Tercera u última parte de esta historia que tanto amé escribir, es algo corta pero no necesitó que se dijera mas. Espero les guste :)


Magnus observaba con curiosidad fingida al hombre encargado de vigilarlo, debía tener unos cuarenta años, estaba subido de peso y podía jurar que su piel era roja por lo descuidada que estaba.

-¿Qué?- Preguntó el hombre a la defensiva al notar la mirada del brujo. Magnus no dijo nada, solo siguió mirándolo como si aquel sujeto fuera la cosa más interesante del universo.

El brujo estaba dentro de una celda no muy diferente a las muchas en las que había estado antes: Pertenecía a una hilera de celdas vacías, era oscura, con una única y alta ventana donde los rayos de luna dibujaban formas en el suelo, y con barrotes de hierro. Las diferencias estaban en que el lugar estaba muy sucio, como si no se hubiera usado hacía años, y que las cadenas que sujetaban sus muñecas eran largas, colgaban del techo y terminaban encerrando sus manos en esferas de hierro. . Magnus podía caminar por toda la celda gracias a las cadenas, pero no podía salir a pesar de que la puerta de barrotes estaba abierta seguramente como algún tipo de broma cruel.

Él también pensó que el hecho de que sus cadenas colgaran del techo también tenían una razón de peso, y era que algunas veces los acusados de brujería preferían ahorcarse que morir quemados frente a todos. Magnus no era uno de esos, no dejaría su cuerpo colgando para terminar de color azul y que después le hicieran quién sabe qué, desde esa perspectiva le parecía mejor terminar siendo cenizas.

-Deja de mirarme- El hombre apretó los puños sobre el viejo escritorio en el que estaba sentado. Magnus supuso que se trataba de algún granjero o algo así porque no parecía ser muy bueno cuidando, no se había levantado a acercarse y revisarlo. Se mantenía sentado y casi que trataba de ignorarlo.

Magnus no dejó de hacerlo. Creía fervientemente eso de que una mirada decía más que mil palabras, y mientras trataba de transmitirle al hombre todo por lo que había pasado también quería analizarlo, porque sería la última persona que vería realmente. Tenía planeado, al día siguiente, no mirar al encargado de encender las llamas.

-Si no dejas de mirarme…- El hombre se puso rojo de la ira. Pero no era ira contra Magnus, era ira por estar en esa situación. Ni siquiera pudo terminar su amenaza.

De repente se puso de pie de un salto.

-Estoy harto, este no es mi lugar, si ellos quieren pueden venir a cuidarte ellos mismos. Yo me largo- Y salió a grandes zancadas de los calabozos dando un portazo.

"Genial" Pensó Magnus "Mi última noche con vida y la pasaré solo"

Primero caminó de un lado al otro por la celda. En el centro podía estar casi que libre, pero llegaba a un punto, cuando estaba pegado a los barrotes, donde debía levantar sus brazos y estos se estiraban tensando la cuerda, por ende no podía dar ni un paso a través de la puerta abierta.

De pronto escuchó los cascos de un caballo fuera del calabozo, seguramente era el guardia que habían contratado en reemplazo del anterior. Echó su cabeza hacia atrás tratando de acomodar sus largos mechones y miró hacia la puerta con su barbilla en alto. Pero quién hubiera llegado no usó una llave sino que empezó a golpear la madera con fuerza hasta que esta cedió. El aliento del brujo se le detuvo en la garganta al ver a Alec atravesar el umbral, buscar con la mirada hasta encontrarlo y acercarse para terminar entrando a la celda.

Alec se veía más que hermoso. Estaba pálido, jadeante y con el cabello desordenado, pero también tenía ese brillo de vida en los ojos que a Magnus tanto le gustaba, y estaba mezclado con fuerza y determinación. El brujo pensó que solo bastaba esa mirada para que nadie se le atravesara en el camino.

-¿Qué haces aquí?-

- Vine por ti-

-¿Es algún tipo de despedida romántica o planeas inútilmente tratar de liberarme poniendo en riesgo a tu familia y a ti mismo?- Alec frunció el ceño.

-¿Por qué siempre piensas en las cosas que yo debería pensar, como si trataras de tomar decisiones por mí? Mi familia estará bien- Magnus lo miró dudoso.

-¿Por qué tan seguro?-

- Por qué no regresaré una vez logre sacarte de aquí- El brujo dio un grito ahogado.

- ¿Que tú qué? - Alec lo ignoró, solo miro las cadenas haciendo una mueca, seguramente pensando en cómo deshacerse de ellas- ¿Sabes por qué trato de tomar decisiones por ti? Porque cuando se te ocurre hacer algo lo haces solo con el corazón, y eso es hermoso, pero cada acción trae consecuencias- Alec continuó evaluando las cadenas- No dejaré que hagas lo que sea que estés pensando hacer- El chico lo miró.

-¿Qué quieres decir?-

-Aunque consigas liberarme no me iré contigo- Alec abrió los ojos sorprendido pero no dijo nada- Alec, tienes que darte cuenta de lo que estás haciendo. Es tu familia, tu título, tu hogar, no puedes renunciar a todo eso-

- ¿No harías lo mismo por mí?- Se veía frágil y sorprendido. Magnus no quería herirlo, una parte de él le dolía de solo pensar en que Alec podía sufrir en el futuro.

- Por ti entregaría mi vida, solo teniendo la certeza de que estarás bien. Y eso es lo que haré. No voy a llevarte conmigo a huir de la muerte- El chico seguía mirándolo igual- Tienes muchas cosas que te faltan vivir, y yo sabía, desde que era un niño, que no tenía esa oportunidad de libertad que tú tienes. Si lograba sobrevivir varios años era un logro, pero siempre supe que aquí es donde terminaría. Lo que pasó con las sirenas solo sirvió para evadir un poco al destino, y me hubiera quedado con ellas, pero apareciste tú y me mostraste otro camino, uno donde podía ser feliz y hacer algo bueno antes de que llegara mi hora- Alec ya no lo miraba sorprendido, ahora lo hacía serio- A donde vaya, sea donde sea, no será muy lejos, no me separaré de ti, te acompañaré…-

-Basta- Cortó Alec frunciendo profundamente el ceño- No quiero escuchar cómo te resignas a morir- Magnus le sonrió tristemente.

