Hellow!

3 de Agosto.


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

En honor a Natsuko y Misaki (familia Shiroma)

Para Yuki y Chizuko ese era un día realmente agotador. Llegaban el día 2 de Agosto, dispuestos a ayudar a todos a montar un pequeño escenario, con un toldo encima por si llovía. Nao, como siempre se apoderaba del micrófono a la hora de hacer las pruebas para ver si funcionaba bien. El día siguiente, era el cumpleaños de su difunta madre Natsuko y toda la familia se reunía durante dos días para honrar su memoria. Pero un escenario era demasiado tal vez. A otro lado, Jaaku estaba sentado en una silla, con cara de aburrido mientras todos los que allí había trabajaban sin descanso. Yuki se acercó rápidamente a su padre, llevando a Kyooi y Alumi cogidos de sus manos y seguida de Tetsuya. Himitsu, que llevaba a Yuna en sus brazos, cogió la mano de Chizuko y también se acercaron a ellos. Jaaku, ordenó rápidamente que le trajeran una silla a Chizuko, que estaba embarazada, para que pudiera estar cómoda. Entonces, se dispuso a saludar a todos ellos y a jugar con los dos pequeños. Minoru no tardó a llegar allí con una silla y Chizuko se sentó, mientras Himitsu se sentaba al suelo al lado de Yuna que cogía un pequeño muñeco que Jaaku le había dado en esos momentos. Yuki y Chizuko se miraron sonriendo. Jamás hubieran imaginado cuando su madre murió, que eso fuera de ese modo. Jaaku era una persona un poco extraña, pero finalmente habían conseguido que al menos fuera algo más familiar. Y todo se lo debían a Minoru y Nao que habían convencido al hombre de algún modo, mientras ellos insistían por la otra parte. Pero jamás imaginaron que dos días como el 2 y el 3 de Agosto se hubiera convertido en una tradición familiar tan extraña, en esos últimos cuatro años.

Los preparativos siempre tomaban todo el día anterior y por eso, todos iban a ayudar y entonces se quedaban a dormir allí, para el siguiente día hacerlo completamente festivo. Como cada año, cuando tenían que irse a dormir, se quedaban todos sentados en el comedor, comiendo chocolate caliente y bollos de pan dulce. Los tres pequeños se quedaban tumbados en el sofá, y como excepción también Chizuko, al otro lado, para que los niños y ella no se hicieran daño entre ellos. Todos hablaban y hacían bullicio hasta que lentamente se iban durmiendo. Himitsu, se había quedado apoyado en el sofá, justo al lado de la cabeza de Chizuko. La verdad era que para ellos, esa familia era la más ruidosa que podría haber, pero era algo realmente divertido, incluso para tres niños como Alumi, Yuna y Kyooi.

Entonces, a la mañana siguiente, cuando uno despertaba, despertaba a todo el mundo. Por primera vez, Yuna se había despertado antes que nadie y había despertado a todos, pero inconscientemente, puesto que había tenido una pesadilla y había chillado, llorando. Kyooi justo al despertar se cayó al suelo asustado, golpeándose encima de Tetsuya, que estaba tumbado al suelo.

— Ay… —el niño rodó por encima de su padre y se levantó del suelo.

— ¡Malditos críos! —se quejó Tetsuya levantándose de golpe—. ¡¿Se puede saber qué te ocurre Yuna?!

— Tranquilízate, Tetsuya —suspiró Yuki abrazando a Kyooi—. Solo son niños y estás gritando más tú que ellos. Vas a quedarte sin voz —se rio.

— Sí, tú ríete —Tetsuya miró como Himitsu cogía a Yuna en brazos intentando calmarla.

— Últimamente no sé qué le sucede —Himitsu intentó disculparse—. Tiene pesadillas cada dos por tres.

— Es una buena chica, buena chica —Jaaku se acercó a ellos dos intentando animar a la pequeña que empezó a llorar con más fuerza.

— Papá que la estás asustando más —se quejó Chizuko arqueando una ceja.

— Pero es que… —el hombre miró a Chizuko con cara apenada.

— No puedes hacerle nada a tu cara, ¿verdad? —Chizuko sonrió fríamente—. Vamos, Mitsu-kun.

Chizuko se levantó y los dos salieron de allí.

— Tu hija tiene razón —Yuki sonrió—. Con esa cara darías miedo a cualquiera, papá. ¿Estás bien Kyooi? —miró al pequeño que se había cogido a su jersey. El niño afirmó con la cabeza—. ¿Y tú, Te-chan?

— El niño me ha clavado toda su cabeza —se quejó él mirando a Alumi que estaba abriendo los ojos con pereza—. Pero estoy bien.

— Oh, entonces caíste en blandito, Kyooi —Yuki se rió.

— Huesos —dijo él señalando al cantante.

— Cierto, tu padre es casi todo huesos —Yuki se rio con más fuerza.

— Bueno, ya que estamos todos despiertos, ¿qué tal si empezamos ahora nuestra fiesta? —Nao levantó sus manos mientras daba un salto para levantarse.

— Oye, aún falta alguien —se quejó Jaaku.

— No creo que venga, papá —Yuki se encogió de hombros—. Porque ella está buscando algo.

— Me gustaría saber el qué —sonrió él.

