¿vale?

— ¿Eh? —los dos lo miraron quejándose—. ¿Por qué?

— Porque este es el trabajo de papá —se rio él—. Vais a quedaros con mamá unos días, ¿vale?

Los dos miraron a Asami sonriendo.

— ¡Vale!

— Ahhhhh… —suspiró largamente—. ¿Por qué estáis tan contentos?

— Porque es mamá —dijo Kizuna.

— Pero yo me voy —se quejó él.

— Pero nos quedamos con mamá —dijo Kazuki levantando sus manos.

— No vas a sacar respuestas válidas a eso, Mamoru —se rio Asami.

— Será posible —Mamoru finalmente sonrió—. No voy a estar en unos días, así que hacedle caso a mamá, ¿vale?

— Sí —dijeron los dos a la vez sonriendo hacia Asami—. ¿Cuándo se va papá? —preguntó finalmente Kizuna.

— Mañana, después de llevaros al colegio, ¿vale? —Mamoru sonrió.

Los dos afirmaron con la cabeza con una sonrisa.

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A la mañana siguiente, Asami acompañó a todos al colegio, como había hecho los otros días, con una gorra recogiendo su pelo y ropa larga para cubrir su pálida piel. En cuanto estuvieron al colegio, la directora estaba esperando a todos los niños a la verja de hierro, como siempre.

— Buenos días, Miaka-sensei —sonrió Kizuna acercándose a ella cogida de la mano de Mamoru.

— Buenos días, Kizuna-chan, ¿qué tal te encuentras hoy?

— Muy bien —sonrió ella con energía.

— Muy animada, veo —se rio la directora.

— Sí —Mamoru se rio—. Voy a estar fuera unos días, así que ella los va a llevar y los vendrá a recoger, ¿vale? —dijo Mamoru en voz baja.

— Ah, claro —la mujer sonrió hacia Asami que hizo una pequeña reverencia—. No hay problema. Me alegro de que sea así, al menos los niños ahora están contentos.

— Eso parece —sonrió Asami agachándose delante de Kazuki—. Llevaros bien, ¿vale? —el niño afirmó con la cabeza—. Dale un abrazo fuerte a papá.

— Bueno, me voy —Mamoru se agachó delante de Kizuna y la pequeña lo abrazó con fuerza—. Volveré en seguida, ya lo verás —Kizuna afirmó con la cabeza y se apartó de él para entrar al colegio. Kazuki se acercó a él y lo abrazó con fuerza—. Que tengas un buen día, Kazuki.

El niño afirmó y corrió junto a Kizuna. Los dos se pararon y los miraron unos segundos antes de acercarse a sus profesoras. Mamoru les hizo 'adiós' con la mano con una sonrisa, mientras Asami se cruzaba de brazos intentando evitar el mostrarse sentimental con ellos. Cuando iban a irse, Kikyo se acercó a ellos.

— Mamoru-kun —él se giró ante su llamada y luego suspiró. La mujer miró a Asami que la miraba de reojo—. ¿Aún estás aquí?

— Va a estar mucho tiempo aquí —se quejó Mamoru hablando con desprecio y poniéndose delante de la mujer para que dejara de mirar a Asami—. ¿Qué quieres?

— Bueno, me preguntaba si necesitabas que te ayudara en alguna cosa —dijo ella—. Me he enterado de que te irás a investigar tu solo. Con el respaldo solo de Shinichi-san y Heiji-san.

— No tienes porqué saber de mí y por favor deja de acercarte a mí. Ya te lo dije, no quiero verte cerca de mí, Kikyo-san —dijo él.

— ¿Puedo saber qué he hecho? —preguntó ella acercándose más a él. Asami se puso al medio de los dos.

— Hacerle sentir culpable por algo que tú hiciste —sonrió la hija Kudo con una mirada llena de malicia—. Así que no vuelvas a acercarte a mi prometido, o recibirás consecuencias severas por mi parte.

— ¿Me estás amenazando? —Kikyo sonrió—. Además, estoy convencida de que no has escuchado la verdadera historia.

— En realidad no me importa tu versión de la historia —respondió Asami encogiéndose de hombros—. Yo solo voy a creer a Mamoru.

— ¿Mi versión? —Kikyo se rio—. Mucho me temo que es la realidad.

— Si tú lo dices —dijo Asami con una sonrisa triste. La gente empezaba a mirarlos y Mamoru rodó los ojos al verlo.

Flashback

— ¿Y sigues sin encontrar ninguna pista acerca de Asami-chan? —preguntó Kikyo estando sentada en la mesa, a su lado, justo después de que Kizuna se fuera a dormir.