- No puedo hacer otra cosa que resignarme-

- ¡Te estoy ofreciendo una salida!- La piel del rostro de Alec empezó a ponerse un poco roja- ¡Creí que querrías estar conmigo tanto como yo quiero estar contigo!-

- ¡No hay salida, Alec! No estoy dispuesto a pagar el precio de lo que planeabas hacer-

- El precio lo hubiera pagado yo-

- De eso hablo- Al brujo le hubiera gustado tomar las manos de Alec, pero las esferas de hierro se lo impedían. Ni siquiera podía tocarlo- ¿De qué hubiera servido todo lo que ha pasado? No te puedo poner en peligro de nuevo- Alec puso sus manos sobre los hombros de Magnus.

- Deja de intentar protegerme ¿No entiendes que lo único que quiero es estar contigo? No voy a dejarte morir- El brujo notaba como todo lo que decía Alec parecía costarle valentía y seguridad, y en otra situación hubiera dejado de presionar solo para tratar de mantener al chico tranquilo. Pero no lo haría en ese momento.

- Ni siquiera la muerte impedirán que esté acompañándote- Alec lo soltó bufando y agarró las cadenas tratando de jalarlas, pero obviamente era inútil- Alec…-

- No hables- Dijo el chico haciendo su mejor esfuerzo de quebrar el hierro- No sabes cómo me duele ver lo fácil que aceptaste dejarme- Alec hizo una mueca de esfuerzo mientras usaba todas sus fuerzas en jalar las cadenas.

- No es fácil- Alec no lo miró- ¿Crees que nunca pensé en que podría llegar a tener una vida feliz junto a ti? Pero he tomado mi decisión, y es poner tu felicidad por encima de la mía- Alec soltó las cadenas y lo encaró.

- ¿Cual felicidad?- Preguntó agrió.

- La que aún no sabes que tendrás una vez estés en tu casa y lejos de esta situación- Alec apretó los labios.

-No me importa lo que digas, no te dejaré morir-

-No me importa lo que digas, no te dejaré ponerte en riesgo- Alec entrecerró sus ojos hacia él y, aprovechando la cercanía, unió sus labios. Magnus creyó que Alec era realmente injusto, sabía lo que estaba haciendo, pero aun así no pudo evitar fundirse en el beso y ahogar un suspiro en la boca del chico. Los labios de Alec estaban fríos, pero Magnus no pudo haberse imaginado una mejor experiencia antes de la hoguera. Usando toda su fuerza de voluntad se separó pero no abrió los ojos- No hagas esto-

-¿Hacer que?-

- No trates de hacerme dudar-

- ¿Estoy haciendo eso?- Magnus abrió los ojos y lo miró.

-Vete- Pidió. Alec lo miró herido- No quiero que estés aquí-

-Magnus…- Tartamudeó. Magnus tenía claro lo que quería hacer, y era proteger a Alec costara lo que costara.

-Vuelve a tu casa, Alec. Puedes intentar hacerme dudar pero no cambiaré mi posición- Alec aún se veía herido, pero de algún lado pareció sacar valentía y de nuevo volvió a unir sus labios con los de Magnus, esta vez moviendo su boca ágilmente y levantando sus manos para tomar entre ellas el rostro del brujo.

Magnus sabía que Alec parecía haber aceptado el reto, pero no iba a cambiar de opinión. En cambio le respondió invadiendo la boca del chico y analizando cada una de las reacciones de su propio cuerpo: Su piel hormigueaba, su corazón estaba desbocado, había algo caliente dentro de su pecho, le faltaba el aire y sentía que estaba volando. Quería guardar todas esas cosas en su mente, ya había encontrado en qué pensar mientras las llamas lo consumieran.

Alec detuvo el beso pero no se separó del brujo, estaban tan cerca que Magnus podía sentir el cálido aliento de Alec sobre su propia boca haciéndolo estremecer.

-¿Aún quieres que me vaya?- Preguntó el chico en un tembloroso susurro.

- Sí- Respondió Magnus esperando la reacción de Alec. Nunca se le ocurrió que esa reacción iba a ser que de pronto se aferraría a su pecho y apoyaría la cabeza sobre su hombro ahogando un sollozo.

- Por favor, Magnus- El brujo sintió algo estrujarse dentro de él- Haré lo que pidas, todo lo que tú quieras, lo juro. Pero no aceptes morir- Magnus creyó que toda la fuerza que había visto en Alec se había esfumado. Ahora era solo un chico luchando contra la corriente. No quería verlo así, le partía el corazón.

-Ni siquiera hay forma de librarme de estas cadenas- Respondió teniendo los brazos colgados a los lados, ya se había cansado del peso de las esferas.

- No me voy a rendir. Solo dime que cuando estés libre te irás conmigo, y entonces haré todo lo posible para soltarte- Magnus cerró los ojos y aspiró el aroma del chico. Entonces se separó de él.

- No- Alec también se separó lentamente, y Magnus vio con horror la tristeza marcada en sus brillantes ojos verdes- Alec…-

- Está bien- Cortó el chico- Lo acepto. Pero igual no te dejaré morir, trataré de liberarte-

-No hagas eso, ellos descubrirán que fuiste tú-

- ¿No fue lo que hiciste conmigo? Me sacaste de la isla llevándote todo el precio de las consecuencias- Magnus guardó silencio, eso era verdad. Alec levantó una ceja hacia él- ¿Que fue? Dime lo que te costó salvarme- Magnus reconoció el sonido de más cascos de caballo aproximándose al calabozo.

-Tienes que irte-

-No hasta liberarte- Magnus hizo una mueca.

- ¿Quisieras verme feliz? ¿Querrías eso considerando que esta podría ser mi última noche? Solo te pediré dos cosas- Alec pareció notar el sonido de cascos de caballo, y justo como Magnus pensó parecía nervioso.

-¿Qué cosas?-

- Primero, vuelve a tu casa y trata de permanecer lejos de los caballeros que podrían asociarte conmigo- Alec no lució sorprendido.

-¿Y la segunda?-

- No vayas mañana a la plaza- Pidió el brujo- No quisiera verte ahí, y no quiero que me veas ahí- Los cascos de caballos se detuvieron. Magnus echo un vistazo a la puerta y después volvió a mirar al chico. Debían apurarse- Gracias, Alec- Él parecía confundido.

