Hellow!

01 de Octubre.


Por los Años IV: inicio de la tercera generación

La calma antes de la tormenta

A la mañana siguiente, Kizuna y Kazuki tenían fiesta del colegio, así que estarían todo el día allí. Mamoru se había quedado toda la noche al lado de Asami y ella no había despertado en ningún momento, hasta que llegó una enfermera para saber si Asami estaba bien y traerle el desayuno. La mujer comprobó que Kira estaba bien y luego se acercó para darle un medicamento a Asami, para que se lo tomara antes de desayunar. A Mamoru que se había quedado dormido, con los pies encima de la cama, sentado en una silla, con un jersey detrás de la cabeza y la chaqueta encima de su cuerpo, para no coger frío, le costó desperezarse. Asami sonrió al verlo. Tal vez fuera la primera vez que había dormido en muchos días y se había quedado a su lado, cuando Tetsuya y los demás se habían ido. Porque aunque ella no lo hubiera visto, sabía que eso era lo que había sucedido. Cuando la mujer se fue y después de que un hombre llevara la comida, Mamoru se sentó en la cama para ayudarla. Ella no podía incorporarse mucho, porque aunque hubiera cicatrizado más rápido, le dolía aún. Así que Mamoru le levantó un poco la cama para que no hiciera esfuerzos.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó Asami mientras lo observaba moverse con cosas que hacía mucho que ella no veía.

— Nada, ¿por? —él la miró con el ceño fruncido.

— Tetsuya ha hablado contigo, ¿eh? —Asami suspiró y cruzó sus brazos.

— Lo siento —Mamoru bajó la mirada arrepentido, deteniéndose—. No me di cuenta de que te estaba haciendo daño.

— No tengo derecho a obligarte a que te quedes aquí conmigo, Mamoru. Los niños nos necesitan a nosotros dos y no a los demás —Asami lo miró—. Así que no quiero que te quedes aquí conmigo.

— Los niños tienen que empezar a entender cuán complicada es la vida de un adulto —Mamoru sonrió—. No quiero que ellos se queden aquí, pero tampoco puedo dejar que sufras, Asami —después de terminar de acercarle la mesa para que ella pudiera tomar el desayuno, Mamoru volvió a sentarse en la silla, con el jersey detrás de la cabeza y la chaqueta encima de su cuerpo.

— Y yo tampoco quiero que te sientas obligado a nada, Mamoru —Asami lo miró tristemente.

— Disculpa, eso es lo que acepté cuando firmé los papeles de matrimonio contigo —respondió él sonriendo hacia ella cálidamente.

— Ya, pero yo tengo otros amigos que pueden quedarse aquí conmigo y así no tienes que quedarte tu —respondió ella, haciendo que Mamoru dejara de sonreír.

Mamoru no dijo nada. Durante diez segundos se quedó mirándola directamente a los ojos. Ninguno de los dos parpadeó en esos segundos, intentando aguantar la mirada para ver la verdad reflejada en el rostro del otro. Mamoru sonrió fugazmente, cuando vio que ella apartaba levemente la mirada al parpadear. Lo que le estaba diciendo en esos momentos, volvía a ser un engaño de ella. Apartó su chaqueta encima de la cama y se levantó de la silla para ponerse justo al lado de ella. Ella lo miró confundida. Entonces, Mamoru acercó su cara, hasta quedar a escasos milímetros del rostro de ella.

— ¿Sabes? —susurró casi sin voz mientras sonreía con malicia—. No soy idiota, así que no voy a caer en lo mismo dos veces, por muy buena actriz que seas. Por muchas palabras malas que estés llevando en mi contra, yo, Hattori Mamoru, sigo siendo tu marido, desde hace ya casi nueve meses —rozó los labios de ella durante unos segundos, intentando que ella cayera completamente, algo que sucedió en seguida. Asami, intentó acercarse para besarlo, pero él se apartó lentamente de ella—. Podemos sufrir mucho más, si me obligas a hacer esto, ¿vale? Así que ahora, dime lo que pasa por tu cabeza y terminemos con esta tortura psicológica que tenemos los dos de una vez por todas.

— ¿No dijiste que Tetsuya había hablado contigo? —Asami se cruzó de brazos. No habría beso hasta que ella no lo dijera: pues no, ella no cedería. Podía ser muy terca si se lo proponía.

— Yo no dije que sí, aunque haya sido la verdad. Él y Akira me dijeron que necesitabas mi ayuda, porque al parecer esa mujer te dijo algo que no era cierto de mí, pero quiero oírlo de tu boca —Mamoru sonrió levemente—. Que me acuses tú con esas palabras.

Asami desvió la mirada. ¿Qué era lo que no era cierto? ¿Qué él estuviera enamorado de Takagawa Kikyo, debido a esos ocho meses que había pasado con ella? ¿Qué él estuviera buscándola desesperadamente? ¿Qué él seguramente ya la habría encontrado y no habría sido capaz de detenerla? ¿Qué incluso podrían estar besándose a sus espaldas? Esa sola imagen en medio de su mente, hizo que ella estallara.

— ¿Por qué me mientes? —preguntó mirándolo con enfado y sin descruzar aún sus brazos.

— No te estoy mintiendo, Asami —respondió él con el ceño fruncido—. Para nada lo hago. Hace mucho tiempo que he perdido la costumbre de vivir en sociedad y preocuparme por los demás, porque he estado aislado en una maldita cueva, atado.

— Entonces separémonos y todo estará mejor para ti. Así podrás volver con ella —respondió Asami sin mirarlo.

