Hellow!
Humana: yo me reí pensando en lo que deberían de pensar Saguru y Shinichi escuchándole decir eso XDDD nah, en realidad Heiji es un incomprendido (?) al igual que Mamoru (?) bueno, espero que sea de lo que pensaste XD disfrutalo! ;)
RanKudoi: no me gusta dar descansos... si te fijas de hecho, no me gusta dar relleno XD es mejor saltarme semanas y meses, pero ir dando emoción a mi historia (?) no soy cruel, simplemente omito lo aburrido XD no, lo siento, Ayako y Yoh son secundarios en esta historia (de hecho llevan siéndolo desde que nacieron (?)) XD
12 de Junio.
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
El Mapa de la Niña de la Nieve
— ¿Crees que por un día podrás dejar de pensar en ese caso y disfrutar del día? —Asami se encogió de hombros mientras andaban dirección al bar de Yui.
— ¿Por qué lo dices? —preguntó Mamoru.
— Porque pareces estresado —respondió ella—. Y últimamente andas con esa mirada de mataré a cualquiera que se me acerque.
— Quizás porque lo haré —respondió él en un suspiro.
— Mamoru, vamos —Asami rodó los ojos.
— ¿Crees que podré disfrutar de mi cumpleaños sin que suceda ningún atroz caso, sobre todo después de que hayas invitado a tus padres? —preguntó Mamoru riéndose.
— Eres cruel —Asami sonrió.
— Suerte tienes que nuestra familia no quiere matarse entre ellos —respondió Mamoru.
— ¿Quién sabe quién quiere matarte? —Asami miró a Kizuna—. ¿Crees que hay alguien que quiere hacerle daño a papá?
Ella miró al suelo.
— ¿Heiji-ojiichan? —Kizuna respondió sin pensarlo mucho y miró a su padre.
— Eso es ser cruel —Mamoru se rió, mientras soltaba la mano de Kizuna para abrir la puerta. Asami entró cogida de las manos de los dos pequeños y el chico la siguió.
— Es en serio. Olvídalo por un día, ¿crees que podrás? —Asami le guiñó un ojo.
— No prometo nada, pero haré mi mejor esfuerzo —respondió él sonriendo.
— Está bien —Asami rodó los ojos y se fue a saludar a todos.
Estaban Heizo y Ginshiro con sus mujeres, Sonoko, Makoto, Momo, Sora, Akira, Chieko, Heiji, Kazuha, Ayako, Saguru, Akako, Sara, Takeshi, Hiro, Tetsuya, Yuki, Chizuko, Himitsu y Shouta, también estaban los hijos de Yui y Shouta, Takuma y Kotarou; la hija de Himitsu y Chizuko, Yuna; los hijos de Yuki y Te-chan, Kyooi y Alumi; la hija de Hiro y Chieko, Tsuki; y el hijo de Takeshi y Sara, Tooichi. Los demás de los Bullet Junior también estaban, ya que ellos se habían auto invitado en el último momento. Cuando ya llevaban un buen rato en el lugar, bebiendo y comiendo, mientras los niños corrían de un lado para el otro, Asami se quedó un poco apartada viendo como Mamoru se reía de cada tontería que los demás fueran diciendo. Yui se quedó a su lado en todo momento observando a su hermana con atención.
— ¿Es que estás planeando dejarlo o algo por el estilo? —preguntó la mayor sonriendo con travesura.
— Cállate —se quejó Asami—. Sabes que me gusta siempre dar el protagonismo a los demás cuando se trata de cosas de estas. Kazuki, Kizuna dejad de correr por aquí que terminaréis haciéndoos daño —dijo cuando veía a los niños correr directos hacia la puerta, que se abrió de golpe dejando entrar a una persona.
— ¡Zuki! ¡Kizu! ¡Cuánto tiempo! —gritó Erick entrando por la puerta y abrazando a los dos pequeños que se habían tirado a sus brazos.
— Erick-san —susurró Asami ante el silencio repentino que se había formado en el lugar. Los dos abuelos Hattori se levantaron de sus sillas para ir a saludarlo.
— ¡Eri-oniichan! —gritó Kazuki sonriendo.
— ¡Erick! —gritó él con cansancio—. En serio, ¿qué tengo que hacer para que diga correctamente mi nombre? —preguntó mirando hacia Asami.
— Comprarlo estaría bien —se rió Asami dejando su vaso encima de la barra.
— A un niño, ¿no te da vergüenza? —preguntó él.