- ¿Gracias por qué? La primera vez quise salvarte y traerte conmigo sin conseguirlo, después volví por ti y fuiste tú quien terminó sacándonos de ahí, y ahora no puedo evitar lo que te ocurrirá. Soy yo quien debe agradecerte por liberarme cuando era un prisionero-

- Gracias por todo, por haber llegado a mi vida y por dejarme conocerte antes de mi cita con el destino. Contigo pasé momentos que atesoraré, y me has hecho sentir cosas que nunca creí posible que pudiera sentir-

- Yo…-

-No tienes que decir nada- Magnus le sonrió- Si pudiera, me encantaría volver a encontrarte en otra vida- Alec le respondió con otra sonrisa, pero esta era triste, emanaba todo lo que pensó que podría llegar a pasar y que jamás ocurriría. También buscaba disculparse con Magnus y consigo mismo, sentía que le estaba fallando a su propio corazón. Magnus notó la duda en él y decidió dejar de atormentarlo con sus palabras, si quería mantener al chico a salvo debía hacerle creer que su realidad ya estaba aceptada y no mostrar cómo le dolía el hecho de perderlo- Ahora vuelve a casa-

Alec le sostuvo la mirada por un momento, después parpadeó y salió del calabozo a paso apresurado.

Momentos después entró uno de los caballeros, y al ver al brujo le sonrió divertido. - Me divertiré esta noche contigo, brujo- Dijo e hizo ademán de querer entrar a la celda. Magnus frunció el ceño en su dirección, no sabía que iba a hacerle pero intuía que nada bueno y no quería empañar el recuerdo de Alec con otro.

-Quisiera verte intentando lo que tienes en mente- Retó- Pero no te aseguro que saldrás ileso- La amenaza pareció ser suficiente para el hombre quien gruñó y se sentó frente al escritorio. El brujo sonrió orgulloso, había sido sencillo por lo que ese tampoco debía ser un caballero.


Alec volvió a la mansión y pasó toda la noche dando vueltas sobre su cama sin lograr conciliar el sueño, al día siguiente Magnus sería quemado frente a todos, acusado de brujería, y no podía hacer nada. ¿Qué podía hacer? No puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado, y era claro que el brujo no quería, prefería no poner en riesgo a nadie.

Al día siguiente, muy temprano, Alec despertó por el ruido de pasos en el corredor, y al asomarse vio a su padre bajar las escaleras como si fuera un ladrón. Alec lo entendió, Robert era un Duque y por lo tanto tenía una imagen que mantener, lo que significaba que debía estar presente en actos públicos como el que se iba a llevar a cabo.

El hombre al parecer se sintió observado y al girarse miró sorprendido hacia su hijo.

-Alec…-

- Está bien- Dijo él- Entiendo que debes estar ahí, y también te agradezco por no pedirme que también fuera-

- Algún día serás el Duque Lightwood y debes ser partícipe de cosas como estas- Respondió su padre- Pero antes de ser tu mentor, soy tu padre, y sé que esto te duele- Alec asintió agradecido. Robert le sonrió y tomó un bastón recostado en la pared- Regresaré a penas se termine, aún considero que es una pena lo que le harán a ese pobre chico, se nota que tiene clase- Robert habló mientras bajaba las escaleras y continuó murmurando incluso después de salir de la mansión- Y gente con clase es la que necesitamos, es un desperdicio no aprovechar a los que pueden mejorar la imagen de este pueblo…- Su voz se perdió al cerrar la puerta. Alec corrió a la ventana de una de las habitaciones, desde donde podía tener un vistazo del frente de la casa, y observó a su padre decirles algo a los caballeros que cuidaban la mansión, después se subió al carruaje y se alejó traqueteando.

Inmediatamente se dirigió a su cuarto, se vistió, y se apresuró al cuarto de los guardias que era una pequeña habitación saliendo de la cocina donde había todo tipo de armas. Miró todo lo que allí se encontraba, sabía usar todas esas cosas, pero el arco siempre había sido su favorito.

-Toma- Escuchó una voz a su espalda. Se giró sorprendido para encontrarse a Jace con una mano estirada sosteniendo un arco y un carcaj, y a su lado Isabelle quien miraba su espada haciendo una mueca. Sus dos hermanos estaban vestidos a lo que Alec frunció el ceño.

-Definitivamente no-

- No te estamos pidiendo autorización- Replicó Isabelle.

- No dejaré que vengan conmigo- Dijo el chico firmemente.

-Alec- Habló Jace- Fuimos contigo a través de mares y en medio de tormentas, todo para rescatarlo ¿Crees que no iríamos por él a la plaza del pueblo?- Alec dudó.

-Cuando lo dices así…-

-¡Es que así es!- Isabelle dejó su espada dentro de la habitación- No tiene que ser tan difícil, somos dos chicos perfectamente entrenados y una chica a la que nunca quisieron entrenar pero que nadie podrá con ella, todo contra un montón de inexperta gente campesina- Alec abrió los ojos asustado.

-Es verdad, tú no estás entrenada- Jace sonrió.

- Bella Isabelle, ¿Qué es lo más importante en una batalla?-

- No morir- Respondió ella mecánicamente a lo que el rubio sonrió triunfal.

-Esta entrenada- Confirmó. Alec rodó los ojos.

- Jace, sabes que ella no…-

-Ella no se quedará aquí- Cortó su hermano- Y yo tampoco- Alec suspiró y recibió el arco que Jace le alcanzaba.

-No tienen remedio- Sus dos hermanos sonrieron.

-Tu tampoco- Contestó ella- Somos igual de imprudentes y pasionales que tu ¡Somos Lightwood!- Alec les sonrió. No le agradaba la idea de arrastrar a sus hermanos hacia el plan que ni siquiera tenía pensado aún, pero que ellos lo acompañaran lo hacían sentir que podía hacer cualquier cosa- Muy bien, los guardias ¿Alguna idea de cómo nos deshacemos de ellos?- Jace la miró.

-Usa tus encantos femeninos-

-Absolutamente no- Dijo Alec, haciendo honor a su papel de hermano mayor-Tu usa tus encantos masculinos-


Diez minutos después ya no había guardias. Jace los había despachado a todos con órdenes, gritos e insultos, los cuales eran su especialidad. Amaba ser el que mandaba.

Después regresó al interior de la mansión sonriendo y encontrándose a sus hermanos preparados para salir.

