Segunda parte, espero que les guste y recuerden que los personajes son basados en la serie de Tv,
Magnus, de rodillas, vio a Alec mirarlo confundido mientras caía hacia atrás. Por un momento el brujo temió que su parpadeante y débil portal no funcionara, pero el temor pasó cuando la cortina brillante desapareció junto con el chico.
Se había ido para siempre. Magnus no volvería a ver a Alec, pero al menos esperaba que él estuviera sano y salvo en su hogar. Miró a su alrededor y se encontró con que las sirenas transformadas estaban rodeándolo en un círculo.
-¿Estas bien?- Lena salió de en medio del grupo, se acercó y se arrodillo junto a Magnus mirando preocupada la herida en su pecho. Ella trato de acercar una mano para curarlo, pero él se alejó bruscamente.
-Me quiero ir- Dijo. Lena lo miró a los ojos.
-¿A dónde? - No tenía un lugar al que llegar, pero estaba convencido que cualquier cosa era mejor que quedarse ahí. Lena no lo dejo responder antes de sonreírle- No puedes irte, pronto será nuestra boda. Después de eso podrás hacer lo que quieras, serás libre- Magnus la miró confundido.
-¿Dijiste libre?- En ese instante dos sirenas, cuyos nombres no se molestó en recordar, se acercaron por detrás y le amarraron las manos sin la más mínima resistencia, él se sentía sin fuerzas y cansado por la culpa de la sangre que estaba perdiendo.
-Con cuidado- Advirtió la reina- Recuerden que es mi prometido. Tráiganlo-
Unos minutos después Magnus se encontraba con las manos encadenadas a los barrotes de una de las celdas del calabozo, y por alguna extraña obra del destino era la misma celda en la que Alec había estado.
Lena tenía la mano sobre su pecho y estaba curando la herida a pesar de que él se retorcía para evitar ser tocado. Finalmente la herida cerró y ella, divertida, jugo a mover sus dedos sobre el pecho de él.
-Libérame- Le dijo firmemente mientras trataba de ignorar el juego de ella- ¿No eras tú la que decía que no entendía como había personas que podían hacerme esto?-
-Es necesario. Temo que si tienes tus manos libres podrías irte-
-Qué perceptiva- Comentó duramente- Efectivamente, y no puedo imaginarme cuál podría ser la razón- Lena suspiró, salió de la celda y la aseguró.
-¿Tal vez tenga que ver con cierto prisionero?-
-No iría a buscarlo si eso es lo que te preocupa- Magnus sacudió sus manos haciendo que las gruesas cadenas repiquetearan- ¡Suéltame! odio estar encadenado-
-Ya te lo dije, te soltaré el día que nos casemos- Y dicho eso ella le sonrió, dio media vuelta y se internó en la selva. Magnus la miró marcharse y después maldijo mentalmente a su suerte.
Miró hacia la mancha de sangre seca en el suelo de la celda, ese era probablemente el único recuerdo que tenía de Alec. Su mente empezó a divagar, miró el paisaje a su alrededor preguntándose qué era lo que Alec mas había observado, se preguntó en cuántas posiciones se habría movido el chico, e incluso que había pensado en todo el tiempo que había durado encerrado.
Sacudió su cabeza tratando de alejar esos pensamientos, no sabía cuánto tiempo pasaría en la celda pero no podía permitirse sentir nostalgia. Alec ya no estaba, él lo había regresado a su hogar, y no importaba que tanto lo extrañara, nada era más importante que mantener a Alec a salvo.
Magnus pasó una semana encerrado. Diariamente una sirena castaña llamada Naomi le llevaba frutos y se sentaba a dárselos directamente en la boca, ella parecía ser la nueva mano derecha de Lena en reemplazo de Somaira. El resto del día la pasaba solo, evitando pensar en Alec para no acabar arrepintiéndose de haberlo alejado.
Pero, cuando llegaba la noche, Lena salía de los manantiales y entraba a su celda por varios minutos para molestarlo tocándolo y jugando, y entonces sí que pensaba en Alec.
Un día ocurrió lo que tanto temía: Naomi le dijo que era el día de su boda. Se resistió como nunca en su vida, se sacudió como si fuera un animal y usó toda su fuerza para intentar huir, pero cinco sirenas fueron las encargadas de soltarlo de los barrotes y jalar las cadenas hacia los manantiales, y de por sí cada una de ellas era increíblemente fuerte.
Magnus esperaba lograr romper las cadenas o incluso arrancarse las manos, pero no tuvo tanta suerte. Lo llevaron a los manantiales y allí lo volvieron a asegurar del trono que una vez le perteneció. Algunas de ellas lo bañaron, vistieron y maquillaron, todo para el gran momento.
Y entonces la noche llegó.
Todas las sirenas se reunieron junto a los manantiales como si se tratara de otra fiesta, lucían emocionadas y ansiosas. Magnus bufó al verlas y después dirigió su mirada hacia la selva de donde Lena estaba emergiendo. Llevaba una corona de flores azules sobre su cabeza, y Magnus pensó vagamente en que esas eran las mismas flores que él le había dado.
-¿Listo?- Preguntó ella sonriendo cuando se le acercó. Magnus la miró duramente.
-No, déjame ir- Ella suspiró y miró las manos de él, donde ya incluso había sangre.
- No te hagas daño a ti mismo- Pidió preocupada- Una vez que nos casemos te liberaré y entonces te curaré-
-¡No quiero casarme contigo!- Magnus miró a las otras sirenas- ¡Por favor, ayúdenme!- Pero ninguna le hizo caso. Solo lo miraron divertidas.
-Recuerda que hoy me escucharas cantar por primera vez- Habló Lena dirigiendo una mirada a la luna. Para el matrimonio cada uno debía hacer una cortada en su mano y, ante un rayo de luna, unir las heridas. Magnus creyó que el ritual sádico quedaba perfecto para las sirenas.
-Me importa muy poco- Respondió él. De nuevo intentó sacudir sus manos, no estaba dispuesto a renunciar a todo ahí, incluso pensó en que a lo mejor haber ido a la hoguera hubiera sido preferible. No quería mandar en ese reino sangriento y sin corazón, quería ser libre e ir a buscar a Alec donde quiera que estuviera teniendo la certeza de que al acercarse a él no lo pondría en peligro.
Pero todo eso eran sueños, no sabía dónde estaba el chico, y ni aunque lo supiera iría a buscarlo. Aunque de todos modos tampoco parecía como si pudiera escapar de su boda.
Dos sirenas se le acercaron por detrás, listas para soltar la cadena para que el ritual pudiera hacerse. Entonces Magnus sonrió mentalmente, esa era la oportunidad que necesitaba, tan pronto lo soltaran no perdería tiempo, correría hacia la selva, lanzaría fuego a quien se le atravesara en su camino, crearía un portal y entonces… no sabía qué hacer si lograba llegar a ese punto, pero primero lo primero: Debía evitar su boda.
Lena llevó su muñeca a su boca y ella misma mordió hasta que empezó a gotear sangre. Casi en el acto un rayo de luna azul cayó del cielo e iluminó su mano como si fuera una columna luminosa.
Las sirenas detrás de Magnus tomaron las cadenas entre sus manos, en muy poco tiempo lo liberarían. Magnus estaba ansioso y dio una mirada hacia la selva, ya sabía incluso por cual parte entrar.
Pero entonces Lena empezó a cantar.
Era una voz hermosa, nada comparable con los anteriores cantos de sirena que Magnus había escuchado. Las sirenas detrás de él soltaron las cadenas y él se masajeó las muñecas aturdido.
-Tu mano- Pidió Lena. Magnus se irguió y se la ofreció, ella enterró sus dientes hasta hundirlos y luego lentamente separó su boca para reanudar su canto.
Él miró la mano de ella aún bajo el rayo de luna, se veía pálida y solitaria, necesitada de compañía. Entonces acercó su mano y unió sus heridas, haciendo al rayo brillar con más intensidad y a las otras sirenas aplaudir.
-¡Nos atacan!- Gritó un hombre uniformado corriendo hacia un lado del barco.
-¡Giren el barco!- Gritó Jace dirigiéndose a los demás hombres- ¡Muévanse idiotas, no dejen que ellas penetren el suelo!-
-¿Ahora me crees?- Le preguntó Alec mirando al mar, justo a tiempo para ver a sirena transformada y tratando de morder la madera. Jace se acercó a él y lo jaló del hombro.
-¡Aléjate de ahí! lo último que necesito es que te vuelvan a secuestrar-
-¡Debemos seguirlas! Solo así llegaremos a la isla-
-¿Qué te parece si primero evitamos que nos coman?- Jace dirigió su mirada hacia el mar. Entonces frunció el ceño- ¿Dónde están los otros barcos?- Alec miró hacia al mar y miró a su alrededor, pero no lograba ver ninguna otra nave.
-Tal vez huyeron-
-Cobardes- Murmuró Jace.
- Es un gran plan si piensas en ello- Respondió Alec.
-¡Señor!- Gritó un hombre y Jace se giró a verlo. Alec le había entregado el mandato de la nave ya que parecía que al rubio le gustaba mandar, y de todos modos él no podía pensar en nada coherente mientras esperaba ansioso volver a la isla- Estamos moviendo el barco tanto como podemos, ninguna ha logrado romper algo hasta ahora-
-Excelente, sigan así- Dijo Jace.
-¿Alguien dijo "defensa"?- Preguntó Isabelle saliendo del cuarto de navegación y acercándose a sus hermanos con una espada. Alec la miró horrorizado y le quitó el arma.
-Nadie dijo eso- Aseguró Jace- Y regresa al cuarto, este no es lugar para chicas- Ella lo miró ceñuda y estuvo a punto de responder cuando dulces voces llenaron el aire. Alec abrió los ojos.
-¡No las escuchen!- Gritó y se dirigió a correr por la cubierta del barco para que todos los hombres lo escucharan- ¡Tápense los oídos! ¡No las escuchen!- Pero era tarde. Empezó a reinar el caos.
Los hombres empezaron a aturdirse o ponerse muy alegres, olvidándose de sus tareas como girar el timón, levantar las velas o simplemente defenderse.
Entonces se escucharon ruidos de madera quebrándose, las sirenas estaban intentando penetrar en la madera.
Isabelle llegó corriendo hasta él.
-¿Qué es eso?- Preguntó ante el ruido. Él no respondió, solo se dirigió firmemente a las escaleras para bajar a las celdas y abrió la puerta. Una sirena había logrado hacer un hoyo en el suelo y con sus manos luchaba por entrar mientras el agua se filtraba inundando el suelo. Alec dio un grito ahogado, cerró la puerta y volvió corriendo a la cubierta.
En ese corto tiempo las cosas en la cubierta habían cambiado. El día se veía gris y el viento era tan fuerte que desde la distancia podía ver el cabello de Isabelle volando.
-¡Subió una!-Gritó un hombre con los oídos tapados y señaló hacia un lado del barco, donde una sirena transformada estaba usando sus manos para agarrarse y entrar. Alec junto con ese hombre se acercaron a ella y a tientas la lograron empujar para alejarla, pero para ello el hombre dejó de taparse los oídos y el canto de las sirenas empezó a hacer efecto en él.
-¡Otra!- Gritó otro hombre. Alec dirigió su mirada hacia el grito donde otra sirena estaba logrando escalar hasta la cubierta.
-¡Aquí!- Gritó otro hombre. Alec miró desesperado a todos lados, ya no podía distinguir a sus hermanos y no sabía cuánto tiempo podían seguir evadiendo a las sirenas. De pronto un lado del barco empezó a hundirse provocando que muchos hombres y cajas giraran en el suelo.