— ¿Por qué ni siquiera me miras mientras me acusas de este modo? —Mamoru frunció su nariz con enfado. No iba a caer ante sus amenazas, pero la impulsividad que había heredado de su padre, empezaba a salir a flote de nuevo, haciéndole perder los nervios por dentro.

— Porque me duele —Asami tenía ganas de llorar. Realmente las tenía, pero por esa vez no lo haría. Lo miró directamente a los ojos. Esos ojos que estaban enojados con ella.

— ¿Y te crees que a mí no me duele lo que me estás diciendo ahora mismo cuando jamás ha sido así? —preguntó él con los dientes fuertemente cerrados y cruzando sus brazos.

— Cuéntame la verdad, Mamoru. Cuéntamela —suplicó ella intentando aguantar sus gritos desesperados y sus lágrimas traicioneras. Ver esos ojos verdes tan enfadados le dolía aún más que todo lo que estaba pasando por su cabeza, de manera tan desesperada.

— ¿Quieres saber la verdad? —Mamoru descruzó sus brazos intentando calmar su enfado. Su corazón, debilitado durante esos meses, parecía que se estaba deteniendo lentamente. Dolía pensar que su propia mujer pudiera ser capaz de dudar de él. Con todo lo que habían pasado. Con la de veces que él la había salvado. Con lo que él la quería.

— Sí, eso es lo que te estoy pidiendo —respondió Asami.

— Está bien —Mamoru se levantó rápidamente y se acercó a ella besándola con desesperación. Mamoru había dejado tan desconcertada a Asami, que ella no pudo retener más sus lágrimas y ni siquiera tuvo tiempo a corresponderlo. Mamoru se apartó de ella intentando conservar su calma, al ver que ella no le correspondía—. Esa es mi verdad. La única que tengo. sí, She estado buscando a esa mujer y la he encontrado. Pero cada vez que la veo tengo tanto miedo que no puedo moverme para detenerla. Ella es inteligente y se va antes de que yo pueda reaccionar. Tetsuya me ha dicho que Himitsu y sus dos amigos de la Organización, la buscarán para detenerla. La verdad es que me siento un poco más tranquilo, sabiendo que ellos lo harán, porque no tengo ninguna confianza en la policía. Te quiero, Asami y sí, mis sentimientos han cambiado un poco desde que estuve alejado de ti. Estoy desesperado por abrazarte y besarte e intento mantenerme alejado de ti, porque mis ansias están subiendo cada vez que te veo —Asami estaba aún más desconcertada sí es que se podía estar, ante esas palabras. ¿Por qué no decirlo? Mamoru al verla así se sentía un poco feliz, pocas veces podía decir que había dejado a esa chica con la boca abierta, porque ella le conocía mejor que nadie—. Si fuera por mí me pasaría el día abrazado a ti, para intentar compensar estos ocho meses que no he podido tocarte. Pero conservar mi calma empieza a ser imposible y mis ansias no se disuelven, porque yo querría que esa mujer estuviera muerta para no tener más miedo de lo que pueda haceros a ti o a los niños. Te necesito a mi lado, pero cada día en el que paso un tiempo contigo, esas ansias se convierten en desesperación por si no puedo estar más contigo.

Él se calló. Lo había soltado todo de golpe y no sabía si lo que había dicho había sido todo lo cierto o lo correcto, porque por un momento había dejado que solo su boca supiera lo que su corazón iba a decir, sin dejar que su cabeza lo procesara. Pero la mirada de desconcierto que seguía en la cara de Asami le confirmó, que todo lo que había dicho era lo que él realmente sentía. El silencio se hacía eterno, mientras ella seguía con la boca abierta. Él se sentó en la cama, un poco cansado y cuando ella notó el peso moviéndola levemente, lo miró parpadeando, volviendo en sí, aunque siguiera con esa mirada de desconcierto y sus ojos soltaran esas lágrimas retenidas.

— Está bien, Asami —susurró él—. Está bien —le cogió la mano y se la apretó con fuerza, para luego besarla—. Es mejor sacarlo todo de una vez.

— Eres idiota —respondió ella. Esta vez era él quién quedaba desconcertado. ¿Por qué si le pedía a ella que se desahogara, le decía que era idiota? Ella desvió la mirada por completo, ruborizada, haciendo que él se riera—. ¿Qué?

— Eres demasiado bonita cuando te sonrojas —respondió él.

— ¿A qué viene eso de que estás desesperado por tenerme a tu lado? —Asami lo encaró.

— Es la verdad —respondió él—. Pero si te miro a los ojos, esas ansias de encontrar a esa mujer se acaban.

— ¿La culpa es mía?

— No, cien por cien mía —Mamoru sonrió cálidamente—. Por ser tan débil ante tus ojos y no querer verlos para no volverme más débil a ti.

— Mamoru no puedo ver lo que es cierto y lo que es mentira —susurró ella.

— Todo es verdad —respondió él.

— Pero…

Mamoru la besó de nuevo. Estaba desesperado por que le creyera. Mamoru jamás había mirado a otra persona, porque era con Asami con quién ansiaba estar. Ella era constante como un río en el que le cambian sus aguas… nunca se enojaba por pequeñas tonterías, siempre buscaba ser feliz y que los demás lo fueran con ella, lloraba si le hacían daño, pero aún así era suficientemente fuerte como para enfrentar a cualquier asesino terrorífico que pudieran encontrar. Ella era siempre igual, pero siempre se enojaba, era feliz, lloraba y enfrentaba las cosas de manera distinta. Notó la mano de ella poniéndose detrás de su cuello mientras ella correspondía ese beso. Hasta que se apartaron. Asami bajó la cabeza con una mirada dolida.

— ¿Qué?