— A mí que me cuentas —Yuki se encogió de hombros—. Va y viene. No le he preguntado, porque tampoco es mi estilo, es más el de Chizuko y ella no la ha visto más que esa vez.

— ¿Qué hora es? —Minoru bostezó largamente.

— Las ocho de la mañana —respondió Nao—. Vamos a desayunar, de todos modos.

— ¡Cocineros a la cocina! —gritó Jaaku quedando en una pose exagerada.

Tres hombres, junto a Minoru y Nao se levantaron gritando y se fueron hacia la cocina.

— Bueno, al menos de ánimos no faltan —Yuki se rio, mientras veía como Alumi volvía a cerrar los ojos para dormirse.

.

— ¿Qué ocurre Yuna? —Chizuko se sentó en la escalera de la entrada, al lado de Himitsu que seguía abrazando a la pequeña.

— El hombre malo envió a sus hombres —susurró ella.

— ¿Qué hombre malo? —preguntó Chizuko.

— Ryouga-san —Yuna la miró con seriedad.

— ¿Ryouga-san? —Chizuko frunció el ceño y miró a Himitsu—. ¿Quién es Ryouga-san?

— A mi no me preguntes —sonrió él—. Mis pesadillas jamás tuvieron nombre propio.

— Las mías son por tu culpa, así que…

— ¿Ahora son mi culpa? —Himitsu se rió.

— ¿Quién es Ryouga-san, Yuna? —Chizuko la miró.

— Ryouga-san —respondió ella sonriendo.

— Eso no es una respuesta —Chizuko la señaló mirando a Himitsu—. ¿Por qué responde con algo que no es respuesta?

— Porque es una niña —Himitsu se rio—. No creo que sea preocupante.

— Yuna, ¿es el hombre malo de la última vez? —Chizuko la miró. Y ella afirmó con la cabeza—. ¿No será su padre?

— ¿Niishitake Ryouga? —Himitsu frunció el ceño—. Es imposible que con tan solo un par de días se acuerde de ese nombre al cabo de dos años. En los primeros años de vida, no se aprende, se observa, así que ni siquiera por su subconsciente sería posible.

— Pero lo de que envió a sus hombres… —Chizuko hizo una sonrisa forzada.

— No te preocupes por el momento, ¿vale? —Himitsu sonrió—. Puedo si acaso usar psicología con ella algún día, para averiguar lo que pasa por su mente.

— Eso sería una buena ayuda —susurró Chizuko suspirando. Luego miró hacia la verja de la casa—. Ah, Natsuki-chan.

— ¿Ha venido? —Himitsu miró también hacia allá—. Vamos Yuna —dejó a la niña al suelo y se acercaron los dos a la verja para abrir a Natsuki y Erick—. Buenos días.

— Buenos días —respondió ella mientras Himitsu abría y ellos dos entraban—. ¿He hecho mal en venir? —preguntó.

— No si esperas divertirte un rato —sonrió Himitsu señalando hacia la entrada, después de cerrar la puerta de nuevo—. Adelante, estáis en vuestra casa.

— No nos han presentado formalmente —Natsuki alargó una mano hacia él—. Shiroma Natsuki.

— Akai Himitsu, el marido de Chizuko —él le estrechó la mano—. Y esta pequeña de aquí es nuestra hija Yuna.

— Un placer, Yuna-chan —Natsuki sonrió hacia ella.

— ¿Quién es? —preguntó ella—. ¿Te envió ese hombre?

— Ah, no creo eso, Yuna, olvídate de la pesadilla que has tenido, ¿vale? —se rio Himitsu—. Porque Natsuki-san es el contrario: ella es una buena persona. Ah, por cierto, ¿no dijiste que te apellidabas Hondou?

— Bueno, eso era porque creía que mi propia familia me había traicionado, pero jamás cambié mi apellido —sonrió ella—. Siempre ha sido el mismo aunque yo me presentara con otro.

— Eres rara —Himitsu se rio.

— Bueno, eso no es algo raro viniendo de nuestra familia, ¿eh? —dijo Chizuko sonriendo, habían llegado junto a ella muy rápidamente—. Adelante, Natsuki.

— Quiero saber si me habéis parado algún tipo de trampa —Natsuki se rio.

— No creo —Chizuko se encogió de hombros—. A no ser que consideres una trampa rodearte de Yakuzas borrachos, inmersos en lo que es su día malo.

— ¿Su día malo? —preguntó Natsuki siguiendo a la chica hacia dentro.

— Sí —Chizuko se adentró en el comedor mientras escuchaban un canto de la Yakuza, cantado por voces desafinadas y llorosas—. Su día malo.

— Ay, madre —Natsuki observó que todos estaban abrazados en una especie de rueda y se movían lentamente al ritmo del canto.

— Pues sí que vino —Yuki se levantó del suelo para ir a saludarla—. ¿Qué tal?

— Bien, aunque no sé lo que hago aquí —Natsuki la miró con una ceja arqueada.

— Venir a celebrar con nosotros un año más —Yuki sonrió señalando hacia toda las personas—. ¡Hey gente! —todos se detuvieron y miraron a la mujer, en seguida se pusieron firmes mientras Jaaku se acercaba para estrechar la mano de Natsuki con fuerza—. Les presento a mi prima...

— Shiroma —dijo Himitsu interrumpiéndola.

