Hellow!


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

Reencuentros

13 de Octubre

— Yuna ven a tomar tu almuerzo, venga —Yuki subió las escaleras hasta llegar a la habitación en la que la pequeña estaba durmiendo.

— Quiero dormir más —se quejó ella—. No quiero ir al colegio.

— No vas al colegio, ¿recuerdas? —dijo Yuki sonriendo—. Tenemos que ir a comprar y no puedes quedarte sola en casa.

— Pero…

— ¿Qué ocurre? —Yuki hizo su mejor sonrisa y le quitó un poco la manta de encima para poder ver sus ojos.

— Mamá y papá… ¿volverán pronto?

— Sí, muy pronto —Yuki sonrió—. ¿No hablaste con ellos ayer por teléfono, Yuna?

— Sí, pero muy poco —se quejó ella—. Quiero verlos.

— Ven y dame un abrazo pequeña —Yuki tiró de la manta para descubrirla del todo—. Sé que los echas de menos, pero no podemos hacer nada más que esperar a por ellos, ¿vale? Además, pronto podrás jugar con tu hermanito y tendrás que ser fuerte por él, ¿vale? —Yuna se incorporó para abrazar a Yuki—. Tu hermanito necesitará mucha ayuda.

— No tengo hambre.

— ¿Qué es eso de que no tienes hambre? —Yuki tiró levemente de su oído y la pequeña se rio—. Bajamos a comer en seguida así que vístete. ¿O tengo que vestirte yo?

— No —Yuna hizo su mejor sonrisa.

— Vamos vístete y baja abajo, ¿vale? —Yuki hizo su mejor sonrisa—. Tengo preparado lo que más te gusta para desayunar.

— ¡Bien! —Yuna levantó sus manos al cielo y dio un par de palmadas.

Yuki salió de la habitación y se fue a la de Kyooi.

— Kyooi, ¡ahora de pie! —el niño se quitó las sábanas de encima con pesadumbre y se incorporó. Estaba demasiado dormido como para poder despertarse. Yuki sonrió. Aún estando dormido el chico podía reconocer en su voz cuando era un ultimátum—. Levanta —dijo en un tono de amenaza. El niño saltó de la cama con mucha calma y la miró intentando abrir los ojos, pero se le cerraban los párpados de cansancio—. ¿Voy a tener que lavarte la cara yo para que te despiertes? Eso te pasa por quedarte jugando con Yuna por la noche. Venga al baño a limpiar tu cara —el niño salió por la puerta hacia el baño, arrastrando los pies y con la cabeza y los brazos medio colgando. Siempre había sido muy problemático despertar a Kyooi. Yuki le siguió con la mirada y esperó en la puerta de su habitación para asegurarse de que se apresuraba, pero el niño no salía del baño. Yuki suspiró largamente y miró a dentro del baño. Kyooi se había quedado apoyado en la pared y con los ojos cerrados—. Vas incluso a dormirte de pie —Yuki se mojó la mano y le frotó un poco la cara, haciendo que el niño se sobresaltara y la mirara—. ¿Estás despierto, Kyooi?

— Sí —dijo el niño.

— Ahora lávate la cara, vístete y lávate las manos para venir a desayunar, que llegaremos tarde, si no —Yuki le guiñó un ojo. Kyooi frunció el ceño intentando saber lo que sucedía. Su madre jamás les había despertado tan insistentemente un domingo. Cuando iban a comprar, lo hacían ella o su padre, para que uno de los dos se quedara vigilando que nada malo les pasara a ellos. ¿Llegar tarde? Las tiendas no cerraban hasta dentro de unas horas. ¿Entonces? Sin rechistar ni preguntar se subió en el taburete y se puso agua en las manos para frotar su cara, mientras Yuki bajaba de nuevo abajo. Tetsuya estaba sentado en el sofá y había acabado de llamar entonces, mientras Alumi estaba empezando a almorzar, sentada en la mesa—. ¿Qué dicen?

— Que nos encontramos en el centro comercial y nos lo contarán todo allá.

— Está bien —Yuki miró hacia arriba viendo a Kyooi que salía del baño para irse de nuevo hacia su habitación—. Se va a llevar una sorpresa esa pequeña.

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Cuando salieron de la casa, Yuna como siempre arrastraba a Kyooi de la mano, con mucha más energía que la que el chico tenía, y siempre al lado de la enérgica Alumi.

— Vamos, vamos, Kyooi, rápido —Yuna intentaba animarlo, pero él solo se dejaba llevar con los ojos medio cerrados de sueño y arrastrando los pies.

— Tranquila, Yuna, llegaremos igual de bien tanto si corres como si no —sonrió Tetsuya desde detrás de ella. Tetsuya le cogió la mano a Yuki con una sonrisa—. El que se va a sorprender será Kyooi con lo dormido que está —murmuró por lo bajo.

— Sí, eso parece —se rio Yuki rodando los ojos.

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Con solo un par de minutos llegaron al centro comercial. Tetsuya le señaló a Yuki una dirección y Yuna se giró para ver a dónde tenían que ir. Cuando vio a dónde señalaba Tetsuya ella se fue hacia esa dirección, siempre tirando de la mano de Kyooi y vigilando que él no se cayera o no se chocara con la gente que había a esas horas. Pasaron por delante de un restaurante al que Yuna le gustaba mucho el menú que tenían, pero ella ni siquiera miró el interior del lugar o las mesas que había paradas en la terraza. Estaba concentrada guiando al chico hacia la dirección que Tetsuya había señalado.

— Para, Yuna, para —se rio Tetsuya. Alumi miró a su lado y se quedó estática al ver a las personas del restaurante.

— ¿Qué? —la niña lo miró con su cara traviesa.

— ¿A dónde vas con tanta prisa? —preguntó el cantante.

— No sé —ella se encogió de hombros—. ¿A dónde vamos?

— Qué pena que ya ni siquiera nos vea —dijo Chizuko sentada en una de las mesas.

— Mira estás haciendo llorar a mamá —se rio Yuki señalando hacia allá.

— ¿Eh? —Yuna se giró de golpe tirando de la mano de Kyooi con fuerza y haciendo que el chico se tambaleara—. ¡Mama! ¡Papa! —la niña soltó a Kyooi y corrió hacia ellos para abrazarse a Himitsu—. Habéis vuelto.

