Hellow! Antes que nada, perdón! XD el miércoles me di cuenta ahora de que en el anterior capítulo, había puesto que este capítulo se llamaba 'por los niños', y no XD y lo cambié, ese mismo día, por si acaso XDDD

13 de Enero


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

Boda precipitada

Mamoru llevaba pensándolo demasiados días. Tenía que hacer algo para poder ir allí sin ser descubierto. Akira le visitaba en la comisaría cada dos por tres para asegurarse de que no se había ido sin decirle nada. La policía solo le pedía que esperara un poco más y un poco más, para descubrir a la persona detrás de todo. Pero acababa de recibir un correo electrónico con datos falsos y desde un ordenador en Polonia, que le decía que tenían que verse en ese lugar el día 14 de Enero a las diez de la mañana. Estaba claro que había descubierto que había cometido un error, pero por ese mismo motivo no le iba a dar otra oportunidad. Borró el correo para asegurarse de que nadie de la policía pudiera leerlo y volvió al restaurante de Yui más temprano de lo habitual. Asami seguía ayudando a la chica, pero estaba preparándose para ir a buscar a los niños. Cuando lo vio llegar ella lo miró con el ceño fruncido. Pero él no le dio tiempo a que ella le dijera nada. Mamoru la besó con tanto desespero que ella realmente sabía que algo malo tenía que suceder. La abrazó mientras la besaba de nuevo y otra y otra vez.

— Mamoru, para… —susurró ella intentando apartarlo, pero él siguió besándola, intentando interrumpir sus próximas palabras.

— No hables… —Mamoru la abrazó con fuerza. Sabía que nada de eso no iba a salir bien. Asami se quedó callada con su petición y lo abrazó para intentar calmarlo—. Casémonos de una vez.

— ¿Qué? —Asami se quedó parada y Mamoru se apartó de ella sin mirarla.

— Hagámoslo —susurró—. Por los niños, para que todos los papeles estén en regla de una vez.

— Mamoru para —Asami lo miró con enfado. Eso no era algo que él realmente haría tan rápido y sin pensarlo. Aún menos después de todo lo que estaba sucediendo. Asami miró que ni Yui ni Shouta estuviera escuchándolos y le hizo sentarse en el banco más alejado de la cocina—. ¿Qué sucede?

— Te-tengo que ir a por un caso en el que tengo que infiltrarme y tendremos que estar incomunicados hasta que termine. Tanto puede durar un día como una semana y yo…

— ¿Es peligroso? —Asami lo miró preocupada.

— No lo sé —Mamoru desvió la mirada—. Por eso te lo pido. Y en cuanto vuelva se lo contamos a nuestra familia, ¿vale?

— Mamoru no sé si esto deberíamos de hacerlo así.

— Por favor…

— Lo estás diciendo como si fueras a morir —Asami le cogió la mano con fuerza—. No quiero eso.

— No es nada peligroso, en un principio, ¿sabes? —le respondió él dedicándole su mejor sonrisa—. Pero quiero estar seguro de que estaréis bien hasta que yo regrese. Además, los niños…

— ¿Y? ¿Qué tienes pensado? —preguntó Asami.

— Tan solo vayamos a firmar los papeles. Tenemos dos hijos, así que tampoco nos debería de importar una fiesta ni nada por el estilo —Mamoru sonrió.

— Es cierto, aunque, no me importaría celebrarlo con nuestras familias —respondió ella sonriendo.

— Pero eso podemos hacerlo luego —Mamoru sonrió—. Una fiesta privada y a lo grande, tal vez entonces podamos volver a casa, ya.

— Cierto, espero que cojan de una vez a la persona que nos asustó tanto ese día —Asami se encogió de hombros.

— Podemos decirles a Yoh y Ayako que firmen como testimonios —Mamoru se encogió de hombros.

— ¿Vas a pedirles que mantengan el secreto? ¿Crees que Yoh lo hará? —Asami se rio.

— Claro que sí —Mamoru le guiñó un ojo—. Porque sé que no puede negarse a mí.

— Más bien a tu hermana y a los gemelos Kyogoku —respondió Asami riéndose—. Está bien, hagámoslo. Ven a buscar a los niños y que nos acompañen.

— Claro —Mamoru afirmó con la cabeza y sacó algo de su bolsillo—. Además, tengo esto.