— ¿A qué has venido? —preguntó Asami sonriendo con malicia.
— Si es un mal momento me largo —dijo él mientras la puerta volvía a abrirse y Natsuki entraba.
— ¡No! —gritó Kizuna—. ¡Eri-E-Erick-oniichan quédate!
Erick miró a la niña que tiraba de su brazo con fuerza.
— Cuánto tiempo sin verte chico —sonrió Heizo—. ¿Puedo detenerte ya o has llegado sin saltarte otro semáforo?
— Es usted muy gracioso —susurró Erick no muy convencido de que le estuviera tomando el pelo o no. El hombre se rió con fuerza diciéndole que le estaba tomando el pelo—. Sí, muy gracioso.
— No te dejes tomar el pelo, chico —se rió Ginshiro—. ¿Llegaste bien a Tokio?
— Bueno, con cuatro semanas de retraso, pero sí, llegué bien a Tokio —sonrió él.
— ¿Y ya hiciste lo que tenías que hacer? —preguntó Asami.
— No —respondió él—. Porque resulta que hubiera terminado lo que vine a hacer mucho antes si me hubieras dicho que tú eras Kudo Asami.
— Ah, ¿entonces me buscabas a mí? —Erick se acercó a ella sonriendo—. Supongo que no es porque fueras un fan o algo por el estilo, ¿verdad?
— No —Erick se soltó de la mano de Kizuna y sacó un sobre para darle. El sobre era tipo carta, pero muy grueso, dando a entender que el sobre estaba repleto de páginas—. De parte de mi difunto padre.
— ¿Conozco a tu padre? —Asami miró al sobre confusa—. Oh, él era… —lo miró a él de arriba abajo.
— ¿Qué?
— Nada —Asami puso una mano debajo de su barbilla y se apartó un paso hacia atrás para verlo mejor—. Lo siento, no le veo el parecido.
— ¿A mi padre? Claro que no, me parezco mucho más a mi madre —sonrió él medio ruborizado.
— No, no es eso —Asami arqueó una ceja—. No le veo ningún parecido al príncipe azul que describió tu padre. Lo siento.
— ¿Príncipe azul? —Yui habló desde detrás de ella observando al chico y Asami ocultó su cara en la barra.
— Desgraciaron mi idea de príncipe azul. ¡Este tipo no se parece en nada a él! —se quejó poniendo voz desesperada.
— ¿Puedo sentirme ofendido? —preguntó Mamoru.
— Yo ya me siento ofendido —se quejó Erick.
— ¡Tú eres el hijo del agente 29! —Sara saltó de su silla con rapidez y se acercó a ellos sonriendo, junto con Yuki y Chizuko.
— Yo tampoco le veo un parecido a las fotos que nos mostró ese hombre —se quejó Chizuko.
— Vamos, tiene las características que siempre le ponen en los cuentos —dijo Yuki.
— Ya, pero las características ordinarias no concuerdan con la idea en general de príncipe azul —dijo su hermana—. Lo siento, no le encuentro parecido.
— Vamos, tiene parecido a lo que nos describió —dijo Sara—. El agente 29 era un buen tipo describiendo.
— Pero esta no es la idea del príncipe azul —se quejó Asami aún ocultando su cara en la barra.
— Definitivamente no, el príncipe azul siempre es más bonito que la realidad —dijo Chizuko.
— Bueno, guapo lo es… —dijo Yuki cruzándose de brazos y encogiéndose de hombros—. Sin ánimo de ofender, claro —dijo al ver que el chico estaba más rojo que un tomate.
— No si el que se ofende no es él —dijo Tetsuya detrás de ella con una ceja arqueada y claramente enojado—. ¿Tú eres el famoso hijo del agente 29? ¿Eres tan torpe como él?
— Eso, eso —dijo Takeshi también enfadado. Hiro se había puesto curioso al otro lado de Tetsuya, justo detrás de la hija Kudo—. Parece incluso más torpe.
— Os aseguro que de torpe no lo es en absoluto —suspiró Natsuki—. Aparte de porque es un peligro en la carretera.
— ¿Os habéis reído ya suficiente de mí? —preguntó él.
— Claro —sonrió Tetsuya alargando su mano hacia él—. Un placer conocerte por fin. Aunque hayas tardado más de 12 años en aparecer.
— Sí, estuve ocupado, ¿sabes? —dijo él estrechando su mano.