— Sí, ya estamos aquí —Himitsu la sentó en su regazo abrazándola—. ¿Te has portado bien?

Ella afirmó con la cabeza.

— Mentirosa —dijo Tetsuya mientras se acercaba con Yuki, Alumi y Kyooi.

Yuna lo fulminó con la mirada.

— ¿Habéis visto algún superhéroe o alguna princesa? —dijo ella emocionada.

— No… —Himitsu sonrió y ella bajó la mirada decepcionada.

— Entonces ese lugar es aburrido —Yuna frunció sus labios.

Chizuko se rio y ella la miró.

— Pero mira lo que conseguimos —sacó un osito de peluche de color azul, que lo dejó encima de la mesa delante de ella. Yuna se quedó parada mirándolo—. ¿No te gusta?

— Se parece a papá —Yuna miró al hombre.

— ¿Tú también? —Himitsu fulminó con la mirada a Chizuko. Mientras Yuna se abrazaba al muñeco.

— ¿Qué tiene de malo decir eso? —se rio Chizuko.

— Bueno, entonces… —Yuki se sentó con ellos, cogiendo a Alumi en su regazo y Tetsuya cogió a Kyooi para sentarse también en la mesa—. ¿Qué ha pasado?

— Toma Kyooi, esto es para ti —Chizuko sacó un coche de juguete y se lo dejó delante del pequeño—. Y esto para Alumi —le dio un balón de fútbol.

— ¡Gracias! —Alumi sonrió cogiéndolo emocionada.

— ¿Qué se dice Kyooi? —dijo Tetsuya al ver que el niño lo cogía un poco confundido.

— Gracias, Chizuko-obaachan.

— De nada —Chizuko sonrió.

— ¿Qué ha pasado? —Himitsu rodó los ojos.

— Es la primera persona que no supera la prueba de Hanako —se rio Chizuko señalándolo.

— ¿Eh? ¿Cómo que no la superaste? ¿No pasaste el examen? —Yuki lo miró confundida.

— No me gusta disparar, no pude hacerlo —se quejó él medio ruborizado—. Tuve que pedirles un arco para intentarlo, pero ni siquiera así pude hacerlo.

— Es la primera vez que puedo superar a mi hermano en algo —Tetsuya levantó dos dedos delante de él—. Tardé diez segundos con una puntuación del cien por cien.

— Ya, pero tú eres un asesino y yo no —Himitsu se rio.

— Soy agente del FBI, que es distinto —se rio Tetsuya.

— ¿Y entonces? ¿Tendrás que…?

— No lo pondrán en la cárcel —Chizuko sonrió—. Porque Hanako lo ha contratado para colaborar con el Programa. El problema es que lo obligarán cada año a hacer esas pruebas estúpidas y me obliga a mí a ir con él como su compañera.

— ¿Te ha obligado a trabajar estando así? —Yuki miró a su hermana.

— Himitsu hizo todo el trabajo realmente —se rió Chizuko—. Pero es que no podía dejar que lo encerraran por mi culpa. Mitsu-kun es un buen chico y ellos solo querían hacerle daño.

— ¿Pero ha pasado algo? —preguntó Yuki.

— Nada —Chizuko sonrió—. Fue algo fácil, con la ayuda de Himitsu. Nos hicieron hacer trabajo de campo encontrando a un asesino en serie.

— Muy bonito —Yuki entrecerró los ojos—. ¿Cómo se lo permitiste? —miró a Himitsu.

— Yo le dije que no, pero ella no quería separarse de mí ni un segundo —se quejó él—. Siempre que le daba esquinazo ella terminaba encontrándome.

— Voy a matar a Hanako —Yuki golpeó la mesa—. ¿Chizuko por qué lo hiciste?

— No me puse en peligro, Yuki, te lo prometo —Chizuko le guiñó el ojo.

— Entonces, ¿se ha terminado, no? —Tetsuya le puso una mano delante de Yuki para que dejara el tema a un lado—. Tranquilízate, ella está bien, ¿no la ves?

— No —Himitsu suspiró con cansancio—. Ahora básicamente soy de su propiedad. Cuando a ella le apetezca me puede llamar para ir a resolver otro caso en su nombre.

— ¿Por qué? —el matrimonio Miyano hablaron a la vez, mientras los miraron confundidos.

— ¿Cómo que por qué…? —Chizuko miró a Himitsu—. Pues porque al parecer Himitsu hizo demasiado buen trabajo conmigo y por ese motivo ahora tendremos que ir cada dos por tres.

— Pero mientras lo hablamos en el avión de regreso, Chizuko tuvo una idea —Himitsu sonrió hacia Tetsuya—. Como ahora formo parte del FBI puedo unirme al Programa y por lo tanto rehusar de las egoístas peticiones de Hanako. Solo iré cuando me lo pidan directamente del Programa.

— Si tienes la placa, eso podemos hacerlo —dijo Tetsuya sonriendo.

— Sí —Himitsu la sacó de su bolsillo y la dejó en la mesa.

— Bien, entonces iré al Programa a buscar los papeles y hacemos estos trámites para que puedas salvarte del todo —Tetsuya sonrió—. Además, una vez entras al Programa no te pueden detener por acciones pasadas, solo te pueden detener por acciones futuras como agente.

— Ah, no sabía de eso —Chizuko sonrió—. Esa sí es una buena noticia.

— Cierto —Yuki la miró.

— Cambiaron las normas hace uno o dos años, creo —Tetsuya se encogió de hombros—. Fue cuando llegó Yuna, creo.

— Sí, fue por esos días —Yuki afirmó con la cabeza y lo miró—. Yo tampoco pude ir a recoger los nuevos informes de Irie-san, Tetsuya no me dejó. Y después de leerlos él, en lugar de dármelos para enterarme los tira.

— Qué malo —se rio Chizuko.

— Ah, fue un error, estaba junto con los borradores de los informes que estaba haciendo para la policía y no me di cuenta —se quejó el cantante.

— Sí, claro —Yuki sonrió fríamente hacia él.

— Eres mala conmigo —se quejó Tetsuya.

