Hellow!
d. s. laxus: jajajajajaja amo cuando alguien tiene esas reacciones espontaneas XDDDDD también akira es un idiota? vaya, yo solo esperaba de te-chan XDDDDD y con lo de que el mundo está lleno de buenas intenciones me hiciste acordarme de mi tio XDDDDD él trabaja con buenas intenciones, sin pensarlas nunca, pero con buenas intenciones... quizás algunos de mis personajes tengan ese terrible punto en contra XDDDD me alegra escuchar eso, y espero que te siga gustando ;) a ver si puedes empezar a pensar ya en sospechosos jijijiji gracias por tu review!
31 de Diciembre.
Por los Años IV: inicio de la tercera generación
Feliz año nuevo: la verdad sobre Hondou Eisuke
El año nuevo por Akira era siempre algo para pasar en el hotel, suspirando con los hombres y mujeres solteros que tienen que trabajar siempre en esas fechas. No había querido nunca celebrar un año entrante con alguien, en realidad. Pero por alguna razón, así como siempre venían Mamoru y Asami, y con ellos todos los demás, ese año Mamoru había dejado de hablarle. ¿Tal vez habría sido demasiado duro con él? El año nuevo de ese año, serían solo con Chieko, Hiro, Takeshi y Sara a su lado, aparte de los trabajadores del hotel. Empezaba a hartarse de ser el único sin pareja, con quién poder compartir un día especial. Pero también había sido su culpa el echar de su lado a Mamoru cuando él le necesitaba y ahora su orgullo le impedía pedirle perdón. Sus pensamientos estaban siendo tan negativos que ni siquiera vio a un cliente delante y echó por el suelo todo el pedido que tenía para llevar a la mesa. La mujer de negocios que tenía delante de él se había ensuciado el caro vestido que llevaba y parecía querer gritarle. Antes de que pudiera decir nada, Chieko golpeó con fuerza a Akira.
— Disculpe, señora —dijo él ignorando por completo a Chieko. Cada vez que estaba embarazada esa mujer lo golpeaba con más furia. Iba a tener que arreglar la relación entre Hiro y ella para que dejaran de salirle bultos en la cabeza—. No la he visto —al acto vio que había hecho mal. La gruesa cara de la señora enrojecía por momentos. Era realmente imposible no verla—. Digo… no digo que no la haya visto sino que… —la cara de la mujer estaba más roja que un tomate, pero no de vergüenza, parecía dispuesta a abofetearle con esas gruesas manos, más dobles que las de él—. Esto… creo que…
— Creo que lo que este amable señor quiere decirle, es que estaba demasiado centrado pensando en su belleza que no ha podido centrar sus ojos en lo que estaba haciendo —respondió Natsuki poniéndose delante de Akira con una sonrisa llena de amabilidad.
La mujer la miró con el ceño fruncido.
— Creo que lo tengo por aquí —Natsuki se buscó en los bolsillos de su falda larga y sacó un pequeño sobre—. Sí, le aconsejo que lleve el vestido en la tintorería del hotel, le saldrá gratuita y además… tome esto como compensación para comprarse uno nuevo —Natsuki le guiñó un ojo. La mujer observó el sobre con atención y miró el interior. Había un montón de dinero. La mujer se giró sin decir nada para salir del restaurante—. No creí que fuera a funcionar. Acuérdate de que laven su vestido como es debido —Natsuki se giró para mirarlo. Akira mantenía la boca abierta mirándola. Chieko golpeó a Akira con fuerza y luego se cruzó de brazos para fulminar con la mirada a Natsuki—. Querida vas a verme mucho a partir de ahora, así que te aconsejo que te pases el mal genio con otro.
— Hago lo que me da la gana —respondió Chieko—. ¿Y por qué narices hablas acerca de que vamos a lavarle gratis la ropa a esa mujer, eh?
— Porque creo que queréis seguir teniendo prioridad ante los clientes y ya que yo he dejado de serlo, creo que es una oportunidad para tener a otro más contento —respondió Natsuki.
— ¿Pe-pero qué haces aquí? —susurró Akira. Parecía que se había atragantado con la comida que había tirado, porque por muy fuerte que él intentara hablar, su voz no estaba saliendo tan fuerte como él quería que saliera.