— Sí, ya solo me queda buscar el nombre de esa mujer, pero hay mucha Dana por Estados Unidos, ¿no crees? —Mamoru sonrió hacia ella falsamente. Kikyo se rio tontamente de nuevo y se removió un poco, quedando más cerca de él—. Bueno, ¿y cuándo vas a dejar de acosarme como periodista?

— Acosarte —Kikyo frunció los morros desviando la mirada—. Esa es una palabra muy mala.

— Sí, claro —Mamoru sonrió mientras un trueno se escuchaba a fuera—. Oh, vaya, debe de estar lloviendo de nuevo —Mamoru comentó mirando al techo, luego volvió a mirarla a ella. Habría jurado que la chica estaba más cerca de él aún—. Deberías de buscarte un novio, en serio. Pasas más tiempo conmigo que con tus amigos estos de los que me hablas.

— Bueno, ellos jamás han tenido tiempo para mí —se quejó ella encogiéndose de hombros—. Creo que ya te lo había dicho, ¿no?

— Sí, pero mis amigos no te aguantan —respondió Mamoru.

— Tus amigos no me importan —respondió ella sonriendo tristemente.

— El problema es que me estoy alejando demasiado de ellos —Mamoru se encogió de hombros—. Me lo van a echar en cara luego y cuando vuelva Asami pasaré más tiempo con ellos. Así que, sea lo que sea que haya pasado, ¿no sería mejor que te reconciliaras con los tuyos?

— No me importan los míos —Kikyo sonrió con falsedad acercando su cara a la de él con lentitud.

— ¿Sabes? Aunque a ellos no les importes, yo…

— Mamoru-kun —Kikyo bajó la mirada con una sonrisa—. Mamoru-kun yo sé que no puedo ser por ella una sustituta de Asami-chan, pero yo quiero ser alguien importante para vosotros.

— Ya lo eres, Kikyo —Mamoru se acercó a ella con los ojos brillantes y la acarició en la mejilla—. Así que no te preocupes, podremos rehacer nuestras vidas. Solo dame un tiempo para asumir todo lo que está sucediendo con la niña y eso.

Mamoru apretó sus labios contra los de ella, haciendo que el corazón de Kikyo empezara a latir con fuerza.

Otro trueno se escuchó a fuera y él se apartó de repente, mientras las luces se apagaban.

— ¿Onee-san? —los dos miraron hacia la puerta que llevaba a la habitación de Kizuna. La niña les estaba mirando de pie, cogida con una mano al brazo de un osito de peluche.

— Kizuna —Mamoru se levantó de golpe y se acercó a ella asustado—. ¿Qué haces fuera de la cama?

— Miedo —dijo la pequeña señalando hacia fuera.

— ¿Te dan miedo los truenos? —susurró Mamoru con tristeza mientras la cogía en brazos—. No pasa nada —sonrió hacia ella mientras ponía su frente tocando la de la niña—. No pasará nada mientras estés con papá, ¿vale? —la pequeña afirmó con la cabeza y cerró los ojos con cansancio—. Vámonos a dormir, Kizuna —ella se abrazó a él con un brazo mientras ponía el osito entre los dos, abrazándolo también—. Nos vemos mañana, Kikyo —dijo Mamoru sonriendo hacia ella. Luego se fue con Kizuna en brazos.

Kikyo sonrió mientras ponía sus manos en sus mejillas ardientes. Su sueño hecho realidad.

Fin del Flashback

— Él fue quién me besó primero —dijo Kikyo sonriendo con malicia al recordarlo.

Asami notaba que su sangre aumentaba la velocidad de la circulación en sus nervios. Estaba completamente enojada. Antes de decir o hacer nada se rio, intentando hacer que nadie pudiera notar su nerviosismo. Las clases de la cara de póquer de los Kuroba, como siempre le servían para eso.

— Mira, me importa poco lo que te hiciera —dijo finalmente mientras intentaba apagar el temblor de su voz—. Kizuna y Kazuki son mis hijos y eso sé que no va a cambiar tus celos. Así que si no te importa, aléjate de mi prometido, no te lo volveré a repetir —añadió en un hilo de voz, para que solo lo escuchara ella.

Kikyo frunció la nariz completamente enojada.

— ¿Me estás amenazando? —la mujer miró hacia Mamoru al ver que Asami no respondía a su furia—. ¿Cómo narices dejas que controle tu vida?

— Mal te pese… —Mamoru abrazó a Asami por la espalda—, ella sigue siendo mi vida, así que no me importa. Además, yo si estuviera en su situación ya te habría dado una buena paliza por besarla.

— Y aún no lo has negado —Asami rodó los ojos.