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30 de Octubre

Ya hacía demasiados días que Akira esperaba aquello. ¿Pero porqué Aiko le daba la culpa a él? ¿Qué había estado observando mucho a esa chica? La verdad, le llamaba la atención, nada más. Akira colgó el teléfono con enfado. ¿Qué sucedía con esa loca? ¿Por qué ahora que estaban bien decidía cortar con él por teléfono, diciéndole un 'tengo que ir con mi hermana, ya no aguanto más'? Akira realmente lo había intentado. Había intentado apartarla de las malas compañías. Había intentado que ella le siguiera, porque era realmente una buena chica, pero… que escogiera más el irse con su hermana en una banda que irse con él… ¿por qué? ¿Qué ganaba ella con eso? Akira se lo había dejado bien claro desde un principio. Él quería que ella estuviera segura y ahora… golpeó la mesa de madera de la recepción con fuerza, rompiéndola en dos. Los dos empleados del hotel que estaban allí se sobresaltaron asustados apartándose de él, mientras los clientes que en ese momento estaban en la entrada lo miraban asustados. Akira cerró los ojos resoplando, pero no podía tranquilizarse. Tenía que golpear algo más o a alguien tal vez…

— Di-di-disculpe, Akira-san —uno de los recepcionistas, tartamudeó al hablar hacia él. Llevaba demasiados años trabajando en ese hotel, como para conocer todas las proezas de ese chico. La mirada de Akira le hizo dar un par de pasos hacia atrás—. ¿Qu-qu-qué su-su-su-su-sucede?

— ¿Qué sucede? —Akira apretó sus puños con fuerza—. Que la mesa me ha enojado —él sonrió con frialdad y se alejó de allí hacia el ascensor.

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Chieko estaba fuera con Hiro; Mamoru y Asami estaban con problemas de nuevo; ¿qué podía hacer? Necesitaba hablar, pero, ¿hablar con alguno de los otros? No, ni siquiera les tenía confianza. Él había salido muchas veces con los Kuroba y los Miyano, porque estaban con Mamoru y Asami, pero ni siquiera le caían bien. A medio camino decidió subir por las escaleras. Ni siquiera sabía a dónde iba. Necesitaba airearse, tal vez. Necesitaba salir, pero iba en dirección contraria. ¿Qué había sido ese 'perdóname'? ¿Qué había sido esa voz dulce y amable con la que le había dicho todo aquello? ¿Por qué no podían estar como siempre y seguir como si nada? Aiko había cambiado. Desde que se encontró a su hermana besándose con ese tipo, hacía dos semanas, había cambiado mucho. ¿Por qué? ¿Por qué ahora le daba calabazas de esta manera? ¿Por qué? ¿Por qué a él? Él estaba siendo amable, él estaba siendo paciente y en cambio ella ni siquiera se dignaba a decírselo a la cara. ¿Era eso por lo que estaba tan enojado, verdad? Sí, eso…; no. Definitivamente él sabía que terminaría así. Aiko solo hablaba de ese tipo desde que lo vio con su hermana. ¿No estaba él hablando de esa chica también precisamente para que se diera cuenta? Tal vez no fuera eso, simplemente que Aiko no sentía nada por él, ya no.

Había subido todos los pisos del hotel a pie y empezaba a faltarle el aire, pero aún así subió hacia el tejado y salió a fuera. Se apoyó en la barandilla y observó los lejanos coches pasar por debajo de él, con gente que entraba y salía de ese edificio o de los de los lados. Competencia… más competencia; se decía a sí mismo cuando veía a la gente entrar en el hotel de su derecha. Ignorantes… más ignorantes; añadía en su mente cuando veía que la gente entraba en el sucio hotel de su izquierda.

— ¿Estás bien? —Akira se sobresaltó al escuchar esa dulce y suave voz que había hablado detrás de él. Se giró para mirar a la chica que había visto en el cumpleaños de Mamoru y que hacía días estaba hospedándose en el hotel. Una mirada tan profunda como esa no se podía olvidar tan fácilmente—. No creo que la mesa te haya podido enojar.

— ¿Me has seguido? —Akira se cruzó de brazos.

— No te pongas tan a la defensiva —se rio ella al verlo—. No voy a hacerte daño. Pero hace exactamente seis meses, nueve días y casi 13 horas, yo también me sentí muy agresiva —ella se acercó lentamente y se apoyó en la barandilla mientras el viento soplaba con fuerza contra los dos—. Un tipo al que estábamos persiguiendo, que había escapado de un manicomio, mató a la única persona que había cuidado de mí desde que tenía quince años. Mi padre realmente había hecho mucho para cuidar de una adolescente con problemas de agresividad y mal humor, a resultado de presenciar el asesinato de su propia madre. Pero también le mataron. Así que me subí al coche, después de arrastrar a mi hermano herido, y conduje tan rápido como pude para salir de allí. Pero no se puede pensar cuando las decepciones y las penas te comen por dentro. Terminé chocándome contra una casa y los dos con un hierro clavado en los brazos conseguimos escapar de ese loco por los pelos. Tenía tantas ganas de romper algo, que terminé estampando el coche de mi padre.

— Un loco, ¿eh? —Akira chasqueó la lengua.

— ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás tan enojado?

— Mi novia me ha dejado porque quería irse con su hermana la bandida —Akira bajó la mirada—. Ni se atreve a decírmelo en la cara, porque sabe que esa no es la verdad.

— ¿Cuál es?

— Lleva dos semanas hablando, pensando y solo pendiente de un tipo que se estaba besando con su hermana.

— Oh… —Natsuki frunció el ceño—. Lo siento.

— Bah, me importa poco —Akira suspiró—. Que se las coma ese tipo de la banda, a ella y a su hermana. Llevaba demasiado tiempo intentando alejarla de su problemática familia, para poder animarla, pero ella seguía terminando yendo a esa casa o con su hermana. Ya me había cansado de eso.

— No pareces tan cansado de eso —Natsuki lo observó detenidamente.

— ¿Sabes? Ni siquiera debería de estar contándote esto —Akira se alejó de ella, pero ella le cogió de la mano.

— ¿Puedes hacerme un favor? —Natsuki tiró de él—. Yo... vengo de otros países, un poco más habituados al contacto humano, así que no te asustes —se rio al notar que el chico temblaba levemente—. Mi hermano se ha largado de nuevo a terminar los informes y me ha dejado sola, pero yo no quiero estar sola hoy, por favor.

— Oye, no soy de ese tipo de gente, ¿vale?

