Hellow! A todos estos estudiantes les deseo mucha suerte en sus notas ;) ya pronto finaliza un nuevo curso! :)


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

Kira, de buena suerte

1 de Septiembre

Cuando llegaron al hospital, Erick la empujó hacia la mesa de recepción. Si bien no podían saber ninguno de los dos lo que les esperaba allí, los dos tenían la esperanza de conocer el verdadero motivo. Erick había pasado dos horas y media conduciendo en coche para llevarla hasta el hospital de Shizuoka y esperaba que de una vez por todas tuviera que dejar de buscar, pero… tampoco quería que realmente estuviera muerto. Realmente esa familia merecía algo más que encontrarse ahora con una verdad tan cruel. Asami sintió que sería complicado para ella mantener más la calma. ¿Qué haría si Mamoru estaba allí? ¿Qué sucedería?

— Esto… soy Hattori Asami, Nakashima-sensei me ha llamado por algo urgente —se sentía tan nerviosa, que le había parecido que hablaba otra persona por ella.

— Ah, sí —la recepcionista se levantó de su asiento y miró a su compañera con una sonrisa cómplice—. Por aquí, por favor —la mujer les indicó que la siguieran y los dos lo hicieron sin decir nada. La mujer miró a Asami se arriba abajo—. ¿De cuánto está?

— Ocho meses —susurró ella apoyando sus manos en su barriga.

— ¿Es niño o niña? —la mujer sonrió. Parecía hábil en buscar temas de conversaciones.

— No lo sé —respondió Asami—. Sé que está perfectamente sano, pero no he querido saber lo que era hasta que mi marido apareciese.

— Oh —la recepcionista frunció el ceño—. Tu marido.

— Fue secuestrado hace 8 meses —respondió Asami bajando la mirada al suelo. Se estaba llenando de falsas esperanzas—. Aún no lo hemos encontrado.

— Vaya, lo siento mucho —la mujer parpadeó confundida—. Has aguantado mucho, ¿no es cierto?

— Lo intento —respondió ella—. Teniendo gemelos de 5 años en la casa es complicado, tengo suerte de tener a mi familia y a su familia conmigo.

— Eso es cierto, tienes mucha suerte si estás apoyada —la recepcionista sonrió y se detuvo al medio del pasillo—. Nakashima-sensei —llamó a un médico que estaba hablando al medio del pasillo con una enfermera. El hombre, de cuarenta años y con una mirada gris muy vivaz, se acercó a ellos, dejando a la enfermera con la palabra en la boca—. Ella es Hattori Asami.

— Oh, la estaba esperando —el hombre hizo una pequeña reverencia hacia Asami y miró a Erick con curiosidad. El hijo de Eisuke hizo una pequeña reverencia y se puso al lado de Asami sin decir nada—. Acompañadme. Hablamos luego Fujiyama —añadió hacia la enfermera que había dejado con la palabra en la boca.

— Como desee, Sensei —susurró ella haciendo una pequeña reverencia y luego alejándose, junto a la recepcionista.

Se dirigieron los tres directos hacia el ascensor del hospital. El hombre mantuvo la puerta aguantada y Erick cogió el brazo de Asami para llevarla a dentro. El chico sabía cuánto la asustaban los lugares pequeños, así que esperó que ella se sintiera un poco cómoda para soltarla.

— Esta mañana nos ha llegado un paciente con síntomas de deshidratación hipertónica, desnutrición grave e insuficiencia respiratoria —el médico miró a Asami—. Por suerte, pudo mantenerse consciente lo suficiente para contarnos lo sucedido. En su cartera pudimos encontrar un teléfono de contacto que nos llevó a usted.

— ¿Quién narices llevaría un teléfono de contacto de ella? —Erick miró a Asami con el ceño fruncido. ¿Podría ser realmente? Asami negó con la cabeza.

— No creo que Mamoru… —el médico le dio un pequeño papel a Asami que interrumpió sus palabras—. Es la caligrafía de Mamoru.

— ¿Estás convencida de esto? —Erick rodó los ojos. La esperanza de la gente podía ser traicionera.

— ¿Cómo escribe Erick-san mi nombre? —preguntó Asami. Erick escribió mentalmente al aire el nombre de ella. Asami le mostró la tarjeta—. No hay nadie más que haga ese trazado unido completamente, Mamoru era el único. Decía que al unir las letras de esa manera, hacía difícil que alguien copiara su caligrafía y así podríamos reconocer nuestra caligrafía en seguida. Ser hijos de detectives, siempre te hace pensar en cosas como estas.

— Pero si así se tarda mucho más en escribir el nombre —Erick cogió la tarjeta entre sus dedos observando el nombre de ella.

— Pero para él eso no importaba en absoluto —Asami sonrió—. Fue Mamoru quien escribió esto, estoy segura.

— Así es —el médico sonrió hacia Erick—. Se llama Hattori Mamoru.

— ¿Va a recuperarse? —Asami miró con tristeza al médico. Lo que había dicho, era claramente algo por lo que preocuparse.

— Nosotros hemos hecho cuanto hemos podido —respondió el médico saliendo del ascensor—. Ahora solo depende de su voluntad —Asami bajó la mirada al suelo y siguió al hombre. Erick los siguió un poco distante. Si realmente el chico había vuelto, ella ya no necesitaría más de su ayuda—. Está en la Unidad de Cuidados Intensivos —el médico señaló una habitación cerrada—. Por ahora queda solo una hora de visita, si quiere verlo esa es su oportunidad. En una hora regreso para cualquier pregunta que desee hacerme.

— Claro —Asami no levantó la vista. El médico abrió la puerta y dejó entrar a la chica, señalando hacia un cubículo de cristal a la izquierda. Ella siguió sus indicaciones y entró a dentro, pasando por el lado de unos cuantos médicos y enfermeros que estaban en constante movimiento, desde otros cubículos de cristal en esa sala.