— Los hechos no se corresponden a tus palabras, Mamoru —Asami cerró los ojos mientras se cubría la boca con sus manos—. Ni siquiera puedo reconocer tus besos. ¿Qué sucede conmigo?

— Que los dos hemos sufrido suficiente para sentirnos irreconocibles a nosotros mismos —respondió él—. Yo no he cambiado, Asami, ni tú tampoco. Pero es normal que te sientas así de insegura, cuando ni siquiera pude protegerte de que te dispararan —ella lo miró insegura—. Además de que acabas de tener a una niña preciosa, que también ha hecho que tus ánimos se redujeran mucho.

— Bésame de nuevo, por favor —susurró ella casi sin voz y dejando caer su mano en la cama.

— Cuántas veces quieras, Asami —respondió él sentándose un poco más cerca de ella.

Puso sus manos a cada lado de ella, para no hacerle daño y la besó intentando ser un poco más delicado. Aunque él se sintiera nervioso por dentro, no tenía porqué demostrarlo, así que intentó contener su desespero ante ella.

Los dos se habían vuelto a dormir en la misma postura, después de que se llevaran los platos vacíos de Asami, hasta cuando llegaron los niños. En medio de gritos y saltos, despertaron a Asami y a Mamoru de golpe. Yui y Ran, que eran quienes acompañaban a los pequeños se rieron en cuanto los vieron con cara de desconcierto. Asami lo observó atentamente, estaba medio dormido, mientras Kizuna se subía por sus piernas para sentarse en su regazo. Asami sonrió débilmente. Mamoru dejó a Kizuna encima de la cama y le tocó la frente.

— Ya no tienes fiebre.

— ¿Eso es bueno? —Asami lo miró con una sonrisa. Él parecía aliviado.

— Claro que sí —Mamoru bostezó con mucha pereza.

— ¿Papá está cansado? —preguntó Kazuki que se había ido directo al lado de Kira a observarla, mientras Yui la cogía en brazos.

— Un poco —miró a Ran—. ¿Qué hora es?

— Casi mediodía —respondió ella sonriendo.

— Mirad quién está despierta —Yui se acercó a Asami con una sonrisa.

— En realidad es preciosa, esta pequeña —Ran se la miró desde lejos, intentando no ser una molestia.

— Seguro que solo vinisteis a ver a Kira, ¿verdad? —Asami se rio.

— Oh, nos ha cogido —Yui se rio también y miró a Ran, que tan solo sonrió.

— Bueno, nosotros nos iremos pronto —Ran le dio un beso a Asami en la mejilla—. Aún tengo que hacer la comida, que vendrá Yoh a comer. Y ya sabes cómo se pone tu hermano cuando tiene hambre.

— Un pesado absoluto —dijo Yui mientras le pasaba a Kira a la abogada.

— Sí —Ran sonrió hacia la pequeña.

— Y yo tengo que ir a rescatar a Shouta de ese par de demonios —Yui suspiró—. No sabéis la suerte que habéis tenido de tener más niñas que niños. Esos dos se han vuelto terribles.

— Sí, pero tendrías otro si pudieras, que nos conocemos —Asami sonrió—. Ambos amáis a los niños y a las niñas demasiado, el problema es que no tienes más espacio para hacernos caber a toda la familia en el restaurante.

— Ah, tengo que empezar a pensarme el hecho de agrandar todo un poco o cambiarme de lugar —Yui sonrió—. La verdad es que disfruto mucho con Takuma y Kotarou, aunque se lleven mal.

— Así es como tendría que ser —Ran afirmó con la cabeza y luego miró a Asami.

— Como si fuera mi culpa que me secuestraran y me hicieran de todo —se quejó ella.

— No digo que sea tu culpa ni que te pongas en una urna de cristal. Pero creo que ya has sobrepasado el límite de lo inusual en nuestra familia, jovencita —Ran suspiró—. Intenta reponerte lo máximo que puedas y sé feliz por una vez, Asami.

— Soy feliz así también, mientras todos estén conmigo —Asami sonrió hacia Kizuna que le devolvió el gesto abrazándola con fuerza.

— Y no te maten ellos —Ran suspiró.

— Ya me encuentro mucho mejor, mamá. No te preocupes, ¿vale?

— Está bien —Ran se acercó a Mamoru para que cogiera a Kira—. Entonces, cuando salgas de aquí te quiero a cenar en casa con todos, ¿me oíste?

— Claro como el agua —respondió Asami.

Después de que Yui y Ran se fueran de allí, Kizuna se quedó observando a Kira. Mamoru y Asami se miraron entre ellos. Hasta entonces le habían negado coger a su hermana, por miedo a que se cayera, pero…

— ¿Quieres coger a Kira, Kizuna? —preguntó mirando a la niña.

— ¿Puedo? —Kizuna lo miró.

— Debes quedarte sentada aquí, ¿vale? —dijo Mamoru. Ella afirmó mientras Kazuki se acercaba con un '¡yo también!' lleno de emoción—. Luego tu, Kazuki. Pon los brazos juntos, Kizuna —ella lo hizo—. Y ahora debes de mantenerle la cabeza recta, ¿vale? —Mamoru se acercó a ella y le dejó a Kira en los brazos. Asami observó con atención como la niña apretaba sus labios con fuerza para no cometer ningún error. Mamoru sacó su teléfono y les hizo una foto riéndose. La niña lo miró—. Sonríe un poco, Kizuna, que no es una bomba.

— Bomba —dijo ella sonriendo mientras Mamoru le hacía otra foto.

