Hellow! Sorry! Ayer como era fiesta me olvidé por completo de todo... cuando me desperté ya era mediodía (?) mi modo hivernación es horrible XD
Humana: no soy tan mala jejejejejeje más adelante lo seré (?) JAJAJAJAJAJAJAJAJA será por todo lo contrario (?) no sé si se volverá como ellos... porque la situación de Mamo será muy distinta XDDDDDDDDDDDDD pero bueno, ya lo verás XDDDDDDDDDD
25 de Mayo.
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Un beso lleno de sal
Después de contarle todo lo que su padre le había contado a él, Yoh parecía un poco aliviado. Ayako se quedó escuchándolo en silencio. Sabía que eso aliviaría las preocupaciones del chico, pero aún así veía que sus ojos seguían con algún pensamiento negativo acerca de todo lo que había sucedido a Asami, el día anterior. Ella se apoyó en el respaldo del banco del patio, acercándose estratégicamente a él. No le había dicho acerca de su situación actual, así que no sabían si esa droga le había hecho algún daño. No le había dicho acerca de lo que había pasado con el tipo que le había dado esa droga, así que tampoco sabían lo que Heiji había hecho con él. Se apuntó mentalmente preguntárselo a su padre para enviarle un mensaje a Yoh y tranquilizarlo un poco más. Pero lo que más preocupaba a Ayako, era que su mejor amigo, su compañero de penas y dolores, su amor secreto, no hubiera dicho nada acerca de lo que pasaba por su cabeza. Giró su mirada hacia unos chicos que jugaban a baloncesto en las canchas de al lado, mientras juntaba su hombro con el de él. No hizo falta hacer nada más. Yoh dejó caer su cabeza encima de su hombro, cansado.
— Yoh, todo saldrá bien —susurró Ayako abrazando su cabeza con su mano libre—. Oneechan es fuerte.
— No quiero que esté con nosotros —susurró él. Ayako frunció el ceño. ¿Qué significaba eso? ¿Le había entendido mal o realmente había dicho aquello? Seguramente le había entendido mal—. Cada vez que Asami-oneechan está con nosotros sale herida, por eso no quiero que esté más con nosotros —lo había entendido perfectamente.
— Eso es muy egoísta por tu parte Yoh —Ayako sonrió con tristeza y él se apartó para verla—. Aunque ella esté bien cada vez que está lejos de nosotros, pedir que ella sea infeliz porque así está a salvo es muy egoísta. Oneechan está feliz aquí con nosotros y si ella no se va, es porque prefiere tener esos días malos, a pasarse toda su vida alejada de nosotros. No puedes pedir que ella sea infeliz por tu estar tranquilo y sin preocupaciones.
— Asami-oneechan no está feliz —susurró Yoh—. No lo está. Podría haber muerto por culpa de que ese tipo quería hacerle cosas malas y no era suficientemente valiente para dejarla inconsciente sin drogarla —Ayako lo soltó de su agarre y se giró mientras lo cogía por los hombros y lo dejaba completamente apoyado en el banco. Yoh dejó que ella le obligara a hacer esas cosas. Como siempre Ayako se aseguró de que nadie estaba mirándolos o suficientemente cerca de ellos para que se pudieran reír. Tumbó sus piernas encima del regazo del chico y le obligó a mirarla. Ayako sabía que estar en situaciones familiares, ayudaba que el chico sacara todos sus pensamientos a la luz y eso era lo único que podía hacer en esos momentos, ya que no podían perderse la última clase, en que los dos tenían examen. Luego le cogió la mano al chico con las dos suyas. Comparadas con las del chico que ya estaba creciendo mucho, las suyas no eran nada. Las manos de Yoh tenían los dedos muy largos y también un poco gruesos. Los suyos eran cortos y muy delgados, demostrando que su cuerpo aún era el de una niña—. No puedo dejar de pensar en cuando Asami-oneechan tenía que cumplir los diez años. Teníamos cinco nosotros, pero yo no puedo olvidar eso.
Flashback
Yoh entró a la habitación en donde estaban su padre y sus dos hermanas esperando. La mano de Ran le apretó la suya con fuerza, en cuanto escucharon un pequeño grito de la hija menor de ellos. Yoh estaba asustado. Jamás había escuchado a Asami gritar de dolor. Se acercó a la cama en dónde estaba la pequeña y la observó con atención. Estaba pálida, cerraba sus ojos con tanta fuerza que parecía estar haciendo demasiada fuerza. Otro pequeño grito de su boca y los pies de ella se movieron con rapidez.
— Tranquila, Asami, tienes que resistir —susurró Yui acariciando la cabeza de la pequeña, justo al lado de Yoh. El niño miró a su hermana mayor. ¿Por qué estaba llorando? Él no podía entender a los adultos. Observó a Shinichi, al otro lado de la cama. Mantenía la mano de la pequeña agarrada con sus dos grandes manos y apoyadas en su cabeza. El padre mantenía los ojos cerrados con cansancio intentando no escuchar los gritos de ella—. Asami todo está bien —Yoh volvió a mirar a su hermana mayor mientras Ran se acercaba a Shinichi y se arrodillaba a su lado llorando—. Tienes que resistir. Mamoru-kun y los demás quieren celebrar tu cumpleaños en el colegio, contigo.
— …migo… —la voz de la pequeña habló casi gritando, haciendo que todos la miraran. Asami había abierto los ojos, pero los había cerrado de nuevo al notar otro pinchazo de dolor recorriendo su cuerpo. Movió sus pies con rapidez, como haciendo pucheros por no despertar. Unos pucheros que todos le estaban permitiendo.
— Hey, no te precipites —Yui hizo un intento de reírse, que terminó casi en un llanto—. Cuando te cures iremos a ver a tus amigos, ¿vale? —Asami afirmó con la cabeza muy rápido y solo dos veces haciendo una mueca de dolor—. Todo saldrá bien. Todos estamos aquí contigo. Yoh también —el niño miró a Yui otra vez. Ella lo cogió en brazos y lo sentó en la cama. Yoh se cogió al jersey de Yui con fuerza. Estaba aterrado. Yui sonrió tristemente y cogió una de sus pequeñas manos para llevarla a la mano de Asami. Yoh apartó su mano y la vista de Asami, no quería verla así. No podía ver a la niña que siempre se reía de él y lo molestaba, pero que también lo protegía de la gente que le quería hacer daño, de esa manera—. No seas así Yoh, harás que Asami-chan se sienta mal.