— Pero en serio no le veo el parecido a lo que ese agente nos dijo —susurró Hiro. Todos lo miraron—. Vamos, guapo no lo es.
— ¿Qué consideras tu por guapo? —preguntó Asami.
— A mi hermano, por ejemplo —sonrió él.
— Sabes que no os parecéis en nada, ya, ¿verdad? —dijo Sara sonriendo con malicia.
— Ah, entonces a mí —se rió Hiro.
— Traidor —Takeshi lo fulminó con la mirada.
Todos se rieron.
— ¿Y qué es esto entonces? —preguntó Sara viendo al sobre que Asami mantenía en sus manos.
— Es cierto —susurró ella—. ¿Os acordáis de que os dije que el agente 29 había muerto? Él fue quién me lo dijo.
— Así que esto es lo que estábamos esperando todos, ¿verdad? —preguntó Tetsuya cogiendo el sobre—. Y como siempre tú eres más fácil de localizar que los demás.
— Bueno, no es que sea fácil de localizar, es que tiene un localizador encima —dijo Erick con tranquilidad.
— Un localizador, ¿eh? —preguntó Tetsuya.
— No es broma, todos sus fans saben que está aquí ahora mismo —Erick les mostró la pantalla de su teléfono móvil que mostraba un pequeño punto rojo.
— ¿Otra vez esta página? —preguntó Tetsuya.
— ¿Qué? —Asami lo miró de reojo al ver que el cantante cogía el teléfono de Erick y lo observaba con atención.
— Tuve muchos problemas con ellos —Tetsuya suspiró—. Una vez han visto que la señal del teléfono móvil de la persona, ha estado en varios sitios a la vez y la han estado comparando y eso, cogen la señal como válida y entonces piratean tu teléfono con mucha gracia para que se muestre como un GPS de tu posición. Ahora mismo todos saben dónde estás. Es muy práctico para la policía pero no tanto cuando tienes acosadores.
— ¿Tienes acosadores? —preguntó Asami sonriendo.
— Lo raro es que no los tengas tú —dijo Tetsuya fulminándola con la mirada.
— Al parecer no soy lo suficientemente buena —sonrió Asami.
— La cuestión es que hemos tenido varios problemas debido a que esta página está en funcionamiento —dijo Sara mientras cogía el sobre de las manos de Tetsuya y lo abría con mucha lentitud y cuidado—. Y uno de ellos lo tuvo Hattori, por cierto.
Asami miró a Mamoru que seguía sentado en la mesa con el vaso de agua entre sus labios, como si no estuviera escuchando, pero claramente inmerso dentro de su conversación.
— ¿Y cómo se puede detener esto? —preguntó Asami cogiendo el teléfono de las manos de Tetsuya.
— Lo hemos intentado todo, pero no conseguimos cerrarla —dijo Takeshi—. También hemos intentado con denuncias y eso, pero el mundo pasa de nosotros porque a la gente le gusta el hecho de controlar a las personas que idolatran.
— Al final tuvimos que dividir las señales de nuestros teléfonos, para así poder confundir al satélite que controla esto —añadió Hiro—. Así que si algún día no respondemos a tu llamada no es que no queramos contestarte, aunque así haya sido la mayoría de las veces.
— Muy gracioso —Asami lo fulminó con la mirada—. Parece mentira que pueda existir tal tecnología.
— Existe —dijo Sara pasando el interior del sobre a Takeshi—. Y al parecer el agente 29 sabía cómo quitarlo.
— Uy, cuantas letras —Takeshi observó la cantidad de papeles que había apilados uno encima del otro con código informático escrito en ellos—. Todo tuyo —se lo dio a Hiro.
— ¿Para qué lo quiero yo si se puede saber? —preguntó el gemelo dándoselo a Tetsuya.
— Demasiada pereza —Tetsuya se lo dio a Asami.
— No si al final tendré que hacer yo todo vuestro trabajo —se quejó Asami—. ¿Se puede saber qué es lo que te da tanta pereza? —Asami le devolvió los papeles a Takeshi—. El código es tuyo.
— Pero tú tienes la llave, Samu —se quejó él mirando todas las páginas que había—. Y hay mucho código.
— Te aguantas —sonrió Asami—. Muchas gracias, Erick-san.
— No hay de qué —el chico se encogió de hombros y cogió su teléfono que Asami le devolvía—. No volveré a usar esto jamás. No sea que me convierta en un criminal o algo. En el programa dijeron que era lo más fiable.
— ¿En el programa eh? —Asami sonrió—. ¿Aún existe entonces?
