Hellow!
Humana: si no le pusiera cosas como estas la història de seguro sería aburrida XDDDDD tranquila, que no sucede nada (?) figuradamente hablando... esto... bueno... mejor lee XDDDD los sinónimos han funcionado... me he reído un largo rato de tu frase XDDDD y no soy tan malvada como crees XDDDD tan solo escribí estos capítulos para poder explicar el motivo por el que el corazón de Asami y la mitad de sus pulmones no crecieron más después de los 10 años ;)
24 de Mayo.
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
La activación del veneno APTX 4869
— ¡Erick-san, Natsuki-san! —Asami los saludó cuando los vio sentados en una de las mesas—. Veo que llegasteis bien…
— Sí —el chico forzó una sonrisa—. Aunque me están haciendo dar vueltas ahora como un loco —se quejó dando una mirada de complicidad a su hermana.
— ¿Por qué? —preguntó Asami confundida.
— Porque lo que tenía que entregar era en Osaka —se quejó él.
— ¿Un conocido? —interrumpió Rai.
— Sí —Asami sonrió hacia él notando la mano del chico en su espalda. Se sentía demasiado incómoda con él—. Erick-san, Natsuki-san, él es Motoyama Rai es un músico de pop-rock, con el que he trabajado hoy.
— Oh, un placer —Erick forzó su mejor sonrisa. ¿De qué le sonaba ese tipo?
— Un placer —la chica sonrió ampliamente hacia él.
— Bueno, os dejo —Asami sonrió levantando una mano con timidez—. Que tengáis suerte con eso y si os encontráis con los abuelos de mi prometido de nuevo, pedidles que os dejen tranquilos.
— Gracias —Erick se rio mientras veía a Asami alejarse con la mano del guitarrista en su espalda. La chica se apartó con más rapidez, en un intento de apartar su mano, pero el chico ya la había acercado de nuevo a la espalda de ella para que no se alejara mucho.
Erick negó con la cabeza y siguió comiendo. Ese hotel era demasiado lujoso para él, pero por una vez, no tendría ningún problema en gastar sus ahorros en una comida tan buena como esa, si luego se pasaba el resto del mes comiendo 'comida basura' o bocadillos baratos. Natsuki observó la mesa alejada de él. Asami se había sentado en la mesa en un atento gesto de Rai para acercarle la silla a la mesa. ¡Qué anticuado era ese tipo! Pero por otro lado, su cabeza daba vueltas en las palabras de Asami. No lo había presentado como su prometido, entonces, ¿quién era su prometido? ¿Y quién era ese tipo? ¿Por qué le sonaba tanto su cara? Cogió su teléfono móvil y observó la hora. Deberían de empezar a salir ya si querían llegar en dos días a Osaka. En un acto completamente improvisto y perfectamente inconsciente, sacó una fotografía del chico. Miró a su hermano y dejó el dinero en la mesa, levantándose de allí y alejándose rápidamente, junto a él. Cuando salió del hotel, se guardó el teléfono. ¿Qué estaba haciendo? No era que debía de preocuparle conocer la cara de ese tipo. Había visto mucha gente en su vida, personas que no volvía a ver, personas completamente desconocidas que pasaban por su lado solo una vez, conocidos y amigos. No hacía falta que comprobara la cara de ese tipo en la base de datos. Pero definitivamente algo le molestaba, tanto a ella como a su hermano, porque en cuanto lo miró él afirmó con la cabeza. Ella cogió el teléfono de nuevo y le dio en el botón de búsqueda. Solo por si acaso, no dejaría que sus costumbres inconscientes pasaran desapercibidas. Su padre, con el poco tiempo que habían estado juntos, le había dicho que confiara siempre en sus instintos, ya que eso, tal vez sería lo único que no le fallaría en la vida.
Se subieron al coche y se fueron hacia las afueras de Tokio. A medio camino, el teléfono de Natsuki hizo un pequeño pitido, que hizo que Erick detuviera el coche a un lado. Observaron la pantalla del teléfono: 1 coincidencia, Hoshino Yuuda. Erick pulsó el botón central de su teléfono y la foto del músico apareció entre sus manos, junto con un escrito largo de detenciones por parte de la policía japonesa. Bueno, Asami-chan había demostrado ser una chica fuerte, así que no debía de preocuparse por ella, pero aún así, Natsuki envió ese resultado al número de contacto que le habían dado en el Programa para poder encontrar a la persona que él quería encontrar. Alguien iba a ayudarla. Escribió el nombre del hotel en dónde tenían ese restaurante tan delicioso mientras Erick seguía conduciendo por el camino lejos de la ciudad de Tokio. Debían de encontrar de una vez por todas a la hija de la mujer a la que su padre había querido tanto.
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Tetsuya observó su teléfono. Su día libre. De nuevo fastidiaban su día libre. Intentó abrir sus ojos al máximo, pero no podía ver bien la pantalla de su teléfono móvil. Le habían enviado una foto junto a un documento policial. Bajó su brazo con pesadez y cerró sus ojos de nuevo. Estaba demasiado cansado para intentar perseguir a un criminal a esas horas. No iba a desaprovechar el momento en el que podía dormir para estar perfectamente la mañana siguiente. Alguien apareció a su lado, en su campo de visión. Ni siquiera se molestó en mirar a Yuki, cogiendo a su hijo en brazos. La pequeña Alumi estaba durmiendo a su lado en esos momentos. Yuki le cogió el teléfono móvil de su mano y salió de la habitación de nuevo. Escuchó a la chica hablando al pequeño. Seguramente el niño habría intentado coger el teléfono y ella lo estaría regañando por ello. Pasaron pocos segundos, pero el golpe que siguió luego lo hizo incorporarse de repente y completamente asustado.
— ¿Qué? —preguntó al ver a Yuki asustada con el pomo de la puerta en sus manos.
— Vas a tener que trabajar ahora —respondió ella lanzando su teléfono—. O al menos pásale esta información a Hattori para que él pueda actuar.
— ¿De qué hablas? —Tetsuya cogió el aparato y se frotó los ojos con fuerza para poder comprobar la pantalla. Una foto de Asami con un chico. Si tiraba más abajo, estaba la ficha de ese tipo: Hoshino Yuuda, junto con un lugar y una hora. No habían pasado ni diez minutos de eso—. Esta tía no dejará nunca de meterse en problemas, ¿verdad? —Tetsuya se levantó de golpe y se vistió con rapidez mientras leía la información que había en el teléfono.
— ¿Quieres que venga? —preguntó Yuki.
