Hellow!
Humana: jajajaja en realidad me pareció ser muy mala con el pobre Heizo, pero es una venganza por golpear a mi Heiji (?) XDDD todos tienen bebés (?) un día de estos hago un resumen de familias y demás XDDDD
21 de Mayo (ya se ha hecho la publicación de Aiko).
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
La verdad
No habían pasado ni cuatro horas que los cuatro ya habían desembarcado del avión y estaban por llegar a la casa en Tokio. Mamoru llevaba a Kizuna en su espalda, a quién le seguían doliendo los pies. Kazuki estaba cogido de la mano de Asami con fuerza, con miedo a que se fuera de su lado por todo lo que había pasado ese día.
— Ya estamos —dijo Mamoru justo antes de girar la última esquina.
— Los periodistas pueden dar mucho miedo —Asami cogió a Kazuki en brazos—. ¿Crees que van a ser crueles?
— No. Seguramente un poco pesados —se rio él—. Pero bueno, muchos de ellos no sabían que habías vuelto así que será normal si nos arrinconan en algún lugar.
— Bueno, me conformo con lo que venga, mientras no sea Kikyo-san —miró de reojo el chico que sonrió ágilmente.
— Sería divertido ver vuestro encuentro en las pantallas —respondió con agilidad—. Aunque prefiero que no esté entre ellos, porque esta vez sí serás capaz de hacerle daño.
— Oh, no sabes cuánto —Asami sonrió complacida.
— ¿Preparada? —preguntó él después de dar un largo suspiro.
— Sí, eso creo —respondió ella bajando la mirada.
— Vamos entonces —Mamoru la rodeó con un brazo por la espalda mientras se aseguraba de que Kizuna no podía hacerse daño—. Bueno, los que pueden dar más miedo… —Mamoru arqueó una ceja al ver como estaba la casa rodeada por la gente—. Son tus fans.
— Me olvidé por completo de ellos —Asami abrió los ojos desmesuradamente al reconocer unas cuantas caras.
— Esos sí van a dar miedo. ¿Crees que tendremos una batalla campal entre periodistas y fans? —Mamoru la miró parpadeando.
Los dos se rieron con fuerza ante la idea.
— No —dijeron a la vez no muy convencidos de sus palabras—. Imposible.
Los dos empezaron a acercarse a la multitud, hasta que alguien se giró y los vio.
— Asami-chan —se acercó corriendo hacia ellos mientras la gente empezaba a girarse para verlos—. Es cierto, volviste.
— Sí y hoy mismo me habían secuestrado —dijo ella mirando hacia Mamoru—. Qué gracia la cosa.
— Si lo dices así da mucha —el chico la miró con una ceja arqueada mientras todo el mundo empezaba a rodearlos.
— Oh, vamos, Hattori, lo dices como si hubiera sido un fastidio, no fue a ti a quién drogaron.
— Eso, papá —respondió Kazuki con enfado.
Mamoru se rio.
— Niño que llevo unos cuantos años más que tú en este tema —respondió.
— ¿Cuántos?
— Dieciocho más que tú —respondió Asami.
— ¿Conseguiré atrapar vuestra edad algún día? —el niño se abrazó a Asami con cansancio.
Asami se rio con fuerza mirando hacia Mamoru que no había escuchado al pequeño por el ruido y los comentarios y preguntas de la gente. Ante la risa de la chica todos se callaron de golpe. Asami los miró sonriendo.
— Bueno, ¿quién hace la primera pregunta? —dijo mirando hacia las cámaras que estaban detrás de todos sus fans. Luego miró hacia sus fans que sonrieron ampliamente.
— ¿Cuándo volviste? —preguntó uno.
— El día 10, pero tuve que mantenerme escondida, porque el Laboratorio me perseguía para que devolviera los documentos que hoy publicaba el periódico de Aiko-san —respondió ella con la voz muy floja.
— ¿Has estado todo este tiempo en Estados Unidos? —preguntó un periodista.
— Sí —respondió ella—. Durante mil quinientos cuarenta días. Para ser exactos… mil quinientos cuarenta días y cuatro horas.
