Hellow!
Humana: thank you! :3 espero que este también te guste ;)
24 de Mayo.
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Ella y Motoyama Rai
Asami se dejó llevar. No estaba muy convencida de aquello, pero aún así escuchó la canción un par de veces antes de decirles que estaba preparada para hacerlo. Su vestido al menos era algo menos provocativo que la última vez que había colaborado en un video musical. Llevaba unos pantalones piratas de color negro arrapados y un jersey de color verde agua, ancho y largo hasta por medio muslo y que le caía por uno de sus hombros. Rai se puso al medio del escenario con la gente que tocaba con él y le hizo señas a Asami para que subiera al escenario. Rai parecía haber estudiado mucho sus movimientos para poner a novias celosas. El coreógrafo se acercó a ellos y le dijo a Rai su parte, mientras Asami los escuchaba con atención. Luego, el cantante y músico la rodeó con una mano en la cintura y le susurró sus movimientos al oído de la chica. Asami se sentía incómoda con alguien con tantas confianzas como él, pero su trabajo era actuar. Mientras no fuera más allá de eso, no había problema. El maquillaje le molestaba en su rostro, pero debía de seguir si quería conseguir volver a la normalidad, ya que el grupo de Rai estaba realmente repleto de productores importantes en el mundo del espectáculo. Finalmente, después de grabar las escenas en el plató, todo el equipo se debía de ir a la playa a terminar de grabar, pero decidieron dejarlo por la mañana siguiente para poder coger la puesta del sol a tiempo.
Asami se fue a casa después de cambiar sus ropas y sin quitar el maquillaje en su cara. Cuando llegó, los niños se abalanzaron a sus brazos con tanta fuerza que por poco no la tiran al suelo. Mamoru salió detrás de ellos directos para volver a las afueras de la ciudad en la casa de Yui. Había llegado tan tarde, que los niños ya habían cenado y se habían bañado. En cuanto llegaron a la otra casa, obligaron a Kizuna y a Kazuki a irse a dormir.
— ¿Cómo ha ido? —preguntó Mamoru mientras cenaban los dos a solas en la otra casa. Asami ni siquiera se había quitado el maquillaje aún—. Te has decorado muy bien…
— ¿Decorado? Esa es nueva —se rio Asami al ver que el chico enrojecía levemente.
— Las mujeres son bonitas y solo se decoran. No se hacen más bonitas con el maquillaje —respondió él sonriendo travieso—. Bueno hay algunas excepciones claras que confirman esta regla, pero son casos extremos y externos a nosotros dos… —le guiñó un ojo mientras la veía completamente desconcertada.
— Oh, ha sido muy bonito, gracias —Asami sonrió levemente hacia él—. Ha ido bien, aunque mañana voy a pasar frío —Mamoru la miró interrogativamente—. El jersey que llevo es muy delgado y vamos a estar grabando toda la puesta de sol en la playa. Estoy yo sola como bailarina y me siento un poco incómoda con el maquillaje. Pero lo que ha hecho Rai ahora mismo es algo impresionante y debo resistir hasta el final.
— Bien… —Mamoru se levantó y se fue hacia el baño bajo la atenta mirada de Asami. Cuando volvió la chica tenía una ceja arqueada y sus brazos cruzados. Su mirada le estaba preguntando un '¿cómo que bien?'. Mamoru se echó a reír mientras acercaba su silla a la de la chica—. Esto es lo que querías, ¿cierto? —Asami afirmó con la cabeza lentamente mientras veía a Mamoru con una toalla húmeda en su mano—. Cierra los ojos —susurró en un hilo de voz muy débil y ella lo hizo.
Mamoru le puso una mano en su barbilla, tocándola como si de una pieza de porcelana se tratara. Su contacto era tan suave que hizo que el corazón de Asami se volviera a acelerar de nuevo. El chico pasó la pequeña toalla por el rostro de Asami con mucha lentitud, quitándole los restos de maquillaje y haciendo estremecer a Asami con el contacto delicado y frío de esta. Asami colocó sus manos encima del regazo del chico mientras él seguía quitándole el maquillaje con una lentitud extrema. A ninguno de los dos le importó. Las pequeñas caricias al final de un día agotador, les calmaba y les recordaba que aún estaban el uno con el otro. Mamoru bajó la toalla en los labios de ella y los frotó con delicadeza igual. Luego bajó la toalla y besó sus labios con suavidad. Las manos de Asami rodearon el cuello del chico rápidamente haciendo que ese delicado beso se intensificara mucho más. Cuando se separaron, Mamoru apoyó su frente en la de ella.
— Te quiero —susurró ella casi sin voz.
— Yo también te quiero —respondió él cerrando los ojos por unos segundos.
— ¿Vais a venir a verme mañana? —preguntó Asami sonriendo con tranquilidad.
— Si tú lo quieres, por supuesto —respondió él sonriendo también y mirando sus intensos ojos azules.
— Quiero —Asami afirmó con la cabeza exageradamente y él la volvió a besar de nuevo.
— Mañana tengo que ir al Programa a entregar unos papeles —susurró él apartándose de ella.
— ¿Al Programa? —preguntó Asami cambiando su intensa sonrisa a una cara llena de preocupación—. ¿Por qué?
— Porque me dijeron que allí era dónde podía encontrar a un cantante llamado Silver Bullet Junior —se rio Mamoru—. Al parecer es allí en dónde se ha pasado la última semana, con no sé qué caso raro.
— Ah, de acuerdo —Asami sonrió feliz y se levantó para recoger la mesa.
Mamoru la observó con atención, muy preocupado. ¿Qué debía de hacer? Tal vez si se lo contaba… Negó con su cabeza con fuerza y luego bajó su mirada al suelo. No. Esa mañana le había llegado otra foto justo encima de las carpetas que aún le quedaban por entregar. Cuando había entrado en su despacho compartido y había visto la cara de preocupados de sus compañeros, se apresuró a ir a su mesa para ver lo que había sucedido. Los psicólogos claramente querían saber si estaba bien, pero Mamoru salió de allí sin responder ninguna pregunta, dirección directa para hablar con Miwako. Detrás de la foto, estaba escrito en letras rojas perfectas de un bolígrafo que más tarde le habían dicho que era sangre. ¿Quién podía hacer eso? ¿Quién estaba amenazándolo de esta manera? ¿Por qué? ¿Tenía esto algo que ver con lo que le había pasado a Asami o a los niños? De nuevo esa noche no dormiría. Se levantó y se acercó a Asami por detrás, abrazándola y apoyando su cabeza en su hombro.
Asami se quedó quieta con los platos en la mano, asustada. Algo andaba mal.
— ¿Mamo-ru?
— Solo un rato, por favor —susurró él mientras intentaba quitar sus pensamientos de su cabeza.