-Despejado- Informó, y cuando vio a Isabelle soltó una carcajada- Eso es para los caballos- La chica miró el látigo que había tomado.

- Le daré otro uso- Respondió encogiéndose de hombros.

-Olviden eso- Urgió Alec- Démonos prisa- Los tres hermanos salieron de la mansión, cada uno tomó un caballo, y al llegar al pueblo se detuvieron unas cuadras antes de la plaza principal. Alec miró a los lados y no encontró un mejor escondite que los techos de las casas, por lo que empezó a trepar.

-¿Enserio?- Preguntó Jace viéndolo dudoso.

-¿Tienes alguna mejor idea?-

-Ninguna, continua- Pronto los tres chicos se encontraban escondidos sobre un techo desde donde podían ver la plaza, a lo que Alec soltó un casi inaudible sollozo: El lugar estaba lleno de gente curiosa y abucheando, los caballeros estaban haciendo un círculo en el medio para evitar que la multitud se acercara demasiado, y en medio de todos había un montículo de paja con una vara enterrada en el centro y con Magnus amarrado en ella. Alec frunció el ceño e imperceptiblemente cerró sus manos en puños.

-No le pasará nada- Tranquilizó Isabelle al verlo- No dejaremos que le pase algo- Alec asintió.

-Atravesaré con una flecha a quien se atreva a intentar encender esa hoguera- Dijo seriamente. Jace lo miró curioso.

-No sé quién me da más miedo cuando está enojado, si Isabelle o tú. Pero creo que si tuviera que esconderme lo haría de ti, ella no puede ni siquiera encender una fogata- La chica le hizo una mueca.

-Estén preparados- Llamó Alec.


Esta vez no había algo amarrando solo las manos o los pies de Magnus, ahora tenía literalmente una cuerda enrollándolo desde los hombros hasta las rodillas manteniéndolo completamente inmóvil y asegurándolo a una vara. Lo único que podía mover era la cabeza y los músculos en ella, al menos le habían permitido peinarse un poco antes de amarrarlo ahí, o sino también tendría el problema de los mechones sobre su cara.

Evitaba hacer contacto visual con las personas que se habían reunido a su alrededor, porque ninguna de las emociones que había visto en todos esos ojos le habían gustado: Desprecio, lástima, indiferencia, miedo. Tal vez pedía demasiado, pero le hubiera gustado ver una pequeña y tranquila sonrisa que le dijera "No te asustes, dejarás este mundo pero todo irá bien" No lo iba a negar, estaba aterrado ¿Que pasaría una vez llegara al otro lado? Le habló a Alec de otra vida pero ni siquiera estaba seguro de que eso fuera posible ¿Y si la última vez que vería a Alec ya pasó? ¿Si nunca volvería a estar vivo, o si nunca lo volvía a encontrar? Porque eso era en lo que pensaba: Sus planes para después de la muerte.

De repente sus pensamientos empezaron a deprimirle, por lo que recorrió a la multitud con la mirada deteniéndose en el Duque Lightwood, quien avergonzado agachó la cabeza. Magnus sintió pena por el hombre, nada de lo que pasaba era su culpa y era claro que Robert no veía las cosas así.

Miró al círculo que rodeaba al Duque pero no encontró a Alec o a alguno de sus hermanos. Se sentía feliz y triste en partes iguales. Extrañaba al chico, y se encontró deseando poderlo ver una última vez.

"Eso ya lo hiciste" Se dijo a sí mismo, se supone que esa última vez había sido la noche anterior, pero no le era suficiente, quería verlo una vez más, y seguramente después de eso querría más y más… y entonces no podría alejarse nunca de Alec.

- Oye- Llamó al caballero más cercano, algo le decía que ese era el encargado de encender la hoguera- ¿Por qué tardan tanto?- Quería apresurar las cosas, acabar con eso de una vez, y no solo por las penetrantes miradas de todos sino porque su corazón empezaba a dolerle.

- Estamos esperando a la reina- Respondió.

- Pues que impuntual- Replicó. El hombre lo miró frunciendo el ceño.

- Cuida tu lengua, es de su majestad de quien estás hablando- Magnus levantó una ceja hacia él.

- No sé si lo notaste, pero mi situación no puede empeorar-

- ¿No aprovecharías tus últimos momentos para tratar de redimirte?-

- No- Magnus se rio- Eso sería un total desperdicio, prefiero usarlos para divertirme-

- No lucirás tan divertido cuando tenga el placer de encender tu hoguera- El hombre levantó su barbilla orgulloso.

- Tu tampoco- Le respondió y decidió dejarlo y concentrarse en recordar todo lo que pudiera de la vida que había tenido. Pero, extrañamente, sus pensamientos parecían resumirlo todo en Alec.

De pronto un sonido llamó su atención y al girar la cabeza vio al carruaje real acercándose por el camino. Todos lo vieron, los caballeros lucían ansiosos, y la gente del pueblo emocionada y asustada a partes iguales. Magnus no sabía mucho de la reina, la había visto vagamente en la coronación, pero esperaba que la mujer decidiera dar la orden de una buena vez y no hacer que se tardaran más.

El caballero con el que Magnus había hablado se acercó más al brujo, preparándose para la orden aunque Magnus no veía una antorcha en alguna parte.

Finalmente el carruaje se detuvo, y Magnus suspiró: Había llegado la hora. Un caballero se acercó a abrir la puerta a la reina pero de repente una flecha llegó volando desde alguna parte y se enterró en la puerta, justo en la parte donde se unía con el resto del carruaje por lo que la reina había quedado encerrada.

-¿Qué demonios…?- Exclamó el caballero junto a Magnus y corrió a ayudar, de hecho todos los caballeros lo hicieron. La gente del pueblo que no hacían parte de la nobleza no se acercó, pero prestaban toda su atención al carruaje. Magnus se sintió indignado, la reina había quedado encerrada y a él estaba amarrado sobre una hoguera ¿Y les llamaba más la atención la reina?

Alguien llegó por detrás del brujo y cortó la cuerda de un solo tajo. Magnus ni siquiera había notado como tenía de presionados los pulmones hasta que pudo inhalar profundamente.

- Luego me lo agradeces- Dijo una voz. Magnus se giró para ver a Jace sonreírle con una espada en su mano y el desastre de cuerdas rotas en la otra.