— ¿Puedo preguntar el motivo por el que lo tenías tan bien calculado? —Mamoru habló completamente sorprendido—. Empiezas a parecerte a Hakuba.
Asami se rio.
— Sabes perfectamente el motivo por el que lo tenía tan bien calculado —respondió ella con una sonrisa tímida. Mamoru se ruborizó levemente ante una risa nerviosa de Kizuna—. ¿Siguiente pregunta?
— ¿Todo lo que dice el periódico es verdad? —preguntó otro periodista detrás de ellos.
— Sí, aunque no lo he leído, pero estoy convencida de que Aiko-san no ha mentido en nada de lo que ha puesto, ya que ella es siempre fiel a sus informes —respondió Asami.
— ¿No tienes miedo de provocar una guerra contra Estados Unidos? —preguntó una chica que no parecía ser ni un periodista ni una de sus fans. Asami la reconoció en seguida, era la fan de Mamoru que la había amenazado con el cuchillo: Akimoto Haruka.
— No provocaré una guerra contra Estados Unidos. Estoy convencida de que la guerra será contra la gente del Laboratorio y que el FBI, la CIA y la Interpol, que hasta ahora apoyaban a esa gente, irán tras ellos ahora mismo, para detenerlos a todos —Asami habló con seriedad—. Al menos eso espero. Ya que desde que escapé de ese lugar yo he estado tratada como una criminal por todos ellos.
— ¿Y cuándo volverás a abandonar a Mamoru-kun? —preguntó la misma chica. Todos la miraron confundidos. Asami miró al chico que suspiró largamente.
— ¿Por qué todo el mundo supone lo mismo? —preguntó él—. ¿Qué pasa con la sociedad de hoy en día?
— ¿Te digo un secreto? —Asami sonrió traviesa hacia ella. Sabía que eso la enojaría aún más—. Es mejor que nos separen unos años cada tres meses, porque nos peleamos cada dos por tres, sino —Mamoru se rio con fuerza—. No le veo la gracia —dijo ella mirándolo.
— La tiene, viniendo de ti —Mamoru rodó los ojos mientras negaba con la cabeza—. Parece mentira que digas eso cuando es lo que ha pasado cada vez desde que teníamos doce años.
— Bueno, hubo una vez que fue solo por un par de días que nos separaron más de un año —Asami frunció los labios a modo de enfado—. Y aún no se lo he hecho pagar al idiota que… olvídalo, sí se lo hicimos pagar la última vez.
— Sigue repitiendo eso, que es música para mis oídos, mejor que la mía —habló Tetsuya desde detrás de ellos. Asami y Mamoru se giraron de golpe mirándolo—. Voy a disfrutar mucho de su muerte, te lo aseguro. Huelo la libertad desde hace ya cuatro años y te aseguro que me llena de satisfacción.
— ¿En qué mundo vives tú? —preguntaron Mamoru y Asami a la vez—. ¿Y qué haces aquí?
— Supuse que Hattori te habría encontrado y me apropié de vuestro jardín esperando a que llegarais los cuatro —respondió él con una sonrisa—. Me alegra de no haberme equivocado. Pero hablando de ese tema: Hattori estaba desesperado —dijo sin un pelo en la lengua—. Lo encontré hablando solo mientras inspeccionaba las roderas del lugar. Mi única pregunta para ti, ¿eso se contagia? Porque si es así alejaré a mi hijo de los tuyos cuanto antes, no quiero que cojan las manías de hablar solos.
Asami parpadeó confusa y miró hacia Mamoru que estaba rojo hasta la punta del pelo.
— ¡YO NO HICE TAL COSA! —gritó desesperado.
— Por supuesto ibas a negarlo —se rio él guiñándole un ojo a Asami.
— Ya, y seguro no aprovechaste la ocasión para reírte de él, ¿verdad?
— Esta vez me comporté y lo ayudé… —se calló a media frase—, a medias, porque más bien terminó tropezándose con las escaleras y de eso sí que me reí, pero… —se acercó a ella para hablar a su oído y que nadie más les escuchara—. No lo haré una segunda vez, tenlo por seguro —se apartó de ella y sonrió—. Era broma. Me alegro de veros los tres bien. Un placer haberte tomado el pelo de nuevo, Hattori.