Entonces, Mamoru también ayudó a Kazuki a subirse en la cama y dejó que entre ellos dos se pasaran a Kira de brazo en brazo. Kazuki, sacaba la lengua, mientras se esforzaba. Asami se rio. Aún siendo gemelos, eran tan distintos el uno del otro.

— Sonríe Kazuki —Mamoru también le hizo una foto al pequeño que hizo una mueca al intentar sonreír—. ¿Qué es eso? Eso no ha sido una sonrisa —se quejó él mientras llamaban a la puerta de nuevo. Mamoru se quedó mirando la puerta, en dónde una enfermera entraba con la comida de Asami—. Me acabo de acordar de que ni siquiera he desayunado —Mamoru miró a Asami de reojo, que se echó a reír. Pero la chica se detuvo de golpe poniendo sus manos encima de la barriga. Si se reía su espalda le reflejaba el dolor en todo su abdomen, y eso no era bueno—. Sí, tú ríete —se quejó él.

— Es porque te dormiste —respondió ella, mientras la enfermera dejaba la bandeja encima de la mesa.

— Ahora nos iremos a comer los tres —susurró él mientras veía que la enfermera le tomaba las constantes a Asami.

— Con mamá —dijo Kizuna mientras Kazuki pedía con la mirada que le sacaran a la pesante Kira de sus brazos.

— Sí, como si pudiera venir —Mamoru arqueó una ceja.

— Sería divertido —Asami sonrió—. Pero no puedo salir de aquí, Kizuna.

— ¡¿Eh?! ¡¿Por qué no?!

— Porque mamá está enferma y tiene que quedarse en esta habitación —respondió Mamoru sonriendo hacia ella—. Kazuki, ¿qué ocurre?

— Pesa —respondió él intentando ser lo más breve posible.

— ¿Y? —Mamoru sonrió. Hacer sufrir al pequeño para que dejara de preguntar con la mirada, sería la versión más complicada.

— Cógela —se quejó él.

— Así no se piden las cosas, Kazuki —respondió Asami.

— Por favor —pidió él mirando a su padre con desespero.

— Debes de aprender a decir las cosas en voz clara y alta y con educación para que todos puedan ayudarte —respondió Kizuna levantando un dedo.

— Como si tú pidieras las cosas normalmente —Mamoru la miró con una ceja arqueada mientras cogía a la pequeña en sus brazos.

— ¿Qué hace? —preguntó Asami riéndose.

— Me pide las cosas golpeándome el brazo —se quejó él—. Y siempre el mismo, ya tengo cuatro moratones.

— Kizuna, eso no se hace —Asami la miró enojada y ella encogió sus hombros haciendo una sonrisa traviesa.

— Lo siento.

— A mí no me lo tienes que decir —dijo ella.

— Lo siento, papá —la niña miró a Mamoru.

— Qué buenos son esos dos —la enfermera sonrió hacia ellos.

— Gracias —Asami sonrió orgullosa, mientras Mamoru intentaba que Kira no se echara a llorar, cosa que sucedió igualmente.

— ¿Por qué lloras conmigo, si se puede saber?

— Porque no le gusta la cara de papá —respondió Kizuna sonriendo.

— Más bien porque no quiere que papá le robe a mamá —añadió Kazuki riéndose.

— Eso tiene que haber sido doloroso —Asami miró de reojo a Mamoru—. Ellos empiezan a entender el concepto de envidia, porque les dije que mamá sería para los tres, aunque Kira robara más tiempo.

— La próxima vez prefiero que sean envidiosos —Mamoru la fulminó con la mirada mientras dejaba a Kira en los brazos de Asami.

— Lo que tu digas —Asami sonrió mirando a la pequeña.

— De acuerdo —la enfermera interrumpió—. Dejo aquí su toma —la enfermera señaló en la mesa, al lado de la comida de Asami—. Luego —se sacó algo del bolsillo y lo dejó allí también, mientras Himitsu, Iki y Sakura entraban en el lugar—. La policía me devolvió esto, diciendo que ya lo tenían todo procesado.

— ¿Qué es? —preguntó Kazuki saltando de la cama y acercándose.

— ¿Sabes que dispararon a tu mamá? —preguntó la enfermera sonriendo y agachándose para estar a la altura del pequeño. Él afirmó con la cabeza—. Pues la bala se quedó en la mano de tu hermanita y nació agarrada a ella.

— Eso sí que es ser afortunado —se rio Sakura llevándose un codazo por parte de Himitsu—. Oye —se quejó—. Pueden hacerle un colgante a la niña de eso y sería un recuerdo.

— Tú sigue hablando —Himitsu arqueó una ceja hacia ella con un tono de amenaza—. Que te devuelvo a la cárcel, mujer.

— ¿La sacaste de la cárcel? —Asami lo miró confundido.

— Del calabozo —respondió Sakura—. No iré jamás a la cárcel porque tengo un juez que quiere convertirse en mi marido.

— Esto carece de sentido —Mamoru rodó los ojos—. Gracias —dijo a la enfermera que se había quedado quieta mirando las pintas de todos.

Sakura iba con la mínima ropa puesta. Un top en la parte de arriba, una falda muy corta en la parte de abajo y una chaqueta abierta, que le llegaba hasta media rodilla. En cuanto a Iki parecía venido del polo norte. Su pelo largo y blanco, se metía por dentro de una chaqueta de plumas de la que parecía que no iba a desprenderse en todo el día.

— Sois un poco raros —Kazuki interrumpió.

— ¿Qué? —Himitsu lo miró con el ceño fruncido.

— Ellos —Kazuki señaló a Sakura—. Pelo rosa y poca ropa, pelo blanco y mucha ropa. Empieza a hacer fresquito, pero ni tanto ni tan poco.

