Hellow!

23 de Septiembre.


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

El hondo pozo de la desesperación

Kizuna le cogió la mano con fuerza y tiró de ella.

— Tranquila, Kizu, no voy a irme a ningún sitio —susurró Asami sonriendo.

— Deprisa, deprisa… —Kizuna siguió tirando de ella. Tenía demasiada urgencia.

— Está bien, está bien. Pero mamá no puede correr, ya lo sabes —Asami sonrió mientras miraba unos segundos hacia atrás.

Mamoru sonrió hacia ella en una mirada cómplice. Los demás seguían todos sentados en la mesa. Asami dejó que la pequeña tirara de ella intentando mantener el equilibrio, para no hacerse daño. Cuando ya habían cruzado todo el vestíbulo, notó un dolor en su espalda muy agudo. Kizuna siguió tirando hacia el baño, pero dejó de tirar en cuanto escuchó un ruido extraño. Se giró para mirar a Asami que le cubrió los ojos con la mano.

— Kizuna no mires a mamá —susurró en su oído notando que Asami se arrodillaba al suelo con todo su peso apoyado en la pequeña—. Corre… ve con papá… corre todo lo que puedas… Kizuna… —Asami cayó al suelo de lado y la niña se quedó quieta sin mirar a su madre.

Vio como alguien corría hacia fuera del lugar, mientras que la gente que estaba cerca de allí se giraba para mirarlas. Su cabeza le decía que corriera, pero sus piernas no se movían. Estaba asustada. Estaba realmente asustada.

— ¿Estás bien? —preguntó un hombre a su lado moviendo a la niña para poder acercarse a la madre.

En ese momento, Kizuna empezó a correr. Corrió con toda su fuerza hasta encontrarse al lado de su padre. Tiró de su manga con fuerza.

— Kizuna —el chico frunció el ceño al verla—. ¿Qué ocurre?

— Mamá… —Kizuna señaló hacia el vestíbulo con los ojos llorosos. No hubo tiempo de decir nada más. Casi todos los adultos se levantaron en seguida y corrieron hacia allí. Kizuna los siguió muy de cerca y se quedó parada en la puerta del vestíbulo observando como Mamoru zarandeaba a Asami asustado.

— ¿Kizuna? —Kazuki se acercó a ella y observó a su lado—. ¿Qué ha pasado?

— Alguien ha disparado a mamá —susurró la pequeña—. Kizuna ha visto su espalda y su pistola.

— Pero Kazuki no escuchó ningún ruido —susurró el niño.

Su hermana se encogió de hombros. No podía aguantar más, se echó a llorar con fuerza, haciendo que Kazuha se acercara a ella intentando consolarla lo mejor que podía. Tetsuya había ido a buscar el coche de Shinichi, porque habían decidido que una ambulancia tardaría demasiado en llegar. Habiendo recibido el disparo en la espalda, justo por detrás de la barriga, cada minuto contaba, y Asami estaba perdiendo su pulso.

— ¿Qué le pasará a mamá? —preguntó Kazuki mirando a Kazuha con miedo.

— No pasará nada, ¿vale? —Kazuha forzó su mejor sonrisa—. Estarán bien. Mamá y el bebé estarán bien. Ya lo veréis.

— ¿Por qué los adultos siempre mienten cuando dicen eso? —preguntó el niño preocupado.

— No estoy… —Kazuha miró al niño. Kazuki la estaba mirando con una cara llena de miedo—. Kazuki, ¿sabes lo que es la esperanza, verdad? —ella sonrió con tristeza. El niño afirmó con la cabeza—. Eso es lo último que se debe perder en estas circunstancias. Esperemos que todo salga bien. Siempre se debe de decir eso. Algunas veces, los adultos lo decimos en voz alta, para así poder asegurarnos de que no la perdemos.

— ¿Entonces qué pasará con mamá? —preguntó Kizuna.

— No lo sabemos, pequeña —susurró la adulta—. Pero haremos todo lo posible para que no suceda nada malo, ¿vale?

— Kizuna quiere ir con papá —dijo la pequeña en un hilo de voz.

— Kazuha-obaasan os llevará luego, ¿vale? Porque ahora papá debe de estar con mamá y si nos ponemos al medio, solo entorpeceríamos las cosas.

Kizuna afirmó con la cabeza y bajó la mirada al suelo.

— Kizuna tiene que ir al baño… aún —dijo la pequeña.

— Ahhhh, cierto —Kazuha tiró de ella hacia el baño con prisas.

— Deberíamos de llevarla a fuera —susurró Heiji mirando a su hijo. Mamoru estaba concentrado en sus dedos, tomándole el pulso a Asami—. Mamoru, tenemos que llevárnosla de aquí.

Mamoru afirmó con la cabeza y dejó que Heiji cargara con ella. Él se quedó en ese sitio con las manos encima de la cabeza. ¿Por qué? ¿Qué estaba sucediendo? Shinichi le puso una mano en su hombro.

— Vamos.

Él afirmó y los dos siguieron a Heiji. Después de estar tanto tiempo separados, después de estar tanto tiempo forzándose a recuperarse rápido, ¿por qué eso? ¿Quién le había hecho eso a Asami? ¿Quién se atrevía a hacerle daño a una mujer embarazada? Tetsuya acababa de llegar con el coche y Heiji estaba esperando a que él le abriera la puerta. Shinichi se subió en la parte de delante del coche y él entró en la parte trasera, ayudando a Heiji a entrar a Asami. Heiji cerró la puerta después de decir que se quedaba a investigar y Tetsuya subió apretando el acelerador al máximo. Mamoru se quedó quieto manteniendo a Asami encima de su regazo. Notaba como la chica se estaba volviendo fría por momentos. Apretó sus brazos en el cuerpo de ella para atraerla hacia él e intentar mantener su calor corporal.

— Asami, resiste —le besó en la frente—. Resiste.