— No es muy valiente si tiene que emborrachar y drogar a sus víctimas, pero…
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Asami acababa de recibir un mensaje de Mamoru, pero tampoco le apetecía interrumpir al chico, aunque fuera la quinta vez que le contara la misma historia. Ahora ya no hacía gracia, ahora ya era patética. Asami estaba empezando a pensar que estaba perdiendo el tiempo. Se disculpó y se levantó para ir al baño, cogiendo su bolsa. Con mucha suerte el tipo se cansaría de esperar y se largaría de allí. Pero antes de llegar al baño, notó que sus piernas estaban flaqueando. Se apoyó en la pared, intentando mantenerse de pie, pero no le hizo falta hacer mucho esfuerzo, ya que Rai estaba ayudándola a andar hacia fuera del restaurante. Ni siquiera habían pasado veinte minutos desde que habían llegado y él ya la estaba arrastrando diciéndole que la llevarla a su habitación del hotel. ¿En qué habitación dijo que se estaba hospedando ese tipo de Hokkaido? Él la estaba forzando a ir hacia el ascensor, pero ella no tenía fuerzas para apartarse de él. Se sentía mareada y muy débil. Él la acorraló en el ascensor, haciendo que ella recordara cosas que hubiera deseado olvidar por siempre. Vio como la mano borrosa del chico apretaba el botón del ascensor para subir, pero ella debía de salir de allí. Reunió todas sus fuerzas y lo golpeó en la cara haciendo que él se tambaleara hacia atrás. Su única oportunidad que no desaprovechó. Salió del ascensor antes de que las puertas se cerraran del todo. Ni siquiera se detuvo a ver si se habían cerrado bien o no, o si él había conseguido salir también detrás de ella, salió con prisas del hotel, esperando y deseando que ese tipo no volviera a molestarla. Ni siquiera sabía a dónde iba. Solo tenía que salir de allí, mientras se tambaleaba peligrosamente, casi cayendo al suelo.
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Cuando Mamoru llegó en el lugar, Tetsuya se estaba quitando el casco de la moto, mientras se dirigía hacia dentro. Él no tardó en seguirlo. Lo vio en la recepción, junto a Yuki, mostrando una foto del tipo, junto con su placa del Programa, mientras decía algo que a Mamoru le hubiera hecho reír en otras circunstancias.
— Agente Especial contra la piratería musical. ¿Ha visto usted a este hombre?
— ¿Contra la piratería? —Mamoru frunció el ceño mientras mostraba su placa—. Te sería más fácil si usaras mi placa policial, ¿no crees?
— Oh, creía que no llegabas —se rio Tetsuya—. Lo siento, sigo teniendo solo la placa del Programa.
— ¿Ha visto a este tipo? —preguntó Mamoru.
— Sí, se hospeda aquí —susurró la recepcionista mientras un hombre vestido con un traje se acercaba detrás de ella.
— ¿Hay algún problema? —preguntó el hombre.
— Sí —respondió Mamoru—. Estamos buscando a este tipo y tenemos que detenerlo antes de que haga algo de improvisto.
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La puerta de la habitación sonó como si alguien la golpeara. Él miró hacia allá y decidió ignorarlo. Tal vez había sido un niño gastando bromas. Puso sus manos de nuevo en su nariz adolorida. Tal vez fuera por eso que su compañero lo había advertido. Esa chica, aún estando drogada había conseguido escapar de él, mientras le golpeaba. Ella le había dicho que no había fumado nunca y mucho menos se había drogado o había bebido alcohol: le había mentido. Una sonrisa recorrió sus labios con satisfacción. Era una mala chica. La puerta volvió a ser golpeada y esta vez le hizo chasquear la lengua. ¿Quién osaba molestarle?
— Servicio de habitaciones —dijo alguien al otro lado respondiendo a su pregunta—. Le traemos su pedido.
— ¡No he pedido nada! —gritó—. ¡Deje de molestar!
— Pero señor…
— ¡He dicho que se largue! —el hombre estaba enojado. ¿Cómo osaban interrumpir sus pensamientos? Tenía que planear un mejor golpe contra ella, para que no volviera a suceder algo como lo de esa noche.
— Señor le pedimos disculpas, pero han solicitado…
— ¡YO NO HE PEDIDO NADA! —gritó desesperado.
— Su compañera, tal vez…
¿Compañera? ¿Le habían visto con Asami en el ascensor?
— ¡Estoy solo! ¡Deje de molestar!
— Hoshino Yuuda, abra la puerta por favor, tiene tres segundos —otra voz.
— ¿Hoshino? —él no había dado su nombre real a la habitación del hotel. Motoyama Rai abría muchas puertas gratuitas, pero no Hoshino Yuuda—. ¿Tres segundos? —negó con la cabeza mientras volvía a mirar su nariz en el espejo. Al menos podría denunciar a esa chica por maltrato. Tal vez así, 'esa mujer' estaría satisfecha con eso. La puerta se abrió de golpe dejando paso a Mamoru, con su placa levantada y la pistola en la otra mano.
— Manos arriba —susurró con voz amarga.
— ¿Qué? —él los miró sin moverse. Tetsuya entró detrás de él, igual que Mamoru. Al lado de la puerta, el gerente del hotel estaba poniéndose las manos en la cabeza por la puerta rota, mientras Yuki entraba con un suspiro largo—. ¿Cómo has…?
— He dicho que las manos arriba, sinvergüenza —respondió Mamoru recorriendo el largo camino de la 'suite' hacia la cama y poniendo su pistola en la sien del hombre—. ¿Dónde está ella?
— ¿Quiénes sois vosotros? —preguntó mirando hacia Tetsuya.
— Yo solo un cantante, no me mires —se rio él.
— Yo solo estaba de paso —añadió Yuki yendo hacia la pequeña cocina de la suite.
— Somos de la policía, así que más te vale responder a la pregunta —respondió Mamoru. El hombre levantó las manos—. Responde —volvió a repetir. Tetsuya cogió la camisa de Rai y tiró de él arrastrándolo hacia el suelo.
— Oye, la policía no puede hacer eso —se quejó él.
— Ya te he dicho que solo soy un cantante —sonrió Tetsuya atando sus manos a la espalda con unas esposas—. Puedo hacer lo que me plazca, ya que él no está viendo nada —señaló detrás de él, hacia Mamoru que estaba observando hacia otro lado, deseando no ver lo que el cantante estaba haciendo—. ¿Y bien? ¿Dónde está Asami? —preguntó Tetsuya.
— Y a mí qué me cuentas —se quejó él mirando hacia Mamoru. Tetsuya le apretó la nariz haciendo que el músico se quejara—. ¿Pero qué te he hecho yo si se puede saber?
— Te lo preguntaré de nuevo y esta vez quiero que me respondas con sinceridad —sonrió Tetsuya apretando con más fuerza la nariz del tipo—. ¿Dónde está la chica que te ha roto la nariz?
