Hellow!

Humana: me dejáis sin opciones si vais pidiendo que no pase nada a nadie XDDD (es broma) Rei lo creé malvado y desaparecerá malvado (?) nah, en realidad este capítulo es suave XD, deseo que te guste :)

23 de Mayo.


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

Amenaza a Hattori Mamoru

Mamoru llegó a la comisaría y se sentó en su mesa como siempre. Al igual que siempre un montón de papeles y carpetas se amontonaban encima de su pupitre esperando a ser entregadas a su superior. Pero siempre terminaba olvidándolas allí y dejándolas a primera hora de la mañana. Ser asesor de la policía, tampoco era tan malo. Él podía acompañarlos a resolver casos, aconsejarlos en psicología criminal y evitar las cosas tan poco divertidas como los informes o tan poco agradables como el informar a las familias. Muchas veces ejercía como psicólogo sin serlo. El único problema era que cuando aceptaron el trato con él, le dejaron el informar a los periódicos a él, eso podría llegar a ser incluso más aburrido que los informes. Aún así, él siempre hacía el trabajo completo. De vez en cuando informaba a las familias e interrogaba a los amigos de las víctimas, al igual como hacía los informes, por eso siempre terminaba habiendo ese montón de papeles en su mesa. Abrió la primera carpeta: sección de robos. Él no recordaba haber dejado esto arriba del todo. Abrió la segunda carpeta: sección de homicidios. Tercera carpeta; si seguía así, al final de la semana tendría todo el día de paseos para arriba y para abajo. Decidió empezar por la sección de homicidios. Recolectó todas las carpetas que tenía en su mesa, preparándose para ir a devolverlas al jefe, pero justo cuando estaba en la última carpeta, se dio cuenta de que debajo de todo del montón había un sobre del mismo color de las carpetas, un marrón como la arena cuando se está secando, que él no recordaba haber dejado ahí. Lo observó de arriba abajo, sin origen, solo su nombre: Hattori Mamoru; escrito en unas letras plateadas y una caligrafía poco común. Mamoru le dio mil vueltas antes de mirar a través del foco por si había algo extraño en ella. Suponía que si había llegado en su mesa, tal vez ya habrían mirado que no hubiera sustancias tóxicas o algún tipo de explosivo, pero nunca estaba de más otra comprobación. El interior tenía que ser un montón de papeles, pues no transparentaba nada del sobre. Se encogió de hombros y pensó que tal vez era de algún otro departamento que olvidaron avisarle de ello o él tal vez, aunque dudaba que fuera eso, lo había olvidado. Abrió el sobre con extremo cuidado y observó el interior. Era una sola carta y muchas fotografías dispuestas para que no se vieran cuando se abriera el sobre, por el lado que fuera. Observó la carta. Era escrito con la misma tinta plateada y con la misma extraña caligrafía perfecta y poco común.

Si no quieres verlos muertos es mejor que te presentes a esta dirección. Firmaba alguien llamado Stalker Fan.

Mamoru frunció el ceño mientras miraba las fotografías. Eran todas de Asami, Kizuna y Kazuki, al entrar y al salir del colegio los niños. Asami paseando sola o con los pequeños por las calles o hablando con algunos fans. Un par de fotos en las que también estaba con Akira, Chieko o su familia. Su corazón empezó a acelerarse de verdad. ¿Qué significaba eso? Se quedó observando una fotografía en que Asami estaba arrodillada delante de los niños sonriendo como si realmente no supiera que le estaban haciendo fotos. Si ella se había dado cuenta, no le había dicho nada, pero si no se había dado cuenta… salió corriendo de su pequeño despacho que compartía con los dos psicólogos de la policía y a medio camino se acordó de las carpetas. Dio una vuelta de 180 grados y se volvió a su despacho para coger las carpetas. Luego salió corriendo hacia el ascensor. Pulsó el botón de subida y esperó impaciente a que bajara. ¿Qué estaba pasando? Luego entró y pulsó el botón de cinco pisos más arriba al que él estaba. Entró con rapidez al departamento de homicidios y dejó las carpetas delante de Takagi Miwako.