— ¿Cómo que aún existe entonces? —Yuki sonó ofendida a su lado—. Por supuesto que tiene que seguir existiendo, he trabajado mucho para que se mantenga funcionando.
— Hondou Erick —Himitsu volvió del baño dejando un silencio incómodo en el lugar. Shinichi, Heiji, Ran y Sonoko se levantaron de sus sillas confundidos, mientras los jóvenes que aún rodeaban al chico se quedaron mirando al chico del pelo azulado.
— ¿Os conocéis? —preguntó Chizuko.
— Himitsu, cuánto tiempo —respondió Erick mirándolo—. Has cambiado mucho.
— Y tú sigues igual que siempre —respondió Himitsu—. ¿Qué haces aquí?
— Hacer mi trabajo —respondió Erick—. ¿Y tú? Creía que habían dicho que la Organización del Nuevo había caído definitivamente.
— Del nuevo sí, pero eso no significa que todos tuviéramos que estar en la cárcel, ¿sabes? —preguntó Himitsu.
— Pero Sakura y… —Erick se calló y bajó la mirada—. No te has enterado, ¿verdad?
— ¿De qué? —preguntó Himitsu—. ¿Qué pasa con Hyou?
— Están en una cárcel de Estados Unidos, Iki y Sakura —dijo él casi sin voz mientras Shinichi y los otros cuatro adultos se acercaban a ellos.
— Son libres de hacer lo que quieran —respondió Himitsu—. Se les dio una oportunidad y no la han sabido aprovechar.
— No es eso —Erick lo interrumpió—. Tenemos que detenerte a ti también.
— ¿Por qué? —preguntó Chizuko asustada.
— Por lo que dijiste sobre nosotros, traidor —susurró Himitsu cogiéndolo por la chaqueta—. Te dejé escapar. Los detuve para que no te mataran, ¿y así nos lo pagas, sinvergüenza?
— No lo entiendes, tuve que hacerlo. Hanako… ella… mi padre intentó defenderme, pero… —Erick empezó a tartamudear. Sabía lo fuerte que era el chico y que no tenía ninguna opción contra él.
— ¿Hanako? —Himitsu arqueó una ceja aún con cara amenazante.
— Mitsu-kun, Mitsu-kun —Chizuko sonrió con ternura—. Deja al pobre chico, está asustado de ti.
Himitsu lo soltó y Chizuko se puso al medio de los dos.
— ¿Tienes algo en mi contra, Hondou?
— Nada, Himitsu —susurró él—. Pero eres el único que sigue libre y vivo y Hanako no perdona un error.
— Vete al infierno —Himitsu habló con odio y luego se fue a sentarse en dónde había estado desde que había entrado en el local.
— ¿Por qué te odia? —preguntaron Asami, Takeshi y Hiro a la vez.
— Bueno, estuvimos un tiempo juntos bajo las órdenes de Ken-san —susurró él avergonzándose.
— Ah, ¿solo por eso? —dijeron todos a la vez—. Qué pena de tipo.
— Y aún así estás en la CIA, has sido un traidor, entonces —Asami sonrió mientras observaba con atención los papeles que estaban en sus manos.
— Un traidor: este se queda corto con solo esta palabra —se quejó Himitsu desde el otro lado de la sala.
— Bueno, bueno, Mitsu no hay porqué ponerse así —se rió Chizuko yéndose a su lado.
— Bah, solo un traidor —Yuki rodó los ojos y volvió también a su sitio.
— Perdí el interés en él —añadió Tetsuya siguiéndola.
— Ni siquiera vale la pena admirarlo —añadieron los gemelos Kuroba también yéndose a sentar.
— Discúlpales, son una panda de maleducados —se rió Sara tímidamente mientras se ponía justo a andar detrás de Takeshi.
— Me alegro de haberte conocido, Hondou Erick-san —sonrió Asami—. Y gracias por traerme esto —levantó los papeles hacia él mientras hacía una pequeña inclinación de su cabeza. Erick enrojeció al instante.
— ¿Eres el hijo de Eisuke? —preguntó Shinichi con tristeza.
— Sí —Erick miró a los adultos.
— ¿Es cierto que está…?
— Murió en la ambulancia —susurró él—. Tuvo un encuentro con un criminal que había conseguido escapar del manicomio en dónde lo habían encerrado.
— ¿Manicomio? —Ran frunció el ceño y miró a Shinichi—. ¿Crees que pudo haber sido…?