— Yo tampoco —se rio ella—. Pero hoy es mi cumpleaños y tú acabas de perder tus planes, así que, ¿querrías pasar el día conmigo como amigos?

— ¿Y esas dos locas de tus primas? —Akira sonrió, recordaba que Yuki y Chizuko habían dicho que eran primas.

— Están con sus familias y no quiero meterme al medio de golpe. Además, perdimos el contacto en cuanto murió mi madre —Natsuki se encogió de hombros—. Son buenas y realmente amables, pero, yo no tengo confianza en ellas tampoco. Vamos, solo ir a tomar algo en la habitación o en el restaurante. Yo lo pago todo, no abusaré del hecho que seas uno de los administradores del hotel —Natsuki se encogió de hombros de nuevo.

— Está bien —Akira se encogió de hombros—. Realmente no tengo nada más que hacer.

— Bien —Natsuki le cogió de la mano y tiró de él—. ¿A dónde?

— Prefiero en la habitación, así no tendré que encontrarme con mis padres para que me peguen la bronca de haber roto la mesa y los ordenadores que había encima —se rio Akira.

— Cuando salgas lo harán igual —dijo ella con el ceño fruncido.

— Ya, pero se habrán calmado un poco —Akira hizo una sonrisa fugaz.

— Oh, entiendo —Natsuki sonrió y tiró de él por las escaleras hacia la habitación. La abrió y le dejó entrar, para entrar ella luego—. Mi hermano se fue antes de ayer y seguramente no volverá hasta mañana. Me llamó para felicitarme, pero parecía realmente ocupado. Es la primera vez que paso mi cumpleaños sola, no me gusta.

— Está bien, pero, no creo que sea una buena compañía ahora mismo —se rio Akira.

— Tengo una pistola, soy agente de la CIA al fin y al cabo —Natsuki sonrió fríamente—. Así que no hagas nada en mi contra que puedo dispararte.

— Das miedo —Akira se sentó en la cama y suspiró—. ¿Qué quieres hacer?

— Dime, ¿qué es bonito por ver fuera de Tokio? —Natsuki se acercó a la única mesa que había en el escritorio y cogió una pequeña guía de viajes. Luego se sentó a su lado, dedicándole su mejor sonrisa.

— ¿Cuánto tiempo llevas en Japón? —preguntó Akira.

— Mucho, pero como siempre lo dedicamos al trabajo, no tenemos tiempo para visitar. Pero después de que Erick termine de escribir estos informes y de entregarlos conforme nuestros jefes, tendremos al menos diez días para poder ver todo —sonrió ella—. Quiero llevarlo a divertirse un poco. Desde que Erick conoció a nuestro padre, cuando tenía diez años, no se ha divertido jamás, saliendo a ver mundo, solo estaba inmerso en las misiones de su padre. Y la verdad es que ambos necesitamos un poco de cambio de aires.

— Vamos a ver —Akira observó el índice de la guía y sonrió—. ¿Qué os gusta?

— ¿Cómo que qué nos gusta?

— ¿Mar o montaña? ¿Museos o edificios? ¿Buenas vistas o los rincones más curiosos de la ciudad?

— Pues no sé, somos bastante contradictorios con nuestros gustos —Natsuki se rio.

Akira la observó atentamente, parecía cómoda con su presencia, algo que no veía desde hacía mucho tiempo en Aiko. ¿Por qué no podía dejar de pensar en ella? En realidad, él estaba saliendo con ella porque era una buena chica pero, ¿por qué sentía que con Natsuki empezaba a ponerse más nervioso que cuando estaba con Aiko? Tal vez, jamás se había sentido muy unido a Aiko pero, ¿la echaría de menos? Mientras le mostraba los lugares a Natsuki, él seguía intentando pensar lo que haría de ahora en adelante.

En realidad tampoco era que la echara de menos y de eso se daba cuenta ahora. Podía pasarse dos días sin verla y no le importaba. Él no se habría vuelto loco como Mamoru cuando Asami estaba lejos de él. ¿Tal vez no la echaba de menos tanto como creía? Él no estaba tan preocupado como Hiro cuando Chieko se retrasaba tan solo cinco minutos. ¿Por qué sabía que Aiko era fuerte a pesar de su apariencia? Él no quería o no tenía que esforzarse mucho para hacerla sonreír, como hacía Takeshi a diario por Sara. ¿Por qué Aiko era fácil de hacer reír y sonreír? Él no intentaba ocultar sus nervios cuando había alguien que intentaba ligarse a su novia, como hacía Tetsuya con Yuki. ¿Por qué nadie lo había intentado hasta el momento? Él no tenía la necesidad de coger de la mano como Himitsu tenía con Chizuko. ¿Por qué Aiko era también demasiado vergonzosa con ello? Él realmente no sentía la necesidad de eso. No la sentía y al parecer a Aiko tampoco le importaba. Porque jamás hizo el esfuerzo de verle más a menudo, de llamarle más a menudo, de intentar hacerle sonreír a él, ni ahuyentar a las chicas que se acercaban a él para intentar ligárselo de manera más carnal, o de cogerle de la mano mientras andaban al lado del otro. Definitivamente Aiko no tenía necesidad por estar con él y él tampoco por estar con ella.

Y ahí terminaron sus pensamientos. Pensar más en el tema le enojaría aún más y él prefería ser amable con la gente que le pedía estar a su lado, como había hecho Natsuki.

— Hablar de restaurantes me da hambre —se quejó de repente ella a su lado—. ¿Quieres algo?

— No gracias —Akira sonrió. Y la observó irse al teléfono para pedir algo. Él tampoco iría a abusar de su hospitalidad, cuando en realidad ella le había ayudado, obligándolo a pensar en otra cosa y aliviándolo un poco.

En realidad pasar la tarde con ella tampoco había sido tan mala idea. Cuando los servicios de habitaciones vinieron a traerle comida, Akira se escondió al lado de la pared para que no le vieran y avisaran a sus padres, ante una risueña Natsuki. En realidad a él le daba igual si le encontraban, pero no le importaba estar a solas con ella. El primer día en que la vio, había pensado que solo era una chica con secretos. Conforme fueron pasando los días, parecía muy fría, aunque bonita y amistosa con su hermano. En cambio, ahora veía realmente una amable mujer, muy descubierta de sentimientos y atenta.

