Hellow!

Humana: matar a Asami? que vaaaaaa JAJAJAJAJAJAJAJA voy a hacer algo peor (spoiler por doquier...) jajajajajajaja es broma XD sep, Mamoru anda harto XD gracias por tu review, como siempre :)

22 de Mayo.


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

Premonición

Asami se incorporó de golpe, asustada. Mamoru se incorporó a su lado mirándola preocupado.

— ¿Estás bien? —le preguntó poniendo una mano encima de su hombro.

Ella afirmó con la cabeza, aún respirando agitadamente.

— E-el incendio —susurró con un leve temblor en su voz.

Mamoru no dijo nada más. La abrazó con fuerza por un lado. La chica estaba temblando y sudando frío. La besó en la parte de detrás de la cabeza mientras ella se cogía a sus brazos. ¿Por qué soñaba ahora con eso? Mamoru se apartó de ella aún abrazándola y la obligó a tumbarse. Se tumbó de lado, apoyándose en su codo para poder verla mejor mientras la acariciaba con su mano libre. Ella lo miró con miedo y él tan solo sonrió. Tampoco sabía ni siquiera qué decir. La besó en la frente mientras seguía acariciando cada parte de su cuerpo.

— No va a suceder algo así de nuevo, Asami —susurró cuando ella cerró los ojos intentando no llorar—. No va a suceder. Él ya no está. No puede hacernos daño de nuevo.

— Quiero creer que es cierto —susurró ella—. Pero, tengo tanto miedo.

— Mañana nos pondremos en contacto con Heizo-ojiichan para saber si ha averiguado a quién se refería ese hombre con 'ella'. Y así seguramente estarás también más tranquila, ¿vale? —Asami afirmó con la cabeza—. Pero para eso debes de descansar un poco, Asami.

— Lo siento.

— No me pidas perdón. Duérmete, venga —Mamoru se tumbó del todo a su lado y dejó su brazo encima de ella. Ella se tumbó hacia un lado, dejando que él la abrazara por la espalda—. No va a pasarte nada de esto, ¿me oyes? —Mamoru la cubrió con la sábana de nuevo y puso su brazo por encima, mientras hablaba con una voz muy suave. Con la otra mano le acarició el pelo levemente—. Estaremos un tiempo tranquilos. Los niños estarán a nuestro lado, divirtiéndonos y enojándonos de vez en cuando. Estaremos felices. Conseguiremos recuperar el tiempo perdido.

— Hay cuatro cosas que jamás se recuperan —susurró ella con los ojos cerrados y la voz llena de cansancio—. Una piedra después de haberla tirado, una palabra después de haberla dicho, una ocasión después de haberla perdido y el tiempo después de que ya haya pasado.

— No digas cosas como esas y déjame intentar animarte a mí manera —se quejó él cubriéndole la boca con la mano que aún mantenía encima de ella. Luego volvió a poner su voz calmada—. Una piedra se puede buscar y encontrar. Y si no, hay miles otras en la montaña para escoger. Por la palabra, siempre puedes perder el orgullo y decir perdón hacia la persona a quién se la has dicho. Si es alguien a quién le importes, seguro acepta tus disculpas. Por la ocasión, fíjate, seguimos prometidos así que aún podemos casarnos. Así que si no la tienes de nuevo, puedes crearla tu misma, para tu propio beneficio. Solo tienes que ser un poco egoísta. Y en cuanto al tiempo, no desperdicies más y podremos recuperarlo juntos. ¿Está bien? —ella no respondió ni se movió. Mamoru sonrió mientras besaba detrás de su cabeza—. Buenas noches.

.