-¡Nos hundimos!- Gritó otro hombre. Alec empezó a escuchar chillidos y se encontró con que al menos cuatro sirenas habían logrado llegar a la cubierta y le mostraban sus dientes a todo el que se les acercara.
-¡Defiéndanse!- Gritó Alec y continuó corriendo en busca de sus hermanos. Un grito desgarrador llenó el aire y ni siquiera se atrevió a mirar, seguramente las sirenas ya estaban devorando a los hombres.
Como si fuera una bendición del cielo logró ver a Isabelle tratando de sostenerse de una soga para no resbalarse por la inclinación del barco.
-¡Izzy!- Gritó y corrió hasta ella. Ella lo vio acercarse y sonrió aliviada- Toma- Alec le entregó la espada. Tal vez su hermana fuera una chica, pero tontos prejuicios sociales nunca importarían más que su vida- ¿Y Jace?- Ella miró alrededor, a los hombres que aún corrían.
-No lo sé- Respondió. El barco se inclinó aún más, quedando técnicamente parado sobre el agua, y haciendo que muchas cajas y hombres gritando cayeran al océano. Alec se agarró de la mano de su hermana justo antes de que sus pies se elevaran del suelo- ¡No te sueltes!- Gritó ella gruñendo por el peso.
- ¡Créeme, no lo haré!- Respondió el. Estaba mirado a los hombres que caían de la cubierta al mar, esperando encontrar en alguno de ellos una cabellera rubia pero no había tenido suerte.
- Alec…- Empezó Isabelle con la voz ahogada, no parecía que pudiera resistir mucho más. Entonces Alec vio a Jace tratar de agarrarse del mástil, pero fallando en el intento y deslizándose hasta llegar a la borda.
- ¡Demonios!- Escuchó que gritó el rubio cuando no logró agarrarse lo suficientemente rápido y se deslizó hasta el mar.
-¡Jace!- Gritó Alec. El rubio se había hundido dejando tras de sí un chapuzón que sobresalía sobre la turbia agua, producto del aleteo de las sirenas.
-¡Alec!- Gritó Isabelle y antes de que él pudiera siquiera mirarla ella se soltó.
Ambos cayeron al océano y lucharon por volver a la superficie, pero entonces una mano agarró la pierna de Alec y empezó a jalarlo hacia el fondo. Isabelle nadó tras él y le tomó una mano para hacer fuerza y llevarlo a la superficie. La sirena notó la acción y nadó hasta estar frente a ellos y enseñarles los dientes. Entonces se fijó en Alec y sonrió. Alec supo que ella lo había reconocido, era una de las dos sirenas que lo habían reclamado en la isla. La otra estaba muerta, era la que habían quemado.
El aire en los pulmones de Alec empezó a faltar y, dándole una mirada a su hermana, empezó a cerrar los ojos. Isabelle lo miró preocupada y de nuevo trató de llevárselo a la superficie, aunque ella también parecía estar débil por la falta de aire. Alec se dejó llevar, sintiendo como ambas chicas lo jalaban, y de pronto todo se volvió negro.
Despertó y tosió el agua salada. Después se recompuso y miró a su alrededor sintiendo que eso bien podría ser un sueño o una pesadilla, pero no real: Estaba de nuevo en una de las celdas de la isla.
-Hasta que despiertas- Se rió alguien. Alec miró a un lado y se encontró con Jace sentado en la celda de al lado. Le sonrió aliviado.
-¡Jace! ¡Temía que te hubieran comido!- Jace lo miró indignado.
-Me ofendes ¿Dudaste de que una sirena se enamoraría de mí?- Alec rodó los ojos y miró a su alrededor. Era tal como lo recordaba pero esa no era la celda en la que había estado. ¿Magnus aún estaría allí? ¿Habría evitado la boda? ¿Habría logrado escapar? Alec se dijo que si se enteraba de que Magnus había logrado escapar no consideraría ese viaje una pérdida de tiempo, porque al menos se enteraría que estaba bien en alguna parte.
Pero ese pensamiento le duró muy poco antes de que su mente se llenara de preguntas crueles ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si las sirenas lo habían encerrado? ¿O se lo habían comido? ¿Qué tal si le hicieron el mismo castigo que le habían hecho a Mérida?
Un extraño sonido llamó su atención a otra celda y se encontró a su hermana despertando y escupiendo el agua.
-Al fin despiertas- Saludó Jace burlándose. Ella lo ignoró tomándose su tiempo para expulsar el agua, recomponerse y ponerse de pie.
- ¿Es aquí?- Preguntó mirando a su alrededor como si fuera una turista y no una prisionera.
-Es aquí- Concordó Alec y no pudo evitar sonreír- Llegamos-
-Estás loco- Dijo Jace mirándolo- ¿Ya notaste la posición en la que estamos? No podemos buscar a ningún brujo si estamos encerrados-
-Aún es muy temprano- Alec miró hacia el cielo azul claro- La reina vendrá en unas horas, entonces seguramente me reconocerá y me dirá algo de Magnus. Ahora ¿Solo estamos nosotros tres?- Sus dos hermanos miraron alrededor pero las otras celdas estaban vacías.
-Sin contar a los dos barcos fantasmas sí, creo que no sobrevivieron más- Informó el rubio. Alec sintió algo en el pecho. Era su culpa. Él había buscado a esos hombres y los había encaminado hacia su muerte. Muy seguramente todos ellos estaban ahogados, muertos por el pánico, o las sirenas se los habrían comido. Jace se dio cuenta que Alec se culpaba y frunció el ceño para decir algo.
-No puedo creerlo- Habló primero una voz que Alec jamás olvidaría. La reina. Se giró para ver a la selva y casi se desmaya al ver que Lena llegaba con dos sirenas más y con Magnus a su lado. El brujo seguía igual a como lo recordaba: Piel dorada, ojos ligeramente rasgados, cabello negro y enmarañado, y con sus brazos y su pecho casi al desnudo por culpa de sus ropas. Era hermoso como nadie que Alec hubiera visto antes.
Magnus debió notar la intensa mirada de Alec sobre él porque levantó una ceja en su dirección.
-¿Y dices que lo quieres?- Preguntó. Alec no sabía que tanto había extrañado esa voz hasta que la escuchó, fue como música para sus oídos.
- Al rubio- Aclaró una de las sirenas. Magnus dejó de mirar a Alec y dirigió su mirada a Jace, quien los observaba con la barbilla en alto como si fuera un rey en el lugar equivocado. Magnus giró un poco el rostro y sonrió. Alec se abstuvo de soltar un suspiro al verlo.
- Sí, es lindo, aunque me parece más guapo el de ojos verdes- Entonces Alec despertó de su ensoñación y parpadeó confundido. Algo no estaba bien.
-¿Magnus?- El brujo lo miró inmediatamente.
-¿Cómo sabes mi nombre?- El terror empezó a esparcirse en el pecho de Alec. Aquello era imposible.
- Soy Alec- Magnus lo miró confundido.
- Te pediría que felicites a tus padres por la creatividad pero dudo que tengas oportunidad de hacerlo- Comentó. Después miró a Lena- ¿Viniste antes y le hablaste de mí?-
-Sí, lo hice- Contestó Lena con una sonrisa triunfal. Alec miró a sus hermanos, quienes observaban la escena confundidos. Alec sabía que todo lo que había vivido no lo había imaginado, debía haber otra explicación- Toma al chico que quieras y vámonos- Urgió Lena. Una de las dos sirenas se acercó y abrió la celda de Jace.
-Aléjate- Advirtió el rubio caminando hacia la esquina de la celda y pegándose a los barrotes como si quisiera desaparecer en medio de ellos.
- Y tú- Lena le habló a la otra sirena- Mata a estos dos-
-¿Matarlos?- Preguntó Magnus sorprendido y los miró- Pero son tan hermosos…- Lena lo miró duramente.
-No lo son-
-¡Claro que sí! Ella parece una diosa y él un ángel, no puedes matarlos, sería un desperdicio- Alec se sintió un poco orgulloso, a pesar de todo Magnus aún tenía corazón. La sirena que había entrado a la celda de Jace volvió junto a su reina sosteniendo fuertemente al rubio.
-¡Suéltame!- Exigió Jace, pero todos parecieron ignorarlo olímpicamente.
-Por favor, no los mates- Pidió el brujo. Lena lo miró y poco a poco le empezó a sonreír dulcemente.
- ¿Cómo negarle algo a mi esposo?- Preguntó y se acercó para besarlo, beso que Magnus correspondió gustoso. Alec sintió un horrible pinchazo en el pecho.
-¡Consíganse un cuarto!- Gritó Isabelle aparentemente molesta. Magnus la miró divertido.
-Que gran idea- Comentó y se giró junto con Lena. Alec los vio alejarse y sintió que su corazón se marchitaba. No, no podía permitirlo.
- ¡No!- Gritó y agarró los barrotes- ¡Magnus, soy Alec! ¡Por favor, lucha por recordar!- Magnus se giró y lo miró desinteresado.
-Mi memoria es impecable, gracias-
-¡No te estás esforzando!-
-¡No hay nada que tenga que recordar!- Lena entrecerró los ojos hacia Alec, advirtiéndole que dejara de hablar.
- ¡Si lo hay! ¡A mí!- Sonaba desesperado y lo sabía, pero no le importaba que los demás allí lo escucharan.
- Es la primera vez que te veo- Aseguró- Créeme, te recordaría- Agregó. Lena a su lado le apretó el brazo.
-Magnus…- Empezó.
-¡Si me conoces! ¡Nos conocemos!- Magnus seguía mirándolo confundido- ¡Eres Magnus Bane! ¡Un brujo condenado a la hoguera! ¡Pasaste mucho tiempo como prisionero antes de llegar a esta isla y prometerte a ella! ¡Mérida, una de las sirenas, murió quemada, de la misma forma que creíste que tu ibas a morir!- Magnus abrió los ojos sorprendido. Alec deseó que le creyera, todo el viaje no iba a ser para que al encontrar a Magnus este lo tratara como un desconocido- Tu marca de brujo son ojos de gato- Agregó débilmente. El brujo frunció el ceño y en un par de zancadas llegó hasta él.
-¿Quién te dijo todo eso?- Exigió saber.
-Tu- Respondió en un murmuro.
-Yo no digo esas cosas a desconocidos-
-¡No soy un desconocido!- Lena llegó hasta ellos y volvió a tomar a Magnus del brazo.
-He sido yo, ya déjalo Magnus, seguramente el agua salada lo enloqueció- Isabelle gruñó, y Alec pensó en que si ella no estuviera encerrada seguramente se hubiera lanzado encima de la reina para defender el honor de su hermano. Magnus miró a Alec fijamente, como si estuviera tratando de descifrarlo, y Alec solo le mantuvo la mirada esperando con todas sus fuerzas Magnus lo recordara.
-Déjame curarlo de la locura- Pidió el brujo finalmente. Alec inhaló, no funcionó, Magnus no sabía quién era- Lo último que quiero es que un prisionero crea que somos amigos-
- No- Contestó Lena firmemente y giró a Magnus- Te conozco, si lo curas no soportarás después verlo muerto- Alec vio la duda en los ojos de Magnus.
-Tienes razón- Concedió a la reina- Mejor vámonos- Lena le sonrió y lo tomó del brazo. Cuando pasaron junto a la sirena que agarraba a Jace, éste los miró curioso.