Yoh negó con la cabeza. Sabía que Asami lo estaría viendo por unos segundos, pero él no quería que lo viera llorar por ella. No quería darle un motivo para que se burlara más de él, aunque eso le hiciera daño a la hija pequeña sin que él lo supiera.
Fin del Flashback
— Esa vez —susurró Yoh intentando contarle lo que había sucedido—. Asami-oneechan solo gritaba por el dolor que sentía. Ni siquiera derramó una sola lágrima por ello. Solo gritaba y se movía para aliviarse. Se pasó dos días y medio con dolor, hasta que desapareció del todo. Pero ahora, Asami-oneechan no se queja. Tenga dolor o no, ella no dice nada. Asami-oneechan sabe que no me gusta esto y por eso no se queja a nosotros.
— Yoh…
— No quiero que muera —dijo en un hilo de voz mientras Ayako notaba como su voz se quebraba a trocitos—. No quiero que se aleje de mí. Yo aún no le he podido demostrar cuán equivocada estaba. Le prometí que se lo demostraría y aún no lo he hecho.
— Tienes mucho tiempo para eso —sonrió Ayako—. Oneechan es fuerte.
— Pero es que jamás podré demostrárselo —susurró él—. Ella tenía razón.
— Yoh escúchame —Ayako le acarició la mejilla levemente, pero él seguía con la mirada al suelo. Diciendo cosas que Ayako no entendía, acerca de una promesa entre Oneechan y él. Ayako, finalmente decidió dar un paso adelante, al ver que el chico estaba derramando lágrimas de impotencia. Bajó sus pies al suelo y se acercó a él, buscando sus labios con los suyos y apretándolos con fuerza a los de él, haciendo que el chico se callara y al instante cesaran sus lágrimas. Los labios del chico estaban salados y húmedos.
— ¿Qué…?
— No es a mí a quién debes de decir esto —susurró Ayako sonriendo—. Tendrías que decírselo a ella —Yoh estaba enrojeciendo por momentos sin ni siquiera escucharla—. ¿Estás bien?
— ¿Qué es lo que pasa contigo? —preguntó él finalmente. Ayako se encogió de hombros mientras aún sonreía.
— Es que veía que jamás ibas a escucharme sino —dijo mientras se cruzaba de brazos.
— Pe-pe-pe-pero…
— Debes de decirle todo esto a Oneechan —sonrió cálidamente Ayako ante el tartamudeo de su amigo—. Tienes que hacerlo, ¿vale?
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Cuando Yoh entró en su clase unos minutos más tarde. La clase se silenció aún más de lo normal. Ayako ya se había ido a su clase y las miradas que sus compañeros le hicieron en esos momentos, hicieron que él quisiera echar a correr detrás de ella, para sentirse a salvo. Aún recordaba las palabras que su hermana le había dicho cuando ella había vuelto de Japón y él le había dicho que Jun no era capaz de hacer que sus amigos se pusieran en su contra. 'Recuerda esto, Yoh. De amigos verdaderos solo vas a tener cuatro o cinco en toda tu vida. Espero que cuando recuerdes esto, también recuerdes que tu familia es la única que jamás te hará daño, porque todos van a apoyarte en lo que te pase.' Su respuesta había sido muy simple: puedes ser amigo de todo el instituto, solo tienes que ser alguien un poco popular y simpático con todo el mundo. Yoh creía que llevándose bien con todos y haciendo lo que nadie quería hacer, tal vez hubiera conseguido demostrar a su hermana que estaba equivocada, pero realmente el único que estaba equivocado era él. Se acercó lentamente a su pupitre intentando no mirar a nadie directamente a los ojos. Recuerdos divertidos o felices de él en el instituto: los momentos en que Ayako, Momo y Sora estaban con él; los demás eran momentos en los que él desearía estar lejos de ese lugar. Cogió su silla para sentarse, y justo cuando iba a hacerlo, el chico de detrás empujó la silla para que cayera al suelo. Cuatro años de experiencia (desde que Asami se había ido al Laboratorio y todo el mundo decía que era una extraterrestre o alienígena y que les haría daño a todos) le habían hecho mantener el equilibrio, y por lo tanto no caerse al suelo. Sin decir nada, cogió la silla del suelo y, agarrándola con fuerza esa vez, se sentó en ella. Cogió su lápiz y su goma para borrar y lo dejó encima de la mesa, preparado para empezar la prueba y salir de allí antes que nadie, para no encontrarse con más problemas el resto del día. Una chica se acercó a él con una mirada llena de odio. Yoh ni siquiera recordaba haberla visto jamás en su clase. No le importaba no conocer a sus compañeros, solo quería sobrevivir de una vez y dejar ese instituto tan atrás como le fuera posible. Se acercó al chico de detrás de él y le habló, diciendo algo que a Yoh no le gustaba. No tenía un buen día para aguantar más ataques. Yoh realmente no tenía un buen día.
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— Hey, Hattori, ya dejaste a tu novio alienígena atrás, ¿verdad? —sonrió alguien sentándose delante de Ayako.
— No es un alienígena —repitió con cansancio ella sin hacer esfuerzo para que su voz sonara normal—. Chicos no os lo diré más. Yoh tiene mucha fuerza y os hará daño como os sigáis metiendo con él. Hasta ahora he podido detenerlo, pero no creo que pueda hacerlo por más tiempo. Así que dejad de meteros con él.
— Sí, claro —el chico se rió con fuerza—. Porque resulta que tu amigo es un extraterrestre. Por eso tiene más fuerza.