— Largo de aquí, cantante de tres al cuarto, que te voy a hacer trizas un día de estos.
— ¿Sabes? —Asami sonrió hacia Mamoru mientras Tetsuya se alejaba de allí abriéndose paso entre la gente—. De algún modo me gusta que os hayáis hecho amigos. Porque en Te-chan puedes confiar siempre, él jamás fallaría la palabra a alguien.
— No estoy muy convencido de eso —dijo Mamoru arqueando una ceja.
— Te aseguro que sí —Asami sonrió—. Siempre, si tu no fallas tu palabra con él, él jamás la fallará contigo. Aunque sea un tipo frío y jamás te muestre con sinceridad los sentimientos, es una de las personas en las que más he confiado siempre.
— ¿Más que yo? —Mamoru sonrió.
— Pregunta trampa, no pienso responder a eso —Asami sonrió fríamente.
— Eso ha dolido —se quejó Mamoru.
— Culpa tuya por preguntar lo que no debías —respondió ella aguantando sus ganas de reír.
— Esto… —los dos miraron hacia la gente que allí había y que los estaban mirando confundidos.
— ¿Tenéis alguna otra pregunta? —Asami sonrió hacia ellos.
— ¿Seguirás trabajando ahora que has vuelto? —preguntó una fan con ilusión.
— De momento no —respondió Asami sonriendo con tristeza—. Han pasado demasiadas cosas y aún no hay día en que me olvide de la matanza en la sesión de grabación, así que prefiero antes poner mi mente a su sitio y luego ya veré si me veo capaz de seguir actuando o no.
— ¿Puedes afirmar que estos niños son tuyos entonces? —preguntó otro periodista.
— ¿Cómo que si puedo afirmarlo? —Asami lo miró confundida—. Creo estar segura de que son mis hijos. Yo los tuve.
— Pero tú estabas desaparecida y los dos aparecieron con Hattori. Además de que no estabas embarazada para entonces —dijo otro periodista—. ¿Estás diciendo entonces que escapaste para darle los niños dos veces y luego te volviste a ir?
Asami frunció el ceño. Ese tipo quería hundirla. Forzó su mejor sonrisa sin decir nada.
— Puedes pensar lo que quieras. Nosotros sabemos la verdad y no creo que ese detalle importe. Porque tal vez sea lo único humano que esa gente llegó a hacer —Asami suspiró—. Había una enfermera en ese lugar que era madre, así que supongo que por su influencia, terminaron las cosas así. El laboratorio me escondió a Kizuna y la llevó directamente hacia Mamoru. Tuve que luchar para ver a Kazuki y al cabo de dos años tuve que renunciar a él.
— ¿Entonces tú realmente no quieres a los niños? —preguntó Haruka.
— Estaban maltratando a Kazuki, así que pedí a la enfermera que se lo llevara de allí. Ahora publicad lo que queráis de mis palabras —Asami sonrió con frialdad. Sabía que pondrían algo que la hiciera quedar a ella como alguien sin sentimientos, pero miró a Kizuna y sonrió hacia ella—. Son mis hijos y jamás renunciaré a ellos. Solo quiero que ellos sean felices, nada más —Kazuki le puso un dedo en la mejilla con tristeza—. ¿Qué ocurre?
— Marcos —susurró el pequeño a su oído, suficientemente claro como para lo escuchara ella, pero suficientemente débil para que no lo escuchara nadie más.
Asami se giró de golpe mientras dejaba al niño al suelo. Por suerte había pensado suficientemente rápido, ya que Marcos estaba demasiado enojado como para aguantar algunos segundos a golpearla. La golpeó con el puño en el pecho haciéndola tambalearse y caer al suelo. Mamoru bajó a Kizuna al suelo rápidamente y se interpuso entre ellos dos, pero Asami le cogió la mano y él la miró.
— ¿Estás bien?
— No te metas —Asami se levantó con rapidez—. Por lo que más quieras no te metas.