-Magnus Bane…- Comentó. Alec deseó mentalmente que guardara silencio- He querido conocerte desde hace mucho, admito que dudé de tu existencia- Magnus lo miró.
-Yo no sabía de la tuya hasta ahora, estamos a mano-
- Eres famoso entre los caballeros de Inglaterra…- Continuó el rubio. Alec estaba seguro que si hubiera tenido algo a la mano, como una piedra, se la hubiera arrojado a su hermano. La mirada de Magnus se oscureció.
-Yo me encargaré de él, señor- Habló la sirena. Magnus asintió hacia ella y después se internó en la selva junto a la reina. Después las dos sirenas lo siguieron agarrando a un Jace protestante. Una vez que sabían que ya no podían escucharlos Isabelle se dejó caer al suelo.
-¿Y ahora qué?- Preguntó. Alec sonrió.
-Tengo una idea ¿Aún tienes la espada, verdad? Necesito que abras tu celda-
Ya había caído la noche. Isabelle había salido de su celda horas antes y había hecho su mejor esfuerzo construyendo una balsa para salir de la isla. Alec salió en la oscuridad y llegó hasta los manantiales tratando de hacer el menor ruido posible, estos seguían siendo como los recordaba así que no tuvo problemas en hallar los aposentos de las sirenas y buscar en uno por uno hasta hallar al que tenía dos cuerpos durmientes: Una sirena y su hermano.
-Jace- Susurró moviéndolo- Despierta- El rubio despertó atontado.
-¿Amor?- Murmuró como un idiota, después enfocó a Alec y volvió a actuar normalmente- Al fin, estaba empezando a dudar de su capacidad para abrir una simple celda- Alec estaba sorprendido.
- No lo entiendo… ¿Por qué no actúas como un idiota enamorado? Las sirenas tienen ese efecto en los humanos que las escuchan por primera vez- Jace rodó los ojos, se puso de pie y salió de los aposentos.
- Me amo demasiado como para llegar a amar a alguien más- Contestó encogiéndose de hombros- Hacerse el idiota con ella me sirvió para enterarme de algunas cosas interesantes que después te contaré ¿Ya tienes a tu brujo?- Alec frunció el ceño.
-No es mío- Resaltó- Y no, aún no-
-¿Que estas esperando? ¿Que él venga a buscarte?- Preguntó sarcástico. Alec le sonrió.
-Eso es exactamente lo que espero-
Alec estaba acostado en el suelo de su celda cuando escuchó pasos y levantó un poco la mirada para encontrarse a Magnus saliendo de la selva y dirigiéndose a su celda. Sonrió, las cosas sucedieron como él creyó que sucederían: Tal como la primera vez el corazón de Magnus había superado la forma en la que las sirenas intentaban moldearlo, y de nuevo, en la noche, había salido a hurtadillas solo para curarlo.
Magnus llegó junto a los barrotes, estiró sus manos frente a él y pronto éstos empezaron a difuminarse como si fueran de humo, dándole la oportunidad a él de entrar.
-No creas que después de esto no soportaré verte morir- Advirtió Magnus al verlo observándolo. Alec sabía que estaba mintiendo, ya lo conocía- Solo que no me parece justo que pases tus últimos días viviendo en medio de la locura. Ahora no vayas a moverte- Alec asintió y se sentó en silencio. Magnus levantó sus manos y estuvo a punto de chasquear sus dedos cuando Jace e Isabelle cayeron del techo sobre él, amordazándole la boca y luego amarrándole las manos y las piernas, todo en cuestión de milisegundos. Alec les frunció el ceño.
-Al menos hubieran intentado ser más delicados- Ellos se apartaron de Magnus, quien empezó a revolverse en el suelo y a ahogar sonidos extraños con la tela en su boca.
- Fui tan delicado como lo permite caer de cuatro metros de altura- Repuso Jace mirando dudoso a Magnus- ¿Y si se suelta?- Alec siguió su mirada. El brujo no dejaba de revolverse, solo que ahora los observaba frunciendo el ceño y lanzando odio por los ojos.
- No pasará- Aseguró Isabelle- Vengan, vámonos antes de que alguien note que falta su rey- Ella, al escucharse a sí misma, sonrió- Estamos secuestrando a un rey... ¡Esto es tan emocionante! Alec, recuérdame empezar a salir más contigo y menos con el egocéntrico de Jace- Magnus balbuceó algo, al parecer dirigido a Jace ya que lo miraba a él.
-¿Creen que me está apoyando?- Preguntó Isabelle. El brujo ahora la miró a ella frunciendo el ceño y volvió a balbucear algo- ¿Ahora creen que está diciendo que ama mi cabello?-
- Solo salgamos de esta isla- Urgió Alec. Por último Magnus lo miró a él con desprecio. Alec supuso que, para el brujo, lo estaba traicionando a pesar de haberlo intentado curar- No me mires así- Pidió.
-¿Quieres que le vendemos los ojos?- Intervino Jace.
-¡No!- Alec miró a sus hermanos- Él no es nuestro prisionero, lo estamos intentado salvar de una vida que no es buena para él, solo que él no lo sabe- Miró a Magnus aún en el suelo- Me quedaría y trataría de convencerlo como la última vez si eso lograra evitar llegar a estos extremos, pero antes tardé semanas, y ahora no tenemos tiempo-
-Sin mencionar que está casado- Agregó Jace- Lo que te quita la opción de cierto poder de convencimiento, tú ya me entiendes-
-Eso no pudo haber sido una boda de verdad- Habló Alec- Mejor vámonos. ¿Isabelle…?-
-Está por aquí- Dijo ella saliendo de la celda- Esperemos que todas esas ridículas clases de costura y bordados hayan servido para algo-
Alec, Jace, Isabelle y Magnus se encontraban sobre la improvisada balsa que había construido la chica. No era muy fuerte pero Alec confiaba en que al menos resistiría el tiempo que tuviera que pasar para encontrar alguno de los dos barcos perdidos.
-¿Creen que ya notaron su ausencia?- Preguntó Isabelle mirando a Magnus quien estaba acostado aún amarrado pero ya no forcejeaba, ahora solo los miraba duramente.
- Lo dudo- Respondió Alec evitando mirar a Magnus. Sentía como si le clavaran un cuchillo en el pecho cada vez que lo veía mirándolo así- O de lo contrario ya estaríamos rodeados-
- O muertos- Agregó Jace mirando a todos lados. La oscuridad hacía difícil distinguir bien las formas, y no necesitaban estrellarse con ninguna nave solo por no haberla visto a tiempo.
- Pues déjenme felicitar al sueño de la reina- Repuso Isabelle- Es increíble que estuviera tan profundamente dormida como para no notar la ausencia del hombre con el que duerme- Magnus entrecerró los ojos en su dirección.
- Supongo que debemos agradecerle al hombre selva por eso- Comentó Jace- Tuvo que haber hecho un excelente trabajo agotándola- Alec frunció el ceño en su dirección- O tal vez ella simplemente estaba cansada por hacer, ya sabes, cosas de reinas- Agregó el rubio. Magnus rodó los ojos.
- Como sea- Dijo Alec- ¿Qué información le sacaste a la sirena?- Jace se giró completamente hacia sus hermanos luciendo ansioso.
- Magnus puede llamarlas- Dijo- Me refiero a que puede invocarlas- Magnus, al escuchar eso, empezó a balbucear cosas molesto.
- La enseñanza aquí es que no debemos soltarlo- Comentó Isabelle- ¿Algo más?-
- Su boda consistió en hacer una herida en sus manos y luego unir su sangre bajo la luz de la luna-
- Sorprendente- Replicó Alec desinteresado. Jace lo miró.
-Lo interesante aquí es que fue la primera vez que su reina cantó. El canto de ella es diferente al de las demás sirenas, es más hermoso-
- Sorprendente- Repitió Alec. Jace rodó los ojos.
- La voz de las sirenas no tienen efectos en los brujos- Explicó él- El de una reina sí, en una boda-
-¿Estás diciendo que Magnus está hechizado por la voz de la reina?- Preguntó Isabelle. Magnus dejó de fruncir el ceño.
- Exacto- Dijo Jace- Supongo que actuar como idiota no va con su estilo, pero sí, desde su boda está hechizado. Y seguramente por eso ya no recuerda a Alec, tenía que lograr olvidarlo para que el hechizo de Lena funcionara, no puedes querer tanto a dos personas a la vez- Alec miró a Magnus, quien los miraba confundido. Caminó hacia él y se arrodilló a su lado.
-¿Lo ves?- Le dijo- Debes luchar contra ese hechizo. Confía en nosotros- Magnus le devolvió la mirada pero no hizo ademán de balbucear algo.
-Cuidado Alec- Advirtió Jace- No vayas a soltarlo-
- No me gusta verlo así- Replicó él.
- Es preferible que vernos a nosotros mismos bajo el ataque de sus amigas las maniáticas-
-¡Chicos!- Llamó Isabelle haciendo que ambos se giraran a verla- Miren allá- Ellos le hicieron caso y pudieron reconocer el contorno de un barco acercándose.
-No me importa lo que diga- Decía Jace- Usted y sus hombres son unos idiotas-
- Ya le expliqué, señor- Ese era el capitán del barco- Todo fue por estrategia- Alec los observó discutir recostado en el marco de la puerta que también daba a las celdas. Cada pocos minutos giraba la cabeza hacia abajo pero no lograba ver a Magnus quién, por orden del capitán, estaba amordazado y encerrado.
- ¿Y qué hay del joven allá abajo?- Replicó Jace- ¿También es parte de su estrategia mantenerlo encerrado?-
- A ese joven no lo conocemos y no sabemos si podemos confiar en él- Jace bufó.
- Huyen de una batalla y encierran a los invitados… Para mí esa es una perfecta descripción de lo que hacen los idiotas-
- Ya le dije que nos fuimos por cuestión de estrategia- Insistió el capitán- Y usted me dijo que no le soltara la mordaza a ese hombre-
- Pero no le dije que lo encerrara-
-¿Planeaba dejarlo por ahí tirado en el suelo?- Preguntó el capitán. Alec suspiró y se giró para bajar a ver a Magnus. El brujo estaba sentado en el suelo de la celda mirando inexpresivo al frente con los brazos y piernas amarrados, y con una tela cubriéndole la boca.
-Magnus- Llamó Alec suavemente. Magnus guió sus ojos hacia él- Perdóname, no se supone que las cosas salieran así, contigo ahí dentro- Magnus siguió viéndolo inexpresivo- Quisiera sacarte, quisiera soltarte y tener la certeza de que sabes quién soy y confiarás en mí, pero tengo miedo de enfrentarme al hecho de que tal vez ya te perdí para siempre- Alec apoyó su cabeza en los barrotes- Nunca dejé de pensar en ti, ni un solo día, y cada vez que lo hacía me imaginaba diferentes historias para ti. Ninguna de ellas fue acerca de que tú me olvidarías, creo que me gustaba creer que yo invadía tus pensamientos así como tú invadías los míos. Ahora me pregunto ¿Cuánto tiempo duró eso? ¿Siquiera pasó?- Alec separó su cabeza y lo miró- ¿Pudiste pensar en mí antes de tu boda? ¿O te casaste al instante de que me arrojaras por ese portal? - Magnus seguía mirándolo inexpresivo- ¿Acaso todo este tiempo, de los dos, yo era el único que pensaba en ti?-
-¡Alec!- Isabelle lo llamaba en cubierta. Alec miró hacia las escaleras y suspiró.
-Después volveré- Le informó y empezó a caminar.