— No te precipites Ran —Shinichi sonrió forzadamente con calidez, haciendo que solo ella notara que su sonrisa no era sincera—. Seguro es otra persona. No creo que Eisuke se hubiera acercado a él sabiendo como es.
— ¿Acercarse a quién? —preguntó Yui—. ¿Quién está al manicomio para odiar a Eisuke-ojiichan?
— No para odiar a Hon… —Shinichi se calló—. Olvídalo, es algo que no debes de saber, Yui…
— ¿No te estarás refiriendo a ese tipo que intentó matarla con psicologías extrañas, verdad? —preguntó Shouta con el ceño fruncido mientras cogía a Takuma en brazos.
— Hablas demasiado, Shouta-kun —se rió Ran—. No es eso…
— Claramente es eso —dijo Shouta a la vez al ver la cara del matrimonio Kudo.
— ¿Matar a quién? —preguntó Yui mirando a Shouta.
— Nadie, nadie —Shouta sonrió.
— ¿Cuánto tiempo hace de eso Erick-kun? —preguntó Ran mirando al chico.
— ¿Lo dejasteis escapar o lo cogisteis? —preguntó Shinichi preocupado.
— Escapó, ya hace más de un mes de eso —dijo Erick—. Mi padre lo encontró al medio de la región de Nagasaki.
— ¿Nagasaki? —Yui miró confundida y preocupada a Shouta que parecía estar enfadado.
— No importa Yui —Shinichi sonrió con frialdad—. Otro tipo al que cazar de nuevo, que patético. Está claro que el FBI y la CIA no saben hacer nada si no es con Kuroba y Hondou al mando.
— Ya ves, un ladrón al mando del FBI y un torpe al mando de la CIA. El mundo está patas arriba, ¿eh? —Natsuki se rió mirando a la puerta.
— ¿Quién eres? —preguntó Shinichi.
— La hermanastra de este loco —ella señaló a Erick.
— ¡No fastidies! —gritaron Yuki y Chizuko a la vez levantándose y acercándose a ella—. ¡¿Somos familia con el agente 29?!
— ¿Os acordáis de mí? Qué detalle por vuestra parte —Natsuki frunció la nariz enfadada.
— ¿Por qué lo dice con ese tono de odio hacia nosotras? —preguntó Chizuko con el ceño fruncido.
— Está enfadada por algo con nosotras y no puedo decirte el qué —Yuki frunció el ceño mirando a Natsuki—. Lo siento, pero no sé tus motivos, Natsu-chan.
— 28 de agosto de hace ocho años —respondió ella.
— Nos quiere hacer un examen —Yuki miró a Chizuko.
— Hace ocho años: concierto de los Bullet Junior —Chizuko se encogió de hombros—. Volvimos a crear el Programa desde cero, bajo las órdenes de Jodie-sensei y Hanako. El día 28 de agosto exactamente nos dieron la orden.
— 28 de agosto de hace ocho años —Himitsu apoyó su barbilla encima de sus manos—. Ken Chishi mató a otro miembro de la familia Shiroma, residente al extranjero.
— ¿Cómo que mató? —Yuki miró a Chizuko—. ¿Misaki está muerta? —miró a Natsuki.
— Vaya, que bien que un forano sepa acerca de ello mejor que vosotras —Natsuki resopló apoyando su espalda contra la espalda de Erick.
— Bueno, forano —Chizuko sonrió—. Es mi marido.
— Nadie dio las órdenes a Ken Chishi para que mataran a Misaki-san —añadió Yuki—. Ken actuó por su cuenta desde que mató a nuestra madre.
— Así que Ken también os persigue a vosotras para encontrar el tesoro, eso sí es divertido —Natsuki rodó los ojos—. Vamos Erick.
— ¿Ellas son tus primas? —Erick frunció el ceño.
— Sí, ellas son las Shiroma —Natsuki salió por la puerta.
— Igual que mi padre seguiré convenciéndola para que no culpe a la familia de todo —Erick afirmó con la cabeza y se giró—. Hasta pronto.
— ¿Puedes decirle que se presente a nuestra casa el próximo 3 de agosto, por favor? —Chizuko sonrió y luego miró a Yuki para guiñarle un ojo.
— Buena idea —su hermana miró a Erick—. Oblígala a venir.
— Lo intentaré —Erick rodó los ojos y se fue de allí.
— ¿Quién es Misaki? —Tetsuya se apoyó a la barra, al lado de Yuki para mirarla, las dos se giraron a verlas.