— Te lo dije entonces, ¿no es así? —preguntó Marcos hablando en inglés con un tono de odio en su voz—. Te lo dije y no nos hiciste caso.
— Marcos, el mundo debía de velar por la gente que hay allí —Asami sonrió ampliamente. Eso lo enojaría más, pero aún así ella lo hizo—. No toda la gente que hay allí está enferma. Vosotros solo os aprovecháis de ello.
— ¡Cállate! —gritó él completamente fuera de sí. Intentó golpearla de nuevo, pero Asami lo esquivó y se apartó de él. La gente se fue tirando hacia atrás para que no les golpearan a ellos—. Niña insolente.
— ¿Niña? —Asami sonrió con frialdad—. Marcos os lo debo por lo que tú y Frank me hicisteis pasar, así que no te quejes. Tengo más de veinte años, no soy tan idiota para quedarme afirmando con la cabeza mientras me golpeas la otra mejilla.
— Deberías de haber hecho eso y permanecer quieta —Marcos sacó una pistola y apuntó a su cabeza. Asami se puso seria al acto mientras Kizuna empezaba a sollozar sentada al suelo. Kazuki se apresuró a ponerse al lado de su hermana y le cogió la mano, mientras Mamoru se mantenía lo suficientemente cerca, pero también demasiado lejos de ellos. Asami estaba acorralada. Sabía que no podría esquivar una bala de tan cerca así que se quedó quieta intentando pensar en una solución, pero no tenía nada en su cabeza que pudiera ayudarla a escapar de esa—. ¿Qué ocurre ahora eh? Tu misma me demostraste que no se puede esquivar una bala a esta distancia, Asami.
— ¡No la llames por su nombre! ¡No tienes ningún derecho a hacerlo, malvado! —gritó Kazuki en inglés y acercándose corriendo a ellos con los puños alzados. Mamoru no tuvo tiempo de evitar que el niño se acercara más de la cuenta. Marcos se giró hacia él con la pistola en la mano y disparó.
— ¡NOOOOOO! —Asami lo empujó hacia atrás antes de que terminara de apretar el gatillo. Pero Kazuki cayó al suelo—. Kazuki —Asami se puso delante de él y lo cogió entre sus brazos—. ¿Estás bien, Kazuki? —notaba sus manos temblando. El niño se giró y se abrazó a ella mientras afirmaba con la cabeza. Asami miró a Mamoru que se había quedado completamente petrificado en dónde estaba y Kizuna que estaba llorando bajo sus pies. Parecían estar bien—. Kazuki, ¿te ha herido? —preguntó Asami con tristeza. El niño negó con la cabeza—. Está bien, no te preocupes, no ha pasado nada —Asami suspiró con alivio mientras le acariciaba la cabeza lentamente—. Gracias por protegerme, Kazuki —Marcos entonces puso la pistola en la sien de Asami mirándola con odio. Le había llevado muchos problemas publicando esos documentos. Demasiados. Asami debía de reconocer que estaba asustada y su mente solo pensó en una sola cosa en solo un segundo—. Cierra los ojos Kazuki —susurró a su oído sin que nadie más que el niño pudiera escucharla—. Ciérralos, mi amor.
— ¡Detente! —gritó alguien de entre la gente mientras Asami hablaba con el niño.
La hija Kudo cerró los ojos con fuerza antes de escuchar otro disparo.
Kizuna se cubrió los oídos y cerró los ojos con fuerza. Aunque no podía dejar de llorar, tampoco podía ver lo que estaba sucediendo. Había sido un día demasiado largo por la pequeña, para que ahora las cosas terminaran de ese modo. La voz de su padre la hizo reaccionar y mirarlo.
— Nadie toca a mi familia —Mamoru estaba con una pistola en su mano y había disparado él antes de que Marcos lo hiciera. Asami, que había escuchado el disparo detrás de ella lo miró confundido. Mamoru se arrodilló a su lado con prisas y preocupado—. ¿Estás bien?