— Quería darte una sorpresa y además tengo que hablar contigo —Natsuki sonrió, haciendo que Akira enrojeciera por completo. ¿Era solo su imaginación o la chica era aún más bonita que la primera vez que la había visto? Natsuki observó a Chieko para que no metiera sus narices en dónde no le llamaban, pero ella no parecía querer moverse—. Es una conversación privada, chica.
— Y supongo que tus primas tampoco pueden saber de eso —Chieko sonrió con malicia.
— Se lo diré yo en cuanto llegue a su casa, puesto que iba a quedarme en casa de Chizu a dormir —respondió Natsuki—. Así que si me permites conversar con tu hermano diez minutos, te lo agradeceré. Entonces me largaré y no volverás a verme durante unos días, ¿te parece?
— Acepto el trato —respondió Chieko sonriendo—. diez minutos por diez días.
— De acuerdo —Natsuki encogió sus hombros.
— Oye, yo no estoy de acuerdo con eso —se quejó Akira.
— Nadie te ha pedido tu opinión —respondieron las dos a la vez. Natsuki se echó a reír mientras Chieko volvía hacia dentro de la cocina—. Vamos a un lugar más tranquilo, por favor.
— Claro —Akira la cogió de la mano y tiró de ella hacia la entrada del hotel. Natsuki se sentó en las escaleras, en un pequeño rincón y Akira se quedó de pie a su lado—. ¿De qué quieres hablarme?
— No hay una manera sensible de decir eso, así que intentaré serlo lo mejor posible —Natsuki suspiró largamente—. He dejado la CIA, me uniré al Programa Especial de Kyoto, en su sede de Tokio.
— ¿Disculpa? —Akira arqueó una ceja, esa chica sí que era imprevisible: cuando sabía que ella amaba tanto su trabajo—. ¿Por qué?
— Mmmm… —Natsuki no esperaba esa pregunta—. Porque es peligroso, tal vez.
— Eso realmente no te ha importado nunca —Akira frunció el ceño.
— Ya pero, no puedo pensar por mí ahora, así que —Natsuki se encogió de hombros—. La semana pasada estuvimos en una situación de riesgo tóxico, con mi hermano y fue entonces cuando nos dimos cuenta de algo, por lo que mi hermano está terriblemente enojado.
— Tu hermano siempre estará enojado conmigo, así que no le veo diferencia a nada —respondió Akira—. Pero lo de estar en riesgo, ¿por qué? ¿Es que no ibais protegidos correctamente? —preguntó.
— Íbamos perfectamente protegidos, pero yo me desmayé de los nervios —Natsuki sonrió un poco traviesa, mientras le mostraba que tenía una pequeña herida en la frente que su pelo había cubierto hasta entonces.
— ¿Estás bien? —Akira se arrodilló delante de ella preocupado—. ¿Qué fue lo que te pasó? ¿Es que te bajó la presión o algo?
— No, no es eso —respondió ella—. Mi cuerpo actuó por sí solo, como así decirlo —Natsuki cogió la mano del chico con fuerza—. Porque tenía que defenderme, no solo a mí, así que se colapsó.
— A ver… que lo entienda —Akira rodó los ojos—. Te desmayaste y te golpeaste contra el suelo, porque tenías que protegerte a ti y a tu hermano de una intoxi… —Natsuki se echó a reír—. ¿Qué?
— Eres lento —respondió ella.
— ¿Por qué?
— En cuanto mi hermano me hubo llevado al hospital, el médico me dijo que estaba embarazada —respondió Natsuki—. Y que mi cuerpo se había colapsado para proteger lo que se está creando en mi plana barriga.
— ¿Puedes volver a repetirlo? O te he entendido mal o dejé de escuchar con esa palabra de diez letras —Akira parpadeó confundido.
— Me entendiste perfectamente —se rio Natsuki.
— Así que te golpeaste en la cabeza porque estás embarazada —Akira se sentó a su lado sin soltar su mano—. Eso es extrañamente cruel en Nochevieja, ¿no crees?
— ¿Cruel? —Natsuki lo miró.
— Precisamente me golpeé con esa mujer por estar pensando que estaba solo y ahora me vienes diciendo esto —Akira suspiró—. Es cruel lo mires por dónde lo mires, porque si hubieras venido veinte minutos antes tu no tendrías que haber dado dinero, que luego tengo que pagarte, por cierto, ni tendrías que haber enojado a mi hermana —Natsuki se rio con fuerza—. Es en serio. Ha sido muy cruel por tu parte —se calló observándola reír—. ¿Y? ¿Qué quieres hacer?