Un golpe débil y risas a la otra clase, hizo que Ayako mirara incómoda a la pared. Luego un golpe mucho más fuerte hizo callar a toda la clase de la hija de Heiji, quién se había levantado enojada para responder al chico. Todos se miraron entre ellos y luego miraron al pasillo dónde la gente se había quedado en completo silencio.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Ayako.
— Tu novio ha abducido a alguien —se rio el chico rodando los ojos.
— Muy buena —otro chico le chocó la mano mientras los dos se iban a sentarse en sus pupitres.
— Yoh… —Ayako salió corriendo de allí. Justo cuando estaba saliendo, se encontró con Momo y Sora que estaban corriendo hacia la clase del chico—. ¿Qué ha pasado?
— No lo sé, pero salía humo de allí —dijo el chico pequeño de los Suzuki, entrando a la clase—. Kudo, ¿qué ha pasado?
La clase estaba completamente en silencio. Todos, incluso Yoh, estaban mirando un montón de mesas y sillas rotas, junto con la pizarra de la clase tumbada encima de ese montón. Yoh estaba de pie, delante de su silla, y mirando al suelo. Delante de él no había nada, excepto ese montón de deshechos lejos de él.
— ¡Yoh! —Ayako entró apresurada hacia él y se puso delante—. ¡Yoh! ¡Yoh! —lo llamó, pero el chico ni siquiera la miraba—. ¡Yoh mírame! —lo zarandeó levemente, pero él ni siquiera se movía. Sus músculos estaban en completa tensión—. Vale, que alguien me perdone por hacerlo por segunda vez —Ayako apretó con fuerza sus labios contra los de él. Al acto, Yoh se cayó al suelo—. Yoh… —Ayako se arrodilló a su lado. El chico miró hacia el lugar en dónde todos seguían mirando—. ¿Qué ha ocurrido, Yoh?
— ¿Ken… kun? —susurró una chica que estaba detrás de Yoh acercándose hacia las mesas—. ¿Ken-kun?
— Hey, Aoba, deja de hacer el tonto y sal de ahí —dijo otro chico acercándose—. ¡Aoba!
— ¿Aoba Ken? —Momo frunció el ceño. Ese era uno de los que siempre molestaban a Yoh.
— Lo… siento… —el pequeño susurro de la voz de Yoh, sonó completamente amargo. Ayako lo miró preocupada y luego miró hacia dónde todos seguían llamando a ese chico.
— Ayúdame —susurró Ayako cogiendo la mano de Yoh y tirando de él. El chico no se movió—. ¡Yoh ayúdame! —Ayako gritó con fuerza mientras dos profesores llegaban a la clase—. ¡Vamos!
Yoh se levantó, andando como si de un fantasma se tratara. Sin rumbo, sin ánimos, sin fuerza. Ayako hizo fuerza contra la pizarra para levantarla y Yoh la ayudó por detrás. Justo entonces, el brazo de Ken cayó al suelo dejando la clase helada.
— ¡¿Se puede saber qué ha ocurrido aquí?! —gritó uno de los profesores, asustando a Yoh. Ayako hizo fuerza para que la pizarra no volviera a caer encima del chico.
— Yoh —se quejó. El chico asustado la miró y luego volvió a hacer fuerza para levantar el objeto.
Mientras Yoh aguantaba, Ayako tiró del brazo del chico y lo apartó de allí.
— Avisen a una ambulancia —dijo Ayako hacia los profesores—. De prisa.
— ¡¿Qué narices has hecho, crío?! —gritó uno de los profesores acercándose hacia Yoh. Ayako se puso al medio de ellos dos—. ¡Aparta!
— ¡No! —Ayako habló con firmeza y seguridad. Tanto que todo lo que decía parecía más bien una orden, en lugar de un consejo—. ¡Dejad en paz a Yoh si no queréis que os haga más daño! ¡Avisad a una ambulancia y dejadnos aplicar los primeros auxilios a este pobre chico! —escuchó detrás de sí un pequeño ruido, que le indicó que Yoh le había dado la espalda a ella. Ayako se giró instintivamente y lo cogió del brazo—. No me hagas perseguirte, Yoh. Asume tus responsabilidades. No dejes que Oneechan sufra por esto, porque creo que ya ha tenido más que suficiente por esta semana.
— Yo no…
— Yoh, ayúdame a salvarle la vida —susurró Ayako—. Ayúdame a corregir tus errores.
— Es mejor que me encierren de una vez —susurró él casi sin voz. El silencio hizo que toda la gente lo escuchara perfectamente.
— No, es mejor salvarlo. Y yo no puedo hacerlo todo, ¿me oyes? —Ayako sonrió cálidamente hacia él. Debían de hacerlo juntos. Ella estaba muy aterrada, pero no podía dejar que Yoh se escapara, porque entonces ella lo seguiría y ese chico moriría en manos de unos ineptos adultos—. Vamos —Ayako tiró un poco de su brazo y lo cogió con más fuerza. Yoh afirmó con la cabeza y se arrodilló junto al chico—. Y en cuanto a vosotros —Ayako se giró hacia los compañeros de su clase—. ¡¿Cuántas veces más voy a tener que repetiros esto?! ¡Tenéis diecisiete años, por Dios! ¡Ni siquiera parecéis adultos! ¡Haced crecer un poco esta mentalidad tan cerrada, terca y envidiosa, o terminaréis igual o peor que Aoba-kun! —se arrodilló al lado de Ken. Yoh le estaba tomando el pulso y la miró unos segundos con una mirada llena de agradecimiento—. Lo siento, no lo aguanto más. Y hoy no era un buen día para que vinieras al instituto, ya lo has visto. El estrés por no aprobar los exámenes les hace volver más estúpidos aún —Yoh sonrió fugazmente. Esa era la chica que él conocía. Nunca se callaba las cosas. Nunca huía de sus responsabilidades. Nunca le perdonaba los errores. Esa era la chica que él más quería—. Avisad a una ambulancia —Ayako miró hacia los profesores—. ¡¿A qué estáis esperando?! ¡Moveros! ¡¿O es que queréis que muera un alumno bajo vuestra responsabilidad?! —era algo extraño. Con el ruido fuerte que se había oído y solo dos profesores habían ido a verlos. ¿Qué ocurría en ese lugar? Desde que el director fue substituido, y el nuevo había despedido a Shouta, ese lugar cada día era más extraño. Los profesores ni siquiera se movían. Ayako podría jurar que estaban sonriendo, satisfechos por lo que Yoh había hecho. Sacó su teléfono móvil y llamó con la marcación rápida—. Papá, necesito una ambulancia en el instituto, por favor, y que venga también Shinichi-ojiichan.