— Y tú te lo has creído —respondió Mamoru.

— Pervertido.

— Mentirosa.

Kikyo parpadeó confusa por la pequeña conversación que estaban manteniendo esos dos con tanta familiaridad, mientras la gente los miraba murmurando cotilleos.

— Además —Asami sonrió tímidamente—. Ya tenemos dos cosas en común. Las dos queremos a Mamoru y las dos fuimos besadas por él primero. La única diferencia es que yo puedo tenerlo conmigo todo lo que quiera. Porque él sigue siendo un celoso conmigo y no contigo. Además, él y yo tenemos dos cosas más importantes que compartimos y que jamás tendrás tú. Si no te importa, tenemos que irnos.

Mamoru se apartó de ella y la cogió de la mano.

— Disculpe, señora —un niño se acercó a Asami sonriendo con inocencia.

— ¿Dime? —Asami se arrodilló delante del pequeño.

— ¿Es usted la mamá de Kizuna? —dijo el pequeño.

Asami se mordió el labio inferior mientras notaba a Mamoru estrechar su mano.

— Sí, así es —Asami sonrió amablemente—. Y tú debes de ser Tsubasa-kun, ¿cierto?

— Uaaaauuuuhhhh —el niño sonrió después de afirmar con la cabeza—. Qué bonita.

Asami se rio tímidamente.

— Gracias.

El niño se fue corriendo hacia dentro del colegio y gritando.

— ¡He visto a la mamá de Kizuna!

— ¿Y por qué solo de Kizuna? —murmuró Mamoru entre dientes mientras Asami se levantaba.

— ¿Sabes? Cada día te pareces más a mi padre —se rio Asami hablando en un tono de voz muy bajo. Mamoru la fulminó con la mirada—. Vamos, que llegarás tarde, al final.

El chico afirmó con la cabeza y tiró de su mano sonriendo, sin ni siquiera mirar atrás hacia Kikyo. La mujer los observaba con odio en su rostro y apretaba sus puños con una fuerza llena de ira.

.

Asami pasó el resto del día con sus abuelos Mouri. Cuando fue a ver a Kogoro, se encontró con que Eri tenía el día de fiesta, así que los dos la invitaron a quedarse por allí. Luego, fue a buscar a los niños al colegio y Kogoro los acompañó con el coche hasta la casa. Se sentía nerviosa de algún modo. Estar a solas con los dos niños, le hacía pensar que tal vez podría hacer algo mal que les sacara de su rutina. Pero Kizuna y Kazuki tampoco querían llevarle problemas a nadie, así que, sin pensárselo dos veces, le pidieron a Asami hacerse ellos la merienda, que les ayudara con los deberes y en parar ellos la mesa mientras Asami hacía la cena. De algún modo, Asami se sintió aliviada al ver que los dos niños eran suficientemente independientes ellos solos, pero también necesitaban de su ayuda en algunos momentos. Después de cenar, Mamoru les llamó al teléfono de Asami y los tres estuvieron hablando con él durante más de diez minutos, hasta que Mamoru les dijo que se fueran a dormir los tres, porque había escuchado algún que otro bostezo por el otro lado del teléfono. Sin quejas, los dos pequeños se fueron a bañar con la ayuda de Asami, se pusieron el pijama y se metieron en la cama, cada uno en su habitación.

Asami fue a darles un beso de buenas noches a los dos. Primero a Kazuki, que ya había visto que siempre era el que menos tardaba en dormirse. Luego Kizuna. Cuando entró en su habitación, estaba convencida de que los dos pequeños se habían puesto de acuerdo. Kazuki amaba los piratas, pero tenía las paredes pintadas en bambú y árboles, todo con distintas tonalidades de verdes y marrones. Kizuna amaba los ninjas, se había dado cuenta cuando en esa tarde había encendido el televisor y la pequeña se había quedado mirando embobada una película que por azar estaban dando en ese canal. Pero las paredes de su habitación eran de tonalidades azules simulando el ancho mar. Kazuki tenía una cama simulando un barco pirata con la bandera incluida, y si estiraba una de las maderas del lado de la cama, se convertía en un escritorio. Kizuna, tenía su cama metida en una especie de ancho cubículo, con paredes y abierto por el medio en forma de cuadrado, lo más arriba posible del todo. Las paredes del cubículo seguían siendo de las tonalidades del mar para camuflarse en ellas y tenía una cortina que seguía con las decoraciones para encerrarla a dentro y así que no se viera desde el exterior. Debajo de su cama, había otros dos cubículos igual de grandes y completamente parecidos: uno con un pequeño sofá del estilo de las sillas japonesas para comer, sin patas y rozando el suelo, con una mesa delante; el otro cubículo, estaba lleno de recortes de periódico y pósters de Asami, y también de algunos ninjas manga, con una escalera escondida grande, para que pasara la pequeña para poder irse a dormir. Asami se apoyó en el cubículo de arriba y sonrió al verla metiéndose dentro e intentando cubrirse bien con la sábana. Ella la ayudó a tirar de la sábana para cubrirla del todo y la niña la miró poniéndose de lado.