Conforme la tarde iba pasando, la comida sencilla de frutas, empezó a ser compartida por los dos, junto con las risas y las curiosidades de cada uno. Extraños momentos en los que ambos sentían que hacía mucho tiempo que no tenían. Las horas, que en un día normal eran demasiado largas, ahora se hacían terriblemente cortas. Sin darse cuenta las conversaciones cambiaban cada dos por tres, incluso llegando a contar pequeños secretos que, tal vez pocas personas, conocieran de ellos. Hasta que sus manos se encontraron casualmente dentro del bol de las frutas, haciendo que Akira, avergonzado, apartara su mano. Natsuki sonrió observándolo y haciendo que él se sintiera realmente extraño. ¿Qué era ese pequeño dolor de barriga que parecía llegarle?

— Lo siento, tengo… tengo que irme —Akira se levantó de pronto y salió corriendo de allí.

Ya era completamente de noche y en el hotel ya estaban sirviendo la cena a todos. Akira bajó las escaleras y se fue directo al bar. Siempre ayudaba a los camareros, ya que le encantaba hacerse ver y hablar con la gente. Las escaleras parecían llevarse esas cosquillas de la barriga, pero le llenaban su cabeza de los latidos de su corazón.

En esos momentos, Chieko estaba con los brazos cruzados frente a Hiro, sentada en un taburete y alejada de todo el mundo. Definitivamente sus padres le habían contado acerca de su… ¿cómo llamarlo? ¿Momento de ira? Sonoko estaba ayudando a Makoto en limpiar las mesas y demás para que todo fuera perfecto. Justo poner un pie a dentro, Chieko ya se levantaba para ir a encararlo, pero él no podía esperar a que se callara, así que se fue directo a la cocina a coger un delantal y a ayudar a los camareros, dejando a su hermana con la palabra en la boca. Sonoko, cuando vio que el chico estaba ayudando y Chieko se estaba enojando de ver que ni siquiera se detenía para escucharla, decidió acercarse a él.

— ¿Todo bien, Akira? —la sonrisa que él le dedicó antes de afirmar con la cabeza hizo verle que realmente estaba bien—. Luego hablamos un poco, ¿está bien?

— Sí, siento todo lo que ha pasado antes —dijo girando la mirada un poco avergonzado.

— Trabaja fuerte —añadió Sonoko mientras se iba con Chieko—. Vete de aquí si no quieres verlo así, pero es mejor que te tranquilices por el momento. Luego hablaremos con él, ¿vale?

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Al cabo de un rato, Natsuki apareció por el restaurante y se sentó completamente sola en una mesa. Akira se apresuró a ir con ella antes de que otro camarero pudiera acercarse.

— ¿Estás bien? —preguntó ella en medio de una sonrisa entre preocupada y sincera.

— Sí, perdona —Akira intentó hacer su mejor sonrisa sincera, pero le terminó saliendo una mueca.

— ¿Te sentiste mal conmigo, verdad?

— No, no es eso —Akira negó con la cabeza rápidamente—. Pero se estaba haciendo tarde y tengo que ayudar y demás.

— No te sentiste bien —Natsuki se encogió de hombros y bajó la cabeza—. Perdón por ser egoísta.

— Ah —Natsuki se levantó de allí y se fue sin decir nada más—. Espe…

— ¿Es que estás haciéndolo expresamente de asustar a todos nuestros clientes? —Chieko se acercó a él con los brazos cruzados.

— Deja de dar la lata, ¿quieres? —Akira se fue a tomar el pedido a otra pareja que acababa de entrar.

Cuando todos los clientes ya se habían ido, era la hora de comer todos los empleados del hotel. Se cambiaban las ropas para vestirse normal y entonces todos se sentaban en una sola mesa, como una gran familia. Chieko se aseguró de sentarse al lado de su hermano suficientemente cerca como para poderlo golpear si hacía falta.

— ¿Y? ¿Podemos saber lo que ha sucedido contigo? —dijo con una voz más enojada de lo normal, mientras todos empezaban a comer.

— No creo que este sea el lugar indicado para hablarlo, ¿vale? —respondió él.

— ¿Por qué no? —Chieko le pellizcó con fuerza el brazo haciendo que él se apartara quejándose—. Dime ahora mismo lo que sucede. ¿Por qué estallaste de esa manera cargándote toda nuestra recepción? ¿Por qué te comportas como un crío?

— Corté con Aiko —dijo él en un susurro muy bajo que solo escucharon ella y sus padres, porque eran los que estaban pendientes de su conversación.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó Sonoko con el ceño fruncido.

— Está interesada en un chico con el que va su hermana, así que se va con ella —Akira se encogió de hombros.

— ¿Estás bien? —Makoto lo miró confundido.

— Extrañamente sí —Akira sonrió hacia él.

— ¿Y esa clienta a la que asustaste? —Chieko lo miró de reojo. ¿Cómo podía ser tan torpe e inconsciente de la situación? Su hermana había chasqueado la lengua un par de veces—. ¿Qué le hiciste?

— Nada —Akira se encogió de hombros—. Se aloja en el hotel, al parecer es su cumpleaños y su hermano se fue hace unos días. Así que está sola. Me siguió a la azotea y estuvimos hablando toda la tarde.

— ¿Por eso estás tan bien? ¿Por qué estabas ligando con otra?

— ¡No estaba ligando con ella! —Akira respondió a su hermana alzando la voz más de la cuenta y haciendo que todos se callaran para mirarlo—. ¡Estaba intentando animarla un poco!

— Después de cargarte nuestra recepción —Chieko sonrió con enfado, haciendo que Akira se removiera incómodo—, te vas a ligar con nuestras clientas. Eres patético, ¿lo sabías?

— Ya te he dicho que no, ¿sabes quién es esa chica? —Akira arqueó una ceja mientras cruzaba sus brazos y sonreía con malicia. Chieko negó con la cabeza, ella la recordaba de haberla visto en algún sitio, pero seguía sin acordarse—. Es la prima de las gemelas Shiroma, forma parte del Clan Shiroma: es la que vino el día del cumpleaños de Mamoru. Al parecer negó las peticiones de ellas dos a verse y como ellas dos no tienen ni idea de que se hospeda aquí no han podido venir. Natsuki-san no quiere molestar más a su familia.

— ¿Así que Natsuki-san, eh? —Chieko sonrió con burla.