— Sí, pero… —Asami no podía creer lo que acababa de suceder. Marcos ya estaba pulsando el gatillo cuando se había oído el disparo. ¿Cómo había sido tan rápido? ¿Cómo había aumentado su velocidad y precisión de esa manera? Mamoru se levantó de nuevo y se acercó a Marcos para tomarle el pulso—. ¿Está inconsciente?
— En unos veinte minutos despertará —suspiró Mamoru cogiendo su teléfono móvil y marcando los números de su padre—. ¿Este tipo no tuvo suficiente en secuestrarte hace cuatro años que ahora tiene que volver a matarte? ¿Qué es lo que le pasa por la cabeza?
— A mi qué me cuentas —susurró Asami acariciando la cabeza de Kazuki lentamente. El niño se apartó un poco aún con los ojos cerrados—. Abre los ojos Kazuki. Ya pasó todo —Asami apoyó su frente en la de él—. Gracias —Mamoru se acercó a Kizuna y la cogió en brazos para llevarla cerca de Asami. La niña se abrazó a ella llorando—. Ya está Kizuna, ya está. No ha pasado nada, ¿vale? —la niña no conseguía tranquilizarse tampoco. Asami miró con tristeza hacia Mamoru que estaba hablando por teléfono con la policía. El chico se había puesto de espaldas a ellos—. ¿Estáis todos bien? —preguntó mirando hacia la gente. Nadie lo negó y ella suspiró aliviada. Una de las fans de Asami se acercó a ella medio tambaleándose y se arrodilló a su lado.
— ¿Y tú estás bien? —preguntó la chica asustada.
— Estoy bien, estoy bien. Nadie ha salido herido y es un alivio —Asami levantó su puño para decirles que era fuerte—. Creo que por hoy ya he tenido suficiente cosas malas.
— Y no me extraña —suspiró Mamoru cogiendo a Kizuna que no quería apartarse de su madre—. Tenemos que irnos en seguida. Un avión privado del Laboratorio ha aterrado hace media hora y no están precisamente satisfechos que digamos.
— Está bien —Asami sonrió hacia él y miró a Kizuna que se estaba quejando de que intentaran separar de ella—. Kizuna deja que te lleve papá, ¿vale? —la niña la miró con miedo—. No pasa nada, Kizuna, todo está bien. Tenemos que irnos —la niña sollozó de nuevo mirándola con miedo—. No voy a irme a ningún sitio —se rio ella—. Estás con papá, ¿verdad?
La pequeña afirmó con la cabeza y lentamente se soltó de ella. Asami cogió a Kazuki en brazos y estaban por irse cuando un coche gris se paró delante de ellos. Heiji salió del coche con prisas.
— ¿Qué estáis haciendo aquí? Deberíais de haberos ido ya —dijo el moreno acercándose a ellos.
— Estábamos esperando esto —Mamoru se rio parando la mano y su padre le dio las llaves del coche—. Gracias.
— Sí, claro —Heiji arqueó una ceja—. Lo quiero como está, sin ninguna ralladura.
— Que sí, que sí —Mamoru se rio mientras veía como detrás venían más coches de la policía.
— Lo siento… —susurró Asami sonriendo hacia la chica que estaba más cerca a ellos—. Intentaré comunicarme con vosotros más tarde, ¿vale? —Asami siguió a Mamoru con rapidez y se metió en la parte trasera del coche.
Eso ya no era algo nuevo. Otra vez tenían que salir huyendo. Los niños se abrazaron a Asami en cuanto ella se sentó entre los dos. Mamoru se abrió paso entre la gente con el vehículo. Asami pudo ver a Haruka mirándola con odio, mientas el coche se alejaba de allí. Kizuna solo seguía llorando y Kazuki temblaba levemente. Asami sonrió con tristeza. Ahora no podía ser ella la débil, tenía que ser fuerte por esos dos pequeños.
— No pasa nada, ya todo está bien —repitió mientras les acariciaba la cabeza lentamente. Miró hacia Mamoru que la observaba de vez en cuando por el retrovisor. Ella sonrió con sinceridad cosa que hizo que el chico suspirara aliviado—. Están demasiado asustados.
— No me extraña —sonrió él—. En menos de una semana han tenido disparos para toda una vida.