Cuando cruzó la puerta se encontró con Isabelle, quien lo miró sorprendida y luego a las celdas.
-¿Estabas con Magnus?- Preguntó- ¿Lo soltaste?-
-No- Respondió Alec- Si estaba con él, pero no lo soltaré- Ella lo miró triste.
-Entiendo que esto te duele- Comentó- Ojalá hubiera algún modo de revertir... ¡Un beso!- Soltó con una sonrisa. Alec la miró sorprendido.
-¿Qué?-
-Debes besarlo, tal vez así rompas el hechizo-
- Eres muy cursi- Comentó Jace acercándose- Yo propongo buscar a otro brujo y llevarlo con él-
-¿Y dónde lo buscarás?- Replicó Isabelle- Todos están escondiéndose. Mi idea del beso es más práctica-
-Y ridícula- Agregó Jace. Alec miró a sus dos hermanos.
-Sé que intentan ayudar, pero no creo que…-
-¿Entonces te quedarás sin hacer nada?- Preguntó Isabelle. Alec cerró la boca- Jace y yo coincidimos en una cosa, y es en que algo debemos hacer-
-Las sirenas no tardarán en encontrarnos- Dijo Jace- Necesitamos tener al menos la magia de un brujo de nuestro lado- Alec frunció el ceño.
-¿Es su única razón, Jace?- Preguntó Isabelle.
- Y, obviamente, también es importante romper el hechizo por su bien- Agregó el rubio. Alec asintió. Los hombres en la cubierta caminaban de un lado al otro siguiendo órdenes, y lanzaban miradas curiosas a los hijos del dueño de los tres barcos que habían emprendido la búsqueda. Alec, Jace e Isabelle estaban acostumbrados a esas miradas y eran muy buenos ignorándolas- ¿Y?- Cuestionó Jace. Alec lanzó una mirada hacia las celdas.
-Supongo que podría intentar besarlo- Isabelle dio un gritito de alegría, mientras que Jace bufó.
Esa noche los tres hermanos Lightwood bajaron a la celda. Magnus tenía su cabeza recostada contra la pared y con los ojos cerrados, pero el ruido lo hizo despertar y mirar adormilado a su alrededor.
- Insisto en que esto no va a funcionar- Dijo Jace abriendo la celda y entrando.
- Cállate, no estaríamos perdiendo nada- Isabelle entró detrás de su hermano.
-¿Me repiten porque deben estar presentes ustedes dos?- Preguntó Alec entrando de últimas. Magnus los observaba curioso desde el suelo.
-Porque fue mi idea-
-Porque quiero ser el primero en decirle a Isabelle que su absurdo plan no funcionó- Alec rodó los ojos y miró a Magnus. El brujo lucía tan vulnerable ahí amarrado, como si su única arma contra el mundo fueran sus ojos. Alec odiaba verlo así, y estaba seguro de que intentaría todo lo necesario para romper el hechizo, incluso si eso incluía besarlo frente a sus dos hermanos.
Se arrodilló junto a él y continuó observándolo. No quería perderse ni un solo detalle, cuando Magnus lograra reconocerlo vería el cambio en sus ojos, en su boca, en su postura… quería verlo y guardar ese recuerdo como uno de los más felices. Levantó una mano y tomó la mejilla de Magnus con ella. El brujo seguía viéndolo inexpresivo, y Alec no sabía si ya sospechaba lo que iba a ocurrir.
Se acercó lentamente sin dejar de verlo, y su corazón se aceleró al notar que él no se alejó, de hecho no se movió, pero para Alec era más importante el hecho de que no se hubiera alejado al verlo acercarse porque eso significaría que Magnus sabía que Alec lo iba a besar y no iba a evitarlo. El brujo dejaría al chico besarlo, y este realmente quería hacerlo.
Finalmente unió sus labios y usó su mano en la mejilla de Magnus para mantenerlo cerca. Los labios del brujo eran más pequeños y delgados que los de Alec, todo en él parecía ser delicado, suave y perfecto. Alec se sintió en el cielo al volver a tocar esa boca, y no se dio por vencido incluso cuando Magnus no le correspondió, sino que siguió succionando y probando, y hubiera seguido así por una eternidad, pero recordó que sus hermanos lo estaban viendo y se alejó terminando el beso.
Magnus tenía los ojos cerrados. Alec esperó pacientemente hasta que él brujos los abriera y cuando lo hizo miró directamente a Alec con una sonrisa en sus labios.
-¿Alec?- Preguntó- ¡Eres tú!- Alec le devolvió la sonrisa e Isabelle bailó dichosa.
-¡Te lo dije!- Celebró y empezó a soltar las piernas de Magnus. Jace se acercó para soltarle las manos.
- Mi idea seguro que también hubiera funcionado- Repuso. Una vez que Magnus estuvo liberado empezó a masajearse las muñecas mientras Alec lo ayudaba a ponerse de pie.
-¿Estás bien?- Le preguntó. Magnus lo miró confundido.
-Es que no lo entiendo- El brujo miró su muñeca donde seguramente había tenido el corte en su boda- ¿Cómo es que no sentía estar hechizado?- Levantó la cabeza y lo miró- ¿Sabes qué? A lo mejor nunca lo estuve- Dijo con voz dura. Unió sus manos frente a él y cerró los ojos- Hermanas, vengan por mi- Alec sintió que el aire dejaba sus pulmones.
-¿Qué?- Preguntó Isabelle, pero fue callada por el ruido de un relámpago. Jace miró hacia las escaleras.
-¿De nuevo?- Dijo perezosamente. Pronto empezaron los gritos en cubierta y el barco empezó a mecerse.
-Alec, tenemos que ir arriba- Urgió Isabelle mirando asustada el suelo de la celda sabiendo que eventualmente las sirenas empezarían a romperlo y luchar por entrar por ahí. Pero Alec seguía mirando a Magnus con los ojos abiertos.
- ¡¿Qué fue lo que hiciste?!-
-Se llama auto rescate- Respondió Magnus entrecerrando sus ojos hacia él.
-¡Me engañaste!- El chico lucía enojado y herido- ¡No nos engañamos entre nosotros!-
- Ni siquiera te conozco- Replicó Magnus enojado- Solo eres un chico que cree cosas que no son, todo es producto del sol o el agua salada, y después de secuestrarme y encerrarme aquí ya no tengo el mínimo interés en salvarte-
-Alec- Advirtió Jace mirando a los lados. La madera estaba empezando a crujir, como si alguien desde afuera hiciera presión. Alec ignoraba todo lo que sucedía a su alrededor, solo podía mirar a Magnus y sentir como poco a poco su corazón se rompía.
-¡Si me conoces! ¡Te puedo recitar de memoria cada palabra de lo que hemos hablado desde que nos conocimos! ¡Te puedo decir cosas sobre ti que sé que nadie más sabe!-
-¡Alec!- Gritó Isabelle. Alec se giró de golpe y vio a Lena romper una parte del suelo luchando por entrar. Magnus, al verla, sonrió.
-Mi reina- Murmuró. Lena los miró y frunció el ceño hacia Alec.
-Aléjate de él- Advirtió refiriéndose al brujo. El agua empezó a filtrarse, en pocos momentos el barco se hundiría. Alec notó con horror como Magnus parecía hacer ademán de correr hacia Lena, así que hizo lo único que se le ocurrió hacer: Tomó una botella del suelo y la rompió en la cabeza de Magnus haciendo que éste cayera desmayado sobre el pequeño charco de agua salada que ya se había formado en el suelo.
-¡Alec!- Gritaron Jace e Isabelle sorprendidos.
-¡MALDITO!- Exclamó Lena y multiplicó sus esfuerzos para lograr entrar- PAGARÁS POR LASTIMARLO-
-Tu no lo amas- Le dijo Alec firmemente- Lo consideras un adorno, un bonito objeto de tu propiedad, él venía en las noches a mí cuando buscaba alejarse de ti, cuando quería sentirse bien siendo quien es y no tu prometido- Alec estaba enojado. Magnus lo había engañado y había puesto en peligro a todo el barco. También odiaba el hecho de que su beso no funcionara, y odiaba que, a pesar de todo, Magnus aún pareció querer elegirla a ella, a la persona que terminaría cambiándolo y convirtiéndolo en algo horrible.
Lena lanzó su cabeza hacia atrás y cuando volvió a mirarlo sus ojos verdes reflejaban odio, poco a poco se fue transformando mientras lanzaba chillidos como si fuera un animal enjaulado, y siguió intentando entrar haciendo el agujero más grande y por lo tanto hundiendo más el barco.
-Gracias por hacerla enojar- Repuso Jace y salió de la celda- ¡Vamos!- Isabelle lo siguió. Alec tomó a Magnus, agradeciendo mentalmente ser más alto y fuerte que él, y también siguió a su hermano.
En la cubierta muchos hombres corrían despavoridos gritando por ayuda, varias sirenas ya habían logrado subir y destrozaban todo lo que tuvieran al alcance de su boca.
-¡Abandonen la nave!- Gritó el capitán dirigiéndose a los botes. Jace lanzó una maldición al cielo antes de dirigirse al hombre. -¿No puede ser más idiota?- Preguntó- ¡Allá abajo seremos presa fácil! Eso de "abandonen la nave" sólo funciona cuando somos atacados por otro bando que quiere el barco ¡No es efectivo si el riesgo es que nos coman!-
-Señor, se nos acaban las opciones- Dijo el hombre justificándose- El barco se va a hundir. Sólo nos queda esperar el rescate de la tercera nave-
-Y mientras que nos coman- Repuso Jace. Los demás hombres no habían avanzado hacia los botes, al parecer todos esperaban la respuesta del rubio.
-Jace…- Advirtió Isabelle. Él soltó un sonido exasperado.
-¡Bien! ¡Guacamayos inútiles, abandonen la nave, todos a los botes! -Los hombres empezaron a correr- ¡Muévanse! ¡Mujeres y niños primero! ¡Después hombres selva! ¡Y luego el resto de nosotros!- Isabelle frunció el ceño.
-No hay niños-Hizo notar- Y soy la única chica, no iré primero así que cierra la boca- Jace rodó los ojos y se giró hacia Alec.
-¿Qué hay de ti? -Preguntó- ¿Tú si seguirás mis órdenes?-
- No soy niño ni chica- Respondió Alec. Jace rodó los ojos.
-Me refería a sí pondrás a Magnus en un bote, después de todo este viaje fue por él y sería muy ridículo que terminara muerto- Alec se estremeció.
- Sí- Respondió y se iba a dirigir a los botes cuando un hombre se le paró al frente.
-No lo creo- Respondió el capitán acercándose. Miró a los hombres que de un momento a otro habían rodeado a los chicos y asintió - Agárrenlos con fuerza-
-¡Los buscaré y los rebanare en pedacitos!- Prometía Isabelle furiosa. El capitán y algunos hombres los habían arrastrado a un bote y los había soltado en el mar, según él debía proteger a los hijos del duque- ¡Nadie me dice donde debo estar!- Alec miró a Isabelle, ella estaba de pie gritando hacia el barco que poco a poco se alejaba haciendo que el infierno por el que deberían estar pasando los hombre allí no se notara- ¡Me las pagarás, haré que no te vuelvan a contratar como capitán!- Jace estaba sentado en el bote con el ceño fruncido. Era claro que quería acción y se la habían arrebatado. Alec estaba sentado junto al cuerpo desmayado de Magnus mientras rogaba porque su golpe no le hubiera hecho mucho daño, el brujo no había dicho nada ni se había movido desde hacía varios minutos - ¡Guardaré tu cabeza como trofeo!-
-Isabelle, guarda la compostura como una dama - Pidió Jace impaciente- ¡Estúpido bote! ¿Por qué no tiene remos?- La chica suspiró y se sentó.