A la mañana siguiente, después de que Kizuna y Kazuki se quejaran por tenerse que quedar en el colegio y finalmente entraran por su propio pie al lugar, ellos dos se fueron hacia comisaría. Mamoru llamó a su abuelo de camino, pero el hombre no había averiguado a lo que Frank se había referido con 'ella', porque el hombre murió intentando herir a un montón de policías, aún estando esposado. Asami, se había alejado de Mamoru después de darle un beso en la mejilla y una buena sonrisa. Tal y como había planeado, se fue hacia la playa para hacer ejercicio, corriendo por la arena. Dejó sus cosas a un lado de la playa, un poco ocultas y empezó a correr hacia el otro lado, solo con sus auriculares en los oídos. Hacer eso siempre le había despejado un poco la mente, porque debía de concentrarse en hacer una buena respiración, mientras intentaba seguir con sus pasos el doble o el triple del ritmo de la música. Sin darse cuenta había llegado al final de la playa y dio la vuelta para volver. Cuando estuvo de nuevo en dónde tenía sus cosas, cogió la toalla para secarse un poco, pero finalmente empezó a moverse al ritmo de la música, moviendo la toalla y haciendo un baile improvisado. En uno de los momentos en que tiró la toalla hacia el cielo, el viento sopló con fuerza, llevándose el objeto lejos de ella. Ella echó a correr, intentando que no cayera en el agua, pero no iba a llegar a tiempo. Cuando iba a saltar para cogerla, una mano la alcanzó antes que ella.

— Eso ha sido algo realmente bonito —dijo el hombre de ojos marrones oscuros y pelo largo de un color castaño claro.

— Vaya, es mucho más bonito de cerca —susurró Asami. El hombre de treinta años frunció el ceño—. Ah, perdona, estaba ahora escuchando una de sus canciones, Motoyama-san —sonrió ella quitándose los auriculares—. Gracias por cogerla.

— No hay de qué —sonrió él.

— Me llamo Kudo Asami, soy actriz —respondió ella.

— ¡Ah! Ya sabía yo que te había visto de algún sitio —dijo él—. Lo siento soy muy malo relacionando personas. Me encantó tu película, la verdad. ¿No habías desaparecido?

— Me habían secuestrado unos hombres que me llevaron a Estados Unidos en un avión privado un poco extraño —dijo ella.

— ¿Cuándo volviste entonces? —preguntó Motoyama Rai.

— Hace una semana —respondió ella—. Aunque ayer se publicó en el periódico.

— Ayer no salí de casa, tenía una loca acosándome en la puerta de mi apartamento —respondió él.

— Qué terribles llegan a ser los fans, ¿eh? —se rió ella.

— Peores son los periodistas. Siempre critican todo lo que hago —se quejó él—. Sean o no mis fans, que si me voy con esta, que si me voy con la otra. Que si me voy en un coche privado, que si me voy en moto, que si me cojo vacaciones y me voy con un avión privado de algún amigo; jamás están satisfechos.

— Deberías de probar otra cosa —Asami sonrió—. Si tanto te molesta que tu publicidad sea en modo negativo, publícalo tú antes de que los medios de comunicación puedan hacerlo. Y deja de ir con cosas caras. El dinero no es algo valioso en este mundo, Motoyama-san.

— Mi verdadero nombre es Hoshino Yuudai —dijo él—. Puedes llamarme por mi nombre.

— Pues eso, el dinero no lo es todo, Yuudai-san —respondió Asami sonriendo—. La gente que no tiene dinero les molesta que sus ídolos hagan esas cosas y no hagan donaciones a organizaciones para ayudar al mundo. Además, un cantante o una actriz, como somos nosotros, aunque creemos cultura, los que realmente levantan a la gente en un país son los médicos o los profesores. E incluso son más importantes aquellos que arriesgan sus vidas para salvar otras, como la policía o los bomberos.

— ¿Tú tienes alguna fundación de estas? —preguntó el hombre.

— Claro que sí —se rió ella—. En Estados Unidos. Justo después de terminar la película, me interesé por eso y cuando me dieron el dinero lo primero que hice fue hacer una fundación para ayudar a los niños de las bandas callejeras de todo el mundo, aunque principalmente en América del Norte. ¿Sabías que hay tres tipos de bandas callejeras y que muchas veces los enfrentamientos los provocan las mujeres de estas bandas solo por celos?

— ¿Qué te motivó para llevarte a esto? —preguntó él.