— ¡Te estoy diciendo que no lo sé! —se quejó él—. Estaba débil y la iba a llevar aquí, pero me golpeó y se largó antes de que las puertas del ascensor se cerraran. No pude seguirla.
— ¿La drogaste? —preguntó Yuki de espaldas a ellos. La chica estaba en la parte de la cocina de la 'suite' con el grifo soltando agua.
— No —dijo él quejándose. Tetsuya le puso su teléfono bajo la nariz intentando que viera toda su carrera delictiva.
— ¿Estás diciéndome que no has intentado hacer daño a una chica tan bonita como Asami, después de lo que has estado haciendo a otras mujeres? —preguntó Tetsuya—. Vale, tío —puso un pie encima del hombro de Rai, empujándolo contra la pared. Cruzó sus brazos y sonrió con malicia—. ¿Qué le has dado?
— Yo nada —dijo él—. Se emborrachó y se largó, nada más.
— ¿Borracha? ¿Estamos hablando de Asami? ¿En serio? —Tetsuya se rio con fuerza—. ¡¿Qué le has dado?! —gritó mientras pisaba con más fuerza el hombro de Rai.
— ¡Nada! —gritó él—. ¡Aparta de mí! ¡Me haces daño!
— ¿Sabes el motivo por el que Asami jamás ha probado el alcohol o las drogas? —preguntó Mamoru agachándose delante de él, mientras ponía la pistola en la barriga del músico. Tetsuya se apartó de ellos—. Asami decidió que no debía de apresurarse, así que hasta la mayoría de edad, no quería probar nada que pudiera perjudicarla. Pero dos años antes de cumplir los 18 le diagnosticaron una enfermedad en el corazón muy extraña que hizo que tuviera que olvidarse por completo de intentar cualquier tontería de estas. Ahora dime, ¿qué le has dado?
El músico se removió incómodo por la cercanía de la cara del chico a la suya.
— Aparta —solo una palabra de Yuki hizo a Mamoru retroceder rápidamente.
— ¡La moqueta! —gritó el gerente del hotel justo en el momento en que Yuki terminaba de lanzar el cubo que acababa de llenar con agua del grifo y todos los cubitos de hielo disponibles en el congelador.
— ¡Maldita seas! —se quejó el músico quién había recibido por completo el cubo encima de su cabeza.
— ¿Qué le has dado?
— Está en mi bolsillo, por Dios —se quejó mirando la chaqueta que había dejado en una silla al lado de la cama—. Jamás me ha hecho ningún efecto así que está claro que a ella no le ha hecho efecto tampoco, sino no me hubiera golpeado con tanta fuerza.
— Está bien —Tetsuya suspiró largamente y se acercó a dónde el músico le había señalado con la cabeza. Cogió la chaqueta y registró los bolsillos, encontrando una pequeña bolsa con cuatro pastillas de color azul cielo con un dibujo al medio—. Qué pena de tipo —añadió mientras dejaba la chaqueta al suelo.
— ¡Oye! ¡Ten un poco más de cuidado! ¡Esta chaqueta ha costado setenta mil yenes! —gritó desesperado.
— Y la moqueta ya cuesta más del triple —se quejó el gerente arrodillándose a su lado.
— Para empezar no estaríamos hablando si no hubieras intentado aprovecharte de nuestra amiga —sonrió Tetsuya—. Así que no sé de qué te quejas. Y gerente, si hubiéramos llegado antes, tal vez no hubiéramos tenido que usar nuestros recursos pobres.
— ¿Recursos pobres?
— Si nos hubiera dado el piso desde un principio esto no hubiera sucedido —sonrió Tetsuya con frialdad.
— ¿Y bien? —Yuki lo señaló con la cabeza, haciendo que Tetsuya se pusiera una mano en la cabeza mientras seguía observando la pequeña bolsa.
— Bueno, no se puede decir que sea algo bueno, pero tampoco es algo malo —dijo Tetsuya—. Seguramente ahora mismo estará a sobrecarga.
— ¿Sobre qué? —preguntó Mamoru.
— ¿Cuánto le has dado? —preguntó Tetsuya mirando al músico.
— ¿Cómo que cuanto? —preguntó él. Yuki se arrodilló delante de él y lo pellizco en la mejilla con fuerza—. Ay-ay-ay-ay. Vade, vade.
— ¿Cuánto le has dado? —preguntó Yuki soltándolo.
— Dos.
— Asami ahora mismo tiene una sobredosis —respondió Tetsuya encogiéndose de hombros—. ¿Decisión Hattori?
— ¿Sobredosis? —Mamoru suspiró largamente. ¿Por qué pasaban esas cosas ahora?
Flashback
Se miraron sonriendo los dos. Un día en el parque de atracciones con sus amigos era precisamente algo con lo que soñaría cualquier niño de nueve años como regalo por su cumpleaños, aunque faltaran tres días para cumplir los diez. Así se sentía Mamoru cuando entregó el billete al señor de la entrada para que le dejase pasar. Observó a Akira a su lado y a Asami y a Chieko en el otro. Los cuatro llevaban la misma sonrisa de travesura de siempre.
— Bueno, chicos —Heiji llevaba la misma voz de advertencia que siempre—. ¿Os acordáis de las normas?
— No escaparnos corriendo —sonrió Asami.
— No hacer enojar a nadie —respondió Chieko levantando un dedo como si estuviera informando a su hermana pequeña que se acercaba a ella con trabajo.
— Escuchar a los adultos y no subirnos en atracciones en las que no podamos montar, sin quejas —añadió Akira.
— No alejarnos de vosotros y siempre haceros caso. Básicamente lo de siempre —Mamoru se encogió de hombros y miró hacia un lado con una sonrisa, como si se estuviera burlando de su padre.
— Niño que te juegas quedarte castigado el resto de la semana —afirmó su padre alzando el puño.
— Déjalo ya, Heiji —sonrió Kazuha intentando calmar a su marido—. Sabes que tiene tu carácter.
Ran, Shinichi, Sonoko y Makoto se rieron mientras el moreno fulminaba con la mirada a su esposa.
— ¿A qué viene eso? —preguntó Heiji murmurando entre dientes.
— Que dejes al niño disfrutar por un día —sonrió Kazuha—. Sabes que estaba esperando poder venir aquí.
— Venga vamos —sonrió Ran acercándose a ellos—. ¿Y a dónde queréis ir primero?
Akira y Mamoru se miraron sonriendo.
— ¡A la montaña rusa! —gritaron los cuatro a la vez.
— ¿Por qué a mí? —susurró Shinichi al lado de ella.
— ¿Demasiados recuerdos Shin-chan? —preguntó Yui sonriendo y mirándolo con cara de desafío.