Yoh, asustado, la miró. Ayako mientras aguantaba su teléfono móvil con el hombro y su oreja se estaba desabrochando la camisa. ¿Qué pretendía? Se sacó la camisa de encima, después de cerrar el teléfono e hizo una bola con ella para ponerle en la herida de la cabeza del chico.
— ¿Pero qué haces? —Momo se escandalizó.
— Levántale los pies, Sora-kun —dijo Ayako. El chico se acercó y se arrodilló al lado de Ken para ayudarla. La camisa de Ayako había quedado teñida de rojo en pocos segundos, mientras Yoh seguía tomando su pulso.
— Esto no va bien —susurró el hijo de Shinichi con tristeza.
— ¿Tú crees? —preguntó Ayako.
— Aparte de que el chico está perdiendo su pulso, ¿te das cuenta de que con mi padre, seguramente también vendrá el tuyo?
— ¿Y? —Ayako frunció el ceño.
— No llevas ropa en la parte superior para cubrir tu ropa interior —dijo él arqueando una ceja.
— No entiendo esa manía de la ropa interior —Ayako sonrió—. Es lo mismo que llevar un bañador, pero el tipo de ropa es distinto. Entonces qué sentido tiene preocuparse por eso.
— ¡Lo tiene idiota! —gritó Momo golpeando su cabeza.
— ¿Pero por qué me pegas? —se quejó ella.
— ¿Quieres que tu padre te encierre de por vida en tu casa, loca? —se desesperó la hija de Sonoko.
— Estoy intentando salvar la vida a alguien, ¿qué importa ese pequeño detalle? —se quejó Ayako mientras las sirenas se escuchaban a la lejanía.
— Está bien —Yoh habló con decisión. Se desabrochó los primeros botones de la camisa y se la quitó para alargarla a Ayako—. Prefiero que tu padre me mate a mí —se encogió de hombros. Ayako rodó los ojos—. Coge esto, Ayako, no puedo pensar viéndote así —se quejó.
— Chicos —Ayako rodó de nuevo los ojos y cogió la camisa del chico para ponérsela sin desabrochar más botones. La camisa le iba grande y olía a Yoh. Estaba caliente. Enrojeció al instante al darse cuenta de sus pensamientos y movió la cabeza con desespero intentando alejarlos de ella. Yoh a su lado se movió empezando a dar un masaje cardíaco al chico.
— Ayako, ¿me ayudas? —preguntó Yoh deteniéndose unos segundos.
— ¿No pretenderás que lo bese, verdad? —Ayako señaló al inconsciente chico con su mano libre.
— Tienes una mano ocupada —se quejó Yoh.
— No pienso besarlo —respondió Ayako escuchando puertas abriéndose y cerrándose en el patio.
— Eres inaguantable —Yoh rodó los ojos y lo besó para darle aire, mientras ponía su mano encima de la camisa de la chica. Ayako quitó la mano de allí y esperó a que Yoh se apartara para empezar a hacerle el masaje cardíaco.
Gente corriendo por los pasillos y luego, Heiji, Shinichi y dos paramédicos, acompañados por un alumno, llegaron al lugar.
— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó Shinichi.
— ¿Qué ha ocurrido? —preguntó Ayako mientras seguía haciendo fuerza contra el pecho del chico—. Que ha provocado… al estúpido… de tu hijo —uno de los paramédicos la apartó para el otro tomarle el pulso—. Eso ha pasado —Ayako miró a Shinichi—. Lleva demasiado tiempo aguantando las burlas de todos ellos y los profesores no han hecho nada al respecto. Ni siquiera se han dignado a llamar a una ambulancia, porque querían que el chico muriese y así deshacerse de él de una vez.
— Yoh —Shinichi lo miró asustado. Su hijo ni siquiera se había atrevido a mirarlo—. ¡Yoh! —Shinichi se acercó corriendo hacia él, mientras el paramédico restante cogía la camisa de Ayako para presionar en la herida—. ¡¿Yoh qué has hecho?!
— Estaba diciendo que Asami-onee es una drogata… —susurró Yoh mientras las manos temblorosas de Shinichi se ponían encima de sus hombros—. Asami-onee por poco muere ayer por culpa de ese tipo y yo… no pude pensar. Papá… ayúdame…
Shinichi lo abrazó con fuerza. ¿Por qué estaba sucediendo eso? ¿Por qué cada vez que uno de sus hijos sufría él no podía verlo hasta que había sucedido la desgracia? Notó las lágrimas de Yoh mojando su camisa. No era momento para pensar en eso. Shinichi se apartó de él y se acercó a Heiji. El moreno rodó los ojos.
— ¿Estás seguro? —preguntó Heiji.
— ¿Qué va a ser de mí? —susurró Yoh en un hilo de voz que solo los paramédicos y Ayako pudieron oír. Ayako lo abrazó con fuerza.
— No puedo hacerlo de otra manera, Hattori —Shinichi le dio la placa de policía y la pistola a Heiji—. Necesito que seas tú, por favor —el moreno desmontó el arma y la guardó en sus bolsillos, junto a la placa de Shinichi. Su compañero, se acercó a Yoh y Ayako y se arrodilló con ellos dos, mientras Heiji llamaba por teléfono—. Yoh, Heiji-ojiichan va a llevarte a la comisaría con Ayako-chan, ¿vale? Yo voy a avisar a tu madre y a tu abuela. No digas nada hasta que ellas estén contigo y sobre todo aguanta. No hagas ninguna tontería. Solo resiste hasta que podamos estar contigo, ¿vale?