El camino con el coche se hizo eterno de nuevo. Con la sirena de la policía del coche, llegaron antes al hospital. Shinichi abrió la puerta y tiró de Asami para ayudar a Mamoru a sacarla de allí, mientras Tetsuya se adentraba al hospital para pedir ayuda. Entre Shinichi y Mamoru llevaron a la chica a dentro y la dejaron en la camilla que los médicos estaban sacando. Se la llevaron hacia dentro, seguidos muy de cerca por Shinichi y Tetsuya. Mamoru suspiró largamente y se quedó atrás. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué a ella?

— Este es mi regalo por despreciarme, Mamoru-kun —la voz de esa mujer sonó a su espalda con alegría. Mamoru se giró asustado viendo a la mujer que lo había secuestrado durante tanto tiempo—. Me gustaría que entendieras cuanto te quiero, que incluso puedo mancharme las manos de sangre por ti.

— ¿Tú has…? —Mamoru la miró con tristeza. ¿Por qué? ¿Por qué ella? ¿Por qué ella a ella?

— Mamoru-kun te amo, ya te lo dije —ella dibujó una sonrisa helada en sus labios—. Por ese motivo no dudaré en matar al resto de tu familia, sea quien sea si sigues siendo tan amable con ellos.

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— ¿Dónde está Hattori? —Tetsuya se giró en redondo y volvió sus pasos hacia la entrada de las urgencias. Habían recorrido mucho trozo y ese tipo no les había seguido. ¿Qué ocurría con él? Cuando salió por la puerta vio a Mamoru en un lado mirando algo que él no podía ver. Alguien estaba hablando con él haciendo gestos exagerados y Mamoru parecía asustado. Tetsuya se apresuró a ir con él y le cogió el brazo tirando de él—. Vamos, te están espe… Takagawa —la mujer giró en redondo y echó a correr. Tetsuya soltó a Mamoru y la siguió, pero ella se había subido en una moto y ya se había alejado demasiado para intentar perseguirla con el coche que seguía parado en la entrada. Se giró en redondo y volvió hacia el chico, empujándolo hacia dentro del lugar, para sacarlo de la vista de la gente—. Hattori, ¿qué te ha dicho? ¿Qué te ha hecho? —preguntó viendo que el chico mantenía su mirada fija, dejándose llevar por el cantante—. ¿Hattori? ¿Qué te ha hecho esa mujer? ¿Hattori? —Tetsuya se detuvo y lo cogió por los hombros zarandeándolo—. ¡Hattori!

— Ella ha disparado a Asami por mí —susurró él casi sin voz. Pero eso no era lo que le asustaba. Eso era algo que no podía asustarlo. Le asustaba más la amenaza. Esa mujer, ella, debía de evitar que nadie lo supiera. Debía de evitar que pudiera acercarse a su familia a toda costa—. Ha disparado a Asami y al bebé.

Tetsuya chasqueó la lengua y lo empujó de nuevo hacia dónde se había separado de Shinichi. Y lo empujó a la pared.

— ¿Tú eres idiota? —preguntó Tetsuya—. ¿Entonces por qué no la has golpeado y ya?

— ¿Qué ocurre? —preguntó Shinichi.

— Esa maldita periodista que lo secuestró ha sido la que ha disparado a Asami, se lo ha dicho a él y no ha hecho nada para detener a esa mujer —se quejó el cantante.

— ¿Cómo que…?

— Me lo ha dicho —susurró Mamoru dejándose caer por la pared.

— Bueno, me voy antes de quedarme tan idiota como él —Tetsuya rodó los ojos y se alejó a grandes zancadas del lugar.

Shinichi se sentó al lado de Mamoru y lo observó detenidamente. El chico estaba desesperado y necesitaba ayuda. Lo rodeó con un brazo por la espalda y lo atrajo hacia él para darle apoyo.

— ¿Sabes? Nuestra vida siempre está llena de estas cosas absurdas que seguirán haciéndonos daño queramos o no —susurró—. Ella está demostrando ser una persona realmente temible, pero si te das por vencido tan pronto, estoy seguro que terminará haciéndote realmente daño. Procura tener en cuenta de no mostrar tu punto débil a nadie y aunque lo sepa, haz como si no te importara. Tal vez así consigas salvar lo más importante para ti. Y ten en cuenta que si Asami se recupera de esto, tal vez necesite más ayuda psicológica de la que le puedas dar tú. Si resulta que el bebé no ha sido dañado y las dos se salvan, también vas a tener que ayudarla mucho. Así que no vas a poder tener más tiempo para preocuparte.

— ¿Y si… y si mueren las dos? —Mamoru miró a Shinichi con miedo. ¿Qué iba a hacer si perdía a la persona más importante de su vida y a un bebé que ni siquiera había conocido?

— Tienes aún a dos personas muy importantes que te quedan atrás —respondió Shinichi—. Así que no las olvides.

— Ser adulto es un rollo —suspiró él.

— Sí, pero es lo que tiene llegar a ser responsable —Shinichi se rio—. No va a pasar nada, ya lo verás. Asami es fuerte.

— No sé cuantas pruebas más de ello van a tener que darme —susurró Mamoru.

— El problema es que no necesitamos nosotros más pruebas de ello, pero todo tiene un límite y ella está por rebasarlo —Shinichi miró al techo, apoyando con cansancio su cabeza en la pared.

— No quiero que muera, por favor.

¿Por qué? ¿Por qué nadie podía escuchar su inmenso dolor cada vez que algo así sucedía? ¿Por qué no podía simplemente pasarle a otra persona y dejarlos a ellos tranquilos de una vez? ¿Ni un descanso? ¿Un tiempo pequeño para poder disfrutar de sus presencias sin tener que huir o desaparecer? Estar juntos era suficiente para ellos pero, ¿hasta cuándo podrían aguantar? ¿Hasta cuándo podría aguantar ella? Pero al menos suspiraba aliviado: si ella moría, solo sufriría él y tal vez ella estuviera en paz de una vez. Kizuna apareció delante de su campo de visión. La niña la miró con dolor en sus ojos y lo abrazó con toda la fuerza que ella tenía. Pero él no se movió. Se había puesto a llorar sin darse cuenta y no podía moverse para secar sus lágrimas. Necesitaba que alguien le quitara esos pensamientos de la cabeza. ¡Que lo golpearan! Fuera como fuera que alguien lo salvara de su propia mente.