— ¿Cómo? —Yuki lo miró y él señaló con la cabeza a la chica—. Ah, Shiroma Natsuki —ella sonrió hacia la chica—. Bueno, estos son todos los del clan Shiroma, algunos ya te conocen, pero aún así tardaría mucho en presentártelos a todos, por eso: esos son el clan Shiroma.

— Un placer —Natsuki sonrió.

— Ella es la hija de Misaki, la hermana de Natsuko —dijo Jaaku—. Y este chico de aquí…

— Es mi hermanastro, Hondou Erick —dijo Natsuki sonriendo—. Espero que no os importe, pero vamos juntos a todos lados, no sea que quieran matarnos como a nuestro padre.

— Ah, no, para nada —Jaaku sonrió—. Bienvenido chico. ¿Queréis comer? —añadió viendo que Erick hacía una pequeña reverencia—. Íbamos a tomar el desayuno.

— No, gracias, ya hemos comido —dijo Erick sonriendo.

— De acuerdo —Jaaku se encogió de hombros y luego se giró hacia todos—. Ahora sí podemos empezar con esta fiesta.

— ¡Bien! —todos levantaron su brazo gritando y salieron corriendo hacia el jardín.

— ¿Qué? ¿Qué me he perdido? —preguntó Nao saliendo de la cocina hacia allí—. ¡¿Por qué empiezan la fiesta sin mí?!

— Vuelve a la cocina, Nao —Yuki se cruzó de brazos mientras lo fulminaba con la mirada.

— Sí —el hombre bajó la mirada exageradamente y volvió a la cocina arrastrando los pies.

— Ese es Mizuki Nao, es el tercero al mando —dijo Chizuko—. Está casado con esa mujer de allí, Kizuna y esa chica que está allí, y está a punto de cumplir los quince años, es su hija, Naoko. De momento, será ella quién seguirá el mando de los Shiroma, puesto que nosotras no estamos dispuestas a ello. En la cocina ahora mismo también está el segundo al mando, Furuyama Minoru.

— ¿Vuestros hijos no van a seguir? —preguntó Natsuki sonriendo.

— Si hombre —dijeron Yuki y Chizuko a la vez riéndose—. Que sean nuestra familia no significa que tengan derecho al negocio familiar —añadió Yuki—. Porque una vez que desertas de ello, tus descendientes ya no pueden seguir.

— ¿Lo dices por mi madre? —preguntó Natsuki.

— También —sonrió ella fríamente—. Tu madre desertó hace mucho tiempo.

— Y nosotros lo hicimos en cuanto Yuki y Tetsuya se prometieron —informó Chizuko.

— ¿Tetsuya? —Natsuki frunció el ceño.

— Sí, el marido de Yuki —Chizuko lo buscó con la mirada—. Lo viste ya cuando viniste por el cumpleaños de Mamoru-kun, ¿a dónde ha ido?

— Los Shiroma lo secuestraron y se lo llevaron al jardín —respondió Himitsu.

— Lo raro es que no te hayan secuestrado a ti con él —se rio Yuki cruzándose de brazos—. El año pasado descubrieron que tú cantas mejor que él.

Himitsu se rio forzadamente.

— Vamos a rescatar a tu padre, Kyooi —Yuki cogió al niño de la mano y se acercó al sofá—. Alumi, vamos —cogió a la niña en brazos y salió de allí. La pequeña empezó a frotarse los ojos en un intento de despertarse.

— Vuestra familia es muy extraña —Natsuki sonrió.

— Te repito, es la tuya —sonrió Erick.

Natsuki afirmó con la cabeza.

— ¿Vamos? —Chizuko señaló hacia el jardín.

— Claro…

— Voy a ver si puedo ayudar en algo, ¿vale? —Himitsu señaló hacia la cocina y Chizuko afirmó con la cabeza—. Yuna ve con mamá.

La niña se soltó de él y se cogió a la mano de Chizuko. Los demás salieron a fuera, mientras Himitsu se iba a la cocina. Yuki estaba observando el escenario, en dónde Tetsuya y Ren, estaban cogiendo los micrófonos para cantar. Todos se pusieron a su lado.

— Ese es el marido de Yuki, Miyano Tetsuya —Chizuko le señaló con la cabeza mientras Yuna se soltaba de Chizuko para ir junto a Kyooi.

— Creo que es cantante, ¿cierto? —Natsuki sonrió.

— Sí, el cantante de los Bullet Junior —Chizuko sonrió. Kyooi se soltó de la mano de Yuki y él y Yuna se alejaron de todos, mientras los de la cocina empezaban a salir con comida preparada para el desayuno—. El que está con él es el jardinero, Kuroyama Ren.

— ¡Bien! —Ren gritó con fuerza al micrófono—. ¡Aquí empezamos con nuestra fiesta anual en honor a Natsuko y Misaki! ¡Vamos a desmadrarnos de nuevo! ¡Que todos aquellos que las recuerden griten de orgullo hacia ellas! ¡Por nuestra familia!

— ¡Honor a Natsuko! —gritaron todos a la vez—. ¡Honor a Misaki!

— ¿Por eso me habéis hecho venir hoy? —Natsuki frunció el ceño.

— Es una fiesta para recordarlas, nada más —Chizuko encogió sus hombros—. Y como fiesta es para divertirnos un buen rato.