Asami se quedó completamente quieta. Tenía muchas ganas de romper los platos y abrazarlo, pero eso de seguro despertaría a los niños, si es que se habían dormido ya. Comprobó que estaba justo a medio camino de la mesa al fregadero y por lo tanto no podía moverse sin parecer que no quisiera ese abrazo.
— Mamoru, espera un segundo —Asami optó por la opción más fácil. Se arrodilló lentamente al suelo y dejó todo mientras Mamoru se apartaba de ella. Cuando se levantó se giró y lo observó atentamente—. ¿Qué ocurre? —lo abrazó con fuerza—. ¿Ha sucedido algo?
Él negó con la cabeza mientras se cogía con fuerza a su jersey. Llevaba la foto en su bolsillo, doblada mientras su cabeza seguía preguntándose si debía de decírselo. Cogió aire con cansancio mientras intentaba evitar que su cuerpo temblara de nuevo.
— Estoy cansado —susurró apartándose de ella.
— Sí, ya lo veo —Asami lo miró mucho más preocupada aún.
— Perdona, no quería preocuparte —susurró mientras se giraba para irse—. Kizuna… —observó a la pequeña que se había quedado al medio del pasillo, agarrada al pequeño peluche que Asami le había dado días atrás—. ¿Qué ocurre?
— ¿Papá está bien? —preguntó la pequeña sin moverse del lugar.
— Sí, papá está bien —él se acercó a la pequeña y se arrodilló delante de ella—. ¿Qué ocurre?
— Bicho… —la niña señaló hacia detrás preocupada haciendo que Mamoru sonriera con tristeza.
— El único bicho que hay aquí eres tú —él la cogió en brazos y la llevó de nuevo a la habitación mientras hablaba en susurros con ella.
Asami los observó alejarse y escuchó las palabras lentas y suaves de Mamoru para tranquilizar a la pequeña. Cogió los platos y lavó todo con lentitud mientras su cabeza intentaba entender lo que había sucedido. Se iba repitiendo a sí misma que todo saldría bien, pero algo no estaba nada bien. ¿Era solo cansancio? ¿Había tenido un mal día? ¿Era por su culpa? Tal vez había sido ella demasiado egoísta al pedirle a Mamoru que le dejara seguir en el mundo del espectáculo y eso lo estaba poniendo nervioso a él. ¿Qué podía hacer ahora? Se quedó observando el agua del grifo cayendo, sin darse cuenta de que sus manos no se movían ni de que se había quedado completamente absorta en sus pensamientos.
Mamoru volvió al cabo de poco rato y observó la espalda de la chica. Sin decir nada, volvió sobre sus pasos y se fue a prepararse para ir a dormir.
Cuando Asami se dio cuenta, ya era muy tarde. Terminó de lavar los platos y se fue hacia la habitación, viendo que el chico estaba dentro de la cama y con los ojos cerrados. Se tomó una ducha rápida y volvió a la habitación para tumbarse al lado del chico. Se quedó observando el techo sin tener sueño. Su cabeza seguía divagando en lo que había sucedido para que Mamoru estuviera de esa manera. Miró al chico que estaba dándole la espalda a ella. Asami sabía que no estaba durmiendo. ¿Qué iba a suceder ahora? ¿Qué podía hacer ella? Se giró de lado y puso su brazo rodeando al chico. No quería que nada malo sucediera.
— Lo siento —susurró ella cerrando los ojos. Fuera lo que fuera lo que hubiera sucedido, tal vez eso aliviara un poco la situación.
Mamoru se quedó en silencio. Notó la mano de la chica en su cintura y abrió los ojos con tristeza. No podía decirle nada. Se sentía muy mal porque ella estuviera preocupada, pero si intentaba inventarse una excusa, seguramente ella se daría cuenta y terminaría peor o contándole la verdad. Se mordió el labio para detener alguna palabra de consuelo hacia ella. Si la chica se enojaba tal vez sería mejor, así al menos podría seguir protegiéndola. Había hablado con Tetsuya y él le había dicho que le trajera todo por la mañana para que pudiera tener alguna pista en dónde fijarse. Asami estaría protegida y eso era lo que importaba.
Por la mañana, Mamoru se despertó completamente solo. Después de vestirse, se fue a la habitación de Kazuki a despertar al pequeño, pero el niño no estaba. Luego se fue apresurado a ver a Kizuna, pero ella también había desaparecido. Cogió aire y lo soltó con lentitud para intentar calmarse, pero finalmente se fue corriendo hacia el comedor para encontrarse a Kizuna y a Kazuki, vestidos para el colegio y comiendo el almuerzo que Asami les había preparado. La adulta estaba apoyada en el fregadero observando en silencio como los niños hablaban sobre las cosas que harían en el colegio durante ese día.
Al ver que llegaba con tanta prisa, los niños se quedaron mirándolo y luego miraron a Asami. Los dos pequeños se miraron entre ellos confundidos y luego volvieron a mirar a Mamoru.
— ¿Qué ocurre, papá? —preguntó la pequeña.
— Nada, nada —Mamoru sonrió tristemente hacia ellos—. Vamos, terminad rápido que iremos al colegio —los dos afirmaron con la cabeza y siguieron comiendo pero en silencio. Mamoru se acercó lentamente a Asami y la acorraló en el fregadero, poniendo un brazo a cada lado de ella—. Tenemos que hablar —añadió en un hilo de voz que a los dos niños les costó mucho entender.
— ¿Tú crees? —preguntó Asami mirándolo con tristeza y sin darse cuenta de que su voz era demasiado elevada. No había dormido casi en toda la noche, intentando pensar lo que había podido hacer que Mamoru estuviera de ese modo la noche anterior. Por su cabeza habían pasado demasiadas cosas terribles que la habían dejado completamente sin sueño.
— Asami perdóname —susurró Mamoru intentando forzar sus ojos a mirar a esas dos tanzanitas que habían perdido todo su brillo de la noche anterior—. No es por ti, te prometo que no estoy así por ti, ¿vale? Recordé algo que había pasado en la comisaría y…
— ¿Tan poco confías en mí entonces? —preguntó ella apartándolo con fuerza. Mamoru se tambaleó un poco y bajó la mirada de golpe. Asami se había enojado lo suficiente. Él sabía por experiencia que era mejor intentar tranquilizarla a tiempo y que si no, era mejor que se tranquilizara a sí misma. Decidió callarse unos segundos antes de intentar interrumpirla, pero cuando él abrió la boca para hablar, ella le interrumpió de nuevo—. ¿No puedes simplemente contarme tus preocupaciones e intentar que pueda ayudarte de algún modo? ¿O es que ni siquiera crees que pueda ayudarte? ¿Tal vez sea que creas que no necesitas jamás de mi apoyo? —Mamoru abrió la boca unos segundos pero ella de nuevo lo interrumpió—. ¿Estamos bien o estamos viviendo en un mundo lleno de mentiras?