Un médico salió de la sala del fondo, con prisas y se alejó de allí sin ni siquiera prestarles atención. Todos los presentes lo siguieron con la mirada, excepto Shinichi, Kazuki, Kizuna y Mamoru que seguían con la mirada al suelo. ¿Cuánto tiempo había pasado? El médico volvió a la sala con otro médico. Él ni siquiera se había dado cuenta del tiempo. Cuando un médico se paró a su lado y empezó a hablar con los demás, él ni siquiera lo escuchó. Shinichi se removió a su lado, haciéndolo reaccionar. El médico hizo una pequeña reverencia y se adentró de nuevo a la sala. Mamoru miró a Shinichi que estaba bastante consternado.

— ¿Qué ha pasado? —susurró él en un hilo de voz mientras acariciaba la cabeza de Kizuna que se había quedado abrazada a él durante todo ese tiempo.

— El bebé está vivo, pero como es prematuro van a tener que ponerlo en la incubadora. Pero de momento no están muy seguros de que se salve —informó Akira sentándose a su lado—. En cuanto a Asami, van a trasladarla a la UCI. Tampoco saben si se va a recuperar.

Mamoru sintió como si un cubo de agua, no fría, ni tampoco helada, sino ya completamente iceberg, le cayera por encima. Abrazó a Kizuna con tanta fuerza que la niña se quejó por el repentino afecto de su padre.

— Lo siento… lo siento… lo siento… —susurró al oído de la pequeña—. Lo siento.

— Papá no debe sentirse culpable —dijo ella sonriendo mientras hundía sus pequeñas manos en el pelo de su padre—. Papá no tiene la culpa de lo que ha sucedido a mamá, ¿verdad? Kizuna no quiere que papá sufra por lo que le pase a mamá. Mamá va a recuperarse y nuestra hermanita también.

— Eso sería mucha buena suerte Kizuna —susurró él casi sin voz, pero Kazuki que estaba sentado a su lado y Kizuna lo escucharon perfectamente.

— Sí —se rieron los dos pequeños a la vez mirándolo. Kizuna se apartó de él para poderlo ver bien.

Él les removió el pelo con fuerza mientras sonreía con tristeza.

Al cabo de un rato, Mamoru entró solo en la cúpula de cristal en la que habían llevado a la chica. Al estar en ese lugar, también habían puesto la incubadora de la niña recién nacida al lado, para mantener una constante vigilancia a las dos. Se acercó a la incubadora y observó a través del cristal. Esa niña era aún muy pequeña, delgada y tenía tubos por todos lados. Mamoru se acercó a la cama con Asami y se dejó caer en la silla que había al lado. A fuera, podía ver que estaba oscureciendo ya.

— Asami —se apoyó en la cama y vio como ella abría los ojos con pereza—. ¿Estás bien? —ella miró arriba y abajo un par de veces. El tubo que tenía en su boca para respirar correctamente, le prohibía poder hablar—. Tenemos a una niña preciosa —sonrió débilmente mientras la observaba—. ¿Podrás aguantar, Asami? —ella volvió a afirmar con los ojos—. No me dejan estar mucho aquí, así que resiste, ¿vale? Mañana a primera hora volveré aquí de nuevo —ella negó con los ojos moviéndolos hacia los lados—. ¿Por qué no? —ella estiró su mano con esfuerzo para señalar hacia fuera. Mamoru se giró para mirar a Kizuna y a Kazuki que estaban observándolos desde detrás del cristal—. ¿Quieres que esté con ellos? —volvió a mirarla y vio como ella afirmaba de nuevo con los ojos, mientras dejaba caer la mano cansada. Mamoru volvió a poner su mano encima de la cama y la acarició levemente—. Cuando ellos estén al colegio vendré —ella volvió a negar con los ojos y él sonrió—. No puedes negarme eso, Asami. Tengo que hacerlo para ayudarte a recuperarte. Te quiero, ¿me oíste? Te quiero mucho.

Asami cerró los ojos con cansancio y terminó durmiéndose.

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Se despertó. Estaba sola en esa habitación. Era de día y no había nadie en el lugar. A su lado escuchaba pitidos por todos lados. No había escuchado ni visto a Mamoru irse. ¿Por qué estaba sola? Intentó moverse, pero no podía. Estaba demasiado cansada como para poder hacerlo. Miró a su izquierda… nada… miró a su derecha… nada… sabía que en esa habitación debería de estar su niña pero, ¿dónde? Intentó incorporarse. ¿Dónde estaba su pequeña? No podía levantarse. No podía. El cansancio le hacía cerrar los ojos, pero ella no podía dormir. Notaba que su respiración se aceleraba mientras las lágrimas empezaban a caerle por las mejillas. Su niña, su hija, ¿qué había pasado con ella? Mamoru no le había dicho si estaba bien, ¿qué ocurría? ¿Por qué sentía que algo iba mal? Un rostro apareció en su campo de visión.