— ¿No va a entrar? —el médico miró a Erick.

— Prefiero que estén a solas —él sonrió y se sentó en una silla que había al pasillo—. A partir de ahora ya no va a necesitarme más.

Asami entró en el cubículo sintiéndose muy nerviosa. Notó que su barriga le hacía un pinchazo pequeño. Ella se puso las manos en la barriga mientras se acercaba a la cama. El lugar estaba lleno de máquinas rodeando la cama al centro de la sala. Había en un lado un pequeño taburete preparado para las visitas. En la cama, había tumbado un chico de piel muy pálida, tirando a grisácea, con el pelo muy largo y los labios blancos de sequedad. En su nariz había un tubo que le ayudaba a respirar. La luz tenue que había encima de la cama, le iluminaba levemente una cicatriz en su cuello. Asami se sentó en el taburete sintiendo sus manos temblar, en el momento que apoyó su mano en la cama para ayudarse, el chico abrió los ojos sobresaltado.

— Perdona, no quería despertarte —susurró Asami viéndolo. Él giró los ojos hacia ella, con mucho cansancio.

— Sa…

Estaba demasiado débil. Mamoru estaba demasiado débil. Asami vio que intentaba levantar su mano, pero no podía aguantarla ni dos segundos levantada. El chico intentó hablar, pero Asami sabía que debía de dolerle solo mover los labios. Se levantó un poco para poner sus labios encima de los de él y observó la reacción de él. Aunque no pudiera mover sus labios por la deshidratación, los ojos del chico le decían que estaban sonriendo.

— Kizuna y Kazuki se alegrarán de saber que estás bien —susurró ella—. Mucho. Al igual que tus padres y Ayako-chan. Durante ocho meses te hemos estado buscando, Mamoru, sin descanso —Asami cogió su mano y la llevó contra su rostro. Sentir la piel rasposa de él le hacía sentir que era verdad—. Shizuoka estaba mucho más lejos de lo que nosotros hemos buscado. Lo siento. Siento que hayamos tardado tanto, Mamoru.

Miró al chico de nuevo. Sus ojos se estaban cerrando. No podría mantenerse despierto por mucho más tiempo. Asami sonrió tristemente. Era como cuando Mamoru se ponía enfermo, el chico perdía la fuerza al instante. Se quedó en silencio durante un buen rato, aguantando sus ganas de llorar. Ahora que por fin podía verle… ahora que por fin lo habían encontrado… se sentía aliviada. Se sentía muy aliviada. Puso sus manos en la barriga, intentando calmarse. Estaba demasiado nerviosa… sin darse cuenta, la hora había pasado y una enfermera entró para avisarla. Asami salió del cubículo para encontrarse con Nakashima-sensei.

— ¿Está todo bien? —preguntó al ver a la chica.

— No puede mantenerse despierto —Asami forzó su mejor sonrisa—. ¿Hay algo más que deba de preocuparme?

— Puede que tenga daños cerebrales debido a la desnutrición.

— ¿Le han dicho nunca que es usted un pesimista? —se quejó Asami dando un suspiro muy largo.

— Lo siento si no puedo dar muchas esperanzas, pero… —el médico hizo su mejor sonrisa hacia ella—. En las primeras cuarenta y ocho o setenta y dos horas es cuando más se puede ver si alguien va a recuperarse o no, así que no puedo decirte con seguridad lo que va a pasar. Si no recibes noticias mías de nuevo será porque la cosa está yendo bien —el hombre señaló en una pequeña mesa en dónde había una mujer sentada con un pequeño ordenador delante de ella—. ¿Alguna otra cosa?

— No, de momento —respondió ella—. Gracias por su trabajo, Nakashima-sensei.

— Espero que todo salga bien —respondió él haciendo una pequeña reverencia y alejándose de allí.

— ¿Entonces es usted la persona de contacto de Hattori Mamoru? —preguntó la mujer detrás de la mesa. Asami afirmó con la cabeza—. Usted es…

— Su mujer —respondió ella—. Me llamo Hattori Asami.

— Está bien —la mujer tecleó en el ordenador—. ¿Podemos contactarle en el número que la hemos llamado?

— Sí, ese es mi teléfono personal —respondió Asami.

— Por seguridad no se nos permite quedarnos con las pertinencias de nuestros pacientes, así que debemos de entregar las cosas que Hattori Mamoru llevaba encima cuando ha sido llevado aquí —la mujer sacó un sobre de dentro de una caja con un número escrito en él—. Por favor, compruebe que todo lo que está aquí es de él.

Asami cogió el sobre y lo vació en la mesa. El teléfono del chico, con la pantalla completamente rota y sin batería; la cartera, llena solo con las fotografías de Kizuna, Kazuki y ella, medio rasgadas y arrugadas; el colgante del chico, en perfecto estado; y el anillo también en buen estado.

— Sí, todo es de él —susurró Asami volviendo a guardarlo todo dentro del sobre—. Muchas gracias.

— Las ropas están completamente rasgadas y dañadas —informó la mujer—. Es por eso que las estamos guardando en otro lugar, pero…

— No se preocupe —Asami sonrió—. Cuando esté bien, le traeré ropa limpia de casa. Muchas gracias por todo.

— Disculpe —Asami, que ya se había girado para irse, miró a la mujer—. ¿Sabe si tiene alguna enfermedad o alergia que debamos de saber?

— Si en estos ocho meses que Mamoru ha sido secuestrado no ha cambiado, no. Mamoru no ha tenido nunca nada extraño —respondió Asami.

— Disculpe las molestias —susurró ella.

— No, para nada —Asami hizo una pequeña reverencia—. ¿Eso es todo?