— Cierto, cierto —dijo Kizuna.

— Por eso te dije que odiaba a los niños —dijo Sakura girándose en redondo.

— Que odies a Chizuko no significa que tengas que odiar a unos críos —dijo Himitsu deteniéndola—. Y ahora si no te importa vayamos al grano para que puedas perderlos de vista.

— ¿En serio tenemos que hacerlo? —Sakura miró a Iki y los dos miraron a Himitsu que afirmó con la cabeza.

— Es cierto, Saku, no tienes porque odiar a cada niño que veas, solo porque no puedes acercarte más a mi —dijo Himitsu—. Además ya no te puedes acercar a Hyou.

— ¿Cómo? —Sakura lo miró confundida.

— Hyou está en el Canadá y de seguro hará su vida mejor allí, muy lejos de ti —explicó—. Tampoco puedes acercarte a mi —añadió, se encogió de hombros para acercarse a Kazuki.

— Bueno, vayamos al tema —Iki decidió interrumpir dejando ver que estaba afónico. Sus dos amigos lo miraron sorprendidos y se echaron a reír.

— Por eso no querías decir nada —Sakura se abrazó a su espalda.

— Cierra el pico —respondió él—. Vayamos al tema.

— Antes de esto, ¿puedo pedirte algo, Himitsu-kun? —Asami sonrió y él afirmó con la cabeza—. ¿Puedes hacernos una foto a todos juntos?

.

Cuando esos tres salieron del hospital, ya era media tarde. Encontrar alguna pista sería complicado, teniendo en cuenta que ya habían pasado unos días. Pero debían de empezar con lo más básico: los antiguos compañeros y la familia de esa mujer. Sin separarse en ningún momento, se fueron hacia el periódico para buscar pistas. Los cuatro entraron llamando la atención. La verdad era que, tres personas así llamaban mucho la atención. Y más si miraban que el pelo de Himitsu seguía azul, con las puntas verdes y, aunque vistiera con una camiseta blanca normal, y unos jeans, llevaba en su cabeza una gorra negra de 'Pacman' que le cubría casi todo su pelo, y desentonaba con su 'normalidad'. Fueron atendidos rápidamente por una secretaria que intentó fijarse solo en Himitsu para no quedar tachada de mal educada.

— Nos gustaría hablar con Morimoto-san, por favor —dijo Himitsu antes de que cualquiera de los otros pudiera abrir su boca. Himitsu sacó su placa del Programa y la mostró a la mujer.

— ¿Son ustedes policías? —preguntó ella.

— Sí —respondió él.

— De hecho yo soy un asesino en serie —dijo la voz afónica de Iki, haciendo que Sakura se riera con fuerza—. Deja de reírte —se quejó cuando ella había terminado para que lo escuchara, pero ella volvió a reírse.

— ¿Eres un asesino? —preguntó Himitsu rodando los ojos mientras la mujer los observaba.

— Todos somos asesinos.

— Yo salgo con una de la pasma, así que no me metas más en tu saco, Saku —Iki giró la cabeza.

— Oh, vamos, me dejáis sola, vosotros dos —se quejó ella—. Voy a irme a buscar a Hyou.

— Por favor, desearíamos hablar con él cuanto antes —dijo Himitsu mirando a la mujer que los estaba observando atentamente e ignorando la conversación que estaba teniendo en su espalda.

— Pero es que la policía ya ha venido antes para…

— Lo sé, pero tenemos que hacerle otro tipo de preguntas acerca de ella —insistió el chico del pelo azulado.

— Pero…

— Se lo estoy pidiendo amablemente, señora —dijo Himitsu en un tono amenazador.

— Sí, señor —la mujer se alejó a grandes zancadas.

Himitsu se giró para mirar a sus compañeros.

Sakura estaba empezando a acariciar el brazo de Iki, que intentaba alejarse de ella con desespero.

— No seas así, Life…

— He dicho que te alejes de mí —se quejó él poniéndose detrás de Himitsu.

— ¿Te sientes insatisfecha, Saku? —preguntó el chico del pelo azul sonriendo.

— No, pero me encantaría que fuera con todos —Sakura sonrió hacia él—. De nuevo, digo.

— Conmigo jamás fue de nuevo —se quejó el chico del pelo azulado—. Así que no pongas tus teorías.

— Claro que fue contigo —Sakura le dio una mirada llena de perversión—. Solo con mirar entras en el grupo.

— ¡Cerré la puerta rápidamente para no veros! —gritó él desesperado—. ¡Así que deja de decir eso!

— Pero fueron segundos —se quejó Saku.

— Eso, lo viste —le apoyó la voz afónica de Iki. Sakura se rio de nuevo, llevándose una mirada fulminante por parte de Iki. Era gracioso que el chico que nunca se callaba ahora no pudiese hablar. Podría considerarse un castigo, tal vez.

— Díganme —Morimoto, el jefe del periódico se paró detrás de Himitsu—. Estaba al medio de una reunión y me sacan para hacerme más preguntas. Creo yo que ya les respondí todo.

— Bueno, hemos visto lo que les respondió a los otros inspectores —respondió Hyou—. Pero queríamos saber si nos podía decir de algún caso que ella llevara que conllevara amenazas, secuestros o incluso alguno de cambio de identidad.

— Era una reportera de sucesos, eso salía a diario, de seguro tenía un caso así —se quejó él poniendo sus manos en los bolsillos y mostrando una cara de enfado.

— ¿Podríamos verlos? —preguntó Sakura.

— No sin una orden —respondió él.

— ¿No está todo en internet? —Himitsu sonrió.