- Si sobrevivimos a esto recuérdame decirle a papá que te nombre capitán, Jace- Habló ella- Al menos tu no me hubieras dejado a la deriva en un bote- Alec escuchó un chapoteo y dirigió su mirada al agua, pero debió haberlo imaginado ya que no había nada.
-Lo que nos faltaba- Se quejó Jace. Alec siguió su mirada y supo de qué hablaba: El cielo estaba completamente oscuro, y pequeñas y frías gotas de lluvia empezaron a caer. El viento se hacía cada vez más fuerte provocando que ellos tuvieran que entrecerrar los ojos para ver y que se balancearan con violencia. A Alec no le agradaba cuando el clima se ponía así.
-¡Magnus!- Escucharon que alguien gritó. Se giraron de golpe y vieron a una sirena castaña agarrada al bote. Jace gritó.
-¡TÚ!- Exclamó el rubio hundiéndose en su asiento, Alec reconoció a la chica como la sirena que había elegido a Jace en la isla. Ella sonrió y poco a poco se transformó.
- Yo- Respondió y empezó a destruir la madera de la nave. Los chicos trataron de mantener el equilibrio y permanecer derechos, pero el bote se sacudió tanto que terminaron cayendo al mar en medio de olas en el agua.
Alec tragó agua salada, pero antes de salir a la superficie a respirar miró a su alrededor hasta dar con el cuerpo de Magnus que se estaba hundiendo. Sin pensarlo dos veces nadó hasta él y trató de tomarle la mano estirándose lo que más podía e ignorando el dolor en su pecho por la falta de aire. Finalmente lo logró tomar pero no llegar a la superficie y, aferrado a la mano del brujo, se dejó consumir por la oscuridad.
Expulsó el agua en sus pulmones y, una vez que estaba recompuesto, abrió los ojos. Era de día y estaba acostado en la playa de una isla tan pequeña que hasta podía ver el mar del otro lado. Se puso de pie y miró a su alrededor, en la arena también había algunos trozos de madera, pero no veía a nadie más.
-¡Jace!- Gritó- ¡Isabelle! ¡Magnus!- El único sonido que le respondió fueron las olas del mar. El terror lo invadió ¿Qué haría ahora? ¿Cómo saldría de ahí?
Se giró con la intención de internarse entre las pocas palmeras de la isla buscando algo de sombra cuando dio un grito ahogado al ver a alguien saliendo de ahí.
Era Magnus.
Al parecer su capa se le había caído en algún momento, estaba despeinado, lleno de arena y se veía aturdido, pero aparte de eso no parecía que estuviera herido.
-Magnus- Llamó Alec aliviado. El brujo lo enfocó y cuando lo hizo entrecerró sus ojos en su dirección. Alec dio un paso hacia atrás al ver como el brujo sacudió sus manos y estas se encendieron en fuego azul.
- Me las pagarás- Decía con voz amenazadora mientras se acercaba a Alec a grandes pasos.
- Magnus…- Alec tenía las manos frente a él mientras seguía retrocediendo tan rápido como podía- Debes intentar recordarme…-
-¡Nunca en mi vida te había visto!- Replicó el brujo molesto y lanzó una bola de fuego azul que Alec esquivó agachándose- Estas destruyendo mi vida- Alec se irguió y continuó retrocediendo.
- Solo intento salvarte-
- No necesito que nadie me salve de nada- Replicó Magnus- Me secuestraste, me acostaste en un bote, tu gente me encerró en una celda, estrellaste una botella en mi cabeza, casi me ahogo y ahora estoy en una isla contigo. Creo que será mejor que alguien intente salvarte a ti- Alec miró a los lados con urgencia. Podía correr hacia el mar, hundirse y seguramente morir en minutos. O podría tratar de internarse entre las palmeras y ganar algo de tiempo. Estaba maquinando esa idea cuando volvió su vista a Magnus y esquivó justo a tiempo otra bola de fuego.
-Espera…- Alec tropezó con algo en la playa y cayó de espaldas sobre la arena haciendo levantar una nube de polvo. Magnus lo observó, después dirigió su mirada a un lado y lanzó una bola de fuego en esa dirección. Alec miró: El fuego le había dado al tallo de una palmera, y ahora ésta había perdido la firmeza y estaba cayendo justo sobre él. Abrió los ojos con miedo y antes de pensar en algo rápido y reaccionar Magnus se lanzó sobre él alejándolo de ahí y haciendo que la palmera cayera sobre la arena en un golpe sordo.
Ambos dieron algunas vueltas en la arena levantando nubes blancas y naranjas, entonces empezaron a detenerse y terminaron con la espalda de Alec pegada a la playa y Magnus sobre él. El brujo tosió un poco antes de mirar a la palmera caída, se veía confundido, como si no supiera porque había hecho eso, pero Alec si lo sabía y una sonrisa se dibujó en sus labios. Enterró sus dedos en el enmarañado cabello de Magnus y de nuevo lo acercó para besarlo, y casi se ríe de la felicidad cuando unos momentos después Magnus también empezó a mover sus labios. Le estaba respondiendo.
La inseguridad del brujo empezó a pasar y con firmeza tomó el rostro de Alec entre sus manos usando su pulgar para acariciar el pómulo del chico. Ahora ambas bocas se movían en sincronía, expresándose con caricias lo mucho que se habían extrañado y necesitado en el tiempo que duraron alejadas.
Alec se separó lentamente y lo miró, los rayos del sol le hacían entrecerrar los ojos, pero también hacían brillar la piel de Magnus.
- Alec- Dijo Magnus sonriendo pero después frunció el ceño- ¿En qué demonios estabas pensando al regresar? Parece que mis esfuerzos por salvarte nunca valen la pena- Alec le sonrió.
- Me alejaste cuando te dije claramente que no me iría si tú te quedabas aquí, debiste suponer que no me quedaría sin hacer algo- Magnus sonrió de nuevo y usó su mano para palpar un poco su cabeza. Alec rió nervioso- Perdón por el golpe-
-Perdón por intentar matarte- Dijo Magnus mirando de nuevo hacia la palmera. Después se giró para quitarse de encima de Alec y se puso de pie- No puedo creerlo… es como si acabara de despertar. No estuviste en la isla en todo este tiempo, me casé, estuve hechizado, llamé a esas sirenas cuando estaba en tu barco…. Tus hermanos deben odiarme- Concluyó. Alec también se puso de pie.
- No podrán odiarte si no los encontramos antes- Magnus asintió y miró hacia el mar pensativo.
-Naomi quería a Jace, es muy probable que hubiera intentado recuperarlo cuando atacaron el barco-
- Y Jace debe estar con Isabelle-
- Deben estar en la isla- Magnus giró en redondo mirando a su alrededor, seguramente buscando un lugar para crear el portal- Cuando haga el portal yo te guiaré-
-De acuerdo- Respondió Alec de brazos cruzados. Magnus debió notar algo en su voz porque lo miró- ¿Sabes cuantas veces me dijiste que yo era un desconocido?- Magnus suspiró.
-Sí- Respondió- Las recuerdo. Lo lamento- Alec cerró la distancia que había entre ellos y tomándolo de los codos volvió a besarlo.
Besar a Magnus era como sentir el cielo en su propia boca, le daba seguridad, lo hacía más fuerte. No quería volver a pasar horas tratando de recordar el sabor exacto de su boca, no quería extrañarlo de nuevo.
-Júrame que no volverás a lanzarme a un portal- Pidió- No importa que tan peligrosa sea la situación en la que nos encontremos- Magnus usó una mano para acomodar uno de los mechones negros de Alec.
-Lo juro- Y ambos sellaron el juramento con un abrazo. Podrían estar quemándose por el sol, la arena podría picarles la piel, el viento del mar podría azotarlos con fuerza y hacerlos mecerse, pero eso no tenía más importancia que sentir la cercanía del otro. Un momento después Magnus se separó y dejó un beso en la barbilla de Alec -Vamos- Susurró y se apartó del todo. Alec observó como el brujo lanzaba sus manos hacia adelante y creaba un portal mucho más brillante y estable que el anterior. Una vez que estuvo hecho extendió su mano hacia Alec para que éste la tomara. El chico así lo hizo y juntos atravesaron el portal.
Ambos cayeron sobre los aposentos de Lena. Alec se levantó aturdido y miró alrededor.
- ¿Tenía que ser aquí?- Magnus tomó una nueva capa y la abrochó sobre su pecho.
- Es el único lugar en el que tendría la certeza de que no había nadie- Respondió. Se sacudió el cabello para limpiarlo un poco de la arena y, cuando tuvo una apariencia más presentable, corrió la cortina de flores y miró alrededor- ¿Hola?- Pero no hubo respuesta- Maldición-
-¿Qué pasa?-
-Las sirenas no han regresado del mar. Deben estar buscándome-
-Mis hermanos…-
-Seguramente los tienen con ellas en alguna parte- Magnus salió de los aposentos seguido de Alec. Ambos llegaron hasta los calabozos y comprobaron que efectivamente estos estaban vacíos.
-¿Y ahora qué?- Preguntó Magnus mirando alrededor- Supongo que es mucho pedir que tuvieras algún objeto de tus hermanos para rastrearlos…- Alec se le quedó viendo mientras señalaba su desastre de ropa- Eso pensé- El chico miró hacia el mar, sus hermanos estaban en alguna parte con las sirenas y no había modo de saber en dónde o de ir por ellos. Lo más probable es que ellas no se rindieran tan fáciles al tratar de encontrar a Magnus.
-Tengo una idea, debes invocarlas- Magnus abrió los ojos.
- ¿Quieres que llame a todo el reino justamente aquí?-
- Es la única forma- Magnus suspiró y se talló la cara- Magnus, no volveremos pasar por eso de nuevo, esta vez pase lo que pase estaremos juntos. Sé que será difícil lograr salir de aquí una vez que ellas vuelvan…-
-Será casi imposible- Señaló Magnus.
- Pero no me iré sin mis hermanos- Alec esperó pacientemente el tiempo que tardó Magnus en convencerse y, una vez que estuvo hecho, lo miró preocupado.
- Esta bien, pero ten cuidado. Yo me encargaré de las sirenas mientras tú liberas a tus hermanos, y cuando vean mi señal nos veremos en la playa-
Magnus se sentó en uno de los manantiales. Hacía un momento había invocado a las sirenas y sabía que ellas no tardarían mucho en regresar a la isla. Alec estaba en alguna parte escondido, esperando el momento en el que encerraran a sus hermanos en los calabozos para luego ir a liberarlos, confiando en que Magnus entretendría a las sirenas. Él sabía que hacer eso no era difícil, bastaba con invitarlas a jugar o hacer una fiesta, el verdadero problema estaba en si Lena empezaba a hacer preguntas. Él debía fingir que aún estaba bajo el hechizo.
Al escuchar varios pasos miró hacia la selva donde las sirenas empezaron a emerger una a una.
-¡Magnus!- Gritaron algunas al verlo. Magnus les sonrió y se puso de pie.
- Al fin llegan- Comentó. Lena se abrió paso entre sus hermanas y corrió hacia el brujo para abrir sus brazos y abrazarlo.
- Creí que te había perdido para siempre- Murmuró ella contra el pecho de él. Magnus la envolvió en sus brazos y acarició su cabello.
