Sky

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Se recostó en su lugar preferido de la azotea, con el pequeño Hibird en su cabeza dormitando tranquilamente.

Sus orbes grises se dirigieron al azul cielo, despejado como solía estar en una tarde de verano, y una sonrisa, imperceptible a simple vista, se formó en su rostro.

Últimamente, cuando observaba el firmamento, la imagen de cierto castaño solía aparecer en su mente.

Ciertamente, no había estado errado al pensar que aquel pequeño herbívoro asustadizo escondía el potencial de un carnívoro.

Y, como bien había deducido, debido a su inocencia y sentido de la justicia, se había estancado en un omnívoro.

En su opinión, había tardado demasiado en sacar su lado ofensivo, sobretodo teniendo en cuenta que la mayoría de los alumnos se metían con él.

No se entrometía, pues tenía la creencia que en algún momento el castaño se cansaría y saltaría a la defensiva.

Sin embargo, la paciencia de ese chico había resultado ser infinitamente infinita. Ni aun ahora, sabiendo que si se ponía en ello podía derrotarlos a todos en minutos, se defendía de los matones de barrio.

Solía pensar que tenía un sentido de la justicia un poco extraño.

Cuando le atacaban a él directamente, esquivaba e intentaba mediar con palabras. Pero cuando agredían a cualquiera de sus amigos, ya podía andarse con cuidado el valiente que se había atrevido a hacerlo.

Defendía a sus amigos sin importar la situación o el lugar, y ellos hacían lo mismo.

Pero bien sabía que el castaño debía toda su fuerza al bebé no tan bebé. Ese pequeño de sombrero parecería débil a simple vista debido a su tamaño, pero era uno de los mejores carnívoros que había podido encontrar.

Nadie mejor para sacar el potencial escondido de un herbívoro, pese a sus extraños entrenamientos que la mayoría de veces hacía que su alumno sufriera.

Recordaba que, cuando el joven por primera vez aceptó un desafío, el niño estaba ahí. No había estado presente, pero observó de lejos la pelea contra ese herbívoro de Mochida, y se percató de la presencia oculta del chiquillo.

Quizá por ello no hizo muchos problemas por su asistencia al instituto, después de todo, era un bebé interesante y quería ver cuánto podía mejorar el castaño con ese niño a su lado.

En esa decisión tampoco se había equivocado. El joven evolucionó a pasos agigantados, incluso él se asombró del avance que había hecho en poco tiempo.

Un ejemplo de ello era que había conseguido derrotar a la piña herbívora, algo que no era demasiado fácil para cualquiera. También derrotó a aquel tipo de las llamas, un oponente contra quien él mismo había querido pelear.

Y sin embargo, a pesar de tener tanta fuerza, parecía apenado de tener que luchar.

Se había dado cuenta que era un pacifista, de esos que, por muy fuertes que fueran,

no peleaban si se podía evitar. De hecho, trataba de que nadie se pelease. Ejemplo de ello era cuando detenía sus combates contra la piña.

Pese a todo, le estaba agradecido, aunque nunca se lo dijera. Porque gracias a ese castaño había sentido algo que jamás imaginó que sería para él, algo que nunca tuvo.

El calor de una familia.

Sí, la mayoría eran unos herbívoros y los consideraba como tal, pero quizá por ello sentía que debía defenderlos de los depredadores, como el carnívoro que era.

Y lo cierto era que jamás se había sentido tan bien luchando contra alguien como el rubio o la piña. Incluso contra el bebé. Eso era debido a que siempre había peleado con la intención de defenderse o atacar, pero nunca por diversión.

Quizá fue por esa razón por la que accedió a ser el guardián de la nube. Para estar cerca de su nueva familia, pero sin estar atado a ella como lo estaba con sus padres.

Y todo ello se lo debía al castaño omnívoro que tenía una pacienca infinitamente infinita.

Porque, si él era la nube, Sawada Tsunayoshi era el cielo que le dejaba moverse sin restricciones, pero al mismo tiempo, le permitía formar parte la familia.

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¡Salut! ¿Como estamos? Bueno, la cuarta parte de mi lunafic lunático XD.

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¡Au revoir! ¡Nos leeremos pronto~