— En serio podían haber escogido un montón de lugares mejores que este —se quejó él.
— Mira, por ahí es por donde te fuiste —se rio Ran señalando un pequeño pasillo de Tropical Land que daba justo detrás de la montaña rusa.
— ¿Fue aquí? —preguntaron Yui y Heiji interesados.
— Olvidadme, en serio: yo hoy no he venido —el hombre levantó la mano y empezó a ir dirección a la montaña rusa.
— ¿Por qué dice eso Shinichi-ojiichan? —preguntó Mamoru.
— Porque aquí es donde los únicos criminales que siempre se le escaparon intentaron hacerle daño —se rio Yui en voz muy baja.
— Tu padre tiene un problema con Heiji-ojiichan —sonrió Chieko—. Siempre termina tomándole el pelo.
Asami se rio a carcajadas y su padre la fulminó con la mirada.
— Venga vamos —dijo Ran cogiendo la mano de Yoh.
Estuvieron andando y subiéndose a todas las atracciones. Algunas con los padres, otras con sus hermanos, pero nunca sin dejar de reírse o sonreír. Ese iba a ser su mejor día del año e iban a pasárselo en grande los cuatro. Pero como siempre la diversión se terminó con un grito lejano.
— ¡Detente! —gritó la voz del inspector Takagi acercándose a ellos.
Todos miraron a su alrededor para ver de dónde provenía el grito, pero no se dieron cuenta hasta que era demasiado tarde de que el hombre a quien iba dirigido el grito estaba detrás de Asami. El hombre, vestido con un jersey azul y unos pantalones beige tacados en rojo cogió a Asami por debajo de los brazos y alzó un cuchillo bajo su cuello. Asami gritó asustada y de repente estaba todo el grupo rodeado por policías con las pistolas levantadas.
— ¡Deteneros, bajad las armas! —gritó Shinichi poniéndose delante del inspector y la inspectora Takagi con los brazos abiertos.
— Shinichi-kun —Miwako los miró a todos Ran agarraba con fuerza a Yoh que parecía querer ponerse a llorar.
— ¡Bajad las armas! —gritó la mujer—. Venga.
— Pero…
— ¡Tiene a una niña! —gritó Wataru—. ¡¿Es que queréis hacerle daño a la niña?!
— Papá —Asami miró como Shinichi se giraba hacia el hombre, el cuchillo llevaba sangre y el manchado de sus pantalones también era líquido humano.
— Así que esta niña es una conocida de la policía, ¿eh? —preguntó el hombre con una sonrisa—. Está bien, entonces seguro no os atreveréis a tocarme.
Asami cerró los ojos mientras notaba el cuchillo apretarse contra su garganta. Le daba miedo respirar por si el cuchillo se clavaba en cuanto lo hiciera.
— Asami-chan —Yui la miró sonriendo—. Abre los ojos —la niña negó débilmente con la cabeza, aunque se metiera muchas veces en problemas, nunca la amenazaban directamente a ella, esta vez realmente tenía miedo—. Asami-chan, hazlo.
— ¿Qué haces? —preguntó Shinichi mirando a su hija mayor.
— ¿Crees que no le enseñé nada a tu hija de lo que mi madre me enseñó? —preguntó la joven de veintitrés años con una sonrisa de satisfacción—. Asami-chan, hazlo —finalmente la niña abrió los ojos.
Estaban rodeados por agentes de policía, Mamoru, Akira y Chieko estaban en posición de 'vamos a patear a ese tipo que se ha atrevido de amenazar a nuestra amiga' justo al lado de Yui. Todos solo la miraban a ella, excepto Yoh que se había abrazado a su madre temblando.
— Yoh —Asami agarró con fuerza la mano del hombre—. ¿Señor me puede bajar, por favor?
— No —el hombre respondió pensando que sería un intento de burla de la pequeña que no sabía lo que le estaba a punto de ocurrir.
— Porfi… —Asami giró sus ojos hacia él intentando hacer su mejor cara de niña buena, algunas veces le había servido a su padre y a su madre para que no la castigaran con las travesuras que acababan de hacer con sus amigos.
El hombre la miró con los ojos entrecerrados y una ceja arqueada. No parecía tener la intención de soltarla. Yoh miró a su hermana.
— No —el hombre miró hacia la policía—. ¿Quién narices es esta cría? —Asami cerró los ojos, el hombre empezaba a temblar con la mano del cuchillo y ella estaba notando la afilada hoja traspasar un poco de su piel.
— Oye, tranquilízate, no vamos a hacerte daño y tu no vas a hacerle daño a la niña —respondió Miwako.
— ¿Qué ocurre? —preguntó Shinichi mirando a la mujer.
— La hoja está envenenada —susurró ella en voz muy baja, pero por mala suerte todos lo oyeron.
— ¡¿Eh?! ¡Ni hablar! —Asami se quejó con los ojos llorosos—. ¡Sacadme a este hombre de mi lado!
— Estate quieta —se quejó el hombre—. O vas a probarlo.
Asami miró hacia otro lado esta vez con cara de aburrida.
— ¡¿Qué narices le has enseñado a tu hermana?! —gritó Shinichi golpeando la cabeza a Yui.
— A estar preparada para salir con tu maldición —se quejó Yui poniéndose las manos a la cabeza.
— Bueno, en cierto modo, Yui tiene razón, se tiene que preparar la pobre para… ya me callo —Heiji desvió la mirada viendo la mirada desafiante que le daba su compañero.
— Baja a mi hija ahora —se quejó Shinichi mirando al hombre de nuevo.
— Porque tú lo digas —respondió el hombre dando unos pequeños pasos hacia atrás.
— Porque él lo dice —sonrió Asami mirando al hombre—. Por favor, sí.
— Ni sueñes que voy a soltarte, niña —respondió el hombre sonriendo con malicia.
Asami vio como el detective Chiba se acercaba a Miwako y le decía algo en la oreja.
— Bueno, ya has matado a cuatro niños con tus malditas tonterías —respondió la mujer levantando el arma de nuevo—. Suéltala.
— ¿Tú lo ves bonito? —preguntó Asami cruzándose de brazos—. ¿Te parece bonito matar a niños inocentes? Será posible. Eres malvado y repulsivo, si ya sabía yo que hoy tendría que amargarme alguien el día.
— Cállate —susurró el hombre a su oído.
— ¡Ni lo sueñe! —gritó Asami levantando su mano—. ¡Lucharé por esos niños! —la chica sonrió y le sacó la lengua—. Me ha quedado genial, ¿no cree? —susurró hacia él.
— ¿Qué narices le has enseñado a Asami, Yui? —se quejó Shinichi poniéndose una mano delante de la cara.
— Eso no recuerdo habérselo enseñado —susurró ella sin dejar de mirar al hombre y a su hermana.