— ¿Qué escribes un artículo entrevistándome, o qué? —Asami arqueó una ceja—. Es broma, es broma —se rio al ver que el hombre se incomodaba—. Unos niños de entre seis y doce años intentaron atracarme siendo yo un agente infiltrado del FBI, en un callejón de Nueva York. Fue algo muy curioso, porque ni siquiera me enfrenté a ellos y les terminé dando una piruleta a cada uno de ellos, que recibieron con una bonita sonrisa. Me intentaron atracar con pistolas de juguetes, y cañones de barcos piratas antiguos de plástico en un tamaño no muy incómodo para que ellos los arrastraran por todos lados. Uno de mis amigos, cuando lo vio intentó defenderme sin darse cuenta de que eran falsos, por suerte yo les acababa de salvar de una banda más peligrosa, así que ellos aceptaron las piruletas y se largaron corriendo con miedo de mi amigo. La madre de esos siete niños es una mujer que adopta a niños para ayudar a los orfanatos. En su casa había dos niñas más de tres años y un bebé. La mujer se pasaba el día haciendo la comida, cambiando pañales e intentando educarlos llevándolos al colegio y limpiando la casa y sus ropas. Esa mujer es alguien a quién deberíamos de ayudar para que esos niños dejaran las calles y recibieran una educación merecida. Eso es lo que creo. Por eso el dinero para mí no es algo importante y por eso mismo jamás se fijan en esos detalles en mi persona.

— El dinero no lo es todo —el hombre frunció el ceño—. ¿No necesitas protección de tus fans más fanáticos?

— Puedo protegerme yo misma, ya que soy campeona de karate y he estado entrenando en otras modalidades de artes marciales —se rio ella—. Para su información, tuve a uno de mis fans intentando matarme desde que tenía doce años. Era mi enemigo y fue mi fan en cuanto empecé el teatro. Este tipo fue el culpable del asesinato de mi antiguo equipo de grabación. Pero ya me ves, sigo sonriendo aunque ese tipo sea el provocador de dos de mis peores traumas. Para que la felicidad de la gente que me cree una de sus actrices favoritas sea cierta debo de sonreír y dejar de pensar en mí misma.

— Está bien, acepto tus motivos y me atrevo a decir que realmente tienes razón con esto —se rio él—. Por cierto, ¿querrías participar en mi nuevo videoclip? —preguntó él guiñándole un ojo.

— Me lo pensaré —Asami alargó la mano hacia él—. ¿Me devuelves la toalla, por favor?

— Solo si aceptas cenar conmigo —respondió él.

— Entonces puedes quedártela —Asami se giró encogiéndose de hombros y cogió sus cosas del suelo.

— Vamos, acepta —se quejó él. Asami levantó su mano mostrando su anillo de prometida hacia él—. Ah, lo de haberse prometido y de si los niños eran tuyos o no.

— Los niños son míos. No renunciaré a ellos ni a Mamoru —Asami se encogió de hombros y empezó a irse de allí.

— Está bien —el hombre le tiró la toalla y ella la cogió aún estando de espaldas—. Pero al menos considera el hecho de participar en el videoclip conmigo, ¿vale?

— Me lo pensaré, ya te lo he dicho —dijo ella sin ni siquiera mirarlo—. Pero gracias de todos modos.

— ¿Quieres mi teléfono?

— Empieza por hacer una fundación o algo por el estilo y te localizaré para hablar contigo —respondió ella sonriendo antes de alejarse, andando por la arena.

No se dio cuenta de que la seguían vigilando y mucho menos de que le hacían fotos. Esa mujer y su compañero, bajaron corriendo hacia la playa para encontrarse con Rai.

— ¿Qué ocurre? —preguntó él.

— ¿Le has ofrecido trabajo? —preguntó ella.

— Sí, baila bien —él sonrió cálidamente.

— Vas a hacer algo por nosotros, Hoshino Yuudai-san —la mujer sonrió con sus labios con malicia.

— ¿Por vosotros? —preguntó el hombre—. ¿Por qué debería de hacer algo por vosotros?