— Por supuesto —la mujer le dio una pequeña tarjeta—. Aquí tiene apuntados los horarios de visita.

— Disculpe —Asami se acercó una vez más a la mesa—. Estando en este lugar, ¿es posible que se pueda poner vigilancia policial?

— ¿Cómo?

— Como le he dicho, Mamoru fue secuestrado y no creo que después de ocho meses, su secuestrador decidiera soltarlo sin más —Asami suspiró—. Si ha sido por haberse escapado, lo más probable es que su secuestrador vuelva a por él.

— Avisaré a seguridad en seguida —respondió ella—. Hasta que podamos hablar con la policía.

— No se preocupe por la policía, señora —Asami sonrió—. Su padre y mi padre son agentes y ellos mismos se pondrán en contacto con la policía de Shizuoka para detener a cualquier sospechoso. Mientras haya alguien vigilándolo, me siento más tranquila.

— En seguida les haré saber —respondió la mujer—. En cuanto él pueda hablar para contarnos, nos pondremos en contacto con usted también.

— Muchas gracias —Asami salió de allí para encontrarse con Erick.

El chico le dedicó una mirada profunda, en un intento de averiguar si estaba bien, pero ella no respondió ante ese gesto. Se mantuvo callada y firme intentando recordar lo que acababa de ver. El viaje de vuelta, fue igual de silencioso que el de ida. Erick iba mirando de reojo a Asami, esperando que hiciera o dijera algo hacia él, pero ella tan solo se quedó mirando hacia fuera de la ventana, sumida en un absoluto silencio. Dos horas y media más tarde, cuando Erick detuvo el coche delante de la casa de Shinichi y Ran, Asami se bajó y Erick notó que la chica temblaba levemente. Bajó la ventanilla del coche y esperó a que ella se girara mientras se ponía delante de la puerta.

— ¿Seguro que estás bien? —preguntó.

— Sí, no te preocupes —Asami sonrió tristemente—. Gracias por acompañarme.

— Tenía el día libre —respondió él sonriendo.

— Ya veo —Asami se giró para irse.

— Él va a recuperarse, puedes estar segura de eso —dijo mientras observaba su espalda.

Asami no se giró. Levantó su mano para darle las gracias. No quería girarse, porque entonces terminaría llorando y ahora no podía hacer eso. Justo cuando iba a introducir la llave en la puerta, esta se abrió. Ran resopló con cansancio y le mantuvo la puerta abierta.

— ¿Se puede saber dónde has estado? —puso sus manos en la cintura a modo de enfado. Kizuna y Kazuki llegaron a ella corriendo y gritando por su vuelta. Se abrazaron con fuerza a sus piernas, desestabilizándola levemente. Asami se cogió a Ran para no caerse—. ¿Estás bien? Te ves pálida… y estás temblando —Asami negó con la cabeza. Se sentía realmente débil. Demasiado para hablar siquiera. Mamoru no estaba bien. Mamoru no estaba nada bien. Si lo hubiera encontrado antes, tal vez… sus piernas empezaban a flaquear—. Shinichi, ven —notó que Ran la cogía con toda su fuerza. Shinichi sacó la cabeza desde la puerta y entonces se acercó corriendo a ellas para ayudar a andar a Asami. La llevaron casi a rastras hacia el comedor, en dónde Heiji y Kazuha estaban hablando en susurros, mientras Yoh y Ayako estaban sentados en la mesa, comiendo lo que parecía un tentempié un poco extraño. En cuanto los vieron, todos se quedaron mirando como los padres de la chica la sentaban en el sofá. Ran cogió la bolsa de ella y la dejó encima de la mesa.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó Shinichi preocupado.

Asami no respondió. Observó como Kizuna y Kazuki se acercaban a inspeccionar la bolsa de ella que se había abierto y dejaba al descubierto lo que le habían dado al hospital.

— Sobre… —Kazuki lo señaló y la miró.

— Es para vosotros —susurró Asami—. Debéis de guardarlo, ¿vale?

— ¿Sobre? —Kizuna lo cogió antes que su hermano y ante sus quejas y lo zarandeó—. Hay cosas en el sobre.

— Abridlo, seguro sabéis lo que es —Asami sonrió tristemente hacia ellos.

— Deja el sobre en paz —Ran parpadeó confundida y todos dejaron de mirar a los niños, excepto ella—. ¿Qué ha pasado, Asami? Llamaste a Kazuha-chan para que fuera a buscarlos y vuelves a estas horas y así.

— Papá… —todos miraron a Kizuna. La niña había vaciado el contenido del sobre en la mesa y ella y Kazuki estaban inspeccionando todo.

— Así es —Asami sonrió tristemente—. Mamá ha visto a papá.

— ¡¿Cómo?!

— ¿Papá? —Kazuki y Kizuna se acercaron a ella y se sentaron en el sofá de un salto a su lado—. ¿Papá está bien?

Asami cerró los ojos y se mordió el labio inferior. Ran hizo bajarse a los niños y ayudó a Asami a tumbarse.

— Asami, ¿qué ha pasado? —preguntó en un hilo de voz.

— Está deshidratado, desnutrido y con insuficiencia respiratoria —susurró ella casi sin voz—. No saben lo que puede suceder en un rango de setenta y dos horas. Las visitas son limitadas y está en un hospital de Shizuoka —cubrió sus ojos con un brazo, intentando que nadie la viera llorando, pero era un gesto inútil—. No ha permanecido consciente por más de dos minutos y el médico ha dicho que puede tener daños en el cerebro.

— Asami… —Ran le acarició la cabeza levemente—. Seguro va a recuperarse, no te preocupes, ¿vale?

— ¡Setenta y dos horas mamá! —se quejó ella bajando su brazo para mirarla—. ¡Y ni siquiera voy a poder estar con él!