— Es muy pequeña para ser una niña bien formada —sonrió la cara de Kikyo con una frialdad extrema, luego chasqueó la lengua—. Qué lástima que no pueda escuchar tu voz temblando. Sería música para mis oídos. Pero aún así, eres demasiado expresiva, así que me conformo con esa mirada de miedo que acabas de poner —Kikyo se quedó en una esquina de la habitación, en dónde Asami solo podía verle los ojos y la parte de arriba de su cabeza. Asami no podía incorporarse para ver lo que estaba haciendo—. Si se desconecta una parte de la máquina de esa pequeña, ¿sobrevivirá? Qué ganas tengo de averiguarlo —Kikyo se rio con estrépito mientras sacaba uno de los tubos y lo mostraba a Asami, asegurándose de que ella podía verlo—. No te ha hecho ningún favor esta niña sobreviviendo hasta ahora. No me malinterpretes. Estoy salvándote de la vida miserable que vas a llevar a partir de ahora —se acercó de nuevo a Asami. La chica estaba llorando—. Eres débil. Jamás podrás proteger a los tuyos mientras sigas llorando.

Le dolía. Asami debía de reconocer que las palabras de esa mujer eran como cuchillos afilados clavándose en su corazón. ¿Por qué? ¿Por qué hacía esto? ¿Cuáles eran sus intenciones? La sangre empezaba a hervir en su cuerpo y ella lo notaba, pero no podía moverse. No podía moverse de ningún modo. ¿No podía? Simplemente su cuerpo no le obedecía debido al dolor, pero la vida de su hija estaba en peligro. Debía de ignorar el dolor en ese mismo instante y ayudarla.

Kikyo seguía diciendo trivialidades y riéndose de ella y de lo que acababa de hacer. Pero Asami no la escuchaba. Sus ojos estaban ardiendo de rabia e hicieron que la mujer se callara. En menos de dos segundos, las manos de Asami rodearon el cuello de Kikyo que buscó desesperada el botón de emergencias de la sala para que los médicos y las enfermeras vinieran a ayudarla. Asami no podía respirar. Le ardían los pulmones y necesitaba más aire, pero si conseguía detener a esa mujer, aunque fuera por unos segundos, no importaba su dolor. No importaba lo que a ella le ocurriera, siempre y cuando Mamoru volvería y le detuviera los pies. Los médicos y las enfermeras llegaron e intentaron separarlas, pero Asami estaba clavando sus uñas con toda su fuerza en el cuello de la mujer, cosa que hizo que los médicos tuvieran que drogarla. No. Asami no podía dormirse. Tenía que avisarles de lo que había hecho esa mujer. Tenía que avisarles de que la vida de su bebé estaba en peligro… su niña… su hija… otra parte de su vida…

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Cuando Mamoru llegó, todo el personal de sanidad estaba muy ajetreado. Mamoru vio que muchos de ellos entraban y salían de la habitación de Asami. ¿Qué estaba sucediendo? Había una mujer detrás de un pequeño mostrador que negaba con la cabeza y parecía preocupada en exceso. Se acercó a ella.

— ¿Qué ocurre? ¿Ha pasado algo con Asami?

— No ella —susurró la mujer—. El bebé, pero no sabemos qué está sucediendo.

— Era un cable —un médico salió enojado de la habitación encarando a la recepcionista.

— Pero no creo que su madre… si no puede levan…

— La mujer que ha venido antes, ¿dónde está esa mujer? —preguntó el hombre. La mujer señaló fuera de la sala en donde había una sala de espera, vacía—. ¿A dónde ha ido esa mujer?

— Le curé las heridas y me dijo que se iba a ir —respondió un médico al otro lado del lugar—. No parecía mala persona.

— Si no ha sido ella alguno de nosotros ha sido. No ha entrado nadie más en esa habitación —respondió el hombre señalando a la sala.

— ¿Disculpad? ¿Alguien ha entrado en la habitación de Asami a verla? —Mamoru frunció el ceño.

— Sí, vino a visitarla a primera hora —respondió la recepcionista—. ¿Por qué?

— ¿Por qué? —Mamoru parpadeó confuso—. Quedamos con toda su familia y sus amigos que solo yo vendría a verla con los ni-ños… Kikyo… —Mamoru miró al médico—. ¿Kikyo ha estado aquí?

— ¿Está usted bien? —preguntó la mujer rodeando la mesa y acercándose a él.

— ¡Claro que no estoy bien! ¡Esa mujer intenta matar a toda mi familia y la dejáis pasar! —Mamoru la encaró—. ¡Esa mujer fue quién la disparó! ¡Quién la metió aquí! ¡¿Cómo pudisteis dejarla pasar?! —Mamoru se giró en redondo y salió de allí siendo observado por todos. ¿Por qué se había enojado tanto? Él ya sabía que iba a suceder eso, ¿verdad? Él lo había tenido claro desde un principio, ¿no era así? No tenía ni idea de a dónde le llevaban sus piernas, pero debía de encontrar a esa mujer y detenerla de una vez.

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Cuando Asami despertó de nuevo, ya era de noche. Se despertó sobresaltada y temblando. Tenía que asegurarse de que todo estaba bien. Intentó incorporarse, pero su espalda dolía tanto que le era imposible hacerlo. El tubo que le cubría su boca no la permitía tampoco hacer nada. Levantó su mano hacia el botón rojo que estaba encima de su cabeza, pero no llegaba a él. ¿Cómo estaba la niña? ¿Cómo estaba? ¿Por qué estaba sola de nuevo? Intentó incorporarse, pero de nuevo el dolor la mantenía quieta. ¿Qué había pasado con ella? Mamoru tampoco le había dicho nada y ni siquiera estaba allí. Se sentía sin fuerzas, necesitaba ayuda. Movió un poco su cabeza. Debía de mantener la cabeza bien alta cuando se trataba de luchar contra ella misma. Se estiró un poco más hasta alcanzar el botón y luego se dejó caer en la cama, soltándose del botón. Maldijo para sus adentros, notar aún sus dedos adormecidos. Se estiró una vez más, notando un pinchazo agudo en su espalda y cogió de nuevo el botón, para dejarse caer en la cama de nuevo, agarrando con fuerza el aparato para que no se escapara de sus dedos de nuevo. Pulsó el botón y lo vio parpadear. El enfermero no tardó en llegar con ella.