— Mamá.

— Dime —Asami le acarició la frente mientras sonreía.

— ¿Mamá está bien sin papá? ¿Solo con Kizuna y Kazuki?

— Claro que sí —Asami se rio en un susurro—. Porque mamá los quiere mucho a todos. Aunque también quiere que esté papá —la niña hizo una pequeña risa traviesa mientras se cubría la boca con las dos manos—. ¿Qué ocurre?

— Mamá ha dicho lo mismo que papá —dijo ella.

Asami sonrió.

— A dormir —dijo con voz baja pero con un tono autoritario—. Ahora.

— Sí —la niña cerró los ojos con una sonrisa en su boca—. Buenas noches.

— Buenas noches, Kizuna.

Asami se fue hacia el comedor y se sentó en el sofá con cansancio. Realmente ir detrás de los niños cansaba aún más que ser un niño. Era entonces cuando entendía a su padre o a sus abuelos cuando le decían que se detuviera un momento para dejarlos descansar. Observó el lugar con tristeza. Alejada de la ciudad, sin ningún vehículo ni carné a su disposición y con dos niños a su cuidado. Si alguien les atacaba ahora, ¿qué podría hacer para defenderse? Estaba claro que esa mujer iba a aprovechar la oportunidad, ahora que Mamoru no estaba para hacerles algo, y más cuando sabía dónde estaban. Shinichi consiguió abrir el peluche de Kizuna y llevaba un localizador con batería para un poco más de un año. Por eso los había podido encontrar.

El teléfono sonó y ella lo cogió con rapidez.

— ¿Diga?

— ¿Se fueron a dormir ya? —preguntó Mamoru al otro lado.

— Sí —Asami sonrió—. ¿Va todo bien por allá?

— De momento sí —dijo Mamoru—. He conseguido que me dieran la dirección, así que mañana iré allá a ver —no parecía muy satisfecho—. Asami no me siento nada cómodo con esto.

— Lo sé —ella susurró en una voz muy débil—. Solo espero que vuelvas pronto y a salvo.

— Tendré cuidado, te lo prometo —Mamoru sonrió—. También te lo prometí esta mañana.

— Cierto.

— ¿Cómo estás tú? ¿Te dieron algún problema? —preguntó Mamoru.

— No, todo está bien de momento —Asami miró hacia el pasillo, asegurándose de que ninguno de los dos niños se hubiera levantado—. Mamoru, realmente están ansiando tenerme con ellos, pero yo…

— Lo harás bien —interrumpió Mamoru sus palabras—. Lo harás muy bien. Porque no necesitan más que comida, higiene, salud y amor. Mientras cuidemos de ellos no habrá ningún problema, Asami.

— ¿Y si les pasa algo? —preguntó ella en un tono de voz desesperado—. Sabes que siempre termino metida en los peores problemas, ¿y si a uno de ellos les afecta?

— Estoy convencido de que tu padre pensó en lo mismo antes de que nacieras —Mamoru sonrió—. No hay nada de qué preocuparse, Asami. Daremos lo mejor de nosotros para protegerlos.

— ¿Podremos hacerlo realmente? —Asami suspiró—. Si tú no estás algún día y hay un incendio o…

— Kazuki y Kizuna te ayudarán para que los saques de allí —Mamoru se rio—. Oye, si te preocupa tanto su seguridad, entonces estoy convencido de que no te vas a bloquear para ayudarlos. Pero, prométeme que no te harás daño a ti misma pensando que estás haciendo algo mal, Asami.

— No voy a hacer eso.

— Nos conocemos —Mamoru habló con un tono de duda—. El único problema que tienen esos dos chicos es que pueden ver a través de las expresiones de la gente, por muy falsas que sean. Incluso lo vieron una vez en los Kuroba. Así que si te ven preocupada y te preguntan por ello, no les mientas. Habla con ellos y estoy convencido de que, aunque sea una tontería, ellos te responderán por encima de tus temores. Si les mientes harás que se preocupen por ti y entonces podrías terminar haciéndote daño a ti misma.

— Está bien —susurró Asami.

— ¿Qué haces ahora? —preguntó Mamoru, después de un corto silencio.