— Al contrario que mi hermano, quiero tener el bebé, por eso me voy al Programa, porque podré volver a ser agente, cuando sea un poco mayor, y mientras tanto podré seguir trabajando hasta que el cuerpo me diga basta.
— ¿Estarás aquí en Tokio? —preguntó Akira mirándola.
— Sí, me han dicho que tengo plaza asegurada en Tokio —respondió ella—. Los agentes de la CIA andan un poco escasos, ¿sabes? Después de la muerte de mi padre…
— ¿Puedo estar contigo entonces? —Akira sonrió—. Realmente no hemos oficializado nada y no quiero que pases por esto tu sola.
— Te sientes terriblemente solo, ¿no te parece que deberías de buscarte novia? —preguntó ella.
— Bueno, tengo a alguien que me gusta mucho, pero hasta ahora solo andaba viajando por su trabajo —Akira desvió la mirada medio avergonzado—. Y ahora ha vuelto con un chichón en la cabeza y diciendo cosas raras.
— ¿Te gusto? —Natsuki lo abrazó por la espalda y lo atrajo hacia ella—. Es extraño que Akira-san diga eso.
— ¿Sabes? Jamás he sido perfecto, pero realmente te echo demasiado de menos cada vez que te vas y cada vez que nos separamos; incluso cada vez que no hablamos por internet o por teléfono —dijo Akira en un suspiro.
— Muy en el fondo eres todo un romántico, Kyogoku Akira —se rio Natsuki dándole un beso fugaz en la mejilla y soltándolo.
Akira la miró preocupado. Debajo de ese delantal, había un hombre que siempre había intentado dar lo mejor para él y para los más importantes para él. Quizás fuera un poco cobarde en querer pedir a salir a otra chica, después de su primer fracaso con Aiko, pero él sabía lo que podría ser bueno para los dos y quería darle realmente todo lo que él pudiera. Hizo su mejor sonrisa mientras la miraba. Si ella quería hacerlo, él la acompañaría en lo que fuera.
— Aunque tal vez no funcione por mi culpa me gustaría que salieras conmigo, Natsuki.
— ¿Y quién dice que no funcionaría? —Natsuki le guiñó un ojo—. Acepto, por supuesto. Porque yo también te echo de menos si estoy lejos de ti y porque ahora por el bien del bebé, deberemos de estar juntos, si es que realmente quieres estar conmigo.
— ¿Que si quiere estar contigo? —Asami se cruzó de brazos delante de ellos—. Shiroma eres cruel al dejarlo solo tanto tiempo, porque entonces el tipo se vuelve cruel con sus palabras y bastante insensible.
Los dos miraron a la chica que era seguida por Kizuna, Kazuki y un triste Mamoru.
— Eso era una conversación privada, Kudo —se quejó Akira.
— Ya, pero viendo que Chieko está enojada por no sé qué camarero que echó las sopas por el suelo, mejor no acercarse a ella —se rio Asami encogiéndose de hombros—. Así que entonces, decidí venir a saludar.
— ¿A qué ha venido eso de cruel con sus palabras y bastante insensible? —preguntó Natsuki con el ceño fruncido.
— Pues que echó a su mejor amigo del hotel, porque no le importaba más que el hecho de que Natsuki se había ido del país —Asami sonrió hacia Akira.
— ¡Eso no es cierto! —se quejó él rojo como un tomate.
— Aún estamos esperando tus disculpas, por cierto —Asami cogió la mano de Mamoru y lo hizo ponerse delante de Akira—. Aunque una amistad no sea buena si no hay una pelea de vez en cuando, estaros tantos días sin hablaros es cruel, ¿no crees? Es Nochevieja, así que os ordeno reconciliaros a los dos —dijo Asami—. Empezando por ti, Mamoru, sea lo que sea que le hayas hecho y mientras tanto te robo unos minutos a tu novia.
— ¿Ocurre algo? —Natsuki se levantó para seguir a Asami que se había alejado a pasos rápidos.
— He intentado localizar a tu hermano, pero no me responde, así que me puse a buscarte y cuando fui al Programa para que me dieran un teléfono de contacto, me dijeron que te encontraría hoy aquí —Asami sonrió—. Lo siento, pero era mejor que habláramos cara a cara, que no dejar un mensaje en tu contestador.