— No es eso —finalmente decidió hablar antes de que otra pregunta lo desconcertara más que las anteriores—. No es eso, Asami. Confío plenamente en ti y quiero que me ayudes. También estoy completamente seguro de que no estamos viviendo mentiras. Pero…
— Pero no puedes decirlo, claro —Asami sonrió con frialdad—. Entonces no sé que estamos hablando.
— Asami no hagas eso, por favor —se quejó él empezando a alzar la voz sin darse cuenta—. Estoy intentando asimilarlo, ¿vale? Cuando sepa bien lo que ha estado ocurriendo entonces te contaré todo, pero…
— ¿Es que te han echado? —Asami arqueó una ceja.
— ¡Sabes que no es eso! —gritó él desesperado.
— ¡Entonces si sigues siendo detective usa tu parte racional del cerebro! —gritó ella encarándolo mientras se acercaba a él. Kizuna y Kazuki se quedaron con la boca abierta mirando a los dos.
— ¡Por el amor de Dios, Asami! —Mamoru estaba desesperando y si eso seguía así no tenía otro remedio que contarle. La parte racional de su cerebro le decía que detuviera sus palabras en su cabeza antes de dejarlas correr y finalmente esa parte fue la que consiguió vencerlo—. ¡Estoy intentando evitar que esta maldita pesadilla siga adelante, ¿vale?! ¡Lo estoy intentando con todas mis fuerzas! ¡Quiero dejar de vivir esa pesadilla! —se calló de golpe.
La sonrisa fría de Asami le había indicado que de nuevo no había calculado completamente sus palabras. Claramente ella se había enojado y él ya ni recordaba lo que había dicho. Ella tan solo se cruzó de brazos e hizo un pequeño 'Mmmmmm…' que le indicó que claramente se había enojado esa vez. Mamoru soltó el aire con desespero mientras intentaba recordar lo que acababa de decirle. ¿Por qué narices no se podía callar la boca algún día? ¿Por qué tenía que tener esa sangre tan de su padre y pifiarla en el peor momento? Todo estaba bien. Todo estaba bien. Su cabeza no dejaba de repetirle eso, pero no podía pensar en alguna palabra adecuada para intentar que el enfado de ella disminuyera de algún modo. El teléfono de Asami sonó interrumpiendo sus pensamientos y haciendo que todos miraran a la mujer descolgar.
— Dime Rai —dijo antes de que el chico al otro lado pudiera hablar—. ¿Cómo que a cenar? —Mamoru frunció el ceño y empezó a preocuparse. Asami lo miró sonriendo con tanta frialdad que le indicaba que iba a vengarse por eso—. ¿Ah? ¿Es por eso? Entonces vale —la chica sonrió aún más—. Sí, no hay ningún problema. No, claro que no. No es ninguna molestia pasar la noche contigo. Nos vemos en una hora —Asami colgó y miró hacia los niños mientras Mamoru la seguía con la mirada. La chica no iba a decirle el motivo por el que había sido esa llamada. Esa era su venganza—. Vamos chicos. ¿Habéis terminado ya?
— ¿Mamá y papá no comen? —preguntó Kizuna mientras Kazuki afirmaba con la cabeza. Aún no se habían comido la mitad del plato, pero los dos estaban suficiente asustados para que nada de esa comida les pasara por la garganta.
— Mamá no tiene hambre —sonrió Asami—. Vosotros casi no habéis comido tampoco —Asami frunció el ceño.
— Kizuna perdió el apetito —susurró la niña bajando la mirada.
— Oye, no te preocupes —Asami se arrodilló a su lado y sonrió cálidamente, mientras le apartaba un mechón de la cara—. Ya verás como todo se soluciona.
— ¿Mamá está bien? —preguntó Kazuki.
Asami afirmó con la cabeza.
— ¿Y Kazuki? —el pequeño le negó con la cabeza—. ¿Qué ocurre? —preguntó Asami.
— Kazuki también perdió el apetito —susurró el pequeño.
— Está bien, está bien —Mamoru se acercó a ellos y sonrió—. Vamos, coged vuestras cosas, chicos.
Los dos afirmaron con la cabeza aún con tristeza y saltaron de las sillas para ir a coger las mochilas que tenían ya preparadas detrás del sofá, en el suelo. El viaje de vuelta a Tokio fue más silencioso que de costumbre. No era porque Asami y Mamoru no hablaran, cosa que habitualmente sucedía, sino porque Kizuna y Kazuki se habían quedado en completo silencio. Los dos, habían decidido no decir nada al respecto, pero estaba claro que se sentían incómodos habiendo visto a sus padres pelear esa misma mañana. Cuando llegaron al colegio de los niños, Asami salió la primera para abrir la puerta a los dos pequeños. Kizuna salió y Kazuki se quedó apoyado en el asiento de Mamoru mirándolo preocupado.
— No hay nada que temer, Kazuki —Mamoru sonrió hacia él girándose para verlo—. A veces es bueno pelearse. Vamos, sé bueno al colegio, ¿vale?
El niño afirmó con la cabeza mientras Mamoru lo acariciaba con una mano. Luego salió por donde aún estaba la puerta abierta. Asami metió la cabeza a dentro del coche y sonrió con frialdad.
— Terminaré tarde —ella sonrió—. No hace falta que vengas a la playa.
Mamoru sabía que eso significaba completamente lo contrario.
— Tranquila, voy a venir —el sonrió forzadamente.
Asami se encogió de hombros poniéndose seria. Mamoru también puso su expresión completamente seria.
— Te envío la dirección luego —dijo ella.
— Tranquila, te encontraré, como siempre —Mamoru sonrió amablemente y Asami cerró la puerta con fuerza claramente más enojada.
El chico se encogió por el ruido de la puerta del coche y luego rodó los ojos. No iba a ir nada bien el día. Siguió el camino hacia la comisaría para recoger la carpeta y solo entonces se acordó de que había dejado la fotografía en el bolsillo de su ropa. Debía de acordarse de recuperarla, antes de que Asami lo encontrara.
Cuando llegó al Programa, Tetsuya lo estaba esperando delante de la tienda de la madre de Irie. Estaba apoyado en la pared del lugar, hablando con los brazos cruzados con Himitsu. Parecían muy inmersos en su discusión y hablando con una voz muy débil y rápida.
— ¿Qué pasa? ¿Es que hoy todo el mundo pelea? —preguntó poniéndose a su lado.
— ¿Tú también te has peleado con alguien? —preguntó Tetsuya sonriendo.
— Asami —Mamoru suspiró largamente.
— ¿Qué le has hecho? —preguntó Himitsu.