— Vigilar el sofá —Asami se rio tímidamente.

— Vete a la cama.

— ¿Por qué? Aquí se está mejor —Asami se tumbó en el sofá de lado—. Huele a Mamoru.

— Vete a la cama —dijo Mamoru.

— No, prefiero este lugar —Asami cerró los ojos—. Mamoru.

— Dime.

— ¿Podrías quedarte conmigo hasta que me duerma? —susurró ella con un tono de voz muy bajo.

— Claro, aunque aún no inventaron los teléfonos para poner una mano dentro de él y poder acariciar al otro lado —susurró él.

— Te harías más rico y famoso si lo patentaras —Asami se rio girándose bocarriba y mirando hacia el techo.

— No te rías, que en dos días esta tecnología podrá estar aquí —dijo él—. Deberíamos de prepararnos para ella.

— Sí, psicológicamente —dijo Asami—. Será muy traumático que puedas estar separado de mí tanto tiempo tocándome sin estar ahí.

— Ahhhhhh… —Mamoru se calló dejando a los dos en un silencio de diez segundos—. Cierto, mejor no —Mamoru sonrió al otro lado del teléfono—. Así seguro regreso antes.

Asami cerró los ojos de nuevo.

— Te quiero —dijeron los dos a la vez después de otro largo silencio.

— ¿Sabes lo que me ha pasado hoy? —Mamoru decidió hablar él para que ella pudiera descansar bien—. Estaba llegando a comisaría, cuando me ha parado un oficial y…

Asami lo escuchó sonriendo y con los ojos cerrados. Entre el cansancio, la voz suave del chico y el no moverse, terminó durmiéndose escuchando el teléfono.

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— ¡Mamá! —Kizuna apareció corriendo por el comedor haciendo que Asami se levantara de golpe y por poco no tropezara con sus propios pies.

— ¿Qué? —la miró. La niña estaba intentando vestirse, pero no podía ponerse bien el jersey, mientras era perseguida por Kazuki—. ¿Qué hacéis?

— Kazuki quiere hacer daño a Kizuna —la niña corrió detrás del sofá y se escondió entre las piernas de Asami.

— Kizuna ha despertado a Kazuki con un vaso de agua —se quejó el niño.

— Porque Kazuki no quería levantarse —se quejó ella—. Papá nos dijo que cuidáramos de mamá y por eso no podemos darle problemas a mamá. Por eso, si Kazuki no se levanta entonces le llevará problemas a mamá.

— Chicos, vale, vale —Asami decidió intervenir viendo que Kazuki se estaba enojando—. Kizuna, aunque sea divertido no puedes despertar a Kazuki así —Asami se apartó y la ayudó a ponerse bien el jersey—. Kazuki tienes que ser un poco responsable y ayudar a mamá ahora que papá no está aquí, ¿vale? —Kazuki fulminó con la mirada a Kizuna y la niña bajó la mirada mientras se escondía detrás de Asami—. ¿Qué hora es?

— Las ocho —dijo Kizuna con un suspiro.

— Oh, vaya —Asami frunció el ceño—. Vestiros deprisa, en menos de veinte minutos Heiji-ojiichan estará aquí para llevarnos al colegio, venga —Asami los empujó con suavidad a los dos—. Vamos, mientras mamá hará el desayuno.

— Sí —los dos corrieron hacia el pasillo, dándose pequeños empujones.

Asami se apresuró hacia la cocina y empezó a preparar la comida, mientras sacaba los platos y paraba la mesa. En menos de diez minutos, la comida estaba lista y los niños sentados en la mesa. Asami, mientras los niños comían, se dispuso a preparar el 'obento' de ellos dos. En poco tiempo, cuando ya les había puesto todo dentro de la mochila llegaron Heiji y Shinichi. Asami se quedó sorprendida cuando dejaron entrar a un montón de policías detrás de ellos.

— Lo siento, tenemos a Kikyo metiendo las narices en la comisaría y por eso hemos venido hasta aquí —dijo Heiji—. Me llevo a los niños al colegio y vuelvo aquí para terminar con esto.

— Sí, claro —Asami los dejó entrar a todos aún confusa por todo el material que llevaban.

— Mamoru está casi llegando, así que tenemos que ir rápido a montarlo todo —dijo Shinichi mirando hacia su hija—. Seguro quieres saber cómo va todo, ¿cierto?

— Claro que sí —Asami sonrió—. No hace falta que me pidas de eso.

— Venga chicos, vamos —Heiji cogió a los niños de las manos que se acababan de poner la mochila en la espalda y sonrieron con timidez hacia Asami.


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Próximo capítulo: 'Consejos'.