— Sí —Asami miró a los dos pequeños que seguían cogidos a ella con fuerza—. Todo está bien ahora —ninguno de los dos se movió y ella bajó un poco la cabeza para verlos—. Se han dormido —parpadeó confusa y miró hacia Mamoru que se rio con fuerza—. No tiene gracia, y ahora quién me los saca de encima, ¿eh?
— Nadie —Mamoru se rio—. Te quedas dentro del coche hasta que despierten. Mientras tanto, yo tendré el sofá para mí solo, tranquilidad absoluta y el mando del televisor en mi mano —Asami lo fulminó con la mirada y él se rio de nuevo—. Era una broma, una broma. Pero me alegra que estés animada.
— Los dos estaban tan asustados que de algún modo he podido calmarme —susurró ella—. He podido tranquilizarme porque sé que ellos necesitan más de mí.
— Oye, eso es terrible —se quejó él—. Eso significa que ya no necesitas más de mí.
— Cierra el pico, detective idiota —dijo ella fulminándolo con la mirada—. Aún te quiero, ¿lo sabías?
— Pero duele que no me necesites —el chico puso su mejor cara de tristeza y luego se echó a reír. Asami se rio con él. Mamoru paró el coche y se bajó para sacar a Kazuki de allí. Cuando lo cogió en brazos el niño se removió incómodo y se cogió a la manga de Asami—. Kazuki suelta a mamá, vamos.
El pequeño la soltó y se cogió al cuello de su padre, aún con los ojos cerrados. Asami cogió a la pequeña entre sus brazos y salió también de allí. Los dos entraron en la casa, después de que Mamoru la abriera con la llave, una sola mano y un pequeño juego de pies para poder abrirla bien. Asami se rio levemente y él la fulminó con la mirada.
— Veo que estás acostumbrado.
— No sabes cuánto —dijo Mamoru con cara de fastidio. Dejó al pequeño tumbado en el sofá y se quedó curvado encima de él cuando el niño no lo soltó—. Kazuki, vamos, suéltame —el niño lo hizo. Asami dejó a Kizuna al lado que se tumbó de lado en cuanto la soltaron—. Bueno, siguen medio dormidos. Eso es algo relajante.
— No son tan ruidosos como dices —respondió Asami.
— Espérate a que sea un día de lluvia entero y verás si no son tan ruidosos —Mamoru arqueó una ceja.
— Lo dices como si fuera un sacrificio —ella se acercó a él y lo rodeó por el cuello con sus brazos y una sonrisa en sus labios.
— Lo es —Mamoru le puso sus manos en la cintura—. Te digo que en serio no los has visto aún en su momento hiperactivo.
— Son unos ángeles —replicó Asami.
— Bajados del cielo a patadas —respondió él con voz de cansancio. La empujó levemente hacia el otro lado del sofá y se sentó en él, dejando que ella se sentara encima.
— No seas malo —Asami lo besó en la mejilla y luego lo abrazó con fuerza.
Eran esos pequeños momentos los que los hacían sentirse bien. Tener niños estaba bien, pero era agotador estar todo el día detrás de ellos. No tenían un solo momento para ellos dos y ese era un momento para aprovechar.
— ¿Y bien? —Mamoru la acarició en la espalda levemente y ella se apartó.
— ¿Quieres saber lo que pienso, de verdad? —preguntó Asami.
— Por supuesto —Mamoru sonrió tiernamente y ella lo besó en los labios fugazmente.
— Está bien —Asami suspiró unos segundos y luego habló—. Frank estaba pidiéndome los documentos, así que todo el mundo realmente estaba buscándome. Entonces, ese tipo recibió la ayuda de alguien que le pidió que no solo nos secuestrara, sino que también podía matarnos. No tengo ni idea de quién, pero alguien a quién realmente tanto yo como los niños le estorbamos.
— No se me ocurre a nadie a quién vosotros estorbáis y yo, en cambio, no —dijo Mamoru con el ceño fruncido—. Normalmente sería para chantajearme a mí sobre algo policial, pero no para pedirte unos documentos.