— Ah, gracias, Mamoru-kun —sonrió la mujer hacia él.

— Y me gustaría que le echara un vistazo a esto —dijo él—. Lo dejaron justo debajo de las carpetas y no lo he visto hasta ahora. Estaba demasiado bien planificado como para ser una broma.

— Déjame ver —Miwako cogió las fotografías, la carta y el sobre y lo miró detenidamente uno por uno—. Han hecho las fotografías de demasiado cerca, está claro que son profesionales —Miwako miró hacia él—. ¿Ella no se ha dado cuenta de que le hacían estas fotografías?

— No lo sé, no he tenido tiempo de…

— Hola Mamoru-kun —Shinichi se acercó sonriendo y le dio un par de golpecitos en el hombro, haciéndolo callar. Él lo fulminó con la mirada—. Vaya, que humor llevamos.

— Shinichi-kun, mira esto —Miwako le mostró solo las fotografías.

— Están bien hechas —Shinichi frunció el ceño mientras las miraba.

— Es una amenaza —dijo Mamoru.

Shinichi miró al chico.

— Déjame ver —cogió la carta que Miwako también le dio—. Está claro que lo han hecho con meticulosidad. ¿Quién?

Stalker Fan. No tengo ni idea de quién es —respondió Mamoru—. Aunque ahora mismo me encantaría saberlo.

— ¿Le has dicho algo a…? —Shinichi se calló al ver a Mamoru negar con la cabeza.

— Acabo de verlo. Ni siquiera puedo decirte cuándo me lo enviaron o quién lo dejó aquí —susurró él.

— Mejor contactemos con recepción por si ellos saben quién lo ha subido aquí —susurró Miwako—. Y luego veremos lo que hacemos.

— Está claro que te quieren allí pero, ¿quién y por qué? Además es un sitio muy despejado, sería imposible que alguien de la policía pudiera darte apoyo allí —susurró Shinichi mientras seguía observando las fotografías—. Han sido tomadas de muy de cerca, así que está claro que las amenazas van en serio, ya que ha podido acercarse tanto sin que Asami se diera cuenta.

— ¿Algún consejo? —preguntó Mamoru mirando a Shinichi.

— ¿Tú pidiendo consejo? —preguntó Heiji llegando con ellos.

— Te estás perdiendo el caso —dijo Shinichi.

— ¿Qué caso? —Heiji miró a Miwako que estaba hablando por teléfono.

— Mamoru-kun, de momento sería mejor que te mantuvieras cerca de Asami y los niños por si acaso —susurró Shinichi—. A ver si sacamos algo en claro de quién te dejó esto, pero si no…

— Iré —Mamoru dijo tajante justo cuando Miwako colgaba el teléfono.

— ¿Cómo que irás? —Shinichi frunció el ceño—. Es peligroso.

— No quiero perder a nadie —susurró él como respuesta bajando su mirada hacia la mujer.

— No te han llevado nada para ti —dijo Miwako—. Eso significa que es alguien que tiene acceso a nuestra comisaría y que pasa perfectamente desapercibido.

— ¿Y qué me aconsejas entonces? —preguntó él mirándola.

— Que no vayas —respondió ella—. No podremos darte apoyo y mucho menos protegerte.

— ¿Y quién protegerá a Asami y los niños, entonces? —susurró Mamoru—. No creo que decirles que un loco los quiere ver muertos sea la solución.

— Lo sé —Miwako miró la carta de nuevo—. Es demasiado meticuloso. De momento miraremos si hay algún tipo de huella o algo que pueda decirnos de dónde se ha sacado. Enviemos esto al laboratorio y esperemos a que de momento no cumplan su amenaza.

— ¿Asami no se dio cuenta de que alguien le hacía fotos? —preguntó Heiji observando por encima del hombro de Shinichi—. Es demasiado perfecto, ¿no crees?

— Tu lo has dicho, demasiado —Shinichi lo miró con el ceño fruncido.

— De momento es mejor que protejas a Asami-chan y a los niños —Miwako miró a Mamoru con una sonrisa triste—. Si no averiguamos nada, entonces dejaré que vayas allí.