— Nada, por supuesto —él lo fulminó con la mirada—. Estaba cansado y cuando me di cuenta ella ya sabía que le estaba ocultando esto. Es un rollo tener a una ex-detective como prometida, ¿sabías? Además, me ha dicho que no me presentara en la playa, en dónde hoy harán la grabación con una sonrisa muy fría y llena de falsedad.
— Oh, tienes un problema —se rio el cantante.
— Sí —respondió él—. Debo de averiguar dónde es ese lugar antes de que me mate.
— Intentaré disuadirla de que se entere de esto —Tetsuya paró la mano hacia él y Mamoru le dio la carpeta—. Vamos a ver esto —los tres entraron hacia dentro.
La tienda no había cambiado en absoluto y tampoco el lugar del Programa. Cuando llegaron a dentro estaban padre e hijo Irie delante de una pantalla mientras intentaban averiguar la localización exacta de una fotografía que no podían situar en un mapa. Muchos policías, estaban medio riéndose por la pequeña discusión de padre e hijo que parecía no tener fin.
— ¿Interrumpimos algo? —preguntó Mamoru hablando con cansancio.
Los dos se giraron de golpe y sonrieron.
— ¿Creéis que esto es de América del Norte o de Islandia? —preguntó Renzo señalando la foto de un paisaje nevado en un cercado con un cartel militar.
— Bueno, no reconozco el escudo militar, la verdad —dijo Himitsu.
— A mi tampoco me suena —dijeron Tetsuya y Mamoru a la vez—. Pero no creo que sea de ninguno de los dos sitios —añadió el cantante—. Esto podría ser cualquier lugar del mundo en dónde haya nevado alguna vez desde la existencia de las cámaras digitales y los teléfonos móviles con cámara. Ya que la fotografía lleva una fecha incorporada.
— Buena observación —dijo Raito sonriendo hacia su hijo—. ¿A qué habéis venido?
— A tener un lugar seguro para hablar de negocios —Tetsuya se rio y todos lo miraron desafiantes—. Es broma, es broma. Solo que los espías están por todos lados y se trata de un caso de amenaza, así que… —Tetsuya levantó la carpeta y Renzo señaló hacia el fondo en dónde había una mesa alargada y redondeada completamente vacía.
Los tres se fueron hacia allá y Tetsuya dejó la carpeta encima de la mesa.
— Vamos a ver esto —Himitsu observó por encima del hombro de su gemelo mientras este abría la carpeta y sacaba las fotos y la carta, envueltos por separado en bolsas de plástico. El cantante le pasó la primera foto a él que se apartó para observarlo todo con detalle—. Son profesionales en materia de fotografía. No se han dado cuenta de ello. Tal vez la cámara no sea precisamente eso.
— ¿Qué quieres decir? —Mamoru frunció el ceño hacia él.
— Cámaras que son botones, mecheros o cualquier otro objeto, ¿no has visto nunca ninguno? Creo que se le llamaba micro tecnología.
— Eso solo sale en las películas —respondió Tetsuya mirándolo de reojo.
— Black tenía una cámara en una caja de tabaco —informó Himitsu—. Venga ya, ¿tenéis aquí esa sala tan bien hecha con tecnología de primera y no tenéis cosas prácticas para los agentes de campo?
— Exacto —sonrió Tetsuya.
— Podría ser cualquier cosa, entonces —Mamoru suspiró—. Eso explicaría el motivo por el que ella no se dio cuenta.
— Incluso podría ser alguien disfrazado que vaya cambiando para que no se dé cuenta —suspiró Himitsu.
— También puede tener algún cómplice —añadió Tetsuya—. Que pueda hacer que se dé aún menos cuenta de que la están siguiendo.
— No lo sé, pero ahora mismo está tan enojada conmigo que es imposible que yo la pueda proteger de lo que venga —susurró Mamoru viendo como Tetsuya se leía la carta.
— Caligrafía demasiado perfeccionista —Tetsuya miró a Himitsu, que había hablado—. ¿Una mujer? —Himitsu le devolvió la fotografía al cantante y cogió la carta mientras se apoyaba en la mesa.
— Seguramente.
— ¿Una mujer? —preguntó Mamoru—. ¿Cómo vais a suponer eso?
— Las mujeres son las que confían en que tienen una buena caligrafía y que por ese mismo motivo no se las puede detectar tan fácil —dijo Tetsuya—. Estoy seguro de que ni tú ni todos los hombres que están aquí se atreverían a enviar una carta con su caligrafía propia —Himitsu afirmó con la cabeza detrás de él.
— Por muy bonita que puedas hacer la caligrafía, los hombres en general tienden a tenerla un poco más desastre. Por ese mismo motivo existen los recortes de periódico o las computadoras. Para sustituir esa falta de seguridad al escribir.
— ¿Falta de seguridad? —Mamoru frunció el ceño—. ¡Oye Irie! —llamó al hijo que se giró rápidamente hacia ellos—. ¿Haciendo la letra que haces te atreverías a escribir una carta de amenaza con la perfección en ella?
— Claro que sí —respondió él acercándose—. Puedo imitar cualquier tipo de letra y por lo tanto hacerlo irreconocible.
— Pero tiene razón —dijo Himitsu. Mamoru lo miró viendo que tenía la bolsa abierta y estaba oliendo su contenido—. Huele a perfume.
— Para eso, cogería el perfume de mi madre y lo pondría en la habitación para que no se notara acerca de mí —respondió Renzo con una sonrisa. Mamoru lo señaló sonriendo.
— Aunque bien puede ser una mujer —susurró finalmente el chico Hattori.
— ¿En qué piensas? —preguntó Tetsuya.
— En que me habló de ese tipo de Osaka —respondió Mamoru—. Y al parecer dijo algo acerca de 'ella'. Así que bien puede ser una mujer y que esté relacionada con el secuestro de Osaka.
— Una mujer, ¿eh? —Tetsuya miró hacia Himitsu. Mamoru suspiró largamente—. Por eso Asami se ha enfadado contigo.
— ¿Qué? —Mamoru lo miró confundido.
— El que suspires de ese modo —Tetsuya sonrió intentando parecer calmado—. Ese es el motivo por el que Asami se ha enfadado contigo. Oye, no somos de mucha ayuda con las fotos estas, pero… —le puso una mano encima del hombro intentando darle ánimos—. Yo voy a ir ahora en la playa esa, me entero dónde es, te envío un mensaje y me voy a incordiar un poco a ese tipo y a hacer que esa mujer tan pesada deje de pensar en cosas raras, mientras Himitsu puede ir a ese sitio sin ser reconocido y que intenten…
— ¡HERMANITOSSSSSSSSS! —gritó alguien corriendo hacia ellos. Himitsu se apartó rápidamente, haciendo que la chica de pelo rubio se abrazara a Tetsuya con fuerza.