-¡Jace!- Exclamó tan bajo como pudo- No puedes hacer eso, ellos…-

-Cierra la boca y ven conmigo- Urgió el chico dándole una mirada a los caballeros y luego alejándose por la calle hasta llegar a una esquina. Magnus también les dio una mirada, pero nadie le estaba prestando atención, ahora incluso todos le daban la espalda, por lo que se apresuró y siguió a Jace.

Cuando cruzó la calle casi le da un infarto al ver lo que tenía ante él: Isabelle estaba asegurando un hombre inconsciente a un árbol mientras con su otra mano sostenía un látigo con el que aseguraba a otro hombre inconsciente. Jace silbó.

-Me retracto, ahora me das miedo- Dijo sonriendo. Isabelle lucía orgullosa de sí misma, terminó de asegurar al hombre y se dispuso a hacer lo mismo con el segundo.

- Pero…- Magnus sentía que había perdido la voz, pero debía buscarla donde fuera y formular su importante pregunta- ¿Qué están haciendo?-

- ¿Qué te parece que estamos haciendo?- Cuestionó el rubio.

- ¡Claramente están echando a perder su vida!- Jace hizo una mueca.

- Puedes complicarte pensando eso, o puedes escuchar mi versión mucho más práctica: Estos dos hombres tenían un carruaje que necesitamos- Magnus lo miró como si el chico hubiera perdido la cabeza.

-¿Y pensaste en lo que será de su vida después de esto?-

- Siendo sinceros ni yo ni Isabelle estamos arriesgando algo, heredaremos dinero, pero no tendremos ningún título que mantener- La chica terminó de asegurar al hombre y se puso de pie limpiándose las manos con el vestido.

- Listo, solo esperemos que llegue Alec y nos iremos- Magnus la miró mudo ¿Alec? Pero no había alcanzado a preguntar nada cuando un ruido a su espalda lo hizo girarse y ver a Alec bajando del techo de una casa con un arco en su mano y un carcaj en su espalda.

El brujo se le quedó viendo entre sorprendido y encantado, el chico había vuelto, no importaba cuánto hubiera tratado de mantenerlo alejado de todo eso, Alec había regresado por él. Magnus sintió el calor en su pecho crecer y expandirse, estaba seguro que nadie en su vida hubiera hecho algo así por él.

Alec también lo miró, lucía seguro y decidido.

-Nunca te rindes ¿Verdad?- Le preguntó Magnus. Alec sonrió y negó con la cabeza.

-No-

- Somos encantadores, lo sabemos- Replicó Jace rompiendo la burbuja que Magnus y Alec habían creado con solo verse- Pero démonos prisa que hay una vida de fugitivos esperándonos-


Magnus e Isabelle estaban dentro del carruaje mientras que Jace y Alec eran los cocheros, y hacían que los caballos casi que volaran.

-Esto es malo- Dijo Magnus mirando hacia la ventana donde el pueblo poco a poco se iba perdiendo.

-Yo creo que es emocionante- Replicó la chica mirando sus uñas.

- Tu mayor actividad consiste en leer libros donde la chica es buena y abnegada ante su esposo, es obvio que cualquier cosa te parecerá emocionante- Replicó.

- Mi mayor actividad consiste en usar un corsé- Isabelle le sonrió- Y esto es realmente emocionante-

- ¿No te preocupa no conseguir un esposo? ¿No asistir a los bailes que tanto aman las mujeres?- Ella se encogió de hombros y se estiró sobre su silla como si fuera una reina libre y no una dama recatada.

- En lo absoluto- Respondió. Magnus suspiró, todos los Lightwood parecían ser iguales, solo dejándose guiar por las emociones.

Iba a volverse a asomar por la ventana del carruaje cuando escuchó los cascos de caballos siguiéndolos.

-Maldición- Exclamaron Magnus e Isabelle al mismo tiempo. La chica se asomó por la ventana haciendo que el viento le golpeara el cabello negro.

-Son los caballeros- Informó- Se están acercando, Jace y Alec tendrán que apresurarse…- Entonces se cayó de golpe.

-¿Qué pasa?- Preguntó el brujo.

- También viene el carruaje de la reina- Dijo ella- Nos están alcanzando-


- ¡Alec, muévete!- Ordenaba Jace. Alec debía reconocer que Jace era bueno mandando, pero odiaba cuando esos mandatos eran para él- ¡Nos alcanzan!-

-¡Eso ya lo sé!- Replicó el chico y continuó moviendo las riendas lo más rápido que podía. En realidad él y Jace iban a la par, pero al rubio le gustaba molestarlo.

-¡Eres muy lento!- Se quejó. Alec bufó y continuó tratando de escuchar el ruido de cascos detrás de él. Entonces escuchó un ruido a su lado y casi suelta las riendas de la impresión al ver a Magnus ahí.

- ¡¿Qué demonios haces ahí?!- Gritó, por lo presionado que se sentía y por el susto.

-Te llamaba pero no me escuchabas- Se defendió el brujo.

- ¡Isabelle!-

- No se caerá, Alec- Le respondió su hermana. Alec rodó los ojos.

-¿Para qué me llamabas?-

-Para decirte que te detuvieras-

-No pasará, vuelve a dentro-

-O te detienes voluntariamente o uso mi magia para hacerlo- Magnus habló firmemente a lo que Alec lo miró curioso.

-¡¿De qué lado estás?!- Cuestionó Jace.

- ¿Por qué?- Preguntó el chico. Magnus lo miró serio.

- Lo intentaste y lo aprecio muchísimo, pero no son solo caballeros los que nos siguen, es la misma reina, y si nos escapamos de ella ni siquiera tendremos oportunidad de ser fugitivos- Magnus veía como Alec lo entendía, porque tenía razón- Nos mataran apenas alguien nos vea, no nos darán tiempo de explicar nada-

- No dejaremos que nada de eso pase- Respondió Jace seguro, pero Magnus vio la duda en Alec. Lo vio parpadear y despertar a la realidad en la que se encontraba, lo vio mirar al carruaje sorprendido, a los caballeros y la reina siguiéndolos, e incluso a sus propios hermanos. Entonces hizo una mueca de dolor y cerró los ojos inhalando profundamente.

-Magnus tiene razón- Habló, y el brujo se sintió feliz de escucharlo.