— Hace cinco años, Minoru y Nao fueron detenidos al salir de un karaoke para emborracharse. Un año después, nos hicieron una interpretación de lo que había sucedido ese día, y desde entonces que estamos haciendo esto. A mí cada día me parece más una excusa para que estos tipos se emborrachen —Yuki cruzó sus brazos muy seria.

— ¿Una excusa? —Natsuki se rio—. ¿Vamos a quitarles el alcohol a todos?

— No te creas, es divertido, ya lo hemos probado —respondió Chizuko—. Pero siempre terminan dándose cuenta.

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Yuna se fue hacia la esquina de la casa, seguida por Kyooi.

— ¿A dónde vas? —preguntó el pequeño siguiéndola.

— A esconderme —respondió Yuna sonriendo y poniéndose apoyada en la pared de la esquina asegurándose de que nadie les seguía—. Vamos, vamos, ven.

— ¿Jugamos a escondernos? —preguntó Kyooi parado al medio de la esquina, en dónde podía ver a Yuna y a los demás que ni siquiera les prestaban atención.

Yuna afirmó con la cabeza y miró hacia el final de la casa.

— Ah, ¿quién es? —Yuna se quedó mirando a un hombre que estaba acercándose a ellos. Ninguno de los dos lo había visto antes allí. Y entonces la música empezó a sonar.

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— ¿Dónde están ese par? —Yuki rodó los ojos mientras veía como dejaban la comida encima de una mesa que había en un rincón—. ¿No tienen hambre? —las hermanas miraron a su alrededor hasta que Alumi señaló a la esquina en dónde aún podían ver a Kyooi—. ¿Qué hacen? —las dos se acercaron allí—. Kyooi, ¿qué haces?

— Yuna —el niño señaló hacia la esquina—. Se va…

— ¿Cómo que se va? —Chizuko se cruzó de brazos mientras ella y Yuki llegaban a la esquina—. ¿Yuna?

— Ese hombre —Kyooi señaló a alguien que estaba alejándose a paso rápido. Mantenía a Yuna cogida entre sus brazos y cubriendo su boca.

— ¡YUNA! —gritaron las dos a la vez, alertando a algunos de los hombres del clan Shiroma. Yuki dejó a Alumi al suelo y echó a correr detrás del hombre.

— ¡Mamá! —Alumi se despertó de golpe.

— Kyooi, ¿estás bien? —Chizuko se arrodilló a su lado.

— ¿Qué ocurre, Chizuko? —preguntó Minoru llegando con ellos junto a Natsuki y Erick.

— Un hombre, se ha llevado a Yuna —ella señaló por donde Yuki se había ido.

Natsuki y Erick siguieron el camino de Yuki corriendo, mientras Minoru silbaba hacia todos para llamar su atención. Cuando escuchaban a alguien silbar, todos se preparaban para la lucha, así que miraron a Minoru confundidos porque lo hubiera hecho. Todos mantuvieron el silencio hasta que este habló.

— ¡Vamos! —Minoru hizo señas para que le siguieran.

— Kyooi, Alumi, quedaros a aquí, ¿vale? —Chizuko sonrió y ella también siguió el camino junto a Minoru. El hombre iba más rápido que ella, pero aún así cuando llegaron al medio del patio, vieron a Yuki amenazando al hombre con sus puños.

— ¡Chizuko! ¡¿Qué ocurre?! —Himitsu se acercó a ella mucho más rápido que los demás.

— Ese hombre tiene a Yuna —susurró Chizuko señalándolo. Minoru rodeó a Yuki y al hombre, para ponerse detrás de él y privar su salida. El hombre puso un cuchillo debajo del cuello de la pequeña—. ¿Qué hacemos?

— ¡Hey! ¡Suéltala! —gritó Himitsu poniéndose al lado de Yuki mientras todos empezaban a rodearlos.

— Esta niña es Shiroma Yuna, ¿no es así? —preguntó el hombre sonriendo.

— ¡He dicho que la sueltes! —gritó Himitsu—. ¡¿Quién eres?!

— Traed mis armas —Jaaku habló desde un rincón. Tres hombres afirmaron con la cabeza y corrieron hacia dentro de la casa.

— ¿Esta niña es Shiroma Yuna? —preguntó el hombre de nuevo en una voz muy calmada y firme.

— ¿Qué pasa con este hombre? —preguntó Nao poniéndose al otro lado de Himitsu—. ¿Por qué insiste en preguntar su nombre?

— Señor, Yuna se apellida Akai —Yuna lo miró un poco asustada—. ¿Usted conoce a Yuna?

— ¿Eres Shiroma Yuna, verdad? —preguntó el hombre mirándola.

Ella afirmó con la cabeza, mientras los hombres volvían con un arco, flechas, dos pistolas y una espada, entregándolo todo a Jaaku. Chizuko se puso a su lado y cogió el arco y las flechas. Luego se puso delante de Yuki cargando el arco.

— Suelta a mi hija —Chizuko le amenazó.

— ¡Todos aléjense de aquí! —Minoru gritó con desespero apartándose de detrás del hombre.

— No voy a hacerlo —el hombre sonrió—. Tengo una orden y debo de cumplirla.