— ¿Estás bien, Asami-san? —ella señaló hacia dónde no podía ver, pero estaba convencida de que había—. No le ha pasado nada —respondió él entendiéndola—. La niña es fuerte y tú has herido a la mujer para que la sacáramos de aquí y no pudiera hacer más daño a nadie. Todo está bien —Asami cerró los ojos a modo de alivio—. ¿Quiere que le levante un poco la cama para que pueda verla? —ella lo miró y afirmó con la cabeza. El hombre lo hizo—. Ahora descanse. Si todo va bien, mañana, intentaremos sacarle eso de la boca.

Asami afirmó con la cabeza intentando sonreír. Ahora al menos podía verla. Tenía que hacerse a la idea de que tal vez la niña no sobreviviera. No importaba. Ella tenía que mantener la esperanza, aunque le costara. Se quedó mirando al infinito intentando conciliar el sueño de nuevo, pero recordar lo que había pasado, la hacía poner nerviosa. ¿Habría venido a verla Mamoru? Giró los ojos hacia la puerta de cristal. Había dos hombres delante de la puerta sentados. Sí, Mamoru había estado allí y había solicitado seguridad para que la protegieran. Cerró los ojos tranquila, ella no podría volver para hacerle daño. Hasta que consiguió dormirse de nuevo.

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Los días fueron pasando y Mamoru no iba a verla. Asami estaba creyendo que realmente le había hecho daño de algún modo. Sentía que el chico no quería verla de algún modo. Pero ella sabía que había estado en algún momento a su lado, puesto que conocía al chico. Seguramente había estado con ella cuando ella estaba dormida. Finalmente llevaron a Asami a la habitación. Fue entonces, cuando pudo coger por primera vez a su pequeña niña entre sus brazos. Era demasiado pequeña para que hubiera sobrevivido, pero lo había hecho hasta el momento. Ella había sido tan valiente como toda la familia. La niña parecía tranquilizarse solo cuando ella la cogía entre sus brazos. Mamoru llegó con ellos cuando casi era de noche. Asami había cerrado los ojos, pero no se había dormido aún. Abrió los ojos para verlo, pero el chico se había quedado mirando a la niña de espaldas a ella. Asami se levantó en silencio y salió de la cama, abrazándolo y asustándolo. Mamoru se quedó quieto con las manos de ella cogiéndole de la parte de delante del jersey con fuerza.

— ¿E-estás bien? —preguntó finalmente mientras bajaba la mirada al suelo. Asami afirmó con la cabeza levemente y dejó apoyada la frente en la espalda del chico. Se sentía sola. Muy sola—. No estás bien —Mamoru se giró entre su agarre y luego la apartó con fuerza de él—. Túmbate, vamos. Deberías de estar descansando. Luego no podrás mantenerte de pie.

— No me duele —mintió ella bajando la mirada al suelo.

— No digas eso —Mamoru la empujó hasta hacer que ella se sentara en la cama, luego la ayudó a tumbarse—. ¿Qué ocurre? —preguntó sentándose en la cama y cogiendo su mano.

— Te necesito —susurró Asami mirándolo con tristeza—. ¿Dónde has estado? ¿Qué ha pasado?

— Me enteré de lo de esa mujer y fui a ver si podía detenerla, pero no la encontré y de momento sigue desaparecida —Mamoru sonrió tristemente. Asami notó que le estaba mintiendo de algún modo pero, ¿por qué? Mamoru miró hacia la niña de nuevo—. Asami, ¿seguro estás bien? —notó la mano del chico recorrer su brazo lentamente.

¿No quería entenderla, o es que realmente lo que esa mujer le había dicho antes de irse era cierto? ¿Por qué? No, Mamoru era fuerte, él no se atrevería a hacer eso. Sin darse cuenta se apartó de esa caricia.

Mamoru apartó la mano mientras la miraba con tristeza. Le había hecho daño. Realmente le había hecho mucho daño. Observó la espalda de la chica en silencio y se sentó en la silla que había a su lado. ¿Por qué? Se sentía demasiado inseguro desde que volvió de ese lugar. Tal vez fuera por eso. Pero no lo entendía, ella seguro no se enfadaría por eso. Se quedó distraído mirando la lluvia de la ventana. Al cabo de un rato, miró su reloj, le dio un beso en la mejilla a Asami y se fue de allí sin decir nada. Asami lo miró de reojo tristemente. Mamoru, como cada noche, se fue a ese bar, al límite de la ciudad y esperó unos minutos, hasta que el camarero le sirvió una bebida energética, y él la pagó. Luego, se sentó en uno de los bancos más alejados de las ventanas a esperar a que ella volviera de nuevo.

— ¿Y bien? —Kikyo sonrió amablemente hacia él.

— Ya te he dicho que no pienso alejarme de Asami —respondió él sin ni siquiera mirarla. Kikyo se sentó lo más cerca posible de él y él de nuevo se apartó de ella.

— Ella sabe qué me quieres —Kikyo sonrió.

— Jamás —respondió él.

— Entonces, ¿por qué se ha enojado contigo? —preguntó ella sonriendo con malicia.

— Por supuesto debías de estar espiándonos —Mamoru rodó los ojos y se apartó de nuevo de ella, que había vuelto a acercarse.

— Qué sepas que puedo hacerte daño cuando quiera —respondió Kikyo—. Tenlo muy presente. Y, cuando por fin haya conseguido llamar tu atención, Mamoru-kun —el chico encogió sus hombros intentando evitar que un escalofrío recorriera de nuevo su espalda, mientras empezaba a recordar todo aquello que había pasado durante largos ocho meses, junto a ella—, cuando por fin lo haya conseguido. Tal vez sea demasiado tarde, o te obligue a hacerme caso de una vez.

— No te haré caso —respondió Mamoru sentándose en la silla de delante de la mesa—. Jamás te haré caso.