El niño afirmó asustado con la cabeza. No estaba seguro de haber entendido todo perfectamente, pero Ayako seguro lo detendría antes de que pudiera hacer algo incorrecto. Los paramédicos se estaban llevando al chico de allí en una camilla y con prisas. Los profesores parecían dispuestos a detenerlos, pero se mantuvieron quietos mirándolo con odio.
— Está bien, Kudo, ve a buscar a Ran-chan —Heiji habló detrás de ellos asustándolo—. Y avisa también a Shouta-kun antes de que esto salga a la luz. ¿Quieres que avise a…?
— No —Shinichi respondió tajante—. No quiero que Asami se entere de esto. Ella ya tiene suficientes problemas ahora.
— Como quieras —Heiji sonrió débilmente mientras Shinichi se iba de allí corriendo.
— ¿Por qué le ha dado la placa Shinichi-ojiichan? —preguntó Momo asustada.
— Porque tiene un conflicto si acepta el caso como policía porque son de la misma familia —susurró Ayako—. Por eso, Shinichi-ojiichan prefiere estar cerca de Yoh antes de apartarse del caso.
— Qué buena persona que es Shinichi-ojiichan —soltó Sora viendo por dónde se había ido el hombre.
— No como otros adultos que conozco —Ayako fulminó con la mirada a los profesores y luego se levantó para encarar a todos los chicos de la clase—. ¿Qué ha pasado?
— Ken-kun, él no… ¡él ha golpeado a Ken-kun sin ningún motivo! —se quejó la chica.
— ¡Yoh no golpea sin ningún motivo porque sabe que tiene fuerza suficiente para hacer daño! —gritó Ayako acercándose a la chica dejando su rostro a escasos centímetros del rostro de la otra chica.
— ¡Ha sido Yoh-kun! —gritó ella. Luego se giró para mirar a los demás—. ¿Verdad? —Ayako golpeó la pared al lado de la chica con fuerza, asustando a la chica.
— Que ha sido Yoh ya lo sabemos todos —susurró con un tono de odio, apartándose de la chica y mirando a los demás—. Os estoy preguntando que ha dicho Ken-kun para enojarlo tanto. ¿En serio tenéis diecisiete años? Dais pena como próximos adultos. Asumid vuestras responsabilidades en lo que ha sucedido.
— Ayako…
— ¡Entonces vete! —la nombrada se giró hacia su padre interrumpiendo lo que él iba a decir. Sus ojos estaban llorosos. Ella mantenía una expresión firme y llena de odio, pero Heiji reconocía esa cara. Era la que tenía Kazuha cada vez que estaba a punto de llorar—. ¡Vete a averiguar el motivo por el que después de escuchar el ruido del pizarrón caerse solo dos profesores se han dignado a aparecer por aquí! ¡Y el porqué he tenido que ser yo la que avisó a emergencias y además aplicarle los primeros auxilios!
— Ayako, ¿estás bien? —Heiji se acercó a ella y la abrazó—. No va a pasar nada de momento, ¿vale? Solo tenemos que interrogar a todos, nada más. Hasta ver todo no podemos sacar conclusiones, así que sácatelo de la cabeza, ¿vale? —Heiji se apartó y acarició levemente la cabeza de su hija—. Todo está bien. Pero no te apartes de Yoh-kun, ¿vale? —Ayako bajó la mirada mientras afirmaba con la cabeza—. Y por cierto… —Heiji arqueó una ceja—. ¡¿Por qué narices llevas una camisa que no es tuya?!
— Porque la mía estaba en la cabeza de Aoba-kun —respondió Ayako encogiéndose de hombros y mirando hacia un lado—. No tenía un paño suficientemente grande y más desinfectado para cubrir todo su cabezón.
— ¡No insultes a Ken-kun! —gritó la chica acercándose a ella con la mano levantada. Ayako se giró y detuvo su golpe, cogiendo su brazo y girándolo a la espalda de la chica, para que no pudiera atacarla.
— Vuelve a ponerme una mano encima y terminarás igual que Ken-kun —Ayako la empujó y la chica la miró a los ojos. Les seguía mirando a todos con odio y mucho desprecio—. O tal vez peor.
La chica se apartó de Ayako.
— ¿Cómo puede permitir un policía que alguien amenace a otra persona, eh? —preguntó un chico de pelo castaño oscuro.
— ¿No tenéis diecisiete años? —Heiji sonrió—. ¿Sabéis las reglas de los padres? Sobreproteger a un hijo, hace que el niño no sepa responder ante esas amenazas. Si vuestra amiga casi llegando a la mayoría de edad no sabe responder a esto, entonces es que no ha crecido suficiente de la cabeza como para merecer ir a la universidad. Pensad un poco en esto. Mi hija sabe defenderse y por ese mismo motivo no respondo en su palabra. Porque yo tampoco aguanto que me toque alguien que no sean mis amigos o familiares, así que más les vale apartarse de mí —Heiji se giró hacia los profesores mientras Ayako lo miraba confundida—. No sé qué estáis esperando pero ya podéis empezar a anular las clases y a reunir a todo el mundo en algún lugar lejos de aquí. Quiero ver a todos los profesores ahora mismo aquí. ¡Muévanse! ¡Y no te creas que haya terminado esta conversación, jovencita! —añadió mirando hacia su hija con una ceja perfectamente arqueada.
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Yoh hacía un buen rato que se había quedado aislado de todo el mundo. Lo habían llevado a comisaría después de que el resto de la policía llegara para investigar todo. Ayako estaba a fuera de la sala de interrogatorios, y no le permitían entrar. Sus padres, junto con Eri-obaachan estaban haciendo todo lo posible para defenderlo, pero mientras tanto se quedaban fuera de sus oídos a hablar. La puerta de la sala de interrogatorios, finalmente se abrió. Él ni siquiera levantó la vista para ver quién era. Mantuvo su mirada encima de la mesa, viendo como los dedos de sus manos se peleaban entre ellos, llenos de nervios. Se sentó alguien delante de él y otra persona se quedó de pie a su lado. La mano de la persona que tenía delante cogió las dos suyas y se las estrechó. Yoh levantó la vista rápidamente viendo a Asami sonriendo hacia él. Luego, miró hacia su lado, en dónde Yui estaba mirándolo preocupada.