— La hermana pequeña de nuestra madre —Yuki se encogió de hombros.
— Así que Natsuki es la hija del clan Shiroma con un agente de la CIA —Chizuko se removió incómoda—. ¿A quién más le da repelús?
— Sí, no es nada buena la combinación —se rió Yuki.
— ¿Y qué hacía Eisuke-ojiichan en ese lugar? —preguntó Chizuko.
— ¿Para qué tenía que ir a buscar el tesoro de los Shiroma que custodia Misaki? —Yuki la miró con una ceja arqueada.
— Ah, no creo que Eisuke-ojiichan quiera la herencia del Clan Shiroma —se rió Chizuko.
— Cierto —Yuki frunció el ceño—. ¿Entonces? ¿Para qué?
— Bueno, cuando hablamos la última vez con Misaki-san fue antes de la traición de Ken-san —Chizuko sonrió—. Estaba esperando a que el amor de su vida volviera.
Las dos gemelas se miraron entre ellas y en seguida negaron con la cabeza.
— No, imposible.
.
— ¿Vas a ir? —preguntó Erick siguiendo a Natsuki por las calles de Tokio. La chica llevaba un teléfono para poder guiarse por todas las calles.
— De momento tengo que ir a ver a mi tío para que me cuente algo de mi madre —Natsuki iba a paso rápido.
— ¿Exactamente qué quieres saber? —Erick se encogió de hombros—. ¿No lo sabías todo de tu madre?
— No es eso, quiero saber acerca de su muerte —respondió Natsuki—. Quiero saber si ellos tuvieron algo que ver.
— ¿Pero no te acaban de decir ellas que no? —Erick frunció el ceño.
— No es que no quiera creerlas, quiero mirarles a la cara y ver si me mienten o no —informó Natsuki—. Y el jefe del Clan Shiroma desde que Natsuko murió era Jaaku. ¿Qué sentido tendría que Ken-san traicionara al Clan sin haber podido tocar el tesoro de los Shiroma? Es absurdo.
— Quizás hubiera sido descubierta —Erick se encogió de hombros—. No puedes saber lo que sucedió para que Ken matara a tu madre.
— Oye, nos conocemos desde hace ya ocho años —Natsuki se detuvo para encararlo—. Y hemos estado juntos desde entonces. Hemos intentando evitar la muerte de nuestro padre, pero no pudimos salvarlo. Tú puedes volver con tu madre, pero yo sigo sola. Así que si no quieres seguirme: adiós —se giró para seguir su camino.
— Oye, no pienso dejarte sola por el momento, ¿me oyes? —Erick suspiró—. Nuestro padre nos dijo que protegiéramos a Asami-san y por ese motivo tenemos que quedarnos en Tokio.
— De acuerdo —Natsuki siguió andando y él la siguió.
En cuanto llegaron a la casa de los Shiroma, se encontraron con la verja de hierro completamente abierta. Natsuki se quedó quieta al medio de la puerta y observó el interior. No había nadie al jardín.
— ¿Te vas a quedar aquí quieta después de venir hasta aquí? —Erick sonrió hacia ella.
— No es que me quede quieta, es que ni siquiera he venido una sola vez en este lugar, así que tampoco sé a dónde tengo que ir con la verja abierta —ella lo miró.
— Puerta principal, todo recto —respondió Erick señalando dirección a la casa.
— ¿Puedo ayudaros en algo? —Minoru llegó detrás de ellos, cargado con bolsas de papel con productos de supermercado.
— ¿Eres de aquí? —preguntó Natsuki con aires de superioridad.
— Sí, y tú no —respondió él—. ¿Puedo ayudaros en algo?
— Soy Natsuki, deseo hablar con Shiroma Jaaku.
— ¿Tiene cita? —Minoru sonrió hacia ella.
— Esa es nueva —Erick puso una mano en su frente medio riéndose y llevándose una mirada fulminante por parte de Natsuki.
— No necesito cita ni nada por el estilo —se quejó ella—. Ahora.
— Minoru despeja el paso, que no me dejas entrar —dijo la hija de Nao, con catorce años, llevando una mochila y un par de bolsas iguales a las de Minoru.
— Se dice por favor, Naoko —respondió él apartándose.
— Estoy empezando a coger práctica a eso de mandar —ella sonrió por encima de su hombro y entró.
— Te odio —respondió él.