— Nunca digas nunca jamás —respondió ella sonriendo con frialdad, mientras cogía la bebida del chico de encima de la mesa y daba un par de sorbos, luego volvió a dejarla encima de la mesa, justo delante de él. Mamoru apartó la bebida hacia ella. No quería beber nada que fuera tocado por ella—. Te obligaré a postrarte a mis pies, Mamoru-kun.

— No lo creo.

— Hasta que abandones de una vez a esa mujer y a sus estúpidos hijos, te obligaré a postrarte ante mí —Kikyo se levantó de la mesa y se alejó rápidamente del lugar. Había perdido suficiente el tiempo.

Mamoru se levantó y se fue hacia casa. Como siempre, Kizuna y Kazuki lo estaban esperando asustados. Él les daba un abrazo bien fuerte y los llevaba hacia la habitación para que se durmieran. Se sentaba al suelo de su habitación y se quedaba allí hasta dormirse él. Por la mañana, cuando él se despertaba, los niños ya habían salido de la cama. Pero esta vez, él se encontró con algo que le hizo asustar. Kizuna y Kazuki, estaban vestidos y bien peinados y Kikyo estaba con ellos.

— Los hijos de esa mujer son demasiado inocentes, ¿no crees? —ella sonrió con tristeza. Mamoru la cogió con fuerza, empujándola contra la pared.

— ¡¿Qué pretendes?! —gritó con fuerza.

Ella se quejó de dolor, fingiendo un llanto.

— No me hagas daño, Mamoru-kun.

— ¡No me toques más las narices, maldita! —gritó él—. ¡¿Qué pretendes?! ¡Responde!

Ella acercó su boca al oído del chico. Mamoru no podía moverse. Cuando ella hacía eso, le daba realmente miedo.

— Deshacerme por fin de unos niños que ni siquiera son tuyos —sonrió ella.

Mamoru se quedó quieto. La palabra deshacerse, para esa mujer nunca daba nada bueno. Lo había dicho muy flojo, pero los niños lo habían oído, aunque Mamoru no se hubiera dado cuenta de eso. Kikyo se apartó un poco de él para ver su cara.

— ¡Vete de aquí! —gritó con fuerza cerrando su puño y clavándolo contra la pared. Kikyo bajó la mirada y se fue hacia la puerta—. ¡Cómo vuelvas a acercarte a ellos, date por muerta!

— No es algo bueno que amenaces a quién te está amenazando, Mamoru-kun —Kikyo sonrió tristemente antes de salir—. Nada bueno.

Cuando la enfermera llegó a la habitación de Asami y la encontró de esa manera, se asustó. Asami no había dormido en toda la noche y estaba mirando al infinito sin prestar nada de atención a su alrededor. Comprobó que el bebé estuviera bien y entonces se dispuso a intentar ayudar a Asami. Pero cualquier cosa que le dijera, no la hacía reaccionar. Ni siquiera el olor de la comida que acababan de traerle, le hacía moverse. Poco después, llegó Tetsuya, junto a los Kuroba, Chieko, Akira, Erick, Himitsu, Natsuki y las gemelas Shiroma. Cuando encontraron a la enfermera intentando animar a Asami se echaron a reír sin poder evitarlo. La enfermera los miró sorprendida.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Tetsuya.

— No responde —dijo ella.

— Oh, entonces está perfectamente —Akira se acercó a Asami y chasqueó los dedos delante de ella—. Kudo… digo Hattori Asami está siendo llamada a la tierra, responde —lo que ninguno de ellos esperaba era que Asami se echara a llorar en cuanto escuchara ese nombre. Miró a Akira asustada, mientras el chico se llevaba un golpe por parte de Chieko y Natsuki—. Juro que no le he hecho nada —se quejó él apartándose.

— Asa-chan, ¿estás bien? —Chieko se sentó a su lado.

— Lo siento —Asami se incorporó agarrándose las rodillas y escondiendo su cabeza entre sus brazos.

— ¿Qué ocurre? —Tetsuya se sentó en la cama y le puso una mano en la espalda—. ¿Dónde está el idiota de tu marido?

— Asami-chan, si podemos ayudarte en algo —Himitsu se puso en los pies de la cama, mirándola fijamente.

— Lo siento —Asami se frotó los ojos con fuerza intentando reponerse, pero las lágrimas no se detenían. No quería que ninguno de ellos intentara evaluarla psicológicamente y menos cuando Himitsu, que era el que más sabía del tema, estaba allí—. No pasa nada.

— Sí que sucede algo —Chieko frunció el ceño mientras le secaba las lágrimas—. Estás hirviendo.

— Estoy bien —Asami bajó la mirada en la cama.

— No. Estás hirviendo, en serio —Chieko le puso la mano en la frente y miró la enfermera que se había quedado un poco apartada, pero observando lo que sucedía.

La enfermera se acercó para comprobarlo y entonces le puso un termómetro, mientras salía de la habitación a pasos rápidos.

— ¿Cómo está Kira? —preguntó al ver que Chizuko y Natsuki se habían acercado para verla.

— Está dormida —Chizuko sonrió hacia Asami mientras Natsuki le tocaba la mano. La niña se movió un poco, pero siguió dormida.

— Está profundamente dormida —rectificó Natsuki.

— ¿Asami-chan qué ocurre? ¿Ha pasado algo con él? —Himitsu se quedó observando la reacción de ella con atención. Ni siquiera quería mirarlo a los ojos.

— No puedo pensar —susurró ella—. Por favor, no me hagas pensar más.

— Asami si ha sucedido algo, nosotros podemos ayudarte —dijo Erick.

— Me gustaría que hubiera sucedido algo —Asami se encogió de hombros—. Pero no ha sucedido nada. Nada de nada…

— ¿Estás hablando de él…? —Himitsu la estaba mirando tan fijamente, que Asami empezaba a ponerse nerviosa.