— ¡Thea déjalo ya! —gritó el cantante intentando quitar los brazos de la chica de su garganta que le ahogaban.
— Vaya, sigue teniendo ánimos y todo —dijo Jodie detrás de ellos. Himitsu se puso completamente firme intentando no mirarlos.
— Oye, que lo necesito vivo, por favor —se quejó Mamoru al ver que Tetsuya estaba enrojeciendo intentando sacarse a Thea de encima.
— Ah, perdón —Thea se apartó de él y Tetsuya tosió levemente.
— ¿Se puede saber qué pasa contigo? —preguntó el cantante encarándola.
— Últimamente me he hecho más fuerte, ¿no crees? —sonrió ella intentando parecer un poco tímida.
— ¿Más fuerte? ¡Por poco no me matas! —se quejó el cantante gritando—. ¡Ten un poco más de cuidado, Thea!
— Perdón —dijo ella suspirando.
— No le hagas caso, Thea, lo de casarse lo ha hecho viejo de golpe —se rio Shuuichi con frialdad.
— Ah, debe de ser eso —Thea sonrió ampliamente y satisfecha con esa respuesta de su padre.
Tetsuya fulminó con la mirada al hombre y entonces se quedó mirando a Himitsu. Realmente parecía no saber cómo comportarse con ellos. El cantante se echó a reír a carcajadas haciendo que todos lo miraran confundidos. Pocas veces le habían visto reír y menos de esa manera. Himitsu se acercó a Mamoru en un intento de alejarse de todos ellos. Recordaba la última vez que les había visto y ni siquiera había sido capaz de intercambiar más de una sílaba con ellos. Que Tetsuya se riera de su nerviosismo solo lo hacía peor.
— ¿Qué le pasa? —preguntó Mamoru mirando a su gemelo de pelo azulado.
— No preguntes —se quejó él apretando los dientes con fuerza.
— Vamos, relájate, hombre —Tetsuya le golpeó la espalda con fuerza, haciendo que Himitsu lo fulminara con una mirada peor que la que el cantante siempre hacía.
— ¡Lo que no entiendo es cómo puedes estar tu tan relajado! —se quejó el chico de pelo azul gritando.
— Porque estoy acostumbrado —Tetsuya se encogió de hombros levemente—. Vamos, debes de tranquilizarte y respirar hondo.
— Respirar hondo, si supiera lo que es eso —Himitsu rodó los ojos y finalmente suspiró soltando el aire con cansancio.
— Vamos, vamos, tenemos que irnos —Tetsuya lo empujó—. Un placer volver a veros —dijo saludando a la familia Akai. Luego se giró para mirar a Mamoru—. ¿Te vienes o te quedas aquí? —Mamoru cerró la carpeta después de recoger todas las fotografías y la carta, hizo una pequeña reverencia hacia la familia Akai y salió con prisas de allí detrás de ellos. En cuanto hubieron salido de allí, Tetsuya sonrió hacia Himitsu—. Tienes que acostumbrarte de una vez.
— No puedo —se quejó él—. Solo me pongo nervioso cuando estoy con ellos.
— Y Chizuko no está ahí para salvar el día, ¿eh? —Tetsuya se burló dándole un pequeño codazo y haciendo ruborizar a su gemelo.
— Bueno, entonces…
— Himitsu, ve a ese sitio e intenta averiguar si puedes ver a las personas que estén detrás de esto —dijo Tetsuya—. Intenta pasar un poco desapercibido y busca si hay algún otro mensaje para él —Himitsu afirmó con la cabeza—. Yo iré a protegerla a ella —sonrió Tetsuya—. Te encargo a ti a los niños, ya que te llevas mejor con ellos —se rio mirando hacia su hermano—. Vuelve a la oficina e intenta actuar como si nada. Cuantas menos personas se enteren, más posibilidades de que ella tampoco.
— ¿Por qué están amenazando la vida de Asami-oneesan? —preguntó Thea detrás de ellos y asustándolos a los tres. Se quedaron viendo a la familia Akai que acababa de salir de allí.
— Thea, no hagas eso —se quejó Jodie tapándole la boca justo después de que ella terminara de preguntar eso.
— ¿Cómo? —Mamoru se quedó mirando a la niña que sonreía satisfecha.
— ¿Habéis venido por Asami? —preguntó Tetsuya mirándolos.
— Me tiene que devolver mi camiseta —se quejó Thea encogiéndose de hombros.
— Vosotros le ayudasteis a salir del país —Tetsuya rodó los ojos.
— Y al parecer los rumores son ciertos —suspiró Jodie.
— ¿Qué rumores? —preguntó Himitsu con el ceño fruncido y haciendo que Thea lo mirara ilusionada.
— Al parecer Kudo Asami es enemiga incluso de sus propios fans ahora mismo —dijo Shuuichi mirándolo a los ojos, cosa que hizo que el chico desviara su mirada.
— Vaya, si tienes una bonita voz —sonrió Thea con aire soñador haciendo que todos la miraran confundidos. La chica estaba mirando a Himitsu con las manos juntas delante de ella.
— ¿Qué…?
— Pasando de ella —Tetsuya apartó a Thea empujándola levemente hacia detrás de su madre, mientras interrumpía a Himitsu—. ¿Cómo que de sus propios fans?
— En Estados Unidos todos están en su contra —suspiró Jodie—. Incluso aquél que al final decidió dejar de amenazarla está empezando a replantearse su oferta. hay un tipo diciendo que tiene fotos de ella cuando vivía en Estados Unidos de dentro de su casa.
— Entonces tenemos un problema, si Jack también vuelve a amenazarla —Tetsuya arqueó una ceja y miró a Mamoru—. ¿Qué piensas hacer?
— Ni siquiera ha dicho día y hora así que no puedo planear ir allí porque sí y perder más tiempo —se quejó Mamoru.
— Está bien —Himitsu sonrió—. Voy a reunir pruebas entonces. ¿Te encargas tú de ella? —miró hacia Tetsuya que afirmó con la cabeza.
— ¿Planeáis descubrirlo solo vosotros? —Shuuichi frunció el ceño.
— ¿Por qué? —preguntó Tetsuya.
— ¿Y si es algún conocido vuestro? —preguntó Shuuichi—. ¿Habéis pensado en que os van a reconocer aunque estéis disfrazados?
— Puedo estar allí por casualidad —dijo Himitsu—. Somos libres de ir a dónde queramos, ¿no?
— Un campo abierto —Tetsuya sonrió con frialdad mirando hacia Thea—. ¿Quieres ayudar?
— Claro —la chica sonrió levantando la mano al aire.
— ¿Qué planeas? —preguntó Jodie fulminándolo con la mirada.