— ¿Y cómo voy a protegerlos sin que Asami se entere? —preguntó Mamoru.

— Asami sabe protegerse —sonrió Heiji—. Dedícate a proteger a los niños. Vete anda.

Mamoru afirmó con la cabeza y se alejó a pasos rápidos.

— Sí, lo que suponía —Heiji sonrió mientras veía al chico alejarse de allí.

— ¿El qué?

— Cuando vuelve tu hija solo hay problemas —Heiji miró hacia Shinichi que lo miraba confundido—. Siéntete orgulloso, está claro que Asami-chan lleva tu sangre —sonrió el moreno.

Shinichi lo fulminó con la mirada y luego volvió la vista a las fotos. En su mano había una en el que él estaba hablando con Asami. No había ni pasado tres días de ese día, pero ni siquiera él había visto que les hacían una fotografía estando juntos. ¿Quién era y qué quería la persona que había enviado eso?

.

Asami estaba intentando tranquilizarse un poco. Pasarse el día en esa casa, al medio de la ciudad, rodeada en el exterior de periodistas, no era precisamente lo que ella definía como diversión. No se le había ocurrido otro modo que ponerse música y ponerse a bailar con ella, lentamente. Le habían pedido algo que Asami estaba decidida a hacer, pero antes debía de hablarlo con Mamoru para saber lo que él opinaba al respecto. Justo cuando iba a buscar a los niños al colegio, él le había enviado un mensaje diciéndole que ya iría él. Así que finalmente no había salido casi nada de esas cuatro paredes. Se movía para arriba, para abajo, al ritmo lento de la canción intentando no pensar de nuevo en todo aquello y esperar con paciencia a su regreso.

— Sigues moviéndote tal y como recuerdo —sonrió Mamoru desde la puerta con los brazos cruzados. Asami se giró sobresaltada y suspiró en cuanto lo vio—. Sí. Igual a entonces.

Asami sonrió mientras veía a Kizuna y a Kazuki con la boca abierta observándola.

— Bueno, tampoco debe de ser tan igual —Asami se encogió de hombros mientras se acercaba a parar la música de su teléfono móvil—. Creo yo que deberías de haberlos avisado antes.

Mamoru se acercó a ella con dos grandes zancadas y la rodeó por detrás cogiéndola de la cintura.

— Es idéntico —Mamoru sonrió—. Seguro te acuerdas de ese baile que hicimos en el instituto —la besó en la mejilla.

— Sí, ese baile en el que me pedías a gritos distraerte, para que no vieras la poca ropa que llevaba encima, que mi madre y Chieko decidieron cambiarme, en un ataque conjunto de fastidiarme, ¿eh? —Asami sonrió mientras se giraba en medio de su agarre.

— Sí, exactamente ese baile —Mamoru se rio enrojeciendo levemente al recordarlo—. Déjate de tonterías, estabas demasiado preciosa con ese vestido.

— Las faldas nunca han sido de mi agrado —susurró ella casi sin voz.

— Pues para mí lo son —Mamoru sonrió y ella arqueó una ceja hacia él—. Si las llevas solo tú, claro está y nadie más que yo puede verte, por supuesto.

— Pues te vas a quedar sin verlas como sigas así —Asami se rio.

Él se encogió de hombros mientras estrechaba sus brazos para atraerla más hacia él. Asami lo abrazó por el cuello.

— Está bien, sufriré en silencio —Mamoru se rio mientras la besaba en los labios fugazmente, luego se soltaron y miraron a los niños que seguían con la boca abierta delante de la puerta.

— ¿Tan bien lo he hecho? —Asami miró hacia Mamoru sonriendo.

— ¿Estás de broma? —Mamoru la miró con una sonrisa—. Cuando te mueves eres como un ángel iluminado por la luz celestial de…

— Que sí, que sí —Asami movió la mano interrumpiéndolo—. No me seas plasta, te prefiero romántico en otros términos —Mamoru frunció sus labios con enfado mientras ella se acercaba a los niños—. ¿Qué tal ha ido el día? —preguntó sonriendo mientras se agachaba delante de ellos.