— Ella… ese demonio me atacó hace unos días —susurró Asami mirándolo. Él afirmó con la cabeza, porque Mamoru les había contado lo que había sucedido—. Me dijo que… me dijo que Mamoru… —Asami bajó la mirada pronunciando su nombre, mientras la enfermera volvía junto a otra enfermera y una doctora—. Me dijo que Mamoru realmente ya no sentía nada por mí, sino por ella. Estoy empezando a creer que es verdad —Asami miró a Tetsuya que le dedicó una sonrisa triste, luego miró a Akira que negó con la cabeza en defensa del hijo de Heiji y Kazuha—. Me evita. Solo se preocupa por Kira y me evita todo lo que puede.

— A veces nuestros propios estados de ánimo, nos hacen ver cosas que no son, Asami —Himitsu le dedicó su mejor sonrisa—. Tú mejor que nadie lo sabes. Déjame hablar con él.

— No. No quiero que nadie hable con él —Asami lo encaró—. No quiero que él sufra por mí, te lo ruego.

— Asami, necesitas ayuda emocional y solo él puede dártela —Himitsu frunció el ceño.

— La única ayuda que necesito es que ese demonio desaparezca —Asami desvió la mirada hacia otro lugar, mientras un destello de odio brillaba en sus tristes ojos—. En cuanto salga de aquí iré a por ella —respondió.

— Asami, deja que la policía haga su trabajo —susurró Tetsuya mientras veía a la doctora que se acercaba a Asami para intentar ayudarla. Las dos enfermeras, les pidieron que se fueran de allí—. Ellos le detendrán los pies.

— Lo dudo —Asami lo miró de reojo, mientras la doctora le tocaba la herida a la chica, que se apartó rápidamente de ella—. ¿Qué hace?

— Tu herida ya se ha cerrado, pero aún así tenemos que volver a entrarte a quirófano —susurró la doctora.

— ¿Por qué? —preguntó ella.

— Se ha abierto por dentro y parece que no se va a cerrar tan fácilmente como lo ha hecho tu piel —respondió ella suspiró—. Lo que te dispararon eran unas balas con metralla, que se esparció por todo tu cuerpo. Al parecer no conseguimos sacarlo todo y por eso ahora tienes fiebre.

— No —Asami negó con la cabeza con fuerza.

— ¿Cómo que no? —la doctora frunció el ceño.

— No me separen de Kira, no quiero que ese demonio le haga daño de nuevo —Asami la miró desesperada—. Se lo ruego.

— Pero tenemos que…

— No. No quiero —Asami negó con fuerza la cabeza.

— Asami, nosotros podemos quedarnos a proteger a Kira —Hiro, que aún no había salido del todo, decidió interrumpir.

— ¿Qué?

— Nosotros protegeremos a Kira de esa mujer —añadió Takeshi sonrió amablemente—. Y cuando vuelvas estará perfectamente, ¿vale?

— Sí, nosotros nos quedamos de guardia —dijo Tetsuya volviendo a entrar—. Así que permite que los profesionales hagan su trabajo, ¿vale?

— ¿Seguro?

— Te prometo que estaremos al lado de Kira hasta que tú vuelvas —dijo Tetsuya poniéndose el dedo índice y corazón de la mano derecha al cuello y la mano izquierda haciendo como si fuera una pistola y apuntándose a su mano.

Asami sonrió fugazmente. Eso era lo que ellos siempre habían hecho para jurarse lealtad los unos a los otros. Era un gesto para indicar que estabas disparando a la mano que mantenía tu pulso firme. Era un gesto que uno de los que los había traicionado mientras estaban en Estados Unidos más hacía y el único en el que Sara y ella podían confiar plenamente. Afirmó con la cabeza levemente, dejando que la doctora la ayudara a ponerse en una silla de ruedas, que un enfermero estaba entrando en esos instantes. Cuando Asami se hubo ido, todos se quedaron quietos. Tetsuya se tumbó en la cama en un aire cansado.

— ¿Qué haces? —Himitsu lo miró.

— ¿Cómo le decimos ahora a Hattori que Asami está cada vez más depresiva? —Tetsuya suspiró.

— Para empezar es su culpa por no hablar con ella ni ayudarla —Chizuko se encogió de hombros.

— Mi prima tiene razón —Natsuki miró a Akira—. Por muy mal que te sepa esa respuesta. ¿Dónde se ha metido?

— Seguramente estará buscando por su cuenta el paradero de esa mujer —Yuki suspiró—. Que si de un principio fuera a pedirle ayuda a Sara, seguro le diría rápidamente.

— Oh, estás empezando a recuperar la memoria, Yuki —Tetsuya sonrió.

— Yo también —respondió Chizuko—. Y cada vez que pienso en eso me pongo enferma, así que no saquéis el tema de esa bruja con poderes.

— ¿Bruja con poderes? —los demás la miraron.

— No importa —Yuki se encogió de hombros—. Podemos intentar encontrarla por nosotros mismos.

— No contéis con Sara —dijo Takeshi mientras Tetsuya se levantaba de la cama y empezaba a dar pequeños rodeos en aire pensativo—. Tenemos problemas con Tooichi.

— Oh, ¿eso se hereda? —Chizuko miró a su gemela.

— Eso parece —Yuki se encogió de hombros—. ¿Entonces? ¿Cómo podemos encontrar a esa mujer para hacer que todos los problemas de ellos terminen?

— Bueno… —Himitsu decidió hablar un poco indeciso. Todos lo miraron, haciendo que se pusiera un poco nervioso—. Creo que tengo una manera, sin tener que avisar al Programa, que seguramente serán avisados por la policía.

— ¿Te refieres a ellos? —Chizuko frunció el ceño. Yuki le dio un pequeño codazo para que no fuera tan enigmática—. Sus amigos, Iki, Hyou y, creo que también, esa loca de Sakura son unos de los rastreadores que la Organización ha tenido en mejor rango. De hecho, Himitsu también había sido considerado uno de los mejores.