— Por favor, señor —Yuna lo miró haciendo su mejor sonrisa—. ¿Puede decirle a Ryouga-san que perdone a Yuna?

— ¿Qué? —el hombre la miró con el ceño fruncido—. ¿De qué hablas?

— Usted ha venido porque Ryouga-san se lo pidió, ¿verdad? —Yuna puso una mirada aterrada hacia él, hablando en un susurro que ninguno de los demás pudo escuchar.

— ¿Qué pasa contigo niña? —preguntó el hombre—. ¿Cómo puedes saber eso?

— ¡Hey! —Chizuko gritó con fuerza y el hombre lo miró—. ¡Tienes diez segundos para soltarla!

— ¿Si no qué? —el hombre sonrió—. Tengo a la niña en mi poder y puedo ponerla en medio del disparo, además de que puedo rajarle el cuello.

— No creo que tengas tiempo a hacerlo —se rio Yuki—. Es demasiado buena con el arco.

— ¿Y por qué se han apartado ellos entonces? ¿No es porque le tengan miedo? —preguntó el hombre sonriendo.

— No, es porque puede traspasar tu cabeza y la nuestra a la vez —respondió Minoru—. Esta loca tiene demasiada fuerza con el arco.

— Cero —Chizuko sonrió y disparó a una pierna del hombre, sin que él tuviera tiempo a moverse y volvió a cargar el arco, con solo un parpadeo.

El hombre gritó de dolor mientras soltaba a Yuna. La niña cayó al suelo sin tener tiempo de poner las manos y se golpeó con la barbilla al suelo. Himitsu corrió al lado de la niña y la apartó en seguida del hombre, cogiéndola en un fuerte abrazo. La niña se quedó mirando al hombre sin saber bien lo que había sucedido. Himitsu se sentó en las escaleras de la entrada de la casa, con Yuna en su regazo, alejados de todos y Chizuko se sentó a su lado

— ¿Estás bien, Yuna?

Chizuko le puso una mano en la espalda, para que la pequeña la mirara. Yuna la miró con los ojos llorosos. ¿Tenía que llorar? A ella le dolía la barbilla, pero su padre la estaba abrazando, así que ya estaba siendo atendida… aún así… ¿debía de llorar?

Tetsuya se acercó a ellos cogiendo de la mano a Kyooi y a Alumi.

— Menudo día llevamos, ¿eh? —se sentó delante de ellos y Chizuko sonrió hacia él.

— ¿Yuna? —Kyooi subió el escalón que había entre ellos para ver su mirada—. ¿Duele?

Yuna lo miró confundida y entonces empezó a llorar.

— ¿Por qué ha tardado tanto en llorar? —dijo Tetsuya mordiendo su labio para evitar reírse. Chizuko lo miró y se encogió de hombros.

Himitsu le puso un pañuelo debajo de la barbilla.

— Tranquila, Yuna, tranquila —Himitsu le acarició la cabeza con la otra mano—. Ya pasó, tranquila.

— Mamá —Yuna estiró los brazos para abrazarse a Chizuko.

— No pasa nada, tranquila —Chizuko sonrió.

— Voy a llamar a Fukuda-san para que le mire esto —Tetsuya se fue hacia todo el grupo de la Yakuza que estaba viendo como Natsuki, Yuki y Erick interrogaban al hombre. Alumi lo siguió con torpeza, aún estaba medio dormida.

— Gracias, Te-chan —Chizuko sonrió hacia la pequeña—. En seguida vamos a curarte, ¿vale?

— Quédate con mamá —Himitsu la sentó al suelo—. Voy a ver lo que quería ese tipo de ella.

— Vale —Chizuko lo observó irse en medio de la gente, mientras abrazaba a Yuna y le aguantaba el pañuelo debajo de la barbilla.

— ¡¿Cómo vas a decir eso?! —se escuchó la voz de Jaaku al medio del montón de gente—. ¡He dicho que me digas qué es lo que quieres de mi nieta!

— Jaaku-ojiisan se ha enfadado —susurró Yuna mirando a Chizuko y sollozando.

— Sí, se ha enfadado con el hombre —Chizuko sonrió—. Porque el hombre te ha hecho daño. ¿Te duele, Yuna? —la niña afirmó con la cabeza lentamente.

— Yuna quiere agua —susurró la pequeña.

— ¿Agua? —Chizuko miró a Tetsuya. Estaba buscando aún al estudiante de medicina que había en el Clan—. Está bien. Kyooi, ¿te quedas con Yuna? —el niño afirmó con la cabeza—. Yuna tienes que aguantar esto en tu barbilla, ¿vale? —Chizuko le puso la mano debajo de la barbilla para que se sujetara el pañuelo—. En seguida vuelvo.

La niña sollozó mientras afirmaba con la cabeza. Chizuko entró a dentro a buscar un vaso de agua, mientras los dos niños se quedaban sentados en las escaleras de la entrada.

— ¿Duele? —preguntó Kyooi acercándose a ella.

— Sí —respondió Yuna.

— ¿Puedo ver? —dijo Kyooi.

Yuna se apartó el pañuelo de la barbilla y la levantó para mostrársela. Kyooi se quedó mirando el pequeño rasguño que tenía ella y entonces le besó en la barbilla.

— Ya no duele, ya no duele —Kyooi le dio pequeñas palmaditas a la cabeza de Yuna para calmarla.