— ¿Y de dónde ha sacado eso? —preguntó Shinichi mirándola.
— Del primer lugar de cultura que un niño evita encontrar y en el que yo me paso horas y horas cada día: el mundo de la sabiduría llamada la biblioteca —respondió Asami sonriendo—. No sabes lo divertidos que me parecen los libros de psicología criminal que hay en la biblioteca de casa, son terriblemente entretenidos.
— ¿Qué es lo que le dejas leer a tu hija? —preguntaron Ran y Miwako a la vez.
— ¡Hey! Yo no recuerdo haberle dejado leer nada de eso —gritó Shinichi intentando defenderse, Ran lo miró sin creérselo—. Lo digo en serio.
— Claro que papá no me ha mostrado nada de eso —se rio Asami—. Cojo prestados esos libros cuando me castigáis —se puso una mano detrás de la cabeza—. Así al menos soy un poco más inteligente cada día. Y podré ser una buena detective como Miwako-san.
— ¡Ya puedes empezar a quitarle estos sueños a tu hija! —gritó Ran levantándose de golpe y soltando a Yoh mientras señalaba con una mano a la niña—. ¡Ahora!
Shinichi abrió los ojos como platos.
— Adelante, inténtalo tú, a mi dejó de escucharme hace tres años cuando empezaste a darle clases de karate —se quejó Shinichi señalando también hacia la niña y mirando a su mujer.
— ¡¿De qué estás hablando?! —gritó Ran.
— ¡De que tu hija me dé una paliza cada vez que intento corregirle algo!
— ¿Eso ha sonado tan patético como a mí me ha parecido? —susurró Yui mirando hacia ellos dos y en un susurro hacia los inspectores Takagi y Chiba.
Los tres afirmaron con la cabeza. El hombre que aguantaba a Asami se quedó mirando a la pareja discutir a gritos.
— Ahí estamos de nuevo —susurró Asami—. No te preocupes por ellos, en serio. Siempre andan igual, echándose las culpas de quién me ha enseñado todas mis travesuras.
— ¿Cuántos años tienes? —preguntó el hombre haciendo callar al acto a Ran y a Shinichi para mirarlo.
— ¿Insinúa usted algo? —preguntaron los dos a la vez junto a Heiji, haciendo que Yui se echara a reír.
— Diez —respondió Asami desviando la mirada.
— Tienes nueve aún —suspiró Yui rodando los ojos.
— Y no, no me encogí, esta es mi altura —añadió juntando sus dedos como si fuera muy pequeña junto a los ojos del hombre—. Y este es mi cerebro —sonrió la niña viendo que el hombre sin darse cuenta estaba apartando el cuchillo.
Asami le golpeó en el ojo y tiró una patada hacia atrás para que el hombre la soltara. El hombre gritó de dolor y se llevó el cuchillo en la cara sin darse cuenta al intentar taparse el ojo dolorido. Soltó a la pequeña y se quejó de dolor al clavarse el cuchillo. Mamoru cogió la mano de Asami y tiró de ella para apartarla de allí, mientras el hombre empezaba a soltar maldiciones.
— ¿Está usted bien? —preguntó Asami frunciendo el ceño detrás de Mamoru.
— ¡Maldita niña! —el hombre levantó el cuchillo y lo tiró hacia ellos.
Asami se dio cuenta de su error cuando ya era demasiado tarde. Tiró a Mamoru al suelo al tiempo justo para recibir ella el impacto del cuchillo en su brazo, mientras notaba la mano de Yui que los empujaba a los dos lejos del lugar. Mamoru y Asami cayeron los dos con la barriga al suelo. Todo el mundo se quedó en silencio, viendo como el cuchillo terminaba cayendo al suelo y los miró a los tres. Yui se había caído al suelo de culo esquivando el afilado objeto. Los dos niños se levantaron con lentitud del suelo y se miraron entre ellos sonriendo al ver que el cuchillo estaba a sus pies. Pero Mamoru palideció al acto. El brazo de Asami tenía un rasguño del cuchillo.
— Asami —Mamoru lo señaló.
La niña se miró el brazo mientras algunos policías corrían a detener al hombre.
— Me ha dado —susurró Asami mientras Shinichi se arrodillaba a su lado—. Papá.
— Estate quieta —respondió Shinichi cogiendo el brazo de la pequeña y observándolo con atención—. No te pongas nerviosa, voy a hacerte un poco de daño, ¿vale?
Asami afirmó con la cabeza y miró hacia otro lado mientras Shinichi apretaba por encima del rasguño el brazo de la pequeña.
— Tenemos que llevarla a un hospital en seguida —susurró Heiji—. ¿Estás bien, Yui?
— Sí, no me ha dado —susurró ella.
— Llevárosla ya —susurró Miwako—. Tenéis diez minutos.
Shinichi afirmó con la cabeza.
— Agárrate a mí, Asami —susurró el padre rodeándola con el brazo libre.
La niña se cogió al hombre por el cuello y cerró los ojos. No quería ver lo que acababa de ver, pero cerrar los ojos solo le hizo sentir más ganas de llorar. La última cara que había visto era la de Mamoru muy pálido y asustado. Notó a su padre que empezaba a correr con ella, Heiji pidiendo paso. Quizás estaba peor de lo que ella habría creído. Quizás. Notó que sus ojos le ardían y quería ponerse a llorar, pero después de lo que había conseguido no quería que le vencieran unas pocas gotas de agua salada que salían de sus ojos. Así que se agarró con más fuerza a Shinichi y hundió su cara en el pecho del hombre. No podía hacer más que intentar controlar su respiración. Primer paso de un envenenamiento: hacer un torniquete en una parte más elevada, para evitar la extensión del veneno; hecho, su padre le apretaba con tanta fuerza el brazo que creía se lo partiría por la mitad. Segundo paso de un envenenamiento: si estás solo, llamar a alguien para que te rescaten, si estás acompañado, pedir auxilio a una persona de confianza para que te lleven al hospital; hecho, su padre y Heiji la llevaban corriendo completamente desesperados. Tercer paso de un envenenamiento: en cuanto se llegue al hospital decirle al médico que te han envenenado y esperar que no sea demasiado tarde. Se subieron a un taxi y escuchó la voz de Heiji gritando con desespero al conductor que apretara el acelerador hacia el hospital.
— Asami, ¿estás bien? —preguntó Shinichi viendo que la pequeña no se soltaba de él, ella afirmó levemente con la cabeza—. Perdona que te haga daño —ella negó con la cabeza—. Lo siento. De verdad, lo siento. Siempre… siempre suceden cosas como estas.
— No, yo tuve que haber pensado en que ese hombre se haría daño a sí mismo y luego se enfadaría —susurró ella—. Pero protegí a Mamoru-kun.