Asami lo miró y sonrió con alivio. Tampoco había sido tan precipitado. Yendo los dos con Yui a buscar a los niños, mientras les pedía a Yoh y a Ayako que fueran con ellos luego, si estaban libres, Mamoru seguía pensando en todos los millones de sospechosos que podrían estar detrás de todo aquello. Principalmente dos: Akimoto Haruka, la fan que estuvo amenazando a Asami y Meyer Alexandra, esa princesa, egocéntrica que tanto había intentado destrozar su relación con Asami. Pero últimamente tenía a otra persona en la cabeza. Alguien que jamás se había rendido con él y que había desaparecido de delante de sus narices, desde que había llegado la primera carta a sus manos. No, esa persona no era capaz de hacer algo así. Él la conocía demasiado. Pero también muchos fans de él podían simplemente haberlo hecho, conociendo un poco las manías de la policía y el lugar. Tal vez estaba pensando demasiado y era un hombre, pero estaba convencido de que estaba relacionado con lo que Rai había dicho acerca de 'ella' así que tenía que ser una mujer. Esa mujer que había estado en su casa y que había sido herida. Mientras seguía pensando en los motivos, más complicado se le hacía todo y mucho más increíble. Después de recoger a los niños y despedirse de Yui, Takuma y Kotarou, los cuatro se fueron directos en dónde Mamoru había pedido a Yoh y Ayako que fueran. Ninguno de los dos había tenido ningún inconveniente. Tenían demasiado tiempo libre. Kizuna y Kazuki, en seguida se abrazaron a ellos dos con toda la familiaridad posible. Una vez les contaron acerca de sus planes, los dos hermanos de los prometidos aceptaron encantados. Así que fueron rápidos a firmar los papeles, ante una mirada curiosa de los dos niños que no parecían entender muy bien lo que estaban haciendo en ese lugar desconocido. Por suerte, ningún medio de comunicación estaba rondándoles para poder hacerlo. Cuando terminaron, invitaron a Yoh y a Ayako a cenar con ellos en un restaurante. Los dos aceptaron también amablemente. Hasta que Ayako sacó el tema de repente.

— ¿Y? ¿Qué haréis en vuestra noche de boda? —preguntó con una sonrisa llena de dobles sentidos.

— Irnos a casa de Yui y dormir —respondió Asami mientras intentaba que Kizuna no se tirara la comida encima por tercera vez.

— Disculpa, Asami-oneechan, pero la noche de boda tiene que ser algo importante y para recordar —dijo ella.

— ¿Te recuerdo que tenemos a dos niños a los que cuidar, Ayako? —Mamoru suspiró largamente. ¿Qué pasaba con el cerebro de esa chica?

— Yo opino lo mismo que Ayako —respondió Yoh—. Ese tendría que ser un momento importante. Si es por los niños pueden quedarse en mi casa —Yoh sonrió hacia él.

— No, no pueden —Asami y Mamoru lo miraron confundidos—. ¿Qué pasa con vosotros dos?

— Oh, vamos —Ayako suspiró—. Oniichan ha dicho que tiene un caso complicado y que tal vez le dure unos días, ¿en serio no tienes necesidad de pasar la noche a solas con ella?

— Paso cada noche a solas con Asami —Mamoru frunció el ceño.

— Iros a un hotel, en serio —Yoh lo miró de reojo.

— No —Asami sonrió—. Lo digo yo en serio, que no tenemos ninguna necesidad de…

— La verdad, dais pena —Mamoru y Asami se miraron unos segundos, para luego mirar a Ayako de nuevo—. Los niños os van a privar de algo mágico.

— ¿Algo mágico? —Asami frunció el ceño—. Hace tiempo que no pienso en algo mágico, sino en cómo sobrevivir un día más.

— Nadie tiene por qué enterarse de que os habéis escapado —dijo Ayako sonriendo—. Yo no se lo diré a nadie.

— Ni yo tampoco —Yoh se apoyó a la mesa sonriendo.

— Ni yo —dijo Kazuki levantando su mano.

— Deja de hablar en dónde no te importa —dijo Mamoru mirándolo. El niño hizo pucheros y se quedó con la barbilla apoyada en la mesa—. ¿Exactamente qué es lo que estáis…?

— Kizuna-chan y Kazuki-kun, ¿queréis venir a dormir hoy en mi casa con Ayako-obaachan? —Yoh sonrió hacia ellos. Los dos niños se miraron y afirmaron satisfechos—. Tema solucionado. Ahora llévate a tu mujer a un sitio en dónde podáis ser de nuevo traviesos y deja de discutir con nosotros.

Mamoru miró a Asami que suspiró largamente. Siempre había sido complicado discutir contra Ayako, pero cuando Yoh se disponía a ayudarla, era algo imposible.