- Ese mundano me golpeó en la cabeza- Le explicó- Soy consciente de que trató de alejarme de aquí, y por ello es que ya tiene su merecido- Lena se separó y lo miró con ojos brillantes.
-¿Qué le hiciste?-
-Lo mismo que él me hizo a mí, aunque creo que exageré un poco-
-Y… ¿Todo salió bien? Me refiero a que si no dudaste o algo así- Magnus frunció el ceño.
-El me secuestró y casi me mata ¿Por qué iba a dudar?- Ella sonrió.
-Tienes razón, se lo tiene merecido- Magnus asintió y miró tras ella.
-¿Ningún prisionero? ¿Las llamé hacia ese barco para nada?-
- Solo tomamos un prisionero, nos llamaste para que te sacáramos de ahí- Especificó ella- Esto no era una toma, era un rescate. Nadie puede lastimarte - Él le sonrió.
- Creo que yo mismo encontré el camino a casa, y por ello propongo una fiesta-
-¡Si!- Gritaron emocionadas las sirenas que los rodeaban. Lena miró a sus hermanas y luego le sonrió traviesamente al brujo.
-Tengo una idea mejor- Ella le tomó una mano a él y empezó a guiarlo a través de los manantiales. Naomi emergió de entre las palmeras, Magnus supuso que la sirena volvía de haber encerrado al hermano de Alec- Organiza una fiesta, quiero escucharlas cantar- Le dijo la reina a lo que la chica asintió. Después ella continuó jalando a Magnus hasta terminar de atravesar los manantiales y escaló hacia sus aposentos.
-¿No nos quedaremos a la fiesta?- Le preguntó lastimosamente, aunque en realidad se gritaba internamente que no quería entrar ahí.
- Te prometo que esto te gustará más- Dijo ella y continuó jalándolo.
-Yo quiero la fiesta-
- Tendremos nuestra propia fiesta- Contestó la reina. Magnus miró a las sirenas que se habían reunido y empezaban a tararear suavemente para ambientarlos.
-Quiero tener la fiesta con todas las sirenas- Insistió.
-No necesitas a nadie más que a mí- Lena llegó hasta sus aposentos, corrió la cortina y empujó a Magnus al interior.
-Realmente no quiero hacer esto hoy- Continuó el brujo caminando hasta la pared de piedra y pegándose a ella buscando quedar lo más lejos de Lena pero sin levantar sospecha- Quiero que los dos bajemos y bailemos. Me muero por bailar- Lena le sonrió.
- Adelante, baila para mí- Magnus frunció el ceño.
- Sabes a lo que me refiero, no hay nada como los gratos aplausos de todas- La reina llegó hasta él y enredó sus dedos tras su cuello.
- Hoy casi te pierdo- Explicó- Y ese chico… realmente creí que podría perderte. Déjame comprobar que tu amor nunca estuvo en peligro- Ella cerró la distancia entre ellos y lo besó. Magnus, mientras ponía sus manos en la cintura de ella, se dijo mentalmente que no había notado antes el olor a algas que rodeaba a las sirenas.
Alec llegó corriendo a los calabozos y se ocultó tras una palmera para comprobar que no hubiera nadie. Después avanzó y buscó la celda de su hermano, Jace estaba empapado y caminaba de un lado al otro mientras parecía murmurar algo.
-Jace- Le susurró. El rubio se giró ante la mención de su nombre y al verlo dio un grito ahogado.
-¡Alec!- Corrió hacia los barrotes tal vez para comprobar que ver a Alec ahí no se trataba de una ilusión- ¿Esto es real o ya me volví loco?-
-Es real-
- ¡Que sea la última vez que me asustas de ese modo! - Ordenó molesto- Pudiste tener un poco más de consideración, y hablando de eso ¿¡Por qué tardaste tanto en venir a sacarme de aquí?!- Alec rodó los ojos y miró a las otras celdas.
-¿Donde esta Isabelle?- Alec miró a su hermano- ¿Jace?-
-No lo sé-
-¿Como que no lo sabes?-
- Después de lo del bote les perdí la pista a ustedes dos- Alec sintió una corriente helada atravesarle todo el cuerpo. No, su hermana debía estar bien- Alec, ella es una chica fuerte, seguramente debe estar en algún lado sana y salva- Alec asintió, por el momento no tenía más opciones que creer aquello.
- Tengo que sacarte de aquí rápido- Jace le sonrió.
-¿Cuál es la prisa?-
- Vi a Lena llevarse a Magnus a sus aposentos-
-¿Y? Es su esposo ¿No?- Alec frunció el ceño en su dirección.
-¿Tienes algo con lo que pueda abrir esta celda?- Jace se quitó algo que tenía amarrado a la cintura, se trataba de la espada de Isabelle. Alec la tomó y empezó a hacer palanca. Finalmente la puerta se abrió y Jace salió libre- El hechizo de Magnus se rompió- Le dijo a su hermano.
- ¿Debo asumir que eso es bueno?-
-Y esta de nuestro lado-
-Entonces eso es bueno. Digamos que construya un barco y nos saque de aquí- Alec quería replicar y explicarle a su hermano cómo funcionaba la magia, pero no tenía ni el tiempo ni la paciencia para ellos así que se conformó con asentir y girarse para empezar a correr hacia la selva.
-Iré por Magnus- Le dijo Alec, pero Jace empezó a correr junto a él.
-¿Cuál es el plan?-
-Magnus me dijo que esperara su señal, pero Lena cree que está hechizado y no quiero pensar en lo que podría hacerle si descubre la verdad-
-O si no lo hace- Agregó Jace sonriendo- Como sea, deberíamos hacerle caso al brujo y esperar la señal ¿Cuál será?- Jace se detuvo. Alec dejó de correr para poderle hablar a su hermano.
-No lo sé-
-¿Qué quieres decir?-
- Él solo me dijo que esperara su señal- Jace miró a Alec un momento más, tal vez esperando que fuera una broma, pero el silencio del chico le confirmó que no lo era, entonces el rubio suspiró exasperado y alzó sus manos al cielo.
-¡¿Cómo demonios sabes si no nos ha enviado la señal cuando ni siquiera sabes qué es?! Si a ese brujo le pasa algo entonces jamás saldremos de aquí- Alec frunció el ceño, obviamente si a Magnus le pasaba algo lo último que pensaría sería en que ya no podrían salir de la isla, pero no podía dejar de pensar en que tal vez Jace tuviera razón. Quizás debieron ser un poco más específicos.
Sin decirle nada más a Jace reanudó su carrera hacia los manantiales esquivando ramas y palmeras, y pronto el rubio estaba siguiéndolo.
Lena tomó a Magnus de los hombros y lo arrojó sobre la cama de hojas, pero antes de que ella pudiera lanzarse sobre él, el brujo giró sobre su espalda, salió de los aposentos gateando y, por calcular mal la distancia, terminó cayendo desde el árbol.
-¡Agh!- Se quejó mientras se ponía de pie, se había raspado el brazo y el hombro, pero no era nada grave.
-¡IDIOTA!- Lena salió de sus aposentos y ahora lo observaba desde la altura. Magnus, al verla, saltó hacia atrás del susto: La sirena estaba transformada, pero el brujo nunca la había visto más horrible, su nariz y forma de ojos extrañamente se habían deformado, no habían labios y su cabello parecía haber desaparecido. Magnus supuso que todo había sido magia cambia formas- SI TE LASTIMASTE A TI MISMO ME LAS PAGARÁS- Magnus levantó una ceja en su dirección y le enseñó su antebrazo sangrante. Lena abrió los ojos desmesuradamente y lanzó horrendos chillidos al cielo que el brujo trató de amortiguar tapándose los oídos. Debía apresurarse, si Alec escuchaba a Lena chillar era muy probable que decidiera volver a los manantiales en lugar de llegar a la playa donde estaría más seguro.
El brujo se giró e inmediatamente se vio rodeado de las demás sirenas.
-Soy su rey- Levantó la barbilla.
- Eres el rey de nuestra reina- Corrigió una de ellas.
- Esta bien, entonces soy Magnus y llevamos meses siendo amigos-
-No tenemos amigos- Magnus suspiró lastimeramente.
- ¿Acaso siempre estuvieron fingiendo? Porque si eso hacía déjenme decirles que tienen talento- Naomi dio un paso al frente.
- No fingimos nada. Te amamos. Todas nosotras. Pero estamos para servir a nuestra reina y no podemos interferir- Magnus miró hacia los aposentos donde la nueva Lena, que parecía ser más un animal que cualquier otra cosa, parecía tener problemas en lograr bajar. Aunque eso no significaba que no podría hacerlo eventualmente. Regresó la mirada a las sirenas y las miró precavido.
-¿Y ahora?- Otra sirena dio un paso al frente.
- Como también te amamos no podemos dejarte ir- Dijo esta y simultáneamente todas ellas se transformaron. Magnus encendió sus manos y lanzó llamas de fuego azul hacia los aposentos haciendo que estos se incendiaran en una gigantesca llama. Las sirenas miraron hacia esa dirección y parecieron quedarse congeladas de la impresión dándole la oportunidad al brujo de encerrarlas en una celda creada de más fuego. Magnus quería aprovechar y salir a correr pero no contó con que Lena caería justo sobre él.
- No irás a ninguna parte- Chilló ella sobre su pecho- Eres mi rey- Magnus hizo una mueca.
-Me das miedo y me desagradas. Si no te quitas de encima usaré mi magia-
-¡Podrías intentarlo, cosa hermosa!- Lena estiró sus manos a los lados y pareció enterrar sus garras en la tierra, aprisionando a Magnus e inmovilizándolo, y cuando estuvo segura que el brujo no podría defenderse con magia empezó a recorrer el pecho de él con su boca, succionando, lamiendo y mordiendo desenfrenadamente. Magnus, gruñendo, trató de arquearse del dolor pero no podía hacerlo. Lena estaba transformada y por lo tanto sus dientes filosos rasguñaban y trituraban la piel del pecho del brujo.
- ¡Quítate!- Gritó por pura necesidad de seguir luchando aunque sabía que no había nada que pudiera hacer. Entonces de repente la boca de Lena ya no estaba tocándolo y al abrir los ojos vio como Alec, como si fuera un ángel, apartaba a la sirena agarrándola con sus dos manos.
- Aléjate de él- Amenazó. Lena se removió buscando soltarse, pero Magnus ya estaba de pie de un salto.
-¿Qué esperan?- Gritó Jace apurándolos. Alec y Magnus trataron de arrojar a Lena lejos buscando ganar algo de tiempo y empezaron a correr hacia la playa a través de la selva- ¡Wow!- Exclamó el rubio al ver el pecho de Magnus- Parece como si un gato se hubiera divertido contigo- Magnus decidió ignorarlo y continuar corriendo- Por cierto, déjame decirte que dude no sólo de tu existencia sino del valor de tu vida. Pero cualquier persona que utilice una gigante llama azul como señal merece mis respetos- Entonces Magnus le sonrió.
- Ya lo sabía, todo fue metódicamente planeado- Mintió. Después regresó su atención al frente y se concentró para crear el portal en la playa, así al llegar solo sería atravesarlo.
- ¿A dónde iremos al atravesar el portal? - Le preguntó a los chicos.
-Isabelle- Contestó Alec teniendo problemas para respirar. Sólo hasta ese momento Magnus notó que la chica no estaba.