— ¿Qué ha sucedido? —preguntó ella.
— Si tengo que serte sincera, Kizuna se ha resfriado terriblemente —dijo ella al escuchar a Kizuna estornudar un par o tres de veces.
— ¿Y?
— En el hospital al que fui, encontré algo interesante, que tal vez queráis comprobar con tu hermano y tú —respondió ella dándole un papel—. Al parecer es en otro hospital, pero me enteré por un buen amigo que trabaja allí y estaban hablando de ello entre sus compañeros. Será mejor que te pongas en contacto cuanto antes con ese hospital y vayáis a ver. Hay un caso realmente increíble que de seguro tu hermano querrá ver también.
— No quiero más casos, no quiero perder mi embarazo —respondió Natsuki.
— Entonces dile a Erick que investigue y él mismo te pedirá que vayas con él el segundo día —Asami sonrió—. Te aseguro que si no lo compruebas, te podrías arrepentir de ello.
— No entiendo —Natsuki frunció el ceño—. Ni nosotras nos conocemos, ni creo que conozcas tanto a mi hermano como para asegurar eso.
— Seguro que por eso sí que querrás —Asami sonrió—. Porque voy a tener que enviar a mi padre también allí.
— ¿Qué tiene que ver tu padre? —preguntó Natsuki.
— Créeme, solo hay una cosa que os interese a los tres e incluso a mí. Solo son rumores, pero es mejor comprobarlo cuanto antes y quería contároslo antes a vosotros dos.
— ¿Mi padre? —Natsuki frunció el ceño y miró el papel.
— Ve —Asami afirmó con la cabeza—. Va a ser algo divertido, te lo garantizo.
— Natsuki-san no parece muy convencida —susurró Mamoru al verlas. Prefería hablar en voz baja, aunque ellas estuvieran lejos.
— Seguro que no, estamos hablando de Asami —respondió Akira en un suspiro. Mamoru lo golpeó en la cabeza—. ¡¿Pero a ti qué te pasa?! —gritó él.
— Me dio la gana de golpearte, nada más —respondió Mamoru cruzando sus brazos—. Y ahora si me disculpas tengo otras cosas de las que ocuparme, vo-voy a terminar con aquello de la amenaza.
— ¿Cómo? ¿Pretendes dejar sola a Asami? —Akira lo miró de reojo.
— No es dejarla sola, iré a investigar. Pero las cosas pueden terminar saliendo mal —susurró él mirando hacia la chica—. Por eso te pido que cuides de ella, por favor.
— Hattori, ¿estás loco? —preguntó Akira.
— No, para nada —respondió Mamoru—. Pero no quiero que ellos sigan sufriendo mientras yo alargo algo que no puede alargarse.
— Y terminarás haciéndolos sufrir más si mueres, ¿me oyes? —dijo Akira—. Así que al menos, prométeme que tendrás cuidado.
— Tendré cuidado —respondió Mamoru sonriendo hacia él—. Todo el que pueda.
— No pareces tomártelo muy en serio, Hattori. Yo te estoy hablando muy en serio —Mamoru observó como Kizuna se acercaba a él como un pequeño pato patoso.
— ¿Qué ocurre?
— No puedo quitármelos —se quejó ella señalando a los guantes.
— En seguida nos vamos y tendrás que volver a ponértelos, Kizuna —Mamoru sonrió y le hizo señas para que se acercara a él. Ella lo hizo y Mamoru le tocó la frente. Seguía caliente—. Aún tienes fiebre, nos vamos en seguida a casa, ¿vale?
— Quiero dormir —dijo ella.
— Lo sé —Mamoru sonrió hacia ella mientras la levantaba del suelo—. En cuanto lleguemos a casa te metes en la cama, ¿vale? Me lo estoy tomando muy en serio, Kyogoku.
— Yo no tenía ni idea de que os estuvieran amenazando —Akira lo miró.
— Solo a mí y no le he dicho nada a ella —respondió Mamoru en un suspiro—. No quiero que Asami lo sepa.
— ¿Por qué?
— Ella está sufriendo suficiente como para que además le diga que pueden matarla a ella, o a los niños —Mamoru bajó la mirada al suelo—. No sabría cómo decirle algo así.