— No todo lo que ella escribía era publicado, señor…

— Akai, mi nombre es Akai Himitsu —él sonrió amablemente de nuevo—. Creo que no tiene opción a negarse, señor, aún sin una orden. Soy del Programa Especial de la policía de Kyoto.

— ¿El Programa? —el hombre frunció el ceño y lo miró de arriba abajo—. Creí que eso era una broma que se había inventado mi jefe.

— No, Morimoto-san, no es ninguna broma —respondió Himitsu—. Tendría usted que colaborar con nosotros.

— Pero, sin una orden yo no…

— No le quedó suficientemente claro lo que es el Programa, ¿verdad? —preguntó Himitsu frunciendo el ceño—. ¿Tengo que llamar a su jefe para que colabore, señor?

— No, disculpe, señor —el hombre hizo una pequeña reverencia y se acercó a la mujer que había ido a avisarle, hablando en susurros a su oído para que no escucharan nada de su conversación privada.

— Está bien —la mujer hizo una pequeña reverencia al hombre y él se fue hacia dónde la reunión seguía—. Síganme, por favor.

— ¿A dónde va él? —preguntó Iki.

— Tiene que terminar esa reunión tan importante, señor —respondió ella—. Creo que una mujer le está pidiendo que investigue algo en privado.

— Saku —Himitsu la miró y ella afirmó con la cabeza para irse directa hacia la puerta.

— Oiga, no puede entrar ahí.

— No iba a entrar —Sakura se encogió de hombros parándose a un lado de la puerta con los brazos cruzados—. Pero hay diez pisos por la ventana, así que solo podría salir por aquí.

— Lo siento, el hecho de que esa mujer pueda tener contacto con cualquier persona de su familia o amigos, puede hacernos sospechar de todos —respondió Himitsu.

— Pero no es ella —respondió la recepcionista—. Además, Morimoto-san nos dijo que cualquiera que tuviera contacto con ella, después de lo que ha hecho, sería penalizado con el despido. Incluso ya no nos deja ir a visitar la tumba de nuestro cámara.

— Mala suerte —Himitsu sonrió ante la cara triste de la mujer. Ella lo miró con el ceño fruncido—. Señora, no nos llaman asesinos por gusto, así que no nos da pena. En nuestro trabajo, si hubiéramos tenido compasión de alguien, hubiéramos muerto en segundos.

— Es aquí —la mujer les hizo pasar en una sala, en que solo había cajas, una mesa larga y un par de sillas—. Como sabíamos que vendríais en algún momento a buscarlo, lo dejamos preparado. Estos son todos los casos de ella, que no se han publicado.

— ¿Tan mala era con su trabajo? —Iki frunció el ceño—. Ni con informes de Ken-san hicimos nunca tantas cajas.

Himitsu se rio. Llamó a Hyou para poder tener apoyo.

— Ya estamos aquí —dijo al teléfono y pulsando el altavoz—. Vamos al grano —añadió abriendo la primera. Estaba llena hasta arriba de papeles—. Tenemos que ser ágiles para conseguir todas las direcciones y empezar a buscar pruebas de todo lo que pueda hacer ella. Aquí incluso puede que haya un motivo por el que ella pueda chantajear y dejar que la ayuden.

— Recibido —Iki se fue a la otra punta del lugar y empezó a buscar. La mujer los observó con atención.

— Alguna recomendación —Himitsu la miró sonriendo.

— Que no haya nadie vigilando a Morimoto-san, que es algo que no soporta y que estas tres cajas son de casos que no tienen mucha importancia —ella puso sus manos en esas tres cajas.

— Himitsu —Iki estaba mirando directamente a la cara de la mujer.

— Sí, lo estoy viendo —él frunció el ceño y cogió la caja que había debajo de la mano de la mujer—. Esta mujer no sabe mentir.

— Oye, les estoy diciendo que estas tres cajas son una pérdida de tiempo —dijo ella insistiendo, al ver que Iki cogía otra de las restantes.

— No creo eso —respondió Himitsu sonriendo—. Su cara dice lo contrario. Escucha esto —Himitsu se rio—. 'Nuestro entrevistado Kihara Taishi, el médico veterinario, confirma haber operado por cirugía estética a humanos'.

— ¿No es ese el que operó a Saku? —preguntó Hyou.

— Oh, sí —Iki levantó su mano abriéndola y cerrándola—. Ahora está mucho mejor que antes.

— Dejad de…

—Las palabras de Himitsu se interrumpieron por la risa de Hyou.

— Hey, Life, ¿qué ha pasado con tu voz?

— No te rías —se quejó el otro mientras Himitsu seguía mirando las carpetas.

— Perdona, perdona.

— Un segundo —Himitsu los interrumpió—. ¿Este Kihara Taishi no es quién operaba a los nuestros?

— Sí, este es quién cambiaba a todos los asesinos en serie, posibles y por haber —dijo Hyou al otro lado del teléfono—. Si aún sigue en activo, significa que él no se llevó ninguna parte de culpa por haber colaborado con todos ellos y por lo tanto deberíamos de hacerle una visita.

— ¿Cuál es su punto débil? —Himitsu miró el teléfono con curiosidad.

— A este lo amenazaban por deberles dinero, así que se benefició mucho cuando Ken-san cayó en manos de la policía —respondió Hyou—. Creo que les debía más de tres billones, pero a ellos les interesaba que les devolviera eso en pagos de cambio. Si uno de los nuestros moría hubieran ido a por su familia.

— Por eso, el tipo seguía en activo —Himitsu afirmó con la cabeza—. Este estará en nuestra lista principal. Sakura llevará el interrogatorio.

— Claro, seguro que Saku se alegra de hablar con él —Iki lo fulminó con la mirada.