— Que vaya con Himitsu, al fin y al cabo ese lugar es como un mirador a la ciudad, así que bien puede mostrarle a una extranjera las vistas —Tetsuya sonrió ampliamente.
— ¿Quieres ir Thea? —preguntó Shuuichi mirándola. La hija de los agentes afirmó con la cabeza—. Bueno… —Shuuichi miró a Jodie—. ¿De qué se trata entonces?
— Están amenazando a Hattori con la vida de Asami y los dos niños —respondió Tetsuya—. Algo muy usual últimamente —se rio.
— Thea no te metas en problemas y no molestes a Himitsu-kun, ¿vale? —Jodie sonrió hacia ella.
— Ok, mum! —Himitsu frunció el ceño y se quedó mirando a Tetsuya.
El cantante lo empujó para apartarlo de ellos, rodeándolo con un brazo por la espalda.
— Oye, te quejabas de que no conocías a tu familia y ahora que la conoces no has tenido ni siquiera una conversación seria con ellos —Tetsuya lo miró de reojo—. ¿Qué ocurre?
— ¿Qué? —Himitsu se apartó de él y lo encaró hablando en susurros—. Para empezar son agentes del FBI y yo fui agente de esos criminales.
— ¿Y?
— ¿Cómo que 'y'? —Himitsu rodó los ojos mientras alzaba sus brazos a modo de obviedad—. Pues que no creo que quieran a alguien como yo en su familia. Comprobamos que era verdad y con eso tuve suficiente, no quiero que…
— Cierra el pico anda —Tetsuya lo interrumpió—. Disfruta de la vida, chico. No vale la pena andar preocupándote por trivialidades. Ellos no te han rehusado, porque si no te hubieras encontrado con una bala entre ceja y ceja por parte de ese grandote de mirada terrorífica. Así que deja de ponerte nervioso cada vez que estás con ellos y empieza a ser un poco natural. Espero que Thea pueda lavarte el cerebro un poco y así consiga hacerte confiar un poco más en todos nosotros.
— ¿Ese es tu plan? —Himitsu arqueó una ceja mientras lo miraba con los ojos entrecerrados—. ¿Pretendes que una niña me haga más vulnerable a la gente que pretende detenerme?
— ¿Pretende detenerte? —preguntó el cantante—. ¿Cuándo?
— Vino el otro día alguien del Programa a molestar a Chizuko —se quejó Himitsu.
— Pero eso no significa que sea el FBI —Tetsuya frunció sus labios en un posado ofendido.
— ¿Y qué más da? Les traeré problemas si me acerco a ellos —se quejó el chico del pelo azulado.
— Vale, te lo diré de otro modo, Secret —le puso una mano rodeándolo por la espalda—. Me debes un favor, así que vas a hacerlo por mí. Es una orden y no puedes negarte a eso. Por algo somos hermanos.
— ¡PARA TENER A UN HERMANO COMO TU PREFIERO NO TENER NI UNO! —Himitsu se apartó de él con rapidez—. ¡ERES UN APROVECHADO!
— ¿Eso crees? —Tetsuya se miró las uñas con aires de superioridad—. Cree lo que quieras, lo harás, porque lo digo yo. Es una buena oportunidad para que aprendas a ser humano.
— ¿Humano? —Himitsu lo miró confundido.
— Después de pasarte tanto tiempo alrededor de ese tal Darth Vader o como se llame…
— Dark Empire —lo corrigió él.
— Como se llame —Tetsuya se encogió de hombros—. Te vendrá bien un poco de gentileza.
— ¿Gentileza?
— Venga, que Chizuko es demasiado salvaje e infantil a la vez como para que te normalices como una persona civilizada y normal —se rio el chico del pelo plateado—. Bueno, si me disculpas tengo que irme.
— Oye, espera, ¡oye! —Tetsuya ni siquiera le hacía caso.
— Thea, haz lo que te de la gana con ese tipo. Solo da miedo cuando su voz es más suave y tranquila de lo normal —el cantante le guiñó un ojo a la pequeña y se alejó de allí a pasos rápidos.
— Yo tampoco creo que eso sea una buena idea —dijo Mamoru—. Pero tiene razón, si es alguien que conoce nuestro entorno, está claro que sabrá acerca de ti. Así que es mejor que tengas una excusa para estar allí si normalmente no estás.
— Dijiste que Shinichi-san está enterado de esto, ¿verdad? —preguntó el chico de pelo azulado poniéndose la capucha del jersey encima de la cabeza.
— Sí, completamente —respondió él.
— Entonces no hay peligro de que él me mate —Himitsu suspiró—. Está bien, te ayudo, pero voy a tener que decírselo a Chizuko-san.
— Mientras no se lo diga a Asami no hay problema —respondió Mamoru.
— Le diré que no le diga nada —añadió Himitsu.
— Está bien —dijo Mamoru.
— Está bien —añadió Himitsu.
Los dos se quedaron mirándose en silencio.
— Está bien —interrumpió Thea, sacándoles de sus pensamientos.
— Cuento con vosotros entonces.
— Yes! —gritó Thea levantando la mano de nuevo con una sonrisa satisfecha.
— Te llamo cuando sepa algo —Himitsu se giró con las manos en los bolsillos y Thea lo siguió alegre, dando pequeños saltos.
Jodie iba a decir algo, pero Shuuichi se puso al medio para que no dijera nada.
— Veremos lo que hace Thea con él. Jodie es mejor que no te disculpes, ella sabrá cómo manejarlo —Shuuichi habló con una voz tranquilizadora.
Jodie suspiró y se movió hacia un lado para verlos alejarse.
— Tengo que irme —dijo Mamoru en un hilo de voz yendo por dónde se había ido Tetsuya.
— Espera, Hattori-kun —Jodie le llamó antes de que se alejara mucho.
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Tetsuya se quedó mirando alejado. No había mucha gente por ese lugar así que también pasaba un poco desapercibido, algo que no iba bien si era en comparación con Rai. Ese tipo les había robado ideas y también algunas canciones que se había hecho suyas antes de que salieran los discos de los Bullet Junior grabados. Ese tipo les había fastidiado demasiadas veces. Shouta les había dicho que no se enojaran, pero a él le era imposible no hacerlo. Solo habían comentado entre ellos y él ya les había quitado las canciones. Estaba empezando a sospechar que había micrófonos en alguno de los lugares en los que acostumbraban a reunirse. En cuanto les dieron un descanso, Rai se fue directo hacia Asami, pero ella ni siquiera lo había visto. Se había quedado mirando a Tetsuya con el ceño fruncido. Los del staff no le habían dejado acercarse mucho, pero estaba claro que el chico estaba allí por ella. Asami se acercó a paso rápido hacia allá.
— ¿Qué quieres? —preguntó ella.