— No querrás que todo el mundo se entere de lo que has hecho con muchas de tus fans, que tu querido mánager ha ocultado, ¿verdad? Violación, extorsión… A parte de lo que les has inyectado para que terminaran así: drogas y alcohol, obtenidas ilegalmente, vendes mucho de todo esto a menores…

— ¿Qué queréis? —preguntó él arqueando una ceja. Miró a la mujer de arriba abajo y luego miró hacia su compañero que parecía estar ciegamente enamorado de ella. La mujer era quién dominaba la situación. ¿Quiénes eran ese par y porqué llevaban una cámara oculta en un mechero? Vio en el cuello del hombre un tatuaje pequeño de un dragón. Luego volvió a mirarla a ella, con algo que pudiera describir a la policía si la cosa no salía como él esperaba. Nada—. ¿Quiénes sois?

— Solo quiero que hagas algo por mí —susurró la mujer sonriendo aún más ampliamente, si es que podía. Rai podía verle todos sus perfectos dientes blancos dentro de su boca—. Y lo harás, porque si no, toda tu miserable vida te hundirá en la miseria.

La mujer se alejó de la playa completamente satisfecha. Por fin podría deshacerse de ella de una vez y sin ensuciar sus manos. Ya lo había intentado con Marcos y lo había intentado con Frank, pero ambos habían sido un completo fracaso. Con él tal vez tuviera una oportunidad, porque Asami no le conocía como ella. Después de llevarse a Asami, pensaría en como terminar con esos dos pequeños que se metían al medio de todo. Miró hacia un lado y hacia el otro de la calle y aunque estuviera el semáforo en rojo, pasó igualmente. De nuevo se detuvo delante del parquin de la comisaría y le vio a él saliendo rápidamente con un coche patrulla dirección hacia un caso, junto con otros policías. Su corazón se aceleró de una manera desorbitada, como cada vez que lo veía a él. Cuanto le gustaría tocar su pelo cada día, su rostro, besar sus labios noche tras noche haciéndolo suyo una y otra vez. Pero ese día ya estaba cerca. Solo lo había podido tocar en una ocasión, pero para ella eso ya era suficiente para quererlo para siempre. ¿Una fanática? No, ella no era una fan de Hattori Mamoru. Ella quería a Hattori Mamoru. Aquellos que estuvieran al medio entre su creciente relación debían de ser aniquilados. Porque ella sabía que aunque él fingiera que no, Mamoru la quería solo a ella y no a Kudo Asami. Pero como los niños eran suyos, él fingía querer a Asami por encima de ella. Eso iba a cambiar radicalmente. Eso iba a desaparecer en cuanto Kudo Asami, Kazuki y Kizuna desaparecieran de una vez por todas de la faz de la tierra. Con una nueva sonrisa llena de energía después de verlo a él salir con el coche, abrió su bolsa y sacó un sobre de un color marrón, como la tierra cuando está secándose. Entró en la comisaría y sin ni siquiera pasar por recepción, tiró hacia los pases de control. Dio su bolsa a uno de los policías para que inspeccionara el interior mientras sacaba de debajo de su jersey su pase hacia dentro del recinto. Se lo mostró al policía y el hombre le devolvió la bolsa junto con una sonrisa llena de 'adelante, pase y haga sus planes malvados. Todos estamos contigo'. Subió al ascensor directamente. Asegurándose de que su falda estaba perfecta, su sombrero bien colocado y su camisa bien abotonada. Ella ya sabía lo que debía de decir si se encontraba con alguien que le preguntara, así que no importaba si la reconocían en las cámaras al fin y al cabo. Salió del ascensor cruzándose con uno de los dos compañeros de despacho de Mamoru. Él la reconoció en seguida y ella le dedicó una sonrisa cálida y llena de falsedad, que ese psicólogo no supo reconocer. Esperó a que las puertas se hubieran cerrado mientras intercambiaba rápidas palabras con ese chico. No debía dejar tampoco muchas pistas acerca de ella y sus intenciones. De momento, el único que podía saber acerca de su falsa sonrisa era Miyano Tetsuya, que a ese lugar él no tenía que estar en esos momentos, porque tenía su día libre y él estaba siempre en las plantas de delitos informáticos o los laboratorios.