— Sí, lo hiciste muy bien —sonrió Shinichi con orgullo y acariciándole con la mano libre la cabeza—. Lo hiciste perfecto.
— ¿Qué ocurrirá ahora? —preguntó Asami—. ¿Va a doler?
— No lo sé —susurró Shinichi—. Depende del veneno que sea. De verdad lo siento.
— Papá, ¿lo he hecho bien? —preguntó la niña.
— Sí —sonrió él mientras miraba a Heiji con cara más preocupada aún.
— ¿Sabes? —preguntó Heiji con una sonrisa intentando parecer aliviado—. Por primera vez entendí ese libro de psicología criminal —Asami lo miró de reojo aun manteniendo su frente en el pecho de su padre—. En serio, nunca lo había entendido y ahora me lo has hecho entender.
Asami sonrió satisfecha y volvió a cerrar los ojos.
— Me duele el brazo —susurró.
— Lo sé —Shinichi siguió acariciándole el pelo—. En breve llegaremos al hospital.
— ¿Qué me harán? —preguntó ella.
— Te darán todo lo que puedan que sepan de antídotos —susurró Shinichi mientras Heiji hablaba de nuevo con el conductor con desespero—. El problema es que nadie sabe qué veneno es, así que no sabrán si podrán curarte o no, Asami.
— Pero, yo… yo no quiero…
— Lo sé —susurró él sonriendo—. Tranquila, no va a pasar nada. Tienes mi suerte, al fin y al cabo, siempre salimos airosos de estas situaciones —Asami afirmó con la cabeza levemente—. Luego quizás te duerman porque así al menos no sientas el dolor del brazo, para que se aseguren de que no pasa el veneno a tu corazón.
— ¿Qué está diciendo este hombre a la pobre niña? —preguntó el conductor mirándolo por el retrovisor.
— Cállese y conduzca, maldito, o la muerte de la niña correrá por tu consciencia —se quejó Heiji golpeando su hombro para que acelerara más.
— Heiji-ojiichan siempre se pone nervioso igual que Mamoru-kun —susurró Asami casi sin voz.
— Sí, no puede evitarlo —sonrió Shinichi mirándolo—. Tiene la sangre muy caliente.
Heiji le devolvió la sonrisa. Al menos así estarían un poco más aliviados, si ella intentaba hacer bromas.
— Me duele. Me duele mucho —susurró la pequeña finalmente llorando.
Shinichi notó que el brazo de Asami empezaba a temblar y miró preocupado hacia el moreno.
— Tranquila, ya hemos llegado —susurró el hombre—. Agárrate a mí y no te sueltes, ¿vale?
— Lo siento —susurró Asami mientras lloraba—. Siempre os estoy dando problemas a mamá, a Onee y a ti. Lo siento papá.
— ¿De qué hablas? —preguntó Shinichi.
Cuarto y último paso de un envenenamiento: si notas que el antídoto no hace efecto, asegúrate de dejar tu consciencia limpia; hecho…
Shinichi salió corriendo del taxi mientras Heiji seguía gritando al conductor lo lento que había sido. En seguida entraron en la recepción y Heiji le gritó a la gente que había en recepción que intentaran dejarles paso. La gente que hacía cola al ver a la niña se apartaron corriendo. Heiji informó sobre el veneno en la recepción y de repente se oyó un timbre dentro del hospital por un botón que la recepcionista había pulsado corriendo. Asami procuró mantener su cabeza apoyada en su padre y empezó a intentar calmar su respiración. Estaba tan asustada que no podía dejar de llorar. En seguida salieron dos médicos con una camilla y Shinichi dejó a la pequeña en la camilla cogiéndola aún por el brazo.
— Papá, no me dejes sola —susurró la pequeña cogiéndose al brazo de él.
— Tranquila, entraré contigo —sonrió él.
Asami estaba muy pálida y no paraba de llorar. Shinichi dejó de sonreír al acto cuando ella abrió sus ojos y lo miró. Estaba tan asustada. Al fin y al cabo, ella seguía siendo una niña.
Fin del Flashback
— Tenemos que encontrarla —susurró Mamoru, recordando todo aquello.
— ¿Qué sobredosis ni qué tonterías? —preguntó Rai enojado—. Es imposible que con tan poco tenga una sobredosis idiota, y menos de la manera como golpea.
— Hay dos opciones con lo que le has dado —sonrió Tetsuya—. O una sobredosis o veneno, así que de momento pensemos en positivo.
— ¿Ve-veneno? —preguntó Rai parpadeando confuso—. ¿De qué hablas?
— De que esta pastilla contiene un componente que hace que la sangre de Asami sea veneno, idiota —Tetsuya lo cogió por debajo del hombro y tiró de él intentando levantarlo—. Vamos.
— Voy a buscarla y la llevo al hospital —susurró Mamoru casi sin voz y saliendo del lugar apresurado. Yuki lo siguió—. Te encargo a este idiota —dijo antes de salir.
— Eres idiota —susurró Tetsuya acercándose a Rai—. Por eso son malas las drogas. Porque jamás sabes lo que le sucederá a una persona que no seas tú. Si a ti te gustan entonces matate con ellas, pero no se las des a alguien que no sabes cómo va a reaccionar, o si le va a hacer alergia o algo por el estilo. Levanta —ordenó. Él no se movió mientras veía como el gerente del hotel se iba detrás de Mamoru para ofrecerles su ayuda—. ¡He dicho que levantes! ¡¿Es que estás sordo?! —gritó con fuerza asustándolo mientras tiraba de sus brazos para levantarlo. Luego habló con voz normal de nuevo—. Vamos a comisaría a entregarte de una vez por todas. Tengo que informarte de que su familia es de la policía y también son abogados, así que mucho me temo que estás completamente perdido.
— ¡Ella me pidió que lo hiciera! —gritó Rai—. ¡No fue mi culpa! ¡Ella me amenazó con publicarlo todo si no la deshonraba a ella!
— ¿Quién? ¿Asami? —Rai negó con la cabeza—. ¿Quién es ella? —preguntó Tetsuya.
— ¡Jamás me dio su nombre! ¡Te lo juro! ¡Fue su idea! —gritó de nuevo—. ¡Ella! ¡Esa mujer me lo hizo hacer!
— Ya les contarás eso a la policía, ¿entiendes? —Tetsuya lo empujó para que saliera de la habitación.