— Oh, eso no lo sabía —Tetsuya miró a su hermano con una sonrisa—. Te lo tenías muy guardado, Himitsu-kun.

— Jamás me ha gustado alardear de mí —Himitsu desvió la mirada medio ruborizado—. Además, Iki y Sakura fueron encarcelados cuando yo fui a Estados Unidos con Chizuko y Hyou ha estado en el Canadá desde la última vez que lo vi. Al parecer aprovecharon que yo no me podía meter de por el medio para chantajearlos. Aunque a esos dos los han metido en la misma celda, así que estarán los dos servidos de diversión.

— Oh, ese trío en serio empieza a darme miedo —Tetsuya frunció el ceño.

— Cuidado no te violen a ti, señor famoso —Yuki lo miró de reojo.

— Te aseguro que eso da miedo en esta sociedad —respondió Tetsuya.

— Y tú estuviste más tiempo que nosotras en Estados Unidos —Chizuko se rio.

— Cierra el pico —el cantante desvió la mirada—. Voy a buscar a Hattori.

— Vengo contigo —Akira salió de la habitación, mientras Tetsuya miraba a Yuki. Ella afirmó con la cabeza. No se movería de allí—. Himitsu te dejamos el rastreo de esa mujer a ti.

.

— ¿Qué haces aquí si se puede saber? —Tetsuya se sentó en la barra en uno de los taburetes y Akira se sentó al otro lado de Mamoru.

— Pasar el tiempo, hasta que ella vuelva a aparecer por aquí y pueda detenerla de una vez por todas —respondió Mamoru.

— ¿Qué estás tomando? —Akira le tomó el vaso y lo olió.

— Ni lo sé ni me importa —Mamoru suspiró largamente. En unos diez minutos ella volvería por allí. Tenía que deshacerse de ellos, para no asustarla y que se fuera definitivamente—. Si no queréis morir, es mejor que os alejéis de mí.

— ¿Morir? —Tetsuya suspiró mientras el camarero se acercaba a ellos—. Disculpe, en seguida nos vamos, ¿él tiene todo pagado? —el hombre afirmó con la cabeza y se alejó hacia otro lugar de la barra—. ¿Qué pretendes, Hattori?

— Matarla es la única manera de detenerla —Mamoru ni siquiera los miró. Siguió moviendo su mano con nerviosismo.

— Lo siento —Akira dejó el vaso en la barra—. No creo que podamos permitirte hacer eso —añadió cogiéndolo de un brazo.

— Además, tienes algo que saber —Tetsuya sonrió tristemente mientras le cogía el otro brazo.

— Soltadme.

— No, porque tu mujer vuelve a estar en quirófano por su herida, así que tenemos que llevarte al hospital cuanto antes —Akira hizo su mejor sonrisa mientras tiraba de él.

Lo aguantaron entre los dos, mientras él intentaba soltarse. Tiraron el taburete, en el que el chico estaba sentado, al suelo y Tetsuya pidió perdón al camarero mientras los dos tiraban de él hacia la salida.

— Asami necesita ayuda psicológica y no le ayuda el hecho de que te vayas cada dos por tres de su lado para buscar a esa mujer —añadió el cantante—. Nos ha dicho que ella le dijo que tenías síndrome de Estocolmo. La verdad, si sigues esperándola en un bar con muchos de tus fans que te están reconociendo, realmente eso es lo que parece. Piensa un poco en las consecuencias de tus actos, imprudente.

— Soltadme he dicho —susurró Mamoru.

— No, hasta que no te quedes al lado de Asami por toda la noche —Tetsuya sonrió hacia él—. Olvídate de los niños, que nos quedaremos nosotros cuidándolos, solo quédate una noche en el hospital aguantando la mano de Asami y protegiéndola en la habitación.

— Tengo que encontrar a esa maldita y detenerla —se quejó Mamoru.

— Sí, lo sabemos —Tetsuya tiró de él hacia fuera del restaurante—. Pero eso es el trabajo de la policía.

— Y ellos harán todo lo posible para detenerla de una maldita vez, porque Mamoru-kun forma parte de la policía —Akira sonrió.

— Solo harán que asustarla y hacerla desaparecer. Se ha pasado ocho meses alimentándonos del bosque y de cosas robadas, ¿por qué creéis que nadie la ha visto antes? —preguntó Mamoru.

— Vámonos —Akira tiró con fuerza para llevarlo hacia el coche—. Asami no aguantará mucho más, ¿sabes?

— Asami es fuerte —se quejó Mamoru.

— No sin ti —Tetsuya sonrió tristemente—. No sin ti.

Después de llevarlo a la habitación, Tetsuya, Himitsu, Akira, Takeshi, Hiro y Erick, se fueron hacia el colegio a buscar a los niños. Como todos estaban en el mismo colegio, les sería fácil llegar en la hora correcta. Mientras Himitsu, Akira, Hiro y Takeshi iban a buscar a los más pequeños en el parvulario, los demás iban al colegio infantil a buscar a los grandes. Yuna y Kyooi corrieron junto a Tetsuya rápidamente, mientras Kotarou y Takuma se acercaban a ellos un poco curiosos y Kizuna y Kazuki se ponían nerviosos al no ver a su padre. Erick, fue el que se acercó a los gemelos Hattori para decirles que vinieran con ellos. Al cabo de muy poco, Yui llegó con ellos para preguntarles el motivo. En cuanto supo que Asami estaba de nuevo al quirófano, empezó a avisar a su familia. Todos estarían allí para ayudarla en lo que hiciera falta. Con todos los niños, volverían de vuelta al hospital, para asegurarse de que todo estaba bien.


Sí, lo sé, esto empieza a parecerse a un culebrón XD pero siempre me ha resultado complicado poder mantener la intriga, así que espero que sigan leyendo hasta el final. Ya quedan pocos capítulos.

Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!

Próximo capítulo: 'La calma antes de la tormenta'.