-¿Qué?- Jace lucía enojado- ¡No tiene razón! ¿Dejarás que lo maten?-

- No puedo arrastrarte a Isabelle y a ti por mucho que ustedes quieran- Replicó Alec- Mi padre confía en nosotros… en mi para ser el siguiente Duque Lightwood-

-Pero…-

- Jace- Alec empezó a disminuir la velocidad- No hagas esto más difícil, y tú- Alec se giró hacia Magnus- Tienes suerte de que mis hermanos estuvieran aquí, porque de lo contrario nada me hubiera impedido renunciar a todo- Magnus le sonrió conmovido.

-No lo dudo- Después de un momento el carruaje se detuvo y no mucho después los caballeros lo rodearon, y seguido el carruaje real.

El conde Robert se bajó de uno de los caballos y se apresuró a alcanzar a sus hijos.

-¡Están castigados! ¡Los tres! ¡Tú me vas a bordar diez mil servilletas, tú vas a practicar esgrima todos los días por un mes y tú vas a memorizar los nombres de cada uno de los miembros de la nobleza que hay en los 10 reinos más próximos!- Los hermanos Lightwood lo miraron con la boca abierta. Robert guió su mirada hacia Magnus y frunció el ceño- A ti no sé qué te molestaría, pero podríamos tratar con suspenderte el postre por dos meses-

- Yo… ¿Qué?- Preguntó el brujo. Alec miró de su padre a Magnus con la confusión marcada en el rostro.

Uno de los caballeros se acercó a Magnus con la mirada baja, el brujo lo reconoció con el hombre con el que había intentado hablar en la plaza.

-Hubo un error- Dijo el caballero- Soy Ragnor Fell, quien ordenó tu búsqueda hasta América-

- Interrumpiendo mis vacaciones- Resaltó Magnus. Ragnor gruñó.

- La cosa es que nos hemos equivocado. Tú no eres un brujo- Magnus le dio una sonrisa radiante.

- Se tardaron en darse cuenta- Comentó.

- Fue culpa mía, yo malinterprete las órdenes de la reina- Magnus levantó sus cejas sorprendido, aquello era grande.

-¿Y cuál será tu castigo? Tengo un par de cosas que proponer-

-Magnus- Riñó Alec. Magnus sabía que debería sentirse agradecido, pero la situación era demasiado irónica para eso.

Dos caballeros se acercaron al carruaje de la reina y le abrieron las puertas para que ella pudiera bajar. Llevaba una peluca blanca al estilo francés y un hermoso vestido azul celeste. Ella se bajó tomando la mano de uno de los caballeros y caminó con elegancia hasta ellos mientras que en su otra mano sostenía una flecha.

-¿Magnus Bane?- Preguntó, pero seguido asintió- Sí, te recuerdo, fuiste el loco que dejó caer una cortina sobre mí el día de mi coronación- Magnus hizo una reverencia.

-El mismo loco, mi reina- Ella hizo un movimiento con su pálida mano.

-Llámame Catarina, odio los formalismos- Ella dirigió su mirada hacia Jace, Alec e Isabelle- ¿Quién de ustedes fue el de la flecha?- Alec dio un casi imperceptible paso hacia adelante, a lo que Catarina levantó una ceja hacia él- Toma tu flecha y a la próxima te obligaré a pagar la puerta de mi carruaje-

- A ver si entendí- Habló Magnus sin poder evitar sonreír- ¿Ya no hay hoguera?- La reina se cruzó de brazos y miró a Ragnor, quien suspiró pesadamente.

- Cuando la reina ordenó buscarte creímos que era por brujería y por eso te acusamos como tal, pero realmente no era por eso-

- ¿Entonces por qué?- La reina sonrió.

-Como comprenderás no me gusta que lancen cosas sobre mí, necesitaba buscarte para reprenderte-

- No lo volveré a hacer- Prometió Magnus levantando sus manos.

-Oh, esa no era la reprimenda. Ven conmigo-


Esa tarde Alec caminaba de un lado al otro en uno de los pasillos del palacio mientras de vez en cuando lanzaba miradas a la puerta cerrada del estudio de la reina, donde ella y Magnus llevaban horas encerradas.

-Alec, relájate- Pidió Isabelle no por primera vez.

-¿Que tanto le estará diciendo?- Preguntó. Jace lo miró divertido desde el suelo.

- ¿Estás preocupado por su seguridad o estás celoso?- Alec se detuvo y lo miró.

-¡Obviamente estoy preocupado por el! No estaría celoso de la reina, es ridículo-

-¿Seguro?- El rubio se puso de pie pensativo- Por lo que sé ella es soltera, a Magnus le darán una mención por ser el único sobreviviente de un barco, luego naufragar por una isla y vivir allí por meses, y sin mencionar el hecho de que nuestro padre planea darle nuestro apellido. En este momento ese chico sería un gran partido- Alec frunció el ceño.

- Estamos hablando de la reina, seguramente tiene exigencias-

- Ella no es como las otras reinas- Replicó Jace- ¿No viste como miró a Isabelle cuando la vio en el carruaje? Se le notaba la envidia de poder hacer lo que quisiera-

-Pero Magnus…-

-¿Realmente crees que le dirá que no a la reina?- El ceño de Alec poco a poco dejó de fruncirse.

-Jace basta, lo estás asustando- Habló Isabelle- Alec, no lo escuches, solo tiene envidia de lo que tu encontraste- Jace miró a su hermana e iba a decir algo pero Robert llegó hasta ellos por el pasillo. El Duque, al principio, había estado esperando con ellos pero después se había alejado para hablar con algunos amigos.

-¿Todavía no salen?- Preguntó. Alec suspiró.

- Yo propuse que Magnus debería de estar cortejando a la reina, yo lo haría- Respondió Jace encogiéndose de hombros, a lo que Alec volvió a fruncir el ceño.

- Magnus no está cortejando a la reina- Respondió Robert mirando al rubio- Si tanto quisieras tener la suerte que tuvo Alec, hay un par de hojas de mis amigas que puedo presentarte-

-No gracias- Respondió el rubio- Estoy bien así- De pronto la puerta del estudio de la reina se abrió y Magnus salió junto a Catarina. Alec quería hablar con el brujo, pero no con toda su familia presente, Isabelle lo notó y se apresuró a ayudar.