Al salir recogió su casco de moto que había dejado al lado de la puerta. Entraron en el ascensor y Tetsuya pulsó el botón para bajar a la entrada del hotel. En cuanto llegaron a bajo, lo volvió a empujar mientras él seguía gritando acerca de esa mujer. La verdad Tetsuya tampoco se molestó en intentar callarlo. Cuantos más gritos más caía su reputación como excelente músico, significado: un rival menos al que la gente adoraría en el mundo del espectáculo. Lo empujó hacia fuera del hotel sin importarle si se tropezaba y se caía o si seguía su ritmo rápido. Le hizo bajar las escaleras, hasta llegar a su moto.
— ¿Qué? —preguntó en cuanto vio que se paraban allá.
— Sube —sonrió Tetsuya.
— Ni lo sueñes —se quejó él.
— Subes o grito a todo el mundo lo sinvergüenza que eres, aquí y ahora —Tetsuya habló con un tono de odio en su voz que no pasó desapercibido por Rai. El músico observó a su alrededor. Todo el mundo los estaba viendo en esos momentos. Estaban viendo que estaba enmanillado y empezaban a hablar en susurros hacia ellos intentando adivinar lo que estaban haciendo—. El tiempo vuela, tío: tic-tac —hablaba con mucha lentitud mientras seguía sonriendo con frialdad—. Tic-tac, tic-tac.
Rai levantó una pierna y subió en la moto en la parte de atrás. Tetsuya se puso el casco y subió delante de él.
— ¿Y mi casco? —preguntó él.
— Seguramente se lo habrá llevado el prometido de la chica —dijo Tetsuya—. Lo siento, si no hubieras tocado a su chica, ahora tal vez estarías yendo en una limusina hacia la comisaría y entrarías como un héroe —añadió con un tono de burla—. Venga, vamos.
— Es peligroso ir sin el casco —se quejó mientras Tetsuya encendía la moto a gran velocidad.
— Si quieres bájate, yo no te lo impido —se rio él por encima del ruido del motor—. Aunque tal vez entonces sí que necesites un buen casco —se lo pensó unos segundos—. Incluso para tu cabeza también necesitarás.
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En cuanto llegó a la comisaría se bajó y esperó a que Rai bajara de la moto. Las puertas de la comisaría, estaban llenas de periodistas, esperando alguna noticia importante. Tetsuya ni siquiera intentó esquivarlos. Se abrió paso entre ellos mientras empujaba al tipo con fuerza hacia dentro, que se negaba a andar al ver a los periodistas.
— Buenas noches —saludó a algunos para pasar aún menos desapercibido—. ¿Cómo están?
— ¿Silver? —preguntó uno—. ¿Qué ha sucedido?
Tetsuya sonrió y se giró para encarar la cámara de la periodista que lo había reconocido.
— Pues ya que lo preguntan: este tipo acaba de intentar matar a alguien drogándola —sonrió con malicia—. Por supuesto un policía lo ha detenido, pero como se tenía que llevar a la chica con urgencia al hospital y él era el único capaz de encontrarla, decidimos que yo llevaría a este tipo a la comisaría por él, antes de que se intentara escapar de algún modo. Supongo que todos lo conocen: se llama Hoshino Yuuda, aunque todo el mundo lo conoce con el nombre de Motoyama Rai. Saluda chico —Tetsuya lo miró sonriendo mientras él palidecía lentamente—. Tal vez esta sea la última vez que veas las cámaras en mucho, muchísimo tiempo —tiró de él hacia dentro mientras los periodistas empezaban a grabar y fotografiar la escena.
— ¡Te digo que ha sido culpa de ella! ¡Ella es quién ha hecho esto! —gritó con fuerza—. ¡Esa maldita mujer tiene la culpa!
— Que sí, que sí —Tetsuya se rio hablando en voz baja, que la tapó perfectamente la voz de Rai—. Y yo te digo que se lo cuentes a la policía. Yo no soy de confianza al fin y al cabo. Puedo traicionar a muchos de mis rivales.
— ¡Suéltame! ¡Te digo que ha sido ella! ¡Esa mujer me ha metido en esto! ¡Me ha tendido una trampa! —gritó.
— Ya puedes callar, no te oyen —sonrió Tetsuya acercándose a la recepcionista—. Vengo de parte de Hattori Mamoru a llevar a este hombre directamente a homicidios.
— ¡Aún no está muerta!
— ¿Prefieres ser juzgado por intentar violar a alguien? ¿De verdad? —preguntó Tetsuya sonriendo.
— ¿Qué haces aquí, Tetsuya-kun? —preguntó la voz de Shinichi detrás de él. El cantante se giró con una sonrisa, pero se puso serio en cuanto vio que Heiji, Saguru, Shiho y Aoko lo acompañaban.
— Vine a entregar al tipo que ha matado a tu hija pequeña —dijo señalándolo.
— ¿Asami-chan? —preguntó Aoko desconcertada.
— ¿Cómo que Asami? —Shinichi arqueó una ceja.
— Le ha drogado con dos pastillas de una cosa que un drogata considera normal con esa cantidad —informó él—. Hattori está buscándola ahora, así que no hay nada más de qué preocuparse.
— ¿Nada de qué preocuparse? —preguntó Saguru—. Yo veo que hay mucho por lo que preocuparse.
— Esta droga en concreto lleva uno de los componentes del APTX —Tetsuya lanzó la bolsa hacia su madre—. Así que de momento podemos pensar en positivo y que solo tenga una sobredosis. Hasta que no la encontremos, no hay nada de qué preocuparse. Y ahora si me permitís me llevo a este sinvergüenza de aquí.
— Lo llevo yo —Heiji avanzó hacia ellos y cogió el otro brazo de Rai—. Voy a encerrarte de por vida, chico. Por hacer daño a la prometida de mi hijo.
— ¡YA OS HE DICHO QUE HA SIDO CULPA DE ELLA! ¡ELLA ES QUIÉN LO HA HECHO! —gritó desesperado Rai, entrando después en un ataque de tos al forzar tanto su voz.
— ¿Quién es ella? —preguntó Heiji.
— ¿A mí qué me cuentas? Lleva repitiendo eso todo el rato —se quejó el cantante—. Pero él ha sido quién la ha drogado, así que… ah, sí. Y este es su legado —Tetsuya sacó su teléfono y le mostró la ficha de Rai al moreno.
— Menudo currículo —dijo Heiji después de soltar un pequeño silbido—. Kudo, ve con mi hijo, yo me encargo de este —añadió haciendo una sonrisa hacia su compañero.
— Gracias —susurró él.
— Espera, yo también vengo —dijo Tetsuya siguiéndolo—. Ah… —se paró justo delante de Aoko—. ¿Podrías decirles a tus hijos que investiguen eso de 'Ella'? —le preguntó. La mujer afirmó con la cabeza—. Gracias.
— ¿Podrías avisar a Yui, por favor? —preguntó Shinichi mirando hacia Shiho. Ella afirmó con la cabeza haciendo una sonrisa cálida—. Gracias.