— Primero iremos con Yui a buscar la ropa de ellos y luego nos vamos a casa de Yoh —Ayako sonrió hacia Kizuna—. ¿Te parece?

— El perrito de Kizuna…

— Cogeremos también el perrito de Kizuna —Ayako le guiñó un ojo.

— ¡Bien! —Kizuna sonrió alzando sus manos.

Así que en cuanto terminaron la cena, Yoh y Ayako se despidieron de ellos junto a los niños, con una sonrisa muy traviesa. Cuando ellos se perdieron en la oscuridad, con un Kazuki un poco curioso y un poco arrepentido de irse sin ellos, Mamoru y Asami se miraron con una sonrisa tímida. Era verdad. Desde que Asami había vuelto, no habían tenido muchas oportunidades de estar a solas, pero aún así se las arreglaban siempre para poder estarlo. Tampoco hacía falta ir a un hotel. Su casa de Tokio, seguía sin estar vigilada por nadie y no había indicios de que la persona que se había colado en la casa que Yui les había dado, hubiera ido en ella.

Así que finalmente entraron en ella con un poco de preocupación por si los niños estarían bien con ese par de irresponsables que tenían por hermanos pequeños. Se pusieron ropa para irse a dormir y se tumbaron en la cama sin decir nada más. Asami se quedó observando el objeto dorado que estaba en su otra mano.

— Voy a tener que esquivar a toda mi familia a partir de ahora —susurró ella—. Así que les diré que estaré bien a solas con ellos en la casa.

— Está bien —Mamoru sonrió satisfecho. Así ellos tampoco harían preguntas de dónde estaría él.

— Cuéntame un poco del caso —pidió ella girándose para mirarlo.

— ¿Uh? —Mamoru la miró—. No puedo decírtelo —respondió.

— ¿Por qué no? —Asami frunció el ceño—. Sabes que no diré nada a nadie.

— Tengo que ir a un lugar en dónde es muy poco probable que la policía pueda cubrirme —susurró Mamoru—. Hablar con un delincuente a las afueras e intentar tener algo para acusarlo y luego atraer la policía a él.

— ¿Estarás solo? —preguntó Asami preocupada.

— No, para nada —Mamoru sonrió intentando tranquilizarla en su mentira. La oscuridad de la habitación hizo que su sonrisa pareciera sincera. No podía avisar a nadie. No podía dejar que nadie se enterara de que iba a ir allí mañana por la mañana o entre todos intentarían detenerlo. Por una vez lo haría a su manera y lo averiguaría él solo. Estaba harto de recibir una amenaza tan perfecta. Ese criminal perfecto, tenía un solo error: lo había enojado a él—. Pero… —Mamoru la besó en la frente—. Ya te he dicho que no sé cuánto tiempo me va a tomar, así que te llamaré en seguida que termine.

— No puedo llamarte porque te pondría en peligro, ¿cierto? —Asami suspiró—. Se me va a hacer terriblemente largo si no vuelves pronto.

— Todo saldrá bien si aguantamos, ¿vale? —Mamoru bostezó con cansancio.

— Bueno y otra cosa que aún tienes que decirme… —Asami suspiró—. El motivo por el que te peleaste con Akira.

— Bueno, tú sabes acerca del ochenta y uno, ¿verdad? —preguntó Mamoru.

— ¿De qué hablas? —Asami lo miró asustada—. Akira jamás…

— No, no es eso —Mamoru miró al techo—. El día en que esa mujer nos atacó, escuché a Miyano decirnos R.I.P.

— ¿Te-chan? —Asami negó con la cabeza.

— Luego de ir a la comisaría, me echaron a patadas, así que fui al hotel y Akira me respondió que sería mejor que cortara contigo, porque me llevarías a la muerte —Mamoru sonrió tristemente hacia ella—. Me largué enojado, porque parecía que no le importaba que les hubieran hecho daño a los niños, y que la persona que estaba detrás del ataque no estuviera yendo a por ti esa vez. Entonces me encuentro con Kuroba que me dice que me llamará luego, porque no sé qué problemas tenían con Tooichi y Sara no podía con él.

— La magia llegó pronto, ¿eh? —Asami suspiró—. Y yo me enojé con Hiro ese día. Entonces fue realmente un día malo…

— Pues hacía poco que Miyano me había hablado de eso del ochenta y uno y de repente todos me parecieron sospechosos. Por eso me alegré un poco cuando Kizuna enfermó y no pudimos ir con ellos —Mamoru habló en un susurro.