— Pero mamá lo entiende todo, ¿verdad? —Kizuna sonrió mientras se abrazaba a él.
— Siempre he creído que decir la verdad sería lo mejor para todos, pero no creo que Asami pueda soportar eso, Hattori. Lo entiendo —Akira suspiró.
— Estoy aguantando, junto a Miyano y Akai, pero tengo que averiguar lo que esa persona quiere y hasta que no esté yo en ese lugar, no podré saberlo —Mamoru miró a Akira.
— ¿Y la policía? —preguntó Akira.
— Es un lugar demasiado descubierto para que alguno de ellos puedan infiltrarse, así que tengo que ir solo —respondió él—. Por eso no puedo decírselo.
— Está bien, entonces iré contigo —respondió el hijo de Sonoko y Makoto—. Somos amigos, así que no es inusual que podamos ir a…
— No puedes hacerlo —lo interrumpió Mamoru—. Es muy peligroso.
— Entonces se lo diré a Asami —Akira se levantó de la escalera encarándolo.
— No serás capaz de traicionarme, Kyogoku —Mamoru lo fulminó con la mirada.
— Te aseguro que soy muy capaz —Akira se cruzó de brazos.
— Vale, cuando lo haga te lo haré saber —Mamoru suspiró—. ¿Por qué siempre terminas chantajeándome?
— Porque soy mejor que tú hablando —respondió él sonriendo.
— Y también mejor que él al no escuchar —respondió Asami parándose delante de él—. Me alegra al menos que sigáis hablando entre vosotros de nuevo.
— Puedo hablar contigo…
— Kyogoku te voy a romper todos los dientes y la nariz si hace falta, ¿me oyes? —Mamoru lo miró con enfado.
— Eres terrible, Hattori. Tu última amenaza de hace tantos años aún me sigue doliendo, ¿sabes? —Akira sonrió—. Bueno, al menos sé que puedo seguir confiando en ti.
— Lo mismo digo —Mamoru afirmó con la cabeza—. Gracias, Kyogoku.
— Y perdona por lo del otro día…
Mamoru sonrió hacia él. Los dos eran idénticos en ese aspecto.
— Será mejor que nos vayamos, o Kizuna terminará peor —Mamoru le acarició la cabeza a la pequeña.
— Se ha dormido —se rio Asami viéndola.
— Empezamos bien el año —Mamoru sonrió hacia ella.
— Vamos a casa, Kazuki —Asami le tendió la mano al pequeño que él cogió con fuerza—. Di adiós.
— Adiós —Kazuki levantó la mano hacia Akira y luego se giró tirando de Asami.
— Ha sido muy frío o me lo ha parecido así —dijo Akira mirando a Mamoru.
— No entiendo el motivo, pero empiezo a creer que no quiere que ningún otro hombre se acerque a ella —Mamoru sonrió—. Incluso a veces la quita de mi lado.
— Ese sí será un buen niño de mamá —Akira le dio un pequeño golpe en la espalda a su amigo—. Feliz año nuevo.
— Igualmente.
.
Unos días más tarde
Natsuki empujó las puertas del hospital con fuerza. Estaban en la otra punta de Japón, de dónde habían disparado a su padre. ¿Entendería de algún modo lo que había sucedido? Asami tal vez la habría engañado, pero ella no perdía nada en comprobar algo tan simple. Cuando se acercó al mostrador de información, Natsuki le mostró a la mujer el papel que Asami le había dado, junto a la dirección. La mujer lo miró detenidamente y negó con la cabeza. ¿Ella no sabía nada o definitivamente Kudo Asami se había atrevido a engañarla? Se encogió de hombros y se fue hacia la sala de espera sin decir nada más, sentándose en una esquina para tener buena visión de todo. ¿Podría haber algo que le indicase lo que había venido a ver? Se quedó observando atentamente cada detalle que pudiera descubrir. Un niño lloroso, con una madre inexperta; un anciano con un periódico; otros dos ancianos que habían ido a quejarse y pasar el rato en el hospital; una mujer embarazada; un hombre canoso que solo miraba su reloj… a excepción del niño, todos le parecían sospechosos. Se miraban los unos con los otros como confirmando el peligro. Natsuki los miró más atentamente. Se quedó observando fijamente al hombre canoso que desvió la mirada rápidamente haciéndola sonreír a ella. Estaba en lo cierto. Ese hombre sabía algo. Se levantó y se acercó a él, mostrándole el papel. El hombre intentó hacer ver que no sabía nada, pero cuando terminó de leerlo había palidecido lo suficiente como para descubrirlo. Él lo sabía. Natsuki sacó su placa del Programa y se la mostró, mientras el anciano del periódico y la mujer embarazada se acercaban a ella mostrándole peligro. El hombre levantó sus manos hacia ellos, para que no la atacaran. Natsuki hizo un movimiento con su cabeza, para que le contaran lo que hacían agentes de la CIA vigilando un hospital.