— Lo de los documentos era para salvar su pellejo. Porque el Laboratorio lo quería muerto, desde que lo despidieron, porque no querían que hablase de más como venganza. Si recuperaba los documentos, tenía un motivo para que lo volviesen a contratar —Asami rodó los ojos—. Pero realmente no veo el motivo de quién haya dicho dónde estábamos o quién nos haya puesto micrófonos en la otra casa.
— No tengo ni idea —Mamoru suspiró—. Tu padre no me dijo que hubieran encontrado huellas o alguna cosa que lo identificara, así que…
— Yo tengo una ligera idea —Asami sonrió—. Pero como tampoco estoy segura es mejor olvidarlo.
— Eres demasiado buena persona, ¿te lo habían dicho nunca? —preguntó Mamoru sonriendo.
— Muchas veces —se rio ella.
Mamoru sonrió tristemente.
— Perdona realmente por lo que ha pasado hoy, Asami.
— No te preocupes —susurró ella—. Tienen razón al pensar así.
— No, no la tienen —Mamoru sonrió—. Tengo derecho a elegir lo que quiera y no tienen que decirme ellos nada y menos meterte en medio de la conversación. Si tenían algo que decirme, podrían haber elegido un momento en que estuviera yo a solas con ellos y que Kazuki no pudiera escucharlos.
— Kazuki estará bien —Asami sonrió mientras volvía a abrazarlo—. Realmente estará bien.
— ¿Y tú? —Mamoru movió sus manos nerviosamente en su espalda, hasta que consiguió ponerlas debajo de su jersey.
— Yo… —Asami se apartó un poco y lo miró—. No estaré bien hasta que me beses.
— Oh, eso está he… —miró hacia el lado. Kizuna y Kazuki los estaban mirando con una sonrisa traviesa. Asami se giró también para verlos.
— ¿No estabais durmiendo vosotros dos? —preguntó la mujer con una ceja arqueada.
— Oh, Kizuna quería ver el beso —susurró la niña con voz apenada y sin quitar su sonrisa de burla de su boca.
— Kazuki también —habló el niño con voz animada.
— Quieren verlo —Asami y Mamoru se miraron mientras hablaban a la vez. Se echaron a reír con fuerza. Asami se apartó de él y se sentó a su lado.
— Beso —dijeron los dos niños a la vez con tristeza—. Por favor.
— Ni lo soñéis —dijo Mamoru levantándose y arrodillándose delante de ellos—. ¿Cómo sientes tus pies, Kizuna?
— Bien —la niña sonrió—. Ya no duele tanto.
— Mejor —Mamoru le acarició la mejilla y luego miró a Kazuki—. ¿Estás bien? —el niño afirmó con la cabeza—. Gracias por proteger a mamá —Mamoru le removió el pelo levemente y el niño sonrió satisfecho—. ¿Y qué queréis hacer ahora? —preguntó—. No vais a ir al colegio por hoy.
— Bien —dijeron los dos sonriendo.
— ¿Cómo que bien? —Mamoru y Asami se miraron entre ellos—. ¿En serio sois hijos nuestros? —los dos pequeños afirmaron sonriendo.
— Porque Kizuna y Kazuki quieren jugar con papá y mamá —dijo la niña mirando hacia Asami.
Asami se rio.
— No tiene gracia —se quejó él—. Deberían de querer ir al colegio.
— Ya, pero también debes de comprender lo que pasa en esta familia de locos —respondió Asami mirando hacia Mamoru—. No puedes decir que no entiendes sus sentimientos.
— Claro que lo entiendo, pero aún así…
— ¿Y a qué queréis jugar? —Asami miró a los niños.
Los dos pequeños se miraron y sonrieron a la vez.
— ¡Dibujos! —gritaron con fuerza.
— Dibujos… —Mamoru rodó los ojos.
— ¿Dibujos? —Asami lo miró con el ceño fruncido.
— Dibujos —repitió Mamoru sonriendo.
— ¿Por qué me miras así?
— Por nada —Mamoru se rio—. No te va a gustar lo de dibujos.
Asami sonrió sinceramente. Poco le importaba un juego de niños. Solo por estar junto a ellos ya valía la pena.
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Premonición'.