-Padre- Llamó- Hablando de cortejos, hay un chico que ha estado cortejándome ¡Es tan encantador! Se llama Simón, y era el capitán de uno de los barcos, estoy segura de que te agradará - Alec parpadeó hacia ella, Simón no había hecho nada de eso- Es más, lo vi hace un momento ¡Tienes que venir a conocerlo!- Isabelle tomó a su padre de la mano y lo arrastró por el pasillo para alejarlo, Jace lo notó y los siguió. Alec apenas tuvo tiempo de pensar en el susto que se llevaría Simón cuando Isabelle llegara hasta él con su padre afirmando un montón de cosas, pero después se centró en ver a Magnus salir.

-Gracias por todo- Le dijo a Catarina, y al ver a Alec sonrió.

-Gracias a ti, y espero tenerte muy pronto de vuelta- Respondió ella, después le dio una mirada a Alec- Y cuida a este chico, es obvio que le importas lo suficiente como para hacer cualquier tipo de estupidez por ti- Magnus tomó una de las manos de Alec y entrelazó sus dedos con él.

-Claro que sí- Respondió. Catarina les dio una última sonrisa y luego avanzó por el pasillo para retirarse. Alec la vio marcharse y después miró a Magnus.

-¿Qué pasó? ¿Qué te dijo?-

-Fue una larga reprimenda- Informó el brujo- En la que también estuvo incluida la orden de regresarle su manta dorada favorita-

-Ah- Alec asintió desinteresado pero después se dio cuenta de lo que eso significaba- ¿Qué? ¿Cómo supo…?-

-Ella lo sabe- Alec lo miró asustado.

-¿Y no le importa?-

- No, al contrario, se interesó por saber mi historia, por eso tardamos tanto- Todo era muy extraño, no se supone que las cosas deberían suceder así. Pero de todos modos, si hacía una lista, nada se supone que debió de haber sucedido de la manera en la que lo hizo, empezando por el incendio de su barco con el que llegó por primera vez a la isla de las sirenas. Viendo las cosas de ese modo, que a una reina no le importe si Magnus era un brujo era entendible- También quiere mi ayuda- El chico lo miró curioso.

-¿Ayuda en qué?- Magnus sonrió.

- Ella y yo no somos muy diferentes- Alec se veía confundido- No importa- Magnus tomó al chico de los hombros y lo acercó a él- No te he agradecido por haber tratado de salvarme de la hoguera- Alec puso sus manos detrás de la espalda de Magnus.

-Nunca consigo salvarte, no completamente al menos-

-Oh Alec, tú me salvaste desde el primer día- Alec le sonrió- Quiero que de aquí en adelante continúes haciéndolo-

- Nada me haría más feliz- Magnus lo acercó y unió sus labios. Alec se dejó llevar con el beso, no había pasado más de un día pero ya extrañaba la boca de Magnus, y estaba seguro de que al segundo de separarse lo haría de nuevo. ¿Qué podía hacer? Intuía que estaba entrando a algún tipo de terreno diferente, seguramente uno relacionado con la dependencia hacia el brujo, pero también sabía que no era el único. Sabía, con solo sentir la forma en la que Magnus lo besaba, que el brujo también estaba entrando a ese terreno con él, y tomados de las manos recorrerían el nuevo camino, porque algo en Alec le decía que, si estaban juntos, podrían contra todo.

Magnus se separó y lo miró sonriendo.

-¿Alguna vez te dije que me encantan tus ojos? Tengo problemas al besarte, no sé si mirar o no mirar ¿Que me aconsejas?- Alec rió.

-¿Alguna vez te dije que me encanta todo de ti?- Magnus levantó una de sus manos y con ella acarició la mejilla de Alec.

-¿Me seguirás queriendo si tuviera tres ojos? Creo que podría poner un ojo extra en cada uno, así podríamos ver y disfrutar al mismo tiempo- Alec volvió a reír.

- Estamos hablando de tus ojos oscuros y rasgados, claro que me encantaría ver otro. Me encantaría verlos mil veces- Magnus abrió los ojos sorprendido.

-¡Wow! Con mil ojos definitivamente dejarías de quererme- Alec se aferró a él en un abrazo imprevisto.

- Nunca- Murmuró- Nunca dejaré de quererte- Magnus le correspondió el abrazo.

- Nunca es demasiado tiempo…- Comentó.

-Exacto-

- Entonces no hace falta otro ojo. Tenemos tiempo de sobra- Respondió el brujo. Alec ahogó una risita en el hombro de Magnus.

Un momento después los dos se separaron de cuerpos pero mantuvieron unidas sus manos.

-Vamos- Dijo Alec y empezaron a caminar por el corredor- Hay un montón de cosas que quisiera hacer contigo- Magnus le sonrió coqueto y lo miró descaradamente de abajo hacia arriba.

-Yo también, créeme-

- Hablo de jardines, bibliotecas y esas cosas- Tartamudeó el chico a lo que Magnus sonrió, Alec pensó que ni atravesando el mar había visto una sonrisa más hermosa que esa. A Magnus se le hacía un pequeño hoyuelo en la mejilla cuando sonreía, y sus ojos parecían acompañar a su boca.

-Jardines… Bibliotecas…- Repitió Magnus- De acuerdo, soy flexible-

-¡Magnus!- El brujo se rio.

-Estoy jugando contigo- Magnus se estiró un poco y le dio un beso al chico en la mejilla- Hagamos lo que tú quieras-


EPÍLOGO (TRES AÑOS DESPUÉS)

Magnus dejó de besar la boca de Alec y continuó con su cuello, a lo que el chico levantó el rostro y soltó un casi inaudible suspiro que Magnus escuchó. En esas situaciones le gustaba tener sus sentidos despiertos para atrapar cualquier reacción de Alec porque las amaba todas.

Ambos estaban desnudos en una cama grande, llena de almohadas y con sábanas de seda rojas. Magnus había apreciado mucho la oferta de Robert de pertenecer a su familia y ser un Duque, y también la de la reina de ser su consejero y ayudarla a saber más cosas de sí misma y a descubrir todo lo que podía llegar a hacer, pero ninguna de esas ofertas le parecía más interesante que su realidad: Viajaba con Alec, Duque Lightwood, por todos los continentes comercializando alcohol. El chico había hablado con su padre y lo había convencido de darles el título a sus tres hijos y no solo a él, por lo que sus responsabilidades habían disminuido considerablemente. Isabelle amaba que la llamaran duquesa, y desde lo ocurrido con Simón en el palacio él había empezado a cortejarla realmente, y aunque no es nada seguro aún Robert sueña con una pronta boda.