— Bueno, todos hemos pasado por esto alguna vez, así que… —Asami fue la primera de hablar mientras sonreía llena de ánimos—. Suelta lo que tengas que soltar, Yoh.
— Asami-onee, ¿por qué estás aquí? —preguntó él completamente desconcertado—. Deberías de estar en cama.
— No mientras mi hermano pequeño esté sufriendo más que yo —Asami le guiñó un ojo—. Una fan de Mamoru, ha tardado poco en filtrar la gran noticia, así que llamé a Yui y la obligué a que me contara lo que había sucedido. Aunque no podríamos estar aquí dentro pero, ¿qué ha ocurrido, Yoh?
— Aoba se estaba metiendo conmigo de nuevo —susurró él casi sin voz, mientras Yui se arrodillaba a su lado para estar un poco más cómoda—. Me había tirado la silla al suelo y había conseguido hacerme enojar. Pero yo pensé por dentro que él no tenía ni siquiera ánimos para pegarme, así que tampoco era tan malo como la persona que le había hecho daño a Asami-oneechan. Pero…
Flashback
Yoh apretó sus puños con fuerza mientras escuchaba a Nakagawa contarle acerca de lo que le había sucedido a Asami el día anterior. ¿Qué pasaba con ellos? ¿Por qué se habían enterado? ¿Quién lo había publicado en las noticias de la Red? Bajó la mirada al suelo, si seguía escuchando a Nakagawa riéndose de su hermana terminaría golpeando a alguno de los dos. La silla de detrás de la suya corrió por el suelo, haciendo ver al chico que Aoba se había levantado. Eso nunca era algo bueno. Ese chico de complexión gruesa, ojos hundidos y nariz levantada siempre tendía a levantarse solo cuando quería golpear a alguien. Aoba le cubrió en sombra cuando se puso delante de él. Yoh no levantó la mirada. Aguantaría el golpe. Aguantaría lo que fuera, pero no lo conseguirían provocar. En un acto reflejo para no golpear al chico, Yoh puso sus manos debajo del pupitre y se las cogió con fuerza para asegurarse de que no las separaba para golpearlo.
— ¿Y bien? —preguntó Ken—. ¿Es cierto? ¿Tu hermana es una drogata?
— Oneechan jamás haría algo así —susurró él casi sin voz.
— ¡Eso no es cierto! —gritó Ken estallando en risas—. Mi madre siempre me dice que la gente famosa tiende a drogarse, porque tienen dinero para hacerlo y en cambio no tienen la felicidad que encuentran con eso.
— Oneechan no es así —añadió Yoh.
— Yo no creo tus palabras —Ken miró al resto de la clase—. ¿No es cierto, chicos? Después de ser un extraterrestre, ha creído oportuno dejar de intentar manipular a la gente normal y pasar a la acción. Pero se ha encontrado con qué las drogas eran mucho más fuertes que su cuerpo, así que…
— Deberías dedicarte a escribir libros: tal vez esto sea tu mejor historia —susurró Yoh.
La mano de Ken lo cogió por el jersey y lo levantó de la silla y del suelo. Aoba Ken era mucho más alto y grueso que él, pero aún así, Yoh siguió cogiéndose sus manos para no golpearlo. Durante cuatro años había entrenado mucho más para así poder proteger a Kizuna y a Kazuki.
— ¿Qué has dicho, tapón? —preguntó Ken.
— Que es una buena historia ficticia, deberías de dedicarte a escribir historias en vez de leer cómics —susurró Yoh de nuevo.
Tenía la mala costumbre de que cuando le preguntaban lo que había dicho, su cerebro lo interpretaba como que no le había entendido. La clase entera estalló en risas y Ken enrojeció de rabia. El chico se dio cuenta de que las manos de Yoh seguían cogiéndose con fuerza.
— ¿Qué haces? —preguntó Aoba.
— Nada —respondió Yoh. Ken lo soltó al suelo y le cogió las manos.
— ¿Qué es esto? ¿Un ritual extraterrestre?
— Cuidado Aoba, no sea que te haga un maleficio —se rio un chico por la ventana que daba el pasillo y que ni siquiera era de esa clase. Yoh lo miró de reojo. Ni siquiera era de su curso, era un chico del primer curso.
— Yo no hago maleficios —susurró Yoh cada vez en voz más baja.
— ¿Qué dices? —Ken acercó su oído a él.
— ¡Qué yo no hago maleficios! —gritó Yoh con voz un poco elevada en el oído del chico.
Ken enrojeció de ira. Lo cogió por los brazos y tiró de ellos para separarle las manos. Yoh estrechó su agarre. Resistiría las burlas. Aguantaría con todo. Ken hizo más fuerza mientras la clase empezaba a animar a Ken. Cuando por fin consiguió separar las manos de Yoh, este ya estaba completamente desarmado. La clase vitoreó por completo a Ken, quién hizo signos de fuerza y luego golpeó con fuerza a su pecho. Yoh se tambaleó y cayó al suelo, llevándose con él un par de mesas que se tumbaron de lado. La clase estalló en risas mucho más fuertes mientras seguían vitoreando a Aoba. Yoh se levantó sin levantar la mirada y se giró para irse, pero Ken tiró de su brazo con fuerza. Yoh notó un pinchazo en su brazo. Cuando se giró y vio al chico agarrando un lápiz e intentando clavarlo en su piel, como si de una jeringa se tratara, Yoh, finalmente estalló. Empujó con tanta fuerza al chico que este arrastró las cuatro mesas y sillas que había a su alrededor, hasta golpearse contra la pizarra de la clase y esta le caía encima. Yoh ni siquiera se había dado cuenta de que se había girado; Yoh no se había dado cuenta de que acababa de empujarlo; Yoh no se había dado cuenta de que la clase y el pasillo entero se habían quedado en completo silencio; Yoh no se había dado cuenta de que su respiración estaba pasando de muy agitada a casi dormida. No tenía un buen día.