— El agente 29 sobrevivió a la operación, pero lo trasladamos lo más lejos posible para que no hubiera peligro para él —respondió el agente—. Pero aunque hayamos recibido el informe de que Cow Michael ha sido llevado de vuelta al loquero, pero esta vez lo a Estados Unidos… no podemos fiarnos de nuestras fuentes.
— ¿Y por qué me lo cuentas tan fácilmente? —Natsuki sonrió aliviada. Ir hasta allí había valido la pena. Debía de llamar a su hermano cuanto antes para advertirle: su padre seguía vivo.
— Hasta el momento el agente 29 ha estado en coma, así que no va a recuperarse tan fácilmente —indicó el hombre—. El golpe que se dio en la cabeza al caer por los disparos, fue tan fuerte que lo dejó claramente sin sentido.
— Yo también estaba allí así que no me cuente cosas que ya sé —Natsuki frunció su nariz con enfado—. Ahora lléveme con él.
— No puedo hacer eso —respondió él—. Aunque tengas autorización, no puede nadie verlo.
— Natsuki, estoy aquí —Erick se puso detrás de ella.
— Tardaste, mucho, Erick —Natsuki lo miró.
— ¿Y por qué teníamos que venir aquí? —Erick miró al hombre de detrás de ella y luego a los dos que estaban alrededor de ella. Parecían a punto de atacar a su presa.
— Papá sobrevivió y lo llevaron aquí para protegerlo, pero no nos dejan verlo —Natsuki sonrió.
— ¿De qué hablas? —preguntó Erick.
Natsuki cogió el papel que Asami le había dado y que aún tenía el hombre en sus manos y se lo mostró a Erick.
Para la agente Fire:
Encontrado en el Hospital de la Región de Aomori se puede confirmar que existe un paciente con esas características. El caso es que los comentarios que oíste, no debían de haber sido escuchados por nadie, así que ha habido alguna filtración. Me gustaría que investigaras a fondo. Envía a alguien con esta carta para que puedan iniciar la búsqueda cuanto antes.
Firmado:
Brother.
— ¿Brother? —Erick abrió los ojos como platos—. ¿Están usando el alias de nuestro padre?
— Más bien nuestro propio padre lo ha escrito porque lo tienen retenido aquí y pide ayuda —Natsuki sonrió—. Y el hecho de que estos tres estén vigilando permanentemente lo confirma. Una vigilancia es de solo doce horas de turno, permitida en nuestra organización, porque la gente puede sospechar, porque los vigilantes se cansan menos y porque siempre da más resultados. Pero por las miradas que os ha hecho la recepcionista, parece ser que lleváis más de doce horas aquí, para alguien que representa que no está en este hospital.
— ¿Quién narices eres? —el hombre estaba desconcertado.
— Yo una agente de la CIA sin importancia. Mi nombre es Heat.
— ¿Heat? ¿La justiciera solitaria que Brother pidió a su lado en el momento en que hacían la inscripción? —el hombre sonrió y acercó la mano a ella, pero Erick le cogió deteniéndolo.
— No estoy sola —Natsuki sonrió—. Seguro que si me conoces a mí, también conoces a Breakfinger.
— ¿Breakfinger? ¿El rompe dedos? ¿No era un fantasma? —el hombre estaba palideciendo.
— La gente tiende a exagerar sus dolores, por haber sido humillados por un niño —Erick sonrió—. Pero todo lo que dicen de mí es cierto —Erick hizo fuerza con él, empezando a girar su mano—. No te atrevas a tocar a mi hermana y llévanos con...
— ¡Hondou Eisuke! —gritaron los dos a la vez llamando la atención de los demás.
Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!
Próximo capítulo: 'Boda precipitada'.