— Asami, ponerte nerviosa, solo hará que tu enfermes —respondió Ran—. Créeme de eso tengo experiencia, así que tranquilízate. Siendo Mamoru-kun y habiéndote visto, aunque sea por dos pequeños minutos, seguro él habrá podido tener un poco de fuerza.

— Eso es —Kazuha forzó su mejor sonrisa—. Si es Mamoru, seguro puede hacerlo.

Asami suspiró mirándolos. Yoh le dio un vaso lleno de un líquido marrón y ella lo cogió. Ran la levantó un poco para ayudarla a beber. En cuanto terminó de beber, le devolvió el vaso a su hermano y cerró los ojos, mientras Ran la dejaba de nuevo tumbada al sofá.

— No puedo tener esperanza… no puedo…

— ¿Tan mal lo has visto, Asami? —preguntó Heiji. Asami lo miró, si no lo hubiera conocido, no hubiera sabido que el moreno estaba apretando sus puños con fuerza, culpándose a sí mismo por lo mismo que ella lo estaba haciendo.

Ella no respondió. Cerró los ojos mientras ponía sus manos encima de su barriga. El bebé apretaba con fuerza contra ella, poniéndose muy nerviosa. Heiji salió del comedor y Kazuha lo siguió. Ayako se arrodilló al lado de Asami y la miró.

— Oniichan es fuerte —susurró ella—. Creo en él.

Luego se levantó y salió detrás de sus padres, cerrando la puerta de la casa.

— Chicos, es hora de irse a dormir, ¿vale? —Shinichi forzó su mejor sonrisa y miró a los niños.

— Con mamá —dijeron los dos señalando a Asami.

— Mamá va a quedarse aquí en el sofá a dormir —respondió Shinichi, mientras negaba con la cabeza.

— Entonces yo también —dijo Kazuki levantando su mano.

— Kizuna también —dijo ella imitando a su hermano gemelo.

— Chicos —Shinichi se arrodilló al suelo y abrió sus brazos. Los niños se acercaron a él y él los abrazó con fuerza—. Mamá no se encuentra muy bien hoy. Así que es mejor no molestarla mucho, ¿vale? Kizuna y Kazuki deben de ser buenos niños e irse a la cama de arriba, para que mamá pueda descansar bien.

— Papá, está bien —susurró ella casi sin voz.

— No, no está bien —respondió Shinichi—. No puedes perder el bebé, ¿me oyes? No tienes que ponerte en peligro —Asami no dijo nada más. El embarazo de Kizuna y Kazuki había sido modificado debido a lo que Jun le había inyectado, pero esta vez todo iba normal, así que realmente podría perder el bebé si se ponía muy nerviosa. Se sentía realmente cansada después de ese largo día y no quería llevar la contraria a nadie—. Así que los dos subid arriba, venga.

— Está bien —los dos pequeños bajaron su cabeza y luego miraron a su madre. Se acercaron para darle un beso en la mejilla y luego subieron corriendo las escaleras con Shinichi detrás.

— ¿Te encuentras mejor? —preguntó Ran.

— Parecían muy desconcertados los dos —Asami sonrió con los ojos cerrados.

— Asami, no te preocupes, ¿vale? —Ran le removió el pelo levemente—. Seguro que todo saldrá bien.

— Gracias —ni siquiera la había escuchado. Se sentía tan débil. Deseaba llorar. Deseaba llorar con todas sus fuerzas, preguntar gritando al mundo el motivo por el que era tan cruel con ella. Gritar sin ningún motivo. Gritar su nombre una y otra y otra vez, para que él volviera a su lado para siempre. Se sentía tan desesperada.

.

Los dos días siguientes, para Asami, fueron eternos. Todos fueron yendo a ver a Mamoru, incluso con los niños. Cuando llegaron el tercer día, Asami se fue directa a ver a Nakashima-sensei, que estaba en el vestíbulo hablando con la recepcionista del hospital.

— Hola Asami-san —el hombre se giró en cuanto ella lo llamó—. Tengo noticias buenas.

Todos se acercaron a ellos. Asami les había presentado el segundo día, en el hospital, así que todos ya sabían que era el médico que había llamado a Asami y que estaba pendiente de la situación del chico.

— Mamoru-san ha sido llevado a planta.

— ¿Cómo? —Asami lo miró confundida.

— Está perfectamente estable y consciente —añadió el médico—. La verdad es que ha sido realmente rápido la manera en la que ese chico se ha recuperado, pero a primera hora le hemos hecho las pruebas y está perfectamente bien.

— Entonces…

— Vamos, les acompaño.

Cuando llegaron a la habitación, el doctor le indicó a dónde era. Los adultos se quedaron hablando con el doctor, mientras Kizuna y Kazuki entraban corriendo hacia la habitación. Yoh y Ayako se quedaron con los demás y Asami siguió a los niños. Se quedó mirando al interior, Mamoru estaba atándose la parte de arriba de la camisa del hospital, mientras una enfermera estaba recogiendo las cosas. Kizuna y Kazuki ya se habían medio subido en la cama y estaban hablando con él.

— ¿Qué hacéis aquí solos? —Mamoru sonrió amablemente, con voz afónica.

— Hemos venido con todos —dijo Kizuna. Asami se apoyó en el umbral de la puerta, cruzándose de brazos. Que Mamoru estuviera sentado, despierto y hablando perfectamente, le hacía sentir la normalidad de nuevo—. ¿Cómo está papá?

— Estoy bien —Mamoru le tocó el pelo levemente y la niña se abrazó a él. Kazuki, entonces, en un ataque celoso, también se abrazó a él. Mamoru se quedó quieto y confuso.

— ¿Y estos pequeños? —la enfermera se acercó a él para ver a los dos niños.