Yuna lo miró sorprendida, haciendo que sus lágrimas cesaran al instante, mientras el niño hacía su mejor sonrisa. Chizuko volvió con el vaso de agua y se sentó de nuevo en la escalera.

— Yuna ponte el pañuelo en la barbilla, pequeña —le cogió la mano para ponérsela.

— Ya no duele —sonrió ella hacia Chizuko.

— Aunque no duela sigue sangrando, así que póntelo. Luego de que Isao-san te mire decidimos si te duele o no —Chizuko arqueó una ceja mientras acercaba a la pequeña hacia ella—. Vamos bebe.

— ¿Y bien? —Isao se acercó a ellos—. ¿Qué pasa a nuestra pequeña Yuna? —Chizuko le mostró el rasguño, mientras apartaba el vaso de agua de ella—. Vamos a ver, ¿Yuna puedes masticar? —el hombre lo hizo para que ella le imitara—. Así. Fuerte —Yuna lo hizo—. Ahora muéstrame tu lengua —él le sacó la lengua medio riéndose y ella lo hizo—. Muy bien —el hombre le tocó la barbilla lentamente—. No parece que tenga daño, tan solo el rasguño.

— Gracias, Isao-san —Chizuko suspiró aliviada.

— ¿Vamos a poner una tirita de dibujos, Yuna? —Isao le tendió la mano para que la acompañara y ella se la cogió para seguirlo—. Voy a limpiarle esto y en seguida vuelvo, ¿vale?

— Sí, gracias Isao-san —Chizuko sonrió hacia Kyooi mientras Tetsuya y Himitsu volvían de entre todos ellos—. ¿Qué ha dicho?

— Nada —Himitsu se sentó a su lado—. ¿Estás bien, Chizu? —ella afirmó con la cabeza.

— Estoy pensando lo que ha podido suceder, pero no estoy muy segura de nada —Chizuko negó con la cabeza con cansancio—. Estaba buscando a Yuna. ¿Por qué no a los adultos? ¿Por qué ir a por una niña de tres años? Tenía a mucha gente por escoger y en cambio iba a por una niña.

— Empiezo a pensar que ese Ryouga-san realmente era Niishitake Ryouga —Himitsu la miró tristemente—. ¿Qué pasa si ese hombre quiere seguir deshaciéndose de ella?

— ¿Pero por qué debería de hacer tal cosa, Himitsu? ¿Qué sentido tiene? Ya ni siquiera lleva su apellido y de hecho él ni siquiera supo de su nombre, ¿cómo puede hacer eso?

— ¿De qué hablas de Niishitake? —preguntó Tetsuya.

— Bueno, Yuna cuando se despertó por esa pesadilla, dijo que ese hombre malo había enviado a gente —Chizuko le contó exagerando sus gestos, completamente nerviosa—. Y cuando le preguntamos quién era ese hombre ella nos dijo Ryouga-san.

— Tenéis que empezar a decir a vuestra hija que sueñe con cosas más normales —Tetsuya frunció el ceño—. ¿No será que escuchó el nombre de algún sitio y se le ha quedado en la cabeza?

— Mientras ese tipo siga sin hablar no podremos saberlo —Himitsu suspiró—. Pero es preocupante si lo que ha soñado Yuna está relacionado con lo que ha pasado.

— Tú eres el experto en psicología, así que dime si esa es una posibilidad —se quejó Chizuko.

— Me gustaría poderte decir algo al respecto, Chizuko, pero de momento no le encuentro ningún sentido —Himitsu negó con la cabeza.

— Vale, ¿puedes quitármelo de la cabeza? Estoy poniéndome demasiado nerviosa —Chizuko se levantó y empezó a dar vueltas.

— Hey, tranquila —Himitsu se puso delante de ella y la detuvo abrazándola—. Tranquila, Chizu. No va a pasar nada, ¿me oyes? No le pasará nada a Yuna, ni a nadie de nuestra familia, ¿vale?.

— ¿Cómo puedes decir esto? —Chizuko bajó la mirada al suelo. Se sentía demasiado sensible en esos momentos.

— ¡Llevadlo a dentro! —escucharon gritar a Jaaku.

— Vamos con Yuna, ¿vale? —Himitsu sonrió hacia Chizuko para tranquilizarla—. Ya verás cómo estará todo bien. No pienses más en esto —añadió al ver que ella ni siquiera lo miraba—. No pienses en eso, Chizu.

— ¿Cómo pretendes que lo haga? —Chizuko se soltó de él y se acercó a Minoru y Nao que llevaban arrastrando al hombre, que aún llevaba la flecha clavada en su pierna.

— ¡Chizuko! —gritaron Himitsu y Tetsuya a la vez, mientras Minoru y Nao se detenían al verla al medio del camino.

— ¿Qué es lo que quieres de una niña? —preguntó mirando al hombre.

— ¿Y a ti tengo que decirte? —el hombre se rió con fuerza.

— Es mi hija, tengo derecho a saber lo que quieres de Yuna.

— No es tu hija —se rio él—. Es la hija de esa abogada. Y a ti no tengo que darte explicaciones de lo que le quiero hacer a esa mocosa.

— ¿Quién te envía? —Chizuko se acercó un paso más a él.