— ¿Crees que me juntaría con alguien que me trajera más problemas que Asami con Hattori? —Akira se rio—. Ni lo sueñes.

— ¿Y? —Sonoko decidió intervenir—. ¿Qué pasó con esa chica?

— Vino al restaurante y se largó en cuanto Akira se le acercó —Chieko informó a su madre después de rodar los ojos.

— Yo no le he dicho ni hecho nada —se quejó Akira encarando a su hermana.

— Yo no he dicho que lo hicieras —dijo Chieko riéndose.

— ¿Entonces a qué viene esa cara? —Akira parecía enojado.

— ¿Vamos a llamar a las Shiroma? —Chieko sonrió.

— Solo molestarás a nuestra clienta, idiota —respondió Akira—. No puedes decirles que está aquí, porque eso sería dar información privada de nuestros clientes.

— Vamos, quisiera saber el motivo por el que no quieres dejar que sus primas sepan que está aquí —respondió Chieko.

— No es que no quiera, es que ella no quiere —dijo Akira—. Así que compórtate un poco y no desveles la identidad de nuestros clientes a nadie.

— Bueno, pero se me ocurre otra cosa que podemos hacer por ella —dijo Takeyama, el hombre de la recepción, con una sonrisa.

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Akira suspiró largamente. ¿Por qué le enviaban a él a hacer los encargos esos? Además, tal vez ella ya se hubiera ido a dormir. Dio un golpe muy suave a la puerta y se quedó quieto con la mano alzada. No sabía si llamar una segunda vez y molestarla o si volver con Chieko, que lo estaba esperando en el rellano de las escaleras, y decirle que se había ido a dormir. La puerta se abrió antes de que él pudiera decidirse por una de las dos opciones, dejando ver a una Natsuki en bata y con mirada completamente despierta. Akira se giró de golpe avergonzado. ¿Qué hacía esa chica vestida de esa manera?

— ¿Ocurre algo, Kyogoku-san? —preguntó ella.

— Me hacen venir a buscarte un momento —respondió Akira intentando que no se le notara un pequeño temblor en su voz. Tenía unas terribles ganas de girarse para cubrirla con algo menos provocativo—. Por favor —Natsuki le cogió de la mano y tiró de él para meterlo dentro de la habitación. Luego cerró la puerta y se apoyó en ella para que Akira no pudiera salir. Natsuki cruzó sus brazos y lo observó atentamente—. ¿Qué haces?

— Nada, solo estaba pensando en quién te hace venirme a buscar —Natsuki sonrió fríamente.

— Mi hermana —Akira desvió la mirada intentando no verla.

— Está bien —Natsuki encogió sus hombros y lo empujó hacia atrás hasta dejarlo sentado en la cama.

— ¿Qué haces? —preguntó Akira.

— Quédate aquí —Natsuki se rio al verlo rojo como un tomate hasta la punta de su pelo castaño—. Porque si no, no iré —Akira frunció el ceño, completamente confundido. Natsuki se fue hacia el armario y cogió un vestido de una pieza. Lo puso por su cabeza mientras se quitaba las mangas de la bata y luego se puso el vestido por encima sin dejar ver ni siquiera un poco de su piel. La bata terminó al suelo. Ella se giró para mirarlo. Akira se había cubierto la cara con sus manos y estaba haciendo todos sus esfuerzos para no mirar a la chica—. ¿Qué pasa contigo? —preguntó ella.

— ¿A ti te parece normal hacer esas cosas delante de completos desconocidos? —preguntó Akira.

— Ya te lo he dicho esta tarde —Natsuki sonrió cogiéndole las manos y tirando de él para levantarlo—. Tengo pistola, así que no creo que te atrevas a ponerme una mano encima. Además, después de esta tarde, ya no somos ni completos ni desconocidos —Natsuki le besó la mejilla y luego se acercó al espejo de la entrada y ató su pelo con una pinza hacia un lado. Miró a Akira. Era demasiado tímido ese chico, parecía estar fundiéndose—. ¿Vamos? —le cogió de la mano, y después de coger la llave de la habitación que había dejado encima del pequeño escritorio, salió de la habitación cerrando las luces y arrastrando a un avergonzado Akira. Ella bajó por las escaleras encontrándose con una disimulada Chieko, que hacía ver que no les había espiado desde las escaleras—. Te lo devuelvo, parece que este jamás se recupera —Natsuki se rio, haciendo que Chieko la mirara confundida—. Parece ser que es demasiado vergonzoso para aguantar cualquier broma.

— ¿Broma? Si parece un tomate con patas —Chieko miró al chico que estaba por estallar—. Vaya, llevo años intentándolo hacer callar de esa manera y ahora resulta que solo una completa desconocida puede conseguirlo —Chieko sonrió hacia Natsuki—. Gracias.

— De nada. Ya sabes, cuando quieras lo vuelvo a hacer —Natsuki sonrió ampliamente.

— Estaré esperando por ello —Chieko sonrió y las dos siguieron bajando las escaleras, mientras Natsuki mantenía a Akira cogido del brazo y tiraba de él.

Cuando llegaron al comedor, todos habían hecho una especie de fiesta privada improvisada para Natsuki, en que la celebraban todos los trabajadores del hotel.

— ¿Qué es esto? —preguntó Natsuki.

— Bueno, mi hermano dijo que era tu cumpleaños y estabas sola. Quieras o no eso es algo deprimente —se rio Chieko encogiéndose de hombros.

— ¿Por mí? —Natsuki miró a Akira. El chico mantenía la mirada en el agarre de la chica.

— Solo espero que mi hermano no te haya hecho nada raro, porque como lo haya hecho le doy la paliza de su vida —Chieko también lo miró pero con una mirada amenazante. Él ni siquiera parecía escucharla—. Vaya, será mejor que lo sueltes, porque no parece ni siquiera estar en este mundo.

— Perdón —Natsuki se rio mientras apartaba su mano.

— Bueno, solo hay tres tipos de platos para cenar, así que ponte cómoda y disfruta de la cena —Chieko empujó a Natsuki hacia la mesa y la sentó en una silla vacía, entre Sonoko y su marido—. Espero que al menos podamos ser tu compañía por hoy.

Hiro, que hasta el momento había estado callado, dando de comer a Tsuki, hizo una pequeña reverencia hacia ella y luego sonrió.