— Yo también te quiero, Minoru —Naoko entró a dentro—. ¡Ren! ¡Tenemos tu pedido! —gritó hacia un lado. El hombre corrió directa hacia ella y le cogió una bolsa para ayudarla a entrar a dentro.
— ¿Y bien? —preguntó Minoru.
— No creo que deba de darte explicaciones —respondió ella sonriendo.
— Yo creo que sí —respondió él—. No entrarás aquí sin darme una explicación.
— Dile que soy Natsuki —respondió ella señalando hacia dentro.
— ¡Hey, Ren! —Minoru les llamó antes de que entraran a dentro—. ¡Dile al jefe que venga, que Natsuki está aquí!
El hombre levantó una mano para decir que estaba conforme. Los dos entraron a dentro y él dejó las bolsas al suelo, a un lado de la puerta.
— ¿Y tú quién eres? —preguntó Minoru mirando al chico.
— La acompaño —Erick habló en un susurro que hizo reír al hombre.
Jaaku salió por la puerta junto a Nao y se acercaron a ellos. Jaaku se quedó unos pasos atrasados mientras Nao se ponía al lado de Minoru.
— ¿Quién es Minoru? —preguntó él.
— Natsuki —Minoru sonrió señalándola—. ¿No la conoces? ¡Qué bueno! ¡Yo tampoco!
— Jaaku, vengo para hablar de la muerte de mi madre —dijo Natsuki apartando a los dos—. Tus hijas me han dicho que no tienen nada que ver, pero quiero saber quién le dio la orden a Ken para que la matara. No he protegido el Mapa de la Niña de la Nieve para nadie.
— Natsuki —Jaaku rodó los ojos—. ¿A qué has venido? —preguntó él—. Deberías de haberte quedado allí.
— ¿Para qué? —preguntó ella—. ¿Para no enterarme de lo que habéis estado haciendo?
— Eres demasiado curiosa, como tu madre —respondió Jaaku—. Jamás le di la orden a Ken para que matara a un miembro de mi familia. Si hubiera tenido que matar a alguien de mi familia hubiera ido yo mismo a hacerlo, o Natsuko si aún estuviera viva. Jamás enviaría a otra persona para hacer tal cosa.
— ¿Y entonces porque se presentó en mi casa para matarla? —preguntó ella.
— ¿Te preguntó acerca del mapa? —preguntó Jaaku.
— Claro que lo hizo —respondió ella.
— Ella cree que el tesoro es real —respondió Jaaku—. Ella jamás creyó en la posibilidad de que ese tesoro fuera ficticio.
— ¿Por qué? —preguntó Natsuki.
Jaaku se acercó a ella.
— Iros, Minoru, Nao —dijo. Los dos hicieron una pequeña reverencia y se fueron hacia dentro—. Decidles a todos que llegaré un poco tarde. ¿Vamos? —Jaaku señaló hacia la montaña—. ¿Dónde guardaba el mapa tu madre?
— Me lo dio a mí para guardarlo cuando tenía cuatro años —respondió Natsuki—. Lo dibujé en un bloque de notas de un desconocido y luego las marcas en otro y le prendí fuego al original.
— Destruiste un mapa de tres cientos años —Jaaku la miró sorprendido mientras los tres se dirigían hacia la montaña cercana a la ciudad—. ¿Cómo pudiste?
— Disculpa —Natsuki se encogió de hombros y sonrió hacia él.
— Eres mujer, como no —Jaaku rodó los ojos y se rió—. Bueno, tu prima Yuki hizo algo parecido, así que tampoco puedo culparte.
— ¿Qué hizo? —preguntó ella.
— Como el mapa era de tela, lo cosió en un vestido borrando las indicaciones y se lo dio a su hermana —Jaaku se rió—. Ken ni siquiera se dio cuenta.
— ¿Y Chizuko? —preguntó Natsuki.
— Bueno, es la única que no sé lo que hizo con ese trozo de tela —Jaaku se encogió de hombros—. Conociéndola y sabiendo que le encantan las cosas antiguas, seguramente lo tendrá guardado en algún lugar que ella pueda saber. ¿Y? ¿Qué tal te ha ido en tu vida, Natsuki?
Los dos siguieron hablando mientras andaban por la montaña, seguidos muy de cerca por Erick. Andar durante media hora, hablando con tranquilidad, no era lo que Natsuki esperaba ese día, pero en cuanto Jaaku se detuvo, se había dado cuenta de que había andado todo el mapa y que prácticamente recordaba el recorrido inconscientemente. ¿Por qué Jaaku la había llevado a ese sitio y más estando acompañado de un completo desconocido?