- ¡Pero ella era mi favorita!- Jace entrecerró sus ojos hacia él - Supongo que es mucho pedir que tuvieran algo de ella ¿Verdad?-
-Tengo una espada- Informó. Un extraño ruido se escuchó detrás de ellos y el rubio giró para tratar de mirar- Algún animal nos está siguiendo-
- Es Lena- Dijo Magnus con voz temblorosa y aumentaron el ritmo. Finalmente llegaron a la playa donde una cortina azul brillante los esperaba, pero aun así no disminuyeron el paso, los tres estaban cansados y jadeando, pero Lena les pisaba los talones y debían darse prisa- ¡Dame la espada!- Urgió al rubio quien le obedeció de inmediato- ¡Tomen mis manos!- El par de hermanos lo hicieron, y con la mano que sostenía a Alec también agarraba firmemente la espada. El portal estaba frente a ellos a unos cuantos metros, debía rastrear a la dueña de la espada, visualizar dónde estaba y luego guiar a los chicos a través de portal para llegar a ella.
Magnus notó que Jace y Alec corrían igual que él sin titubear, ambos confiaban en el brujo, pero Magnus no lo hacía, era muy poco tiempo, su pecho ardía y no lograba concentrarse en rastrear a la chica. Si atravesaban el portal así los tres quedarían en el limbo, atrapados en una burbuja fuera del tiempo y el espacio, entonces pensó en detenerse un momento pero de repente su magia funcionó y la ubicación de Isabelle destelló en su mente
Un barco.
Lo tenía, sabía dónde estaba, el portal estaba cerca y no deberían más problemas, pero Magnus empezó a creer que el universo lo odiaba: De repente Lena apareció de la nada y se paró entre ellos y el portal haciendo que los tres chicos se detuvieran de golpe, pero no alcanzaron a decir algo o reaccionar cuando una mancha borrosa emergió de la selva, se lanzó sobre Lena y la arrastró consigo hacia el mar.
Los tres estaban mudos viendo hacia el agua cuando de repente ésta empezó a teñirse de rojo. Sus respiraciones estaban aceleradas, y de todos modos tampoco parecía que hubiera algo para decir.
Uno momentos después Naomi salió del agua caminando, como si solo se hubiera tratado de un baño ocasional, y usó su antebrazo para limpiar la sangre goteando desde su boca.
-Qué asco- Habló Jace.
-Naomi…- Empezó Magnus precavido y por puro reflejo dio medio paso al frente tratando de mantener a los hermanos detrás de él. Esa sirena le había dicho que lo amaba, igual que todas las demás, y bien podría ser igual a Lena. La sirena miró hacia Magnus y sonrió enseñando sus dientes manchados de rojo.
-Tienes miedo- Intuyó- También tengo miedo, lo que acabo de hacer merecería un castigo peor que el de Mérida- Magnus miró hacia el agua que ya no parecía ligera, se veía espesa y negra.
-¿Por qué lo hiciste?- Le preguntó sabiendo que sin importar cuánto amor le tuvieran, ninguna de ellas haría algo así solo por defenderlo. Sintió a Alec apretar su mano, el chico le trataba de decir algo y era que pasara lo que pasara no iría a ninguna parte, estarían juntos.
- Me cansé de ella- Explicó la chica- Si algo le pasaba este reino terminaría siendo mío. Soy la nueva Lena ahora, soy la reina-
-Felicidades, pero eso no quita que ahora soy viudo ¿No?- La chica se rió.
- Como me encantaría quedarme contigo…- Se lamentó- Sería tan divertido divertirme así como lo hizo Lena, pero necesito una coartada- Jace abrió la boca desmesuradamente.
-¿Nos vas a echar la culpa de su muerte? ¡Eso es sucio!- La chica le guiñó un ojo.
- A menos que prefieras quedarte y hacerme compañía- Jace cerró la boca. Poco a poco la sonrisa de Naomi se fue transformando- ¡Largo de mis isla, si los vuelvo a ver no se los pediré de nuevo! Excepto tú Magnus, como brujo eres libre de hacer lo que quieras-
-No regresará, créeme- Habló Alec sobreprotector. Magnus le sonrió antes de volver a visualizar el barco donde estaba Isabelle y dirigirse hacia el portal.
-¡Ahora soy un asesino para las sirenas, muchas gracias!- Se escuchó a Jace decir antes de que todo se volviera blanco.
Los tres cayeron aturdidos sobre la cubierta de madera de un barco escuchando una risa femenina, y al abrir los ojos vieron a Isabelle dejando de reír y mirándolos sorprendida.
- ¿Esto es real?- Preguntó ella. Alec se puso de pie y miró a su alrededor, estaban en el tercer barco de su padre, la cubierta estaba llena de hombres heridos y arropados con mantas, seguramente rescatados del segundo barco. Su hermana los miraba atónita junto a un joven con el que parecía que había estado caminando y charlando amenamente.
-Mi cabeza…- Se quejó Jace incorporándose. Isabelle, al verlo, le sonrió.
-Cambié de opinión Jace, si papá necesita volver a usar a un capitán le pediré que sea Simón-
-¿Quién es Simón?-
-Yo soy Simón- Habló el chico junto a Isabelle. Jace frunció el ceño en su dirección.
- Oh… no puede ser- Exclamó Isabelle sorprendida mientras veía a Magnus ponerse de pie dejando caer la espada- ¿Que te pasó?-
-Larga historia- Respondió el brujo. Isabelle se acercó y tomó su mano.
-Ven conmigo- Dijo y ambos comenzaron a caminar. En un momento Isabelle se giró y habló sobre su hombro- Tu no, Alec- El chico se detuvo en el que iba a ser su tercer paso para seguirlos. Magnus también se giró, sonriendo se encogió de hombros y se despidió de él con la mano. Alec le sonrió de vuelta e hizo el mismo gesto solo que más torpe.
- Mírate- Se burló Jace- Actúas como todo un idiota- El rubio se giró hacia Simón y lo señaló con un dedo- ¡Oye tú! No me importa lo que diga mi hermana, yo soy un mejor capitán que cualquiera- Simón levantó sus cejas.
- ¿Me hablas a mí?- Jace rodó los ojos.
-Sí, y también quiero que te quede claro que puede que tú crees que manejas este barco…- Jace, no queriendo escuchar a su hermano actuar como un consentido, se alejó por el camino donde Isabelle y Magnus se habían ido.
Alec estaba sentado en el suelo con las manos sobre sus rodillas y la espalda pegada al pasillo del barco. Frente a él estaba la puerta donde había espiado que Magnus e Isabelle habían entrado, y ahora los escuchaba mientras trataba de no hacer ruido.
-Gracias por esto- Decía Magnus.
- Después de lo último que pasó tú merecías una habitación- Respondió Isabelle- Y ropa-
-Hablando de eso ¿De quién es esto? Odio estas mangas y este cuello, me siento como un payaso- La chica rio.
-Es de Jace, y más te vale que no te escuche decir eso-
-¿Por qué no me diste algo de Alec? Créeme que me hubiera gustado mas- Alec sonrió.
- Primero porque te hubiera quedado muy grande, y segundo porque la mayoría de ropa de Alec es…-
- ¿Hermosa?-
-Horrenda- Alec frunció el ceño e hizo una nota mental de aclarar después ciertas cosas con su hermana- Es muy simple, te juro que si miras en su habitación no hallarás nada bonito- Alec escuchó a Magnus reír.
-A menos que lo que esté mirando sea a tu hermano-
- ¿Que puedo decir? El cielo fue muy generoso con nosotros- Isabelle sonaba orgullosa
-Cierto-
- Ahora quédate quieto-
-Gracias por la habitación pero aleja esa cosa de mi-
- ¡Quédate quieto!-
-Isabelle, yo me puedo curar con magia, no es necesario… ¡Ah!-
-Listo- Su hermana sonaba satisfecha - Iré a llamar a…- Alec no alcanzó a reaccionar y esconderse cuando Isabelle abrió la puerta y sorprendida se cayó de golpe, pero después sonrió- Olvídalo, ya está aquí- Alec alcanzó a ponerse de pie cuando Magnus se asomó por la puerta con curiosidad mientras se estaba abrochando los botones de su camisa. Al ver a Alec sonrió conmovido- Supongo que querrán hablar así que los dejaré- Comentó Isabelle cerrando la botella de alcohol en sus manos y saliendo de la habitación para alejarse por el pasillo.
-¡Tengo una habitación!- Fue lo primero que dijo Magnus emocionado- ¿Sabes hace cuanto no tenía una habitación?- Alec se rió.
-¿Y te gusta?-
- ¡Es perfecta!- Magnus se hizo a un lado para que Alec pudiera pasar a verla. La habitación era simple, como cualquier otra del barco, así que a Alec no le pareció la gran cosa, al contrario, estaba seguro que lo que más llamaba su atención ahí era Magnus. El brujo estaba vistiendo uno de los elegantes trajes de Jace que consistía en unas botas, un pantalón de traje rojo, y una camisa blanca con muchos encajes en las mangas y el cuello. El chico distinguió un abrigo también rojo sobre una silla, seguramente se trataba del que completaba el atuendo. Antes había visto al brujo en una versión sirena, emanando naturaleza y sensualidad. Ahora lo que tenía frente a él era una versión aristocrática y elegante, y Alec sonrió al descubrir que de todos modos también emanaba sensualidad.
Giró en redondo como si estuviera prestando atención a la habitación.
- Es gris- Soltó porque no se le ocurrió qué más podía decir salvo la verdad. Magnus chasqueó los dedos y las paredes de la habitación se pintaron de color azul- Tiene poca iluminación…- Comentó divertido. Magnus levantó sus cejas y con otro chasquido hizo aparecer un gran candelabro colgando del techo, el chico ni siquiera quería pensar de dónde demonios lo había sacado- Es fría- Esta vez apareció una gran cama llena de almohadas bordadas y sábanas de seda roja. Alec miró hacia allí levantando una ceja, era obvio que Magnus debió de haber conocido a personas importantes.
-¿Algo más?- Preguntó Magnus. Alec miró alrededor pero no pudo encontrar algo que no le gustara.
-¿Por qué?- Preguntó en su lugar. Magnus le sonrió y se acercó a él con la gracilidad de un gato.
- Puede que tenga mis razones para querer que tu prefieras mi habitación por encima de las otras- Alec le sonrió y miró hacia la minúscula ventana en la pared.
- La ventana es muy pequeña- Agregó con voz temblorosa. Magnus siguió su mirada y con un nuevo chasquido hizo que la ventana desapareciera, eliminando cualquier luz de la habitación excepto por el dorado y tenue brillo proveniente de las velas del candelabro que creaba sombras de los muebles y hacía resplandecer las sábanas de seda.
Alec miró al brujo quien lo miraba atento, esperando que dijera algo más. Pero Alec no diría nada más, no había nada más que pudiera decir, así que solo volvió a sonreír. Magnus tomó eso como su permiso, así que estiró una mano para tomar la muñeca de Alec y guiarlo a la cama.
-Tu hermana me matará por no apreciar el traje de Jace- Comentó- Pero lo último que me importa ahora es arrugarlo. Acabamos de atravesar un portal, creo que merecemos descansar- Alec estuvo de acuerdo y se dejó llevar. Ambos se acostaron en medio de un muro de almohadas que habían intentado apartar, pero que ahora parecía crearles un mundo aparte.
Alec sabía que Magnus debía estar cansado por usar su magia en el fuego azul, en el portal y curando sus heridas, así que encerró al brujo entre sus brazos y lo tapó como si se tratara de una indefensa criatura. De todos modos eso fue lo que pensó el chico al verlo tratando de dormirse: lucía indefenso aunque no lo era, pequeño aunque tampoco lo era, frágil aunque no lo era en absoluto, y encantador, algo totalmente cierto.