— Bien —se apresuró a responder Kizuna parpadeando para salir de su ensimismamiento—. Kizuna ha hecho un dibujo para mamá.

— Oh, ¿en serio? —Asami sonrió.

— ¿Mamá quiere verlo? —preguntó la pequeña. Asami afirmó con la cabeza y la pequeña salió corriendo hacia la entrada para coger su mochila.

— Kazuki —el niño miró confuso a Asami—. ¿Estás bien? —el niño, como siempre poco hablador, afirmó con la cabeza—. ¿Ha ido bien al colegio?

El niño volvió a afirmar con la cabeza.

— Los otros niños ya no molestan a Kazuki —susurró el pequeño.

— Me alegro —Asami sonrió mientras le acariciaba levemente el pelo. El niño se abrazó a ella con fuerza—. ¿Seguro que estás bien?

El pequeño afirmó con la cabeza.

— Kazuki quiere mucho a mamá.

— Mamá también te quiere mucho, Kazuki —Asami lo abrazó con fuerza sonriendo.

Ese era uno de esos días en que valía la pena estar con ellos. Los dos pequeños parecían necesitar más de su amor que de sus palabras. Mamoru se acercó a ellos y se sentó al suelo a su lado mientras acariciaba el pelo al pequeño. El adulto también se había dado cuenta de eso. Kizuna volvió con un papel entre sus manos y lo mostró a su madre.

— Vaya, qué bonito, Kizuna —Asami sonrió viendo unos dibujos que eran más de un niño de diez años que de cuatro. Había una casa al medio de un bosque, con cuatro personas al medio.

— No sabía que supieras dibujar tan bien —Mamoru miró a la pequeña confundido—. ¿Por qué jamás hiciste dibujos para papá? —la miró exagerando su tristeza.

— Porque Kizuna quería dibujar para mamá —respondió la niña sonriendo con sinceridad.

Mamoru bajó la cabeza al suelo en un gesto exagerado y haciendo reír a la pequeña.

— ¿La verdad duele, Hattori? —Asami se rio levemente.

— Eso ha sido cruel —Mamoru miró a Asami—. Claro, como tú ya tienes un dibujo de ella.

— ¿Papá quiere dibujos de Kizuna? —preguntó la niña mirándolo. Él afirmó con la cabeza—. Está bien —Kizuna sonrió hábilmente—. Mañana Kizuna le hará uno a papá.

Mamoru de nuevo exageró sus sentimientos, esta vez con felicidad.

— ¡Bien!

— ¿No viste jamás algún dibujo de ella? —Asami se rio y Mamoru la fulminó con la mirada.

— No sabía ni que utilizara lápices —Mamoru suspiró—. ¿Sabes? Aquí dónde los ves, estos dos se pasan el día sin decirme nada del colegio. Y por supuesto que no, jamás me dieron nada de ellos. Cuando llegó Kazuki, por Kizuna dejé de ser el favorito.

— Oh, debe de haber sido terrible —Asami habló burlándose de él.

— Lo digo en serio —se quejó él—. Kizuna se centró en intentar entenderlo y dejó de hablarme a mí… —Mamoru puso sus brazos delante de sus ojos haciendo ver que lloraba. La pequeña lo miró confundida.

— Los dibujos de Kizuna los tienen todos Ran-obaasan y Kazuha-obaasan —dijo la niña sonriendo. Mamoru bajó el brazo y desvió la mirada.

— ¿Por qué no me sorprende? —suspiró finalmente.

Asami se rio.

— Eres un mal padre —dijo la chica mientras cogía su mano—. ¿Kizuna quiere dibujar?

— Kizuna quiere dibujar siempre —respondió ella afirmando con la cabeza.

— Sí, claro —Mamoru rodó los ojos—. Porque papá es quién la obliga a comerse todo, ¿cierto?

— Papá es malo con Kizuna y Kazuki —se quejó el pequeño—. Hace comer de todo a nosotros y castiga si llevamos mal.

— ¿Por qué habla tan raro? —Mamoru lo miró asustado.