— No te preocupes —Natsuki sonrió—. Gracias, de verdad. Esto es asombroso.

— Bueno, mi hermano se negó en llamar a tus primas, así que esto es lo mínimo —Chieko se sentó al otro lado de Tsuki, mientras Natsuki le devolvía el saludo a Hiro.

— Porque yo le dije que no quería molestar —respondió ella sonriendo tímidamente hacia Akira, quién era empujado por Makoto a su asiento—. Por cierto, ¿tú no eres Hiro-kun? —el chico la miró con el ceño fruncido—. ¿Uno de los magos Kuroba?

— Ah, sí —Hiro sonrió con su mejor cara de póquer hacia ella.

— Vaya, un placer —Natsuki sonrió entre tímida e impaciente—. He ido a muchas actuaciones vuestras, sois los mejores de la sociedad de la magia. Jamás puedo descubrir vuestros trucos, y eso que hay magos a los que he podido leer mucho antes de que empezaran con el truco.

— Vaya, es un honor —Hiro sonrió de nuevo, pero esta vez sinceramente.

— Sí, alguna vez ha hecho algún truco de magia por nuestro hotel con su hermano, son increíbles —dijo uno de los empleados.

— Sí, yo tampoco jamás he podido ver sus trucos y eso que algunas veces incluso les he visto ensayándolos —dijo otro.

— Vaya, eso sí es tener suerte —Natsuki sonrió hacia el hombre—. Poder verlos ensayar es algo que uno no puede hacer realmente.

— Así que, ¿una fan? —Hiro sonrió.

— Bueno, del grupo más bien —Natsuki lo miró un poco emocionada—. Hattori Mamoru y Hakuba Sara son los mejores detectives y no se pueden comparar el uno con el otro, porque ambos usan sus conocimientos de forma distinta, aunque Hakuba sea muy buena descubriendo a la gente y dejándola en evidencia, Hattori es muy bueno con el kendo, seguramente herencia de su padre —se rio Natsuki—. Kudo Asami, aunque también sea buena como detective, es una excelente actriz, y destaca mucho por sus habilidades en artes marciales y en aprendizaje rápido de cualquier cosa que le propongan. Miyano Tetsuya es un buen cantante, realmente tiene buenas canciones y la música que hacen los Bullet Junior excelente —Hiro arqueó una ceja para contradecirla, pero ella siguió hablando más rápido—. Luego los gemelos Kuroba, unos magos impresionantes que dejan que la gente entre en otro mundo distinto y se olvide por unos momentos de sus preocupaciones. Luego mis primas, Yuki y Chizuko, digamos que por lo que he oído, no han dejado ni un solo criminal suelto y siempre evitan meterse con la Yakuza, para no verse envueltas con los problemas de su familia. Es admirable que ni siquiera avisen a su familia cuando la policía va a por ellos. Y bueno, Kyogoku Chieko, ha hecho un gran trabajo con todos los blogs de ellos, mostrando sus perfectas habilidades informáticas.

— Te dejas a uno —respondió Hiro riéndose.

— Kyogoku Akira, ¿eh? —Natsuki lo miró de reojo, al igual que Hiro. El chico se sobresaltó al escuchar su nombre—. Bueno, aparte de por los campeonatos de karate parecidos a los de su padre, no resalta en alguna habilidad impresionante. Y por cierto, que conste que a la mayoría de ellos ni siquiera les he visto las caras. Todos los he ido conociendo por los blogs de Kyogoku-san y por el fanático de mi padre en conocer todas las proezas de los hijos de sus amigos —Hiro y Chieko se rieron—. Habéis llegado todos juntos a entenderos y hacer posible un mundo de competidores entre amigos que para mí es algo impresionante.

— Gracias —dijo Chieko dándole un codazo a su hermano para que reaccionara de una vez. Se lo miró unos segundos. Akira mantenía la mirada a la mesa sin decir nada—. Te ha cogido fuerte esta vez, Oniichan.

Akira ni siquiera la miró. Estaba concentrado en intentar borrar las imágenes que aún tenía en su cabeza. Se sentía egoísta sentir felicidad por ese pequeño contacto, dulce y corto, de los labios de ella en su mejilla. Estaba ardiendo. Completamente ardiendo. No le importaba que los demás hablaran, solo estaba escuchando la voz de ella mientras hablaba con los demás. ¿Qué había sido eso? ¿Él no era impresionante? Sí, él lo sería. Le demostraría a esa chica que podía ser el mejor de todos pero, ¿cómo? Ella admiraba a los demás porque eran más famosos que él, pero él no podía hacerse famoso de ninguna manera. Seguía siendo el segundo en los campeonatos de karate, y su 'hermosa hermana', hablando en ironía, jamás le dedicaría ningún tipo de blog a él, porque ella misma tampoco le admiraba. ¿Qué podía hacer? Él quería también que lo consideraran alguien increíble, pero… ¿consideraran? No, más bien considerara.

Cuando quiso darse cuenta, todos habían terminado de cenar y él ni siquiera había dado un solo bocado. Tampoco era que tuviera hambre, habiendo comido las frutas que ella había pedido. Pero eso servía para que Chieko se riera aún más de él. Chieko, Hiro y Tsuki se fueron hacia su casa, cerca de la playa y del hotel. Los demás trabajadores también empezaron a irse, excepto los del turno de noche que se quedaban para hacer guardia en la puerta del hotel. Sonoko y Makoto también abandonaron pronto el lugar mientras los cocineros terminaban de limpiar todo en la cocina para irse a dormir. Natsuki se sentó en una silla al lado de Akira y se lo quedó observando. El chico había ido respondiendo en monosílabos toda la cena y no estaba centrado en lo que le habían dicho todos, para bromear con él.

— ¿Estás bien? —él la miró un poco desconcertado y afirmó con la cabeza—. Lo negaré si se lo dices a tu hermana, pero realmente creo que el mejor de todos es Kyogoku Akira —Natsuki sonrió hacia él y él cambió su mirada a completamente desconcertada y sorprendida—. Siempre vistes cosas disimuladas, pero de calidad; intentas pasar desapercibido, aún siendo amigo de personas tan famosas; y sigues tu camino, alejado de ellos para no deslumbrarlos. Eres realmente una persona muy poco egocéntrica y no te importa lo que los demás crean que seas solo una luz de decoración —Natsuki miró hacia delante de ella moviendo los pies un poco incómoda—. Prefieres siempre pasar desapercibido y ayudarles cuando ellos más lo necesitan.