— ¿Celoso, Life? —Himitsu se rio—. ¿Entonces no deberías dejar de mentir a Sakura con lo de que estás saliendo con alguien?

— Para nada y no he mentido —él desvió la mirada enfadado.

— ¿Le has dicho a Saku que estás saliendo con alguien? ¿Y con quién sales?

— Con alguien de la pasma —respondió Iki.

— Oh...

— ¿Qué te preocupa de Saku? —interrumpió Himitsu, porque cuando esos dos se desviaban de tema, nunca terminaban.

— Que de por el medio aproveche la situación —Iki sonrió hacia el chico de pelo azulado y luego miró por la puerta por donde podría encontrar la a ella si saliera.

— Sí, Saku seguro lo hace —dijeron Hyou y Himitsu a la vez—. Está bien, mejor contrólala, Iki —añadió Himitsu.

— Recibido —Iki sonrió satisfecho y siguió observando más papeles.

— Asesino; otro cirujano; asesino; oh… —todos miraron a Iki—. Existen cirujanos plásticos para perros.

— ¿Para perros? —Himitsu alargó la mano para que le dejara ver el documento—. Genda Kakeru, ¿de qué me suena este?

— Creo que a mí también me suena de algo el nombre —Iki frunció el ceño.

— ¿En serio os olvidasteis de él? Es el tipo que se lió con Ken-san y Vodka a tiros —respondió Hyou—. Lo mataron. No sin que Ken-san antes se aprovechara de él al máximo. Pero no recordaba que fuera cirujano plástico de perros.

— Pero aquí pone una dirección distinta a la de ese hombre —Himitsu frunció el ceño.

— ¿Distinta? —Iki alargó la mano para que le diera los papeles y él lo hizo, mientras seguía mirando en su caja. Demasiados papeles y poco tiempo.

— Es verdad, es distinta.

— ¿De cuándo es la entrevista? —preguntó Hyou mirándolo.

— Pues de poco antes de que mataran a Gin —Iki frunció el ceño—. Debería de haber hecho un año o más que estaba muerto.

— Pues esta bruja lo encontró —dijo Hyou. Himitsu le cogió el papel de las manos.

— Oye... Himitsu... —dijo Iki.

— Sí, eso es extraño —Himitsu frunció el ceño—. ¿Una trampa como esa la hubiéramos investigado en seguida, verdad?

— Pero pone su nombre exacto —respondió Iki—. Y la verdad, las fotos que hay aquí.

— Llama ahora al teléfono.

— Está bien… —Iki cogió el teléfono y marcó los números que había en la entrevista—. Buenos días, soy Fly, colaborador de Gin. ¿Es usted Genda Kakeru? ¿Oiga? —Hyou se miró el teléfono—. Me ha colgado.

— Seguro se habrá cambiado la cara ya —respondió Himitsu—. Y la casa estará llena de trampas.

— Pero un tipo que quiere desaparecer, porque representa que está muerto, que le hagan una entrevista con su nombre real y sus fotos —Himitsu miró a Iki, quién siguió hablando—. Llama demasiado la atención lo mires por dónde lo mires. Estoy convencido de que esta tal Kikyo sabía de su muerte y por eso lo hizo.

— ¿Cubrirse las espaldas con asesinos? —Himitsu frunció su nariz con enfado—. No le veo sentido.

— Claro que sí —Hyou sonrió—. Chantajeas al cirujano para que te haga la cirugía, si él no sabe que Gin ha muerto, ella puede amenazarlo con delatarlo.

— Pero no creo que ella sepa acerca de la muerte de Gin —dijo Iki.

— Sí, lo sabe —respondió Himitsu.

— ¿Lo sabe? —preguntaron los dos a la vez.

— Y aunque no lo supiera, si los asesinos van a preguntarle acerca del cirujano, ella puede chantajearlos con no decirles —Himitsu levantó una hoja—. El primer caso que cubrió Takagawa Kikyo, se abría en un asesinato doble en un cementerio, de dónde salieron un montón de policías y ninguno de ellos respondió por el asesinato.

— Un segundo —Iki cogió la hoja de él—. ¿Pero no nos dijo esa tal Kudo que la habían enterrado viva ese día?

— Por eso lo protegieron —Himitsu se encogió de hombros—. ¿Quién podría decir que un niño de dieciocho años protegió a otra de diecisiete de un asesino que no había sido cogido aún por la familia de esa chica de policías?

— ¿Un niño de dieciocho años? ¡¿Sabes quién es el asesino de Gin?! —Hyou alzó la voz sin darse cuenta.

— Una persona más famosa que nosotros tres juntos para Takagawa Kikyo —Himitsu sonrió.

— Oh, por favor… —Iki rodó los ojos mientras cruzaba sus dedos ilusionado—. Tengo que hacer un monumento a tu hermano, de una vez por todas.

— ¿Pero no dijeron que había sido el FBI? —preguntó Hyou.

— Mi hermano también forma parte del Programa. De echo entró en él a los trece años, junto a Kudo —Himitsu sonrió—. Es decir, que deberíamos de haber sabido de mi hermano y de Kudo desde que tenía yo trece años.

— Pero los mantuvieron en secreto y consiguieron matar a Gin —Hyou soltó un silbido de admiración—. Tienes que darme ya un autógrafo de ellos dos.

— No solo ellos —Himitsu sonrió—. Los niños asesinos del FBI son más de siete.

— ¿Hay más?

— Todos estuvieron en mi boda, Hyou. Te mostré la foto y de seguro que hablaste con más de uno —Himitsu sonrió—. Uno de esos asesinos es Wild, mi mujer.