— Bueno, ¿y qué quieres hacer ahora? —Asami sonrió—. Realmente podríamos aprovechar que no están los niños.

— ¿Lo dices en serio? —Mamoru la miró.

—Oh, vamos —Asami rodó los ojos—. Tampoco es que les tengamos que dar las gracias o decirles nada al respecto, pero no podemos desaprovechar momentos a solas.

— ¿A solas? —Mamoru la besó en el cuello y la abrazó—. ¿Estamos realmente solos?

— Quién sabe —Asami sonrió—. Pero, no podemos desaprovechar esto.

— Eres un demonio. Debería de dormir pronto para estar mañana al cien por cien —se quejó él.

— Oh, así que necesitas tu cerebro —Asami se rio—. Jamás había oído de eso.

Mamoru se rio mientras volvía a besarla. Ella correspondió sus besos rápidamente.

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Esa mañana del 14 de Enero, los dos habían ido rápido a casa de Yoh, para que así Mamoru pudiera despedirse de los niños. Después de llevarlos al colegio, Mamoru se apresuró a irse con el coche, al lugar que le habían dicho. Dejó el coche un poco lejos de ese lugar, escondido en el bosque y luego se fue andando hacia ese claro enorme que había. Al medio del claro, había una especie de cabaña de madera, que parecía abandonada, puesto que una de sus paredes había desaparecido por completo, dejándolo como si fuera un porche. Se sentó en el suelo y cruzó sus brazos con cansancio. La verdad era que ese lugar no le gustaba nada, pero tenía que terminar con lo que fuera que viniera. A lo lejos, se escuchó un motor de coche acercándose a gran velocidad. Mamoru frunció el ceño y observó encima de su cabeza. Había algo pequeño que hacía un poco de reflejo: tenían una cámara allí. Se levantó de golpe sabiendo que ese coche contenía el criminal que él estaba buscando y salió del porche para ir a ver quién era. Una furgoneta azul cielo que conducía un hombre. El hombre salió y lo miró de arriba abajo, como si no fuera gran cosa. Pero él lo conocía. Él conocía a ese tipo muy bien. ¿Realmente ese tipo estaba relacionado con las amenazas? ¿Qué motivo tenía para hacerlo? Se acordó de que parecía estar muy enamorado de ella: así que tal vez lo estuviera haciendo por ella. Justo cuando iba a encararlo, algo se puso en su nariz, con olor a cloroformo. Había dormido poco y con solo oler un poco de aquello, en seguida se había quedado sin fuerzas. Intentó enviar el mensaje que había dejado preparado en su teléfono por si algo sucedía, pero ella, que estaba a su espalda, le cogió la mano con fuerza para que no pudiera hacerlo. ¿Por qué ella? ¿Por qué le traicionaba de esa manera? ¿Por qué?

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Solo un día más tarde, Asami se enteraba de que esa mujer había desaparecido. Pero ella no le dio la más mínima importancia, porque no era nadie que le importara realmente.

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Mamoru había perdido la cuenta de los días que habían pasado. Bajó la mirada al suelo intentando ver lo que ella estaba haciendo. ¿Preparaba de nuevo comida baja en vitaminas? ¿Para darle a él de nuevo? La verdad era que Mamoru ya ni siquiera tenía fuerzas para llevarles la contraria a ninguno de los dos. Estaba atado de las manos, en la pared de esa cueva, tenía frío, hambre y sed y empezaba a creer que tenía fiebre. Le habían quitado todas sus pertenencias y ella se había enojado cuando vio el anillo de casado que llevaba en su dedo. Hacía ya más de cuatro días que sus oídos habían dejado de escuchar sus conversaciones, veía borroso y le costaba horrores mantener sus párpados abiertos.