— Son mis hijos —Mamoru sonrió hacia la mujer—. Kizuna y Kazuki —Asami se sentó en la silla finalmente y se apoyó en la cama, aún con los brazos cruzados, haciendo que Mamoru la mirara—. Y ella mi mujer.

— Un placer.

— Lo mismo digo —la enfermera hizo una pequeña reverencia—. Bueno, volveré por la tarde, Mamoru-san.

— Gracias —el chico levantó la mano a modo de saludo.

— ¿Debo de sentirme celosa porque una mujer te esté toqueteando el pecho? —dijo Asami riéndose.

— ¿Y yo debo de sentirme igual por verte más bonita que de costumbre? —preguntó él tocando el recogido que Asami se había peinado en el pelo—. ¿Qué te has hecho?

— ¿Qué te parece? —Asami se levantó mostrándole la barriga—. Como estaba demasiado delgada, decidí engordar.

Mamoru arqueó una ceja mirándola.

— ¿Qué es esto?

— A eso se le llama tener reflejos retardados —respondió ella—. Cuando tomé la decisión, ya era demasiado tarde para echarlo atrás —se encogió de hombros y sonrió—. Aunque, tengo que decirte que tampoco es un inconveniente para mí tener otro bebé de Mamoru-kun.

Mamoru sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

— ¿Podrías por favor no llamarme con el 'Kun'? —el chico frotó sus brazos con fuerza, que empezaban a temblar.

— ¿Qué narices pasa contigo? —Asami se sentó en la cama mientras Kizuna y Kazuki levantaban sus cabezas para verlos.

— Eso pregunto yo —se quejó él—. Has llegado y ni siquiera me diste un beso.

— Oh, claro, lo primero es lo primero —Asami se cruzó de brazos mirándolo amenazante.

— ¿Qué?

— ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Quién te estuvo amenazando? —Asami movió la cabeza dándole a entender que era más lógico primero preguntar—. Al menos dime algo para tranquilizarme.

— Estoy bien, me secuestraron y prefiero no hablar de esa bruja, si no te importa —respondió él muy rápido, cosa que ninguno de ellos entendió. Asami miró a los niños que se echaron a reír.

— Yo no le veo la gracia —se quejó Asami señalando hacia Mamoru mientras seguía viendo como los dos se reían.

— Ahora mamá le debe de dar el beso —respondió Kizuna ilusionada.

— ¿Los echo? —Asami sonrió hacia Mamoru.

— Olvídalos —respondió él sonriendo.

Asami se apoyó en la cama con un brazo, mientras que con la otra mano sujetaba al chico por el cuello y lo acercaba a ella. Se besaron profundamente.

— Oh, mal momento —Ayako se echó para atrás para volver a salir de la habitación, haciendo que todos la miraran.

— Deja de decir tonterías, Ayako —respondió Mamoru—. Ven aquí.

Ayako sacó la cabeza por la puerta.

— ¿Seguro no te vas a arrepentir? —Ayako sonrió.

Heiji empujó a su hija hacia dentro mientras Mamoru rodaba los ojos.

— ¿Cómo estás, Mamoru? —preguntó el moreno acercándose a él.

— Muy bien —el chico levantó su brazo para decirle que estaba fuerte.

— ¿Y? ¿Cuándo puedo interrogarte? —se rio Shinichi detrás de él, llevándose un codazo por parte de Kazuha y una colleja por parte de Ran—. Pero bueno.

Todos se rieron.

— Oh, mira —Asami cogió la mano del chico y la puso encima de su barriga. Mamoru se ruborizó levemente. La chica era muy cálida. Kizuna y Kazuki, pusieron sus manos a su lado sonriendo y él los miró sonriendo, parecían muy acostumbrados. Luego volvió a mirar a Asami. Ella había cerrado los ojos—. ¿Lo notaste? —todos se echaron a reír, excepto ellos dos. Asami miró a Mamoru. El chico había enrojecido por completo mientras seguía mirando a la chica—. ¿Estás bien?

Mamoru fulminó con la mirada a los adultos y luego volvió a mirar a Asami.

— Sí, estoy bien —respondió—. Me estaba preguntando el motivo por el que me estoy perdiendo esto también.

— Te hubieras escapado antes —Asami sonrió.

— Me hubieras encontrado antes —se quejó él.

— Oh, lo sabes.

— ¿Sabes? Conozco todas las noticias hasta un mes después de que me secuestrara, porque me leía cada día para reírse —Mamoru desvió la mirada hacia la ventana después de hablar en un hilo de voz.

— ¿Qué? —Asami lo miró, solo lo habían oído Kizuna y Kazuki. Los demás, habían oído solo las siete primeras palabras.

— Tengo que aprender a hablar bien de nuevo —Mamoru sonrió hacia ella.

— ¿Y bien? ¿Puedes decirnos algo respecto lo que has estado haciendo estos ocho meses? —preguntó Shinichi.

— Takagawa Kikyo —respondió él—. Se ayudó de su cámara, Tsuruya-san, para dejarme fuera de combate. Y cuando estaba al límite, ese hombre intentó matarme para que no sufriera más, pero ella lo mató antes de que yo pudiera mover un solo dedo. Escapé porque ella confió de que aunque estuviera un poco recuperado ya estaba bajo sus pies —Mamoru sonrió fugazmente—. Fue una idiota.

— ¿Cómo lo creyó eso? —Heiji frunció el ceño.

— Dejé de decir que yo era solo de Asami —Mamoru sonrió—. Aunque no dijera que fuera de ella tampoco.

— Te quiero —Asami lo besó intensamente rodeándolo con una mano detrás de la cabeza—. Te he echado mucho de menos.

— Yo también —Mamoru sonrió hacia ella.