— ¿Confraternizando con los enemigos? —preguntó Tetsuya medio riéndose.
— Enemigos —Asami miró hacia Rai—. Yo no veo a ninguno.
— Ah, porque está en tu casa, ¿cierto? —Tetsuya rodó los ojos mientras seguía sonriendo.
— ¿Hattori te ha contado? —Asami se giró para alejarse, pero él la cogió del brazo.
— Escucha al menos lo que tengo que decirte, vamos —Tetsuya suspiró largamente viendo como uno de los del staff lo fulminaba con la mirada por coger a la chica con tantas familiaridades.
— Te-chan no tengo intención de ablandarme por una tontería, sea la que sea —Asami lo miró con una cara aterradora—. Estoy cansada de los juegos que tiene mi familia y solo falta que Hattori haga lo mismo.
— Deja de llamarlo así, ¿quieres? —Tetsuya habló en medio de una mirada triste—. Te estás haciendo más daño a ti misma.
— Deja de meterte en dónde no te llaman, ¿quieres? —dijo Asami con cansancio—. Solo tendrás dolor de cabeza si te acercas a nosotros.
— Los niños lo pasarán mal con vosotros dos —Tetsuya rodó los ojos.
— ¿Y a ti qué narices te importa? —Asami se zafó de él y se apartó para que no volviera a cogerla.
— Me importa porque somos amigos —respondió el cantante—. Por eso me importa.
— No sabes lo que está sucediendo así que no te… —Asami se giró para alejarse, pero las palabras de Tetsuya que la interrumpieron le hicieron volver a mirarlo.
— Surprise —mintió el cantante.
— ¿El qué?
— No me hagas contártelo —se quejó el cantante.
— Oh, sí, vas a contarme ahora —Asami se cruzó de brazos mientras lo fulminaba con la mirada.
— Vamos, no quiero que Hattori se enfade conmigo —se quejó Tetsuya poniendo su mejor cara de súplica.
— Con quién tendrás un problema es conmigo como no me cuentes ahora lo que sucede —se quejó Asami—. Ahora, Te-chan.
— U-u-u-una fiesta sorpresa —susurró el cantante. Asami frunció el ceño, diciéndole con sus gestos que no lo creía—. Lo digo en serio, es por eso que Hattori anda tan cansado.
— Sí, ¿y qué más? —preguntó ella.
— Oye, te has pasado cuatro años fuera, con gente que te hacía daño —Tetsuya rebuscó en su mente alguna otra excusa que le ayudara a terminar esa mentira. Recordándose a sí mismo de que luego tendría que decirle eso a Mamoru. Movió su mirada arriba a la derecha y arriba a la izquierda, confundiendo a Asami aún más—. Hattori no quiere que eso te afecte, sobre todo porque desde que has vuelto no han dejado de pasarte cosas raras y malas. Así que ya es hora de que las cosas mejoren. Por eso pensó en intentar hacerte un día tranquilo. Se acerca tu cumpleaños, ¿no es cierto?
— Pero Mamoru haciendo una fiesta… —Asami frunció el ceño.
— Cree lo que quieras —respondió el cantante encogiéndose de hombros—. Me quedo allá por si necesitas preguntarme algo más —Tetsuya sonrió fríamente. Sabía que Asami ya había caído dentro de esa pequeña mentira. Así al menos dejaría de preguntar acerca de lo demás y Mamoru también estaría un poco más calmado. El cantante se alejó de allí con lentitud y sonrió satisfecho al escuchar las palabras de Asami.
— Gracias, Te-chan —Asami sonrió tristemente. Sabía que podría ser una excusa, pero ahora mismo le valía escuchar esas palabras para tranquilizar el dolor que estaba sintiendo desde la noche del día anterior.
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Cuando Mamoru llegó con los niños a la playa, se acercó directamente hacia Tetsuya, quién estaba sentado en una de las rocas que daban al paseo de la calle. Tetsuya lo miró y se levantó del lugar, acompañando al chico hasta dónde seguían estando los cámaras, Asami, Rai y el grupo del último grabando.
— ¿Y bien? —preguntó Tetsuya viendo que Kizuna y Kazuki se alejaban corriendo de ellos para ponerse justo delante de la cinta que mantenía a los aficionados y curiosos alejados de la grabación.
— Nada —Mamoru se encogió de hombros—. Himitsu y Thea-chan volvieron al mediodía y no habían encontrado nada ni nadie.
— Bueno, algo encontraremos —respondió el cantante sonriendo.
— ¿Y aquí qué tal ha ido? —preguntó el hijo de Heiji rodando sus ojos al ver que el director decía de nuevo un 'corten' y Asami se apartaba corriendo de Rai, quién la había rodeado con un brazo por la espalda.
— Nada de nada —Tetsuya suspiró largamente—. Nadie sospechoso ni con cámaras. No se acercan lo suficiente como para hacer fotografías buenas. No tengo ni idea de cómo se lo han hecho. Por cierto vas a tener que hacerle una fiesta sorpresa a Asami.
— ¿Qué?
— Pues eso —Tetsuya se encogió de hombros—. Necesitábamos una excusa para cubrirte, ¿no?
— ¿Y solo se te ha ocurrido eso? —preguntó Mamoru arqueando una ceja hacia él.
— ¿Por qué todo el mundo me mira así hoy? —preguntó él.
— ¿Cómo quieres que te mire? ¿Tú estás loco? —preguntó Mamoru fulminándolo con la mirada—. ¿Cómo va a creerse tal cosa?
— Pues se lo ha tragado —Tetsuya encogió sus hombros intentando parecer despreocupado—. Así que de momento no hagas nada que le haga pensar lo contrario, ¿vale? De momento podemos dejarlo así, aunque ahora tienes que hacerle una fiesta sorpresa.
— Te odio —Mamoru bajó su cabeza completamente rendido. El cantante había conseguido algo a lo que él ni siquiera había podido acercarse—. ¿Cómo puede haberse creído eso?
— Bueno, tengo magia en mis palabras —el cantante se rio con estrépito haciendo que todos los que estaban viendo la grabación le pidieran silencio.
— ¿Magia en tus palabras? —Mamoru rodó los ojos—. Ni te acercas a eso, tío.
Asami ni siquiera hizo caso de las voces de su alrededor. Era la última oportunidad que tenían para hacer que quedara bien la escena y poder aprovechar esa puesta de sol que estaba poniéndose a un lado del horizonte. Giró sobre sus pies y puso su mejor cara romántica, dejando que el brazo de Rai le rodeara la cintura. Apoyó su frente en la de él y lo miró directamente en los ojos mientras él hacía como si siguiera cantando. Sin una guitarra en su mano, el chico le parecía aún más pervertido que la primera vez que le había visto. Notaba los dedos del chico tocarla con tanta suavidad que estaba por estremecerse. Debía de aguantar en esa posición, pero notar también la respiración del chico en su cara estaba por hacerla estallar de las cosquillas que eso le provocaba en su nariz. Cuando finalmente escuchó a ese tipo decir 'corten', ella se apartó con rapidez frotando su nariz con fuerza y escuchando la risa de Rai detrás de ella.