— Vaya, me incomoda que haya alguien que se fije en mí —Akira desvió la mirada. Realmente era algo que a él jamás le había gustado. Que sus amigos se fijaran en él, siempre le subía el ánimo, pero que un completo desconocido lo hiciera… eso ya era otro asunto.

— Siempre detrás de sus amigos, suficientemente cerca para apoyarlos, pero suficientemente lejos, como para pasar desapercibido —Natsuki lo miró de nuevo sonriendo—. Eres realmente alguien por admirar —Akira hizo una sonrisa entre atontada y sincera—. A mí me agobiaría ser siempre la única que nadie admira. Quizás no seas famoso, puesto que muchas veces terminas segundo en los campeonatos de karate, pero yo prefiero la gente que se esfuerza para llegar al máximo, que la gente que llega al máximo y deja de esforzarse, porque ya no puede moverse de allí —Akira la miró sorprendido. Estar al lado de Mamoru, siempre le había hecho aprender tres cosas: que ellos eran lo que eran, porque sus familias les habían ayudado en conseguirlo; que todos los que lo admiraban lo hacían por lo que él era por físico y no por lo que pudiera ser de corazón; y que las fans daban verdadero miedo.

— ¿Me has estado observando? —preguntó Akira.

— He estado interesándome por todo lo que rodeaba a mi familia y cuando me tocó ver a Yuki y Chizuko, me di cuenta de lo lejos que se habían quedado ellas de las tareas de nuestra familia —Natsuki se encogió de hombros—. Ver que ellas dos podían estar tan tranquilas, me hizo interesarme por todo lo que les rodeaba a ellas. Y cuando me di cuenta estaba viendo todas las fotografías de Hattori-san y los demás, viendo que detrás siempre aparecías tú en segundo plano.

— Así que…

— No me llames fan, no lo soy —lo interrumpió Natsuki riéndose—. Solo que me fijé en algo que deslumbraba mucho más que el resto.

— ¿Deslumbro? —Akira la miró con seriedad—. ¿Yo?

— Eres la sombra de todos, pero eso no significa que no puedas pasar por encima de ellos, en mis ojos —Natsuki se ruborizó levemente y entonces se levantó de la silla—. Bueno, mejor me voy a dormir.

— Espera… —Akira la cogió de la mano mientras se levantaba detrás de ella.

— ¿Qué? —ella se quedó mirándolo.

— ¿Por qué crees que deslumbro? —preguntó él.

— Porque no te importa la situación entre tú y tus amigos y aún así siempre terminas a su lado —Natsuki sonrió—. Eres una buena persona, que demuestra que quiere a sus amigos tal y como son y que ellos te quieren tal y como eres. Y eso es algo que he admirado mucho siempre —Natsuki le acarició levemente la mejilla con la mano libre y él se la cogió—. Gracias por todo, realmente ha sido el mejor cumpleaños en mucho tiempo.

— Oye, ¿quién eres? —preguntó él acercándose un poco a ella. Le molestaba. Le molestaba mucho el brillo de sus ojos tan grande. Le molestaba mucho la sonrisa tan dulce y sincera que mostraba cuando estaban a solas. Le molestaba mucho que esa chica hubiera estado ocupando su cabeza cada momento mientras había estado sirviendo a las mesas. Le molestaban aquellas hormigas que se paseaban por su barriga cada vez que hablaba o tocaba a Natsuki.

— Solo alguien que está de paso —respondió ella.

— ¿Por cuánto tiempo? —preguntó él. ¿Cómo era eso? Él jamás había preguntado tal cosa. ¿Por qué ahora sí? ¿Qué le importaba a él si una clienta se estaba más tiempo o menos? ¿Qué le importaba? Era solo una clienta a la que había de tratar con respeto y amabilidad. Solo eso.

— En cuanto mi hermano llegue tendremos que volver a irnos, hacia Hokkaido esta vez —Natsuki suspiró—. Tal vez mañana o pasado.

Akira bajó la mirada al suelo. Se sentía dolido, ¿por qué? Él jamás se había sentido así. Tal vez un poco triste y solitario pero, ¿por qué le dolía el pecho de esa manera? Él podía entender que una conocida llegara y se fuera tal y como había venido, pero... los labios de ella se juntaron con los suyos. Akira se quedó sorprendido. Jamás había besado a alguien… bueno, sí, un par de veces a una, demasiado tímida, Aiko, pero… su barriga se removía de tal manera que parecía realmente que iba a vomitar. Aunque extrañamente era una sensación embriagadora y muy nostálgica. Se sentía bien. Por unos momentos dejó que su extremadamente precavida cabeza correspondiera ese beso. Lo había esperado. Lo había esperado desde el primer momento en que le había hablado. Extrañamente incluso sentía que lo había esperado desde que la vio entrar con su hermano por la puerta, vistiendo de esa manera tan despreocupada e infantil, pero era una clienta, no podía hacer eso. No podía. Se apartó lentamente de ella intentando evitar mirarla a los ojos.

— Lo siento —susurró casi sin voz.

— No, no te preocupes —dijo ella—. He sido yo la que me he precipitado.

— Eres una clienta, yo no…

— Oh, ya veo —Natsuki se encogió de hombros—. Entonces si me voy a otro hotel ya no lo seré, ¿es eso lo que me dices?

— No puedes irte.

— Puedo sentirme ofendida ante estas palabras, ¿sabes? —preguntó ella haciendo una tímida sonrisa. Akira la miró. No sabía si reír o ponerse serio, pero él le había dicho aquello en serio—. Me prefieres como cliente.

— No, no es eso —Akira bajó la mirada—. Yo…

— Soy 'Nanami' del blog, por si no te habías dado cuenta —dijo ella.

— Sí, lo sé —respondió él—. Durante el día de hoy me he dado cuenta.

— Me gustas, realmente —Natsuki sonrió hacia él tímidamente, luego se giró y se fue hacia su habitación, mientras Akira la observaba desde dónde estaba.

Akira sonrió aliviado. Hacía más de seis años que hablaban por internet, así que prácticamente eran ya muy amigos.


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Próximo capítulo: 'Oniichan y Ella'.