— Bueno, ahora que ya lo habéis visto, Kizuna y Kazuki tienen que ir al colegio de nuevo, que están por perder todo el día —Ayako golpeó sus manos—. ¡Vámonos!

— ¡¿EH?! —los dos la miraron sorprendidos—. ¡No quiero!

— Ahora, chicos, o os llevo a rastras —Ayako arqueó una ceja y cruzó sus brazos.

— Pero… —los niños miraron a Mamoru y él afirmó con la cabeza.

— Vamos, chicos. Mamá se quedará con papá y luego podéis volver a verlo, ¿vale? —Asami sonrió tristemente—. Pero si ahora no os vais, luego no podréis volver a verlo.

— Está bien —los dos se abrazaron a él con fuerza y luego saltaron hacia la puerta.

— Nos vemos, Oniichan —Ayako le dio un pequeño beso en la mejilla y luego siguió a los niños.

— Es bueno que estés de vuelta —dijo Yoh siguiéndolos.

— Bueno, nosotras también nos vamos con ellos, o nos quedamos sin coche —Ran levantó una mano hacia él—. Me alegra verte bien.

— Adiós Mamoru —Kazuha se acercó a él, dando un suspiro de alivio y le puso una mano en la cabeza—. Esta tarde vendré más rato con los niños, ¿vale?

— Está bien, no hace falta que vengáis todos —Mamoru sonrió—. Perdonad por preocuparos.

Kazuha afirmó con la cabeza y luego los siguió.

Durante toda la mañana, Shinichi, Heiji y Asami estuvieron acompañando al chico. Él estaba cansado, así que se tumbó en la cama mientras Asami le cogía la mano con fuerza. No quería dejarlo ir de nuevo. Pero a partir del mediodía, después de que Asami comiera, Heiji y Shinichi se fueron a movilizar a la policía para encontrar rastros de Kikyo en los bosques cercanos al hospital, dejando vigilancia en la puerta de Mamoru. Asami, no se movió de su lado tampoco, sentándose en la silla y observando como el chico la miraba sonriendo.

— Kazuki se ha convertido casi en un hombre —Asami sonrió—. El otro día se abrió la cabeza por protegerme.

— Eso es bonito —respondió Mamoru.

— Sí, lo es —Asami sonrió—. Kizuna quiere tomar clases de karate para volverse fuerte, aunque dice que mejor tome de Kendo para parecerse más a papá.

— Cuéntame acerca del bebé —susurró él.

— No puedo contarte nada aparte de que está sano —Asami se encogió de hombros.

— ¿Y eso? —Mamoru frunció el ceño.

— No quise saberlo —Asami lo miró sonriendo—. No hasta que Mamoru estuviera con nosotros de nuevo. No he escuchado nunca su corazón, ni he visto las imágenes, ni tampoco sé si es un niño o una niña. No quería saberlo, hasta que Mamoru estuviera conmigo.

— ¿Y si no hubiera vuelto antes?

— Entonces hubiera sido el primer nombre que pasara por mi cabeza —Asami se encogió de hombros—. Los niños ya han pensando unos cuantos, porque Yoh y Ayako les iban pidiendo. Kizuna está de acuerdo con todos los nombres que conlleven amor, como Ai, Aiko, Airi, Chiai, Kia, Keishin, Kokoa, Kokomi, Kokone, Kokoro, Mana, Manaka, Manako, Manami, Manae, Masae, Mia, Noa, Rei, Shin, Yuushin. Llegados a este punto, terminó diciendo Shinichi. También lo que conlleve suerte, porque decía que así papá volvería pronto a por el bebé y estaríamos de nuevo todos juntos, como Akiyoshi, Sachiko, Shouta, Yoshi, Yoshimi. O que sea algo bonito, como la puesta de sol o la salida del sol —Asami sonrió—. Kazuki, en cambio, quiere un enlace entre él y Kizuna, jugando con cualquier nombre que lleve 'Ki': Akatsuki, Aki, Akira, como Kyogoku, Aoki, Daiki, Eiki, Genki, Haruki, Hibiki, Hiroki, Ibuki, Itsuki, Ki, Kiku, Kimi, Kin, Kinsuke, Kiyoko, Mizuki, Motoki, Naoki, Natsuki, Saki, Taiki, Yuki, Yukiko, Yuuki… principalmente quiere que se llame Kazuki o Kizuna. También busca un significado que sea como esperanza y lazo junto, para parecerse a Kizuna y Kazuki, ha terminado diciendo Kizunakazuki si es una chica y Kazukizuna si es un chico —Mamoru estalló en risas—. No te rías, no hace ninguna gracia que quiera llamarle así. Aunque también le gustan los que llevan el significado bueno y positivo.

— ¿Así que ya son suficientemente responsables para escoger un nombre, eh? —dijo Mamoru.

— Eso parece —Asami se rio sentándose de nuevo en la cama—. No se está quieto, hoy —se puso las dos manos en la barriga—. Está notando mis nervios por estar con Mamoru.

— ¿Te pongo nerviosa? —Mamoru sonrió hacia ella—. ¿Qué has hecho en mi ausencia?

— Si tú supieras —Asami sonrió besándolo de nuevo.

— Nada bueno, seguro.

Mamoru se apartó de golpe de Asami y ella miró detrás de sí. Takagawa Kikyo había conseguido burlar la seguridad que les habían puesto y mantenía una cara llena de rabia hacia ellos.

— Kikyo-san —Asami se levantó de la cama poniéndose entre el camino de ella y de Mamoru.

— Apártate de él —dijo ella muy fríamente.

— No. No dejaré que le hagas más daño —respondió Asami.

— He dicho —la mujer cogió los hombros de Asami para apartarla del camino—, que te apartes de mi camino.