Fin del Flashback
Yoh se calló. No podía contarle esto a su familia. Negó con la cabeza y bajó la mirada de nuevo.
— ¿Pero? —preguntaron sus dos hermanas mayores a la vez.
Él volvió a negar con la cabeza mientras cruzaba sus brazos encima de la mesa y cubría su rostro con ellos. Asami le hizo señales a Yui para que saliera de la sala y ella afirmó con la cabeza. Salió de allí y entró en seguida con Ayako.
— Yoh... kun —Ayako tartamudeó acordándose de que no quería que descubrieran que Yoh y ella estaban empezando a ser mucho más amigos de lo que eran antes. El chico levantó la cabeza para mirarla asustado. Yui estaba cerrando la puerta casi en silencio, dándole a entender que las tres estaban allí sin permiso—. ¿Estás bien? —Ayako se acercó a él y se apoyó en la mesa de la sala sin dejar de mirarlo directamente a los ojos.
Yoh bajó la mirada de nuevo apoyando su cabeza en sus brazos. No quería ver a la chica de ese modo. No quería ver a Ayako con esos ojos verdes tan tristes y preocupados como estaban ahora.
— Cuéntanos qué ha pasado, para que podamos ayudarte —susurró la hija de Heiji y Kazuha. Él negó con la cabeza sin mirarla—. Oye, claro que los del colegio me han contado lo que ha pasado. Pero no me convence un 'lo ha golpeado sin motivo', ¿me oyes? Quiero escuchar tu versión. Quiero saber que realmente lo has hecho por algo. Yoh-kun no hace daño a la gente sin un motivo. Yoh-kun jamás lo haría.
Los hombros de Yoh temblaron débilmente antes de que él levantara la mirada hacia Asami.
— Prefiero que piensen eso —susurró él.
— Yoh, hay algo que tienes que saber de todo lo que me ha pasado —Asami sonrió tristemente—. Claro que se me ha hecho difícil estar con vosotros y sufrir consecuencias, pero… —Yoh miró desconcertado a Ayako. ¿Se lo había contado? Ayako negó con la cabeza desesperada, haciendo que el chico volviera a mirar a su hermana—. Lo llevas escrito en la cara cada vez que me miras cuando ha sucedido algo, Yoh —sonrió Asami cogiendo una de sus manos e interrumpiendo lo que ella misma iba a decir, para luego retomar sus palabras—. Se me ha hecho muy difícil, pero aún así prefiero estar con la gente a la que quiero, porque cuando estoy sin ellos sufro mucho más. Me duele mucho el pecho cada día que tengo que estar sin Mamoru. Me duele el pecho, pensando en si mamá habrá tenido algún caso difícil; o si Yui habrá tenido un cliente borracho que le hubiera llevado problemas; o si papá, Mamoru y Otchan habrán tenido que perseguir a un asesino y les habrán herido o matado; o si Yoh habrá tenido un día bueno o habrá tenido que alejarse de sus estudios solo por su cabeza tonta. Cada vez que estoy sola, no dejo de pensar en cosas que me hacen daño a mí misma. Y ahora también pensando en Kazuki y Kizuna. Sé que alejarme del mundo no es la solución —susurró la chica encogiendo sus hombros débilmente—. Prefiero tener un día complicado y entretenido a quedarme sola y pensar. Incluso algunas veces pienso en si Te-chan habrá tenido un buen concierto o le habrá caído por fin un foco encima —se rio tontamente, haciendo sonreír fugazmente a Yoh—. No es a la gente a la que debo temer, sino al estar sola. Tengo miedo al fuego y a los espacios cerrados, pero jamás tendré miedo a los acosadores o a la gente que me odia a muerte, excepto a Jun, pero ese es otro caso. No puedo tener miedo de algo como eso cuando me da más miedo quedarme completamente olvidada en un rincón de la casa.
— ¿No tienes miedo a las fans locas de Mamoru-oniichan que quieren hacerte daño? —preguntó Ayako mirándola con el ceño fruncido.
— ¿Qué van a hacerme si saben que tocándome le harán daño a Mamoru? —preguntó ella—. Lo único que pueden hacer es criticarme y de este modo me hacen publicidad. Aunque el otro día me encontré con una que me amenazó —se rio ella—. Akimoto Haruka fue un poco idiota al amenazarme.
— ¿Pero eso no es algo malo? —preguntó Ayako.
— Una vez un cantante que escuché en una entrevista dijo: "puedes quererme o puedes odiarme, pero jamás me ignores" —respondió Asami—. Tiene razón. La mala publicidad es publicidad al fin y al cabo. Lo que importa es que hablen de ti, ya que si te ignoran harán que termines en el olvido de todos. Es por eso que las relaciones de amistad están basadas en la comprensión de unos y otros. Un amigo es alguien que te escuchará sin hablar y que luego te dará un consejo. Alguien que jamás quiera ser tu amigo hablará él primero y luego, cuando tú tengas un problema hará como si no lo notara.
— Te acuerdas lo que te dije de Halloween, ¿verdad Ayako? —interrumpió Yui. Ella afirmó con la cabeza.
— ¿Halloween? —preguntó Asami mirando confusa a Yui.
— Sí, Shouta se pasó de listo con uno de mis clientes —se rió ella—. Ese tipo siempre intentaba ligar conmigo y vino también por Halloween cuando los platos son extraños y llenos de gustos picantes o amargos. Hice un plato de cucarachas de regaliz muy buenos y bonitos, pero Shouta quién le estaba sirviendo escuchó que el hombre le decía no sé qué de la camarera guapa y le puso una cucaracha de verdad en el plato —Yui se encogió de hombros—. Al año siguiente vino mucha más gente solo para ver si era verdad que poníamos cucarachas de verdad en los platos por Halloween.
Asami se cubrió la boca para intentar evitar reírse.