— ¿Por qué? —preguntó Natsuki mirándolo.
— Mira esto, Natsuki —Jaaku señaló las vistas que se veían del lugar hacia la ciudad—. Esto es por lo que Ken Chishi mató a Natsuko y a tu madre —Jaaku se sentó en una piedra enorme que había allí, justo al borde del precipicio—. Nuestro más preciado tesoro siempre ha sido nuestro territorio y eso es algo que ella no ha podido aceptar.
— ¿Esto es lo que estuviste buscando desde que eras pequeña? —preguntó Erick mirando a Natsuki—. ¿Investigando Japón para esto?
— Nuestra familia es una familia de Yakuza —Natsuki lo miró encogiendo sus hombros—. Por supuesto que nuestra ciudad iba a ser lo más preciado para nosotros. Este es nuestro territorio. Todo lo que podemos ver en él es de los Shiroma. Si algún otro clan decide poner las narices al medio, nosotros respondemos rápidamente.
— ¿Te gustaría ser nuestra heredera, Natsuki? —Jaaku sonrió hacia ella mientras la joven se subía a la piedra y se sentaba a su lado.
— ¿Qué pasa? ¿Tus hijas te han dicho que no? —Natsuki se rió hacia él.
— Exactamente eso —respondió Jaaku.
— Lo siento, pero mi madre desertó de todo esto hace tiempo, así que yo ya no tengo ningún derecho —Natsuki se encogió de hombros—. Aunque, tampoco es que me interese.
— Oh, vamos —Jaaku rodó los ojos—. Alguien de la familia Shiroma debería de…
— No siga por ahí —Natsuki sonrió—. Mi padre no se llamaba Shiroma y ahora me llamo como él. Así que prácticamente ya no soy una Shiroma.
— Misaki jamás diría que no a su apellido —se quejó Jaaku.
— Jaaku-ojiichan, no es que no quiera el apellido —ella suspiró largamente y miró al cielo—. Es que no tengo más relación con mi familia que la de mi madre y murió asesinada por alguien que trabajaba para el Clan.
— Ken Chishi dejó de ser parte del clan Shiroma el 29 de Octubre de hace doce años —respondió Jaaku—. Cuando mató a su jefa.
— ¿Y de quién seguía órdenes? —preguntó ella.
— De sus verdaderos jefes, ¿tal vez? —preguntó Jaaku—. La hemos estado persiguiendo desde entonces, pero hace cuatro años que está en prisión, así que no hemos podido ponerle una mano encima. Yuki y Chizuko se encargaron de que no les pusiéramos una mano encima, para que no nos metieran a ninguno de nosotros en la cárcel.
— Son buenas niñas —dijo Natsuki mirándolo con una sonrisa infantil—. Yo hubiera dejado que la matarais.
— Seguro que no —respondió Jaaku—. Tu madre odiaba la violencia.
— Quién sabe —Natsuki suspiró.
— ¿Y? ¿Qué harás ahora? —preguntó Jaaku.
— Volver al hotel, tomarme un cappuccino mientras me enciendo velas aromáticas de vainilla y me tomo un relajante baño escuchando mi música preferida —respondió ella.
— ¿Por qué no te quedas en casa? —preguntó Jaaku—. Te puedo ofrecer mucho más que en un hotel.
— No, gracias —Natsuki se levantó de la roca y saltó al lado de Erick—. Pero gracias por tu oferta. Tal vez… otro día.
— ¿Qué tal el 3 de agosto? —preguntó Jaaku.
— Lo siento, seguro estaré ocupada —respondió Natsuki—. No te metas en nada peligroso, porque soy agente de la CIA y podría terminar contigo, ¿sabes?
— Lo que tú digas —Jaaku levantó la mano y volvió la vista a la ciudad—. Te estaremos esperando.
— ¿Para intentar meterme en la Yakuza? —Natsuki se rió mientras empezaba a irse. Escuchó la risa de Jaaku y miró a su lado, Erick la seguía mirando al hombre con el ceño fruncido.
— ¿Eso ha sido un sí? —preguntó el chico.
— No, eso ha sido un no —Natsuki sonrió satisfecha—. Vamos, aún tenemos que averiguar mucho acerca de la muerte de nuestro padre.
— ¿Pretendes volver a Nagasaki de nuevo? —preguntó él.
— ¿Tienes algo mejor que hacer?
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Shock caótico'.