La empujó con fuerza contra la puerta. Asami se golpeó contra la puerta abierta y cayó al suelo, girándose a último momento y golpeándose en la espalda. Mamoru intentó levantarse, pero Kikyo lo cogió con fuerza suficiente para que él no pudiera defenderse. Asami intentó levantarse, pero el golpe en la espalda le había dolido demasiado.

— ¿Mama? —Kazuki, que acababa de llegar corriendo a la habitación, se arrodilló delante de ella sorprendido.

Entonces Kikyo se acercó a Asami. Era perfecto lo que estaba sucediendo. Delante de Mamoru y también de los niños podría derrotar de una vez a la mujer que le había quitado a su amado. Kizuna que había llegado corriendo detrás de Kazuki, se echó a llorar con fuerza delante de la puerta. Kazuki se había puesto delante de Asami, con los brazos abiertos para defenderla, sin que Asami pudiera moverse para apartarlo y que no le hicieran daño. Mamoru se levantó de la cama, después de pulsar el botón para llamar a las enfermeras, intentando apartar a Kikyo de ellos, pero casi ni tenía fuerzas para mantenerse de pie. Entonces, Ayako que había llevado los niños hacia allí y que no había corrido desde el ascensor hasta la habitación, llegó con el paso apresurado para ver lo que le pasaba a Kizuna, mientras Kikyo golpeaba con fuerza a Kazuki, tirándolo contra la ventana. Mamoru, que estaba allí, se puso entre la pared y el niño, recibiendo el golpe, para que no se hiciera daño.

— Mama… —Kizuna señaló hacia Asami mientras Ayako le preguntaba lo que le sucedía.

Cuando Ayako vio lo que sucedía, sin pensárselo dos veces se tiró encima de Asami para protegerla de la patada que Kikyo estaba tirando hacia ella, recibiendo el golpe de lleno. Cuando la enfermera llegó allí y vio lo que sucedía, llamó a Nakashima-sensei que era el médico más cercano a ellos, mientras salía corriendo a llamar a seguridad. El médico entró intentando apartar a Kikyo de ellas, pero la rabia de esa mujer era tan fuerte, que consiguió de un golpe, sacarse de encima al hombre. La enfermera llegó corriendo de nuevo a ellos, junto a otros miembros del personal, para ayudar en lo que pudieran.

— Ya he llamado a seguridad —susurró la enfermera acercándose a Nakashima-sensei, para intentar ayudarlo.

Kikyo lo escuchó. Chasqueó la lengua y se abrió paso entre ellos para irse de allí. Se cobraría su venganza, seguro…

— ¿Estás bien, Mamoru-kun? —preguntó el médico al verlo con cara de sufrimiento.

— C-creo que sí… —Mamoru hizo una sonrisa forzada y observó a Kazuki—. ¿Estás bien?

— Papá me ha ayudado —el niño afirmó con la cabeza y sonrió.

— Gracias por proteger a mamá, Kazuki —Mamoru le acarició la cabeza levemente intentando levantarse. Nakashima-sensei y la enfermera le ayudaron a levantarse y él se acercó medio tambaleándose hacia los demás—. Ayako, ¿estás bien?

— Dolió —Ayako se apoyó en la puerta con cara de enfado—. Voy a hacer sufrir a esa bruja y luego la mato. No solo hace daño a Oniichan, sino que además, burla la seguridad e intenta hacer daño a todos. ¿Se puede saber qué le pasa? Tus amores duelen y mucho.

— Lo siento —Mamoru sonrió al verla tan enojada. Pocas veces había visto a Ayako así. Siempre empezaba a amenazar a la gente y luego jamás lo cumplía—. ¿Asami?

— Estoy bien, aunque el bebé hoy tiene ganas de matarme —ella lo miró mientras respiraba profundamente.

— Al menos alguien de esta casa tiene energía suficiente, ¿no? —Ayako se rio.

— En lugar de quedarte quieta, ¿por qué no das el aviso a tu padre? Antes de que esa maldita escape de nuevo impune —Asami la fulminó con la mirada.

— Definitivamente las embarazadas tenéis mucho mal genio —Ayako se encogió de hombros y se apresuró a salir de la habitación.

— Mira quién fue a hablar —Asami suspiró viendo como se iba. Luego bajó la mirada a Kizuna que estaba sollozando mientras una enfermera intentaba tranquilizarla del todo. Asami estiró su mano hacia ella con una sonrisa tranquilizadora. La pequeña la cogió temblando—. Está bien, Kizuna, está bien.

— ¿Seguro no te has hecho daño, Mamoru-kun? —preguntó Nakashima-sensei mirándolo.

— Estoy bien. No digo que no me haya dolido el golpe, pero estoy bien —respondió Mamoru.

— Deberíamos de llevarla a ella para que miraran si se ha hecho daño —dijo una doctora arrodillándose al lado de Asami.

— Estoy bien, si no me tocan —Asami suspiró cogiéndose a Mamoru para incorporarse un poco—. Ayako-chan se ha llevado los golpes por mí, al igual que Kazuki —Asami lo miró con una sonrisa triste.

— Estoy bien —Kazuki alzó su puño intentando decirle que era fuerte.

— Oh, Kazuki es más fuerte que mamá, ¿entonces?

— Sí —Kazuki se rio con fuerza.

— Pequeño idiota —Mamoru le removió el pelo con fuerza. ¿C´mo podía ser que un niño aguantara su llanto con una sonrisa tan falsa como la que acababa de hacer.

— Para asegurarnos es mejor que te llevemos a revisar el bebé —dijo la doctora—. Nos ahorraremos todos algún posible problema.

— Está… —Asami puso su mano encima de su barriga.

— ¿Qué ocurre?

— No se está quieto —susurró ella, respirando profundamente.

— Tranquila —Mamoru apoyó su frente en la de ella sonriendo—. Vamos a ver si está bien, ¿vale?