— Porque está intentando ser más adulto para protegernos —se rio Asami tímidamente—. He intentado corregirlo, pero…

— ¿Kazuki cree que papá no puede protegeros? —preguntó Mamoru con el ceño fruncido.

— Papá no puede proteger a mamá —respondió el niño sonriendo con sinceridad.

— La verdad sigue doliendo —se rio Asami viendo que él empezaba a arquear su ceja en un tic nervioso, claramente enojado—. Chicos, es mejor a veces que mintáis para no hacer tanto daño.

— ¡Sí, además diles eso! —gritó Mamoru mientras ella se reía con más fuerza.

— Es broma, es broma —se rio ella—. No te sulfures de ese modo —Asami puso su mejor cara de niña buena y luego lo acarició en la mejilla con un solo dedo. Mamoru se estremeció levemente—. Los niños lo hacen con buena intención —le dio un beso en la mejilla mientras se mordía el labio inferior, haciendo que Mamoru se sonrojara levemente, tranquilizándose.

— De acuerdo, de acuerdo —él desvió su mirada y Asami le guiñó un ojo a los dos pequeños que sonrieron satisfechos—. Bueno, mejor vamos a casa.

— Chicos recoged vuestras bolsas, vamos —Asami sonrió mientras se levantaba. Los dos pequeños corrieron a coger sus mochilas y se las pusieron detrás de la espalda.

— Coged alguno de vuestros juguetes —sonrió Mamoru—. Que así tendréis otras cosas para jugar.

Los dos se fueron corriendo hacia la habitación que compartían antes y cogieron dos cosas cada uno, una por cada mano, luego salieron los cuatro hacia fuera y se subieron al coche sin hablar con ninguno de los periodistas. En cuanto se alejaron de allí, Mamoru suspiró largamente.

— ¿Qué?

— Son todos periodistas de la empresa de Kikyo —Mamoru habló mientras el coche se perdía entre las calles ajetreadas de Tokio—. Están buscando algo, y no sé el qué.

— ¿Tal vez hundirme? Además también estaba esa fan tuya y, alguien que no reconozco —Asami se rio y él la miró unos segundos por el espejo retrovisor. Kizuna cogió el jersey de Asami y tiró de ella—. ¿Qué?

— Oneesan no quiere a mamá, ¿verdad? —preguntó ella.

— No, no la quiere —dijo Mamoru—. Yo también me he dado cuenta de eso.

— Te dije que te alejaras de ella, ¿y ahora envía a los suyos para pararnos algún tipo de trampa?

— No tengo ni idea —suspiró él—. Pero… —se calló. Tal vez ellos supieran algo de esas fotografías. En cuanto tuviera la oportunidad les preguntaría acerca de eso.

— ¿Pero? —dijo Asami.

— Nada, no importa —Mamoru sonrió forzadamente y se quedó en silencio.

Asami no quiso decir nada, pero sabía que Mamoru le ocultaba algo. Decidió no mencionarlo ni insistir delante de los pequeños. Tal vez le contaría luego lo que pasaba, cuando estuvieran a solas. Una vez dentro de la otra casa, los niños desaparecieron hacia sus habitaciones y ellos dos se quedaron solos en la cocina, empezando a preparar la comida. Asami miró de reojo al chico que estaba preparando las cosas para servir en la mesa.

— Dime —lo miró mientras se detenía a cortar las verduras. Mamoru la miró—. ¿Qué ocurre?

— Eso me gustaría saber a mí —dijo Mamoru—. ¿Tú…? —miró las manos de la chica—. Suelta el cuchillo anda —se rio. Ella se encogió de hombros y lo soltó. Él tiró de su brazo y la sentó en una silla—. ¿Tú has notado algo extraño últimamente?

— No. ¿Debería? —Asami frunció el ceño.

— No, importa.

— Sí que importa —Asami lo cogió del brazo antes de que se fuera y tiró de él—. ¿Qué ocurre?

— Nada, tal vez sean solo imaginaciones mías —se rio él.

— Mamoru no sé de qué me hablas —Asami rodó los ojos.

— Nada, nada —Mamoru sonrió forzadamente de nuevo—. Seguro serán imaginaciones mías —él se soltó de su agarre y se disponía a irse de nuevo a la cocina, pero la voz de la chica lo detuvo.