— Te casaste con una asesina de asesinos —dijeron los dos mientras Iki miraba sorprendido a Himitsu. Entonces Life y Fly se echaron a reír.

— Lo que acabáis de decir suena más estúpido si lo decís así —dijo Himitsu negando con la cabeza.

— Pero es que no puede ser que te hayas casado con una persona que intentaba matarte —Hyou siguió riendo.

— En realidad intentó matarme cuando nos conocimos —Himitsu sonrió—. Aún me duele el bofetón que me dio por haber matado a su madre.

— Ah, cierto —Iki frunció el ceño—. Fuiste uno de los elegidos a perseguir a Ken-san en la casa de la Yakuza. Ah, por cierto, ¿qué sucedió con Dark Empire y su grupo?

— ¿Qué Dark Empire? —Himitsu sonrió.

— El FBI ya los mató —Hyou suspiró—. Suerte que fuimos tus amigos o nos hubieran ejecutado como a ellos.

— No, suerte que mi hermano y mi mujer confiaron en vosotros, más bien —Himitsu se encogió de hombros.

— ¿Quieres decir que si hubiera sido por ti…?

— Hubiéramos sido ejecutados todos y ahora no estaríamos trabajando para el Programa Especial —dijo Sakura entrando y arrastrando por el pelo a una mujer.

— Oh, Saku, ya terminó la reunión, ve-o.

— Sí —ella sonrió—. Dimensiones idénticas cara distinta —añadió empujando a la mujer—. ¿Queréis comprobar si se ha hecho la cirugía?

— Oh, eso sería divertido —Iki se acercó.

— Muchas mujeres tienen las mismas dimensiones, Saku —Himitsu le puso una mano delante—. Tómale constantes y déjala ir. Gin nos podría hacer picadillo a todos si se entera, de que jugamos con mujeres además.

— Oye, ¿de qué hablas? —Hyou lo miró con miedo—. ¿Gin no estaba muerto?

— No según esto —Himitsu levantó un papel hacia la mujer—. ¿Te da miedo este tipo?

— No sé de qué me habla —dijo ella intentando apartar la mano de Sakura de su pelo—. Jamás he visto a este tipo.

— ¿Segura? —Himitsu acercó el papel un poco más—. Porque este tipo es de los más peligrosos que puedan existir.

— Él jamás murió, lo dice aquí, ¿no?

— Él murió —Himitsu sonrió—. Porque lo que este artículo venía a querer hundir, era el trabajo del FBI. Que un niño que había cumplido los dieciocho años hacía poco, hubiera matado a un asesino mucho más peligroso de lo que una mente humana puede entender, y que lo hubiera hecho con una escopeta delante de la policía japonesa y que no hicieran nada por detenerlo. Takagawa Kikyo quería hundir a toda la familia desde un primer momento —Himitsu alargó el papel hacia Iki—. Por ahora encontrad a ese tipo que se hace pasar por Gin y luego visitad a los demás cirujanos plásticos. Sakura, toma constantes y déjala libre, esta mujer es una mentirosa compulsiva, así que no podemos leer su cara con tanta facilidad.

— ¿En serio tienes que ir a pedir permiso a tu mujer por usar tus armas? —Sakura suspiró—. Qué débil te volviste, Secret. En estas circunstancias una tortura psicológica es la mejor opción.

— Ya, pero le prometí a ella que no volvería a usar esa técnica si no era estrictamente necesario, así que… ah, ya sé. ¿Por qué no la llevamos con el clan Shiroma?

— ¿Para qué?

— Vamos, alguien que dice que está vivo Gin, en medio de una banda de la Yakuza que quiere destruir cualquier cosa que tenga que ver con él, ¿por qué no?

— Oh, eso sería divertido —Sakura sonrió—. La llevo con ellos, seguro le sacarán mucho más provecho que nosotros.

— Oigan, yo no tengo ni idea de esto, se lo ruego —la mujer susurró suplicando—. No quiero tener nada que ver con la Yakuza nunca más, por favor.

— ¿A qué has venido aquí? —preguntó Himitsu—. Creo que Morimoto-san tiende a ser demasiado vulnerable con todo el mundo.

— Tiene que investigar a la Yakuza, porque quieren matarme —se quejó ella.

— Por primera vez dices la verdad, eso es admirable —Himitsu negó con la cabeza y Sakura la soltó—. No te acerques mucho a Morimoto-san, podría traerte muchos más problemas con la policía que con la Yakuza.

La mujer salió apresurada de allí, mirando hacia atrás con miedo.

— No pueden asustar a nuestros clientes de esta manera —se quejó la mujer que les había estado observando todo el tiempo.

— Saku, mantén a esta mujer vigilada, creo que es ella. Mientras tanto iremos a buscar información con los cirujanos —Himitsu suspiró—. No te dejes engañar y si hueles el peligro aléjate cuanto antes.

— Recibido —ella se alejó a pasos rápidos de allí.

— Creo que por el momento tenemos suficiente con estas tres cajas, gracias —Himitsu cogió una mientras Iki cogía las otras dos—. Pero no toque nada de aquí, volveremos a por más —Himitsu sonrió amablemente—. Si algo de lo que hay aquí desaparece, aunque sea porque se lo ha dado a otro inspector de policía, será encarcelada en una prisión de máxima seguridad. Le hago responsable de esto. Enviaré por fax una autorización para que puedan denegar cualquier petición judicial de que estas cajas sean entregadas a alguien. Vámonos.


Den un poco de quesito a este ratoncito: reviews please!

Próximo capítulo: 'La muerte llama a las puertas de las familias Kudo y Hattori'.

Por todos los dioses, no me maten XD