— Sí.

— ¿Estás pensando en ir tú también? —preguntó el médico mirando a Mamoru.

— Por supuesto que voy a ir a acompañar a mi esposa y a mi bebé —Mamoru lo miró con una ceja arqueada.

— Música para mis oídos —Asami sonrió haciendo enrojecer por completo a Mamoru.

— Voy a darte un buen golpe —Mamoru la fulminó con la mirada.

— Lo que tú digas. Si acaso cuando tengas más fuerza —Asami se rio.

— Está bien traed dos sillas de ruedas —Nakashima-sensei miró a las enfermeras que salieron apresuradas de la habitación.

— Ya llegué —Ayako suspiró—. Dicen que alertarán a todos y que vendrán ahora mismo ellos para que no haya otro incidente.

— Chicos, ¿queréis venir con papá y mamá? —preguntó Mamoru mirando a Kazuki y luego a Kizuna. Los dos afirmaron con la cabeza—. ¿Ayako, podrás acompañarnos un segundo?

— Claro —Ayako estiró su mano para apartar a Kazuki del medio y a Kizuna, mientras llegaban las enfermeras con dos sillas de ruedas.

— ¿Qué es esto?

— Son sillas que ayudan a llevar a la gente que está cansada o que no puede andar —informó Ayako a Kizuna que observaba como ayudaban a subir a Asami en una de las sillas.

— Oh, eso parece divertido —dijo Kazuki sonriendo.

— No lo es Kazuki —dijo Ayako arrodillándose delante de ellos—. A ti te gusta correr, ¿no es cierto? —el niño afirmó con la cabeza—. La gente que no puede caminar y que tiene que ir en esas sillas, también querrían correr y no tener que ir allí. Cuando seas mayor entenderás eso —añadió cuando vio que Kazuki fruncía el ceño—. Vamos… —después de subir a Mamoru en la otra silla, dos enfermeras empujaron las dos sillas hacia el ascensor, mientras Ayako cogía las manos de los dos pequeños y los seguía.

Cuando llegaron en el lugar, las enfermeras dejaron las sillas en una pequeña sala de espera, mientras iban a ver a la doctora responsable del lugar. En pocos minutos, llevaron a Asami a dentro, junto a Mamoru y Ayako entró con los dos pequeños, cogiéndolos fuerte de las manos para que no tocaran nada. Tumbaron a Asami en una camilla y la doctora empezó a prepararse para poder ver el bebé en la pantalla.

— Bueno, ¿es niño o niña? —preguntó la doctora mirando a Asami.

— No lo sé.

— ¿De cuándo estás? —preguntó la mujer.

— De trenta y tres semanas —respondió Asami—. Pero no quería saber nada del bebé, aparte de si estaba sano o no, sin Mamoru.

La doctora miró al chico que cogió la mano de Asami.

— Entonces, ¿queréis saberlo? —la doctora miró a Asami.

— Yo quiero saberlo —Mamoru sonrió hacia Asami que lo miró sonriendo.

— Yo también.

— De acuerdo.

— ¿Podemos escuchar de nuevo el corazón? —Kizuna sonrió hacia la mujer.

— ¿Habéis escuchado el corazón? ¿Será vuestra hermanita? —la mujer los miró.

— Sí —Kizuna afirmó con la cabeza.

— ¿Hermanita? —Asami miró a la mujer.

— Claramente y parece que el golpe no le ha hecho daño —la mujer miró a Mamoru que observaba concentrado la pantalla. Mamoru miró sonriendo hacia Asami.

— Una niña.

— Nuestra niña —Mamoru cogió con fuerza la mano de Asami y tocó levemente la barriga de ella, sin interrumpir el reconocimiento de la doctora.

— Qué raro —la doctora miró a Mamoru y luego miró a Asami—. ¿Lo habéis notado?

— Sí, apretó la mano de Mamoru —Asami sonrió.

— Eso es lo raro. Aunque está más frío el aparato, y que tiene la cabeza justo aquí, ella ha estirado su mano para tocarlo a él —la doctora sonrió—. Prueba en otro lugar —Mamoru movió su mano—. Eso es realmente extraño —la mujer se rio.

— Parece que te reconoce de algún modo —Asami sonrió hacia él.

— Eso parece.

— Su corazón —la doctora movió el aparato hacia un lado y luego pulsó un par de teclas del pequeño teclado que tenía debajo, empezando a sonar unos golpes muy rápidos y fuertes—. Su corazón también está perfectamente.

— Eso es, ¿su c-corazón? —susurró Mamoru mirando hacia Asami—. No llores. No llores o me harás llorar a mí.

— No puedo evitarlo —Asami habló en un susurro—. No puedo.

— Asami —Mamoru le acarició la frente—. Siento haberte hecho sufrir.

— No es eso, es que… —Asami lo miró. Mamoru se frotó los ojos con fuerza y ella se rio.

— No te rías —Mamoru suspiró—. Me duele mucho haberme perdido estos ocho meses.

— Y a mí me duele que no estuvieras con nosotros estos ocho meses —Asami sonrió tristemente.

— ¡Nos duele! ¡Nos duele! —dijeron Kazuki y Kizuna riéndose y levantando las manos con energía.

Mamoru y Asami los miraron y se rieron.

— Kira —dijeron los dos a la vez mirándose.

— Kira es un bonito nombre, ¿os parece? —Ayako sonrió mirando a los niños.

— ¿Kira? —preguntó Kizuna.

— Significa buena suerte —Mamoru los miró.

— ¡Kira! —los dos pequeños se rieron levantando sus manos de nuevo.

— Ahora tendréis que decirlo a todos, ¿vale? —Asami sonrió mirándolos.

— ¡Sí!


Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!

Próximo capítulo: 'El hondo pozo de la desesperación'.