Jace no logró enamorarse, pero lleva más de cinco encuentros con la misma chica lo cual era algo casi imposible en él. Nadie tiene expectativas de todos modos.

Catarina había resultado ser una gran reina, y la caza de brujas y brujos había empezado a disminuir. Magnus sentía que pronto sería el fin de aquella etapa.

El brujo continuó besando a Alec por la clavícula y luego empezó a descender por sus brazos pálidos y musculosos, nunca había podido detenerse, Alec y su piel se habían vuelto su debilidad desde hacía un buen tiempo, y al parecer el chico lo entendía porque lo dejaba disfrutar de su adicción a gusto.

De repente Alec usó sus manos para tomar el rostro de Magnus y levantarlo a la altura de sus ojos verdes, y al tenerlo frente a él sonrió antes de proceder él a repartir besos en su quijada mientras bajo las sábanas de seda enrollaba sus piernas desnudas con las de Magnus, a lo que éste respondió con algo entre un suspiro y un ronroneo.

Magnus usó sus manos para tomar a Alec por la espalda, encerrándolo y acercándolo más a él. También amaba la sensación de tener la boca de Alec tocándolo, estaba seguro que era algo de lo que nunca se cansaría.

Un dedo de Alec alcanzó a rozar parte de la cadera del brujo, a lo que este se estremeció. El chico lo notó y sonrió travieso. Magnus pensó que había logrado muchas cosas con Alec, pero uno de sus mayores logros había sido descubrir a un chico mucho más divertido y relajado. Ahí, al verlo sonriendo mientras con una mano masajeaba su abdomen, le hizo pensar que todo lo que había pasado había sido solo para llegar hasta ese momento, y entonces se dio cuenta que había valido la pena.

Alec se separó un poco de él y subió la mano del abdomen para pasarla por el pecho y luego al cuello, donde jugó a hacer círculos.

-¿En qué piensas?- Le preguntó. Alec levantó una mano y la entrelazo con la de Alec interrumpiendo su juego, no solo porque quería entrelazar sus dedos sino también porque le daba cosquillas que quería evitar.

- En qué soy tan feliz de que estemos juntos- Alec le sonrió, iluminando así todo su rostro.

- Nunca dudé de que sería así, por eso es que no me rendía tan fácil, porque dime, si sabes lo que te hará feliz el resto de tu vida ¿No lucharías por eso?-

- Lucharía por ti- Respondió Magnus- No necesito nada más- Alec levantó sus manos y dejó un caliente beso en la muñeca del brujo.

-Yo también- Respondió- Pero espero que eso ya no sea necesario- Magnus se encogió de hombros.

- Vivimos en un barco ¿Sabes cuantas cosas se esconden en el mar?-

- Aunque fueran billones- Replicó Alec- No tengo miedo, no si estoy contigo. Tú no dejarás que nada me pase- Magnus se rió, recordando aquella vez en la que Alec le había entregado su vida, confiando en que el brujo aún tenía corazón y que no le haría daño. Magnus confiaba en Alec y en sus decisiones guiadas por el corazón, así como Alec confiaba en Magnus y en la infinita bondad en él, a pesar de que el brujo parecía esmerarse en ocultarla del resto del mundo.

- Tú no dejarás que me hagan daño- Le respondió Magnus, tal como Alec había dicho que haría en el pasado si Magnus escapaba de las sirenas para ir con él. Alec volvió a sonreírle y, distraídamente tomó la sábana para cubrir a Magnus hasta el brazo. Magnus notaba esas cosas, pequeñas acciones que Alec hacía, tal vez sin darse cuenta, para protegerlo, para cuidarlo. Era una sensación nueva tener a alguien así, pero le encantaba, la vida de prisionero parecía muy lejana entonces, y no solo en la que estaba encadenado físicamente, sino cuando era prisionero de sí mismo, condenado a resignarse a su destino.

- Quizá deberíamos salir- Murmuró Alec- En cualquier momento…- Pero era tarde. De repente la puerta de la habitación fue abierta y Alec inmediatamente se escondió bajo las sábanas. Magnus rió y miró al hombre en el umbral.

-Cuéntame que se te ofrece- El hombre no lucía sorprendido, ya estaba acostumbrado.

- Ya vimos tierra- Informó.

-Excelente, en un momento salimos- El hombre asintió y volvió a cerrar la puerta. Magnus creyó que algún día le confesaría a Alec que él había permitido que los hombres del barco entraran sin tocar, y lo hacía porque no había cosa más adorable que ver a Alec escondiéndose. Magnus lo miró dulcemente mientras el chico se quitó lentamente la sabana de la cabeza y echó un vistazo hacia la puerta.

- Sabía que entraría en algún momento- Murmuró. Magnus estiró una mano y acomodó los desordenados mechones negros del chico.

- Eres encantador- Le dijo. Alec lo miró.

- Magnus, les diste la orden de tocar la puerta ¿Verdad?-

-Adoro verte escondiéndote como un gatito-

-Magnus…-

-Y esa boca… si tuviera que nombrar todas las cosas que me gustan de ti nunca acabaría- Alec entrecerró sus ojos hacia él.

-¿Estás intentando seducirme? Porque no lograrás evadir el tema-

- Ah ¿No?- Magnus giró sobre su espalda quedando sobre el pecho de Alec, tal como una vez habían estado en la playa. Alec pasó saliva al verlo y llevó sus manos a la espalda del brujo- Evadir temas es mi especialidad-

- Pero pronto llegaremos a tierra- Murmuró el chico. Magnus le sonrió.

-Creo que el hombre podría volver a entrar para pedirnos de nuevo que salgamos- Alec abrió la boca para replicar pero Magnus lo cayó con un beso. Alec suspiró y cerró completamente sus brazos sobre la espalda del brujo, y este sonrió feliz contra la boca del contrario, quizás si habían cosas a las que resignarse, muy pocas, pero las había.

FIN


Listo, muchas gracias a todos los que me acompañaron en esta historia mágica y diferente comparado con lo que llevaba escribiendo (Hacía un buen tiempo que no escribía MALEC) Y me encantaría saber si les gustó o si notan algún error. Gracias por leer :)