— Deja de reírte de la chica, que lo ha hecho perfectamente esta vez —dijo uno de sus compañeros que había dejado la guitarra en algún rincón de la playa apartada.
— ¿Dijiste que ya lo habías hecho? —preguntó Asami—. Eres malísimo en eso, ¿lo sabías? —se quejó.
— Lo siento, lo siento —sonrió él—. Estoy resfriado, no puedo hacerlo de otro modo —se quejó él encogiéndose de hombros.
— Prueba a no respirar entonces —se quejó Asami entrecerrando los ojos aún con su mano apretando con fuerza la nariz.
— No había escuchado de nadie que se quejara tanto —Rai le removió el pelo en un acto infantil.
— Sí, ya —Asami arqueó una ceja suspirando—. Excusas para no tratar de hacerlo jamás bien, ¿eh?
— Lo que sea para verte ruborizar de ese modo —añadió Rai mordiéndose el labio inferior.
— ¿De qué estás hablando? Es por la puesta del Sol —respondió Asami con rapidez apartando sus manos de él.
— ¡Mamá! —Kazuki levantó su voz y su mano para no pasar desapercibido por el músico.
— Kazuki —Asami se acercó a ellos con rapidez—. Habéis venido.
— Te dije que lo haría —Mamoru sonrió—. Tus amenazas siguen siendo mis órdenes.
— Eres un miedica —Tetsuya se rio—. Bueno, yo me voy.
— ¿A qué habías venido si se puede saber? —Asami frunció el ceño mirándolo.
— Tenía el día libre y vine a verte —sonrió el cantante.
— ¿Tenías que venir a espiar a Rai y a su grupo? —preguntó Asami sonriendo.
— Sí —Tetsuya se rio forzadamente y en voz baja. Diciendo esa mentira y aún Asami se lo creía—. Bueno, os dejo. Que os vaya bien.
— Que te vaya bien, Te-chan —Asami sonrió mientras notaba que Kizuna le cogía la mano—. ¿Qué? —se arrodilló delante de la pequeña.
— Mamá no se habrá enamorado de ese hombre, ¿verdad? —Kizuna la miró preocupada.
— ¿Qué son esas preguntas, Kizuna? —Mamoru la golpeó débilmente en la frente. Asami se rio—. ¿De qué te ríes? No tiene gracia.
— Hattori Mamoru sigue celoso —sonrió Asami apoyando sus manos en su barbilla y sonriendo hacia él—. Eres un auténtico cielo.
— Cierra el pico —Mamoru desvió la mirada y Asami se levantó sonriendo.
— Está bien, por esta vez no pienso quejarme, pero… —Asami lo miró a los ojos con tristeza—. ¿Seguro que no hay algo preocupante detrás de tu cansancio, Mamoru? —el chico negó con la cabeza mientras bajaba la mirada—. Está bien, tan solo no te fuerces, ¿vale?
Mamoru afirmó con la cabeza y observó cómo se giraba para volver a la grabación. Se sentía furioso y completamente celoso. ¿Cómo no iba a sentirse así? Acababa de ver a su prometida con la frente enganchada a un tipo que la desvestía con la mirada. Y la mirada de ella, tan apasionada, tan sentimental… A veces se preguntaba si las miradas que le dedicaba a él sin actuar eran ciertas o simplemente seguían siendo una actuación más de la chica.
— Ah, sí —Asami se volvió a acercar a ellos y lo besó en los labios—. Me quedaré en la casa de Tokio, hoy. Tengo que ir a cenar con Rai, para hablar sobre un contrato en una película que le han ofrecido a él y en el que me ha recomendado.
— No te fuerces tú tampoco —susurró Mamoru sonriendo. Aunque las miradas fueran similares, solo él se llevaba los besos de ella. Tal vez eso era lo que le reconfortara. Siempre por unos segundos, hasta que luego recordaba a ese tipo que tantos problemas les había llevado.
— ¿Qué? —Asami lo miró preocupada.
— Nada, debo de empezar a quitarme los pensamientos de la cabeza —se rio él—. Luego hablamos, te esperaremos en la casa y si hace falta nos quedamos todos allí —Asami afirmó con la cabeza feliz—. Chicos decidle adiós a mamá, venga.
— ¿Por qué? —Kazuki y Kizuna se giraron los dos para mirarlo con ganas de ver más acerca de su madre.
— Porque ella vendrá luego con nosotros —sonrió Mamoru—. Venga.
— Hasta luego, mamá.
— Hasta luego —Asami levantó una mano viendo como los dos pequeños se alejaban de allí con tristeza.
— ¿Tienes hijos? —preguntó Rai detrás de ella.
— Son unos cielos —respondió Asami mientras afirmaba con la cabeza.
— ¿Cuántos años tienes? —preguntó Rai—. ¿Cuarenta?
— Veintitrés —respondió Asami—. A punto de los veinticuatro.
— Y ya tienes dos hijos de cinco —Rai soltó un pequeño silbido—. Te conservas muy bien por haber tenido hijos.
— Acaban de cumplir los cuatro. Me los quitaron cuando tenían un par de meses solo —Asami se encogió de hombros—. Es una historia muy larga y pesada de contar.
— Bueno, tenemos toda la noche por eso —sonrió Rai—. Ahora les toca recoger a ellos. Vamos a cambiarnos y a ir hacia el restaurante, ¿vale?
Asami afirmó con la cabeza y vio como Rai volvía hacia uno de los de su grupo para darle la mano y hablar con él.
— Oye, que tiene hijos —susurró en un hilo de voz su compañero, sabiendo lo que iba a pasar de antemano dejándolo a solas con ella.
— ¿Y qué? —preguntó Rai—. No parece estar muy feliz.
— Céntrate unos segundos —respondió su amigo—. Esta chica tiene una familia que te va a complicar la vida. No te hagas el listo y olvídate de ella.
— ¿Complicarme la vida? —preguntó Rai con una mirada amenazante—. La única persona que me la va a complicar es 'ella'. Esa mujer que me amenazó. Un par de policías asesinos no pueden ser una amenaza para mí.
— Olvídate de esta chica —insistió su compañero—. Te juro que deberías de tenerle miedo.
— No con las drogas. Ella no podrá hacer nada con el efecto del alcohol y las drogas —respondió Rai—. Es una chica un poco despreocupada, nada más.
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Próximo capítulo: 'La activación del veneno APTX 4869'.