— ¿Puedo hablarte de algo? —preguntó ella.

— Claro —Mamoru se giró a mirarla y ella le señaló la silla de su lado. Mamoru se sentó—. Dime.

— Ayer me crucé con alguien, podría decir que es un conocido mío —susurró Asami.

— ¿Conocido? —Mamoru habló con un pequeño temblor en su voz.

— No —se rio ella—. No es nadie por quién preocuparse. Era uno de los que estaban en la producción de la película. Esa que Jun fastidió.

— Ah, sí.

— El músico y el productor, ese día no tenían que haber venido, así que ellos se salvaron —Asami suspiró—. Me pidió si quería participar con él en una de sus canciones, supongo que será en un vídeo musical.

— ¿Eso es todo? —Mamoru parpadeó confuso.

— Sí, creo —Asami frunció el ceño. ¿Qué esperaba que le dijera? Estaba claro que el chico escondía algo—. ¿Por qué?

— ¿Por qué, qué?

— ¿Qué es lo que esperas que te diga?

— No sé, ¿por qué me cuentas esto? —se rio Mamoru viendo que su conversación carecía de coherencia.

— Porque me gustaría participar en el proyecto, pero habiendo vuelto hace tan poco y teniendo a los niños —Asami bajó la mirada.

— Oye, hasta ahora las cosas han ido bien y yo he estado trabajando casi todos los días —se rio Mamoru—. Si es por ellos no te preocupes. Tienes que decidir lo que quieres hacer tú, ya que ellos no deberían de prohibirte de tu vida.

— Me gustaría participar realmente. Sería algo que me devolvería de nuevo al mundo real.

— Entonces hazlo —Mamoru sonrió satisfecho. Si le contaba a Tetsuya lo que ocurría, él podría encargarse de que nada malo sucediera, ya que él estaba en ese mundo y, tal vez, podría descubrir quiénes estaban detrás de eso.

— ¿Seguro? —Asami lo miró preocupada.

— Asami, esa es tu vida, ¿no? —él se levantó y se agachó delante de ella, cogiéndole las manos—. Entonces no hay ningún problema para que sigas adelante con ella. Mejor si te mantienes ocupada, porque creo que terminarás volviéndote loca si te quedas dentro de estas paredes —ella sonrió—. Si tú quieres hacerlo, yo no voy a impedírtelo —frunció el ceño y volvió a hablar en un tono de condición—. Siempre y cuando no haya nada de besos.

— Tranquilo, si los hay pediré a un doble —Asami levantó su mano derecha como si estuviera jurando con su cometido. Mamoru rodó los ojos—. ¿No te vale eso?

— Claro que me vale, pero no hace falta decirlo con este orgullo, ¿no? —él se rio—. Y ahora si me permites, debo de hacer algo antes de seguir con nuestra querida y apreciada rutina.

— ¿Qué vas a hacer?

Mamoru echó a correr hacia dentro del pasillo y Asami lo siguió andando.

— ¡Mamá tiene trabajo! —gritó sonriendo parándose en la habitación de Kizuna. Asami lo vio mirar por todo el lugar sin escuchar la voz de los pequeños—. ¿Dónde se han metido? —luego se paró delante de la habitación de Kazuki. Ni rastro del niño tampoco—. ¿Kazuki? ¿Kizuna? ¿Dónde estáis? —él palideció lentamente ante la atenta mirada de Asami. ¿Dónde se habían metido?

— ¿Niños? ¿A dónde habéis ido? —dijo Asami mientras Mamoru entraba en la habitación de Kizuna y observaba el interior de su habitación. Asami se fue hacia la habitación que compartían con Mamoru y observó debajo de la cama—. ¿Qué hacéis aquí? Salid, vamos. Los niños se quedaron quietos sonriendo y tapándose la boca con las manos—. ¡Aquí Mamoru! —dijo elevando la voz para que él la escuchara. Él apareció al cabo de poco por la puerta y se sentó en la cama, a su lado—. No quieren salir.