Cuando entró en el despacho de Mamoru se sobresaltó al ver la cara del cantante. Jamás había entrado en el despacho y era la primera vez que lo veía. Ese despacho pequeño, lo compartían dos psicólogos y Mamoru. Era un despacho pequeño, pero solo de ellos, así que podían colgar en las paredes lo que quisieran. Las mesas de los dos psicólogos estaban completamente ordenadas, pero las paredes estaban llenas de pósters de sus equipos y sus grupos de música favoritos. Por supuesto también había algunos de los Bullet Junior, aunque había más de Erena, Nanami y Kokoro en fotos un poco provocativas, también había de Tetsuya y los demás. Equipos de fútbol como los Tokyo Spirits o los Big Osaka. La mesa de Mamoru estaba llena de carpetas amontonadas, una encima de la otra. Papeles completamente desordenados, pero que para él tenían un orden de prioridad. Al ver que no había nadie en el despacho, entró, cerrando la puerta tras de sí. Se acercó a la silla del hijo de Heiji y Kazuha, observando cada detalle de ella. Si cerraba los ojos podía verlo allí sentado, escribiendo o dirigiéndole una sonrisa cálida en cuanto ella llegara para traerle la comida que se había 'olvidado' en casa. Con un 'hola', ya podía imaginar su sonrisa que le decía que lo había hecho expresamente solo para verla a ella llevándole la comida. Sus dos compañeros le saludarían desde el otro lado de la sala, envidiando que una chica tan joven y bonita como ella estuviera saliendo con Hattori Mamoru y no con ellos dos. Acercó sus dedos en la pequeña silla, repasando cada lugar en donde la piel, la ropa o el pelo del chico habrían tocado. Finalmente se sentó en la silla. La acercó un poco a la mesa y observó la montaña de carpetas. Estando allí, no podía ver la puerta y mucho menos las dos mesas de sus compañeros. La puerta se abrió de golpe y ella se escurrió por la silla hasta quedar escondida debajo de la mesa del chico. Por una pequeño agujero que había allí para pasar los cables de los ordenadores u otros objetos, pudo ver como el otro compañero se iba a su mesa, cogía dos carpetas que tenía dentro de uno de los cajones y se iba de allí cerrando la puerta de nuevo. Suspiró aliviada, mientras se volvía a sentar en la silla. Si acababa de ver que no la podían ver, ¿por qué se había escondido? ¿Es que estaba haciendo algo mal? No, ella no estaba haciendo algo mal. ¿Cómo podía haberse olvidado de sus argumentos por si le preguntaban por sus motivos de estar allí? Debía de centrarse y salir de allí. Apartó las carpetas hacia un lado y puso el sobre encima de la mesa. Entonces, una por una fue poniendo las carpetas encima. Descubriendo un detalle interesante del chico. No había desechado todas esas carpetas porque encima de su mesa tenía dos marcos de fotos. Uno, era de Asami, el otro de los niños. Estaba claro. Mamoru había dejado que todas esas carpetas cubrieran su mesa para no ver esas fotos, pero a la vez, esconder que el chico estaba enamorado de ella. Seguro era eso. Terminó de colocar las carpetas encima del sobre y salió de allí. Había cumplido su cometido y su plan ya estaba en marcha. Ahora solo le quedaba esperar que Hattori Mamoru abriera ese sobre y por fin podrían estar juntos los dos, completamente a solas. Había valido la pena arriesgarse. De seguro ella lo conseguiría. Haría desaparecer a Kudo Asami de la vida de ese pobre inocente que estaba ciego ante ella. Se fue del lugar pensando en eso, mientras en otro lugar de la ciudad, a Asami le recorría un escalofrío en la espalda.


-HOSHINO YUUDAI (星乃雄大), tiene 30 años. No se conoce nada de él, pero como saldrá en algunas ocasiones tenía que presentarlo XD. Su nombre significa 'grandeza'. Es un cantante y usa el alias de Motoyama Rei (元山礼). Rei significa 'cortés'.

Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!

Próximo capítulo: 'Amenaza a Hattori Mamoru'.