Los dos salieron de allí con paso rápido.
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— Idiota.
La voz de Mamoru sonó muy lejana, pero ella sabía que estaba a su lado. Vio la sombra del chico sentarse a su lado, pero no pudo ni siquiera girar la cabeza para mirarlo. Sonrió débilmente mientras intentaba tranquilizarse por sexta vez en esa noche. Se obligaba a mantener sus ojos abiertos para observar las estrellas de la noche, mientras escuchaba el sonido de las olas del mar yendo y viniendo. El hotel de Rai estaba muy cercano a dónde habían grabado y por eso a ella no le había sido complicado ir allí para facilitar el hecho de que Mamoru pudiera encontrarla. Cuando había cogido su teléfono para llamarlo, ya no veía nada para intentar hablar con él, así que decidió simplemente seguir avanzando para no dormirse. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero estaba feliz de que Mamoru la hubiera encontrado. Notó los dedos de él poniéndose debajo de su cuello. Estaban fríos. Ni siquiera podía pronunciar una palabra sin echarse a llorar.
— Tengo que llevarte al hospital, Asami —susurró Mamoru mirándola con tristeza. Su cabeza volvió a aparecer en el campo de visión de la chica.
Ella quería decirle que no hacía falta, que ya se le pasaría, pero sus labios no se movían. Ninguno de sus músculos parecía estar en la labor de hacer caso a su cerebro. No, no era que no quisieran hacer caso, era que su cerebro no estaba dando las órdenes correctamente. Notó los brazos del chico poniéndose debajo de su cuerpo y entonces el cielo se movió con más intensidad. Ahora no solo le rodaba la cabeza, toda ella se movía, dándole aún más ganas de vomitar. ¿Por qué le había sentado tan mal esa comida? ¿Tal vez había comido demasiado rápido? ¿Qué estaba ocurriendo exactamente? ¿Y por qué Rai había intentado llevarla con él a su habitación?
— Ma-moru… —consiguió que su voz saliera, pero la cabeza del chico siguió mirando recto.
No la había oído. De nuevo parecía que su cerebro entendía las cosas de diferente manera. Cómo cuando estuvo en el Laboratorio. ¿Por qué? Sentía que debía de hacerse entender, pero le costaba horrores poderlo hacer.
— ¿La has encontrado? —Yuki habló apresurada acercándose a él—. ¿Cómo está?
— Respira —susurró Mamoru forzando una sonrisa.
— Vale, súbela, conduzco yo —Yuki le abrió la puerta del coche para que Mamoru se subiera en él. El chico no rechistó ni se quejó, mientras Yuki llamaba a Tetsuya—. La hemos encontrado. La llevamos al hospital.
Tetsuya detuvo la moto y se quitó el casco, asegurándose de que no le caía el aparato de Bluetooth de su oído. Se giró hacia el coche que lo seguía, que ya se había detenido. Shinichi salió del asiento del conductor y se acercó.
— Dice que ya la han encontrado —informó el cantante.
— ¿Y? —preguntó Shinichi.
— Que la llevan al hospital.
— No creo que al hospital puedan hacer mucho, si es por el APTX —suspiró Shinichi.
— Yuki, llevadla a su casa, avisaré a mi madre para que venga a ayudaros. De momento metedla en agua bien fría para intentar hacerla reaccionar —dijo Tetsuya.
— Recibido.
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Cuando la entraron en la casa, Kizuna y Kazuki se abalanzaron encima de ellos con sollozos. Mamoru les pidió que se alejaran de allí, y Kazuha se los llevó a rastras de allí, para que no molestaran. Entre él y Yuki la dejaron dentro de la bañera y encendieron el grifo con agua bien fría. Ella abrió los ojos con el contacto.
— Aguanta, Asami —Mamoru le puso una mano encima de la cabeza, acariciándola levemente. No podía hacer nada por ella.
— Frí-o —susurró ella.
— Lo sé —Mamoru le apartó el pelo de su frente que se había quedado pegado—. Resiste un poco más, Asami.
— ¿Qué ha…? ¿Qué ha pasado? —susurró mirándolo con el ceño fruncido.
— Ese maldito te ha drogado —susurró Mamoru—. Miyano recibió un correo de una chica llamada Natsuki, diciéndole que le habían dado su número en el Programa y que habían visto algo extraño en ese tipo, junto con una larga y oculta lista delictiva.
— Por favor —Asami cerró los ojos. Mamoru jamás bromearía con algo así. Kazuki y Kizuna gritaron mientras entraban en el baño.
— ¡Mamá!
— Chicos, fuera de aquí —Mamoru se apartó de Asami para intentar cogerlos, pero ellos ya se habían apoyado en la bañera.
— ¿Por qué está mamá bañándose con ropa? —preguntó Kizuna.
— ¿Por qué está fría?
— Mamá se encuentra mal, chicos —dijo Yuki—. Hay algunas enfermedades que lo curan solo el agua y por eso mamá está aquí. Pero como buenos niños vosotros tendríais que estar a fuera esperando a por ella.
— Pero…
— No importa Yuki, ya estoy mejor —susurró Asami.
— No, no lo estás, Asami —Mamoru le cogió la mano—. Ni siquiera te mantenías en pie. Quédate quieta por unos segundos más, ¿vale? Ahora vengo.
— Voy a morir por hipotermia —susurró ella viendo como Mamoru cogía a los niños de las manos y tiraba de ellos.
— Chicos, sed pacientes, ¿vale? Alguien le ha hecho daño a mamá y ahora no se encuentra muy bien —dijo Mamoru mientras se arrodillaba delante de ellos. Kazuha volvió a pasos rápidos donde estaban ellos.
— Lo siento, solo les quité los ojos por un segundo.
— No importa —Mamoru sonrió hacia su madre—. Mamá estará bien, en seguida, ¿vale? —Mamoru les acarició el pelo a los dos sonriendo hacia ellos—. Deberíais de ir a dormir.
— No hasta que mamá esté bien —se quejó Kazuki hablando con la voz muy elevada.
— Mamá está bien, ya —respondió Mamoru—. Está con nosotros, ¿no es cierto? —preguntó guiñándoles un ojo—. Así que sed buenos e id a dormir.
— Pero… —Kizuna miró hacia dentro. Yuki estaba hablando con Asami en una voz muy baja—. Está bien, Kizuna será buena chica.
— Así me gusta —Mamoru los abrazó con fuerza—. Id a dormir, venga.
Kazuha cogió a los dos de la mano y tiró de ellos hacia las habitaciones. Mamoru suspiró unos segundos, antes de volver dentro del baño. Convencer a unos niños siempre era más fácil que convencerse a sí mismo.
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Próximo capítulo: 'Un beso lleno de sal'.