— Y no me extraña —Mamoru la miró enfadado.

— ¿Qué? —Asami lo miró confundida.

— Niños, salid de aquí —dijo él cruzándose de brazos—. Ahora —los dos salieron por la parte de atrás y se acercaron sonriendo hacia Mamoru—. ¿Qué ha pasado?

— Bueno… —Kizuna, como siempre hablaba por los dos, pero esta vez su posado era lleno de una timidez fingida—. Kizuna y Kazuki estaban jugando, pero los muñecos estaban sucios, así que Kizuna y Kazuki decidieron limpiarlos en el baño.

— Decidieron limpiarlos —Mamoru suspiró largamente mientras cerraba los ojos—. ¿Podéis decirme qué habéis limpiado exactamente? —Mamoru los miró enfadado mientras se arrodillaba al suelo delante de ellos. Asami se alejó hacia el baño para ver lo que había ocurrido. Los niños habían metido un cubo debajo del grifo y habían vaciado el jabón en el cubo. Pero no se habían dado cuenta de que el cubo había llegado a su límite de agua, dejando un charco enorme de agua y jabón al medio del baño. Al bajarse del banquito que tenían para llegar al salpicadero sin problemas, se habían mojado los pies por completo, así que habían dejado sus calcetines mojados en el suelo. Habían vaciado el armario de toallas y las habían dejado todas al suelo para secar, mientras el grifo había seguido funcionando, hasta que Mamoru lo había detenido. Asami se cubrió la boca para no reírse. Debía de mantener su cabeza centrada en que los niños habían obrado mal, pero le costaba no reírse viendo todo patas arriba y sabiendo que ellos mismos habían intentado cambiar el desastre que habían provocado. Se mordió el labio inferior intentando no reírse y volvió con ellos. Observó como Mamoru estaba riñendo a los dos pequeños por lo que habían hecho—. Por eso, si sucede algo así, debéis de cerrar el grifo y secarlo solo con una toalla, ¿entendéis?

— Sí —los dos sonrieron infantilmente, dándole a entender al chico que ni siquiera lo habían escuchado.

— ¿Por qué no me estáis escuchando? —Mamoru les cogió las mejillas, pellizcándoles suavemente. Los dos niños se pusieron las manos en las mejillas frotándolas con fuerza—. ¡¿Habéis entendido lo que he dicho?! —gritó.

— Sí —dijeron los dos bajando la mirada al suelo y con voz de arrepentimiento.

Mamoru suspiró largamente. No podía dejar de acordarse de cuando su padre les regañaba a él y a sus amigos por cosas como esas y se arrepentía interiormente de lo duro que había sido para sus padres el criar a un niño tan impulsivo como él. Kizuna sonrió aún con la cabeza bajada, haciendo que él se enojara aún más.

— Kizuna y Kazuki lo han hecho con buena intención —la pequeña se acercó un poco hacia él para acariciarle la mejilla con un dedo y luego besarlo en el lugar, mordiéndose el labio inferior.

Asami finalmente estalló en risas mientras Mamoru se había quedado completamente estático. ¿Qué había sido eso? Mamoru miró confundido a Asami, realmente no sabía que había hecho.

— Me ha intentado imitar —se rio Asami con fuerza, agarrándose la barriga con las dos manos—. Me ha intentado imitar para seducirte.

— ¿Cómo? —Mamoru frunció el ceño.

— Antes te calmé de esa manera… y… ella lo ha intentado… hacer para calmarte —Asami no podía dejar de reír.

Mamoru se miró a Kizuna. ¿Realmente había intentado imitarla? ¿Cuándo había empezado a imitar los gestos de Asami con tanta facilidad? ¿Cuándo había conseguido incluso imitar un poco su voz? Kazuki estaba mirando a Kizuna con el ceño fruncido. ¿Kazuki realmente quería imitarlo a él? ¿Pero qué pasaba con ese par de niños? ¿Realmente tenían solo cuatro años? Asami estaba cambiándolos a todos poco a poco. Qué gran influencia podía tener la naturalidad de esa chica en ellos.


Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!

Próximo capítulo: 'Ella y Motoyama Rei'.