— Chizuko, deja que papá se encargue de esto —susurró Yuki cogiéndola por el brazo—. No estás en condiciones de enfrentarte a alguien. Le harás daño al bebé.

— ¿Es Ryouga? —Chizuko lo miró a los ojos.

Había sido solo unos segundos. Unos segundos que Yuki y Chizuko pudieron ver perfectamente. El hombre había hecho una mueca, quedándose entre sorprendido y enojado, pero en seguida cambió su expresión a su sonrisa burlona de nuevo, que hizo que nadie más que ellas dos pudieran verlo. Yuki tiró de Chizuko para apartarla del paso y Minoru y Nao siguieron arrastrando al hombre hacia dentro de la casa.

— Vamos, Chizu —Himitsu la abrazó por la espalda—. Vamos con Yuna, ¿vale?

— Chizuko, ¿quieres que hagamos algo? —Natsuki levantó se teléfono hacia ella.

— No, no te preocupes —Chizuko suspiró—. Ya lo arreglaremos con nuestra familia, pero gracias.

— Puedo decirte quién es este tipo en unos diez o veinte minutos —respondió Natsuki mientras veía como todos entraban a dentro detrás de esos dos.

— ¿Puedes hacer eso? —preguntó Yuki.

— Soy de la CIA —Natsuki sonrió—. Y están perfeccionando nuestro programa en estos momentos, así que seguramente podríamos tenerlo en menos.

— ¿Perfeccionando? —Tetsuya frunció el ceño—. Eso que le disteis a Asami, todo ese código era para perfeccionar el programa de rastreo.

— Sí —Natsuki sonrió—. Nuestro padre sabía que lo haríais en seguida, y por eso nos dijo que les diéramos esto en cuanto sucediera algo. Mientras tanto él ha estado intentándolo por otros métodos, haciéndolo tan bien como ha podido. Pero en cuanto eso cayera en vuestras manos, de seguro aprovecharíais la oportunidad para obtener ese programa y por lo tanto podríais acceder a la CIA sin necesidad de ninguna contraseña.

— Eso era lo que Hanako nos había prohibido —Tetsuya sonrió—. ¿Y cómo podemos hacerlo?

— Bueno, tengo una fotografía del hombre —Natsuki le mostró cómo hacerlo—. Solo tengo que abrir el programa y poner esa fotografía en él. En unos diez o veinte minutos recibiremos cualquier dato, relacionado con su vida privada o con su vida delictiva.

— Vosotros fuisteis los que nos enviasteis a buscar a Motoyama Rai —Tetsuya sonrió—. Gracias, me quitasteis a un ladrón de canciones de encima.

Natsuki lo miró unos segundos a los ojos.

— ¿Ladrón de canciones?

— Sí, ese tipo estaba robándonos y aún no sabemos cómo —Tetsuya se encogió de hombros.

Natsuki sonrió satisfecha.

— Otra vez no —Erick se puso una mano en la frente mientras negaba con la cabeza. Todos lo miraron.

— Me alegra ver que he sido de ayuda a Silver Bullet Junior —la chica lo miró con ojos soñadores—. De nada.

— Es fan de los Bullet Junior, ¿se nota? —Erick suspiró mirando a Chizuko.

— Vaya, creía que ni los conocía —ella parpadeó confundida mirándolo.

— ¡¿Estás loca?! ¡Me encantan! —Natsuki sonrió satisfecha.

— Pero si canta fatal —Chizuko y Yuki lo señalaron.

— Eso le digo yo —Erick rodó los ojos.

— Gracias chicas, es genial saber que soy de vuestro agrado —Tetsuya rodó los ojos.

El teléfono emitió un pitido y todos se callaron, mientras Yuna e Isao salían de dentro y se acercaban a ellos.

— Qué rápido —Natsuki miró a Erick y el chico cogió el teléfono.

— Hamamoto Kin, padre de familia, vive en una de las partes más ricas de Japón, tiene un pabellón deportivo entero a su nombre, en donde practica boxeo y judo. Tiene casa de vacaciones en Hokkaido, Yamagata, Shizuoka, Tokushima y Miyazaki. En la mitad de ellas no va desde hace seis años. Trabaja como guardaespaldas para Aida Akiyoshi, socio de Niishitake Kaisha. Y a parte de unas cuantas multas por saltarse algún semáforo en rojo y por mal aparcamiento, nada más.

— Niishitake Ryouga —Chizuko suspiró—. ¿Por qué ese hombre sigue siendo nombrado?

— Tranquila —Himitsu la abrazó—. No pasará nada.

— Sacad a Kyooi del medio —dijo Tetsuya mientras entraba a dentro de la casa. Alumi iba a seguirlo, pero Yuki la cogió.

— ¿Te-chan? —Yuki frunció el ceño y se quedó quieta—. Kyooi, ven aquí —el niño se levantó de las escaleras y corrió hacia ella.

— ¡¿Pero qué haces?! —escucharon a Jaaku gritar a dentro.

Tetsuya volvió arrastrando al hombre por el suelo y lo dejó justo cuando estaban en las escaleras, haciendo que el hombre cayera por ellas. Muchos de los Shiroma salieron de allí y se quedaron observándolo.