— Típico de Odagiri-san —Asami rodó los ojos hacia Yoh—. ¿Y bien? ¿Puedes contarnos tu versión de la historia? —Asami sonrió—. Lo que ha pasado de verdad, sea una tontería o no queremos saber todos los detalles y que no sean mentira, Yoh. Sabemos que no nos mentirás a nosotras.
Yoh bajó la mirada con tristeza hacia sus manos y se las cogió recordando lo que había sucedido. Las manos de Ayako se pusieron encima de las suyas. Estaban heladas comparadas con las de Asami. Él le cogió un dedo intentando calmarse y empezó a contar la historia. En cuanto terminó, Ayako le acarició la cabeza levemente mientras Yui y Asami miraban hacia el espejo de la habitación.
— ¿Es suficiente con esto, verdad, Heiji-ojiichan? —preguntó Yui en un suspiro. Yoh levantó la mirada hacia ella mientras escuchaban dos golpes al otro lado—. Lo siento, Heiji-ojiichan se estaba quejando de que no le decías la verdad —Yui lo miró con una sonrisa triste—. ¿Estás bien, Yoh?
— Lo siento.
— ¿Por qué? —Asami sonrió cálidamente.
— De nuevo os llevo problemas a todos. Vosotros ya tenéis vuestros problemas, no puedo llevaros más —susurró él. Miró hacia Ayako que sonrió mientras le apretaba su agarre. Le estaba dando ánimos—. Además debo de pedirle perdón a Asami-oneechan —él la miró.
— No tienes que pedirme perdón por nada, Yoh.
— Yo te prometí que te demostraría acerca de los amigos, pero cuanto más conozco a la gente más me doy cuenta de que solo están conmigo por interés —susurró Yoh—. Tenías razón y no me di cuenta de ello, hasta que ya fue demasiado tarde.
— ¿Por qué? —preguntó de nuevo ella.
— ¿Cómo que por qué? —Yoh la miró a los ojos—. Te prometí que podría demostrarte que podría ser amigo de todos, pero todo el mundo me odia por ser quién soy.
— No todos —sonrió Asami mirando hacia Ayako—. Yoh, puedes ser amigo de todos, claro que sí, pero… —Asami bajó la mirada con cansancio—. Tienes que aprender a diferenciar entre amigos y conocidos —Yoh afirmó con la cabeza levemente sin mirarla de nuevo—. Los amigos estarán siempre a tu lado, seas como seas, hagas lo que hagas y digas lo que digas. ellos se enojarán contigo porque eres importante para ellos. Los conocidos solo estarán contigo por interés. Es por eso… es por eso que me enfadé contigo entonces.
— Lo sé —susurró él—. Solo quería que supieras que estaba equivocado y que sé reconocer mis errores.
— Bueno, y ahora ¿qué hacemos? —Yui suspiró mientras alzaba sus brazos hacia el cielo en un gesto de pereza.
— Yo cambiarme y esperar a que mi padre se olvide de la conversación —Ayako salió apresurada de la sala mientras Yui y Asami se reían de ella.
— Volverá en seguida, no te preocupes —Asami le acarició la barbilla a Yoh en acto materno, mientras el joven se quedaba mirando la puerta.
— Tendrías que volver a casa, Asami —Yui suspiró largamente—. Debes descansar.
— Oye, solo me drogaron, no me han herido —Asami se encogió de hombros—. Un poco de dolor de cabeza no va a poder conmigo tan fácilmente.
— ¿Es la resaca? —se rio Yoh.
— ¡Míralo! Si tiene ánimos para hacer bromas y todo —Asami sonrió hacia él satisfecha—. Después del baño de agua fría de ayer te aseguro que esto no es nada.
— Bueno, dicen que la gente inteligente sufre siempre dolores de cabeza —suspiró Yui.
— ¿Dicen? —preguntó Asami. Los dos hijos restantes de los Kudo miraron a Yui con el ceño fruncido. Yoh aún mantenía una mirada triste, pero al menos parecía intentar animarse—. ¿Cómo que dicen?
— Bueno, ya sabes que yo soy adoptada. Jamás he sentido dolor de cabeza —Yui sonrió orgullosa.
— ¿Quieres sentirlo? —Asami se arremangó el jersey de manga larga mientras Kizuna y Kazuki entraban por la puerta sonriendo y directos a abrazarse a Yoh.
— No, gracias —Yui se apartó un par de pasos—. Puedo imaginármelo.
— Dolor de cabeza no sé, pero de brazo te lo aseguro —se quejó Mamoru entrando mientras se frotaba el lugar con cara de adolorido—. Como muerden tus hijos, por favor.
— Te dije que no te metieras conmigo —se rio Yui—. La próxima vez harás caso.
— Sí, claro —Mamoru se acercó a Yoh que estaba intentando apartar a los dos niños de él—. ¿Estás bien?
El joven afirmó con la cabeza haciendo que Kizuna y Kazuki se apartaran de él.
— Espero que sean rápidos y no me hagan pensar más de lo debido —susurró.
— Cuánta gente, Yoh-kun —Shiho entró a la sala acompañado de Tetsuya—. ¿Qué tal estás?
— Bien —Yoh frunció el ceño mirando el maletín que la científica dejó encima de la mesa. Tetsuya llevaba una cámara digital en su mano.
— Quítate esto, anda —Shiho sonrió viendo la chaqueta que su padre le había dejado para que no cogiera frío en esa sala.
— Hace frío —se quejó él.
— No tanto como lo que vas a notar como no te lo quites —sonrió Shiho con malicia. Yoh se lo quitó sin rechistar mientras los demás se reían—. El brazo… —Shiho le hizo señas para que lo acercara.
— Bueno, al menos estoy entre familia —Yoh rodó los ojos y apartó la mirada mientras levantaba su brazo.
Sabía lo que Shiho quería ver. Si había una marca del lápiz en su brazo para poder alegar defensa. La cosa no pintaba bien. Tal vez por eso estuvieran todos allí.
El día pasó sin más incidentes y finalmente todos pudieron irse a casa. Yoh, por el momento permanecería en su casa encerrado hasta que la policía diera nuevas órdenes.
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Próximo capítulo: 'No quiero ir a la cárcel'.