Temiendo que podría terminar soltando un involuntario suspiro decidió imitarlo y trató de dormirse. Pero una vez que cerró los ojos sintió un hormigueo en la piel, se sintió observado, y no solo eso, sino que analizado y admirado. Magnus lo estaba haciendo, lo estaba mirando creyendo que Alec no se daría cuenta.
-No puedo dormir si me miras así- Dijo el chico aún con los ojos cerrados.
-No sé de qué hablas- Alec abrió los ojos pensando en sorprenderlo, pero Magnus realmente estaba con los ojos cerrados. Entonces, aprovechando de nuevo la oportunidad, se perdió delineando con su mirada el borde del rostro del brujo, cada mechón de cabello que le caía por la frente, y al forma delicada y alargada de sus ojos. Esta vez no pudo evitar suspirar, y apenado cerró los ojos de golpe.
De nuevo el hormigueo en la piel volvió, y sin esperar abrió los ojos atrapando la mirada del brujo. Ambos rieron suavemente y cerraron los ojos al mismo tiempo.
-Descansa Alec- Murmuró Magnus. El chico dejó un beso en el cabello del brujo.
-Igual-
-¡Magnus, Alec! ¡Salgan!- Gritó Isabelle golpeando insistentemente la puerta de la habitación del brujo. Llevaban varios días viajando, y en todos esos el chico se había quedado con el brujo y habían dormido juntos. Isabelle lo celebraba, Jace los molestaba, pero Magnus y Alec se sentían muy bien- ¡Llegamos!- Volvió a gritar la chica. Alec despertó atontado, debían de ser las seis de la mañana o quizás menos, y la comodidad de la cama de Magnus era inigualable. El chico se dio cuenta que había dormido abrazando a Magnus por la espalda, así que aprovechó para soltarse antes de que el brujo lo notara.
- ¿Llegamos a dónde?- Preguntó sentándose y estirándose.
-¡A casa!- Alec despertó del todo y sonrió abiertamente. Tenía tantos planes, quería darle a Magnus una gran habitación en su mansión, quería mostrarle las tierras de su padre, caminar con él por los jardines e incluso tener una privada cena decente.
-¡Ya vamos!- Gritó de vuelta y sacudió suavemente al brujo por el hombro.
-Magnus…- Llamó- Despierta, hemos llegado por fin-
Apenas los cuatro se bajaron del barco vieron al padre de los Lightwood que los estaba esperando.
- ¡Hijos!- Gritó Robert y abrió sus brazos para que su hija corriera a ellos y lo abrazara. Alec sonrió, realmente era muy temprano, pero la imagen de su padre esperándolos en el muelle valía la pena.
-¿Quiénes son ellos?- Preguntó Jace en un susurro. Alec notó a los hombres que acompañaban a su padre, eran todos caballeros. Inmediatamente dio un paso para quedar frente a Magnus.
Su padre terminó de abrazar a Isabelle y miró a sus hijos.
-¿No saludarán a su padre?- Preguntó. Jace y Alec se miraron precavidos, ambos listos por si algo se presentaba. El chico apretó más fuerte la mano de Magnus entre la suya y caminaron hacia el Conde tratando de ignorar a los caballeros presentes.
- Padre- Saludó Jace con una reverencia, y Alec hizo los mismo. El hombre les sonrió y miró a Magnus.
- Usted es Magnus Bane ¿Verdad? Mi hijo Alexander me habló mucho de usted, él realmente lo aprecia- El brujo miró al chico y sonrió, Alec notó que al parecer Magnus no se había detallado en la presencia de los caballeros, o tal vez no sabía que no eran trabajadores del Conde.
- El sentimiento es mutuo- Dijo. El Conde sonrió aún más y señaló hacia un carruaje que los esperaba.
-Vámonos ya, le he preparado una habitación en la mansión, estoy seguro de que le gustará- Magnus asintió y empezó a seguirlo, pero antes de llegar un caballero se paró deteniéndoles el paso- ¿Pasa algo, joven?- Preguntó el Conde. Alec y Jace se tensaron y miraron alrededor como los caballeros empezaban a rodearlos.
- Debemos llevarnos a este joven- Dijo el soldado señalando a Magnus, quien borró la sonrisa de su rostro.
- Sobre mi cadáver- Habló Alec.
- Y el mío- Añadió Jace.
- Tres cadáveres para ser exactos- Dijo Isabelle.
-Joven- El hombre parecía tratar de mantener la calma- Le agradezco que se haya ofrecido a acompañarme esta mañana por la seguridad de mis hijos, pero de aquí en adelante me encargo yo así que le pediré que se retire-
- No sin antes llevarnos al brujo- Habló otro caballero y tomó a Magnus por la espalda agarrando sus manos, Alec pensó en que tal vez Magnus, desde un principio, si sabía quiénes eran esos hombres y no había dicho nada, probablemente para darles el beneficio de la duda o simplemente porque se había hecho una idea de lo que sucedería y se había resignado.
-¡Suéltalo!- Advirtió Alec, y casi en el acto también se vio inmovilizado por otro hombre. Miró a sus hermanos en busca de ayuda, y los caballeros parecieron notarlo porque también los inmovilizaron.
-¿Brujo?- Preguntó Robert indignado- ¿Que está diciendo? ¡Esas son acusaciones muy graves!- Robert sabía que Magnus era un brujo, Alec se lo había dicho antes de ir a buscarlo, pero debía intentar ayudarlo- ¡Le ordeno que se disculpe con mi invitado!-
-Es un brujo- Repitió el caballero. Magnus lo miraba serio sin intentar forcejear.
-No lo es ¿Y quién se cree para inmovilizar a mis hijos? ¡Suéltelos o presentaré cargos ante la corte!
- Sus hijos serán vigilados- Continuó el caballero- Es obvio que fueron influenciados- Robert miró a sus hijos y después a Magnus.
-¿Y mi invitado?-
- A él lo quemaremos en la hoguera en un acto tan distinguido que hasta la reina estará presente-
- ¡Atrévete!- Retó Alec gruñendo y forcejeando.
- Presentaré cargos- Advirtió Robert. El caballero se encogió de hombros.
-Haga lo que quiera Conde Lightwood ¡Traigan al brujo!- Los hombres que sostenían a Magnus avanzaron llevándoselo hacia su propio carruaje.
-¡Suéltame, pedazo de idiota!- Gritó Jace enojado.
- ¡Quita tus manos de encima!- Advertía Isabelle sacudiendo su cabello negro en varias direcciones. Alec, contrario a sus hermanos, dejó de forcejear para clavar sus ojos en Magnus alejándose.
-¡Magnus!- Gritó desesperado. El brujo se las arregló para lograr mirarlo por encima de su hombro y lanzarle una triste sonrisa, el chico supo que Magnus sabía que aquello pasaría, y sin embargo había luchado por salir de la isla.
Entonces comprendió que fue por él. Magnus había renunciado a tener una vida mejor hasta que conoció a Alec, y después solo quiso liberarlo y sacarlo de esa vida. Sabía que el chico no se iría sin él por lo que lo acompañó y lo regresó a su casa sano y salvo junto con sus hermanos, y el precio de ello lo conocía y lo aceptaba.
El tiempo en el que Magnus pudo mirar a Alec fue muy corto ya que los caballeros que lo sostenían llegaron junto al carruaje y después de abrir la puerta lo obligaron a entrar. Alec no dejó de mirar el carruaje alejándose hasta que éste se volvió una pequeña mancha por el camino de grava. Se lo habían llevado pese a que él le había prometido al brujo que no lo iba a permitir.
- ¡Que me sueltes he dicho!- Jace estaba rojo de la ira. Los caballeros los soltaron tal vez al ver que no había peligro alguno y el rubio se alejó de ellos de un manotazo.
Alec, una vez libre, se acercó a su padre.
-Debemos hacer algo- Urgió - Usa tus contactos, a tus hombres, lo que sea que haga falta pero no podemos permitir que le hagan algo-
- Alec, en estos casos lo mejor es presentar el caso a la corte- Informó su padre- Y eso haré-
-¡Pero la respuesta podría tardar días!-
- Es la única opción legal- Robert se veía desilusionado, tal vez dando por hecho que ya había perdido la oportunidad de conocer a su invitado- Ya no hay nada que hacer aquí, vengan, vayamos a la mansión- Alec volvió la cabeza hacia el camino donde momentos antes se habían llevado a Magnus.
-Alec…- Isabelle llegó hasta él y puso una mano sobre su hombro. Jace también se les unió y se quedó viendo el camino. Robert, al verlo a sus tres hijos, suspiró.
-Haré lo que pueda hacer- Prometió.
EPÍLOGO
Alec tamborileaba con sus dedos en la blanca baranda de la escalera en la mansión Lightwood, hacía horas que su padre se había ido a la corte y aún no volvía. Isabelle, dejando claro que podía ser todo menos una dama, estaba sentada en uno de los peldaños de mármol de la escalera dándole vueltas en su mano al mango de la espada. Jace, como todo un caballero, estaba recostado elegantemente contra una pared mientras tenía la mirada perdida. Alec sabía que sus hermanos no conocían bien al brujo, pero de algún modo intuían lo importante que era para él, o tal vez no querían desperdiciar el haber ido hasta la isla a buscarlo.
Finalmente la puerta se abrió y Robert entró haciendo una mueca. Alec llegó hasta él seguido de sus hermanos.
-¿Lo lograste?- Le preguntó. Robert lo miró con lástima.
- No pude hacer nada hijo- Informó su padre y Alec sintió su corazón caer hasta el suelo- Al parecer la misma reina ordenó que buscaran a Magnus después de algo que ocurrió en su coronación, la verdad no me dieron muchos detalles al respecto-
- ¿Pero lograste evitar que lo…?- Jace dejó la frase colgada en el aire. Robert bajó la mirada y negó con la cabeza, a lo que Alec palideció.
-¡No!- Habló su padre al verlo- Aún no le han hecho nada, está encerrado en la prisión Morgenstern. Pero es inevitable lo que le pasará-
-¿Cuando?- Preguntó Alec a media voz.
-Mañana en la mañana- Respondió su padre- Será en la plaza principal, frente a todos los que quieran ver, y ese hombre no mentía, realmente la reina irá-
-No podemos permitirlo- Dijo firmemente.
-No hay nada que podamos hacer- Respondió su padre suavemente. Alec estaba frustrado, todo lo que había pasado no iba a ser para terminar perdiendo a Magnus. Les dio una mirada a sus hermanos quienes se veían tristes y de algún modo resignados, y estaba tan enojado con el destino y con la vida que, sin decir una palabra, se giró, subió de dos en dos los escalones y llegó a su habitación donde se encerró dando un portazo.
Al anochecer Alec se levantó de su cama y se vistió. Estaba seguro de que todos estarían durmiendo por lo que no le fue difícil salir se la mansión y robar uno de los caballos del establo. Estaba actuando precipitadamente y lo sabía, pero debía intentar sacarlo de ahí.
El caballo galopó por el camino de grava en medio de la noche mientras Alec sostenía las riendas con fuerza. Hacía frío y el viento le hacía volar el cabello negro, en ocasiones incluso tapando sus ojos. Pero no le importaba, no le importaba nada excepto la fuerte idea de que lo último que vería de Magnus no sería como se lo llevaban, alejándolo de él, mientras el brujo se resignaba al final.
¿FIN? NO, CONTINUARÁ
Listo, espero que les haya gustado y pronto publicaré la tercera y última parte.