— Oye, Tetsuya…

— Hamamoto Kin —Tetsuya se arrodilló delante del hombre que se estaba quejando de dolor, ignorando por completo las quejas de Jaaku. Le habían atado las manos a la espalda y le era muy complicado poderse poner en pie—. Quiero que vayas con Niishitake Ryouga ahora mismo —Tetsuya sonrió fríamente—. Sin pararte en ningún sitio, no hace falta que te detengas por nada del mundo. Corre todo lo que sepas hacia él. Vas a decirle que nadie tocará a esta familia jamás y que cualquier problema que tenga con nosotros vendrá él personalmente a hablarlo. Ya he matado a dos personas para salvar a una amiga, así que no dudes en que volveré a hacerlo para salvar a mi familia. ¡Muévete! —gritó. El hombre se levantó con esfuerzo—. ¡Vamos! ¡¿O es que prefieres que mate a tus hijos eh?! —el hombre palideció al instante y se fue corriendo hacia la verja, cojeando como pudo, para salir de allí. Aún llevaba la flecha clavada en su muslo y las manos atadas—. Será mejor que escondáis a Yuna por unos días —Tetsuya miró a Himitsu—. No creo que ese tipo se detenga con dos avisos.

— Bueno, siempre podemos intentarlo por las malas —Himitsu se encogió de hombros—. Porque por las buenas ya lo hemos intentado.

— Creo que podríamos esconder a Yuna nosotros mismos —Yuki sonrió—. Podemos ir a las cabañas.

— ¿Podéis cuidar de ella? —Himitsu miró a Chizuko y luego a Tetsuya—. Quiero enfrentar a ese hombre.

— ¿Por qué no os quedáis los dos y Chizuko y yo los alejamos de aquí? —preguntó Yuki—. Aunque me gustaría quedarme, pero si sucediera algo, Chizuko no podría sola.

— Puedo acompañaros si queréis —Natsuki se encogió de hombros—. No tengo nada más por hacer por el momento.

— A parte de ligarte uno de los gerentes del hotel —dijo Erick sonriendo hacia ella.

— Cierra el pico —Natsuki lo fulminó con la mirada—. ¿Acaso te importa?

— No, en absoluto —respondió él—. Estaría bien que nos tomáramos unas vacaciones nosotros dos. Estaré en el hotel si me necesitas.

— ¿Nos acompañarías, Natsuki? —preguntó Yuki.

— Claro —ella sonrió.

— Está bien —Minoru miró a Jaaku—. No sé si sería mejor que alguien os protegiera, pero supongo que si enviamos a nuestros hombres a protegeros, entonces ellos sabrán en dónde estáis.

— También podemos suponer que habrán investigado a cualquiera de los nuestros para poder terminar averiguando que Yuna es la hija de ese tipo —Jaaku negó con la cabeza—. La prioridad es la seguridad de mi familia y mis compañeros. Así que será mejor que os quedéis todos aquí y os protejamos a todos.

— ¿Crees que volverán a atacar? —preguntó Tetsuya.

— No creo que se detenga —respondió Jaaku—. Ha ido a por una niña. Está claro que no le importa en absoluto alguien inocente mientras pueda sacar su sangre del medio. Qué tipo más cruel.

— ¿Qué podemos hacer? —preguntó Himitsu.

— De momento vosotros no podéis salir de la casa, ¿vale? —Jaaku sonrió—. Viene a por vosotros, así que no estaréis seguros en ningún lugar si estáis completamente solos. No, el hecho de separarnos queda descartado. Es mejor que os quedáis aquí.

— Está bien —Chizuko se encogió de hombros y se fue hacia dentro.

— Ah, Chizu, espera —Yuki, Natsuki y Himitsu la siguieron.

— Mamá —Yuna se soltó de Isao y les siguió junto a Alumi, Kyooi y Tetsuya.

— Eso será divertido —Tetsuya sonrió hacia Jaaku antes de pasar por su lado.

— ¿Tienes algún plan mejor?

— No, pero mañana tengo que estar en un avión a Osaka, así que espero que para entonces esté todo perfectamente solucionado —Tetsuya entró.

— Ya veremos —Jaaku suspiró—. Estad alerta. No quiero ninguna víctima entre los míos, ¿vale?

— Sí —Minoru y Nao hicieron una pequeña reverencia hacia él y luego se giraron hacia los demás para empezar a organizar a todos.

— Natsuki, lo siento —Jaaku la miró—. Este día ha sido fastidiado por esto…

— Me alegra haber sido de ayuda —respondió ella.

— ¿Os quedáis? —preguntó.

— Si no me necesitáis entonces no, gracias —Natsuki sonrió—. Tampoco teníamos planeado quedarnos mucho, así que mejor me voy al hotel para terminar unos asuntos que tenemos abiertos.

— Como queráis. Seréis siempre bienvenidos a nuestra casa —Jaaku sonrió.

— Gracias —Natsuki miró hacia Erick que estaba hablando—. Realmente ha sido un placer. Espero que podáis solucionarlo rápido.

— Sí, mejor que no te metas, o tu trabajo podría salir mal parado —Jaaku levantó su mano hacia ellos dos para despedirlos y ellos se fueron de allí—. Quiero que me mantengáis informado por si les sucede algo a ellos dos también.

— Como usted desee, Jaaku-san —Minoru sonrió hacia él mientras lo veía entrar a dentro.


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Próximo capítulo: 'Cow Michael'.