El hombre pasó de nuevo por delante de él y lo fulminó con la mirada. Le habló de nuevo a ella y ella lo fulminó con la mirada. ¿De nuevo quería matarlo y ella le defendía? ¿Por qué no lo mataba de una vez? ¿Por qué seguía manteniéndole en ese estado? Ese tipo hacía tiempo que lo habría matado, pero ella parecía quererlo hacer sufrir más aún. Ella le gritaba de nuevo. El hombre le puso una mano al cuello. Tal vez terminarían de una vez por todas de hacerlo sufrir. Él apretó con fuerza la garganta de Mamoru, que ni siquiera se movió para intentar resistirse. Le dolía demasiado todo para intentar sobrevivir otro día, si lo hacía era porque seguía manteniendo su mente ocupada en Asami y los niños, porque sabía que lo necesitaban y que sufrirían por su muerte. Pero él ya estaba cansado de resistir, colgando de esa cueva, como comida de pájaros del antiguo oeste. Notaba las uñas de él clavándose en su cuello lentamente. Mamoru cerró los ojos intentando sonreír para darle las gracias, pero la mano de él se aflojó, haciéndole un rasguño en su pecho. Mamoru miró delante. La mujer lo había golpeado y él estaba intentando apartarse de ella para que no le hiciera daño. Si hubiera tenido fuerzas hubiera levantado la pierna para golpearla a ella, pero no podía ni siquiera mantener sus ojos fijos para ver lo que estaba pasando, así que intentó anular el pitido de sus oídos y escuchar atentamente.

— No puedes hacerlo sufrir de esta manera, si lo sigues manteniendo así, solo prolongarás su sufrimiento —decía él.

— ¡TE HE DICHO QUE NO VAS A TOCAR A MI AMADO! —gritaba ella con desespero.

— ¿Amado? ¿Por qué lo llamas así? ¡Soy el único que ha seguido tus estúpidos planes! ¡¿Es que aún sigues sin darte cuenta?!

— Claro que lo sé —ella sonrió de una manera que Mamoru pudo reconocer en seguida. Esa mujer que les había atacado y que había dejado marcas en Kizuna—. Por eso me has ayudado, pero no me importas en absoluto —ella se rio con fuerza—. ¿Eres idiota? Ahora tengo a Hattori Mamoru solo para mí y nadie podrá arrebatármelo.

— Estás como una cabra —susurró él—. ¡Voy a avisar a la policía! ¡Voy a entregarme de una vez! ¡No puedo más con esto! —el hombre echó a correr hacia la salida de la cueva, pero ella le lanzó el palo golpeándolo con fuerza y haciéndolo caer.

Ella corrió hacia el hombre, cogió el palo, antes de que se levantara y volvió a golpearlo. Una… dos… tres… cuatro… cinco… Mamoru perdió la cuenta de los golpes que le había dado, hasta que el palo se rompió. La miró intentando observar cada detalle, pero su mente ya no pensaba ni recordaba casi nada. Había matado al único que le había seguido el juego y que estaba intentando salvarlo: estaba perdido.

Ella se sentó de nuevo a terminar la comida, sin importarle que ese tipo estuviera perdiendo demasiada sangre. Definitivamente muerto en menos de dos minutos, sin avisar a una ambulancia, o a un médico o veterinario, para que intentara cerrarle la herida. Nada. Tan solo siguió removiendo aquello. Luego, se levantó del suelo y se acercó a él para dárselo de comer de nuevo, con esa cuchara, llena de gérmenes. Mamoru apartó su cabeza como último esfuerzo, pero ella comió lo que había en la cuchara, le cogió de la barbilla y lo besó para darle la comida. Él intentó sacarlo. No quería comer de ella. No quería seguir con vida en esa situación.

— Abandonaré a ese idiota en la carretera y de seguro que alguien lo encontrará por la mañana. Tal vez incluso así dejen de buscarme a mí —ella sonrió satisfecha—. Nadie sabrá lo que le ha pasado. Jamás lo sabrán. Ni a ti tampoco, porque vamos a estar siempre juntos y solos. Podemos alimentarnos de este bosque sin ningún tipo de problema, y puedo robar el ganado de la granja que hay a diez quilómetros de aquí, así que estaremos bien.

No. Mamoru decidió que definitivamente eso no iba a suceder. Todos sabrían lo que ella habría hecho. ¿Comer de esa cuchara? Estaba bien: sobreviviría por Asami y por los niños, pero también para contar al mundo cuán enferma estaba esa mujer que tanta gente había llegado a admirar. Abrió la boca y ella le dio de comer. Sí, lo haría: sería fuerte; intentaría engañarla cuanto pudiera; resistiría. Pero si seguía sin darle agua, poco más podría aguantar.

— Hoy toca beber un litro de agua —ella sonrió como leyendo sus pensamientos—. Así que aguanta, unos meses más y te soltaré, ¿de acuerdo? Cuando esté segura de que no intentarás escapar.

Mamoru abrió la boca de nuevo. Alimentos. Realmente necesitaba alimentos. Tenía que librarse como fuera de esa mujer y para ello tendría que ser más fuerte que nunca. Justicia. Haría justicia.


Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!

Próximo capítulo: 'Alarma: Mamoru desaparecido'.